Periodismo
de Investigación en Chile
Iluminando
las zonas oscuras
Pamela
López de Santa María Fernández *
El desarrollo del Periodismo de
Investigación en Chile causó un impacto en
la opinión pública sobre todo en el último
año. La aparición de nuevos medios
periodísticos con una línea editorial
precisa y consistente ha permitido que este
estilo se inserte en la sociedad civil
logrando en ésta una aprehensión de la
información que permite que el lector,
televidente o auditor sea capaz de analizar,
criticar y formarse una opinión propia y
objetiva de los acontecimientos que ocurren a
su alrededor. Sin embargo, aún debe
enfrentar la presión de fuertes intereses
que actúan en su contra, como lo demostró
la reciente crisis en el semanario La
Nación Domingo. A continuación, una
reflexión acerca de cómo el Periodismo de
Investigación se está abriendo en los
medios chilenos y cómo este fenómeno
repercute en la opinión pública.
Era
un sábado de invierno. Manejaba mi auto por una
concurrida avenida capitalina en busca de un mall
para comprarme un par de jeans: nada importante
ni trascendente. A mi lado, mi colega y amigo de
antaño Pablo Basadre me advierte una situación
que no me dejará indiferente: "Mañana va a
cambiar la transición en Chile, compra La
Nación Domingo (LND) ".1 La frase me sonó algo
curiosa y hasta ese momento no logré ver la
magnitud que más tarde tendrían sus palabras.
Domingo 8 de
septiembre del 2002, al día siguiente de mi
encuentro, el matutino publica en portada la
reorganización del Comando Conjunto, uno de los
grupos represivos más siniestros de los años
setenta. A cargo del periodista Víctor
Gutiérrez, LND comienza a develar una historia
hasta entonces desconocida por la opinión
pública y mejor aún, contada por sus propios
protagonistas.
Domingo 15 de
septiembre del 2002, LND golpea nuevamente pero
esta vez dando los nombres más protegidos del
grupo entre los que figura la actual señora de
un, hasta entonces, alto general de la Fuerza
Aérea de Chile (FACH), y la lista que los
agentes intentaron hacer llegar a la Mesa de
Diálogo.2 La noticia causó
revuelo en el gobierno, un terremoto a nivel
político y la expectación y el interés de la
opinión pública. Pero la consecuencia más
relevante sucedería semanas después cuando el
Comandante en Jefe de la FACH, Patricio Ríos, y
el director de Aeronáutica Civil, Patricio
Campos, presentaron su renuncia al Presidente
Ricardo Lagos.
El trabajo del
equipo de periodistas de LND entregó un claro
mensaje: haciendo periodismo de investigación se
puede llegar a verdades que hasta hoy se
mantienen ocultas y que muchas veces comprometen
a personas cercanas al poder.
Después del
reportaje realizado por el equipo a cargo del
periodista Julio Cesar Rodriguez,3 los poderes fácticos
comenzaron a estar en el ojo del huracán, no
sólo ante la mirada de la prensa, que poco a
poco empezó a perder el miedo y a develar hechos
de corrupción, lavado de dinero y malversación
de fondos entre otras irregularidades, sino
también ante los ojos de la opinión pública
que se hizo parte importante en este proceso de
entrega de información. Rodríguez, en
entrevista con la autora, plantea que la
responsabilidad social del periodista es mantener
a la opinión pública informada, sobre todo en
aquellos temas que algunos no quieren que se
conozcan. Plantea que el periodismo es sacar a la
luz pública lo que los poderosos se esfuerzan
por esconder, lo demás es propaganda y
relaciones públicas.
Pero ¿qué pasa
con la presión que ejercen los propietarios de
los medios? Los dueños de los conglomerados
periodísticos determinan la línea editorial
ante la cual los periodistas deben someterse.
Compromisos políticos y económicos hacen que
los profesionales de la comunicación vean
truncada su función primigenia: informar.
Es aquí donde el periodismo de investigación se
ve coartado. Los periodistas se dedican semanas,
incluso meses a trabajar en torno a un tema, pero
la última palabra en relación a publicar o no,
siempre estará determinada por los dueños de
los medios, quienes mucha veces prefieren
salvaguardar los intereses económicos adquiridos
gracias a millonarios contratos publicitarios. La
publicidad ayuda a la formación y mantenimiento
de los medios de comunicación, pero muchas veces
se convierte en un alma de doble filo que vulnera
la libertad de información a la que la sociedad
tiene derecho a acceder.
