50 años de
concentración de medios en América Latina:
del patriarcado artesanal a la valorización en
escala
Guillermo
Mastrini y Martín Becerra *
I.
Introducción
Reconstruir la
historia de los medios de comunicación
latinoamericanos supone una tarea sumamente
ardua. Las perspectivas para encarar su estudio
son vastas y complejas. La relación con el
poder, su participación en el desarrollo de las
culturas populares o su imbricación en el
conjunto de las industrias culturales son sólo
algunos de los múltiples enfoques posibles. Sin
embargo, hemos preferido centrar nuestro
análisis en cómo un grupo reducido de
propietarios de medios ha ocupado y ocupa un
lugar central en la definición de sus
principales políticas. Desde nuestra perspectiva
la historia económica y política del
audiovisual latinoamericano puede sintetizarse a
partir de un reducido grupo de empresas
concentradas que ejemplifican, como emergentes de
mayor envergadura en la región, el desarrollo
del conjunto de las industrias.
El objetivo del
presente articulo será analizar cómo la
concentración de los medios de comunicación, en
particular la televisión en América Latina,
constituyó un modelo de televisión específico,
que no puede ser considerado sólo una variante
del modelo comercial norteamericano. En un
reciente y completo estudio sobre la televisión
latinoamericana John Sinclair (1999: 77) destaca
que la base del modo de propiedad y control se
encuentra en sus estructuras familiares con
figuras patriarcales fuertes. Si bien este modelo
mantiene clara preponderancia, debemos analizar
los cambios que se han producido en los últimos
años a partir de la internacionalización de los
mercados audiovisuales y del recambio
generacional acaecido en los principales grupos
de comunicación latinoamericanos. Los
descendientes de los viejos patriarcas, todos
ellos formados en universidades norteamericanas,
retienen el control familiar sobre los grupos
pero aplican nuevas formas de administración,
distantes del viejo patriarcado. Los antiguos
"campeones nacionales", están siendo
reconvertidos a actores importantes (de tercer
nivel entre los principales grupos planetarios,
según se verá) del mundo globalizado que
funciona con la impronta de la lógica comercial.
En este sentido,
una de las características distintivas de la
llamada revolución en las comunicaciones
producida en los últimos años del Siglo XX es
la alteración de lógicas de acción y
funcionamiento de las principales industrias y la
consecuente modificación de los roles y perfiles
de los actores protagonistas de este proceso. En
América Latina esta tendencia es complementada
por la concentración1 de los mercados
informacionales, cuyos actores fundamentales son
los grupos de mayor envergadura de la región y
su alianza con los principales grupos globales.
Es por ello y porque entendemos que han sido las
empresas y no el Estado las que han asumido el
desarrollo de la televisión en el continente,2 que centraremos nuestro
análisis en los cuatro grupos que ostentan un
lugar principal en el mercado. Tres de estos
forman parte de los 50 años de historia de la
televisión latina. El cuarto también se
relaciona con la industria cultural antes de la
mitad del Siglo XX, pero su vínculo con el
audiovisual data de la última década. Nos
estamos refiriendo a los grupos Televisa de
México, Globo de Brasil, y Cisneros de Venezuela
en primera instancia y al grupo Clarín de la
Argentina en segundo lugar.
No casualmente
estos grupos son quienes articulados con otros
capitales internacionales han hecho punta en el
establecimiento de la televisión directa al
hogar (DTH) que aspira a establecer un modelo
pan-americano de televisión aprovechando la
homogeneidad lingüística de la región. La
participación de Televisa y Globo en Sky y de
Cisneros y Clarín en DirecTV como socios
regionales permite señalar que los capitales
transnacionales intentan establecer acuerdos con
capitales locales que permitan sostener una
relación dialéctica de uniformización y
diferenciación (Herscovici, 1999: 58).
Dividiremos
nuestro análisis en dos etapas. En primer lugar
tomaremos como referencia el surgimiento y
consolidación de la televisión latinoamericana,
con sus grupos privados y las figuras de Emilio
Azcárraga, Roberto Marinho y Diego Cisneros. En
segundo lugar analizaremos la reestructuración
acaecida en el audiovisual latinoamericano a
partir de su integración al mercado audiovisual
mundial.
II.
Aproximación a la historia de la TV
latinoamericana
Los procesos de
concentración de medios en América Latina no
son nuevos ni desconocidos. El nacimiento de la
radio en los años veinte estuvo acompañado
rápidamente por la adopción de una lógica
comercial que tendió naturalmente hacia la
concentración en pocas manos de las estaciones y
cadenas (con la excepción de países como
Uruguay, donde al comienzo se adoptó el régimen
de servicio educativo). Como señala Sinclair
(1999: 13) ya en 1945 la influencia
norteamericana se expresó en la creación de la
AIR (Asociación Interamericana de
Radiodifusión) que fue una de las principales
promotoras del modelo comercial norteamericano.
Otro tanto ocurrió con la televisión, a partir
de los años cincuenta y, fundamentalmente, de
los sesenta cuando en América Latina se impuso
la noción de servicio de interés público que
fue funcional a las inversiones que las
principales cadenas televisivas norteamericanas
hicieron prácticamente en todos los países
(excepción de Cuba post 1959, por ejemplo), en
oposición al modelo de servicio público que
tuvo lugar en Europa.3 En este sentido cabe
destacar que en 1950 México se convirtió en el
sexto país a nivel mundial en disponer de la
televisión y Venezuela en el 11vo. en 1953 (en
Brasil la primera transmisión fue en 1950; en la
Argentina en 1951). Este hecho señala una
rápida asimilación de las nuevas tecnologías
informacionales disponibles por parte de las
elites locales, aunque no su desarrollo, con la
consecuente dependencia tecnológica que esto
supone.
Frente a la
iniciativa privada, los diseños de políticas
culturales vinculadas a la organización de la
televisión encontraron su arraigo en gobiernos
populistas. García Canclini (1987) observa que
el modelo populista favoreció en los años
cuarenta y cincuenta el desarrollo de las
culturas subalternas y de las industrias
culturales de los países latinoamericanos,
mientras que el Estado ocupó un lugar de
"condensación" de los valores
nacionales que no cuestionaba estructuralmente
las formas ideológicas dominantes. Estos
elementos deben analizarse conjuntamente con un
factor histórico: la dificultad por parte de los
Estados latinoamericanos para establecer
políticas de medios claras, que favorezcan
algún grado de participación de la sociedad en
su definición. Puede afirmarse al respecto que
ha sido el mercado el que ha fijado de hecho las
principales estrategias en materia televisiva,
para que con posterioridad el Estado ajuste el
marco regulatorio a dicha situación.
