Sala de Prensa

56
Junio 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


El "New York Times" por dentro

Después de descubrir y denunciar el fraude periodístico cometido por Jayson Blair, The New York Times cortó por lo sano: anunció la renuncia de su editor gerente, Gerald Boyd, y de su editor ejecutivo, Howell Raines, éste último acusado de proteger a Blair, de manejar "dictatorialmente" el diario y hasta de censurar al periodista Tim Golden, quien, por cierto, también renunció.

J. Jesús Esquivel *

Nueva York.-  Dañada su reputación por el fraude periodístico más importante en sus 152 años de historia, The New York Times -considerado el diario más influyente e importante del mundo- cortó por lo sano: el jueves 5 de junio anunció la renuncia de Howell Raines, editor ejecutivo, y de Gerald Boyd, editor gerente.

Aunque tardías, estas renuncias intentan restituir la credibilidad del diario, manchada por Jayson Blair, periodista afroamericano de 27 años de edad que cometió "crímenes periodísticos": inventó historias y entrevistas con personas que nunca vio y plagió información de otros medios de comunicación.

Frente a todo el personal congregado en el tercer piso de las oficinas centrales del periódico, su propietario, presidente y editor, Arthur Sulzberger Jr., anunció la salida de Raines y de Boyd, cerrando así el capítulo más doloroso y vergonzoso del Times.

"Este es un día que me rompió el corazón", declaró Sulzberger al informar a los empleados de la renuncia forzada de los dos editores, en quienes recayó la corresponsabilidad de las invenciones de Blair.

Y es que, después de descubierto el fraude, ya nada ha sido igual en el New York Times. Una semana antes de las dimisiones, Jonathan Landman, editor de la sección Metropolitana y uno de los primeros que descubrió y denunció las artimañas de Blair, adelantó a Proceso: "Vendrán cambios tremendos. Los editores ejecutivos ya los están haciendo".

El caso Blair

La historia de los plagios de Blair es larga. El propio New York Times la contó en un amplio artículo de primera plana el domingo 11 de mayo: "La extensa fabricación y plagio representa una traición profunda a la confianza y es un punto bajo en los 152 años de historia del periódico". 
En casi cuatro años como reportero del Times, Blair escribió más de 600 notas: 36 de ellas fueron inventadas y por lo menos otras 70 combinaron el plagio y la mentira.

Landman lo descubrió desde abril de 2002. Lo advirtió en un correo electrónico que envió a la sala de redacción: "Ahora mismo debemos evitar que Jayson siga escribiendo en el Times", pero nadie le hizo caso.

Como "reportero de tiempo completo" -puesto al que ascendió en enero de 2001-, Blair mintió a sus editores: afirmó que había viajado para realizar reportajes cuando en realidad se encontraba en Nueva York... e incluso en el mismo edificio del Times. Inventó citas de personas a las que supuestamente entrevistó y describió escenarios de lugares que nunca visitó pero que pudo ver en las fotografías enviadas por los reporteros gráficos asignados a la misma cobertura.

Desde su llegada al periódico en 1998 para cumplir un interinato de 10 semanas, Blair nunca fue ajeno a las dudas sobre su trabajo. Joyce Purnick, entonces editora de la sección Metropolitana, cuestionó el contenido de 19 historias que Blair le entregó. En lugar de ser rechazado por un medio que exige la excelencia periodística, recibió la amable recomendación de regresar a la Universidad de Maryland para graduarse como periodista. Blair se fue de nuevo a la universidad, pero volvió a mentir: no se graduó, aunque eso sólo él lo sabia, y en junio de 1999 regresó al Times.

Pese a su "descuidado estilo" -como lo describió Jerry Gray, otro de sus editores-, en noviembre de 1999 Blair fue premiado con el título de "reportero intermedio". Algunos de sus excompañeros y pocas amistades que le quedan lo describen como un joven inseguro, esquizofrénico, adicto al tabaco, al alcohol y a la cocaína.

Joseph Lelyveld, editor en jefe del Times y predecesor de Raines, ordenó a finales del 2000 una serie de acciones para corregir errores. Landman se encargó de ello y, nuevamente, se topó con Blair. Ese año, pese a las invenciones del joven reportero, no fue despedido. Por el contrario, con la bendición de Lelyveld y de Boyd, fue nombrado "reportero de tiempo completo". Este hecho, ocurrido hace tres años, provocó sospechas: Se dijo que Raines aceptó el nombramiento de Blair porque era de raza negra, y que no lo despidió en aras de mantener en equilibrio la diversidad racial entre los reporteros.

Sin embargo, los jefes en el Times niegan dicha versión, y Boyd y Raines se fueron sin dar una explicación, lo que mantiene perplejos a los reporteros. Siguen sin entender por qué Blair no fue despedido a tiempo.

