Testigos
incómodos
Sanjuana
Martínez y Anne Marie Mergier *
"Los periodistas se
han convertido en testigos molestos para
Washington. Se lo dijo con un proyectil disparado
contra el hotel donde se alojan. No ha sido el
primer aviso. Sus presiones para que salgamos de
Bagdad refuerzan esa tesis". Así describe
la enviada de El País, Ángeles Espinosa,
la reacción estadunidense ante el trabajo
informativo de la prensa internacional no
controlada y que cuestiona la imagen de
"guerra limpia" de Estados Unidos en
Irak.
El costo ha sido
demasiado alto.
Apenas dos
semanas después de comenzada la guerra
lanzada por Washington y Londres contra
Irak, la cuenta ya era de tres
periodistas muertos, cuatro heridos y dos
desaparecidos, además del acoso los
periodistas no integrados a las fuerzas
anglo-estadunidenses ni controlados por
ellas.
El 8 de abril, las bajas de la prensa
llegaron a nueve periodistas muertos,
siete más heridos, cuatro desaparecidos. |
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Periodistas
muertos en acción

22.03.2003 - Paul Moran,
Australian Broadcasting Corporation
 23.03.2003 - Terry
Lloyd, ITV News
 02.04.2003 - Kaveh
Golestan, BBC
 04.04.2003 - Michael
Kelly, The Washington Post
 07.04.2003 - Julio
Anguita Parrado, El Mundo
 07.04.2003 - Christian
Liebig, Focus
 08.04.2003 - Tarek
Ayoub, Al-Jazira
 08.04.2003 - Taras
Protsyuk, Reuters
 08.04.2003 - José
Couso, Tele 5
 14.04.2003 - Mario
Podestá, América TV
 + Ocho periodistas heridos
 + Cuatro periodistas
desaparecidos
(Fuente: SdP, elaboracion
propia)
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El
27 de marzo Koichiro Matsuura, director general
de la UNESCO, tuvo que exigir públicamente que
los beligerantes respetaran el artículo 79 del
Protocolo Adicional de la Convención de Ginebra.
Ese artículo
establece que los "periodistas involucrados
en misiones profesionales peligrosas en zonas de
conflictos armados deben ser considerados como
civiles". Matsuura insistió además en la
necesidad de mantener "un flujo libre de
información".
Los abusos
contra los periodistas movilizan también a la
organización francesa Reporteros sin Fronteras,
que ha realizado una campaña para denunciar las
violaciones al derecho de informar e interviene
ante las autoridades responsables de las mismas.
Primeras
bajas
Los primeros
periodistas víctimas de la guerra fueron cuatro
integrantes de un equipo de la televisión
independiente británica ITN. El 22 de marzo los
dos vehículos civiles que utilizaban, en los
cuales estaban claramente pintadas las letras
"TV", fueron blanco de disparos
estadunidenses y británicos, en Iaman Anas,
cerca de Basora, en el sur de Irak.
Terry Lloyd, 51
años, veterano reportero de ITN fue herido
mortalmente. Reporteros de la televisión
Al-Jazira identificaron su cuerpo en la morgue de
un centro médico. Dos otros integrantes del
equipo desaparecieron: Fréderic Nérac, 43
años, camarógrafo francés, y Hussein Othman,
intérprete, de nacionalidad libanesa. Otro
camarógrafo del grupo, Daniel Demoustier, belga,
resultó ligeramente herido. Fue recogido en el
lugar de los hechos por colegas británicos del
diario Daily Mail.
Según
Demoustier, al llegar cerca de Iaman Anas los dos
coches del equipo fueron interceptados por un
"todo terreno" y una camioneta iraquí
armada con metralletas, que los obligaron a darse
la vuelta. En su camino de regreso las tropas
aliadas empezaron a dispararles. El tiroteo duró
20 minutos.
El mismo 22 de
abril el camarógrafo australiano, Paul Moran, 39
años, de la cadena australiana ABC, murió en el
Kurdistán iraquí en un atentado con coche
bomba. Moran y su colega Eric Campbell, quien
resultó herido, estaban estacionados en un
puesto de control en las afueras del pueblo de
Khorma, cerca de la frontera iraní. Su
intención era entrar en la aldea para
entrevistar a los refugiados iraquíes. De
repente surgió un taxi que chocó con su coche y
explotó.
