Los medios
y la guerra
José
María Tortosa *
Se
puede decir, como comienzo, que "los
conflictos, sean internos y externos, son
exámenes duros a los que somete a la prensa y de
la que ella saca valiosas conclusiones y
fortalece la democracia cuando la hace con rigor,
valentía y profesionalismo. Si no lo hace de esa
forma, la historia los recuerda como medios de
propaganda al servicio de uno de los bandos con
un grave daño en la credibilidad hacia la prensa
en general y un nivel de subdesarrollo de la
sociedad en torno a su prensa y hacia el valor de
la información en circunstancias
críticas".1
Si esto es así,
¿qué conclusiones se pueden sacar del
tratamiento que los medios han dado a la II
Guerra del Golfo? ¿Ha predominado el rigor, la
valentía y el profesionalismo o se han
convertido, mayoritariamente, en medios de
propaganda al servicio de uno de los más de dos
bandos? ¿Ha habido algún daño en la
credibilidad hacia la prensa en general? ¿Qué
nivel de subdesarrollo de la sociedad en torno a
su prensa se ha manifestado en estas
circunstancias críticas?
La respuesta
referida por algunos autores a los Estados Unidos
es directa e inmediata. Por ejemplo, Edward Said,
palestino de origen y profesor en dicho país, es
taxativo: "Todos los canales importantes
emplean ahora como "consultores" a
generales retirados, agentes de la CIA, expertos
en terrorismo y conocidos neoconservadores. Todos
ellos escupen una jerigonza enredosa, diseñada
para trasminar un dejo de autoridad, pero en los
hechos respaldan todo lo que haga Estados Unidos:
de su papel ante la ONU a las arenas de Arabia.
Únicamente uno de los diarios importantes, de
Baltimore, ha publicado algo en torno al
espionaje, la intervención telefónica y la
práctica de interceptar mensajes que Estados
Unidos ejerce contra los seis países miembros
del Consejo de Seguridad, cuyo voto en favor o en
contra de la resolución de guerra está aún en
el aire. No se oyen ni se leen voces antibélicas
en medio importante alguno en Estados Unidos, no
hay árabes ni musulmanes (todos fueron
condenados en masa a las filas de los fanáticos
y terroristas de este mundo); no hay críticos de
Israel ni en Public Broadcasting, ni en The New
York Times, New Yorker, US News and World Report,
CNN o el resto. Cuando estos medios mencionan,
como pretexto para ir a la guerra, que Irak ha
ignorado 17 resoluciones de Naciones Unidas, no
se mencionan las 64 resoluciones que ha ignorado
Israel (con el respaldo de Estados Unidos).
Tampoco se menciona el sufrimiento humano que el
pueblo iraquí soporta desde hace 12 años.
Cualquier cosa que el espantoso Saddam haya
hecho, Israel y Sharon lo ejecutan con el
respaldo estadunidense, y sin embargo nadie dice
nada de estos últimos mientras fulminan al
líder iraquí. Esto hace que las admoniciones de
Bush y otros, exigiendo el cumplimiento de las
resoluciones de Naciones Unidas, sean una burla
total. (...) Los medios de comunicación tampoco
han prestado un buen servicio a los
estadunidenses, pues están controlados por otro
grupito de hombres que suprimen todo lo que pueda
preocupar o afectar al gobierno".2
En el New York
Times se iba en la misma dirección aunque en
tono menor: "Los planificadores [en esta
guerra] pueden haber tenido en cuenta los avances
en tecnología de los medios y haber decidido que
si no pueden controlar a la prensa, por lo menos
pueden usarla para sus propios fines. Y no se
equivoquen: los medios informativos están siendo
utilizados y en más formas de las que están
dispuestos a reconocer".3
Es cierto en lo
que se refiere a la cobertura dada a los hechos y
a las fuentes usadas para ello. Un estudio de
FAIR (Fairness & Accuracy in Reporting),4 publicado el 18 de marzo
de 2003, se había dedicado (entre el 30 de enero
y el 12 de febrero) a analizar las fuentes de los
programas nocturnos de noticias en los que se
hacía referencia a Irak. Se trató de World News
Tonight de la cadena ABC, Evening News de la CBS,
Nightly News de la NBC y la NewsHour with Jim
Lehrer de la PBS. Su conclusión es clara:
"las noticias en las redes de televisión,
dominadas por funcionarios actuales o ex
funcionarios de los Estados Unidos, excluyen
ampliamente a los estadunidenses que son
escéptico o se oponen a una invasión a
Irak". Más del 75 por ciento de las fuentes
tenían o habían tenido relación con las
Administración, dejando, pues, poco espacio para
las fuentes independientes. Añade el estudio,
"en un momento en el que el 61 por ciento de
los entrevistados decían a los encuestadores que
hacía falta más tiempo para la diplomacia y las
inspecciones (eso era a 6 de febrero), sólo el 6
por ciento de las fuentes de las noticias de
televisión se mostraban escépticos ante la
necesidad de la guerra. Los claramente afiliados
con el activismo contra la guerra prácticamente
no existían: de los 393 casos analizados, sólo
3 podían inscribirse en este grupo, de los
cuales sólo uno era estadunidense: Catherine
Thomason de Physicians for Social Responsability.
No se crea que
los escépticos sobre la necesidad de la guerra
eran gente "de peso" (que la hubo en
los Estados Unidos). La mitad de los
estadunidenses escépticos no-oficiales eran
"gente de la calle", cinco de los
cuales ni siquiera fueron identificados por su
nombre. Las diferencias entre cadenas eran
curiosas: 21 por ciento en la PBS (22 escépticos
sobre un total de 106 fuentes), 17 por ciento de
escépticos en la ABC (16 entre 92) y la CBS (12
entre 70) y 14 por ciento en la NBC (18 entre
125).
También parece
que los medios han sido usados, bajando todavía
más a detalles, cuando se atiende a sus
contenidos.5 Por lo menos para una de
las tres grandes cadenas televisivas
estadunidenses, se conocen las instrucciones que
sus emisoras recibían con el fin de
"modular" el contenido del mensaje y no
sólo las fuentes. Dichas instrucciones ocupaban
más de mil quinientas páginas. Estos son
algunos de sus elementos6:
- 10 de
febrero:
no está permitido por el
momento usar o referirse a vídeos, fotos
o artículos provenientes de fuentes
francesas, cualquiera que sea ésta.
- 26 de
febrero:... se espera que la cobertura
informativa de la próxima campaña
iraquí sea igual a la utilizada durante
la Tormenta del Desierto. Las tomas de
los reclutas deben mostrar una mezcla
racial
cualquier entrevista debe
reflejar juventud e idealismo, no
cinismo
la liberación de
iraquíes, felices y entusiastas, debe
mostrarse mediante imágenes la
muchedumbre ondeando, alegres, banderas
estadunidenses. También sería
conveniente mostrar imágenes de reclutas
fotogénicos confraternizando con niños
iraquíes y dándoles alimentos o
cualquier otro obsequio no
polémico
por supuesto, no serán
mostradas fotos de estadunidenses
muertos, y las de soldados iraquíes que
se muestren no deberán tener signos de
muerte violenta
igual de
convenientes serían entrevistas breves a
ciudadanos iraquíes angloparlantes, en
las que alaben los esfuerzos
estadunidenses por su liberación...
tales entrevistas deberán ser revisadas
por la Casa Blanca o el Pentágono antes
de su emisión.