La década del
50 puede ser ubicada entonces como la de los
pioneros que intentaron establecer la televisión
frente a las dificultades que suponía la escasez
de aparatos receptores.4 Hubo que esperar hasta
fines de la década, y especialmente durante los
60, para que el modelo desarrollista consolidara
el proceso de "modernización"
económica y renovación cultural. Sus
características centrales no sólo suponían la
masiva entrada del capital extranjero en la
economía sino además, como observa Juan Carlos
Portantiero (1989) para el caso argentino, la
sustitución de trabajo por capital en el
desarrollo industrial. A partir de estas
lógicas, los medios audiovisuales en América
Latina tuvieron una tradición de proximidad con
el mercado de fabricantes de equipos, en una
suerte de temprana edición de fenómenos de
integración vertical. La gestión de los medios
tuvo un desarrollo familiar, patriarcal y
artesanal hasta la extensión del factor
informacional, como medular en la estructura
económica, coincidente con el crecimiento de la
envergadura económica de los medios y su
integración en un sistema global comercial
(fenómeno que, como se verá, se propaga en las
últimas dos décadas del Siglo XX).
Durante los
sesenta se consolida un sistema televisivo que
presenta muchas de las características del
actual: empresas privadas que compiten por la
audiencia, centralización de la producción en
las grandes ciudades, y dependencia del capital
extranjero. Si bien en la mayoría de los países
se prohibía o restringía la participación de
capitales foráneos, mediante la figura de las
productoras de programas5 se estructuró un
sistema de medios oligopólico y con escasa
participación del resto del país en la
programación. La influencia de las 3 grandes
cadenas televisivas norteamericanas (CBS, NBC y
ABC) se extendió a la mayoría de los países
latinoamericanos. Este hecho no sólo supone la
importancia estratégica que otorgaban las
empresas norteamericanas al continente para su
expansión mundial, sino que además expresa la
poca disponibilidad de la burguesía
latinoamericana para invertir el dinero necesario
para el desarrollo del medio.
En algunos
países apareció además una televisión
pública débil, que se limitó a ofrecer un
servicio basado en la propaganda política del
gobierno de turno que no constituyó una amenaza
para los canales privados en términos de
audiencia y de disputa de la pauta publicitaria.6 Sin embargo, este hecho
sirve para dar una pauta de la estrecha relación
que estableció la televisión con el sistema
político en general y con cada uno de los
gobiernos en particular. En términos generales,
podemos señalar que la relación entre los
gobiernos y los propietarios de medios se
resolvió por la incapacidad de los gobiernos
para fijar políticas hacia los propietarios de
medios, a cambio de obtener un cierto el control
político sobre los contenidos. Elizabeth Fox
(1990) caracteriza a este modelo como un sistema
comercial políticamente dócil. La relación
establecida entre sistema político, clases
hegemónicas y propietarios de medios se
encuentra ampliamente documentada en los trabajos
producidos en la región en la década del 70.
Como ya ha sido
señalado México fue el primer país
latinoamericano en contar con televisión. Emilio
Azcárraga, fundador del grupo Televisa,
pertenecía a una familia de empresarios que ya
contaba con experiencia en medios por operar
estaciones de radio que estaban vinculadas a
cadenas norteamericanas. Si bien la primera
estación no fue para los Azcárraga, ya en 1955
hegemonizaban el control de Telesistema Mexicano
de Televisión (antecedente de Televisa), empresa
que administraba los tres canales disponibles en
esos momentos. La concentración de la propiedad
de la televisión mexicana tuvo lugar a la par
que sus dueños estrechaban lazos con el
sempiterno (hasta épocas recientes) partido
gobernante, el Partido Revolucionario
Institucional (PRI). Las relaciones entre
Televisa y el PRI fueron tan cercanas que hubo
accionistas de la empresa que dejaron su puesto
en el directorio para transformarse en
legisladores por dicho partido. Y una vez
cumplido su mandato volver al directorio del
grupo. Cabe destacar que la empresa supo
aprovechar sus vínculos políticos y su cuasi
monopolio durante mas de 20 años para extender
su imperio. De hecho durante la década del 60
Televisa consiguió instalar emisoras en todo el
país. Otra de sus características fue su
rápida incorporación de la última tecnología
disponible y su estrategia de vender no sólo al
mercado latinoamericano, sino también al mercado
hispano norteamericano. Fue pionera en el uso del
vídeo y del satélite (de hecho su actual nombre
es una síntesis de Televisión Vía Satélite) y
en el desarrollo de los servicios televisivos
para hispanos a través de su participación en
la cadena Univisión desde 1976. Soledad Robina
Bustos (1996: 90) señala que su estrategia se
basa en desarrollar productos propios y
distribuirlos a través de una gama completa de
medios de comunicación. Se constituyó en un
grupo altamente concentrado que aprovechó al
máximo su integración horizontal y vertical.
En Brasil la
televisión también surgió a través de
iniciativas privadas dispersas en las principales
ciudades del país: San Pablo y Río de Janeiro.
Sin embargo hubo que esperar hasta mediados de la
década del 60 para que el holding de la
familia Marinho encabezado por el diario O Globo
tuviera presencia en el mercado televisivo. Como
señala Fox (1990: 72) TV Globo prácticamente
nació con la dictadura que se estableció en
1964 y a la que sirvió de apoyo para el proyecto
militar de modernización conservadora. Por su
parte los militares no pusieron mayores
obstáculos para que los acuerdos de Marinho con
el grupo norteamericano Time-Life siguieran su
curso pese a la prohibición de la participación
de capital extranjero en radiodifusión. A partir
del aporte de las inversiones norteamericanas
Globo pudo desplazar a sus principales
competidores como Rede Tupi (que había iniciado
las transmisiones en 1950). Con el apoyo de los
militares Globo comenzó su expansión hasta
alcanzar cobertura nacional y prácticamente
acabar con la competencia. Su crecimiento interno
se realizó aprovechando las cuantiosas
inversiones que realizó el Estado para
desarrollar las telecomunicaciones a través de
EMBRATEL (Empresa Brasileña de
Telecomunicaciones). El grupo supo generar un
producto con denominación de origen: las
telenovelas. Al igual que Televisa con ellas no
sólo aprovechó su integración horizontal y
vertical sino que además las telenovelas
constituyeron la materia prima con la que Globo
encararía su entrada en el mercado
internacional.
