Una Al
Jazeera para Latinoamérica
Octavio Isaac Rojas
Orduña*
Desde
los atentados del 11 de Septiembre y aún más
durante la guerra en Irak, la televisión qatarí
Al Jazeera hizo patente la tremenda importancia
de ofrecer al mundo un punto de vista original de
los acontecimientos más trascendentes de la
historia reciente del mundo.
Las imágenes
retrasmitidas por las cámaras de Al Jazeera
mostraron toda la crudeza de la guerra, mientras
que las grandes cadenas estadunidenses, aduciendo
diversos motivos, ofrecieron una versión de
acuerdo a los lineamientos del Departamento de
Defensa estadunidense, que les
"sugirió", entre otras cosas, no pasar
al aire imágenes de soldados aliados hechos
prisioneros o muertos en combate.
Estas imágenes
habrían tenido una influencia muy importante en
la opinión pública estadunidense, único
contrapeso real al poder del gobierno de Bush
Jr., después del abrupto fracaso de la política
y la diplomacia en el seno de las Naciones
Unidas.
La
"regulación patriótica" o autocensura
de las grandes cadenas estadunidenses han llegado
a significar un laisser faire de los
grupos más duros del gobierno estadunidense
actual, cuya ofensiva bélica fue más
devastadora -en términos materiales- y cruel -en
términos humanos-, de lo que realmente se
mostró en las televisiones de muchos países del
mundo, incluyendo a muchos de Latinoamérica.
Cabe destacar
que una cantidad importante de las imágenes de
la guerra en Irak trasmitidas por las cadenas de
varios países de Latinoamérica fueron surtidas
por los corresponsales de las cadenas alineadas
con las sugerencias del gobierno estadunidense,
como Fox News, CNN o Sky TV, y en menor medida,
por medios más independientes o equilibrados
como la propia Al Jazeera o la BBC.
A lo que no se
opuso el Departamento de Defensa estadunidense
fue a que se trasmitieran imágenes de iraquíes
abatidos en combate, hechos prisioneros,
recibiendo con vítores a los soldados
estadounidense entrando en sus ciudades, como
bárbaros saqueadores o como seres hambrientos
que pelean ferozmente por un poco de comida.
Este doble
rasero a situaciones parecidas tiene una clara
intención propagandística: oponer la imagen de
la "barbarie iraquí" (y, por
extensión, árabe), frente a la
"civilización aliada" (eminentemente
estadunidense).
Al
Jazeera, "otra" visión del mundo
Si bien los
millones de árabes que viven en decenas de
países de Africa y Asia, tienen realidades
económicas, sociales y políticas distintas, sí
comparten algunas perspectivas comunes para
entender el mundo.
Estas
perspectivas comunes se basan en su experiencia
colonial, en su turbulenta historia reciente, en
el idioma -sobretodo en los países de Cercano
Oriente y algunos de Africa-, en su débil
experiencia democrática y en su fidelidad a una
religión milenaria. Quizás todo lo anterior
hubiera sido suficiente para dar como resultado
una "opinión pública árabe".
Pero no ha sido
sino hasta la irrupción de Al Jazeera en el
panorama audiovisual de la televisión por cable,
que muchos sociólogos, periodistas y políticos,
tanto dentro como fuera de los países árabes,
han comenzado a hablar de la formación de una
opinión pública común.
La
isla
Nacida en Qatar,
un pequeño país en el Golfo Pérsico con una
población de 600.000 personas -de los que sólo
100.000 son qataríes-, Al Jazeera (que en árabe
quiere decir "La isla") comenzó sus
trasmisiones gracias al apoyo financiero (130
millones de dólares) que facilitó el jeque
Hamad Bin Jalifa a un grupo de periodistas que
iban a crear una cadena de noticias en árabe con
el apoyo de la BBC y Arabia Saudita.1
El jeque Hamad
Bin Jalifa accedió al poder en 1995, tras
derrocar del trono a su padre. Decidió entonces
que iba a convertir a Qatar en un ejemplo
democrático para el resto de los países de la
zona.Para lograr este objetivo, concedió el voto
a las mujeres, convocó elecciones municipales e
impulsó la creación de Al Jazeera.2
Desde sus
comienzos, la cadena estableció una línea
editorial crítica con los regímenes de la
región de Oriente Próximo, pero también en
contra de los gobiernos de Israel y EE.UU.
