Chile

A 30
años del golpe... al fin, la nota
Gustavo González
La
televisión de Chile recuerda el golpe de Estado
del 11 de septiembre de 1973 con una inédita
multiplicación de reportajes sobre los crímenes
contra la humanidad cometidos por la dictadura,
en un destape que expertos creen puede saturar al
público.
El fenómeno es
particularmente llamativo en canales que hasta
hace muy poco tiempo ejercían la autocensura en
cuanto a la denuncia e investigación de los 3
mil casos de desaparecidos y asesinados
registrados durante el régimen militar que
encabezara el general Augusto Pinochet hasta el
11 de marzo de 1990.
Las estaciones
de televisión no sólo desempolvaron imágenes
del cruento golpe de Estado contra el presidente
Salvador Allende (1970-1973), sino que además
las reprodujeron ahora con un nuevo discurso, que
ya no se hace eco de las verdades oficiales que
impuso la dictadura.
Ya no se habla
de "presuntos detenidos-desaparecidos"
ni de "supuestos torturados" y está
claro que las violaciones de los derechos humanos
no eran una invención que el "comunismo
internacional" había impuesto a la
Organización de las Naciones Unidas.
"Han pasado
los años suficientes como para que la sociedad
chilena pueda tener una visión más exacta de un
hecho tan notable en la historia de Chile (el
golpe de Estado), y por ello se le recuerda o
conmemora (en los medios)", dijo a IPS
Douglas Hubner, presidente del Consejo
Metropolitano (Santiago) del Colegio de
Periodistas.
"Pienso que
poco a poco este país va logrando los espacios
de libertad para que se conozca la verdad",
agregó el profesional.
Para el ministro
de la Secretaría General de Gobierno, Francisco
Vidal, el boom de los derechos humanos en la
televisión se explica porque "el tema fue
instalado mediáticamente" por el mercado.
En otras
palabras, los 21 programas de reportajes a fondo
difundidos entre julio y agosto tienen su origen
en que los canales entendieron que los derechos
humanos concitan interés y atraen audiencia, lo
cual es positivo, resaltó Vidal en un encuentro
con corresponsales extranjeros.
Así, la
televisión está contribuyendo a generalizar la
verdad sobre la represión, con un efecto
multiplicador que se reconoce como muy superior
respecto de los demás medios de comunciación.
Algunos de estos
programas de revisión histórica del golpe
militar de 1973 y sus consecuencias alcanzaron
una audiencia de 40 puntos en el sistema de
medición del "people meter", lo cual
significa 480.000 televisores sintonizados en esa
emisión, señaló Vidal.
"Los
zarpazos del Puma", de la periodista
Patricia Verdugo, el libro de denuncia de
crímenes contra los derechos humanos más
vendido en Chile, alcanzó a lo sumo una
circulación de 150.000 ejemplares, entre
ediciones legales y "piratas", apuntó
el ministro a título comparativo.
Pero, ¿es
saludable esta multiplicación de programas? ¿No
podría producirse una saturación en el público
que abra paso al olvido?
"En Chile,
las pautas de los medios y el tratamiento de las
noticias tienden a ser muy homogéneos, y eso
reviste un serio peligro de generar saturación,
cosa que de hecho tal vez ya esté
ocurriendo", respondió a IPS María Elena
Gronemeyer, directora de la Escuela de Periodismo
de la Universidad Católica de Santiago.
"Lo
importante, para evitar ese fenómeno es que los
medios asuman el desafío de ser creativos y de
responder a las necesidades informativas de su
público, además de ponderar las dosis de
información que ese público es capaz de
tolerar, incluso de un suceso tan trascendente
como fue el golpe", agregó la académica.
Para el
periodista Santiago Pavlovic, del programa
Informe Especial de la estatal Televisión
Nacional de Chile (TVN), "efectivamente se
ha producido una sobresaturación", que a la
vez "ha permitido que la gente tenga una
información más completa, particularmente las
nuevas generaciones".
"Hay que
entender que más de 60 por ciento de la
población de Chile tiene menos de 30 años. Por
lo tanto no vivió el golpe y a lo mejor esa
sobresaturación es una compensación por todo lo
que no se habló ni explicó durante 17 años de
administración militar, en la cual sólo se
escuchaba una voz", comentó Pavlovic a IPS.
"Si bien ha
habido una sobrecarga del tema (del golpe de
1973) en los medios, pienso que por razones
históricas, por razones de tiempo, es importante
mirar hacia atrás", comentó a su vez
Claudio Mendoza, periodista del programa Contacto
del canal de la Universidad Católica.
"El tema no
va a morir porque sí. Va a salir por una u otra
razón, porque alguien fue detenido, porque
alguien fue acusado por un nuevo elemento surgido
porque alguien decidió hablar (sobre los
crímenes represivos). Pero probablemente a los
40, a los 50 años (del golpe) no va a volver a
haber una implosión como la hubo ahora",
dijo Mendoza en conversación con IPS.
En 1998, cuando
se cumplió el 25 aniversario del pronunciamiento
militar y de la muerte de Allende en esa
instancia, no se produjo el fenómeno mediático
que se observa ahora. Es que hace cinco años
"todavía estaba vivo el pinochetismo",
explicó Hubner.
"Hace cinco
años no había posibilidad de verdad y justicia
(sobre las violaciones de derechos humanos). Hoy
día. este país está comenzando a tener esa
posibilidad", añadió.
Según
Gronemeyer, hay circunstancias que son muy
recientes. "Hoy todos reconocen que hubo
atropellos a los derechos humanos",
subrayó.
"Hoy,
muchos militares están siendo procesados.
Incluso, muchos líderes de opinión más
vinculados a la izquierda están reconociendo que
tuvieron responsabilidad en la polarización que
se produjo hace 30 años en el país y que llevó
al golpe", explicó la académica
universitaria.
La dictadura
decretó desde 1974 día de fiesta el 11 de
septiembre, un feriado que se mantuvo hasta 1998,
cuando un acuerdo propiciado en el Senado por el
propio Pinochet dispuso su eliminación desde
1999.
El ex dictador
se encontraba entonces en el inicio de su carrera
como senador vitalicio, cargo que se otorgó en
la Constitución de 1980 y comenzó a ejercer el
11 de marzo de 1998, un día después de entregar
al general Ricardo Izurieta la comandancia del
Ejército, que ocupaba desde agosto de 1973.
Pinochet
celebró con moderación los 25 años del golpe,
empeñado en cultivar una nueva imagen de
legislador, mientras preparaba un viaje a Europa
para operarse de una hernia a la columna y
gestionar negocios de armas por cuenta del
Ejército.
Pero el 16 de
octubre, cuando convalecía de su operación en
Londres, fue arrestado por la justicia británica
a solicitud del juez español Baltasar Garzón y
permaneció detenido hasta marzo de 2000, cuando
el entonces ministro del Interior británico,
Jack Straw, lo liberó por razones humanitarias.
Comenzó así la
declinación definitiva de la figura del ex
dictador que hoy, a los 88 años, observa como la
televisión chilena se hace eco de una verdad
histórica que se mantuvo bajo censura, incluso
en los primeros años de la transición
democrática.
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