También en
Venezuela la llegada del Grupo Cisneros se
retrasó hasta comienzo de la década del 60. Sin
embargo y a diferencia de los anteriores casos,
este grupo constituido a partir de la figura de
Diego Cisneros, no provenía de la
radiodifusión, sino de un holding
empresarial muy diversificado. Se destacaba
principalmente por tener la licencia de
fabricación de Pepsi Cola, en el único país en
el mundo que esta marca superaba a Coca-Cola.
Para consolidar su canal Venevisión Cisneros
vendió parte de sus acciones a la ABC y a
Paramount, aún cuando los reglamentos de
radiodifusión una vez más lo prohibieran. Luego
de las largas dictaduras militares (previas a
1958), la relación de los propietarios de medios
venezolanos con el poder político democrático
no constituyó una excepción a la regla
continental. Fueron ellos los que impusieron de
hecho las reglas del juego comercial, sin
comprometer el proyecto político del gobierno.
A diferencia de
las empresas reseñadas hasta aquí, el grupo
Clarín en la Argentina no participó de la
radiodifusión hasta comienzos de la década del
80. El temor a repetir la experiencia del uso de
los medios durante el gobierno peronista
(1945-1955), motivó que la gobierno militar que
lo sucedió (1955-1958) prohibiera la
participación del capital extranjero en la
radiodifusión y la formación de cadenas de
alcance nacional, a la vez que fomentó la
competencia entre distintos canales de
televisión. Si bien los dos primeros puntos
nunca se cumplieron más que en la formalidad de
los papeles, la competencia entre las emisoras,
que además no estaban involucradas en holdings
multimedia, impidió la consolidación de un
canal monopólico. Cuando en la década del 70
los capitales extranjeros habían completado su
retirada y despuntaban los primeros grupos
mediáticos nacionales, el Estado revirtió para
si mismo los permisos de radiodifusión hasta
monopolizar la producción y distribución de
televisión. Como señala Jones (1993: 61) este
hecho retrasó la formación de grupos
multimedia, aún cuando existieran en el país
condiciones similares a las de México, Brasil y
Venezuela para su despegue. Mientras tanto el
diario Clarín afianzaba una posición
hegemónica en el mercado de periódicos, hasta
llegar a ser el de mayor tirada de habla
castellana. Su fortaleza económica le permitirá
a partir de 1980 encarar su expansión y
convertirse en uno de los principales grupos
mediáticos de la región.
III.
Hacia una nueva economía informacional
A fines de los
sesenta comienza a observarse un proceso de
agotamiento del sistema productivo desarrollista
cepalino,7 incipiente
fragmentación social, incremento de las
experiencias políticas radicales, en el marco de
un avance de la presión de los sectores
populares por convertirse en actores políticos
protagónicos. El fracaso de los distintos
gobiernos latinoamericanos para establecer un
acuerdo social que superase esta crisis
desembocará en procesos políticos (en la
mayoría de los casos dictaduras militares
basadas en la doctrina de seguridad nacional) que
sentarán las bases para la adaptación de la
economía latinoamericana a las nuevas tendencias
del capitalismo internacionalizado, centralizado,
concentrado y cuya distribución de los ingresos
pasa a ser crecientemente regresiva.
En este marco y
en el campo específico de los medios
audiovisuales, las grandes cadenas
norteamericanas se retiraron de la propiedad de
los medios de la región (privilegiando la venta
de programas mas que la inversión directa) casi
a la par que se sucedían los reclamos por un
Nuevo Orden Económico y un Nuevo Orden
Informativo. Además, los años setenta
atestiguaron la formulación y desarrollo de las
Políticas Nacionales de Comunicación (PNC's),
con una participación activa de muchos países
latinoamericanos (por ejemplo en Venezuela con
Carlos Andrés Pérez y México con Luis
Echeverría) que tuvieron el mérito de
explicitar varios conceptos que remitían a la
democratización de las comunicaciones: el
servicio público; el acceso y la participación;
la condena al desequilibrio en el flujo
informativo internacional; el derecho a la
información y el derecho a réplica.
En cambio, los
ochenta evidenciaron la derrota de las
concepciones que bregaban por las PNC's y sus
propuestas, contra quienes habían luchado
firmemente las organizaciones patronales como la
SIP o la AIR (Quirós-Segovia, 1996). Esta
derrota no se explica únicamente por causas
endógenas, esto es, por la debilidad o
contradicción de algunos de los fundamentos de
las PNCs o de sus impulsores, sino también
-fundamentalmente- por el marco socioeconómico
mundial reseñado y por el proceso,
complementario, que hace de la información un
insumo cardinal en la estructuración económica
de las sociedades y que ha invertido el acento de
lo nacional y lo global en la producción, la
gestión y la distribución de este recurso. El
modelo de televisión latinoamericano comercial y
altamente concentrado resultará funcional para
desarrollar proyectos vinculados al nuevo lugar
que ostentará la comunicación en la economía
mundial.
En rigor, las
razones de la derrota de las PNCs,
coincidente con la ofensiva del fundamentalismo
de mercado de los años ochenta liderado por los
gobiernos norteamericano de Ronald Reagan y
británico de Margaret Thatcher, son
contemporáneas con la desarticulación de las
condiciones que daban marco al Estado de
Bienestar en los países desarrollados y a su
variante populista latinoamericana. Por su parte,
la mutación de la estructura económica de las
sociedades en las últimas décadas es
contemporánea a la aparición y difusión del
microprocesador y a los progresivos cruces entre
microinformática, telecomunicaciones y
audiovisual, que dieron cabida a la gestación
del proyecto de la Sociedad de la Información.