Frente a los
medios oficiales de la mayoría de los países
árabes, que son meros altavoces de la propaganda
de sus regímenes, Al Jazeera muestra protestas
callejeras, dan noticias sin cortapisas sobre las
exiguas economías de la región, e,
incluso, algunos de sus presentadores
critican ferozmente y en su propia cara a
diplomáticos y políticos árabes.3
Esta posición
independiente y alternativa le ha ganado las
simpatías de millones de árabes abonados a este
canal de televisión por cable. Pero por lo
que la cadena qatarí se ha vuelto mundialmente
famosa ha sido por emitir la imagen de Osama Bin
Laden lanzando amenazas e insultos a los
estadunidenses, después de mostrar su
satisfacción por los atentados del 11 de
Septiembre, aunque el saudí nunca ha reconocido
la autoría intelectual de estos hechos.
Las cadenas de
televisión estadounidenses no retrasmitieron
todas las palabras de Bin Laden recogidas por Al
Jazeera, siguiendo una orden expresa de las
autoridades estadunidenses, las que aducían
motivos de "seguridad nacional",
ya que existía el temor de que el saudí pudiera
estar dando instrucciones a sus células
terroristas, supuestamente diseminadas por el
territorio estadunidense, que estarían a la
espera de recibir las indicaciones para cometer
más actos atroces.
A pesar de
recibir presiones continuas de muchos lados por
sus posiciones e independencia, Al Jazeera
mantiene una línea crítica que le ha ganado a
pulso su liderazgo como fuente de información y
como formador de opinión de los árabes y
musulmanes de todo el mundo.
Sin embargo, y
hay que aclararlo, Al Jazeera no es, ni mucho
menos, una cadena con total libertad de
expresión, como reconocen sus propios
colaboradores4 (el depuesto jeque
qatarí nunca ha aparecido en sus pantallas), ni
Qatar vive una democracia plena (Hamad Bin Jalifa
no ha sido elegido ni se someterá jamás a las
urnas).
Lo que esta
cadena árabe sí es, y se lo ha ganado superando
múltiples obstáculos, es una visión de y para
los árabes y musulmanes de todo el mundo.
No hay que
perder de vista que de Rabat a Teherán, la
población musulmana tiene cada vez mayor acceso
a los medios de comunicación de todo el mundo
gracias a las nuevas tecnologías. Además, miles
de ellos suspiran por la forma de vida europea y
estadounidense, y sus élites se forman en
prestigiosas universidades de países
occidentales.
Al Jazeera
hubiera sido inconcebible durante la primera
Guerra del Golfo. Si ha surgido ahora y ha
tenido tanto éxito se debe a la eclosión de
estas nuevas realidades, producto de un mundo
verdaderamente globalizado.
¿En
qué ventana se asoma Latinoamérica?
En
contraposición a lo que existe en otras regiones
del mundo, en Latinoamérica se percibe una
atomización de los medios, situación que no
permite configurar una visión común de la
región ni para consumo interno, menos para otros
países más lejanos.
Aunque en los
últimos años, las cadenas latinoestadunidenses
han acometido un esfuerzo exportador a EE.UU.,
Europa y Asia, su producto estrella, las
telenovelas, tiene como objetivo fundamental el
entretenimiento, sin ninguna otra aspiración.
Asimismo, si se
observa que el 70% de la programación de las
televisoras del sur del Río Bravo es de
factoría estadounidense,5 se puede entender la
limitada capacidad de la industria audiovisual
latinoestadunidense para desarrollarse aún
incluso dentro de sus fronteras, ya no digamos de
cara a intentar promoverse en los mercados de
otros países.
Aunque también
es cierto que esta situación no sólo tiene que
ver con la limitación de recursos económicos y
técnicos -las televisiones de países como
México, Brasil, Argentina y Venezuela, por citar
algunos, son ricas y modernas empresas-, sino con
que las grandes corporaciones estadunidenses
hayan impuesto un modelo de negocio en donde las
producciones locales no son prioritarias.
De hecho, este
modelo de gestión televisiva tiene sus raíces
en los años 30 del siglo pasado, producto de la
afiliación de las cadenas de radio
latinoestadunidenses a las estadunidenses
RCA-NBC, CBS y ABC, agrupadas en la Asociación
Interestadunidense de Radiodifusión.6
Como es sabido,
la televisión en Latinoamérica proviene, casi
como regla general, de la adaptación del nuevo
medio por parte de las cadenas de radio
establecidas y con los vínculos estadunidenses
ya citados. Como ejemplos podemos citar en
México, a XEW, actualmente Televisa; en Brasil,
a Red Globo, actualmente Globo, entre otros.7
Esto explica en
parte la dependencia de la industria audiovisual
latinoestadunidense a los contenidos extranjeros,
mayoritariamente estadunidenses.
Medios
¿entre quiénes?
Uno de los
resultados más sintomáticos de la situación
antes descrita es el poco conocimiento que tienen
poblaciones vecinas de Latinoamérica, las que,
en cambio, miran en conjunto hacia el norte del
Río Bravo.
Es poco lo que
conoce un ciudadano medio del estado mexicano de
Baja Californa sobre uno de Santiago de Chile.