- 12 de
marzo:... En este momento deben ser
evitadas las referencias a las amenazas
militares norcoreanas. La campaña por la
libertad iraquí tiene que desarrollarse
plenamente ante la opinión pública
antes de que se proceda al próximo
ataque sobre el Eje del Mal
- 26 de
marzo:... Las alianzas estadunidenses con
tribus turcas, iraquíes o kurdas deben
ser obviadas. Se considera problemático
que turcos y estadunidenses armen y
apoyen a los kurdos, ya que podría
repercutir muy negativamente en las
relaciones con Ankara
Los kurdos
deben ser descritos como "luchadores
por la libertad iraquí" y no como
kurdos
- 2 de
marzo:... las referencias religiosas del
presidente serán omitidas
- 10 de
marzo:
se dará plena cobertura
informativa a las reuniones
progubernamentales
si se muestran
manifestaciones antigubernamentales, es
deseable enfatizar que se trata de un
número reducido de
"excéntricos" con tomas de
inadaptados sociales (con barbas,
tatuajes, deformidades físicas,
etcétera). Los partidarios del gobierno
deben verse tan limpios y bien vestidos
como sea posible
deben enfatizar el
completo apoyo a los programas del
presidente y, muy especialmente, a las
unidades del ejército estadunidense
camino al combate
también
entrevistas con miembros fotogénicos de
las familias de reclutas participantes
enfatizando la lealtad y el
afecto
banderas estadunidenses son
siempre un buen soporte de fondo
- 1 de
abril:... Se sugiere la elaboración de
algo que sirva para mostrar que, a
diferencia de Vietnam, los estudiantes
universitarios estadunidenses apoyan
totalmente al presidente y no están
involucrados en movimientos anti-guerra.
Es aconsejable culpar a profesores que
fueran "antiguos hippies" de
cualquier sentimiento anti-guerra en los
campus. Podría mostrarse a estudiantes
solicitando ansiosamente su reclutamiento
en las oficinas de ROTC (Reserve
Officers' Training Corp) o incluso
apoyando las manifestaciones
pro-administración.
- 5 de
abril:
comentarios que aparecen en
el izquierdista británico The Guardian
acerca de la ocupación y administración
de un conquistado (léase "liberado
y recientemente democratizado") Irak
por personal militar estadunidense serán
ignorados. Serán enfatizados
"Pacificación, liberación,
libertad y gratitud hacia las fuerzas de
Estados Unidos y el presidente".
...Las visitas presidenciales a las
unidades militares en los Estados Unidos
recibirán cobertura plena y se
extenderán más allá del tiempo
generalmente fijado... tomas breves de
recepciones inusualmente calurosas son
consideradas muy importantes.
Es difícil
saber si el texto anterior se corresponde con la
realidad o es apócrifo. En todo caso, no se
indica a qué cadena se refiere, y eso es mala
señal, a no ser que lo que se esté intentando
sea evitar un pleito. Pero, si es auténtico,
mostraría un punto más en una larga serie de
engaños y manipulaciones que hacen pensar, con
respecto a los Estados Unidos, en unas respuestas
muy concretas a las preguntas de las que se ha
partido,7 además de hacer surgir
dudas sobre la versión transmitida por los
canales no-estadunidenses (mexicanos, españoles)
que han bebido sus imágenes de fuentes
estadunidenses. Sin embargo, quedarse en esta
visión no añade mucho conocimiento. Es preciso
matizarla8 y, en todo caso,
intentar situarla en su contexto.9 Sólo así se podrán
entender algunas novedades comunicativas de esta
guerra, como es el caso de los periodistas
"embedded" en las unidades militares
volviendo así a la vieja tradición del
corresponsal de guerra que había desaparecido
con la guerra del Vietnam.
Esta relativa
novedad se añade a otros giros lingüísticos
que han sido propios de esta guerra.10 En la del Vietnam las
palabras predominantes fueron "corazones y
mentes" (hearts and minds) y halcones y
palomas (hawks and doves), todavía en uso. La I
Guerra del Golfo acuñó "la madre de todas
las batallas", frase usada originalmente por
Sadam Husein. La II Guerra ha traído
"embedded", "coalition of the
willing", "conmoción y pavor"
(shock and awe) y "weapons of mass
destruction", además de términos algo
orwellianos como "liberación" o los de
dudoso gusto como "cakewalk", el paseo
que iba a ser la guerra. Pero no todo se reduce
al lenguaje.
Efectivamente,
las guerras en las que los Estados Unidos han
estado involucrados en los últimos veinte años
han sido, simultáneamente, un laboratorio de
nuevas armas y un laboratorio de control de los
medios. Una de las novedades, como se ha dicho,
ha sido, la práctica (no sólo la palabra) de
"integrar" (embed) periodistas en las
unidades militares en acción. Según dijeron en
su momento funcionarios del Departamento de
Defensa, el "integrado" sería "el
que sigue a una unidad (de tierra, mar o aire)
desde su salida a su despliegue en combate
(sujeto a aprobación en el terreno) hasta 'el
desfile en cualquier capital en la que marchemos'
llegando al viaje de regreso a casa y al 'desfile
de la victoria'".11 Con la perspectiva de la
guerra ya terminada, habrá que ver qué ha
significado esta aparente novedad desde el punto
de vista de la comunicación.
Enfoques
sobre la guerra
Cinco enfoques12 parecen permitir una
mejor comprensión de lo sucedido al tiempo que
proporcionan hipótesis para analizar el papel de
los medios en esa guerra.
Un primer
enfoque consiste en percibir los problemas
políticos y económicos que tiene la sociedad
estadunidense. La crisis económica es real y,
probablemente, sería más visible si las
empresas no estuvieran dedicadas a la
"contabilidad creativa" que ha sido
conocida en contados casos como Enron o WorldCom,
pero que posiblemente es práctica muy difundida.13 El desempleo aumenta
como aumenta la pobreza y la desigualdad y el
sentimiento de que la economía no funciona bien.
Sobre este telón de fondo se encuentra una
Presidencia que fue vista en su momento como de
dudosa legitimidad, dado el modo con que se
llegó a ella, y que no ha conseguido incrementar
sus índices de aceptación sino a través de la
exaltación nacionalista rayana en el fanatismo.
Esta exaltación es muy útil para ocultar las
desigualdades internas y es clásica en el mundo
orwelliano: la agitación guerrera es un medio
para hacer olvidar otros problemas y para
incrementar las probabilidades de aceptación
electoral, mucho más sabiendo la dificultad del
Partido Demócrata (al que difícilmente se le
puede llamar "partido de la
oposición") para articular una alternativa
creíble a estas políticas de corte
nacionalista. Desde este primer punto de vista,
el papel de los medios tendría que ser el de
entretener y distraer la atención respecto a
temas más espinosos para la clase política
dirigente.
Un segundo
enfoque consiste en ver esta II Guerra del Golfo
como efecto del extremismo de un grupo
políticamente identificable y cohesionado, con
una agenda neoconservadora,14 pero también con
intereses particulares fácilmente identificables
en empresas petroleras, armamentísticas y de
equipamiento. Hay razones para suponer que habrá
más casos en un próximo futuro, sobre todo si
el segundo Bush consigue la reelección. Entre
otros, podrían ser Siria e Irán. Desde este
segundo punto de vista, los medios podrían ser
vistos como instrumento para legitimar las
posiciones de este grupo.
