Reflexiones
sobre el concepto "telemática"
El periódico ya era
electrónico
antes de Internet
José
Manuel de Pablos Coello y Concha Mateos Martín *
El trabajo
que presentamos hoy pretende ser útil,
además de analítico.1
El componente analítico lo aportamos los
autores, mediante los contenidos que les
presentamos. El análisis es, por tanto,
responsabilidad nuestra. La utilidad
será responsabilidad de los lectores de
Sala de Prensa. Éste es el convenio que
les ofrecemos. Y que les vamos a exponer
a continuación. Es
negociable, claro. Pero,
sólo en parte. En todo caso, las fuerzas
de la negociación serán siempre las
razones del lenguaje; y de su valor
humanístico como espacio de cohesión
social y como instrumento de producción
de cultura.
Nuestro
análisis desmitifica el concepto
"electrónico" por varias razones: se
está produciendo un uso inadecuado, impreciso,
del término "electrónico" en muchos
entornos, y ese uso impreciso está
desculturizando el discurso público. Vemos
cómo, con notable inconsciencia y de forma muy
frecuente, se habla de "periódico
electrónico" para referirse a algo que no
es periódico (o debe dejar de serlo) ni es
electrónica su máxima relevancia tecnológica.
El entorno
comunicativo en el que nos movemos actualmente
está plagado de malos entendidos y acepciones
expresadas con demasiadas incorrecciones. Los
intercambios de información son muy frecuentes,
en muchas direcciones, muy rápidos y fluyen de
forma muy democrática, poco jerarquizada,
plural, popular, masiva y, hasta cierto punto,
libre.
Esto está muy
bien. Lo celebramos y lo defendemos. Pero esta
promiscuidad informativa magnifica también las
consecuencias de cualquier gripe terminológica.
Cuanto mayor número de contactos, más rápidos
y en más direcciones, más se extiende la
epidemia.
Términos como
"prensa impresa", "prensa on
line" o "periódico electrónico"
se distorsionan en el uso y esta falta de rigor
es un asunto exquisito, muy oportuno, para tratar
en un foro académico-profesional, como el que
día a día se origina en Sala de Prensa.
El lenguaje,
entre otras funciones, nos sirve para:
- ordenar
nuestra percepción del mundo, del
universo, de los objetos, e
- intercambiar
información.
Por tanto, nos
ayuda a entender (estructura nuestro
conocimiento) y nos permite comunicarnos (sirve
de instrumento de contacto).
Utilidades
que nos ofrece el lenguaje
El lenguaje nos
ofrece esas dos utilidades; a cambio, nos
plantea a su vez una exigencia, una condición:
estamos de acuerdo en lo que designan y
significan las palabras (recuerden que el
lenguaje en esencia no es otra cosa que consenso)
o esas dos funciones no se podrán cumplir.
Pues bien, a
juzgar por la foto lingüística del paisaje en
el que nos movemos, actualmente no parece que
estemos muy de acuerdo. Esta falta de orden
amenaza con sembrar la confusión en nuestro
entendimiento del universo electrónico y sembrar
la polémica o la incomprensión mutua en
nuestros intentos de comunicación. O sea,
estamos poniéndonos en riesgo de no entender el
mundo y no entendernos entre los mundanos.
Flotan, además,
en este panorama ingredientes añadidos.
Veamos:
- Estas
incorrecciones se aceptan sin mucha
reflexión.
- Este tipo
de errores de vocabulario se admiten sin
demasiada oposición, predomina un
esquema de todo vale.
- Se va
construyendo una neobabel donde lo
incorrecto es capaz de establecerse como
si tuviera bondad suficiente para hacerlo
sin discusión.
En esta
reflexión, ya lo dijimos, vamos a discutir
algunas de estas expresiones que se cuelan
engrasadas por la falta de reflexión que tanto
asoma en el mundillo profesional y denunciable o
aclarable desde la esfera académica.
Cuando hablamos
de periodismo gráfico nos vemos casi obligados a
aclarar en España que se trata del mensaje
expresado por medio de la tipografía, con apoyo
de la fotografía o la infografía. Periodismo
gráfico, por tanto, coincide con lo que llamamos
igualmente periodismo impreso. Es gráfica una
palabra, es gráfica una tabla de coordenadas y
abscisas, y es gráfica una fotografía.
Mas ocurre algo
nuevo ahora: todo ese periodismo gráfico
(tipografía, fotografía, infografía) ya no
siempre es impreso. Esa modalidad de expresión
periodística ya la encontramos sin el proceso
técnico de la impresión. De ahí que
"periodismo impreso" ahora sea sólo
una parte del periodismo gráfico, porque hay
otro periodismo gráfico que no vive impreso. El
periodismo impreso ya no implica todo el
periodismo, que sí sigue siendo gráfico.
Lo que sucede en
nuestro ámbito geográfico (español) es que
está muy generalizada la expresión
"periodismo gráfico" para referirse
exclusivamente al periodismo mostrado en formato
fotográfico, como si el texto basado en
tipografía no fuera tan periodismo gráfico como
el fotoperiodismo. Lo mismo vale decir para la
infografía periodística o infoperiodismo.
Gráfico
no es igual que fotográfico. Es más.