El colmo: Blair fue asignado para cubrir el caso de los francotiradores que atacaron la zona metropolitana de Washington, en octubre del año pasado. Él es originario de Fairfax, Virginia, y conocía la zona. Con este argumento, Raines y Boyd lo enviaron. El resultado: inventó citas de supuestas fuentes anónimas de la policía y del FBI que causaron controversia nacional. Fueron desmentidas en conferencia de prensa, pero ni así lo corrieron.

Después, en marzo del 2003, vino el ataque militar de Estados Unidos contra Irak. Blair cometió entonces el error más grave y el que, finalmente, acabó con su cadena de inventos: plagió una historia del periódico San Antonio Express-News, en torno a la familia de uno de los soldados estadunidenses víctimas de la guerra en Irak. Este delito acabó con la paciencia de los editores Raines y Boyd.
El semanario Newsweek, que pertenece a la misma empresa editora de The Washington Post, publicó un amplio artículo sobre el caso en su edición del 26 de mayo. En él destacó el hecho de que Blair se aprovechó de los favores indirectos que recibió de los editores ejecutivos. "Quería ser como Raines... se involucró románticamente con Zuza Glowacka, una polaca hija de un amigo de Raines".

El Comité de Investigación

Visto desde fuera, todo parece normal en el edificio del Times, ubicado en el 229 West de la calle 43 de Nueva York. Pero adentro, según el personal,  hay un ambiente de inseguridad, incertidumbre y culpabilidad.

"Instituciones como The New York Times, que se encuentran en la cima de la excelencia, necesitan sentar precedentes cuando cometen errores. Lo hicieron ahora con la salida de Raines y Boyd", dijo a Proceso Tom Patterson, profesor de Gobierno y Periodismo de la Universidad de Harvad y autor, entre otros libros, de Fuera de orden, su obra mas reciente, que aborda el papel político de la prensa en el mundo.

Por lo ocurrido con Blair, "hay grandes cambios y se irán haciendo más grandes", apuntó Landman, como anticipando que la dirección ejecutiva del diario sería objeto de drásticas modificaciones.

El hecho es que la cadena de engaños de Blair abrió una Caja de Pandora. Los reporteros se sienten acosados y bajo la lupa de sus editores, quienes recientemente integraron el Comité de Investigación, que está sometiendo a un riguroso escrutinio las notas de los 375 reporteros para detectar cualquier fraude del presente o del pasado y actuar en consecuencia.

"Siento que 17 años de trabajo en el Times están siendo sometidos a una serie de escrutinios y dudas", declaró a Proceso Anthony De Palma, reportero de la sección Metropolitana y excorresponsal en México del diario. "Hay pequeños pero dramáticos cambios", subrayó durante un almuerzo con este reportero una semana antes de que renunciaran los editores.

El Comité de Investigación está formado por 20 miembros: 17 empleados del Times y tres externos, entre éstos un reportero de la agencia Associated Press (AP). Y ya empezó a detectar "anomalías".

El 28 de mayo, Rick Bragg -prestigiado periodista, ganador del premio Pulitzer- renunció al Times después de que el Comité lo acusó de no dar crédito al reportero freelance J. Wes Yoder, quien lo ayudó a escribir la historia de un pescador de ostras de Apalachicola, Florida. Bragg sí estuvo en el lugar y vio brevemente al pescador, pero el núcleo de su historia fue realizado por Yoder. Esta historia fue publicada en primera plana en junio de 2002.

El caso de Bragg -43 años, quien trabaja desde su casa en Nueva Orleáns- fue una especie de bomba de tiempo. Explotó cinco semanas después del despido de Blair y empujó la caída del dueto Raines-Boyd. De hecho, los compañeros de Bragg lo consideraban un protegido de Raines.

Bragg se defendió. Lo hizo a través del Washington Post: "Estas cosas son comunes en el periódico. La mayoría de los corresponsales nacionales les pueden decir que se apoyan (para la elaboración de sus artículos) en el trabajo de los freelances, de investigadores, de asistentes de reporteros e internos".

"Puedo decirte que eso no es verdad", respondió con molestia De Palma. Y comentó que gracias a las declaraciones de Bragg ahora los lectores del Times dudan de la veracidad de todas las historias.

Cuando se hicieron públicos los casos de Blair y Bragg, aumentaron las voces que pedían las cabezas de los máximos ejecutivos del diario: Raines y Boyd, básicamente.

-¿Tardaron en ocurrir?

-No -dijo Patterson.

Y explicó que en las "instituciones de prestigio" como el Times, es usual que primero se realice una investigación profunda "para determinar quiénes son los responsables". Y es que, comentó, "algunas veces se cometen errores irreparables cuando se actúa bajo presión. No pasaron meses desde que apareció el caso Blair. Creo que el Times actuó de forma responsable y fue apropiada la decisión de Boyd y Raines".
Landman se dijo cansado de hablar del caso Blair. En cambio, los periódicos que compiten con el Times no sueltan el tema, especialmente el diario capitalino The Washington Post, que el 2 de junio, en su sección de Style (sociales), difundió un artículo en el que preguntaba por qué "no renunciaba" Raines.