En efecto, en
las últimas décadas es posible identificar
cuatro procesos que intervienen para cristalizar
el ordenamiento económico de la información y
la inversión de las lógicas de desarrollo
tradicionales del sector:
- En primer
lugar, el salto tecnológico auspiciado
por la convergencia de soportes y
mecanismos de distribución en la esfera
de la información y la comunicación;
- En segundo
lugar el deterioro o desmantelamiento de
las empresas y entes públicos;
- En tercer
lugar, las estrategias de mundialización
de los grandes actores del mercado en
todo el planeta;
- Y en cuarto
lugar, la expansión de la publicidad
como mecanismo privilegiado de
financiamiento de estas actividades.
En conjunto,
estos cuatro procesos han condensado en la
emergencia de un sistema global comercial de
actividades de información y comunicación en el
que América Latina aparece completamente
inmersa, con un rol subordinado respecto de los
grandes grupos que dominan el escenario
planetario, pero con tendencias especulares
respecto del desarrollo de estos procesos en los
países centrales (Estados Unidos, Canadá,
Japón y Europa Occidental). Como se ha señalado
Globo y Televisa cuentan con años de experiencia
en procesos integrados de producción y
distribución de contenidos culturales,
plausibles ahora de ser multidistribuidos. Por
otra parte la publicidad fue desde siempre motor
de la economía de las industrias culturales de
la región que apenas conocieron de las
subvenciones y promociones propias del Estado de
Bienestar.
Estos grupos,
por otro lado, han sabido adaptarse y
reestructurarse conforme las tendencias del salto
tecnológico que se difundió durante las
últimas dos décadas del Siglo XX, y cuyas
manifestaciones más visibles son la aparición y
masificación del videocasete, el compact disc,
la televisión por cable, la televisión
satelital y su secuela de plataformas de
lanzamiento y gestión, y la conexión on line
producto del cruce de la informática con las
telecomunicaciones. Los impactos sobresalientes
de estas tecnologías son: la disminución del
tiempo de difusión de los contenidos, reduciendo
casi a cero el hiato entre el momento de la
producción y el del consumo; el incremento
exponencial del volumen de contenidos que pueden
ser distribuidos; la disminución de los costos
de producción y distribución que elimina
intermediarios (Pilati, 1993). En consecuencia,
el nivel del acceso a los bienes y servicios
informacionales se revela como una instancia
medular en la configuración de los nuevos
mercados de estas actividades. Aquí aparece uno
de los puntos débiles de la región dado que la
enorme desigualdad en la distribución de la
riqueza restringe los niveles de acceso (ver
tabla acceso a servicios, más adelante).
El cambio de
roles de los diferentes actores que se
corresponde con la mutación de las formas de
organización, reglamentación y funcionamiento
de actividades informacionales y el
desmantelamiento de las empresas públicas ha
estado acompañado por el ensanchamiento del
mercado publicitario a partir de los ochenta. La
publicidad es la principal fuente de ingresos en
buena parte de las actividades del sector de la
información y la comunicación. Está, a su vez,
vinculada con los segmentos cualitativos y
cuantitativos de consumo, de modo tal que el
consumo forma parte de la estrategia misma de
producción de un servicio o aplicación
informacional, toda vez que en el origen de éste
producto está inserta la necesidad de
financiamiento y la proyección de beneficios,
según la lógica comercial inherente al sistema
global de medios.
No obstante, la
expansión del mercado publicitario no supone la
retirada absoluta del sector público que, y al
igual que en otras actividades, como consumidor
gigantesco, como propagandizador y también como
financiador, sigue estando presente por la doble
naturaleza ideológico económica de la
información y la comunicación: el ejemplo cabal
es la producción cinematográfica europea o
latinoamericana, que con sus obvias diferencias
de escala en el primer caso, industrial y
masiva; en el segundo con características casi
artesanales y su ritmo de producción
espasmódico-, cuenta con insoslayable sustento
estatal. De modo que aunque el financiamiento por
publicidad se apunta como una de las
características de la conformación del mega
sector de actividades de la información y la
comunicación a partir de los años ochenta y,
consecuentemente, responde a la inserción de la
comunicación y la información dentro de la
lógica de producción y circulación general de
mercancías (bienes y servicios), también existe
la especificidad que le da el carácter
ideológico de los productos que son,
mayoritariamente, intangibles.
Por su
centralidad en las estrategias de financiamiento,
la publicidad merece ser observada a la luz de la
configuración de un mercado global comercial:
dirigido por una decena de grandes empresas
mundiales, el mercado publicitario tiende a
reproducir el esquema de oligopolio en cada
escala regional, nacional o local: el
ordenamiento del sector se plantea mediante
estrategias de asociación, fusión e
integración de las empresas dominantes en cada
escala, con las dominantes en la escala
inmediatamente superior.
Tomando el
mercado publicitario como referencia, entonces,
el resto de las actividades de la información y
la comunicación también tiende a organizarse
como mercado global comercial cuya estructura se
desarrolla a imagen y semejanza del mercado
norteamericano que es, por su volumen y su
importancia estratégica, el más importante del
planeta. Y tiene en la hegemonía capilar y
general del mercado sobre cualquier otra forma de
gestión una de las directrices más destacadas.
Asimismo, si
antes de los noventa era preciso comprender
primero el contexto local y nacional para
elucidar la lógica de las actividades
informacionales en un país, a partir de entonces
la operación analítica se invierte: hoy es
necesario partir del estudio de la lógica del
mercado globalizado y luego intentar comprender
sus diferentes escalas (McChesney, 1998). Estos
elementos se conjugan en la evolución de un
sector que, de ser "estático y
protegido", pasó a convertirse en
"dinámico, concentrado, transnacionalizado,
de alta rentabilidad y donde cada vez se
encuentran comprometidos mayores volúmenes de
capital" (Zallo, 1992: 20).
Los actores
protagonistas del proceso de conformación de un
mercado global comercial son públicos y privados
pero, como se ha señalado, superan los marcos
tradicionalmente definidos por el modelo del
Estado Nación. La esfera privada plantea una
variada gama de actores de los cuales los más
influyentes constituyen singularmente el núcleo
destinatario de los cambios realizados en el
marco de la Sociedad de la Información, puede
ser dividida, en un plano conceptual, en tres
niveles de implicancias globales.