Una persona de Salvador de Bahía, en Brasil,
podrá decir poco de cómo vive alguien de
Antigua, Guatemala.
Si bien estoy
generalizando, lo cierto es que los
latinoestadunidenses seguimos siendo unos
extraños entre nosotros mismos, pese a compartir
una lengua y una historia comunes. En este
sentido, ha sido más bien poco lo que han
aportado los medios para un mayor conocimiento
entre pueblos y nada en lo que se refiere a una
hipotética integración de la región.
A pesar de que
han habido intentos más o menos serios para
buscar la integración de algunas regiones dentro
de Latinoamérica (el grupo Contadora, las
recientes cumbres hispanoestadunidenses,
Mercosur, etc.), sigue existiendo un profundo
desconocimiento de la realidad social, política
y económica entre las poblaciones del
subcontinente.
La voluntad
política no se ha traducido aún en realidades
tangibles y concretas desde en el terreno de la
comunicación. No existe ningún medio que
irradie al mundo una visión común sobre algún
tema de interés común de los países de la
región.
Existen
posiciones comunes en las que coinciden los
gobiernos latinoestadunidenses, como la necesidad
de una mayor apertura comercial de los mercados
agrícolas europeos y estadunidenses a los
productos de la región; la importancia de
combatir el narcotráfico conjuntamente con las
naciones consumidoras, evitando culpar de esta
lacra sólo a los países productores; las
oportunidades y ventajas de la democracia como
marco para lograr avances económicos y sociales
en un marco de paz; la importancia de combatir el
racismo y la xenofobia; la necesidad de mantener
los rasgos de identidad nacionales frente a la
invasión de valores extranjeros, entre otras
muchas coincidencias.
La información
de los países latinoestadunidenses que muy
raramente se difunde en las televisiones del
mundo, aún en las de los países vecinos, se
refieren a desastres naturales, desórdenes
públicos o notas de color sobre el folklore de
la región y hermosos sitios para visitar en las
próximas vacaciones.
Como señala
Ignacio Ramonet: "en nuestro sistema
comunicacional, el sur es un infierno o un
paraíso, pero jamás un espacio normal, con
pueblos normales".8
La creación de
medios, especialmente televisivos y de alcance
planetario gracias a las nuevas tecnologías, que
pudieran difundir de manera atractiva y eficaz
una realidad distinta a la que están
acostumbrados los espectadores de otras regiones
del mundo, sería el pilar del cambio de
percepción de una región y, para los
latinoestadunidenses, vendría a convertirse en
un elemento que ayudaría a concretar una
verdadera integración.
Antecedentes
Quizás mucha
gente recuerde que varias cadenas
latinoestadunidenses ofrecen o lo hicieron en su
momento, un canal de 24 horas de noticias, a
imagen y semejanza de la CNN o queriendo adaptar
el concepto europeo de la Deutsche Welle alemana
con noticias y programas especiales sobre temas
de actualidad, por ejemplo.
Pues bien, el
gran salto a la relevancia internacional es una
de las cuentas pendientes de estas cadenas.
Para ello,
debería revisarse su capacidad real de
establecer un discurso independiente y
alternativo a las poderosas cadenas, objetivo
inalcanzable si se continúa con la misma forma
de obtener información: a través de un puñado
de agencias de noticias que tienen prioridades
distintas a las de los países
latinoestadunidenses.
Por lo que
parece, de manera independiente y desde una
visión puramente empresarial, sería difícil
levantar una cadena de televisión con una
intención más atenta a objetivos no
comerciales.
Si pusiéramos
un ejemplo que podría tenerse en cuenta, lo
encontraríamos en la Unión Europea, donde se
intenta promover un mayor conocimiento de los
pueblos que la integran, desde perspectivas
políticas, sociales, culturales y económicas, a
través de programas co-financiados por
organismos europeos conjuntamente con cadenas
privadas o estatales.
Aunque para el
ciudadano medio de la UE persiste un gran
desconocimiento de las instituciones europeas y
la labor de sus miembros, de las políticas
implementadas y la relación con su vida real, de
los países de las próximas ampliaciones y las
implicaciones que su adhesión conllevará para
los países ya integrados, lo que sí se ha
logrado -y en esto los medios han tenido un papel
fundamental- es en impregnar el concepto de
"Europa" como espacio real, sustentado
por la moneda única, la apertura de fronteras,
el intercambio comercial, y como espacio
imaginario, basado en principios y una historia
comunes.
Como se puede
deducir, la iniciativa de crear una televisión
latinoestadunidense con alcance global debe
partir desde los gobiernos e instituciones
multinacionales, cuyo compromiso deberá ser, no
sólo económico, sino sobretodo político.
¿Al-jazeera
latinoestadunidense?