No todo es la
agenda de esta camarilla cuyos miembros en su
momento han estado organizados en torno al
Project for a New American Century.15 Desde una perspectiva
algo más general, el tercer enfoque tiene que
ver con los deseos de los grupos dominantes
estadunidenses de mantener su papel hegemónico
en el sistema mundial, sometiendo a la supuesta
"comunidad internacional" a sus
intereses particulares como país, usando esa
posición para aliviar las tensiones internas y
para mejorar las perspectivas económicas de sus
empresas y de su divisa frente a posibles
competidores. No se trata, como en el primer
enfoque, de una maniobra distractiva, sino de la
utilización del gobierno de la nación para
satisfacer los intereses de clase.16 El caso más cercano es
la creación del ALCA (Asociación de Libre
Comercio estadunidense) y, con independencia de
que ésta se lleve a término o no, lo fue la del
TLC o NAFTA. Desde este punto de vista, los
medios podrían ser una herramienta para explicar
a sus públicos la "bondad" de las
decisiones tomadas.
Una cuarta
perspectiva, haría ver la II Guerra del Golfo
como una repetición del juego colonialista que
se llevó a cabo en la zona entre finales del XIX
y principios del XX por Inglaterra y,
secundariamente, por los Estados Unidos. Las
potencias coloniales, históricamente, se han
sentido legitimadas (por la evangelización
española, the white man's burden inglés o la
mission civilisatrice francesa) para imponer
fronteras en función de sus propios intereses
metropolitanos sin ningún respecto a los
principios predicados por dichas potencias,
incluido el del nacionalismo cultural. Algo
parecido sucede ahora y la agudización de las
tensiones "tribales",
"étnicas" y religiosas en el Irak
liberado/ocupado podrían ser manipuladas para
una partición del territorio y un nuevo trazado
de las fronteras acorde con los intereses
hegemónicos. De cualquier forma, el nuevo
régimen iraquí tiene, necesariamente, que
responder a dichos intereses y no tanto a los
principios. El caso anterior fue el de
Afganistán donde no se solucionó ninguno de los
problemas con que se legitimó la invasión
(violencia, situación de la mujer, Al Qaeda, Bin
Laden) pero sí se puso como presidente a quien
fuera asalariado de la empresa Unocal que es la
que acabaría consiguiendo el contrato afgano
para construir el oleoducto que los talibanes
pretendían adjudicar a una empresa brasileña.
Desde este punto de vista, los medios podrían
aportar argumentos para legitimar el trabajo
emprendido en favor de la seguridad, la
democracia y la libertad, que son las nuevas
legitimaciones.17
Hay una quinta
perspectiva, todavía más general, que hace ver
Irak como uno más en la lista de países
periféricos disciplinados militarmente por el
centro con el objetivo de dejar claro "who
is in charge", quién está al mando. El
caso anterior fue el de Kosovo: Se castigaba a
Milosevic por no aceptar el diktat de
Rambouillet. Tienen una función ejemplificadora:
sepan los desobedientes lo que les puede esperar.
Desde este punto de vista, aunque, parcialmente,
también desde el anterior, se puede suponer que
los medios tendrán un particular contenido
cuando se trata de enviar mensajes de centro a la
periferia (del "Norte" al
"Sur"), mucho más cuando se tiene en
cuenta el "viejo orden informativo
internacional".18
Parece
aconsejable adoptar una postura ecléctica y ver
que cada uno de estos enfoques permite comprender
aspectos diferentes y avanzar hipótesis
específicas sobre el papel de los medios. No
hay, a lo que parece, un sólo enfoque que lo
explique todo.
El
frente interno
Esta guerra ha
sido diferente a las anteriores desde el punto de
vista de los medios de comunicación. La I Guerra
del Golfo (1991) fue el triunfo de la CNN, y los
expertos del ramo se apresuraron a acuñar el
término "efecto CNN" que ya rondaba
los círculos bienpensantes de aquel entonces. El
interludio de Afganistán, por su parte, fue el
triunfo de Al Yazira, aquellas imágenes en verde
totalmente incomprensibles, pero que daban la
impresión de que "lo estabas viendo".
Esta II Guerra del Golfo, en cambio, ha sido una
explosión informativa que, de alguna manera,
recuerda a la Guerra del Vietnam. Aquí reside la
primera razón para esta diferencia: esta vez ha
habido competencia informativa y no sólo de Al
Yazira sino de otras dos cadenas árabes, además
de la CNN y otras más de países muy diversos.
Un total de 1.500 periodistas han cubierto, desde
la zona, ésta que, para algunos, es "la
primera guerra en directo de la historia".19
La segunda
razón es tecnológica: ahora se pueden poner
webcams, cámaras que trasmiten por internet vía
satélite, y se pueden tener imágenes en tiempo
real y continuo. Y puede desplazarse la cámara y
el contacto se mantendrá a no ser que se suelte
una bomba con efecto electromagnético y deje sin
programas a todos los ordenadores de la zona
afectada. Y, por parte de los periodistas
"integrados", se pueden usar teléfonos
móviles que trasmiten imágenes vía satélite y
realizar, con relativa facilidad,
"videoconferencias".
Pero tiene que
haber algo más para que este
"libertinaje" informativo sea posible.
Puede haber una razón adicional: el interés de
la camarilla dirigente en los Estados Unidos. Se
sabe de la novedad organizativa de esta guerra
con respecto a las inmediatamente anteriores en
las que primó la "sequía"
informativa: los periodistas "embedded"
(integrados, empotrados) acompañando a las
tropas y retransmitiendo la versión oficial. Se
puede citar a Rumsfeld incitando a los
periodistas a ser más explícitos en sus
informaciones; se conoce desde años la táctica
de "conmoción y pavor";20 y no habría que olvidar
que uno de los objetivos de esta guerra era meter
en vereda al díscolo según el principio de que
los antiguos colaboradores (Noriega, Bin Laden)
deben ser disciplinados. Pues bien, hay un cierto
regodeo con el dolor, la sangre y la tragedia
para que los posibles rebeldes se tienten la ropa
antes de intentar rebelarse, para que sepan a
qué atenerse y conozcan "who is in
charge", quién está de guardia, quién
manda aquí.21
De todas formas,
esta nueva política informativa del Departamento
de Defensa, bien alejada del síndrome
post-Vietnam, parece revelar una nueva confianza
no sólo en las bombas de precisión, la lucha
nocturna o los nuevos sistemas de comunicación
entre Armas sino, sobre todo, en que el ejército
es la parte de la burocracia estadunidense que
realmente funciona.22 Se podría llamar
militarismo a todo esto. De todas maneras, algo
tiene que ver con poner como cabeza de la
administración estadunidense "civil"
en Irak a un militar profesional: Jay Garner, en
efecto, general retirado y oficialmente director
de la Oficina de Reconstrucción y Asistencia
Humanitaria, actuaba como "gobernador de
facto", una especie de "virrey" o
"procónsul". Su sustitución posterior
por un civil no cambiaría mucho las cosas.23
Pero hay más:
uno de los efectos, tal vez queridos, del
periodista "embedded" es el elemento de
reality show que implica. "Está pasando; lo
estás viendo", como dice la autopublicidad
de una cadena televisiva española, es sinónimo,
en este caso, de "lo estás viendo, pero no
lo estás entendiendo". El espectáculo de
la acción directa impide, no favorece, la
comprensión del conjunto. Es un caso de árboles
que no permiten ver el bosque. Desde este punto
de vista, el periodismo "embedded" no
se diferencia mucho de otros espectáculos como
Gran Hermano en diversos países. Si, además, lo
que el periodista puede trasmitir es objeto de
rígidas normas y censura previa, la función
distractiva no puede ser más evidente.