"Las heridas son más profundas de lo que inmediatamente aparentaban, en parte debido al resentimiento que hay por el hiriente estilo de mando de Raines y la burocrática estructura con la que protegía a Blair y a Bragg", subrayó el Post.

El profesor Patterson apuntó: "Cuando estás en la cima, los de abajo siempre buscan la manera de tirarte. Así funciona el mundo. Pero nadie, ni el Times, podía permanecer en esa cima por más de un siglo sin trastabillar por lo menos una vez".

El caso Blair es totalmente distinto al de Bragg, pero aumentó las acusaciones y señalamientos que, aún después de la salida de Raines y de Boyd, todavía ocurren en las salas de redacción del diario.

Landman reconoció que dentro del periódico había inconformidad por la permanencia del editor ejecutivo. "Nuestra reputación ha sido dañada", dijo. Y aceptó que el escándalo podría provocar "pérdida de confianza de los lectores", algo difícil de recuperar, pero no imposible si se practica "un buen periodismo".

Las censura de Raines

"Ha sido un mes convulsivo (...) pero en 20 meses hicimos algunas ediciones memorables", declaró Raines ante el personal del Times el jueves 5, después de que Sulzberger anunció las renuncias, según un artículo publicado en el sitio de Internet del diario.

Raines fue nombrado editor ejecutivo unos días antes de los ataques terroristas a Nueva York y a Washington. Ese año, por cierto, el periódico ganó siete premios Pulitzer, uno de ellos por la sección especial que él ordenó para hacer un perfil de cada una de las más de 3 mil personas que murieron en las Torres Gemelas.

De hecho, Raines -de 60 años de edad- tenía un buen historial dentro del Times. Fue durante ocho años el editor de la página editorial. Antes había sido jefe de la oficina del diario en Washington y Londres. Ganó un premio Pulitzer por un trabajo publicado en la revista dominical del Times.

Pero desde que fue nombrado editor ejecutivo recibió críticas por su estilo de trabajo "dictatorial" y quejas por su trato al personal. El descontento orilló a renuncias importantes. Así, se fueron de la sección de Investigación, Stephen Engelberg (editor), Doug Frantz (editor) y Tim Golden (corresponsal de investigación); en la sección de Nacionales renunciaron Kevin Sack y Sam Howe Verhovek; en Internacionales, Melinda Henneberger; en la Gerencia de Edición, Carolyn Lee (redactora); en Fotografía, Margaret O'Connor (editora), y en la sección de Ciencias, Cornellea Dean.

Consultado por Proceso sobre las razones de su renuncia, Golden - reportero ganador de dos premios Pulitzer y excorresponsal del Times en México- se limitó a decir: "Tuve 12 años maravillosos de trabajo en el Times, pero el periódico cambió de rumbo y, obviamente, no estuve de acuerdo con todos los cambios".

De acuerdo con fuentes del Times, Golden tuvo problemas con Raines debido a que éste no publicó en el verano y otoño del año pasado cuatro historias sobre el caso de corrupción de Robert Torricelli, senador demócrata de Nueva Jersey que entonces buscaba la reelección.

Aunque no fue procesado judicialmente, Torricelli enfrentó una investigación del FBI. Posteriormente fue sancionado por la Comisión de Ética del Senado. Ello lo orilló a no buscar la reelección.

Así, por primera vez, Golden consideró haber sido sometido a una censura interna... ¡Y en el New York Times!

Trabajadores del periódico comentaron que el caso de Golden ha sido tal vez el más grave, pero que otros reporteros también sufrieron la censura de Raines, pese a que en la tradición del Times era inconcebible la supresión de un artículo sin dar explicaciones al reportero.

Hasta ahora, Blair se niega a dar explicaciones sobre sus inventos y plagios. Sin embargo, decidió sacarle todo el jugo a su caso. Hace unas semanas firmó un contrato con el agente literario David Vigliano para escribir un libro, rodar una película y grabar varios programas de televisión. Se calcula que podría obtener una ganancia de por lo menos 3 millones de dólares.

Bragg -quien goza, a pesar de todo, de prestigio como reportero y escritor- tiene pendiente un contrato por más de un millón de dólares para escribir dos libros.

Para Raines, sin embargo, se perfila el retiro total del periodismo, sin descartar que, eventualmente, pudiera también escribir un libro en torno al caso que lo obligó a renunciar.


* J. Jesús Esquivel es corresponsal del semanario mexicano Proceso. Este texto se publico en el sitio web de la revista y se reproduce en SdP con la autorización expresa de la subdirección editorial.


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