En los tres
niveles del sistema global comercial de la
información y de la comunicación debe
especificarse que se trata de grupos, antes que
de compañías individuales, para dar cuenta de
la diversidad de empresas y actividades
económicas (no sólo involucradas en la
economía de lo intangible, sino también de
bienes materiales) que protagonizan la compleja
conformación del sistema.
El primer nivel
ilustrado en la figura precedente se corresponde
con el de una decena de grupos transnacionales
que operan con todo el planeta como mercado y
cuyas cotas de penetración en las diferentes
regiones y países encuentran pocas barreras
(fundamentalmente, aunque no es el caso de
América Latina, de índole reglamentario). De
esta manera, se distingue a General Electric,
AT&T, Disney, Time Warner, Sony, News Corp.,
Viacom, Seagram y Bertelsmann por sus redes
globales de distribución (McChesney) y su
control de diferentes actividades
informacionales. La lógica de operaciones del
primer nivel en importancia de los grupos
informacionales comerciales globales se construye
a partir del funcionamiento del mercado
estadounidense. Todas estas corporaciones son
transnacionales, aunque todavía sus mayores
ingresos se obtienen en el mercado de Estados
Unidos.
El segundo nivel
en que pueden ser agrupados analíticamente los
actores del mercado global comercial, es el de un
conjunto de 50 grandes grupos con sede en Europa,
Estados Unidos o Japón, que operan en regiones
conformadas por varios estados. La lista incluye,
entre otros, Dow Jones, Comcast, The New York
Times, The Washington Post, Hearst, McGraw Hill,
CBS, Times-Mirror, Reader's Digest, Pearson,
Kirch, Havas, Mediaset, Hachette, Canal +, Prisa
y Reuters (McChesney). Estos grandes grupos son
el núcleo dinámico del sistema global, pues
establecen relaciones con los aproximadamente
diez primeros, que se encuentran en posición
dominante, y permiten traducir las estrategias de
los más grandes a los entornos regionales más
apetecibles como nichos de mercado, pues
constituyen áreas geográficas centrales por los
ingresos de los consumidores allí radicados. De
esta manera, los nuevos emprendimientos de las
corporaciones transnacionales más importantes se
realizan, generalmente, en asociación con
algunos de los grupos del segundo nivel.
En el tercer
nivel confluyen grupos líderes de mercados
domésticos nacionales o subregionales del resto
del planeta y está conformado por unas noventa
corporaciones entre las que se destacan, en el
mercado latinoamericano, los grupos Televisa de
México, Cisneros de Venezuela, Globo de Brasil y
Clarín de la Argentina.
IV.
La Sociedad de la Información en América Latina
En América
Latina los grupos como Televisa, Cisneros, Globo
y Clarín dominan el mercado regional y su
comportamiento tiene una lógica semejante a la
que observan los principales actores corporativos
a escala global: son grupos multimedia con
ramificaciones a otras actividades
comunicacionales (centralmente:
telecomunicaciones; informática; industria
gráfica) pero también a otras ramas de la
industria y el comercio. Asimismo, estos grandes
grupos regionales tienen negocios cruzados (como
en el caso de Direct TV cuyo paquete accionario
comparten Cisneros y Clarín) entre sí, a la vez
que tejen y destejen alianzas internacionales con
los actores con mayor peso en el mercado
planetario. Es el caso del grupo Globo, que se ha
asociado en un consorcio de compañías de
Brasil, Argentina, Chile, Paraguay y Bolivia
liderado por Telecom Italia para prestar
servicios de telecomunicaciones en Brasil,
Argentina, Chile, Cuba, Bolivia y Paraguay.
Precisamente el
comportamiento de estos grupos es emergente de la
inversión de dos lógicas fundamentales que
dieron identidad a las industrias de la
información y la comunicación: en primer lugar,
su diversificación en distintas escalas de la
cadena de valor, producto de la convergencia de
actividades informacionales, se presenta como una
superación de las convencionales divergencias
que protagonizaban estas actividades y que, en
algunos casos, son centenarias (Becerra, 2000).
En palabras de la Comisión Europea,
Actualmente,
las empresas suelen estar presentes en uno o
más elementos de la cadena del valor.
Algunos consideran que la convergencia
inducirá a muchos de los agentes del mercado
a estudiar la posibilidad de entrar en
actividades distintas de su negocio
fundamental y piensan que esta tendencia se
aprecia ya en algunas de las adquisiciones y
fusiones más recientes (Comisión Europea,
1997:2).
En segundo
lugar, y producto de la inversión de lógicas
nacional-global, estos actores poderosos en la
región, antes estaban más supeditados a las
tradiciones y condiciones locales y nacionales
que ahora. Esta inversión no es patrimonio
exclusivo de las actividades de la información y
la comunicación, ya que la integración de las
esferas productiva y distributiva apoyada en las
tecnologías informacionales, es inédita en la
historia del capitalismo, aunque éste haya
conocido períodos, como el fin del Siglo XIX, de
alta interdependencia comercial. Las
telecomunicaciones y la informática desempeñan
un rol central en esta nueva transformación
reduciendo las limitaciones de tiempo y espacio
(Sussman, 1997) a la vez que el audiovisual
contribuye en este esquema como fundamental
variable ideológica.
La progresiva
integración de lógicas y actores dominantes del
sector informacional y comunicacional en América
Latina, con respecto a los que lideran el mercado
mundial, es fruto de un proceso que, como se
consignó, desconoce fronteras. Al tratarse de un
proceso, es válido aclarar que las
transformaciones en curso distan de ser acciones
concluidas. Las alianzas hoy construidas por los
principales actores pueden ser mañana deshechas.
Sin embargo, es destacable que, como cualidad
inherente a este proceso, la superación de las
fronteras tanto geográficas como de
"hileras de producción" o industrias
específicas plantean una objetiva articulación
con el carácter global y convergente de los
cambios referidos.
En rigor, la
concentración es un atributo inherente al
funcionamiento del "mercado libre",
independientemente de la actividad económica de
la que se trate, y en el ámbito concreto de la
información y la comunicación sólo los países
con una fuerte tradición en defensa de los
derechos de los usuarios y con un marco de
servicio público (como los países escandinavos)
atenúan el hecho que el mercado quede en pocas
manos. Pero ello justamente se contradice con la
consigna fundamentalista de la "mano
invisible" que se extendió en América
Latina durante los años ochenta y noventa.
