En pos de los papeles perdidos
del periodismo
Medios
e informadores en la
conflictividad democrática
Erick
R. Torrico Villanueva *
Resumen:
El conflicto, factor
consubstancial de la vida social y
referente primordial de la información,
la opinión y la interpretación
noticiosas, ha visto modificarse su
naturaleza y expresiones en la
democracia. En este cuadro, el
periodismo, especialmente el
latinoamericano, está afectado por la
erosión de sus mapas cognitivos. De lo
que se trata ahora es de reinventar los
papeles que tradicionalmente se asignaba
a los medios y a los informadores tomando
en consideración las peculiaridades de
la conflictividad democrática y el
desafío central de la región
consistente en construir democracia con
desarrollo.
Hasta
hace muy pocos años el periodismo se
desenvolvía en un marco de certezas. Dependiendo
de la perspectiva en que se inspirara, estaba
dedicado a "informar, educar y
entretener"; se inscribía como parte de la
"lucha de clases" o buscaba aportar a
la consecución del "bien común".1
Así, los medios
informativos y los periodistas seguían,
conscientemente o no, unos principios de orden
que les permitían desempeñarse dentro de
ciertas líneas de coherencia y, a la vez,
quienes fungían como fuentes noticiosas al igual
que aquellos ubicados en el lugar de la
recepción, mantenían expectativas concretas
respecto del comportamiento esperado y deseable
de aquéllos.
Sin embargo,
todo empezó a cambiar en lo que concierne
especialmente a Latinoamérica a partir de
la recuperación de la forma democrática de
gobierno, la posterior aplicación de los
llamados Programas de Ajuste Estructural (PAE),
la progresiva descomposición del sistema
socialista realmente existente con todas las
consecuencias que ello trajo para la arena
internacional y, en último término, de la
rápida difusión del proceso globalizador.
De ese modo, de
un largo tiempo en que cada quien sabía con más
o menos precisión cuál era su posición y papel
en el mundo, incluidos los medios y los
periodistas, se ha pasado a un período
transicional en que esas antiguas seguridades
han dejado de ser tales. La naturaleza y la
realidad de los conflictos, referente
fundamental para la actividad periodística, se
han modificado, por lo que ya no es dable
continuar concibiendo la profesión del
periodismo desde los parámetros considerados
tradicionales.
El retorno a la
forma democrática en la región no sólo que no
ha sido fácil sino que en varios casos (el
paraguayo, por ejemplo) todavía aparece como un
objetivo por alcanzar; pero, además, en un buen
número de países la inestabilidad política se
ha manifestado como un dato inconfundible de la
redemocratización2 y en la gran mayoría de
ellos el descrédito de las instituciones
políticas ha crecido a la par del desencanto
ciudadano.3 Éste se relaciona ante
todo con los preocupantes índices de corrupción
con la relativa excepción de Chile y
Uruguay, el resto de América Latina está
clasificada entre los países más corruptos del
mundo4 registrados en los
poderes públicos (legislativo y judicial,
especialmente) y con un sentimiento mayoritario
sobre la ineficiencia demostrada hasta ahora por
la democracia para atender y resolver las
urgencias cotidianas.
La puesta en
vigencia de las recomendaciones neoliberales
ortodoxas, organizadas en el denominado
"Consenso de Washington" de 1989,5 condujo por su parte a
un estado de cosas que diez años después, por
su explosividad potencial, empezó a convertirse
en preocupación central de organismos
multilaterales y gobiernos: el aumento de la
pobreza, el desempleo y la concentración del
ingreso.6 Esto ha sido claramente
reflejado en la "Cumbre del Milenio"
celebrada en septiembre de 2000 que fijó un
conjunto de metas internacionales de desarrollo
centradas en (i) bienestar económico, (ii)
desarrollo social y (iii) sostenibilidad y
regeneración ambiental y reapareció con
fuerza contenida en la Conferencia Internacional
sobre la Financiación para el Desarrollo
efectuada en Monterrey en marzo de 2002.
Se sumó a ello,
como contexto general, la rearticulación del
escenario mundial propiciada por la extinción de
la Unión Soviética y el bloque de la Europa
socialista así como por el afianzamiento de las
finanzas, los mercados y los productos culturales
globales asentado en la creciente utilización de
las nuevas tecnologías de la información y la
comunicación resultantes de la convergencia
entre microelectrónica, informática y
telecomunicaciones.
