El
"New York Times" por dentro
Después de descubrir y denunciar el
fraude periodístico cometido por Jayson Blair, The
New York Times cortó por lo sano: anunció
la renuncia de su editor gerente, Gerald Boyd, y
de su editor ejecutivo, Howell Raines, éste
último acusado de proteger a Blair, de manejar
"dictatorialmente" el diario y hasta de
censurar al periodista Tim Golden, quien, por
cierto, también renunció.
J.
Jesús Esquivel *
Nueva
York.- Dañada su reputación por
el fraude periodístico más importante en sus
152 años de historia, The New York Times
-considerado el diario más influyente e
importante del mundo- cortó por lo sano: el
jueves 5 de junio anunció la renuncia de Howell
Raines, editor ejecutivo, y de Gerald Boyd,
editor gerente.
Aunque
tardías, estas renuncias intentan restituir la
credibilidad del diario, manchada por Jayson
Blair, periodista afroamericano de 27 años de
edad que cometió "crímenes
periodísticos": inventó historias y
entrevistas con personas que nunca vio y plagió
información de otros medios de comunicación.
Frente
a todo el personal congregado en el tercer piso
de las oficinas centrales del periódico, su
propietario, presidente y editor, Arthur
Sulzberger Jr., anunció la salida de Raines y de
Boyd, cerrando así el capítulo más doloroso y
vergonzoso del Times.
"Este
es un día que me rompió el corazón",
declaró Sulzberger al informar a los empleados
de la renuncia forzada de los dos editores, en
quienes recayó la corresponsabilidad de las
invenciones de Blair.
Y
es que, después de descubierto el fraude, ya
nada ha sido igual en el New York Times.
Una semana antes de las dimisiones, Jonathan
Landman, editor de la sección Metropolitana y
uno de los primeros que descubrió y denunció
las artimañas de Blair, adelantó a Proceso:
"Vendrán cambios tremendos. Los editores
ejecutivos ya los están haciendo".
El caso Blair
La
historia de los plagios de Blair es larga. El
propio New York Times la contó en un
amplio artículo de primera plana el domingo 11
de mayo: "La extensa fabricación y plagio
representa una traición profunda a la confianza
y es un punto bajo en los 152 años de historia
del periódico".
En casi cuatro años como reportero del Times,
Blair escribió más de 600 notas: 36 de ellas
fueron inventadas y por lo menos otras 70
combinaron el plagio y la mentira.
Landman
lo descubrió desde abril de 2002. Lo advirtió
en un correo electrónico que envió a la sala de
redacción: "Ahora mismo debemos evitar que
Jayson siga escribiendo en el Times",
pero nadie le hizo caso.
Como
"reportero de tiempo completo" -puesto
al que ascendió en enero de 2001-, Blair mintió
a sus editores: afirmó que había viajado para
realizar reportajes cuando en realidad se
encontraba en Nueva York... e incluso en el mismo
edificio del Times. Inventó citas de
personas a las que supuestamente entrevistó y
describió escenarios de lugares que nunca
visitó pero que pudo ver en las fotografías
enviadas por los reporteros gráficos asignados a
la misma cobertura.
Desde
su llegada al periódico en 1998 para cumplir un
interinato de 10 semanas, Blair nunca fue ajeno a
las dudas sobre su trabajo. Joyce Purnick,
entonces editora de la sección Metropolitana,
cuestionó el contenido de 19 historias que Blair
le entregó. En lugar de ser rechazado por un
medio que exige la excelencia periodística,
recibió la amable recomendación de regresar a
la Universidad de Maryland para graduarse como
periodista. Blair se fue de nuevo a la
universidad, pero volvió a mentir: no se
graduó, aunque eso sólo él lo sabia, y en
junio de 1999 regresó al Times.
Pese
a su "descuidado estilo" -como lo
describió Jerry Gray, otro de sus editores-, en
noviembre de 1999 Blair fue premiado con el
título de "reportero intermedio".
Algunos de sus excompañeros y pocas amistades
que le quedan lo describen como un joven
inseguro, esquizofrénico, adicto al tabaco, al
alcohol y a la cocaína.
Joseph
Lelyveld, editor en jefe del Times y
predecesor de Raines, ordenó a finales del 2000
una serie de acciones para corregir errores.
Landman se encargó de ello y, nuevamente, se
topó con Blair. Ese año, pese a las invenciones
del joven reportero, no fue despedido. Por el
contrario, con la bendición de Lelyveld y de
Boyd, fue nombrado "reportero de tiempo
completo". Este hecho, ocurrido hace tres
años, provocó sospechas: Se dijo que Raines
aceptó el nombramiento de Blair porque era de
raza negra, y que no lo despidió en aras de
mantener en equilibrio la diversidad racial entre
los reporteros.
Sin
embargo, los jefes en el Times niegan
dicha versión, y Boyd y Raines se fueron sin dar
una explicación, lo que mantiene perplejos a los
reporteros. Siguen sin entender por qué Blair no
fue despedido a tiempo.
