Septiembre
negro e Irak:
Dios ha sido enviado al exilio
Nelson
González Leal *
Dios
no está muerto, ni anda de parranda, en realidad
ha sido suplantado y enviado al exilio. El que
hoy ocupa su lugar se llama Dinero, y ya desde el
siglo XIX esos híbridos sociales entre el avaro
tradicional y el especulador contemporáneo,
llamados burgueses en la Francia de la época, lo
habían expresado en palabras del tío Grandet,
bien seguidas por todos los Goriot y los Du
Bousquier contemporáneos a éste, y por quienes
en la actualidad emulan sus actitudes sin mucha
conciencia de ello: "El único Dios moderno
en el que se tiene fe es el Dinero
Omnipotente"[1]1.
De tal manera lo
dicta la razón burguesa, vacía de intelecto, si
acordamos que hoy decir burgués es lo mismo que
decir aquel que detenta el poder económico, el
que acumula en sus arcas los querubines del Dios
moderno y el único que puede asistir sin
penurias ni temores a cualquiera de sus
múltiples y siempre indistintas moradas: los
Bancos.
Pero, si quienes
detentan el poder económico (y se han valido de
ello para condicionar al político, emplean una
razón vacía de intelecto, por determinista,
simplemente objetual, decididamente lógica y
matemática, acumulativa y mercantilista) han
conducido al mundo y a la humanidad hacia un
momento moderno caracterizado por la
fragmentación de la conciencia colectiva e
individual, por la quiebra del espíritu crítico
y por la entronización de modelos
éticoculturales llenos de falsedad y
olvido, no puede asegurarse, sin riesgo de
equívoco, que hallan acabado con el carácter
espiritual de la sociedad contemporánea, pues a
la luz de lo antes dicho no cabe duda de que lo
acontecido no es más que un cambio de edictos
morales, apoyado sobre la base indicada: Nuestro
antiguo Dios espiritual ha sido suplantado
es obvio que no es una simple variación de
nombre y en la actualidad cualquiera puede
encontrarlo en su reino moderno sentado en un
gran trono, a cuya diestra está el Banco, que es
hoy su casa, y a cuya siniestra se ubica el
Mercado, ese templo neomoderno donde los
feligreses acuden para alabarlo con regateos de
compra y venta.
Es cierto,
contrario a lo que pueda pensarse, la modernidad
y más aún la modernidad mediática, a la
que he llamado en otra ocasión
neomodernidad no redujo la condición
humana al mero ejercicio técnico de la razón
una racionalidad objetual y objetivante,
cuyo fin es el ordenamiento del mundo según las
hipótesis, teorías y prácticas que mejor
encuadran a quienes tienen la posibilidad de
ordenar, sino que mantuvo y ha
propiciado el cultivo y desarrollo de otras
condiciones no menos importantes para el
ordenamiento mundial y, sobre todo, para la
simbolización del estamento que establece el
orden. Estas condiciones son el alma, como campo
de cultivo de la psique sentimental, y el cuerpo,
como templo de adoración de las apariencias
contingentes y de lo material[2].2
De esta manera
y sólo de esta manera, aquel que
detenta el poder ha permitido que se mantengan a
la vista y en ejercicio las condiciones
espiritual y material del ser humano; alejadas,
eso sí, del uso del intelecto, que ha de
constituirse, por su capacidad intuitiva, por su
condición contemplativa y por su potencia
creativa, en el mejor instrumento humano para
captar el significado exacto de todos los cambios
tramados en la realidad[3].3
La razón,
abandonada a sí misma como mera técnica está,
según lo denuncia el escritor italiano Elémire
Zolla, "siempre al servicio de los poderosos
y de su concepto de utilidad social, así que
ellos seducen fácilmente a la psique", o al
componente emotivo y sentimental del ser humano,
después bastante después, de
haberlo extrañado en la contingencia material de
su apariencia. Tal como acaba de suceder con la
razón esgrimida por el gobierno estadunidense
para ajustar una vez más el orden de la
realidad.
¿Y cuál fue el
elemento objetual justificante de esta razón?
Pues se formuló, tomo cuerpo, se hizo objeto y
materia aquel septiembre negro en que se
derrumbaron las torres gemelas del World Trade
Center, cuando todos los estadunidenses y el
mundo presenciaron cómo se golpeaba al Dios
moderno y a sus símbolos sagrados, y con ello se
ofendía al mundo civilizado, a la libertad, a la
democracia, al orden mundial establecido y
sostenido sobre la base de la razón occidental
capitalista, objetual y objetivante, lógica y
matemática, acumulativa y mercantilista, a la
cual todos debemos sumarnos si no queremos
perecer bajo la mirada indiferente de los
sacerdotes de su templo, o peor aún, si no
deseamos que se nos convoque para informarnos que
nuestras deudas han de ser eternas.