Esta actividad
ha sido comparada con una retrasmisión deportiva
en la que no se viera el conjunto del juego, sino
sólo lo que da una cámara situada en la cabeza
de uno de los jugadores, o una carrera de coches
en la que sólo se vea el mundo desde la
perspectiva de una sola cabina y un solo piloto.24 "La revelación de
una nueva mentira, escándalo o atrocidad, rara
vez conduce a algo más que a incrementar la
depresión o el cinismo (...) Agobiar a la gente
con una rápida sucesión de imágenes que tocan
puntos sensibles sólo les confirma en su
habitual sensación de incapacidad ante un mundo
más allá de su control. Espectadores con una
máxima capacidad de atención de treinta
segundos pueden quedar momentáneamente invadidos
por una repulsión hacia la guerra a causa de las
imágenes de niños bombardeados con napalm, pero
también pueden fácilmente dejarse llevar por un
arrebato fascista a la vista de otras imágenes
al día siguiente - por ejemplo, imágenes de
personas que queman una bandera".25
No todo queda
ahí. Junto a esta función disciplinaria y
distractiva del periodismo "embedded",
había que conseguir un mínimo de legitimación
para la guerra, aunque no fuese más que por los
costes que podía tener para el contribuyente
estadunidense. El trabajo comunicativo, incluso
de la prensa más "liberal", ha sido
"redirigir las heridas emocionales dejadas
por el '11 de septiembre', el dolor y la ira,
hacia un adversario diferente de quienes
realmente las infligieron",26 es decir, trasformar a
Bin Laden (si es que fue el responsable último
de la masacre) en Sadam Husein, cosa alcanzada
hasta niveles realmente notables.27 De hecho, el apoyo a la
Guerra se mantuvo sólidamente en torno al 70 por
ciento, haciendo que los contrarios formaran
parte de una elite que no recibe las noticias
sólo por televisión, que es la mayoría, sino
que tiene acceso a los periódicos elitistas de
la Costa Este.28
Saul Landau era
cáustico al respecto: "la
"prensatituta" (presstitute), como la
llama Uri Avnery, (...) reporta las noticias de
la guerra de Irak. "Su pecado
original", dice él. "fue su
aceptación a 'encamarse' (em-bed) en unidades
del ejército. Este término estadunidense suena
como si se los llevaran a la cama, y es lo que
sucede en la práctica. Un periodista que se
acuesta en la cama de una unidad militar se
convierte en esclavo voluntario. Está agregado
al personal del comandante, llevado a lugares en
los que está interesado el comandante, ve lo que
el comandante quiere que vea, se le excluye de
los lugares que el comandante no quiere que vea,
oye lo que él quiere que oiga y no oiga lo que
el ejército no quiere que oiga. Es peor que un
vocero oficial militar, porque pretende ser un
reportero independiente. El problema no es que
sólo vea una pequeña pieza del gran mosaico de
la guerra, sino que transmite una visión mendaz
de esa pieza"".29
En cualquier
hipótesis, sí parece verosímil que la II
Guerra del Golfo haya tenido efectos en la
sociedad estadunidenses, en particular sobre
amplios sectores de la población que la han
apoyado constantemente. Pero también ha tenido
efectos sobre la profesión periodística:
"La guerra de Irak y la revolución en la
tecnología de las comunicaciones puede haber
abierto el camino para una reconciliación entre
el Ejército estadunidense y los medios
informativos estadunidenses".30 Algunos periódicos han
ido más allá: "La cobertura de las
noticias en la guerra de Irak, sin precedentes en
su frecuencia e inmediatez, puede tener su
impacto mucho después de que la guerra se
termine: ¿Quién va a conseguir la propiedad de
los medios que proporcionan las noticias?".31 Las "guerras"
entre empresas de comunicación no son nuevas,32 ni las
"batallas" entre los medios y la clase
política. Si lo dicho hasta aquí es cierto, ya
se sabe quién ha ganado esta última.33 Está por ver quién
ganará la primera.
El
frente diplomático
Esta II Guerra
del Golfo también tenía una relativa novedad
social: se daba con una notable fractura entre
los países centrales y, a la vez, con una
evidente fractura entre los gobiernos y las
opiniones públicas de muchos de esos países.
Entre el 14 y el 16 de marzo de 2003, Princeton
Survey Research Associates realizaba para el Pew
Research Center34 una encuesta
internacional en la que, entre otras cosas, se
preguntaba sobre el apoyo o rechaza que recibía
la dicha guerra entre los entrevistados. Se puede
recordar ahora el porcentaje de respuestas
rechazando la guerra en los países en los que se
llevó a cabo la encuesta.
| % en contra de la guerra |
| Estados
Unidos |
30 |
| Reino Unido |
51 |
| Alemania |
69 |
| Polonia |
73 |
| Francia |
75 |
| Italia |
81 |
| España |
81 |
| Turquía |
86 |
| Rusia |
87 |
Como
puede observarse, el caso de los Estados Unidos
era excepcional en este conjunto. El porcentaje
de rechazos a esta guerra era relativamente bajo.
Incluso el Reino Unido, el otro participante en
la coalición, tenía presencia mayoritaria de
los contrarios, por no decir aquellos países
cuyos gobiernos habían apoyado la intervención
de diversas maneras (Italia, España35 y Turquía). Los
gobiernos de Francia, Alemania y Rusia parecían
responder mejor a su electorado, además de
hacerlo a otro tipo de intereses que ahora no es
momento de relatar.
Para lo que
aquí se trata, es importante levantar acta del
modo con que esta guerra fue vista a un lado y
otro del Atlántico. Porque, a decir de algunos
medios estadunidenses, las cosas se veían de muy
diversa manera en un lado y en el otro.
Ante todo, era
particularmente interesante el modo con que
algunos periódicos estadunidenses veían
intereses económicos detrás de algunas posturas
europeas mientras eran incapaces de ver intereses
económicos importantes detrás de las posturas
del propio gobierno. Lo contrario sucedía
también con cierta frecuencia en algunos medios
europeos. Un caso curioso lo proporciona un
artículo del Christian Science Monitor36 de finales de febrero de
2003 que comenzaba con los trabajos de los
diplomáticos de Francia, Alemania, Rusia y China
en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas
procurando ralentizar o bloquear lo que muchos en
dichos países veían como la prisa de los
Estados Unidos para entrar en guerra con Irak.
"Mucha de esa oposición", añadía,
"se origina en una genuina animadversión
hacia el combate, por lo menos a este nivel. Pero
más allá de sus principios, cada país está
también tomando en consideración un conjunto de
realidades económicas e intereses nacionales que
tienden a matizar dicha decisión". Después
de eso, venía una enumeración de intereses,
bien alejados de los principios, que podían
estar motivando a cada uno de dichos gobiernos.
