¿Se
acobarda la BBC ante Blair?
Tim
Luckhurst *
Entre los
consejeros de la BBC existe la sensación de que
la corporación tuvo un magnífico desempeño
durante su confrontación de voluntades con
Alastair Campbell. Un veterano ex corresponsal,
generalmente crítico de Greg Dyke (director
general de la BBC), expresa: "La BBC por fin
recordó cuál es su objetivo. Ha hablado por la
nación. Desde el conflicto por el canal de Suez
no se le había visto tanta valentía en reflejar
el contraste entre el sentir del público y la
política gubernamental".
Tal optimismo no
es universal en el Centro de Televisión. En un
párrafo de la declaración de apoyo de los
consejeros de la BBC a Andrew Gilligan, reportero
de la fuente de la Defensa del noticiero Today,
se trasluce la angustia que prevalece en la
corporación. La conclusión número tres
señala: "El consejo considera que el
programa Today debió haber dado cuenta
con mayor claridad de sus tratos con el
Ministerio de la Defensa y también pudo haber
solicitado una respuesta a la oficina de prensa
del Primer Ministro antes de transmitir esa
información".
Debajo de estas
palabras alienta cierto grado de preocupación
que resulta muy revelador para quienes conocen la
BBC. Gilligan y su jefe de información, Kevin
Marsh, han sido revindicados públicamente. Su
jefe, el director de noticias y asuntos de
actualidad de la BBC, Richard Sambrook, ha
defendido con valor a sus colegas. Pero estos
periodistas han pasado las de Caín durante su
batalla con Campbell, y parte de la presión más
intensa ha provenido de su propia empresa.
Gilligan, Marsh
y su equipo de Today se han visto
obligados a justificar todas las decisiones
tomadas antes de lanzar al aire el 29 de mayo la
estremecedora exclusiva de Gilligan, y a revisar
cada sílaba de su manuscrito con minuciosidad
llevada a la pedantería.
Comités de la
empresa, en los que participaron personajes con
escaso conocimiento funcional de la labor
periodística, han redactado y sometido a
escrutinio extensos memorandos. La confianza
implícita en la conclusión de los consejeros
-"Estamos plenamente satisfechos de que los
periodistas de la BBC y sus directivos buscaron
mantener la imparcialidad y la exactitud
informativa durante este episodio"- no se
confirió en forma automática.
La confianza es
rara en la BBC. En esta ocasión hay
insinuaciones plausibles de que se tuvo que
obtener mediante amenazas de renuncias. Pero,
¿persistirá? Una fuente de alto nivel que ha
observado muy de cerca los acontecimientos en Today
señala: "Todos los de Noticias están muy
orgullosos de lo que ha hecho Today y de
la forma en que los ejecutivos de noticias
defendieron el programa. No siempre ocurre eso,
pero esta vez así fue. Sin embargo, hay personas
fuera de Noticias que están aterradas por las
implicaciones. En esos sectores puede haber un
instinto de precaución, como ocurre a
menudo".
Vale la pena
tomar una perspectiva más amplia. En años
recientes ha habido una furiosa disputa interna
en cuanto al papel apropiado de Today. Fue
el controvertido ex director del programa, Rod
Liddle, quien trajo a Gilligan al equipo. Liddle,
el iconoclasta que alguna vez entretuvo a los
lectores de su columna en el Guardian con
el relato de cómo por poco se quema el pene por
tratar de fumar, orinar y corregir un manuscrito
al mismo tiempo, estaba decidido a poner sabor a
su programa con exclusivas fuertes, que cambiaran
el curso de los acontecimientos.
Gilligan
proporcionó varias de esas exclusivas, entre
ellas la afirmación, cuya verdad ha quedado
ahora plenamente acreditada, de que la Unión
Europea preparaba un documento que algunos veían
como el fundamento de la constitución de un
Estado federal. Liddle estaba fascinado, la BBC
no. Después que la oficina del primer ministro
condenó ese reporte como una "historia de
euroterror" y puso al reportero el mote de Gullible
Gilligan (Gilligan el crédulo), hubo
llamadas, incluso de la propia BBC, en las que se
exigía poner freno al programa.