En esa zona
fronteriza con Irán estaba desplegado el grupo
islamita Ansar Al-Islam, que según Washington y
Londres podría tener estrechas relaciones con
Al-Qaeda. Una de las primeras tareas de las
fuerzas especiales estadunidenses, que se
encuentran en el norte de Irak, fue atacar a
estos guerrilleros.
El domingo 30 de
marzo Gaby Rado, 48 años, británico de origen
húngaro, reconocido corresponsal de la cadena
inglesa Channel 4 en el norte de Irak,
murió al caerse del techo de su hotel en la
ciudad kurda Sulemaniye. Todo parece indicar que
se trató de un accidente.
El martes 2 de
abril, Kaveh Ibrahim Golestan, iraní de 52
años, talentoso camarógrafo de la BBC
británica, murió también en el norte de Irak y
resulto herido el productor Stuart Hughes,
británico. Ambos fueron víctimas de minas
antipersonales.
Con otros
periodistas querían filmar posiciones militares
abandonadas en Kifri por el ejército iraquí en
la zona fronteriza entre el Kurdistán autónomo
e Irak. Según testigos de los hechos, al bajarse
de su coche, Hughes piso una mina que lo hirió
gravemente en la rodilla. Asustado por la
detonación Golestan se precipito fuera del
vehículo y pisó otra mina, que lo mató en el
instante. Jim Muir, corresponsal de la BBC en
Irán, que viajaba con ellos, resulto ligeramente
herido. Muir y Golestan llevaban dos meses en
Irak. Golestan había recibido el Premio
Pulitzer.
Hay noticias
contradictorias acerca de la suerte de tres
periodistas de la cadena Al-Arabiya, de Dubai,
que desaparecieron el 22 de marzo: Wael Awad,
reportero sirio, Talal Fawzi al-Masri y Ali Hasan
Safa, ambos libaneses, respectivamente
camarógrafo y técnico. Según Reporteros sin
Fronteras se habrían comunicado con sus familias
el 28 de marzo, mientras que el diario británico
The Guardian afirma que se sigue sin
conocer su paradero.
Asesinatos
La opinión es
unánime: el tiroteo del tanque estadunidense
contra el Hotel Palestina donde murieron dos
periodistas y otros cuatro resultaron heridos, el
martes 8 de abril, fue un "crimen de
guerra" y no un "ataque en defensa
propia" como afirma el Pentágono.
En "la
guerra mejor contada", donde en apenas 21
días han muerto 11 periodistas, siete han
resultado heridos y hay otros cuatro
desaparecidos, el ejército estadunidense ha
querido acallar a los testigos más incómodos
que le estorbaban en su incursión bélica por
Bagdad. Y lo ha hecho disparando deliberadamente
y a mansalva contra quienes habían cometido el
"delito" contar lo que pasaba en
primera línea.
Así coincide en
señalar un grupo de periodistas convertidos en
testigos claves para demostrar la culpabilidad de
las tropas estadunidenses en lo que ya se conoce
como: "la matanza de periodistas" del
martes 8 de abril.
La tragedia
empezó temprano. Un caza estadunidense atacó
los estudios de la cadena Al-Jazira ubicada en el
barrio residencial de Al Mansur, a orillas del
río Tigris a las 7:45 de la mañana, en ese
momento el reportero jordano-palestino Tareq
Ayoubi transmitía desde el tejado grabado por el
camarógrafo iraquí Zuheri. Al mismo tiempo,
según los videos de otras televisoras, un tanque
desde la otra orilla del río disparó
directamente al edificio. Tareq murió de manera
casi instantánea, mientras que el otro resultaba
herido.
El vídeo
filmado en ese momento es una de las principales
pruebas de que el caza disparaba un cohete al
tiempo de que se lanzaba en picada contra el
edificio de las improvisadas oficinas de
Al-Jazira en Bagdad para seguir abriendo fuego.
Además, otras dos televisoras, una británica y
otra francesa, grabaron a un vehículo blindado
estadunidense que también disparaba directamente
al edificio.
