Las
lecciones para los medios en Colombia de
los casos de plagio en el The New York Times
Liliana
Martínez Polo y Jimmy Arias *
Mientras
que en el diario estadounidense, tres cabezas
cayeron por la irresponsabilidad de un
periodista, en Colombia el debate apenas comienza
y en muchos casos, el fraude se elevó a la
categoría de hazaña.
Las noticias y
testimonios inventados de Jaison Blair, un
reportero de The New York Times,
provocaron su renuncia, hace dos semanas, además
de la Rick Braeg, corresponsal en New Orleans, y
las del director, Howell Raines, y del jefe de
redacción del diario, Gerald M. Boyd, esta
semana.
Mientras tanto,
en Colombia, fraudes como el cometido por Blair,
se han tomado como hazañas, anécdotas o chistes
que son encubiertos por los profesionales del
gremio.
En los años 70,
Henry Holguín, ex director de la revista Vea,
sorprendió a los lectores con un reportaje en la
revista Cromos en el que anunciaba el
descubrimiento de la machaca, animal cuya
picadura se tornaba mortal si la víctima no
hacía el amor en las siguientes 24 horas.
Lo hizo,
explicó en una entrevista el año pasado, para
"sacar la pata" por su anterior
'hallazgo' del criminal nazi Martin Borman en las
selvas colombianas y por la rivalidad que
mantenía con Juan Gossaín.
Sin embargo,
estos métodos no son admitidos por los
lineamientos del periodismo ni aceptados por los
directores de medios.
| Yamid Amat,
director del noticiero CM&, no olvida
al periodista Camilo Higuera, que formó
parte del equipo de noticias de Radionet
en 1997. "Un día no vino a trabajar
-cuenta Amat-, me llamó y dijo que
llegando de Ubaté había sido
secuestrado por la guerrilla para darle
una supuesta primicia. Según él, lo
llevaron a un lugar secreto donde debía
cubrir la liberación de los militares
secuestrados". El periodista
conmovió a los oyentes con sus
entrevistas a los soldados. Pero, al poco
tiempo las madres de los mismos
comenzaron a llamar a la emisora para
decir que esas no eran las voces de sus
hijos.
"Por
una sucesión de contradicciones -agrega
Amat- comencé a sospechar y el mismo
gobierno, a través del secretario de paz
de entonces, José Noé Ríos, me
aseguró que todo era falso."
Entre la
afirmación del periodista y la
rectificación del gobierno, Amat nombró
una comisión arbitral para investigar el
caso. "Se demostró que era mentira
-recuerda el director de CM&-, el
periodista fue destituido y la emisora se
excusó ante los oyentes".
No siempre es así
Inventarse
una noticia o una fuente no es algo
frecuente y,salvo excepciones contadas,
lo es menos que haya despido y disculpas
públicas. Así opina Juan Gossaín,
director de RCN Radio. "La verdad es
que en los medios serios de ninguna parte
de mundo ocurre con frecuencia",
afirma Gossaín.
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Verdaderas
mentiras
-
En una prestigiosa revista
colombiana, una fotógrafa debía
hacer un trabajo en Urabá
(Antioquia) sobre las mujeres que
laboran en las bananeras. Como no
encontró ninguna, buscó a las
que llevaban años retiradas del
oficio y las hizo posar como
trabajadoras actuales para la
foto. Cuando se conoció la
verdad, le pidieron la renuncia.
-
En un diario capitalino, un
fotógrafo que llegó tarde a una
masacre, les pidió a unos
campesinos que se tiraran al
suelo y fingieran ser cadáveres.
Algo parecido hizo el
corresponsal de un noticiero, que
les pagó a varios campesinos
para que hicieran lo mismo.
-
Un reportero de radio que no
alcanzó a subirse al
helicóptero que lo llevaría a
una zona de combates, simuló
estar en la aeronave con un
ventilador y un pedazo de papel.
-
Un periodista de televisión les
pidió a varios agentes de
tránsito que simularan un
operativo de control de
terrorismo en plena calle.
-
Para simular que estaba en medio
de uno de los famosos cacerolazos
en Caracas (Venezuela), un
periodista de radio transmitió
con el sonido de un noticiero de
televisión, desde la habitación
de su hotel.
-
A falta de imágenes de
sobrevivientes de una masacre,
otro reportero de un noticiero
hizo pasar a su asistente de
cámara como uno de ellos
tapándole la cabeza con una
toalla.
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Pero
las pocas veces que han ocurrido casos similares,
las reacciones han sido más emocionales que
profesionales.
"Lo primero
que hace el medio es negarlo; después, creer que
se trata de un problema interno, manejarlo
privadamente, cuando se demuestra. El ejemplo de The
New York Times es lo contrario: un medio se
debe a su público y frente a su público debe
resolver sus problemas."Según el codirector
de El Tiempo, Rafael Santos Calderón,
después de ver el caso de The New York Times
lo asalta la duda de lo que puede estar pasando
con los reporteros colombianos. "El caso que
más recuerdo, en el que hayamos salido afectados
-explica- es el de monseñor Nel Beltrán.