A
la luz de la psique hollywoodense
El atentado
contra los Estados Unidos dijo en aquel
entonces su presidente, aunque debió ser más
preciso y decir: contra los símbolos del poder
económico y militar que en el mundo ejerce
Estados Unidos. Pero, entendamos que llegar a
este argumento es nuestra responsabilidad, que
sí empleamos el intelecto, ¿o me
equivoco?. Sentenció, entonces, George W.
Bush que el ataque contra Estados Unidos era una
acción contra el mundo civilizado y
democrático, y, además empleando una
razón tan artificiosa, incongruente y perversa,
como la que puede esgrimirse para justificar la
voladura del World Trade Center o de cualquiera
otra acción similar agregó que las causas
de tal acción debían ubicarse en el odio que el
enemigo cultiva y fomenta hacia el modo de vida
estadunidense. De ello, si empleamos la razón
lógica matemática así, abandonada a sí
misma deduciremos que el modo de vida
estadunidense es el modelo perfecto de
civilización y democracia, tal como 2 más 2 son
4, y por ello se justifica que sea el paraíso
del Dios moderno o la sede de su templo
mayor quien tiene la absoluta potestad de
decidir sobre lo que conviene o no a ese mundo
civilizado que representa y rige.
Sin embargo,
nosotros, que sí empleamos la luz de la razón;
es decir, que sí procuramos iluminar nuestro
pensamiento con la intuición y el sentido
crítico ¿o me equivoco?, no nos
conformamos con observar los hechos y dejar que
la psique sentimental anegue nuestra capacidad
racional y nos ahogue en un mar de lágrimas,
para concluir armándonos una película
hollywoodense en la cabeza, llena de decentes y
buenmozotes héroes gringos y malditos
sanababiches terroristas árabes, chinos mafiosos
y fokinyues y latinos narcotraficantes. No,
nosotros vamos más allá de la contingencia y
nos dedicamos a contemplar los hechos sin
extrañarlos de su contexto histórico ni de sus
posibles consecuencias, y por ello somos capaces
de entender la postura de ese mediajoker
neoyorkino llamado Joy Skaggs, afianzada en esta
frase: "Los medios de comunicación y las
personas en general olvidan que la historia es
más importante que la verdad"[4].4
La
verdad histórica de Joy Skaggs
¿Y quién es
Joy Skaggs?, se preguntarán ustedes. Pues se
trata de un neoyorkino que ha pasado su vida
demostrando cómo los medios de comunicación
social estadunidenses hacen un uso indiferenciado
y manipulador de la verdad histórica, sujetos
exclusivamente al interés o beneficio económico
que cualquier hecho puede devengarles. Su última
jugada hasta donde tengo información
la realizó el 29 de noviembre de 1995, ante las
cámaras y los micrófonos de CNN. Skaggs
inventó un proyecto científico totalmente
ficticio que denominó Proyecto Salomón,
cuyo objetivo era desarrollar un supercomputador
analítico, capaz de determinar de manera
infalible, luego de haberle suministrado todas
las pruebas de un juicio, la culpabilidad o
inocencia del acusado. Para demostrarlo informó
a CNN, tomando la identidad de un profesor de la
Escuela de Leyes de San Francisco, que harían
una prueba con el caso de O. J. Simpson. La
prueba se hizo y determinó la absoluta
culpabilidad del acusado. Por supuesto, Skaggs y
su equipo de colaboradores, entre los que se
encontraban algunos técnicos en computación,
programaron el ordenador para que, de forma
lógica, arrojara el resultado descrito. CNN,
ante la primicia del nuevo e infalible veredicto,
demostrado por el Proyecto Salomón, se apresuró
a lanzar la noticia al aire. Al día siguiente
Joy Skaggs revelaría al mundo, a través del New
York Times, todo su juego.
La verdad
histórica de Joy Skaggs demostró que muy pocos
medios masivos estadunidenses y esto es
así en casi todo el mundo se aplican a
investigar los antecedentes de los datos que
reciben y se apresuran a lanzar al aire un
acontecimiento por el simple hecho de que pueda
resultar impactante y, por ello, beneficioso para
la cobertura de su rating. En la cobertura de los
hechos de la voladura del World Trade Center y el
atentado contra el Pentágono, como en la de los
hechos bélicos recientes y calientitos, la
guerra en Irak, CNN no ha actuado de manera
distinta. Ni ellos, ni el presidente George W.