En algunos otros
países hispanohablantes, cuando se habla de
periodismo gráfico se entiende a la perfección
lo que se quiere decir. En España no sucede así
y sólo parece que haya una explicación: la
costumbre, la rutina de uso del idioma sin
reflexión, hablar sin haber testado mínimamente
lo que estamos diciendo o queremos decir, sin
haberlo pasado por el control de calidad.
Otro caso
semejante, siempre en nuestro ámbito, lo
encontramos en la expresión "prensa
impresa" o "prensa escrita", como
si acaso hubiera algún tipo de prensa que no
fuera impresa o no llevara escritura. Peor, no
obstante, es cuando la voz "prensa" la
vemos aplicada con rubor, rubor para nosotros, a
voces como radio y televisión: "prensa
escrita, radial y televisiva".2 Si sometemos estos
términos a la reflexión más sencilla o a un
mínimo control lógico, mueren, sucumben, no se
sostienen. Quizá la incoherencia de "prensa
radial y televisiva" resulte más obvia que
la de "prensa impresa" o "prensa
escrita", y por eso se explique que
"prensa impresa" o "prensa
escrita" se use mucho más frecuentemente,
pero son incoherencias todas. La expresión
"prensa escrita" se hace, además, como
si toda la prensa no empleara la escritura,
aunque además de la escritura el periodismo
clásico impreso use también la foto, la
ilustración, etc.
La prensa es la
prensa porque se edita impresa, usa palabras y
por tanto va escrita, y puede llevar, como todo
el mundo sabe, fotografía e ilustraciones.
Vamos viendo de
esta manera que los tópicos han aparecido en
nuestro vocabulario profesional, y se han colado
sin resistencia apenas en los textos académicos,
es decir, se han colado en un ámbito en el que
era de esperar un rigor mayor.
Con la llegada
del fenómeno Internet, el último tópico que se
instala es el de "periódico
electrónico", que aquí trataremos de
desmitificar, porque no sirve para referirnos al
periódico ni a un proceso electrónico sin más.
Lo primero que
veremos es lo inadecuado del empleo de la voz
"periódico" para los servicios
informativos enlínea que consultamos por medio
de una pantalla. Si el periódico recibe su
nombre por tratarse de un impreso que salía a la
calle de forma periódica y lo hacía
físicamente, en un soporte de papel, esta
denominación ya no tiene razón de ser cuando
queramos referirnos a la visita que hacemos desde
nuestra pantalla a la base de datos de una
empresa de comunicación periodística puesta en
un servidor remoto, que incluso puede ser ajeno a
esa empresa.
El concepto
periódico ha perdido vigencia, parcialmente.
Pero persiste y
se insiste en emplearlo para hablar de algo que
no es periódico, sino otra cosa. Se confunde
así el servicio ofrecido hoy, con un recurso
material usado en una época anterior para
conseguir la misma finalidad. Es un error, que
costará erradicar. Costará más mientras más
esté enraizada la rutina en el vocabulario viejo
que se aplica a nuevos productos o nuevos
servicios.
Es algo
inexplicable esa intención de nominar con viejas
voces nuevas soluciones a problemas más o menos
semejantes. Estas nuevas soluciones originan algo
nuevo, que -no tiene sentido-, no puede ser
denominado con la voz vieja.
Ese trasvase de
términos denota mucha pereza enunciativa, mucho
chapoteo patoso en la comprensión de los
acontecimientos. Entender significa distinguir
las cosas, discernir lo que es periódico de lo
que es constante, discriminar lo que es visible y
lo que es ilustrativo, lo que es fotográfico y
lo que es escrito.
Al principio fue
el caos, y sobre el caos el ser humano hizo caer
el verbo, la palabra, como una malla ordenadora
del mundo, una rejilla que permite identificar al
mundo por partes, sus componentes, sus colores,
sus protagonistas.
Vuelta
al principio
Pues eso: cada
vez que se origina un nuevo proceso de
enunciación informativa, cada vez que se
incorpora una nueva técnica para enunciar la
información, estamos otra vez en el principio y
debemos hacer caer el verbo con claridad, con
precisión, inaugurar el lenguaje y dejar de
pretender vivir de las rentas lingüísticas.
El periódico
siempre ha sido una base de datos, una colección
de datos, de notas y otras muestras de diferentes
géneros. El periódico cambiaba toda esa base de
datos de una edición a otra. Cada número era
diferente por completo del anterior y del
siguiente. La idea de periódico era radical,
tanta que lo único igual entre dos números
seguidos era la cabecera, el estilo visual y el
orden de colocación de secciones, más o menos
parejo, con pocos cambios, a excepción de
domingos o números especiales.
Llegados a este
punto, invitamos a la reflexión sobre varias
cuestiones:
1. La
aparición de la electrónica y su llegada a
los medios... electrónicos, que nacieron a
partir de ella.
2. El empleo de técnicas electrónicas en la
realización del moderno periódico impreso.
3. Algún caso de presencia de lo
electrónico como la última novedad en una
forma de comunicación y su influencia por la
vía de la mimética..., o sea, con ausencia
de rigor.
A partir de este
esquema, desarrollamos nuestro discurso.
La
aparición de la electrónica en el XIX
Sabemos que el
hallazgo que el científico hace del electrón,
de los secretos de lo que poco después se
empezaría a llamar electrónica, sucede en el
siglo XVIII. La electrónica, por tanto, es una
vieja conocida, una antigua aplicación que tiene
más de un siglo. No estamos diciendo algo que no
se sepa; sí, por el contrario, algo que se suele
soslayar cuando se aplica de forma incorrecta la
voz "electrónica" a los medios
informativos gráficos puestos enlínea, en la
red de todos.