Paul Krugman,
colaborador regular del New York Times, lo
planteó de manera explícita37: "¿Por qué otros
países no ven las cosas como las vemos
nosotros?". Una parte de la respuesta, en su
opinión fácilmente compartible, residía en la
diferencia cobertura informativa dada al asunto
en la "vieja Europa" y en el
"Nuevo Mundo". En general, decía
Krugman, los medios estadunidenses incluso los
"progresistas" ("liberal" en
inglés) estaban siendo especialmente
conservadores al respecto, por no decir belicosos
(hawkish).38 Pero las diferencias no
estaban tanto en los medios escritos (en los que,
a su parecer, no había tanta diferencia entre
los Estados Unidos y el Reino Unido -aunque, hay
que añadir, sí la había con los medios
franceses, españoles e italianos-). La gran
diferencia estaba en la televisión, muy
militante a favor de la guerra en el caso de los
Estados Unidos hasta niveles de falsificación,
manipulación y tergiversación notables39 mientras que en las
televisiones europeas habría habido una actitud
más distante, preguntándose por qué Irak
precisamente y cuáles podían ser los motivos
reales y sin ver la oposición a la guerra como
cobardía sino como todo lo contrario.
Se le ocurrían
dos interpretaciones a esta diferencia de
percepción y retrasmisión: el posible
anti-americanismo de los medios europeos por un
lado y, por otro, el que algunos medios
estadunidenses, "actuando en un contexto en
el que cualquiera que cuestionase la política
exterior de la Administración sería acusado de
antipatriota, habrían tomado como tarea propia
el vender la guerra, no el presentar una
información equilibrada que pudiera poner a
prueba la justificación de la guerra".
En la misma
dirección se pronunciaba un artículo en el
Christian Science Monitor un mes después40: "La audiencia
estadunidense está viendo y leyendo sobre una
guerra que es diferente de la que ven o sobre la
que lee el resto del mundo". Los
estadunidenses seguían creyendo que se trataba
de una guerra justa; en el resto del mundo
seguía habiendo serias dudas al respecto. De
nuevo, una de las causas, no la única, de la
diferencia era la selección de noticias y su
presentación. Los estadunidenses no estaban
viendo iraquíes heridos ni manifestaciones
árabes contra una guerra percibida como de
agresión y sí veían el rápido progreso de la
guerra hacia la victoria.41 Los europeos, prosigue
el artículo generalizando por necesidad, ponían
en segundo término el gran número de tropas
iraquíes que se estaban rindiendo, la
cooperación con otros Estados del Golfo, la
superior tecnología militar estadunidense y el
enfoque de "interés humano" sobre las
tropas estadunidenses.
Las razones que
se daban en el periódico para las diferencias
eran las siguientes: 1.- La propiedad de la
prensa en Europa está menos concentrada y puede,
por tanto, dar más perspectivas, de forma más
pluralista y con mayores dosis de debate entre
los medios. 2.- Los periodistas europeos han
mostrado un mayor nivel de escepticismo y eran
los únicos que en las ruedas de prensa de la
Casa Blanca o el Pentágono preguntaban sobre las
armas de destrucción masiva cuya posesión se
había dado como "causa" de la
invasión mientras que sus colegas estadunidenses
estaban más interesados en saber si Sadam estaba
vivo o muerto. 3.- Los medios europeos tendieron
a ser más equilibrados dada la vecindad con el
mundo islámico.42
Las diferencias
entre países europeos son tan visibles que
cuesta mantener la ficción de una televisión
"europea"43 o una visión
"europea" de los medios. En el New York
Times44 se distinguía bien
entre una situación como Francia, en la que
tanto la opinión pública como el gobierno se
oponían a la guerra y que, sin embargo,
"sus reportajes han sido básicamente
objetivos, en la medida en que las organizaciones
mediáticas han procurado recoger información de
Washington, Londres, Qatar, Kuwait e Irak".
En Alemania, con una situación política
parecida a la francesa, se había desplazado a
periodistas al terreno pero los productores de
noticias mantuvieron un cierto escepticismo sobre
el apetito de las audiencias por tener noticias
directas y detalles sobre el tema, y la cobertura
no fue tan amplia como en otros países vecinos.
En el Reino Unido, en cambio, al tener tropas en
el terreno, la información adoptaba "tintes
patrióticos" por lo menos en algunos
medios, en particular los de Rupert Murdoch y,
sobre todo, en el Sun.45 Finalmente, España, con
el presidente a favor de la guerra y amplias
mayorías de la opinión pública en contra de la
misma, mostró una situación algo particular:
"la televisión que es propiedad del
gobierno, TVE, ignoró ampliamente las
manifestaciones contra la guerra en varias
ciudades españolas, pero proporcionó cobertura
completa a la guerra, consciente de la
competencia por parte de los canales privados,
Antena 3 y Telecinco, que también tenían
periodistas en el terreno. Y, como en otros
países, para llenar el tiempo entre la cobertura
en directo, se recurría a los 'bustos
parlantes'".46
No parece
correcto decir que el conflicto diplomático
entre la "vieja Europa" y el
"Nuevo Mundo" (o, si se prefiere, entre
Eurasia y Oceanía, según la geografía de la
novela 1984 de George Orwell) influyera en el
tratamiento que los medios dieron a la guerra. En
este campo, los medios parecen haber reflejado
situaciones muy diferentes en cuanto a sociedad,
cultura, estructura de la propiedad de los
medios, compromisos políticos de las elites etc.
haciendo difícil una generalización a partir de
situaciones tan heterogéneas[47][47].47
Por otro lado,
la II Guerra del Golfo tenía, entre sus
objetivos, el de disciplinar al díscolo, o, como
dirían los partidarios de la misma, conseguir un
mundo más seguro a través de la liberación y
democratización de Irak. Pero también, a tenor
de lo dicho, cumplía con la función de
satisfacer determinados intereses mientras se
canalizaban las frustraciones estadunidenses
generadas por el síndrome del 11-S.48 Esta canalización de
las frustraciones se hacía mostrando (a la par
que negando) un objeto para la agresividad: el
mundo árabe, el otro elemento en el frente
diplomático. Desde esta perspectiva, parece
claro que la tónica en los medios árabes fue el
de percibir la guerra como una guerra
imperialista de ocupación y como parte de una
nueva cruzada contra el Islam al tiempo que, por
no compartir las visiones dominantes en los
Estados Unidos, tendían a ser vistas como
"anti- estadunidenses"49 por los estadunidenses.
De esta forma, se convertía en una profecía que
se autorrealizaba: el objeto de la agresividad
eran los árabes; los árabes reaccionaban ante
esa agresividad; y la reacción se convertía en
una razón de la agresividad.50
No hay por qué
aceptar las, por otro lado frágiles, razones a
favor de un "choque de civilizaciones".
Es fácil estar de acuerdo con Aníbal Quijano
cuando dice51: "Las tesis de la
'guerra de las civilizaciones' no tienen, como
puede ser notado, mucho sustento histórico.
Llevan, más bien, a escamotear la experiencia
colonialista e imperialista euro-estadunidense
durante 500 años, como una de las fuentes
centrales de donde surte la hostilidad y la
resistencia de sus víctimas, incluso el odio
hacia este 'occidente cristiano', al que ven, no
sorprendentemente según todas sus experiencias,
como el enemigo real de los pueblos de todo el
mundo. En lugar del colonialismo y del
imperialismo capitalista, procuran instalar en el
imaginario de la gente, incluso de las víctimas,
una entidad suficientemente vaga y equívoca como
para que pueda ser asociada a las necesidades
concretas del Bloque Imperial Global y de su
Estado Hegemónico, Estados Unidos, en cada
coyuntura específica".