El
colmo: Blair fue asignado para cubrir el caso de
los francotiradores que atacaron la zona
metropolitana de Washington, en octubre del año
pasado. Él es originario de Fairfax, Virginia, y
conocía la zona. Con este argumento, Raines y
Boyd lo enviaron. El resultado: inventó citas de
supuestas fuentes anónimas de la policía y del
FBI que causaron controversia nacional. Fueron
desmentidas en conferencia de prensa, pero ni
así lo corrieron.
Después,
en marzo del 2003, vino el ataque militar de
Estados Unidos contra Irak. Blair cometió
entonces el error más grave y el que,
finalmente, acabó con su cadena de inventos:
plagió una historia del periódico San
Antonio Express-News, en torno a la familia
de uno de los soldados estadunidenses víctimas
de la guerra en Irak. Este delito acabó con la
paciencia de los editores Raines y Boyd.
El semanario Newsweek, que pertenece a
la misma empresa editora de The Washington
Post, publicó un amplio artículo sobre el
caso en su edición del 26 de mayo. En él
destacó el hecho de que Blair se aprovechó de
los favores indirectos que recibió de los
editores ejecutivos. "Quería ser como
Raines... se involucró románticamente con Zuza
Glowacka, una polaca hija de un amigo de
Raines".
El Comité de
Investigación
Visto
desde fuera, todo parece normal en el edificio
del Times, ubicado en el 229 West de la
calle 43 de Nueva York. Pero adentro, según el
personal, hay un ambiente de inseguridad,
incertidumbre y culpabilidad.
"Instituciones
como The New York Times, que se
encuentran en la cima de la excelencia, necesitan
sentar precedentes cuando cometen errores. Lo
hicieron ahora con la salida de Raines y
Boyd", dijo a Proceso Tom
Patterson, profesor de Gobierno y Periodismo de
la Universidad de Harvad y autor, entre otros
libros, de Fuera de orden, su obra mas reciente,
que aborda el papel político de la prensa en el
mundo.
Por
lo ocurrido con Blair, "hay grandes cambios
y se irán haciendo más grandes", apuntó
Landman, como anticipando que la dirección
ejecutiva del diario sería objeto de drásticas
modificaciones.
El
hecho es que la cadena de engaños de Blair
abrió una Caja de Pandora. Los reporteros se
sienten acosados y bajo la lupa de sus editores,
quienes recientemente integraron el Comité de
Investigación, que está sometiendo a un
riguroso escrutinio las notas de los 375
reporteros para detectar cualquier fraude del
presente o del pasado y actuar en consecuencia.
"Siento
que 17 años de trabajo en el Times
están siendo sometidos a una serie de
escrutinios y dudas", declaró a Proceso
Anthony De Palma, reportero de la sección
Metropolitana y excorresponsal en México del
diario. "Hay pequeños pero dramáticos
cambios", subrayó durante un almuerzo con
este reportero una semana antes de que
renunciaran los editores.
El
Comité de Investigación está formado por 20
miembros: 17 empleados del Times y tres
externos, entre éstos un reportero de la agencia
Associated Press (AP). Y ya empezó a detectar
"anomalías".
El
28 de mayo, Rick Bragg -prestigiado periodista,
ganador del premio Pulitzer- renunció al Times
después de que el Comité lo acusó de no dar
crédito al reportero freelance J. Wes Yoder,
quien lo ayudó a escribir la historia de un
pescador de ostras de Apalachicola, Florida.
Bragg sí estuvo en el lugar y vio brevemente al
pescador, pero el núcleo de su historia fue
realizado por Yoder. Esta historia fue publicada
en primera plana en junio de 2002.
El
caso de Bragg -43 años, quien trabaja desde su
casa en Nueva Orleáns- fue una especie de bomba
de tiempo. Explotó cinco semanas después del
despido de Blair y empujó la caída del dueto
Raines-Boyd. De hecho, los compañeros de Bragg
lo consideraban un protegido de Raines.
Bragg
se defendió. Lo hizo a través del Washington
Post: "Estas cosas son comunes en el
periódico. La mayoría de los corresponsales
nacionales les pueden decir que se apoyan (para
la elaboración de sus artículos) en el trabajo
de los freelances, de investigadores, de
asistentes de reporteros e internos".
"Puedo
decirte que eso no es verdad", respondió
con molestia De Palma. Y comentó que gracias a
las declaraciones de Bragg ahora los lectores del
Times dudan de la veracidad de todas las
historias.
Cuando
se hicieron públicos los casos de Blair y Bragg,
aumentaron las voces que pedían las cabezas de
los máximos ejecutivos del diario: Raines y
Boyd, básicamente.
-¿Tardaron
en ocurrir?
-No
-dijo Patterson.
Y
explicó que en las "instituciones de
prestigio" como el Times, es usual
que primero se realice una investigación
profunda "para determinar quiénes son los
responsables". Y es que, comentó,
"algunas veces se cometen errores
irreparables cuando se actúa bajo presión. No
pasaron meses desde que apareció el caso Blair.
Creo que el Times actuó de forma
responsable y fue apropiada la decisión de Boyd
y Raines".
Landman se dijo cansado de hablar del caso Blair.