Esta evolución
de los mercados de la información y la
comunicación, sobresaliente en los noventa,
encuentra un elemento causal inmediato en la
década anterior, con la multiplicación de
canales y emisoras audiovisuales y la aparición
de actividades novedosas (como Internet),
productos del salto tecnológico que permitió
superar los límites del espacio hertziano. La
necesidad de ocupar nuevos eslabones de la cadena
de valorización y de no perder posiciones en el
mercado mundial generaron una intensa
realización de fusiones, alianzas, adquisiciones
y emprendimientos conjuntos.
En las últimas
dos décadas del Siglo XX, y casi en concierto,
los países latinoamericanos liberalizaron,
desregularon y privatizaron las principales
áreas informacionales, incorporaron capitales
externos cuya progresiva inserción está
marcando el fin de la gestión artesanal de las
comunicaciones, permitieron el cruce de capitales
de una industria a otra y profundizaron la
erosión de la intervención estatal en el
control de estas actividades.
Esta erosión no
podría comprenderse cabalmente sin considerar la
referida derrota de las PNCs. Los países
latinoamericanos más ricos (Brasil, México,
Argentina, en este orden) presentan rasgos y
tendencias similares y tres de los cuatro actores
multimedia más poderosos de América Latina (O
Globo, Televisa y Clarín) tienen su sede en
estas potencias regionales. Estos grupos
presentan una extensión cuasi continental y
estrechos vínculos con los grupos dominantes en
el concierto mundial.
Por otra parte,
si se advierte la profusa inserción de los
grupos dominantes globales en los países
latinoamericanos en asociación con los grupos
más fuertes de la región, se concluirá que es
falsa la apreciación de lo nacional como
contracara o como valla de contención a lo
global, al menos en los mercados de América
Latina. Por el contrario, estas alianzas entre
grupos locales o regionales y grupos globales se
revelan como mutuamente beneficiosas: para los
grupos locales o regionales implica fortalecer su
capacidad de acción, incorporar tecnología,
contenidos y mejorar en lo inmediato su capacidad
financiera; para los grupos globales significa
reducir el riesgo de inversión explotando la
inserción de los grupos locales y regionales en
mercados que, de otro modo, los globales
desconocerían, así como aprovechar los
contactos y la influencia política, en el
sentido más amplio, que los grupos locales y
regionales han venido desarrollando
históricamente en su contexto.
Frente a la
creciente concentración de los grupos y al
considerable poder que han adquirido, la sociedad
civil asiste impotente a una veloz
transformación de su categoría de
ciudadano-usuario a cliente. Si en los 70, uno de
los reclamos de las PNCs fue la necesidad
de garantizar el acceso (es decir la cobertura
universal) hoy las nuevas tecnologías han
permitido que el mercado se expanda y rentabilice
sus inversiones en todo el continente. Los
procesos de exclusión no van a darse ya por la
ubicación geográfica solamente, sino
principalmente por la capacidad de pago. Como
puede observarse en la siguiente tabla, los
índices de penetración de tecnologías
informacionales sigue siendo bajo en el
continente en comparación con los países
desarrollados. Este hecho le otorgaría una
enorme potencialidad de crecimiento cuantitativo,
pero debe considerarse que también los índices
de concentración de la riqueza son notables,
excluyendo a miles de personas de aspirar
siquiera a la categoría de clientes. A
continuación se reproduce un cuadro con
indicadores de acceso a algunas de las más
importantes aplicaciones informacionales
(teléfonos, televisión y PC's), elaborado por
el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD), en el que se resaltan las
variables al comienzo y al finalizar la década
del noventa:
Cuadro I:
Líneas de teléfono, equipos de televisión y
computadoras personales por cada cien habitantes,
1990-1998
Nº
Ranking PNUD
|
País/Variable
|
Teléfonos
|
Televisión
|
PC's
|
Internet
Hosts
|
1990
|
1998
|
1990
|
1998
|
1990
|
1998
|
1998
|
3
|
EEUU |
54,5
|
66,0
|
77,2
|
84,7
|
21,7
|
45,9
|
11,2
|
1
|
Canadá |
56,5
|
63,4
|
62,8
|
71,5
|
10,7
|
33,0
|
3,6
|
2
|
Noruega |
50,3
|
66,0
|
42,2
|
57,9
|
---
|
37,3
|
7,1
|
12
|
Francia |
49,5
|
57,0
|
53,9
|
60,1
|
7,1
|
20,8
|
0,8
|
8
|
Holanda |
46,4
|
59,3
|
48,2
|
54,3
|
9,4
|
31,8
|
3,9
|
14
|
Alemania |
44,1
|
56,7
|
52,5
|
58,0
|
9,1
|
30,5
|
1,7
|
9
|
Japón |
44,1
|
50,3
|
61,1
|
70,7
|
6,0
|
23,7
|
1,3
|
10
|
Reino Unido |
44,1
|
55,6
|
43,3
|
64,5
|
10,8
|
26,3
|
2,4
|
21
|
España |
31,6
|
41,4
|
38,9
|
50,6
|
2,8
|
14,5
|
0,7
|
19
|
Italia |
38,8
|
45,1
|
42,0
|
48,6
|
3,6
|
17,3
|
0,6
|
28
|
Portugal |
24,3
|
41,3
|
18,6
|
54,2
|
2,7
|
8,1
|
0,5
|
35
|
Argentina |
9,5
|
20,3
|
24,9
|
28,9
|
0,7
|
3,9
|
0,1
|
38
|
Chile |
6,6
|
20,5
|
20,6
|
23,2
|
1,1
|
4,8
|
0,2
|
39
|
Uruguay |
13,4
|
25,0
|
38,8
|
24,2
|
---
|
9,1
|
0,4
|
55
|
México |
6,5
|
10,4
|
15,0
|
26,1
|
0,8
|
4,7
|
0,1
|
74
|
Brasil |
6,5
|
12,1
|
21,3
|
31,6
|
0,3
|
3,0
|
0,1
|
56
|
Cuba |
3,1
|
3,5
|
20,6
|
23,9
|
---
|
---
|
0,0
|
65
|
Venezuela |
8,2
|
11,7
|
17,7
|
18,5
|
1,1
|
4,3
|
0,1
|
80
|
Perú |
2,6
|
6,7
|
9,6
|
14,4
|
---
|
1,8
|
0,0
|
81
|
Paraguay |
2,7
|
5,5
|
5,2
|
10,1
|
---
|
---
|
0,0
|
59
|
Panamá |
9,3
|
13,4
|
17,2
|
18,7
|
---
|
---
|
0,0
|
68
|
Colombia |
9,2
|
15,2
|
13,8
|
21,7
|
---
|
2,8
|
0,0
|
99
|
China |
0,6
|
7,0
|
15,6
|
27,2
|
---
|
0,9
|
0,0
|
119
|
Egipto |
3,0
|
6,0
|
10,7
|
12,7
|
---
|
0,9
|
0,0
|
91
|
Ecuador |
4,8
|
7,8
|
8,6
|
29,3
|
---
|
---
|
0,0
|
104
|
El Salvador |
2,4
|
8,0
|
9,2
|
25,0
|
---
|
---
|
0,0
|
114
|
Bolivia |
2,8
|
6,9
|
11,3
|
11,5
|
---
|
---
|
0,0
|
116
|
Nicaragua |
1,3
|
3,1
|
6,5
|
19,0
|
---
|
---
|
0,0
|
150
|
Haití |
0,7
|
0,8
|
0,5
|
0,5
|
---
|
---
|
0,0
|
| |
Promedio Mundial |
9,9
|
14,2
|
18,6
|
25,3
|
---
|
---
|
0,7
|
Fuente:
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
(2000).