Frente a ese
panorama, cada vez más complejo y en permanente
mutación, no solamente los mapas cognitivos
de la política han sido erosionados7 sino también aquellos
de que disponía el periodismo. De ahí que
emerja la pertinencia actual de las preguntas en
torno a lo que medios de información y
periodistas deben (o pueden) hacer en un cuadro
de intensa y multifacética conflictividad
social.
El
conflicto, contexto y matriz
El conflicto,
que puede ser definido como la pugna abierta,
encubierta o latente por el acceso a recursos y/o
por la oposición de valores y creencias, es sin
duda un elemento constitutivo de la vida social,
pues ni la igualdad ni la homogeneidad son una
realidad. En este entendido, no son admisibles
los enfoques que reducen el conflicto a una
suerte de anomalía explicable apenas desde la
infracción de las normas de convivencia o a
partir de ciertas inclinaciones subjetivas y
patológicas de algunos actores sociales.
Asumidos estos
supuestos iniciales, es igualmente factible
señalar al conflicto como el marco general en
que trabaja el periodismo y, por tanto, como la
matriz de las diferentes materias de que se ocupa
y de los modos en que las formaliza, es decir, en
que lleva a cabo su selección, jerarquización y
codificación para informar (describir), opinar
(juzgar) o interpretar (analizar, explicar y
proyectar).
Pero es
indispensable dejar establecido, asimismo, que la
actividad periodística con sus
organizaciones y operadores no sólo es un locus
para la observación y valoración
"imparciales" de los conflictos, sino
al propio tiempo un espacio para la intervención
activa en la conflictividad social.
En síntesis, y
aunque se pueda pecar por simplificación, no hay
periodismo sin conflicto y a la inversa, en la
época actual, casi no existe conflicto al margen
del periodismo (la visibilización del conflicto
es un factor sine qua non de su gestión).
El
conflicto en democracia
Aproximadamente
hasta la primera mitad de la década de 1980,
bajo la presencia de regímenes autoritarios en
buena parte de Latinoamérica, era posible pensar
que se tenía un conflicto principal al que se
supeditaban todos los demás: la recuperación de
las garantías y libertades constitucionales,
cuya índole era política.
La transición
hacia el sistema democrático y la ejecución de
los PAE provocaron un importante desplazamiento
de la conflictividad de la dimensión política a
la socioeconómica, ya que los sectores sociales,
que se fragmentaron o aumentaron sus divisiones
luego de alcanzada la apertura constitucional,
comenzaron a exteriorizar sus demandas de empleo,
salariales, educación, salud u obras de
infraestructura o saneamiento básico por
separado sin llegar a articular movimientos
unitarios fuertes y de larga duración en ningún
caso.
Como se sabe,
esta dinámica vista por algunos como un
efecto perverso de la democracia fue
estimulada por el debilitamiento de las
izquierdas tanto como por la
"despolitización" y el individualismo
pragmático de que vino aparejada la distensión
ideológica democrática. Paralelamente, el
ambientalismo y los temas de género y
generación, de innegable carácter transversal,
aportaron nuevas fuentes de conflicto al igual
que lo hicieron las revitalizadas cuestiones
étnico-culturales.
En el plano
internacional la conflictividad quedó
estructurada en base a dos ejes: uno,
concerniente particularmente a las relaciones
América Latina-Estados Unidos de Norteamérica,
está compuesto por la identificación de tres
"enemigos" sustitutos del comunismo que
son las migraciones ilegales, el tráfico de
drogas y el terrorismo,8 y otro, referido a
intereses de escala planetaria, tiene que ver con
cinco "problemas" reconocidos en el
control de los mercados globales, la pobreza, el
daño ecológico, la corrupción y los riesgos
que afronta la democracia.
De esta forma,
la (re)democratización ha modificado la
composición de los conflictos y los ha
diversificado al menos dentro de los
países en sus orígenes y agentes. No
obstante, y siempre para el caso latinoamericano,
se podría sostener que las dificultades comunes
se vinculan con la inestabilidad política, la
debilidad institucional, el deterioro económico,
la exclusión social y la desatención de las
urgencias poblacionales básicas.
Lo que hay en
democracia, por ende, son conflictos (en plural),
la mayoría de los cuales se manifiesta, por el
momento, sin conexión evidente entre sí.
El
periodismo en democracia
Medios de
información y periodistas, en términos gruesos,
se habían alineado más o menos explícitamente
en uno u otro bando cuando el conflicto central
enfrentaba autoritarismo a democracia.