Merced a la
electrónica se abrieron nuevos ámbitos para la
comunicación periodística. Estos nuevos
ámbitos originaron nuevos medios informativos y
la vieja prensa basada en la técnica
gutenbergiana empezó a perder el protagonismo
exclusivo que tuvo desde sus inicios y que dio
origen a grandes fortunas en familias de editores
de lo que se llamaba "diarios de
familias". Esos nuevos ámbitos fueron la
radio y la televisión, o sea, nuevos entornos
donde podrían surgir nuevos medios, esto es,
servicios informativos con cabecera y distinción
entre sí. Fue tan obvia la presencia de la
electrónica en radio y televisión que son
entornos mediáticos imposibles sin la
electrónica. Podemos decir que las emisoras de
radio y de televisión son medios electrónicos
típicos, imposibles de ser sin la presencia de
la electrónica en sus nervios. Tal extremo nunca tuvo
lugar con la prensa, que sólo necesitó de la
electrónica para modernizarse, pero sin que
ésta llegara a ser su mera razón de existencia,
como pasa con radio y televisión.
Mientras
sucedía tal fenómeno y la electrónica daba a
luz a la radio primero y a la radio con imágenes
después, lo que se llamó televisión, que se
debería haber llamado teleaudiovisión..., la
prensa permanecía anclada en una serie de
técnicas analógicas y basadas en procesos
físicos o mecánicos, desde la composición de
los textos que iban a ser noticias publicadas,
hasta la creación de pesadas planchas con las
formas de impresión, primero de plomo, después
plásticas y hoy metálicas y muy ligeras. No
obstante, todo sigue siendo una magnífica
muestra de la ya vieja revolución industrial. El
periódico sigue siendo en líneas generales un
ejemplo de industria pesada, y no nos referimos a
la calidad de algunos de los textos impresos,
sino a toda la maquinaria precisa para sacar a
diario un impreso periódico a la calle.
Aparecían
nuevos medios, emisoras de todo tipo y en
generaciones sucesivas de avance tecnológico
siempre basadas en la electrónica mientras la
prensa permanecía impasible allá por los años
70 del siglo pasado. No obstante esa presencia
colosal de la electrónica en radio y
televisión, a nadie se le ocurrió alguna vez
hablar de "radio electrónica" ni mucho
menos de "televisión electrónica".
Simplemente se ha hablado de radio y televisión;
a pesar de su configuración electrónica, nadie
les aplica ni añade tales adjetivos. La radio y
la televisión son hijas de la electrónica.
Parece como si
en esos dos ámbitos más nuevos haya habido
desde siempre una mayor cultura tecnológica
moderna, mientras que la cultura del entorno
impreso seguía anclada en la tipografía de
Gutenberg y en su pesado proceso necesario para
alumbrar el diario. Un Gutenberg, lo aclaramos,
mal interpretado o, si prefieren, interpretado
solamente en sus aspectos tecnológicos y no como
libertador cultural, que fue tal vez la mayor
talla de aquel orfebre alemán que facilitó la
salida de la Edad Media, la llegada del
Renacimiento europeo, a quien tanto le debemos
todavía. De hecho, el periódico ha sido durante
la mayor parte de su existencia un producto
analógico y analógico era todo el mecanismo
preciso para su aparición.
La
electrónica llega a la prensa
Tenía que
suceder y sucedió a finales del siglo pasado: la
electrónica empezó a ser aplicada al lento
proceso de edición de un diario impreso. La
electrónica hizo aparición en forma de nuevas
tecnologías, algunas de las cuales pronto iban a
ser obsoletas. Eran tecnologías de entretiempo,
temporales y con los días contados. Hacían de
puente entre las verdaderas nuevas tecnologías
modernas con aptitud para la supervivencia en la
maraña tecnológica del proceso editorial y la
vieja tecnología que empezaba a ser desplazada
por haber quedado obsoleta, esto es, válida pero
superada por otro sistema más moderno, rentable
y rápido para hacer los mismos cometidos.
Esas
tecnologías sin vocación por la supervivencia y
que hemos llamado de entretiempo son de la misma
familia que el módem actual, absolutamente
necesario para la conexión a la red en un tiempo
donde todavía hay gran cantidad de líneas
telefónicas analógicas, pero innecesario
o sea, con vocación de clara
obsolescencia cuando la red telefónica sea
toda ella digital.
Siempre hay
tecnologías de entretiempo. Antes de la
irrupción mágica de la web, la tecnología
gopher hacía las delicias de los cibernautas
pioneros y así fue hasta que sus mentores
cometieron el error de tratar de cobrar regalías
por su instalación en los ordenadores. Fueron,
en este caso, los fabricantes de aparatos quienes
sentenciaron gopher e hicieron ver a Tim
Berners-Lee que la www debería ir como
así sucedió acompañada de una licencia
abierta y de uso universal. Murió gopher y se
instaló la web.