A diferencia de
la cadena qatarí, la cadena de televisión que
se propone constituir para difundir una visión
latinoestadunidense del mundo tendría que
entenderse como un proyecto a largo aliento,
apoyado por los gobiernos de la zona, pero
liderado por reconocidos periodistas
independientes, sin ningún tipo de cortapisa
determinado por temas políticos, sociales,
culturales, religiosos o de raza.
Al igual que la
cadena qatarí, la cadena propuesta debe tener un
alcance mundial y un despliegue de recursos lo
suficientemente amplio como para convertirse en
un medio relevante en la escena internacional,
necesario para que los ciudadanos de estos
países se enteren de lo que sucede en la región
y en el globo, indispensable para conocer la
postura de los gobiernos latinoestadunidenses
frente a los acontecimientos que ocupan a la
humanidad.
Más allá que
la cadena con sede en Doha, la televisora
debería aspirar a reflejar la normalidad
democrática de los países de la zona, lo que
podría redundar en aumentar la conciencia
política de los ciudadanos del entorno y de paso
fortalecer su compromiso con lo
público. Esto redundaría en una mayor
legitimidad de los gobiernos emanados de las
urnas y ayudaría a otorgar más gobernabilidad.
La cadena
latinoestadunidense sería un paso más allá en
el aprovechamiento de los medios de comunicación
para mejorar la imagen de los países en
audiencias clave, como en futuros turistas,
posibles inversores, empresarios locales que
quieren extender sus negocios a otras naciones de
su entorno, entre otros.
Varios gobiernos
latinoestadunidenses han lanzado ambiciosas
campañas de medios y relaciones públicas en
países clave para cambiar la percepción que se
tiene de ellos en el exterior. Es decir, la
creación de una cadena de estas características
sería un paso más en el camino correcto.
Además, se
tendría que pensar en posibles ventajas como el
abaratamiento de costes, la creación una
plataforma de comunicación más cercana a los
intereses de los países que la promueven y un
tratamiento de la información normalizada, sin
los excesos con los que se presenta actualmente
la realidad de Latinoamérica.
Si Al-Jazeera ha
significado el germen de una "opinión
pública árabe", una aspiración de igual
importancia no sería descartable para la cadena
que se pudiera crear, sino que sería deseable y
se convertiría en un objetivo claro para el que
se tendría que trabajar intensamente.
El nuevo siglo
entraña retos de muy diverso tipo. Uno de
los más importantes para Latinoamérica es, sin
lugar a dudas, la capacidad de lanzar mensajes
positivos y coherentes de manera continua e
independiente a un mundo dominado por la
comunicación de una sóla fuente, que cada vez
da menos espacio para el disentimiento y el
intercambio de puntos de vista, que cada vez más
busca la adhesión acrítica de posturas de muy
dudosa viabilidad democrática y legal.
Frente a la
industria de manipulación ideológica más
importante y efectiva que la humanidad haya
conocido jamás, la creación de una cadena
latinoestadunidense independiente debe ser, más
que un sueño guajiro, una cuestión central que
implique cuanto antes a los países desde sus
representantes de más alto nivel.
Si los
latinoestadunidenses no somos protagonistas de la
historia, alguien determinará nuestro propio
destino. Si esto no se entiende ahora, será muy
difícil cambiarlo mañana.
_____
Notas:
1 Valenzuela, Javier. "Al
Yazira Conexión con la guerra". El
País Semanal. El País. 6 de Abril de
2003. P. 50-58
2 Valenzuela, Javier. P. 50-58
3 Jauvert, Vicente. "Los dos
frentes de la noticia". El Semanal. ABC. 30
de Marzo de 2003. P. 18-26
4 Jauvert, Vicente. P. 18-26
5 Atiénzar, María José. "La
sociedad civil se expresa en las
ondas". Portal Solidarios para el
Desarrollo. 3 de mayo de 2003.
http://www.ucm.es/info/solidarios/ccs/inicio.htm
6 Fernández, Fátima. "Algo más
sobre los orígenes de televisión
Latinoestadunidense". Portal FELAFACS. 11 de
mayo de 2003.
www.felafacs.org/dialogos/pdf18/fernandez.pdf
7 Fernández, Fátima. Portal Felafacs.
8 Ramonet, Ignacio. La tiranía de la
comunicación. El papel actual de la
comunicación. Editorial Debate. Barcelona,
España. 1998. P. 105
* Octavio
Isaac Rojas Orduña es
máster en Comunicación Corporativa y
Publicitaria, especialista en Comunicación y
Gestión Política, ambos de la Universidad Complutense
de Madrid,
y licenciado en Ciencias de la
Comunicación, por la Universidad del Valle de
México. Además, es
guionista de radio y ha colaborado en diversos
medios de México, Argentina, Brasil y España.
Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.
|