Las estructuras
mediáticas tradicionales de América Latina
respondieron, casi sin excepción, al modelo
generado por la "guerra fría" y
surgieron variadas como restringidas experiencias
de periodismo alternativo y popular, pero más
tarde, mientras aquéllas se acomodaron a las
nuevas condiciones que generó el régimen
democrático, los últimos ingresaron en una
evidente fase de declinación.
La reposición o
conquista de las libertades constitucionales, que
pronto se vinculó con la liberalización
económica, facilitó la multiplicación de los
medios empresariales (radioemisoras en frecuencia
modulada y televisoras locales, fundamentalmente)
y la consolidación financiero-económica de las
empresas comunicacionales y periodísticas más
grandes. A propósito, es sintomático el
consenso que existe en torno a que el decenio de
1980, "perdido" para Latinoamérica en
términos de crecimiento económico por la crisis
de la deuda exterior, fue más bien
"ganado" en lo relativo a la expansión
de la infraestructura y los negocios mediáticos.
Igualmente, la
democracia halló en los mass-media otro
espacio para el ejercicio de la ciudadanía,
hecho que potenció de modo notable a los medios
audiovisuales a medida que aumentaba el
descrédito de las instituciones del sistema
político y sus protagonistas. Gracias a eso, en
no pocos casos la radio y la televisión se han
convertido en mediadores efectivos y hasta en
gestores de demandas ciudadanas9 así como en
reemplazantes de los parlamentos en materia de
fiscalización del desempeño estatal, razones
que junto a su priorización por los partidos en
lucha electoral los han erigido como verdaderos
actores estratégicos.
Con todo ello,
el periodismo ha ingresado, de facto, en
una lógica distinta sin haberse preparado lo
suficiente e inclusive sin percatarse en serio de
lo acontecido y sus consecuencias.
Como le viene
ocurriendo a las Ciencias Sociales, todavía
incapacitadas para comprender las
transformaciones de su objeto de estudio
convencional, el periodismo tampoco da muestras
de haber encontrado opciones claras para enrumbar
su ser y su quehacer.
Periodismo
y nueva conflictividad
Sucede,
entonces, que las tres posturas típicas que
caracterizaron a medios e informadores durante la
etapa predemocrática la del compromiso con
el establishment, la de la militancia
izquierdista de cuño dogmático o la del
"negocio independiente" no se
corresponden más con los rasgos de las
sociedades latinoamericanas contemporáneas. La
democracia ha quebrado las categorías básicas
que les daban sustento y, pese a la predominancia
de lo formal sobre lo sustancial que le distingue
en la práctica, está reclamando una
redefinición del periodismo en la región que no
se puede limitar a intentar una simple
traslación de esquemas empresariales y
profesionales que funcionan para países del
norte poseedores de pautas y estándares de vida
diferentes como de ejercicio
democrático-representativo con trayectoria y
eficacia.
El mayor
desafío que tiene América Latina hoy es construir
democracia con desarrollo, esto es, afianzar
un sistema igualitario de derechos y deberes
ciudadanos de forma simultánea a posibilitar el
crecimiento económico con redistribución
equitativa. Lo primordial de la nueva
conflictividad social gira alrededor de este
núcleo y es ahí donde el periodismo tendría
que buscar su nuevo horizonte de sentido sin
desvincularse, por supuesto, de las cuestiones
que plantea el mundo globalizado.
Esto significa
que el periodismo, como servicio de interés
público que es, no puede (¿no debe?) rehuir la
necesidad de un compromiso concreto.
Obviamente, aún
es posible que los que así lo prefieran se
refugien en las fórmulas
conservadora-objetivista, sensacionalista o
simplemente light, mas en ninguna de tales
versiones un medio ni un informador habrán
abandonado la condición de engranajes en
maquinarias deliberada o ingenuamente
incomprendidas.
Las
actuaciones del periodismo
El periodismo,
como parte de su obligación de recomponer sus
mapas cognitivos,10 tiene así mismo que
autoconcebirse más complejamente y no apenas
como una actividad técnica y neutral de
transmisión de hechos. El periodismo no es una
forma o un "método" de conocimiento,11 sino más bien el
producto de una forma dada de conocimiento, y es
una mediación sólo desde el punto de vista de
que brinda soporte físico para el intercambio de
significaciones y sentidos.12
Aun sin
proponérselo, y debido a que opera en el ámbito
de la simbolización, el periodismo produce
representaciones sobre las manifestaciones de la
conflictividad social y, por esa vía, interviene
en esa dinámica de fuerzas.