Algo semejante,
esta vez en razón de unas prestaciones más
elementales, sucedió con el BBS,3 que acabó igualmente
siendo una tecnología de entretiempo, y hoy
recuerdan con una sonrisa los viejos
profesionales o usuarios de la web, a pesar de la
importancia que supuso. Al respecto, señala
Javier Echeverría: "La experiencia de los Bulletin
Board de EE.UU. constituye una de las formas
más interesantes de librepensamiento e
interrelación por mutua afinidad en el siglo que
termina".4
El asalto de la
electrónica a la empresa editorial tuvo varias
modalidades:
- Las
transmisiones se empezaron a recibir por
medio de teletipos y télex, como una
avanzada de la modernización de un
sistema informativo que empezaba a salir
de la caverna tecnológica que implica
todo lo analógico en nuestro tiempo.
También estos aparatos resultaron ser
tecnologías de entretiempo, que fueron
erradicadas con la llegada de la
informática, como avanzadilla de lo que
hoy son las aplicaciones telemáticas.
Cuando la informática arribó a las
redacciones de periódico, la entrada de
noticias era una función absoluta que
gastaba tiempo de muchos redactores,
encargados de ir recibiendo lo que
llegaba, para editarlo y dejarlo listo
para su puesta en plana. Aquí, la idea
de edición suponía marcar las
mayúsculas y señalar los acentos,
porque aquellos sistemas de recepción
tan lentos tenían tan poca capacidad que
no era posible escribir con versales ni
poner las tildes. Esa corrección se
hacía sobre papel continuo, que iba
adosado a las máquinas receptoras,
télex o teletipo, de forma que al primer
impulso de la agencia de prensa o de los
autores del texto, corresponsales o
enviados especiales, se sumaba el segundo
impulso del redactor editor y un tercero
de los teclistas, que pasaban aquellos
textos a composición en plomo en las
linotipias.
- En los
talleres de composición, las linotipias
dieron paso a la fotocomposición. O sea,
la composición en caliente y en plomo
cedió el paso a un nuevo tipo, llamado
entonces fotocomposición o composición
en frío, porque desaparecía la
necesidad de una cacerola donde se
fundían los lingotes de plomo a medida
que se iban transformando en líneas de
composición, para mostrar galeradas en
columnas, totalmente analógicas. Aquel
paso parecía revolucionario y alteró la
imagen física de los talleres de
composición de los diarios.
Desaparecieron las largas baterías de
pesadísimas máquinas negras y una
tecnología gris ocupó las funciones de
las linotipias, con unas prestaciones
mejores, mayor rentabilidad, más
limpieza en la composición y con la
alternativa de poder seguir ofreciendo
trabajo a los ya innecesarios
linotipistas, que pasaron en ocasiones
sólo a veces, en determinadas
empresas-- a ser teclistas en unas
máquinas mucho más ligeras, que
incorporaban principios electrónicos. Se
advertía así un segundo estadio del
establecimiento de la electrónica en los
diarios, pero lo hacía de forma casi tan
subrepticia que parece que nunca hubiera
habido electrónica en los talleres de
prensa antes de la llegada de Internet...
y apareciera a la par una muestra de
mimetismo que hace que muchos llamen
"electrónico" a los servicios
informativos, mal llamados
"periódicos", que podemos
consultar en la red interconectada.
Las
transmisiones se hicieron electrónicas y la
fotocomposición de primera generación allá por
los años 70 era igualmente electrónica, por
medio de unas máquinas eléctricas que no eran
sino otra modalidad de tecnología de
entretiempo, porque muy rápidamente dieron paso
a unos sistemas de fotocomposición de segunda
generación, que ya eran informáticos cien por
cien.
En el único
proceso de preimpresión donde no apareció
tecnología de entretiempo fue en el montaje de
páginas, que de manual y artesano en dos etapas
pasó directamente a informático, aunque
podríamos considerar tal tipo de tecnología las
pequeñas máquinas calientes enceradoras.
En el tiempo de
entre tecnologías de la segunda generación de
fotocomposición o composición en frío, los
montadores cambiaron de sistema. En lugar de
operar con líneas y titulares compuestos en
plomo trabajaron con esos mismos elementos, pero
ahora fotografiados en una fotocomponedora que
siempre iba adosada a los sistemas de
fotocomposición en frío y daba entrada a las
máquinas de línea blanca en los talleres de los
periódicos, ahora sin el aspecto físico de lo
que antes se entendía por un taller artesano. La
enceradora para fijar las ahora fotogaleradas
sobre premaquetas en blanco y las tijeras fueron
herramientas nuevas en las salas de montaje, que
ocupaban los lugares hasta ese momento de las
formas de acero para colocar el plomo compuesto y
las pinzas para sacar líneas equivocadas o con
erratas advertidas y corregidas.
Otro espacio
donde la electrónica se apoderó de todas las
funciones fue en la llamada fotomecánica, una
sección previa a la impresión. Allí se
preparaban las fotografías y las artes finales
de publicidad, propias o ajenas, destinadas al
diario abierto y en marcha. Ya el propio nombre
de fotomecánica da una idea clara del proceso
analógico que implicaba este tratamiento de las
imágenes, que del colodión químico avanzó
como pocas secciones, hasta aquellas máquinas de
los años 70, hoy de museo, donde actuaba una
célula fotoeléctrica o sea, una
aplicación electrónica para copiar de
forma analógica la imagen que se deseaba
reproducir en una placa metálica que iba a ser
el grabado o fotograbado. Hablamos, pues, de otro
proceso analógico que acabó siendo
electrónico, hasta la obsolescencia de estas
tecnologías de entretiempo, que fenecieron con
la llegada de la digitalización actual y la
posibilidad material de hacer, si se deseara,
todo un periódico sólo de fotografías, tales
son las posibilidades de reproducir imágenes,
que ya llegan digitalizadas al ordenador central
de cada empresa editorial.