Durante varias semanas sostuvimos la teoría de
una reunión clandestina de monseñor, con la
guerrilla en Cuba, cosa que él negó
sistemáticamente. Le apostamos a una fuente
anónima y la sostuvimos hasta el final. La
fuente se rajó y puso en evidencia el chasco.
Públicamente asumimos la responsabilidad. A eso
le siguió una suspensión al jefe de redacción
y al editor judicial de entonces.
"La
lección -asegura- es que paremos un poquito el
ritmo desenfrenado que llevamos para mirar el
fondo ético de lo que pasó en Nueva York. Una
licencia que no se puede permitir el periodismo
es falsear la realidad. Es un pecado mortal. Yo
creo que nosotros en el periodismo colombiano
jugamos demasiado con eso. Hay falta de
rigor."
¿Potenciar
la noticia?
Es conocida una
historia del Nobel colombiano Gabriel García
Márquez, relatada por él mismo en su
autobiografía, Vivir para contarla.
Cuando trabajaba en El Espectador fue
enviado a cubrir un paro cívico. Cuando llegó,
no había nada. Así que llamó al alcalde y al
gobernador para que volvieran a organizarlo y
así enviar sus informes.
"Técnicamente
es una invención -opina al respecto el director
de la revista Diners, Germán
Santamaría-. Pero, periodísticamente diría que
es un recurso para potenciar una noticia. A mi
modo de ver, los cronistas se pueden permitir
licencias que jamás podrían tener los
redactores de noticias. Es el ejemplo de Gabo,
que no regresó a decir que no había nada sino
que construyó la noticia."
Otra cosa
piensan estudiosos de la labor periodística,
como Marta Ruiz, coordinadora del proyecto
Antonio Nariño de libertad de expresión.
"Hay una gran cantidad de licencias que los
periodistas comienzan a darse. La gente tiene una
confusión entre periodismo literario y duro.
Cree que en el primero se vale inventarse cosas.
Además, en todo tipo de periodistas hay cierta
arrogancia. Creen que se las saben todas. En esto
hay, primero que todo, mucho cinismo y mucha
pereza", dice Ruiz.
Una de las
lecciones que quedan de estos casos es la
obligación de asumir la responsabilidad
públicamente. Así lo afirma Gossaín: "En The
New York Times renunciaron los directivos
porque las responsabilidades las asumen los
jefes". Entre tanto, Amat asegura que no es
cuestión de imponer más controles: "Uno
como director de un medio -explica- siempre parte
de la base de la buena fe y la buena información
de sus periodistas. No se podría manejar ningún
medio si te pones a investigar si todas las
noticias que ellos encuentran son buenas o
mentiras".
La
polémica del Times
El pasado 11 de
mayo, The New York Times reconoció en
cuatro de sus páginas que su periodista Jason
Blair fabricó fuentes, inventó citas, además
de otras irregularidades, en 36 artículos
publicados desde el mes de octubre.
Días después,
Blair se mostró arrepentido en entrevista con Newsweek
y dijo: "(siento) una variedad de emociones,
incluidos culpabilidad, vergüenza, tristeza,
traición, libertad y aprecio por aquellos que me
han apoyado y han intentado entender que hay una
historia más profunda y no creen todo lo que
leen en los periódicos".
El caso provocó
tal indignación que la opinión reclamó
inmediatamente las cabezas de los directores.
Después, Rick Bragg, corresponsal del mismo
diario en New Orleans, renunció al reconocer que
usó a un periodista freelance para hacer
reportería pero no le dio el crédito cuando
publicó la nota.
La crisis llegó
a su punto más grave con las renuncias del
director y jefe de redacción del diario, que se
produjeron el jueves 5 de junio.
Verdaderas
mentiras
- En una
prestigiosa revista colombiana, una fotógrafa
debía hacer un trabajo en Urabá (Antioquia)
sobre las mujeres que laboran en las bananeras.
Como no encontró ninguna, buscó a las que
llevaban años retiradas del oficio y las hizo
posar como trabajadoras actuales para la foto.
Cuando se conoció la verdad, le pidieron la
renuncia.
- En un diario
capitalino, un fotógrafo que llegó tarde a una
masacre, les pidió a unos campesinos que se
tiraran al suelo y fingieran ser cadáveres. Algo
parecido hizo el corresponsal de un noticiero,
que les pagó a varios campesinos para que
hicieran lo mismo.
- Un reportero
de radio que no alcanzó a subirse al
helicóptero que lo llevaría a una zona de
combates, simuló estar en la aeronave con un
ventilador y un pedazo de papel.
- Un periodista
de televisión les pidió a varios agentes de
tránsito que simularan un operativo de control
de terrorismo en plena calle.
- Para simular
que estaba en medio de uno de los famosos
cacerolazos en Caracas (Venezuela), un periodista
de radio transmitió con el sonido de un
noticiero de televisión, desde la habitación de
su hotel.
- A falta de
imágenes de sobrevivientes de una masacre, otro
reportero de un noticiero hizo pasar a su
asistente de cámara como uno de ellos tapándole
la cabeza con una toalla.
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Liliana Martínez Polo y Jimmy
Arias son
redactores de la sección Cultura del diario
colombiano El
Tiempo, donde
publicaron este texto el 8 junio 2003.
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