Sin embargo, sí
conviene levantar acta de las diferencias
culturales que separan a las distintas
sociedades. Son formas distintas de ver el mundo
y, sin duda, tienen su reflejo en los medios, del
mismo modo que los medios se
"refractan" en dichas culturas cuando
provienen de otras. Pero eso no tiene por qué
impedir ver las diferencias que impone la
relación asimétrica entre centro y periferia y
que incluye diferencias en tecnología y
diferencias en la trasmisión de los mensajes
propios y en la silenciación de los ajenos.52
Los
medios ante la guerra
Tomada Bagdad y,
con ello, sabiendo que la guerra estaba
terminando, si no terminada, Carlos Alberto
Montaner escribía en el periódico quiteño El
Comercio53:
Solo los
corresponsales de la televisión estadunidense e
inglesa reportaron el júbilo popular tras la
caída de Bagdad sin tratar de minimizarlo. En
general, la prensa mundial quería ver una
derrota militar angloestadunidense, o al menos
una feroz resistencia nacionalista, una especie
de Stalingrado que demostrara el rechazo del
pueblo iraquí a la arrogante bota imperialista
de Washington y Londres, auxiliada por unos
cuantos polacos y australianos vendidos a los
centros de poder capitalistas. Pero no ocurrió
así. Cuando se desplomaron las defensas de
Bagdad (...) el pueblo se lanzó a la calle a
manifestar su alegría y a derribar las estatuas
de Saddam Hussein.
(...)
¿Por qué suele
existir una distancia tan grande entre los
sentimientos y creencias profundas que tienen los
pueblos y los que arbitrariamente les atribuyen
los periodistas? En general, porque muchos de mis
colegas son revolucionarios de baja intensidad
que no llegan a la profesión con el ánimo de
describir la realidad tal y como es, sino como
debiera ser de acuerdo con las anteojeras
ideológicas a través de las cuales examinan los
conflictos, distorsión que se exacerba en un
buen número de escuelas de periodismo
rabiosamente tercermundistas en las que los
jóvenes aprenden que todas nuestras congojas son
producto de la maldad sin límite de los países
desarrollados."
Lo que se ha
intentado aquí es ver cómo parece haber
funcionado el "periodismo rabiosamente
primermundista", y de Estados Unidos
proviene la mayoría de citas a pie de página.
La conclusión que se extrae, en los términos
planteados al comienzo, es sencilla: si los
conflictos son exámenes duros a los que se
somete a la prensa y de la que ella saca valiosas
conclusiones y fortalece la democracia cuando la
hace con rigor, valentía y profesionalismo, la
II Guerra del Golfo ha sido, básicamente, un
ejemplo de todo lo contrario. Por ello, la
historia los recordará como medios de propaganda
al servicio de uno de los bandos con un grave
daño en la credibilidad hacia la prensa en
general y un nivel de subdesarrollo de la
sociedad en torno a su prensa y hacia el valor de
la información en circunstancias críticas.
Es cierto que
hay alternativas,54 que otro periodismo es
posible y la prueba es que ha sido real. Pero no
ha sido mayoritario a lo que parece. Y no digamos
posturas profesionales más comprometidas como el
"periodismo para la paz" (peace
journalism) prácticamente ausente durante las
hostilidades, su preparación y sus secuelas. El
periodismo, altamente desarrollado en los Estados
Unidos en lo que a sus medios se refiere, ha sido
claramente subdesarrollado en sus contenidos y en
sus funciones. Ha habido, todo hay que decirlo,
un periodismo minoritario que ha cumplido con
otras tareas y ha habido un periodismo que ha
sido consciente de los problemas que se le
estaban planteando: de ese último periodismo
anglosajón se han extraído la mayoría de los
datos que se han ofrecido aquí.
_____
Notas:
1 Fernández Bogado, Benjamín,
"Medios y conflictos", Revista Mexicana
de Comunicación, nº 79, enero-febrero, 2003.
2 Said, Edward W., "¿Quién está a
cargo?" La Jornada Virtu@l (México), 8 de
marzo de 2003 (Originalmente en Al-Ahram Weekly).
En la misma dirección, y afirmando, una vez
terminada la guerra, que hay indicaciones de que
el gobierno "cocinó" los informes de
inteligencia, presionó a los periodistas y
ocultó información engañando a la gente dentro
y fuera de los Estados Unidos: Kristof, Nicholas
D., "Missing in action: Truth", The New
York Times, 6 de mayo de 2003.
3 Truscott, Lucian K. IV, "Using the
news as a weapon", The New York Times, 25 de
marzo de 2003. Para el uso en la guerra
psicológica, Gargan, Edward A., "Head games
with media's help. Military using journalists in
mental war", Newsday.com, 13 de marzo de
2003.
4 "In Iraq crisis, networks are
megaphones for official views",
www.fair.org/reports/iraq-sources.html
5 La manipulación televisiva mejor
documentada es el "histórico" derribo
de la estatua de Sadam Husein en la plaza
Al-Fardus cerca del hotel Palestina, donde
estaban los periodistas. Según Donald Rumsfeld,
"quitaba el aliento". Visto con detalle
(www.informationclearinghouse.info/article2842.htm)
es un montaje.
6 "Los memorandos internos para la
emisión de noticias en la televisión de
EE.UU.", TBRNews.com, traducción de Ángel
Cristóbal Colmenares, Rebelión, 15 de abril del
2003, www.rebelion.org/medios/030415eeuu.htm.
Original en tbrnews.org/Archives/a273.htm
7 Véase Fisk, Robert, "Mesonges de
guerre au Kosovo", Manière de voir, nº 63,
mayo-junio de 2002. "Durante el conflicto de
Kosovo", dice, "se demostró que los
media no sabían resistir a la nueva propaganda
de guerra".
8 Las excepciones son tan importantes
como la regla general. Para el caso de la planta
de leche infantil bombardeada por los Estados
Unidos en Bagdad en el 4º día de la I Guerra
del Golfo (1991) y el papel de la CNN, véase
Arnett, Peter, "The Goebbels of Saddam's
regime", Ha'aretz, 18 de febrero de 2003.
9 En Tortosa, José María, Violencias
ocultadas, Quito, Abbya Yala, 2003, los medios se
usan como ejemplos de un discurso más general.
Aquí, en cambio, se toman como fuente de
información: qué dicen, algunos de ellos, sobre
el modo con que los medios han reflejado la
guerra.
10 Feldmann, Linda, "Euphemisms on
the Euphrates: the war of words", The
Christian Science Monitor, 1º de abril de 2003.