Como se advierte
en el cuadro, muchos países latinoamericanos
están por debajo del promedio mundial en el
acceso a bienes y servicios informacionales.
Ahora bien, en un contexto de baja injerencia del
Estado en la reglamentación y el control de
estas actividades, resulta complejo advertir
cómo se garantizará a los usuarios de bajos
recursos el acceso a la información y la
comunicación provista a escala industrial para
mejorar esos indicadores.
Un ejemplo sobre
cómo la conformación de precios de acuerdo con
los designios de los operadores principales
afecta al usuario final del servicio es el de la
televisión por cable en la Argentina. Este país
es el tercero en todo el continente americano en
cantidad de hogares cableados por todo el
universo de hogares, detrás de Estados Unidos y
Canadá. La concentración del sector ha
decantado después de dos décadas de desarrollo,
en dos grandes operadores: Multicanal (del Grupo
Clarín) y CableVisión (de la administradora de
fondos financieros Hicks, Muse, Tate &
Furst). En ambos casos, la tarifa del servicio es
de 38 dólares mensuales, pero en las zonas donde
enfrentan la competencia de un tercer proveedor,
el precio baja. En algunas ocasiones, baja tan
drásticamente como para causar la asfixia
financiera del competidor y luego, absorberlo y
subir las tarifas... a 38 dólares mensuales.
Como los operadores de cable no son obligados por
el Estado a realizar inversiones (como sería por
ejemplo el tendido subterráneo de la red), su
costo es muy bajo y sólo una situación de
marcada concentración oligopólica como la
actual permite el acuerdo entre los dos gigantes
con la garantía (que en las teorías de los
clásicos sería una utopía ajena al espíritu
emprendedor y a la sana competencia en beneficio
del usuario) del negocio sin ningún riesgo.
De esta manera,
los mercados tendencialmente oligopólicos fruto
de la concentración informacional en América
Latina, suponen problemas explícitos no sólo
para garantizar la pluralidad de voces y puntos
de vista a los que una sociedad democrática debe
poder acceder, sino también para aspirar a la
mucho menos ciudadana opción de cliente. Los
mercados altamente concentrados tienden a la
conformación de cárteles que limitan la
influencia del usuario del servicio en la
definición de sus coordenadas. Ello implica, en
una región de marcada disparidad en el acceso
como lo es Latinoamérica, una deserción por
parte del Estado de una de sus primeras
obligaciones, que es garantizar la equidad.
V.
Los grandes grupos latinoamericanos
Si en la década
del 60 los grupos de comunicación aprovecharon
sus vínculos políticos y sus relaciones con el
capital extranjero para adquirir una dimensión
nacional, concentrada e integrada, en los 90 su
lógica de adaptación a la nueva dimensión
globalizada de la economía mundial va a
sustentarse en aprovechar su solidez en los
mercados nacionales de base para encarar su
expansión diversificada y regional.
En efecto y como
se verá más adelante, los grandes grupos
latinoamericanos conservan el dominio sobre sus
mercados originales, principalmente la
producción y distribución de los servicios
mediáticos tradicionales (radiodifusión abierta
y gráfica). En comparación con la década del
60 la participación del capital extranjero en la
radiodifusión hertziana es relativamente baja.
Sin embargo, sí se han desarrollado importantes
alianzas y acuerdos comerciales entre los grupos
latinoamericanos y grupos transnacionales a los
efectos de promover el desarrollo de nuevos
servicios informacionales. La desregulación, las
privatizaciones y la desnacionalización de la
economía (incluyendo el permiso para la
inversión extranjera en medios de comunicación)
se realizaron siguiendo las necesidades del
mercado. Aparecieron entonces, las
contradicciones de tomar partido por uno u otro
grupo oligopólico, pero las regulaciones fueron
siempre invariablemente orientadas a favorecer el
proceso de valorización de los capitales. En
este contexto los grandes grupos regionales
pudieron aprovechar su ventaja estratégica. En
aquellos países latinoamericanos donde la
estructura de medios no presentaba una dimensión
tal como para establecer alianzas con los grupos
transnacionales, la penetración del capital
extranjero en la propiedad de los medios fue
mucho mayor.
En este
análisis hemos preferido centrarnos en el
estudio de los grandes grupos latinoamericanos.
Realizaremos una síntesis de su situación
actual.
