Los
periodistas necesitan acceso a la guerra
Kavi
Chongkittavorn *
El
periodismo es una profesión endemoniada,
digan o no los periodistas la verdad sobre
las cosas. En tiempos de guerra, la verdad
adopta diferentes facetas, según el acceso
que se tenga a la información.
El
periodismo es una profesión endemoniada, digan o
no los periodistas la verdad sobre las cosas. En
tiempos de guerra, la verdad adopta diferentes
facetas, según el acceso que se tenga a la
información.
En el caso de la
guerra en Irak, existen cuatro diferentes tipos
de reportaje. Gracias a su acceso directo a los
campos de batalla, los periodistas que acompañan
a las fuerzas de la coalición pueden hacer
reportajes inmediatos como testigos oculares.
Luego se encuentran los grupos más reducidos de
periodistas que envían noticias directamente
desde detrás de las líneas enemigas en y
alrededor de Bagdad a medida que avanzan las
tropas norteamericanas. Fuera de la zona de
conflicto, hay miles de periodistas en centros de
comando americanos, incluidos los reporteros en
zonas específicas y corresponsales extranjeros
en los Estados Unidos y en el Reino Unido que
siguen los últimos acontecimientos.
Más allá del
Medio Oriente, de los Estados Unidos y del Reino
Unido, existen grupos aún más numerosos de
periodistas y directores periodísticos en
rincones remotos del planeta que imparten
noticias de la guerra sobre la base de
información obtenida a partir de agencias
noticiosas del mundo occidental y de otras
fuentes de información agrupadas o individuales.
Al igual que sus colegas en los campos de
batalla, intentan comprender el sentido de los
sucesos cotidianos sentados detrás de sus
escritorios.
Normalmente, los
periodistas de países en desarrollo no tienen
mucho acceso a información sobre la guerra,
especialmente cuando participan en ella grandes
potencias. En la historia moderna, la cobertura
de las guerras ha sido dominada por periodistas
occidentales. En el caso de la guerra en Irak, la
mayoría de los periodistas proceden de países
que forman parte de la coalición. No es de
extrañar que la mayoría de los comunicados de
prensa provengan principalmente de fuentes
occidentales, particularmente de los canales
informativos CNN y BBC, que funcionan las 24
horas y son accesibles en todas partes. En Asia,
otros canales informativos como Al Jazeera que
ofrecen el punto de vista de los árabes y el
nuevo canal en Singapur, Channel News Asia,
destinado a oyentes asiáticos, son útiles pero
de alcance restringido en cuanto al público.
Frente a estas
limitaciones, los medios informativos en los
países en desarrollo deben seleccionar las
noticias cuidadosamente para reflejar la
diversidad de opiniones y de informaciones
disponibles. Los directores en diferentes
posiciones deben aguzar su percepción porque la
información a la que tienen acceso proviene de
diversas partes del mundo. Lo que aparece en los
diarios al día siguiente está condicionado por
los criterios de selección.
En este caso, la
información ha sido a veces distorsionada y
mutilada para adaptarse a determinadas políticas
editoriales y a públicos locales, o a opiniones
tendenciosas del periodista sobre la guerra en
Irak. No es aquí cuestión de patriotismo, dado
que no son las tropas de sus países las que
intervienen en la guerra. No se trata de una
extensión de la guerra.
Pero para los
cientos de periodistas que están cubriendo las
actualidades en la primera línea en Irak, la
situación no es la misma. Allí se trata en
efecto de una extensión de la guerra. Estos
corresponsales de guerra cargan con una gran
responsabilidad, en primer lugar ante las
unidades que acompañan y luego ante sus
lectores. Los conocimientos y las informaciones
exclusivas que poseen de dichas unidades son
asunto de vida o muerte. No están combatiendo en
la guerra, pero sí obteniendo información sobre
ella. Su presencia como acompañantes de las
unidades está autorizada siempre que, en caso
necesario, sus informes sean inspeccionados por
el comandante de la unidad. La autocensura se
convierte en algo automático.
Pocos
corresponsales dentro de Bagdad han llevado a
cabo una labor ejemplar, habida cuenta de su
excepcional cercanía a los combates callejeros
detrás de la línea de combate. En algunos
casos, los reportajes eran incompletos, cuando no
incoherentes. Pero al completarlos con otros
reportajes, los observadores podían forjarse una
imagen general del estado de la guerra.
Los periodistas
en ambas situaciones se ven ante una disyuntiva
similar en cuanto al acceso a la guerra. Tanto
los que se hallan en la primera línea como los
que están detrás de sus escritorios exigen un
acceso total a la información para poder
formarse una opinión y transmitir informaciones
sobre esta base. Al hacerlo, deben seleccionar
las noticias que consideran más adecuadas en
determinado momento. Dado el amplio espectro de
informaciones y puntos de vista, sus versiones no
pueden representar más que un aspecto de los
tremendos sucesos que sacuden a Irak.
La guerra en
Irak constituye una situación única para que
los periodistas actúen como testigos oculares.
Al estar ubicados en distintos puntos de
observación, sus relatos presenciales se
consideran como testimonios, especialmente cuando
son testigos directos del desarrollo de los
acontecimientos. Con las transmisiones vía
satélite y los videófonos, hacen penetrar la
guerra en los hogares del público.
Tanto en los
reportajes de la guerra en primera línea como en
los que llegan a los periodistas en salas de
redacción climatizadas, se requiere sentido
común e imparcialidad. De lo contrario, las
limitaciones humanas impedirán captar la
realidad de la guerra.
* Kavi Chongkittavorn es director
adjunto del grupo Nation Multimedia en Bangkok, Tailandia, y
miembro del cuerpo docente Niemann de la Universidad de Harvard. Es también
actual presidente de la Southeast Asian Press
Alliance, una alianza regional de
organizaciones pro libertad de prensa. © 2003
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