11 Brightman, Carol, "U.S. Military
plans the war of words", Los Angeles Times,
16 de febrero de 2003. El plan incluía
"incrustar" unos 500 periodistas, 100
de ellos no-estadunidenses, bajo reglas muy
estrictas sobre la información a trasmitir
(Blumenthal, Ralph y Jim Rutemberg,
"Journalists are assigned to accompany U.S.
troops", The New York Times, 18 de febrero
de 2003). La más ligera violación de dichas
reglas iba a suponer que el periodista sería
devuelto a su país, como fue el caso de Phil
Smucker, del Christian Science Monitor. Más
complicado y publicitado fue el caso de Peter
Arnett, ganador de un Pulitzer, y que fue
despedido de NBC, MSNBC y National Geographic,
por "un serio error de juicio", es
decir, haber dicho en la televisión iraquí que
el plan de los Estados Unidos para Irak había
fracasado.
12 Tortosa, José María, La agenda
hegemónica: la guerra continua, Barcelona,
Icaria, 2003; Ídem, "La agenda hegemónica:
guerra es paz", Ecuador Debate (Quito), 59
(2003).
13 Véase la recensión que hizo Peter
Dizikes de sendos libros, uno sobre Enron y el
otro sobre Arthur Andersen, en el Washington Post
(The Guardian Weekly, 17-23 de abril de 2003).
14 Aguirre, Mariano y Phyllis Bennis, La
ideología neoimperial. La crisis de EE.UU. con
Irak, Barcelona, Icaria, 2003.
15 Véase www.newamericancentury.org
16 La rivalidad entre superpotencias por
conseguir el puesto de potencia hegemónica es
una constante en el funcionamiento de este
sistema mundial.
17 No se confunda legitimación de un
comportamiento con causa del mismo. Es posible
que entre los europeos que se encontraron en las
Azores (Blair, Aznar) haya predominado la
tendencia a presentar como si fuese causa lo que
no era más que una legitimación. En cambio, por
parte de la Administración estadunidense
parecería que se había adoptado una postura
menos "racionalista" y más emotiva.
18 El informe McBride, planteando
explícitamente los problemas informativos en las
relaciones centro-periferia o Norte-Sur, fue uno
de los desencadenantes del abandono de la UNESCO
por parte del gobierno de los Estados Unidos
presidido por Ronald Reagan.
19 Prados, Luis y Guillermo Altares,
"La guerra mejor contada de la
historia", El País ( Suplemento Domingo), 6
de abril de 2003. La "guerra"
informativa se ha dado entre los canales
televisivos estadunidenses y los tres árabes
(Abu Dhabi, Al Arabiya y Al Yazira).
20 www.dodccrp.org/shockIndex.html
21 Interpretaciones tal vez exageradas
incluyen en esta táctica el hecho de la muerte
de algunos periodistas como Taras Protsyuk de la
agencia inglesa Reuters y José Cousa de la
emisora española Telecinco, el 8 de abril, el
día antes de la caída de Bagdad, en el hotel
Palestina. Es plausible que fuera deliberada
como, evidentemente, lo fue el ataque a las
instalaciones bagdadíes de Al Yazira en el que
murió un periodista y los disparos contra la
estación de Abu Dhabi TV. Total: tres
periodistas muertos y cuatro heridos. Véase
"Is killing part of Pentagon press
policy?", Fairness & Accuracy In
Reporting, 10 de abril de 2003 (www.fair.org).
22 Barber, Lionel, "The media get
conscripted to the fight", Financial Times,
25 de marzo de 2003.
23 Ni el nombrar a un iraquí responsable
de los asuntos petroleros, pero bajo la
supervisión de un ex-empleado de la Shell.
24 Chinni, Dante, "Don't mistake
micro for macro with news 'embeds'", The
Christian Science Monitor, 25 de marzo de 2003.
Rehbinder, Henrik, "La prensa en tela de
juicio", La Opinión digital (Los Angeles),
25 de marzo de 2003.
25 El texto prosigue: "A pesar de sus
mensajes aparentemente radicales, los medios de
comunicación alternativos han reproducido
generalmente la relación dominante
espectáculo-espectador". Bureau of Public
Secrets, "La guerra y el espectáculo",
en VV.AA., Secretos a voces, Madrid, Altea, 2001.
26 Greider, William, "'Washington
Post' warriors", The Nation, 24 de marzo de
2003.
27 Sólo el 17 por ciento de los
entrevistados para Knight-Ridder sabían que
ninguno de los supuestos secuestradores de los
aviones del 11-S era iraquí y un 55 por ciento
creía que Sadam estuvo implicado en dichos
ataques. Para una lista de los engaños
demostrables y no demostrables, Hans, Dennis,
"Rumsfeld dice a los medios cómo deben
proteger a los lectores contra las mentiras de
los gobernantes", Medialens, traducido para
Rebelión (15 de febrero de 2003):
www.rebelion.org/imperio/hans150203.htm.
28 Feldmann, Linda, "A sharp turn in
US perceptions of war", The Christian
Science Monitor, 4 de abril de 2003.
29 Landau, Saul, "Compren, vayan a la
iglesia, apoyen a Bush y esperen por el
Armagedón", Progreso Semanal, 26 de abril
de 2003
(www.rebelion.org/imperio/030426landau.htm)
30 Schorr, Daniel, "Uneasy evolution
of war coverage", The Christian Science
Monitor, 28 de marzo de 2003.
31 Ratner, Andrew, "War coverage
could alter U.S. media policy", The
Baltimore Sun, 30 de marzo de 2003. La nueva
legislación puede hacerse para "premiar a
los buenos y castigar a los malos" y
permitir mayores concentraciones de medios en
manos de los "buenos".
32 Jackaway, Gwanyth, Media at war,
Greenwood Pub., 1995, narra alguna de estas
"guerras", por ejemplo la llevada a
cabo por la industria de los periódicos para
mantener el monopolio sobre la distribución de
noticias entre 1924 y 1939. Las tendencias hacia
el monopolio son normales en todas las ramas de
la economía y, por tanto, también en el campo
de la información.
33 El Irak de post-guerra y cómo se
reparte el dinero de su
"reconstrucción" es un tema mucho más
interesante y de calado que lo que haya podido
retransmitir un reportero "embedded".
Sin embargo, no hay buenas imágenes del contrato
para Bechtel ("U.S. Gives Bechtel a Major
Contract in Rebuilding Iraq", The New York
Times, 18 de abril de 2003): 34 millones
inicialmente, pero pudiendo llegar a 680 en 18
meses. Un escándalo, según el mismo periódico
en editorial del día siguiente ("And the
winner is Bechtel").Tampoco hay imágenes
para los los 62 millones de dólares para una
empresa estadunidense que va a
"reconstruir" el sistema educativo
iraquí
(www.transnational.org/pressinf/2003/pf182_BurgerStyleEducat.html).
34 En
people-press.org/reports/display.php3?ReportID=175,
datos distribuidos el 18 de marzo de 2003. El
margen de error varía de país a país entre 3
puntos y 5 puntos. Tómese, pues, con mucha
cautela.
35 El caso de España exigiría un
tratamiento particular pues parece mostrar que
los medios televisivos, muchos de ellos
controlados por el gobierno del Partido Popular,
no son omnipotentes. A pesar de las campañas de
estos medios a favor de la posición del
gobierno, apoyadas por algunas emisoras de radio
como la COPE y por algunos periódicos de
difusión en toda España (ABC, La Razón), la
opinión contraria a la guerra ha sido
mayoritaria a lo largo de todo el primer
cuatrimestre de 2003, incluyendo el 78 por ciento
que, después de la caída de Bagdad, la seguía
considerando como no justificada (El Mundo, 26 de
abril de 2003, encuesta realizada por Sigma2
entre el 22 y el 24 de abril). De todas formas,
la campaña emprendida por el Gobierno para
beneficiarse de la "victoria" sí que
era perceptible: los que pensaban que la guerra
no estaba justificada habían disminuido de un 85
por ciento en marzo a este 78 por ciento en abril
de 2003.