Un colega
importante intentó apuñalar a Liddle informando
a The Guardian que el estilo de periodismo
de Gilligan "causaba daño al nombre de la
BBC". Y advertía: "Rob cree que su
trabajo es agitar las cosas, y al diablo con todo
lo demás".
Y sí, eso es lo
que Liddle creía. En su entrevista para el cargo
de director de Today prometió emplear
reporteros que buscaran noticias originales, y se
molestó cuando sus jefes inquirieron con
nerviosismo si había que defender los
resultados, y cómo. Me dijo que el verdadero
peligro no radicaba en el periodismo de
controversia, sino en la rutinaria propensión de
la BBC a no defenderlo de inmediato y con
energía. Tenía miedo de que la empresa se
sintiera más a gusto si Today regresaba a
su tradición de generar noticias mediante
entrevistas con miembros del gabinete y
abandonaba su celo por generar exclusivas.
Eso fue lo que
su sucesor, Kevin Marsh, prometió hacer. Marsh
es sincero en su creencia de que el programa Today
de Liddle concedía poco valor a las
entrevistas. Marsh había hecho de ese género su
fuerte como director de El mundo a la una
y PM, y lo había enfatizado en el
proyecto que entregó a los presentadores de Today.
Pero había una falla: si Liddle cambió la
atención hacia los reportajes exclusivos no fue
por falta de respecto a entrevistadores como John
Humphrys, sino porque se daba cuenta de que los
políticos, en especial los nuevos ministros
laboristas, se habían vuelto adeptos a tomarse
largo tiempo para no decir nada, y porque, al
comenzar a surgir las notas controversiales, a
ningún vocero se le permitió aparecer en Today.
Si bien
conservaba su pasión por la importancia de las
entrevistas, Marsh, según dicen sus colegas, ha
reconocido elementos de la lógica de Liddle.
Está consciente de que la naturaleza y estilo de
la maquinaria de la oficina de Tony Blair
restringe el potencial de la interrogación
directa y en vivo. Rara vez surge alguna
revelación de las entrevistas tradicionales. El
reportaje sigue siendo la mejor manera de crear
controversia. El problema es que los ocupantes de
los más altos niveles de la BBC creían que se
habían deshecho de ese enfoque cuando
despidieron a Liddle como director de Today.
La vieja batalla
vuelve a surgir: la tendencia de trabajar "a
noticia pasada" de los tradicionalistas, que
insisten en que la corporación debe informar
sobre lo que ha ocurrido y preguntar sobre eso,
pero sin correr el riesgo de dar a conocer
exclusivas, ha vuelto con firmeza a la mesa de
discusiones.
Un nuevo clima
de inquietud se ha asentado sobre el Centro de
Televisión. La empresa puede proclamar un
cauteloso orgullo por la controversia provocada
por Andrew Gilligan, pero algunos de sus altos
directivos creen que el incidente llevó a la BBC
demasiado cerca del estilo de periodismo que más
a menudo practican los directores de periódicos
combativos. Temen que ese enfoque tiene el
potencial de alejar a la larga a los políticos
de todos los partidos y no desean repetir esa
controversia.
Sería
deprimente que la BBC convirtiera un triunfo
periodístico en una cautela que destruya la
moral. Pero hay que reconocer que tiene un
historial de hacer precisamente eso.
* Tim Luckhurst es autor del
libro This is Today, biografía del
noticiero Today de la BBC, publicado por
la editorial británica Aurum.© The
Independent. Traducción: Jorge Anaya. Este
texto fue publicado en el diario mexicano La Jornada, el 15 de julio
de 2003.
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