Migración
hacia la electrónica
De esta manera,
el periódico clásico analógico en su
presentación a los lectores emigraba hacia la
electrónica, pero de formas tan ligeras y con
máquinas y sistemas de entretiempo que pocos
parecen caer en la cuenta de que el diario en
papel ya era electrónico (electrónico, pero
impreso) en los años 80, antes de que
transcendieran voces nuevas como Internet o web,
que hacen posible el pleno establecimiento de
nuevas tecnologías ya no de entretiempo en el
ámbito del periodismo, entendido como servicio
informativo de interés general destinado a
públicos amplios.
Se hizo
electrónico el periódico en papel a lo largo de
las últimas décadas del siglo pasado, pero no
llegó a hacerse electrónico de principio a fin,
sino hasta la mitad, no por completo. Sólo era
electrónico en fases previas al estadio terminal
de impresión, hasta los preparativos de ésta,
como las copias de plancha automatizadas,
electrónicas, que eran sistemas informáticos
aplicados a una operación tan mágica como la
reproducción de las planas que van a formar el
diario en grandes planchas metálicas y en
positivo, para dar lugar a un diario más limpio
y mejor presentado a su lector. No era un proceso
integral en el campo de la electrónica, porque
en la fase última, la de impresión, el diario
retrocedía varios siglos y nos mostraba la
validez de los principios de aquel mago de
Maguncia que liberó al mundo de la oscuridad
cultural de la Edad Media, por medio del tipo
movible, de un nuevo sistema de impresión más
sencillo y con una gran posibilidad libertadora.
Así, todavía hoy el periódico analógico tan
avanzado electrónicamente, en el momento
definitivo de su reproducción analógica, retoma
todas las mismas técnicas que Gutenberg ideó
circa 1441. Hoy, en lugar de una prensa vinícola
emplea una majestuosa máquina impresora, toda
electrónica, informatizada en sus controles de
calidad sobre el producto que va apareciendo,
pero no obstante sigue siendo un sistema
analógico auxiliado de la más fina electrónica
aplicada.
Vamos viendo
cómo el periódico se apoyó en la electrónica
en los años 80, antes de la popularización de
Internet, tiempo antes de que Tim Berners-Lee
ideara en Europa un sistema de comunicaciones que
llamaría web. Este producto, cuyos cimientos se
afianzan en las postrimerías de la Edad Media,
el impreso periódico noticioso, ha acabado
siendo antes de la llegada masiva de la
informática a sus redacciones y talleres
un producto electrónico. Pero, un producto
electrónico en un sentido, no en las dos
direcciones: lo era en el sentido de entrada o
llegada de datos informativos (input); no lo era
en el de salida de estos datos (output). Era como
una fábrica a la que se accede por autopista y
por esa vía llegan las materias primas, para
sacar después la producción en carretas
medievales. Era electrónico en la llegada de
noticias y en la preparación del prototipo, pero
ya no lo era en la salida hacia el encuentro con
los lectores. Era electrónico el original
matriz, pero no lo eran los ejemplares, no las
copias que llegaban a los ojos del lector para su
lectura. Aquí había y sigue habiendo en
el periódico clásico en papel la indicada
ruptura tecnológica, que origina que un producto
moderno y basado en procesos electrónicos
retroceda varios siglos en su tecnología, hasta
el siglo XV, para usar una técnica entonces
experimentada primero con la xilografía y
después con la composición e impresión
tipográficas. Es ése el absurdo del diario en
papel, el absurdo tecnológico que hace pensar
que su existencia como tal producto industrial no
tiene un gran futuro a la vista, aunque está muy
claro que jamás desaparecerá, lo mismo que no
ha desaparecido ni va a desaparecer el papiro, el
pergamino o la jeroglífica. El periódico en
papel tiene hoy vocación de convertirse en
objeto de culto según avancen las aplicaciones
telemáticas en red.
La
informática da paso a la telemática
Este periódico
en papel del que hablamos hemos visto que fue
cambiando poco a poco, a golpe de técnicas
nuevas que dejaban obsoletas las anteriores,
aunque algunas fueran modernas. La electrónica
lo fue permeando para dar paso a la informática,
o información automática por medio de
procedimientos electrónicos. Así, hasta llegar
al estadio actual de la telemática vista en los
últimos adelantos aplicados al periodismo que
vemos plasmado en una pantalla después de que
hayamos hecho una conexión enlínea con el banco
de datos de una empresa periodística que no ha
llevado sus páginasweb a un proceso final de
impresión y distribución. Ésta se ha limitado
ahí es nada a crear con sus noticias
un banco de datos abierto las 24 horas del día.
Eso sucede los siete días de la semana, para la
consulta libre de los lectores o telectores,
ahora transformados en ciberlectores. Esta
expresión parece mejor que cibernautas, si lo
suyo es ir a una cabecera determinada un
medio y no estar a la deriva a la búsqueda
de lo que no sabe.