"Vimos
volar proyectiles y oímos luego que se acercaba
el caza. El aparato volaba tan bajo que quienes
estábamos en el piso de abajo pensamos que
aterrizaría sobre el tejado. Lo oíamos muy
cerca, de hecho, pudimos oír hasta el disparo
del lanzamiento del cohete. Fue un golpe seco y
fuerte...", comenta Maher Abdullah, uno de
los reporteros que logró salvar la vida.
No es la primera
vez que Al-Jazira se convierte en objetivo
militar para Estados Unidos. El año pasado, un
día antes de la invasión a Kabul, uno de sus
cazabombarderos lanzó un misil de crucero contra
sus oficinas. Allí estaba el corresponsal
Taiseer Alouni, quien había logrado entrevistar
a Ossama Bin Laden unos años antes y el que
emitió a todo el mundo los mensajes del líder
de Al Qaeda, luego del ataque terrorista del 11
de septiembre.
Son diez los
informadores de Al-Jazira que en los últimos
años han muerto cubriendo conflictos bélicos.
Dima Jativ, jefa de redacción de Al-Jazira está
segura que los ataques militares estadunidenses
son intencionados: "Los bombardeos del lunes
y el martes son la mejor demostración. Fue un
disparo de un carro de combate del ejército de
Estados Unidos el que acabó con la vida de
nuestros compañeros".
Desde su oficina
en Qatar, añade: "Ha sido un ataque contra
la prensa y la televisión internacional que
están dando una imagen que no es la que Estados
Unidos quiere que veamos. No ha sido una
casualidad, sabían a quién disparaban".
Para Jativ, el
problema es que Al-Jazira está dando la
verdadera imagen de los estadunidenses al
difundir las escenas de los civiles muertos y
heridos: "Ya no son el ejemplo de país
democrático defensor de los derechos humanos y
de eso tenemos mucha culpa los periodistas, así
que también nos consideran enemigos, porque
estamos ofreciendo una versión de la guerra que
los estadunidenses preferían que no se
viera".
Junto a los
reporteros de Al-Jazira en Bagdad estaban
también los periodistas de la cadena Abu Dhabi;
en total eran 25, y en pocas horas después del
ataque aéreo, quedaron atrapados entre el fuego
cruzado de las fuerzas estadunidenses e
iraquíes; mientras el bombardeo de los aviones
del ejercito estadunidense, directo a las
oficinas, no cesaba.
"Nuestras
vidas están en grave peligro debido al intenso
bombardeo en la zona donde estamos atrapados.
Pedimos a la Media Luna Roja que llame a la Cruz
Roja Internacional para que intervenga
urgentemente y nos rescate porque hay fuertes
bombardeos con misiles y artillería en la zona,
donde hay civiles", suplicó inútilmente
Shaker Hamid, jefe del equipo de Abu Dhabi.
Un camarógrafo
de la cadena británica de televisión Sky News,
grabó el momento en que un tanque estadunidense
disparaba directamente contra las oficinas de
ambas televisoras árabes.
Eran las 12 del
día y, en ese momento, el reportero David
Charter de Sky News advirtió el giro del cañón
del tanque estadunidense, dirigiéndose
directamente a la planta número 15 del Hotel
Palestina donde se encontraban las oficinas de la
agencia Reuters.
Todo está
grabado, incluso existe un segundo video rodado
por el equipo del canal francés de televisión
France 3 que se encontraban en la habitación
contigua al equipo de Reuters y filmaron el
avance del tanque sobre el puente Jumhuriya.
El proyectil fue
preciso y mató al camarógrafo ucraniano Sasha
Protsyuk, que en ese momento también filmaba el
avance del tanque dirigiéndose al hotel. Hirió
a otros tres miembros del equipo de la agencia
británica de noticias: el coordinador británico
de satélites Paul Pasquale, la editora jefe de
Reuters para el Golfo Pérsico, la
libanesa-palestina Samia Najul y el fotógrafo
iraquí Faleh Jeiber.
En el piso 14,
se encontraba el camarógrafo de la cadena
española de televisión Telecinco, José Couso,
quien resultó gravemente herido. El corresponsal
Jon Sistiaga le hizo un torniquete en su pierna
derecha, casi destrozada y le alcanzó a decir.