36 Bowers, Faye , "Driving forces in
war-wary nations. The stances of France, Germany,
Russia, and China are colored by economic and
national interests", The Christian Science
Monitor, 25 de febrero de 2003.
37 Krugman, Paul, "Behind the Great
Divide", The New York Times, 18 de febrero
de 2003.
38 Cita un libro muy interesante
(Alterman, Eric, What liberal media? The truth
about bias and the news, Nueva York, Basic Books,
2003) en el que se pretende desmontar el mito del
pretendido carácter "progresista"
("liberal" en inglés) de los medios
estadunidenses, en particular la prensa. Un
argumento utilizado consiste en hacer notar que
los periódicos conservadores sólo tienen
colaboradores conservadores mientras que los
periódicos "liberales", por aquello de
ser "equilibrados", incluyen a
conservadores y "liberales". La
denuncia de ese carácter "progresista"
sería un truco conservador para hacerlos
todavía más conservadores.
39 Krugman cuenta algunos detalles de la
cobertura dada por Fox y CNN a la gran
manifestación mundial del 15 de febrero que
hacen pensar que el "memorando" citado
más arriba no es apócrifo.
40 Harman, Danna, "World and America
watching different wars", The Christian
Science Monitor, 25 de marzo de 2003.
41 John Vinocour ("On television
news, war's first casuality comes into
focus", International Herald Tribune, 24 de
marzo de 2003) apuntaba que si la CNN y la BBC
tenían dificultades en proporcionar la verdad
(primera baja en toda guerra, según el tópico),
"peor lo tenían las televisiones francesa y
alemana al intentar apuntalar sus inclinaciones a
describir las cosas de forma que encajaran con la
insistencia de sus respectivos gobiernos en que
todo esto no podía terminar bien".
42 El artículo se refiere al hecho de que
en Marsella, el 30 por ciento de la población es
musulmana, pero olvida la presencia del Islam en
la sociedad estadunidenses, aunque puesta en
dificultades después del síndrome del 11-S.
43 Lo más parecido a un canal
"europeo" es Euronews. Un seguimiento
detallado de sus emisiones permitiría ver si,
realmente, existe una visión "europea"
o si, simplemente, se yuxtaponen las visiones
contradictorias de los gobiernos europeos
realmente existentes.
44 Riding, Alan, "In Europe, war
coverage is everywhere, all the time", The
New York Times, 23 de marzo de 2003.
45 Pero no tanto en la BBC. Greg Dyke, su
director general, afirmaba que "muchas de
las cadenas de Estados Unidos se han envuelto a
sí mismas con la bandera y han cambiado la
imparcialidad por el patriotismo". Como,
efectivamente, las cadenas más
"patrióticas", como la Fox News,
habían conseguido superar en audiencia a la CNN
-no por ello, "antipatriótica"-, Dyke
añadía que "las presiones comerciales
pueden tentar a algunos a seguir la fórmula de
Fox News de patriotismo belicoso, pero para la
BBC sería un error tremendo. Si perdemos la
confianza de nuestra audiencia, la BBC ya no
tendría sentido. Si Irak ha probado algo es que
la BBC no puede asumir la mezcla de periodismo y
patriotismo" (Walter Oppenheimer, "La
BBC critica la cobertura de la guerra de las
televisiones de EE UU por exceso de
patriotismo", El País, 26 de abril de
2003).
46 Como en todas las guerras, la
"guerra" mediática española tiende a
presentar la realidad en términos dicotómicos,
maniqueos y apocalípticos. La presentación que
se puede hacer desde la "coalición de los
voluntariosos" es la de resaltar el poder
del Grupo Prisa (el periódico El País, las
emisoras de radio en torno a la Ser, Canal + y
CNN+, televisiones locales, editoriales, y su
expansión no sólo hacia América Latina). Por
el contrario, los "otros" no estarían
tan de acuerdo con que Antena 3 y Telecinco son
"independientes" del gobierno y de sus
emisoras y tenderían a resaltar las semejanzas
de la información en todos esos canales. No hace
falta decir que ambas perspectivas contienen
numerosas inexactitudes, como las tenía la
visión dicotómica, maniquea y apocalíptica de
"sindicato del crimen" que daba Felipe
González, entonces presidente del Gobierno del
Partido Socialista, de los medios y periodistas
que le criticaban con más dureza y servían así
objetivamente a los intereses del Partido
Popular.
47 Es importante darse cuenta de las
enormes diferencias que separan unas situaciones
de otras para no caer en el error de aceptar
teorías sobre la información basadas sólo en
situaciones como la estadunidense. El mundo de la
comunicación es bastante más complejo.
48 Tortosa, José María, "Elementos
fascistas en el síndrome del 11 de
septiembre", Sistema, 167 (2002)
41-55.
49 LaFranchi, Howard y Nicole Gaouette,
"War within the war: shaping
perceptions", The Christian Science Monitor,
20 de marzo de 2003; Harman, Danna, "World
and America watching different wars", The
Christian Science Monitor, 23 de marzo de 2003.
Desde Jerusalem, los cuatro primeros días de las
nuevas hostilidades fueron vistas como victoria
de los aliados en el terreno militar y del
gobierno del Baaz en el terreno de la propaganda:
Schiff, Ze'ev, "How allies are winning on
ground, Iraqis on TV", Ha'aretz, 25 de marzo
de 2003. En el mismo sentido, el del déficit de
credibilidad de los aliados, y desde Inglaterra,
Whitaker, Brian, "Flags in the dust",
The Guardian, 24 de marzo de 2003.
50 Tal y como era previsible, las
operaciones militares oficiales consiguieron
abrir todavía más el foso entre amplios
sectores de la población árabe y la política
visible de los Estados Unidos. Véase Burston,
Bradley, "Bush the despised", Ha'aretz,
5 de mayo de 2003.
51 Quijano, Aníbal, "¿Entre la
Guerra Santa y la Cruzada?", Economía y
Política (Universidad de Cuenca, Ecuador) IV, 9
(2002) pág. 101.
52 Los aliados han usado ampliamente del
correo electrónico, de las llamadas a móviles y
del trabajo de piratas informáticos para
intentar controlar los servidores informáticos
iraquíes. Durante la guerra, no dejaba de ser
sintomático que la página gubernamental de la
Iraqi News Agency
(www.uruklink.net/iraqnews/eindex.htm) llevara,
mediante Iraq Satellite Channel, a propaganda
claramente antigubernamental infiltrada por
servicios de los Estados Unidos con toda
probabilidad. También fue sintomática, durante
las hostilidades directas, la dificultad para
conseguir la versión en inglés de Al Yazira,
probablemente obstaculizada por el mismo tipo de
servicios.
53 Montaner, Carlos Alberto,
"Periodistas derrotados en Iraq", El
Comercio (Quito), 14 de abril de 2003.
54 Richard, Trudie y Brent King,
"Alternative to the fighting frame in news
reporting", Canadian Journal of
Communication, XXV, 4 (2000).
* José
María Tortosa es
profesor de la Universidad de Alicante. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.
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