Bush, quien se comporta, en este caso, como un
Joy Skaggs.
Mitos
estratagémicos
Lo cierto es
que, si aplicamos el intelecto, es decir, si nos
detenemos a contemplar los hechos, su forma, su
contenido y su magnitud, por fuerza racional
tenemos que llegar a intuir que las causas de
estos acontecimientos concatenados no pueden ser
tan simplonas como el hecho de que los atacantes
de los símbolos del poder estadunidense
estuvieron motivados por el odio a su sistema de
vida, como tampoco el de que Saddam Hussein
represente un peligro letal para el mundo
civilizado. Sospecho que en el caso de Irak
sucede algo similar al de los japoneses poco
antes del lanzamiento de Little Boy sobre
Hiroshima: su poder bélico era un mito, y ya
para 1945 estaban pensando en negociar una
rendición honorable. Así lo revela, por
ejemplo, el mensaje interceptado por la
inteligencia estadunidense el 13 de julio
tres semanas antes del fatídico vuelo del
Enola Gay, enviado por el ministro de
Exteriores japonés a su embajador en Moscú:
Su majestad el emperador, consciente de que
la actual guerra trae cada día peores males y
sacrificios a los pueblos de las potencias
beligerantes, desea de todo corazón que sea
rápidamente terminada[5]. 5 Claro, los
estadunidenses, con su lógica objetual,
determinaron que la mejor manera de cumplir los
deseos de su adversario era mediante el
exterminio de 150 mil civiles, y lanzaron la
bomba.
Hay dos
paralelismos significativos en estos hechos
históricos, que revelan el carácter
estratagémico del gobierno estadunidense: el
primero: la inteligencia militar y Harry S.
Truman mantuvieron en secreto el mensaje del
ministro japonés; el segundo: la justificación
para el lanzamiento de la bomba fue la de que
respondía a la necesidad de salvar vidas
estadunidenses. Pues bien, ya sabemos qué pasó
con lo primero y podemos relacionarlo con la
información de que pocos días antes del ataque
terrorista al World Trade Center, el FBI había
interceptado comunicaciones de los ejecutores del
atentado y se las había guardado en el bolsillo
del pantalón. Con lo segundo, se revela una
machacada ortodoxia gringa que no sé muy
bien si es indicativo de falta de creatividad o
de absoluto e indolente descaro: frente al
poder béliconuclear acumulado por el
mandatario norcoreano Kim Jong Il, quien,
además, se ha dado el lujo de desafiar a Bush,
las milicias de Husseim me recuerdan a esos
soldaditos de plástico con los que jugaba de
niño. En consecuencia, ¿quién representa en
verdad una amenaza para la estabilidad mundial?
Aquí sucede lo mismo que con los japoneses en
1945, se trata de una estrategia de disuasión
geopolítica que le permitirá a los Estados
Unidos dictar nuevamente los términos de la
política mundial y recuperar su estabilidad
económica, dado que su fuerte presencia militar
le asegurará la mejor tajada en la repartición
del petróleo irakí.
Para
librar a Dios del Exilio
Si los europeos
se opusieron al inicio de la guerra contra Irak
(a excepción de España y los padres de la
patria estadunidense, por supuesto) y propusieron
soluciones por vías diplomáticas y, sobre todo,
declararon (timoratamente, es cierto) que no
avalarían una invasión que pasara por bolas al
Consejo de Seguridad de la ONU (que igual lo
pasaron por bolas los gringos), no es en realidad
porque estén dando muestras del resurgimiento de
un carácter espiritual que conmueve su ánimo y
los lleva a preocuparse por los miles de muertos
civiles que arrojó la guerra como saldo (amén
de los otros tantos militares, por los que ni se
preocupan, dado que dentro del razonamiento
determinista, simplemente objetual, decididamente
lógico y matemático, acumulativo y
mercantilista, que ha consecuenciado la
fragmentación de su conciencia colectiva e
individual, un soldado está allí para eso, para
morir por la defensa de su patria sin
importar en qué patria esté, de sus
coterráneos sin importar de qué calaña
sean y, más recientemente, de la
democracia sin importar qué personaje la
sustente. Eso es así como que 2 más 2 da 4.)
No, la verdadera
razón de los mandatarios europeos opuestos a la
guerra en Irak (sin desmerecer alguna que otra
posibilidad emocional), es de carácter
geopolítico y económico. La Unión Europea se
preocupa porque su mercado es mucho más abierto
que el estadunidense, por lo que resulta mucho
más sensible a las fluctuaciones económicas
globales y teme que la guerra deprima el mercado
y, sobre todo, la inversión. Por otro lado,
está el asunto del petróleo y sus precios, así
como la ya descrita posibilidad de que los
gringos se enfaltriquen todos los pozos irakíes.