"Ha sido un obús iraquí", pero Couso
le contestó con el último suspiró de vida que
le quedaba: "No, Jon, ha sido el carro de
combate". Herido de muerte, no logró
superar la operación a la que fue sometido y
horas después falleció.
Abatido,
Sistiaga asegura que al día siguiente fue
testigo de que los militares estadunidenses que
disparaban desde los tanques traían unos mapas
con las posiciones exactas "casi
milimétricas" de quien ocupaba cada una de
las habitaciones del Hotel Palestina.
"No fue un
error, ha sido un asesinato. Ese tanque ha
disparado de manera premeditada y eso tendrán
que explicarlo. ¿Por qué han elegido este
objetivo, un hotel donde se encuentra todos los
periodistas? Esta guerra se volvió demasiado
sucia. José Couso no vino aquí porque le
gustaba la guerra, sino porque sentía que su
presencia era importante para enseñar lo que
ocurría. Y así ha muerto."
Desde Qatar, el
mando central del Pentágono aseguraba que el
carro blindado respondió simplemente en
"legitima defensa", ya que en el Hotel
Palestina "había francotiradores".
De los 300
periodistas que en ese momento se encontraban en
el lugar de los hechos, ninguno oyó disparos
antes del ataque estadunidense. Nadie confirma la
versión estadunidense, por el contrario,
reunidos después del ataque, como si de una gran
fraternidad se tratara, olvidando la competencia
entre ellos, coincidieron en señalar que los
disparos fueron intencionados.
Intentando crear
confusión, el Pentágono dijo entonces que el
Hotel Palestina era objetivo militar desde hacía
48 horas, pero que lamentablemente sólo una
agencia estadunidense lo sabía.
"Ni en el
Hotel Palestina ni en el Sheraton hay
francotiradores, ni milicianos iraquíes
emboscados. Sólo había periodistas, un puñado
de camastrones funcionarios y alguna burguesa
familia iraquí que cree que éste es el lugar
más seguro para pasar la guerra", dice el
enviado especial del periódico ABC,
Alberto Sotillo, quien se encuentra hospedado en
el Palestina.
La colonia más
numerosa de la prensa internacional en Bagdad es
la española con 35 personas, la mayoría
testigos de excepción que van ratificando, uno
por uno, que lo del martes fue un ataque
indiscriminado.
Carlos
Hernández, enviado de Antena 3 Televisión, va
más allá: "Aquí no tenemos ninguna duda
de que lo que ha ocurrido es un crimen. Son
mentiras lo que está diciendo el Pentágono, es
mentira que hayan podido confundir los objetivos
de las cámaras de los fotógrafos o de las
televisión con lanzacohetes."
Añade:
"Otra cosa que nos indigna es que desde el
Pentágono se lanza un mensaje tratándonos como
idiotas, diciendo que esta es una guerra y que ya
sabíamos a qué nos arriesgábamos. Eso es
cierto, lo sabemos todos: nosotros podemos asumir
morir en un combate, en un fuego cruzado, o que
nos caiga un misil; pero no que ataquen el centro
de la prensa internacional que ellos sabían que
era el Hotel Palestina, un sitio amparado por
todas las convenciones y debería haber sido
respetado y protegido".
Angela Rodicio,
enviada de Televisión Española, también lo
dijo al aire de manera indignada: "Los
testigos oculares, cientos de periodistas, no
vimos ningún francotirador, al contrario vimos
un tanque disparar al hotel. Y nadie sabíamos
que este lugar era objetivo militar".
Otro testigo
clave es Javier Mellado, el enviado de Antena 3
Televisión que en el momento del ataque se
encontraba en la habitación 1507 a escasos
metros del lugar de los hechos, ya que el impacto
cayó directamente en la 1503: "Estaba al
lado, el impacto fue durísimo, nos quedamos
aturdidos y casi sordos; para luego abrazarnos.
Luego salimos al pasillo empezamos a oír los
gritos de los heridos presas del pánico. Bajamos
los 15 pisos corriendo por las escaleras y
empezamos ayudarles a meter a los heridos a los
coches".