Todos sus
contenidos, sea que aspiren a reproducir lo real,
que se pronuncien al respecto o que busquen
explicarlo desde alguna lógica, traducen
inevitablemente un trabajo de construcción
simbólica que remite a los conflictos, hablando
de ellos, participando en su proceso e incluso
propiciándolos. Se trata, por tanto, de que
además de hacerse cargo de los "conflictos
noticiables" (Borrat) para alimentar sus
flujos discursivos, el periodismo es un actor de
las relaciones sociales conflictivas que se guía
por estrategias tanto propias como concertadas y
que recurre a diversas tácticas de
formalización de la realidad parcelada y de
producción de verosimilitud.
La inserción de
la actividad periodística en el contexto de la
conflictividad social, la aceptación de que
ésta constituye su referente primordial y el
reconocimiento de su intervención activa en la
trama de conflictos implican una comprensión de
mayor pertinencia de esta profesión, sus medios
y operadores, que aquella ofrecida por los
convencionalismos que suelen reducirla a una
práctica de naturaleza quijotesca y hasta
mesiánica o que aquella otra más bien fundada
en la sospecha de la conspiración constante.
Periodismo
para la ciudadanía
Si la
ciudadanía es "la reivindicación y
reconocimiento de derechos y deberes de un sujeto
frente a un poder" (Garretón, 1995:102) y
si ello constituye a un solo tiempo una base para
la democracia y un factor del desarrollo, el
periodismo latinoamericano no puede menos que
incorporar esta noción en su propia
reconceptualización.
La gran
contribución que está al alcance del periodismo
en beneficio de una democracia comunicada
y una ciudadanía informada y participante,
y por ende del proceso de desarrollo humano,
consiste en que abra canales equilibrados para la
interacción de los actores de la sociedad, ayude
responsablemente a transparentar la gestión
pública, desarrolle su agenda sin desvincularse
de los temas de interés colectivo y aliente la
intervención activa y documentada de los
ciudadanos en la deliberación sobre los asuntos
de afectación generalizada.
El periodismo,
como condición previa para la consideración
singular de los hechos, requiere tener una
visión de los procesos y un proyecto societal
democrático que le permitan administrar la
incertidumbre y actuar coherentemente en la trama
de conflictos de que se nutre y en la que habita.
Los papeles de
los medios periodísticos y los informadores, en
este tiempo de desconcierto y volatilidad, no son
algo que haya que recuperar sino el objeto de una
reinvención indispensable y, por si acaso,
inaplazable.
_____
Notas:
1 Estas orientaciones remiten
respectivamente al modo clásico estadounidense
(funcionalista), a la crítica marxista y a las
propuestas de la iglesia católica acerca de los
propósitos asignables al periodismo.
2 En los últimos diez años, sin tomar
en cuenta otras expresiones menores de esta
situación, se han registrado la destitución de
Fernando Collor de Mello (Brasil, 1992), la
suspensión y posterior apresamiento de Carlos
Andrés Pérez (Venezuela, 1993), la destitución
de Abdalá Bucaram (Ecuador, 1997), la caída y
asilo de Raúl Cubas (Paraguay, 1998), el
"derrocamiento constitucional" de Jamil
Mahuad (Ecuador, 2000), la "fuga" de
Alberto Fujimori (Perú, 2001), el procesamiento
por corrupción de Carlos Saúl Menem (Argentina,
2001), la oportuna renuncia por enfermedad del ex
dictador Hugo Banzer Suárez (Bolivia, 2001), la
dimisión por incapacidad de Fernando de la Rúa
(Argentina, 2001) y el derrocamiento y posterior
"contragolpe constitucional" de Hugo
Chávez (Venezuela, 2002).
3 La encuesta anual hecha por
Latinobarómetro entre julio y agosto de 2001 en
17 naciones latinoamericanas estableció un
descenso de 10.4 puntos en la adhesión ciudadana
a la democracia y una subida, del 17.2 al 19.1,
en la disposición a preferir, "en ciertas
circunstancias", un gobierno autoritario. Cfr
"The Latinobarometro poll. An alarm call for
Latin America's democrats", en
http://www.economist.com/displayStory.cfm?story
4 Cfr. "Transparency
International 2001 Corruption Perceptions
Index" en www.globalcorruptionreport.org
5 Este conjunto de políticas
sistematizado bajo este nombre por John
Williamson implica, entre otras
"sugerencias", la eliminación de los
subsidios, la reestructuración del gasto
público con disminución de la inversión
social, la liberalización amplia de las finanzas
y el comercio, la privatización y la
desregulación.