Gracias al
periodismo de investigación, aún incipiente en
nuestro país, y ejercido con menos presiones, la
opinión pública comienza a convertirse en un
ente que quiere consumir cada vez más
información. Las personas empiezan a tener una
mirada crítica y una postura objetiva de los
acontecimientos que no pasa inadvertido; la
contingencia trasciende la lectura de diarios, la
edición de los noticieros en televisión y los
boletines radiales: la gente se reúne, debate,
conversa de política, de economía; en los bares
y cafés capitalinos se escucha el murmullo y
muchas veces la agitación de las personas que,
sin temor, dan a conocer su visión de lo que
está pasando y de cómo el gobierno está
enfrentando una crisis que cada vez se torna más
vergonzosa.
El periodismo de
investigación crea una opinión publica más
atenta, más agresiva, más vigilante a la
gestión de sus elegidos. A través de una prensa
de calidad, esta opinión pública será capaz de
analizar la realidad desde otra perspectiva,
logrando un análisis y un pronóstico de los
acontecimientos a suceder pero, sobre todo, la
investigación periodística eficaz logrará que
los ciudadanos depositen su confianza en la
prensa, que hará la tarea de fiscalizar al poder
y de actuar como un ente activo en la entrega de
la información.
Ahora la
pregunta que da vueltas por mi cabeza es si acaso
los periodistas debemos sentirnos intimidados al
momento de hacer periodismo de investigación.
Diecisiete años de dictadura provocaron miedo y
conformismo en algunos profesionales que pecaron
de obsecuentes y amigos de las fuentes, pero hoy,
en democracia, la práctica periodística debiera
realizarse con consecuencia y sin pensar que
seremos perseguidos o privados de libertad por
sacar a la luz pública situaciones que los
poderosos pretenden seguir escondiendo.
Definitivamente la respuesta es: no.
La periodista
Alejandra Matus, autora de El libro Negro de
la Justicia Chilena, cuyos ejemplares fueron
incautados poco antes de salir a la venta y por
lo que la escritora tuvo que auto exiliarse en
Estados Unidos para evitar ser arrestada, postula
que
"sin
real libertad de expresión, el periodismo se
pervierte, pierde su altura ética y puede
transformarse en un engendro monstruoso:
inquisitivo, osado, mordaz, descalificador y
hasta cruel contra quienes no tienen leyes
que los protejan; tolerante, obsecuente y
servil con los poderosos, sin excluir, por
supuesto, a la autoridad, a la que sin
embargo está llamado a fiscalizar".4
El periodismo
debe cumplir un rol vigilante, siguiendo paso a
paso el actuar de aquellos que toman las
decisiones y que diseñan el concepto de país,
en donde la principal afectada en algunos casos,
o beneficiada en otros, va a ser la sociedad
civil en su conjunto. Es ahí donde los
periodistas deben estar: detrás de aquellos que
muchas veces actúan en su propio beneficio sin
medir consecuencia moral y social alguna.
Durante años
fuimos cómplices del abuso de poder que
ejercían unos pocos. Hoy, los periodistas
debemos hacernos parte de la democracia que nos
gobierna y enfrentar los acontecimientos con
valentía y altura de miras, pero sin descuidar
la responsabilidad social que nos compete. No
somos sólo el canal para entregar información a
la opinión pública, tampoco simples repetidores
de verdades oficiales. Somos una parte
fundamental en los procesos que ocurren y que van
desencadenando más hechos que de una u otra
forma van cambiando la realidad histórica y
social de la que somos protagonistas. Debemos
lograr un periodismo veraz para un mundo que
está hambriento de información, con capacidad
crítica y con un ineludible sentido de
responsabilidad.
¿Cuál es
entonces la idea central de todo esto? Simple:
trabajar en la búsqueda de la verdad y así
preservar nuestra democracia. A su vez, debemos
contar con iniciativa para investigar, ya que
nuestro trabajo permitirá develar hechos que
muchas veces han permanecido ocultos gracias al
poder y a la influencia de unos pocos, pero sin
descuidar la responsabilidad social que tenemos
con nuestros lectores, televidentes y auditores.
Cómo se logra esto: haciendo verdadero
periodismo de investigación. "Solamente el
periodismo de investigación logra efectivamente
iluminar las zonas oscuras de la sociedad".5 Si logramos ganar la
credibilidad de la opinión pública,
contextualizar la noticia y profundizar en sus
causas y posibles consecuencias, estaremos ante
un buen comienzo.