Sin ninguna
duda, asegura que el ejercito estadunidense mató
ese día a los tres periodistas: "Estamos
dispuestos a asumir el riesgo y el dolor de las
perdidas humanas de los compañeros, pero lo del
martes no han sido unas muertes, sino
asesinatos", dijo refiriéndose a Taras,
Couso y Tarek.
Explicó que
luego de la tragedia, todos los periodistas de
los diferentes medios de comunicación
internacionales se reunieron para debatir lo que
querían hacer además de la vigilia en homenaje
a ellos, ya que el Ministerio de Defensa español
les ofrecía un convoy para salir de Bagdad.
"Nos
quieren sacar de aquí y ni siquiera nos han
preguntado si nos queremos ir. Es indignante,
pero como profesional y en homenaje a Couso
quiero seguir aquí contando lo que está
pasando, pese a quien le pese. A cañonazos no
nos van a echar de aquí."
Para Mónica
Prieto, enviada de El Mundo, estas muertes
se unen a las miles de víctimas civiles
inocentes que está dejando la "injusta
guerra de Bush" en Irak: "La única
arma de José, que tanto asusta a los militares
que prefieren no tener testigos, era una simple
cámara de televisión".
La enviada de El
País, Ángeles Espinosa, había estado por
la mañana con el camarógrafo de Telecinco:
"Habíamos desayunado juntos. Es un decir.
Porque Couso apenas se había sentado para tomar
el té que tan cariñosamente le había preparado
Sistiaga y una galleta. Iba de una terraza a otra
de la habitación para que su cámara y los
espectadores de Telecinco no se perdieran nada de
lo que pasaba en Bagdad. Estaba siendo testigo de
una batalla entre las tropas estadunidenses y las
fuerzas iraquíes, en el lado occidental del
puente de Al Yumhuria. Quería montar bien las
imágenes y, de común acuerdo con Sistiaga,
optó por no unirse a los compañeros que
decidimos visitar el hospital Al Kindi. Mientras
organizamos la salida en el vestíbulo, se
sintió el impacto. Salimos corriendo al jardín
y se confirmó la sospecha. El hotel de la prensa
había sido alcanzado".
Para esta
periodista la clave de lo que pasó está en la
labor informativa que realizan: "Las
matanzas de Al Shaab, Al Shoala o Al Mansur
cuestionan la guerra limpia de Estados Unidos en
Irak. Los heridos civiles que cada cinco minutos
llegan a los hospitales Ibn Nafis o Al Kindi
también. Los periodistas se han convertido en
testigos molestos para Washington. Se lo dijo con
un proyectil disparado contra el hotel donde se
alojan. No ha sido el primer aviso. Sus presiones
para que salgamos de Bagdad refuerzan esa
tesis".
Efectivamente,
el Pentágono aprovecho el ataque a la prensa,
para recordarles que "no deberían estar en
Bagdad" porque era un lugar muy peligroso.
Incluso, el gobierno de José María Aznar
secundó a las autoridades estadunidenses y el
ministro de Defensa español, Federico Trillo,
pidió a los medios de comunicación que sacaran
a sus enviados de Bagdad.
Desde Bruselas,
la Comisión Europea condenó el ataque y
recordó al Reino Unido que es signatario del
protocolo de la Convención de Ginebra que pide a
las partes beligerantes que no ataquen a los
profesionales de la información.
La Federación
Internacional de Periodistas emitió un
comunicado donde calificaba el ataque
estadunidense de "crímenes de guerra"
y solicitó una investigación independiente de
lo ocurrido: "No hay duda de que esos
ataques podrían tener como objetivo a
periodistas, una grave violación del derecho
internacional.
Amnistía
Internacional coincide en calificar de la misma
manera el hecho: "Mientras Estados Unidos no
muestre que el Hotel Palestina fue utilizado con
fines militares, era un objetivo civil protegido
por las leyes humanitarias internacionales"
dice el documento de AI.
Reporteros Sin
Fronteras le envió una carta al secretario de
Defensa, Donald Rumsfeld donde le señalaba que
"un video rodado por el canal de televisión
France 3, así como los testimonios de varios
periodistas, indican que en el momento de los
hechos la situación era muy tranquila y que el
tanque estadunidense se tomó su tiempo,
esperando dos minutos y ajustando el cañón,
antes de disparar sobre el Hotel Palestina".