La llegada de la
electrónica poco a poco a la prensa ha marcado
la transformación del diario, que se hace
electrónico en su preimpresión, sólo en la
fase de edición, no en su distribución. Ha sido
un proceso bastante diferenciado del contemplado
en radio y televisión, que todo lo deben a la
electrónica, que sin electrónica no
existirían.
El caso del
correo electrónico es mixto: la electrónica no
llegó a esta nueva modalidad poco a poco, sino
que lo hizo de una vez, como sucedió con la
radio o la televisión. Por eso aquí es
sumamente correcto el uso del apelativo de
"electrónico" a esta nueva modalidad
de mensajería personal o colectiva, porque la
diferencia del correo no electrónico o
analógico. Es muy probable que la validez del
calificativo de electrónico al correo haya sido
la fuente donde el mimetismo la ha traspasado al
periodismo que se consulta en la red, pero aquí
con la incorrección apuntada.
El correo
electrónico es tal porque es diferente del
correo postal o analógico. Éste, desde la
aparición de la estampilla engomada en 1850 en
Inglaterra, no ha mostrado avances
significativos, más allá de una nueva
estampilla engomada, una vulgar etiqueta
autoadhesiva, que significa la muerte del sello
de correos como pequeña obra de culto y
coleccionismo. Todo lo demás sigue siendo tan
semejante hoy como ayer, aparte de la
modernización al clasificar los objetos postales
en las carterías. Necesitamos un papel para
depositar nuestro mensaje y otro para envolver el
anterior. Tras colocar la dirección de
destinatario y remitente, fijamos el sello,
depositamos todo en un buzón y se transporta
físicamente por el espacio hasta la dirección
escrita con tinta junto a las estampillas. Por el
contrario, el correo en la red obvia tanto el
soporte material del mensaje como la necesidad de
un sello previamente abonado, aparte de que
significa un procedimiento revolucionario, al ser
gratuito, al margen de lo que a cada cual le
cueste la conexión a la red universal.
En esta reseña
que acabamos de hacer es fácil ver que el correo
electrónico y el correo postal sólo tienen algo
en común: la transferencia de mensajes entre dos
o más personas. La única similitud es ésa, que
comulga a la perfección con ese principio que
asegura que las nuevas tecnologías aligeran los
procedimientos, para acabar creando u ofreciendo
lo mismo, en este caso, la comunicación de
mensajes escritos o fotográficos. No obstante,
el correo electrónico no acabará con el correo
postal, al menos mientras todo el universo no
tenga posibilidad de conexión ni tampoco con esa
parcela tan importante que es la paquetería
postal, que va a seguir siendo analógica porque
en ese ambiente tiene su razón de ser.
Aquí, en el
correo electrónico, está más que justificada
la idea de electrónico. Hay correo electrónico,
porque sigue siendo correo y lo es electrónico.
Ninguna de ambas realidades se da en lo que se
denomina "periódico electrónico" en
la red: no es periódico ni sólo electrónico.
Es muy probable
que la explosión tecnológica que ha supuesto el
correo electrónico hablar de
"emilio", como derivación o
traducción de "e. mail" es una poco
recomendable soberana puerilidad haya
contaminado el vocabulario, hasta el punto de
calificar como electrónico lo que también de
forma incorrecta se llama periódico en Internet.
Da la sensación de que el éxito sin precedentes
del correo electrónico haya
"resucitado" una palabra con más de un
siglo de presencia entre nosotros, la haya
traído de alguna forma a la actualidad, le haya
dado una patente de empleo en ambientes más
allá de los adecuados. Si es cierto que todo
periodismo en la red es electrónico, también es
cierto que lo es más allá de esta tecnología
del siglo XIX. Por eso, la voz más atinada es
teleinformática, esto es, informática aplicada
a distancia, y de teleinformática llegamos a la
voz telemática, neologismo original del profesor
Luis Arroyo.5 Es, en suma, periodismo
telemático, lo que bien podría denominarse
periótica: el periodismo en el tiempo de
la telemática.
Claro que
sugerir una voz nueva para un concepto nuevo
tiene varias dificultades y es más sencillo
adaptar voces viejas, aunque sean inadecuadas.
Tal vez se trate de una forma de tecnofobia
solapada, frente al riesgo que se pueda
interpretar derivado de la forma aquí propuesta.
En cualquier
caso, lo más importante de todo el suceso
tecnológico recaído sobre el periodismo es la
realidad constatada de que en estos momentos
tenemos los lectores dos formas de acceso al
mensaje periodístico: mediante el ejemplar
obtenido en el quiosco de prensa o la consulta en
la red. La primera implica una compra, que es una
actividad donde hay un intercambio monetario; la
segunda supone la lectura gratuita, como si
hiciéramos todos la lectura en una hemeroteca
pública o en el café de la esquina. En esta
segunda modalidad no hay intercambio de dinero,
no hay precio, como si viviéramos en un
paraíso. Es una utopía conquistada.
Si en la primera
de las dos modalidades el empresario cobra por su
producto en dos ocasiones, al anunciante y al
lector, en la segunda sólo hay un momento para
el cobro y la lectura es gratuita. Estamos,
entonces, en una nueva revolución, ésta social,
que afecta de lleno la mera existencia del diario
clásico en papel. Es un panorama cierto pero
lleno de incertidumbres.