6 Cfr. CEPAL (2001).
7 Una exposición muy rica a este
respecto se encuentra en Calderón y Lechner
(1998).
8 Desde el 11 de septiembre de 2001,
cuando tres aviones civiles desviados
presumiblemente por fundamentalistas musulmanes
hicieron impacto en Nueva York y Washington
provocando miles de muertos y millonarias
pérdidas materiales, la Casa Blanca ha
encontrado en el terrorismo al mejor argumento
para su política exterior de fuerza y está
empeñada en etiquetar como terroristas a quienes
se oponen a la continuación de sus intentos
hegemónicos en el mundo.
9 Una situación límite a este respecto
se registró en Bolivia el 8 de abril de 2000,
cuando dos redes nacionales de TV y ante el
vacío de autoridad estatal que se presentó tras
las movilizaciones sociales que exigían agua
para la ciudad de Cochabamba, la atención a un
pliego petitorio campesino e incrementos
salariales para los profesores de la educación
pública y para los policías de baja graduación
en la ciudad de La Paz tomaron a su cargo la
organización y la conducción de las
negociaciones entre los sectores en conflicto,
representantes de la iglesia católica y
autoridades locales o jefes militares y
policiales, con lo que contribuyeron a bajar los
ánimos, evitar el estallido de violencia que se
presentía (de todos modos hubo un muerto y más
de 40 heridos) y abrir canales para la
comunicación. El gobierno del entonces
presidente Banzer sólo atinó a decretar un
estado de excepción que nadie acató y tuvo que
ser suspendido una semana después.
10 "El mapa es una representación
similar de la realidad mediante la cual
estructuramos una trama espacio-temporal. Los
mapas nos ayudan a delimitar el espacio, trazar
límites, medir distancias, establecer
jerarquías, relevas obstáculos y discernir
condiciones favorables. Conociendo el marco
espacial, podemos hacer mejor uso del tiempo. Los
mapas nos permiten visualizar prioridades, fijar
metas y diseñar trayectos adecuados al terreno.
En fin, contribuyen a enfocar las cosas en sus
debidas proporciones" (Calderón y Lechner,
1998:52).
11 La propuesta inicial a este respecto
proviene del estadounidense Robert Park, que en
la década de 1940 se refirió a las limitaciones
sincrónicas de la noticia (Cfr. Genro, 1989), y
otras pretensiones teorizantes recientes insisten
en esta falsa apreciación.
12 Por tanto, hablar del periodismo como
mediación salvo que cumpla
circunstancialmente una función mediadora en la
negociación de otros actores como la reseñada
en la nota 9 no equivale a decir que
"esté al medio", es decir, en el justo
medio entre dos posiciones opuestas.
___________________
Bibliografía consultada:
- Álvarez, Carlos, Fundamentos
teóricos del Public Journalism, Universidad
Austral, Buenos Aires, 1999.
- Borrat, Héctor, El periódico, actor
político, Edit. G. Gili, S.A., Barcelona,
1989.
- Calderón, Fernando y Lechner, Norberto, Más
allá del Estado, más allá del mercado: la
democracia, Edit. Plural, La Paz, 1998.
- Calderón, Fernando et al. Esa esquiva
modernidad. Desarrollo, ciudadanía y cultura en
América Latina y el Caribe, Edit. Nueva
Sociedad, Caracas, 1996.
- CEPAL, Panorama Social de América Latina
2000-2001, CEPAL, Santiago de Chile, 2001.
- Garretón, Manuel, "Democracia,
ciudadanía y medios de comunicación. (Un marco
general)", en Varios autores, Los medios,
nuevas plazas para la democracia, Calandria,
Lima, 1995, pp. 97-108.
- Muraro, Heriberto, Políticos, periodistas y
ciudadanos, Fondo de Cultura Económica,
Buenos Aires, 1998, 1ª reimp.
- Torrico, Erick, Periodismo, apuntes
teórico-técnicos, Imp. Andina, La Paz,
1989.
- Torrico, Erick, La comunicación desde la
democracia, Artes Gráficas Latina, La Paz,
1995.
* Erick
Torrico Villanueva es
colaborador de SdP. Dirige
la maestría en Comunicación y Desarrollo en la Universidad Andina
Simón Bolívar, en La
Paz-Bolivia.
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