Alejandro
Guiller,6 en entrevista con la
autora, plantea que la prensa debe seguir
trabajando para evitar posibles actos de
corrupción. Postula que no hay que pensar que
los periodistas tienen la tarea hecha, y que
debemos empeñarnos en provocar un cambio radical
al interior de las instituciones para lograr así
una sociedad más limpia y más vivible. Si
logramos que los poderosos sientan que están
siendo vigilados por la prensa, no me cabe duda
que antes de cometer algún ilícito, lo
pensarán dos veces.
Gracias a
periódicos como La Nación Domingo, la
revista Qué Pasa y diarios
electrónicos como El Mostrador , el
periodismo de investigación en Chile se está
abriendo un importante espacio y está creando a
su vez una opinión pública más asertiva, más
culta y con mayor poder de crítica. Ha de
esperarse que estas publicaciones continúen
haciendo un periodismo fiscalizador y se unan no
sólo más medios, sino que este trabajo comience
a hacerse al interior de las escuelas de
periodismo, creando en el estudiante motivación
e interés por investigar y por ir más allá de
lo que dicen las fuentes oficiales. Debemos
formar aquí a los futuros editores de medios que
aportarán nuevas formar de ejercer la profesión
periodística sin sentir el yugo de la censura y
el miedo a informar. Son ellos los que abrirán
la ventana de la libertad de expresión que será
más tarde aprehendida por esta opinión pública
renovada. Si trabajamos hacia ese norte,
estaremos construyendo una nación que crea en
sus autoridades y que sea verosímil antes los
ojos del mundo y de sus propios ciudadanos.
Finalmente
compré los jeans, que por esas cosas de la vida
hoy llevo puestos; pero aquel sábado no sólo
llegué a mi casa con un par de pantalones
nuevos, sino con la ansiedad de saber que, al
día siguiente, el periodismo de mi país
cambiaría para siempre.
La
censura en La
Nación Domingo
Casi
paradójicamente, ocho meses después
de la publicación del reportaje de La
Nación Domingo, y un par de
semanas después de terminado este
artículo, el equipo a cargo del
periodista Julio César Rodríguez,
del que también forma parte la
periodista Alejandra Matus, renunció
en forma masiva debido a la censura
al que fue sometido un reportaje
acerca de diversas irregularidades
cometidas dentro del Instituto de
Desarrollo Agropecuario (INDAP).
Nuevamente, la prensa es sometida a
presiones políticas ejercidas por
los poderes fácticos que pretenden
ocultar actos de corrupción. Otra
vez, los periodistas deben luchar por
sacar a la luz aquellos hechos que
los poderosos quieren esconder,
significando esto la renuncia de los
profesionales.
La
salida forzada del equipo de LND
provocó una gran expectación en la
opinión pública, generando debate y
discusión en las escuelas de
periodismo, programas de televisión
y páginas editoriales de diarios y
revistas. Dieciséis periodistas,
incluido su editor, dejaron
voluntariamente su trabajo en pos de
la defensa de los derechos básicos
de la libertad de expresión: la
libertad de informar y de estar
informado, principios que incluso con
doce años de democracia, son
difíciles, pero aún así, no
imposibles de defender. Ha de
esperarse que el periodismo de
investigación, pilar fundamental del
diseño de país de una nación
democrática o que se aprecie de tal,
se inserte y se apodere de los medios
de comunicación chilenos y que no
cese en la tarea de iluminar las
zonas oscuras.

|
_____
Notas:
1 La Nación Domingo
es un semanario dependiente del diario La
Nación, cuya primera edición se realizó
el 14 de julio del año 2002.
2 Instancia oficial donde se unieron por
primera vez el mundo civil y militar para dar
respuesta acerca del paradero de los detenidos
desaparecidos bajo el régimen del general
Augusto Pinochet.
3 Julio Cesar Rodriguez Sierra es
periodista y fundador de La Nación Domingo.
Hasta hace poco era el editor de este semanario.
4 Matus, Alejandra. El Libro Negro de
la Justicia Chilena. "Palabras
Preliminares". Santiago de Chile,
Editorial Planeta, 1999.
5 Klein, Dario. Periodismo de
Investigación y Democracia. Capítulo V,
"El papel del periodismo de investigación
en la sociedad democrática". Tesis
de grado para optar al título de Doctor en
Periodismo por la Universidad Complutense de
Madrid, 1999.
6 Alejandro Guiller es periodista y
actualmente es el director de prensa de
Chilevisión Noticias.
*
Pamela López de Santa María Fernández es periodista y docente de la Universidad
Internacional SEKChile
a cargo de la cátedra Redacción General de su
Escuela de Periodismo, donde también se
desempeña como coordinadora de los Talleres
Audiovisuales de la Carrera de Periodismo y es la
editora general del programa radial Cuarto Poder. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.
|