No conocemos
casos históricos anteriores donde el mismo
empresario se hace la competencia y sirve su
producto de forma gratuita en un lugar y mediante
cobro en metálico en otra. Es ésta otra
modalidad de la auténtica revolución que es y
supone Internet.
Hay más: el
empresario de siempre pone su producto
informativo enlínea apoyado en publicidad o sin
ella. Sabe que en la red puede haber negocio y no
quiere estar ausente cuando éste aparezca y sin
experiencia para afrontar una nueva línea
económica. Lo que puede pasar es que jamás sea
rentable esa autocompetencia que se hace el mismo
editor de prensa. No crean que haya que
lamentarlo. Sólo una proporción muy pequeña de
editores (viejos) han apostado por los sistemas
democráticos y su alianza con los poderes de
cada momento ha puesto a muchos periódicos lejos
del servicio pleno a la ciudadanía, en un
intento de equilibrio que en tantas ocasiones ha
sido desestabilizado hacia el lado del poder y no
de la participación ciudadana. Esto es muy duro
de decir, pero más duro es contemplar que ha
sido así. ¿Cuántos editores españoles
actuaron de otro modo durante los 40 años de
dictadura franquista? Si prefieren la pregunta de
otra manera, ¿qué minoría de editores
españoles tuvo problemas durante la dictadura?6
Estas cuestiones
vienen a colación de una nueva idea que
trataremos de introducir. Los editores clásicos
han acudido a la red a la espera de que la red
sea negocio. No parece muy creíble que deseen
recortar sus ingresos solamente con el cobro a
las agencias de publicidad, cuando hoy lo hacen
también a los lectores. Es muy poco creíble que
vayan a cambiar su discurso y su forma de
entender el negocio. Siempre han tenido dos vías
de ingresos y siempre se han quejado lo
siguen haciendo de que el ejemplar que
ponen en la calle les cuesta más que su
verdadero precio. Mientras hacen esa queja tan
difícil de creer, no dejan de cometer el error
insistente de subir su precio facial cada año
después de ponerse previamente de acuerdo, sin
que en su caso se les aplique esas normas que han
de soportar, por ejemplo, las compañías
aéreas, tras acordar las alzas de sus precios.
Todavía hay mucho temor administrativo al poder
mediático. Otro error de algunos de estos
editores en papel es precisamente dar más papel
del necesario, para de ese modo integrar más
publicidad en sus planas y respaldar el precio
tan caro de su producto. Si se analiza la
superficie de papel verdaderamente impresa con
notas o artículos de interés, sería muy fácil
admitir que mucho papel impreso en mucha prensa
es algo sin mayor importancia, metido en plana
con el calzador de los intereses del patrón y no
de la sociedad a la que teóricamente ha de
servir. En ese aspecto suele darse un pulso entre
directores y propietarios o editores, siempre
perdiendo el primero, siempre perdiendo los
lectores.
En este panorama
mostrado por el viejo editor, contemplamos otra
de las posibilidades de las nuevas tecnologías
telemáticas, nacidas al socaire de las
telecomunicaciones puestas al servicio del
periodismo telemático, del periótico o periódico
telemático. Son las nuevas empresas que
surgen con un nuevo discurso, sin la tradición y
el soporte económico y empresarial de las viejas
compañías que no saben qué es realmente
Internet y se van acomodando a una nueva
situación que no acaban de conocer en ocasiones.
Estas nuevas empresas y estos nuevos empresarios
tienen un valor añadido sobre el viejo patrón:
son periodistas profesionales que han padecido
las miserias de la prensa y se han liberado a
través de la telemática, haciendo periótica.
La situación de nuevos empresarios no se da
solamente en la prensa. La digitalización la
facilita en la radio y en la televisión, al
aparecer la radio digital y la televisión
digital, que nadie llama electrónicas. Al
respecto, Jaime Fandiño Alonso señala:
«Conceptos
de solvencia empresarial tales como "los
grandes y los pequeños", utilizados en
otros ámbitos de la industria, son en el
sector audiovisual cada vez más delicados.
En los diarios económicos podemos leer
cómo, con cierta asiduidad, empresas muy
posicionadas en el sector se ven abocadas a
establecer fusiones, compras y
participaciones, con pequeñas células de
creación y desarrollo que surgen de la
creatividad de jóvenes emprendedores, hasta
ayer desconocidos.
«La era
digital está corriendo un enorme telón y
deja atrás, por suerte, una etapa analógica
en la que la posesión de los medios de
producción, debido a sus costes, era motivo
suficiente para negar la participación y el
acceso, a equipos tecnológicos audiovisuales
de carácter profesional, a los creadores.