El grupo
Televisa suele presentarse a si mismo como la
compañía de medios de comunicación más grande
en el mundo de habla castellana y una de las
principales participantes en la industria del
entretenimiento. Con una producción de más de
50.000 horas anuales de programas televisivos, el
grupo Televisa se convierte en el más importante
productor de habla castellana. Televisa posee mas
de 300 estaciones de televisión en México,
negocio por el que obtiene más del 60% de sus
ingresos. Con ello no sólo mantiene una cómoda
supremacía en el mercado mexicano,8 sino que además le
permite ser una actor de importancia en la
principal cadena hispana de Estados Unidos,
Univisión.9 En relación con las
nuevas tecnologías Televisa detenta el 51% de
Cablevisión que es el segundo operador de cable
del país con casi medio millón de abonados y el
60% de Innova empresa controladora de la señal
de DTH Sky, que cuenta con 25.000 suscriptores.
En los últimos años han existido acuerdos entre
Televisa y el grupo ganador de la telefonía
básica mexicana Telmex controlada por empresario
Carlos Slim (el hombre más rico de América
Latina).
Por su parte el
Grupo Globo es el mayor proveedor de contenidos
de Brasil con una producción anual de más de
4.400 horas, que no sólo le permiten abastecer a
su red de estaciones en Brasil, sino además
sostener un ambicioso plan de exportación de su
producción a nivel mundial. Cuenta además con
la principal red brasileña de TV por cable
(Globocabo), el diario OGlobo, y una
participación en la operadora de televisión
satelital SkyLA. Más allá de la producción y
distribución televisiva el Grupo Globo es
propietario de compañías de radio,
comunicaciones satelitales, y de
telecomunicaciones. Por medio de Globocabo, cuyo
11,5 por ciento del paquete accionario pertenece
a la transnacional Microsoft, el Grupo Globo
inició hacia fines del año pasado una etapa
experimental para brindar acceso a Internet a
través de la TV por cable, aprovechando su
millón de abonados en 18 ciudades brasileñas, y
su potencialidad de llegar a más de cinco
millones de hogares en sus 25 mil kilómetros de
tendido de red.
El grupo
Cisneros presenta dos grandes diferencias con las
hasta aquí reseñados. En primer lugar,
pertenece a un holding industrial con
múltiples inversiones en diferentes áreas de la
economía,10 con un ingreso anual de
más de 4.000 millones de dólares, aún cuando
las industrias culturales y en particular el
audiovisual son su mayor fuente de divisas. En
segundo lugar, no cuenta con medios gráficos e
industrias de la información conexas a ellos
(agencias de noticias, etc.) pero ha alcanzado
una importante expansión en el control de
estaciones de televisión en América Latina con
la participación en estaciones en Chile
(Chilevisión), Colombia (Caracol) y el Caribe
(Caribean Communication Network) además de
Venezuela (Venevisión). Para ello consolidó un
fondo de inversiones en medios (Ibero-American
Media Partners - IAMP) junto al fondo financiero
norteamericano Hicks, Muse, Tate & Furst. Es
el mayor accionista de la cadena norteamericana
Univisión y de la señal Galavisión destinada
al mismo mercado. En materia de televisión paga
es socio de DirecTV Latin America. En sociedad
con America On Line, desarrolla AOL Latin
América, uno de los principales proveedores de
Internet. Recientemente adquirió el control de
el portal El Sitio, uno de los más visitados en
lengua castellana.
El Grupo Clarín
editor del diario del mismo nombre comenzó en la
década del ochenta su etapa de expansión hacia
otras ramas de la industria cultural al adquirir,
pese a las disposiciones vigentes Radio Mitre,11 una de las de mayor
audiencia de Buenos Aires. Con la adquisición
del Canal 13 Clarín se constituye como grupo
multimedia y comenzará a experimentar un
crecimiento constante ampliando su radio de
acción desde el mundo gráfico al audiovisual.
En 1992 ingresa al mercado de la televisión por
cable al adquirir Multicanal. Esta empresa se ha
convertido en el mayor operador de cable en
América Latina con más de un 1.500.000
abonados. Si bien en sus comienzos compartió la
propiedad de Multicanal con Telefónica y el
Citicorp Equity Investment (CEI), desde 1995
controla la totalidad de la empresa. A diferencia
de otros grupos argentinos, Clarín no realizó
alianzas que lo subordinaran a otro socio, si
bien durante el año 2000 vendió por 500
millones de dólares al banco estadounidense de
inversiones Goldman Sachs el 18 por ciento de
todo el Grupo Clarín, con la excepción de
Multicanal. El grupo cuenta además con
participaciones en el sector de las
telecomunicaciones a través de la Compañía de
Teléfonos del Interior (CTI), de telefonía
celular y como se verá más adelante participa
de la televisión satelital a través de DirecTV
Latin America.12
Cuadro II:
Comparación de grupos de comunicación
latinoamericanos
| |
Grupo Globo |
Grupo Televisa |
Grupo Cisneros |
Grupo Clarín |
| Televisión |
Rede Globo |
Red Televisa |
Venevisión Chilevisión
CCN (Caribe)
Caracol (Colombia)
|
Canal 13 |
| TV Cable |
Globocabo |
Cablevisión |
GTC |
Multicanal |
| TV DTH |
Sky |
Sky |
DirecTV Vía
Digital (España)
|
DirecTV |
| Video |
Globo Video |
Grupo Videovisa |
Videomóvil |
|
| Radio |
Rede Globo |
Radiópolis |
Radio Chile |
Radio Mitre FM 100
|
| Discos |
Som Livre |
Discos Melody |
Rodven |
|
| Diarios |
O Globo |
Ovaciones |
|
Clarín |
| Revistas |
Editora Globo |
Editorial Televisa |
|
AGEA |
| Agencias Noticiosas |
Agencia Globo |
ECO |
|
DyN |
| Productoras cine |
Globo Films |
Televicine |
Cinematik |
Patagonik |
| Televisión Educativa |
Fundación Roberto Marinho |
Fundación Cultural Televisa |
|
|
| Promoción |
Vasglo |
Promovisión |
|
|
| Distribución Televisiva |
Dpto. Marketing Internacional |
Protele |
|
Proartel |
| Televisión USA |
Univisión |
|
Univisión Galavisión
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| Otras industrias culturales |
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Señales de TV paga |
Señales de TV paga TyC Sports
Papel Prensa
Estudios Mercado
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| Telecomunicaciones |
Telefonía Móvil |
PanAmSat |
|
CTI Telefonía Móvil CTI Telefonía Vocal Básica
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| Internet |
Globo.com |
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