En cambio, los periódicos que compiten con el Times
no sueltan el tema, especialmente el diario
capitalino The Washington Post, que el 2
de junio, en su sección de Style (sociales),
difundió un artículo en el que preguntaba por
qué "no renunciaba" Raines.
"Las
heridas son más profundas de lo que
inmediatamente aparentaban, en parte debido al
resentimiento que hay por el hiriente estilo de
mando de Raines y la burocrática estructura con
la que protegía a Blair y a Bragg",
subrayó el Post.
El
profesor Patterson apuntó: "Cuando estás
en la cima, los de abajo siempre buscan la manera
de tirarte. Así funciona el mundo. Pero nadie,
ni el Times, podía permanecer en esa
cima por más de un siglo sin trastabillar por lo
menos una vez".
El
caso Blair es totalmente distinto al de Bragg,
pero aumentó las acusaciones y señalamientos
que, aún después de la salida de Raines y de
Boyd, todavía ocurren en las salas de redacción
del diario.
Landman
reconoció que dentro del periódico había
inconformidad por la permanencia del editor
ejecutivo. "Nuestra reputación ha sido
dañada", dijo. Y aceptó que el escándalo
podría provocar "pérdida de confianza de
los lectores", algo difícil de recuperar,
pero no imposible si se practica "un buen
periodismo".
Las censura de Raines
"Ha
sido un mes convulsivo (...) pero en 20
meses hicimos algunas ediciones memorables",
declaró Raines ante el personal del Times
el jueves 5, después de que Sulzberger anunció
las renuncias, según un artículo publicado en
el sitio de Internet del diario.
Raines
fue nombrado editor ejecutivo unos días antes de
los ataques terroristas a Nueva York y a
Washington. Ese año, por cierto, el periódico
ganó siete premios Pulitzer, uno de ellos por la
sección especial que él ordenó para hacer un
perfil de cada una de las más de 3 mil personas
que murieron en las Torres Gemelas.
De
hecho, Raines -de 60 años de edad- tenía un
buen historial dentro del Times. Fue
durante ocho años el editor de la página
editorial. Antes había sido jefe de la oficina
del diario en Washington y Londres. Ganó un
premio Pulitzer por un trabajo publicado en la
revista dominical del Times.
Pero
desde que fue nombrado editor ejecutivo recibió
críticas por su estilo de trabajo
"dictatorial" y quejas por su trato al
personal. El descontento orilló a renuncias
importantes. Así, se fueron de la sección de
Investigación, Stephen Engelberg (editor), Doug
Frantz (editor) y Tim Golden (corresponsal de
investigación); en la sección de Nacionales
renunciaron Kevin Sack y Sam Howe Verhovek; en
Internacionales, Melinda Henneberger; en la
Gerencia de Edición, Carolyn Lee (redactora); en
Fotografía, Margaret O'Connor (editora), y en la
sección de Ciencias, Cornellea Dean.
Consultado
por Proceso sobre las razones de su
renuncia, Golden - reportero ganador de dos
premios Pulitzer y excorresponsal del Times
en México- se limitó a decir: "Tuve 12
años maravillosos de trabajo en el Times,
pero el periódico cambió de rumbo y,
obviamente, no estuve de acuerdo con todos los
cambios".
De
acuerdo con fuentes del Times, Golden
tuvo problemas con Raines debido a que éste no
publicó en el verano y otoño del año pasado
cuatro historias sobre el caso de corrupción de
Robert Torricelli, senador demócrata de Nueva
Jersey que entonces buscaba la reelección.
Aunque
no fue procesado judicialmente, Torricelli
enfrentó una investigación del FBI.
Posteriormente fue sancionado por la Comisión de
Ética del Senado. Ello lo orilló a no buscar la
reelección.
Así,
por primera vez, Golden consideró haber sido
sometido a una censura interna... ¡Y en el New
York Times!
Trabajadores
del periódico comentaron que el caso de Golden
ha sido tal vez el más grave, pero que otros
reporteros también sufrieron la censura de
Raines, pese a que en la tradición del Times
era inconcebible la supresión de un artículo
sin dar explicaciones al reportero.
Hasta
ahora, Blair se niega a dar explicaciones sobre
sus inventos y plagios. Sin embargo, decidió
sacarle todo el jugo a su caso. Hace unas semanas
firmó un contrato con el agente literario David
Vigliano para escribir un libro, rodar una
película y grabar varios programas de
televisión. Se calcula que podría obtener una
ganancia de por lo menos 3 millones de dólares.
Bragg
-quien goza, a pesar de todo, de prestigio como
reportero y escritor- tiene pendiente un contrato
por más de un millón de dólares para escribir
dos libros.
Para
Raines, sin embargo, se perfila el retiro total
del periodismo, sin descartar que, eventualmente,
pudiera también escribir un libro en torno al
caso que lo obligó a renunciar.
* J.
Jesús Esquivel es
corresponsal del semanario mexicano Proceso. Este texto se publico en el sitio web
de la revista y se reproduce en SdP con la autorización expresa de la
subdirección editorial.
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