«Hoy, lo
digital proporciona nuevos sistemas con
entornos productivos más amables a la vez
que reduce considerablemente coste de los
equipamientos. En este momento, despojados ya
de los inconvenientes analógicos, el talento
es el verdadero motor de la industria
audiovisual, en un sector que aglutina
tecnología, creatividad y contenidos.»7
Como no tienen
tradición de facturar a los lectores, pero
adoran tenerlos, es muy poco probable que en la
nueva era de una sociedad de la información
estos neoempresarios traten alguna vez de cobrar
al ciudadano y se conformarán con hacer factura
a los anunciantes que opten por su medio. Esta
hipótesis echará por tierra la pretensión del
empresario viejo de cobrar algún día por sus
servicios puestos enlínea. Si otros no lo hacen
es difícil que algunos lo puedan hacer. También
es complicado que los neoempresarios lleguen a
algún tipo de consenso con el poderoso de sus
tiempos de periodista de a pie, de manera que
estos dos bandos no parece que tengan fácil una
alianza común de corte económico. Además, los
neoempresarios o empresarios perióticos saben
muy bien que su fuerza ante el poderoso
empresario viejo es precisamente su libertad, su
descompromiso, su no historia y su voluntad de
ser accesibles sin obstáculos monetarios por los
lectores. Para éstos, los lectores son su
sueño, mientras que para los otros son la fuente
que origina el mejor balance final de ejercicio.
Como vemos, son dos posturas muy poco
reconciliadas.
Tenemos,
entonces, que las tecnologías nuevas han
favorecido por vez primera la presencia de un
empresario diferente con vocación por el lector,
la misma vocación de todo escritor: tener
lectores. Saben que lo demás vendrá por sí
solo. Nunca hasta ahora ha habido tal situación.
Ciertamente va a marcar el panorama en el
próximo futuro de lo que algunos todavía
denominan inadecuadamente "periódico
electrónico" que consultamos a través de
Internet.
El periódico
electrónico en Internet no existe, si entendemos
por periódico el ejemplar que se pone delante de
nuestros ojos y no el prototipo que da paso a las
planchas de impresión. El que es periódico en
papel no es finalmente electrónico sino
analógico. El que es digital y telemático, pero
algunos llaman electrónico, como es al término
del proceso de edición o prototipo el producto
analógico, no es periódico, pues ha roto con el
discurso de la periodicidad, al existir
actualizaciones con tanta frecuencia como se
desee. Así es que no existe el concepto
"periódico electrónico" enlínea.
Sin embargo,
hemos visto que existe una nueva forma de
enunciar técnicamente la información, una nueva
forma de relación informativa, de espacio
informativo, de edición informativa.
La confusión
terminológica que rodea estas novedades impide
ver, oculta, disimula, sus aspectos novedosos.
Las disfraza de antigüedad. Por eso resulta
importante que afinemos bien nombrando las cosas.
Nombrar con confusión es pensar con confusión,
percibir con confusión.
El periodismo
telemático (que no periódico electrónico ni
siquiera periódico digital) origina un producto
informativo nuevo, que implica una libertad
nueva. Da paso a una propuesta de relación
informativa nueva, un contexto comunicativo
nuevo.
Esas novedades y
esta revolución contienen potencias informativas
nuevas que conviene tener presentes:
- Se trata de
un servicio informativo periodístico
digital en su prototipo de cada día.
- Alcanza la
categoría de telemático cuando lo ponen
a nuestro alcance en un banco
periodístico abierto, con todas las
virtudes de la telemática (es decir,
libre acceso a distancia, lectura gratis,
extensión espacial prácticamente
infinita, posibilidad de crear medios sin
excesiva inversión, con gran ilusión y
conocimientos). O sea, toda una
revolución que asoma ante tanto asombro.
Estos matices
tocan la médula central de algunos de los
derechos esenciales de la persona: igualdad,
libertad, información. Merece la pena que los
tengamos claros. Y que los transmitamos con toda
claridad.
Sólo quien
protege privilegios injustos se empeña en
ponerle trabas al conocimiento, en mantener la
confusión de los términos. El temeroso se
empeña en evitar que el conocimiento se
extienda. No debemos seguir ese juego.
Sin embargo,
nosotros somos partidarios de que el conocimiento
emerja y, para ello, debemos ser precisos al
nombrarlo.
Ésa es la
utilidad que les ha propuesto esta reflexión
escrita.
__________
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______
Notas:
1 Los autores
desarrollan el epígrafe "Hace tiempo que el
periódico es electrónico", del libro La
Red es nuestra (De Pablos, 2001, Paidós
Ibérica, Barcelona Ediciones Paidós,
Buenos Aires, páginas 80 a 84)
2 Cita que aparece
con todo detalle en la página 271 del libro El
Periodismo, herido (De Pablos, Foca
Investigación, Madrid, 2001), tomada de la
crónica de un corresponsal del diario español El
País en México.
3 BBS, Bulletin
Board System, boletín electrónico de
información.
4 Telépolis,
2000, página 155.
5 Lo explica en su
libro Del bit a la telemática. Algunos
estudiosos fijan el neologismo en Francia.
6 Al llegar la
tímida democracia actual a España
desaparecieron algunas de las pocas revistas que
de vez en cuando tenían problemas con el
régimen franquista, tales son los casos de Cuadernos
para el Diálogo o Sábado Gráfico.
¿Eran publicaciones sin vocación para una
democracia o eran sus lectores poco fieles a
estas cabeceras? Éste es un misterio sin
aclarar.
7 "De
analogía a digitalia", en Ámbitos
6, revista de la Universidad de Sevilla, 2001,
pp. 35 a 50, y en
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina45diciembre/4504fandino.htm
* José Manuel de
Pablos es miembro del Consejo
Editorial de Sala de
Prensa y catedrático de
Periodismo de la Universidad de La
Laguna. *
Concha Mateos Martín es licenciada en
Comunicación Audiovisual por la UCM y experta en
Gestión y Comunicación Política (UCM).
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