Otros argumentos
deslindantes de las reales razones estadunidenses
para desplazar todo su poderío bélico hacia el
mundo musulmán son concluyentes para esa
lúcida razón que nosotros sí tenemos, ¿o no?
En el caso de los atentados del 11 de septiembre
hecho que origina el principio de todo este
berenjenal, si observamos lo focalizado que
estuvieron los ataques, y que han estado a lo
largo de los enfrentamientos entre facciones
musulmanas fundamentalistas y el poder
absolutista estadunidense, entendemos que este es
un asunto entre ambos, que nos afecta, sin duda,
por la tristemente célebre dependencia
económica y éticocultural que nuestros
pueblos mantienen con el gran hermano del
norte. En consecuencia, ha de comprenderse
porque resulta tan vital la ruptura con esta
dependencia. No con el gobierno ni el pueblo
estadunidense, con quienes estamos obligados a
sostener vínculos de amistad, de cooperación
cultural, política y comercial, por razones
obvias, sino con el sistema de dependencia
políticoeconómico que el Mercado
estadunidense ha impuesto en el mundo y, en
especial, en el nuestro, que sigue siendo tercio
y subdesarrollado, según el perfecto modelo
civilizatorio de los estadounidenses.
Dejar de lado la
historia, y el intelecto que puede revisarla y
comprenderla desde una subjetividad razonable,
nos lleva a cometer desatinos como el del primer
ministro italiano Silvio Berlusconi, que se
atrevió a decir que la civilización occidental
siempre había sido superior a la oriental; o
arbitrariedades tan propias del absolutismo, o de
cualquier fundamentalismo, como la que cometen el
presidente George W. Bush y sus secuaces del
antiguo Comando Dormido (Rumsfeld, Cheney,
Wolfowitz, Perle, Abrams, Khalilzad, Lobby, Rice
y el negrito exmilitar de espejuelos cuyo nombre
nunca puedo recordar)[6] 6 al querer dividir el
mundo, de una manera tan peligrosamente maniquea
aunque conveniente, como siempre, a sus
intereses de estado, en amigos o enemigos
de los Estados Unidos y, en función de ello y de
una supuesta defensa de la democracia y la
libertad mundial, iniciar una campaña bélica
hacia oriente medio aquí imagino la
ladeada sonrisita de Kim Jong Il, quien sabe
perfectamente que el objetivo real es el de
ejercer el liderazgo necesario para establecer y
proteger un nuevo orden que logre disuadir a los
competidores potenciales de que no deben aspirar
a un papel más importante.
Con esta
posición George W. Bush demuestra que posee
escaso intelecto, aunque responde, desde la
lógica objetual, a esa consideración que hace
de él Condoleezza Rice: es un tipo inteligente,
como inteligente es cualquiera que razone y
comprenda desde un ángulo contrario a la
potencia cognoscitiva racional del alma humana
(así, como lo hacía Truman, o como lo hizo el
coronel Paul W. Tibbets, encargado de arrojar a
Little Boy sobre Hiroshima). Lo cierto es que su
razón, vacía de promesas y oportunidades para
un mundo realmente armónico, no es otra que esa
que se limita a sumar 2 más 2 y que, aunque
efectivamente da 4, no nos sirve de mucho para
librar a Dios de su injusto exilio.
_____
Notas:
1 El tío Grandet, en Madame
Bovary, de Honorato de Balzac.
2 Sigo una clasificación propuesta por el
escritor italiano Elémire Zolla.
3 Que era, según John Doss Passos en Paralelo
42, el anhelo de todo periodista.
4 Ahora no recuerdo bien dónde lo dijo Skaggs,
pero lo dijo.
5 En un artículo del Nº 45 de la revista
colombiana El malpensante, firmado por Juan
Gabriel Vásquez.
6 Según datos aportados por el escritor y
periodista estadunidense Eliot Weinberger a la
revista colombiana El malpensante, en su
artículo titulado Nueva York, 16 meses después,
del nº 44.
*Nelson
González Leal es
columnista del semanario político El Clarín (Cumaná, Edo. Sucre) y corresponsal en
el Estado Zulia de un semanario de sucesos
capitalino. Dirige y edita la revista
electrónica de periodismo, arte y literatura El Asombro Inútil. Se ha desempeñado, además, como
Subdirector de Literatura del Consejo Nacional de la
Cultura de Venezuela y como
Coordinador General de la Fundación de Estudios
Políticos "Luis Gómez". Es colaborador de Sala de Prensa.
|