Del
otro lado
Un día antes,
el lunes 7 de abril, moría el periodista de El
Mundo, Julio Anguita Parrado, víctima de un
misil al sur de Bagdad, cuando se encontraba
"empotrado" en un centro de
comunicaciones del Ejército de Estados Unidos
contra el que se produjo el ataque de las tropas
de Saddam Hussein.
El Pentágono ha
creado para cubrir esta guerra el sistema de
"empotrados" es decir el grupo de 600
periodistas de la prensa internacional que fueron
admitidos para seguir el conflicto bélico desde
sus tropas, seguramente creyendo que la invasión
a Irak iba a terminar rápidamente.
Anguita Parrado,
de 32 años, estaba asignado a la Segunda Brigada
de la Tercera División de Infantería de Estados
Unidos; allí había llegado desde su puesto de
corresponsal en Nueva York. Junto a él murió
otro reportero, Christian Liebig, de 35 años,
que trabajaba para la revista alemana Focus.
Herald Henden,
fotógrafo del periódico noruego Verdens Gang
de Oslo, relató las circunstancias de la muerte
de Parrado: "La noche anterior, nos
invitaron a asistir a la incursión. Tuvimos la
libertad de decidir y Julio y el reportero
alemán prefirieron quedarse. Nos habían
advertido de que el ataque sería muy duro. Nos
metieron en un blindado y recibimos mucho fuego,
pero volvimos sanos y salvos. Cuando estábamos
en Bagdad llegó la noticia de que había caído
un cohete en el cuartel general y habían muerto
dos periodistas. Nos imaginamos que eran ellos...
Es increíble que en el lugar más seguro les
haya pasado esto".
Hijo del
excoordinador de Izquierda Unida, Anguita Parrado
habló ese día en tres ocasiones con sus jefes:
"Él deseaba ir, pero los militares
estadunidenses le señalaron que su chaleco
antibalas no era apto porque carecía de placas
de protección. Así que prometió enviar una
crónica contando los detalles de hoy y me pidió
que avisara a la redacción de Internet de que
algo gordo iba a ocurrir al amanecer",
comenta Iñaki Gil, director adjunto de
información del periódico.
Parrado llevaba
trabajando 10 años en El Mundo",
después de estudiar periodismo en la Universidad
Complutense de Madrid y trabajar en el Diario de
Córdoba, su ciudad natal. Un día antes de su
muerte, un canal de televisión le había hecho
una entrevista y él dijo con honestidad:
"No tengo miedo a esta guerra, lo que temo
es no estar a la altura para hacer mi
trabajo". Era la primera guerra que cubría.
Ultima
hora
El
periodista argentino Mario Podestá, de América
TV, murió
en el auto en el que viajaba, en una caravana de
vehículos que se trasladaba de Jordania a Irak.
La muerte se produjo en la carretera de Amman, a
pocos kilómetros de Bagdad y en el mismo
episodio resultó también herida Verónica
Cabrera, camarógrafa que acompañaba al
periodista, y quien fue internada en un hospital
en Ramadía.
Las
versiones sobre las circunstancias de su muerte
son contradictorias. La productora del
periodista, Clelia Isasmendi, manifestó a la
UTPBA que a la versión difundida por distintos
medios, según la cual se habría tratado de un
accidente automovilístico provocado por la
explosión de un neumático, se le opondría la
afirmación de que el auto en el que viajaba
Podestá habría sido baleado.
Hacía
varios días que Podestá, enviado de América
TV, estaba intentando ingresar a Irak para
realizar la cobertura de la guerra. El
periodista, de 51 años de edad, se desempeñaba
como camarógrafo y fotógrafo y era un antiguo
corresponsal de guerra.
* Sanjuana
Martínez y Anne Marie Mergier son corresponsales en Madrid y París,
respectivamente, del semanario mexicano Proceso. Este texto es una edición de Sala de Prensa de sus despachos enviados las últimas
semanas, autorizada por la subdirección
editorial.
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