Entrevista con Robert Fisk
Los
medios y la guerra
¿Cuál es el
comportamiento de los medios de
comunicación en la crisis de Irak y
cuál debería ser? Desde Beirut, el
periodista irlandés Robert Fisk,
especialista en Medio Oriente, autor de
varios libros sobre la región y
corresponsal del diario británico The
Independent, conversó con BBC
Mundo.
Alguien
dijo que en una guerra la primera víctima es la
verdad. ¿Cree que la información está siendo
víctima en esta crisis?
- No debería ser así. Quienes comparten esta
idea son aquellos que piensan que el periodismo
siempre va a fallar. No creo que tenga que ser
así. Si los periodistas y los editores están
preparados para decir la verdad, entonces la
verdad no será la primera víctima de una
guerra, ni siquiera una última víctima. Es el
uso repetido de este axioma lo que precisamente
lo hace parecer verosímil. En otras palabras, no
necesitamos sacrificar la verdad en tiempos de
guerra. Reflexionaba hace unos meses con la
excelente periodista israelí Amira Hass, que
trabaja para el diario Haaretz, sobre
nuestra misión como periodistas. En mi manera
británica de poner las cosas, dije que creía
que nosotros escribíamos las primeras páginas
de la historia, etcétera, etcétera. Ella me
dijo: No, Robert, estás equivocado.
Nuestro trabajo es ser los monitores de los
centros de poder. Estaba en lo cierto y por
eso uso desde entonces esa definición de
periodismo.
¿Entonces se
puede decir que los medios de comunicación
muestran ahora capacidad para distinguir entre
hechos veraces y propaganda?
- No, absolutamente no. Si solamente nos fijamos
en el comportamiento de los medios en las
conferencias de prensa de la OTAN durante el
bombardeo de Serbia en 1999, veremos la forma
débil, dócil, cobarde en que los periodistas
hacían las preguntas. En lugar de desafiar lo
que la OTAN decía y esto no significaba de
ningún modo tratar de apoyar a Milosevic,
eran llevados de las narices a las preguntas que
la OTAN quería que le hicieran. Una y otra y
otra vez, en Estados Unidos, los periódicos
dicen: Saddam está haciendo esto o
aquello, dicen funcionarios del gobierno.
Una y otra vez, las últimas palabras del primer
párrafo de todas y cada una de las noticias
estadunidenses sobre Irak es: dicen
funcionarios del gobierno. Hay en Estados
Unidos una sensación de que el periodismo que
desafía la política exterior del gobierno
muestra una especie de falta de patriotismo. Y
asimismo, en Gran Bretaña, debido a ese
extendido uso de la cultura de lobby,
nosotros, los periodistas, en gran medida
terminamos en un camino paralelo al del sistema,
volviéndonos funcionales al poder,
portavoces de ministros del gobierno. Este es el
mayor riesgo de nuestra profesión, y está
creado principalmente por nosotros, los
periodistas.
¿Eso
significa que, en caso de una guerra contra Irak,
los periodistas pueden verse abrumados por las
declaraciones del Pentágono y la Casa Blanca?
- No, no son abrumados. Se trata de un hábito. A
los periodistas no les gusta ser tildados de
controvertidos o desafiantes con la
información. Quieren continuar en su carrera con
objetivos de la vida real: la escuela de sus
hijos, deudas que no podrán pagar si pierden su
trabajo... Así que terminan yendo junto al
sistema e informan lo que otros esperan que ellos
informen. Ese es el problema real del periodismo
en la actualidad. Nosotros, como grupo, no
consideramos nuestro trabajo una
vocación, que es lo que debería
ser.
Pero por otra
parte, no podemos dejar de lado que los
periodistas, después de todo, son ciudadanos, y
que el ciudadano común se encuentra en esta
especie de temor generalizado ante un mundo
amenazado...
- Si sienten que están en un mundo amenazado
deberían hacerse a sí mismos dos preguntas. La
primera: el 11 de septiembre de 2001, ¿cambió
el mundo como sostiene George W. Bush? La
respuesta es: No. 17 mil 500 civiles
libaneses murieron aquí, en el país desde donde
le estoy hablando, en dos meses del verano de
1992 durante la invasión israelí y nadie
proclamó que ese hecho cambiara el mundo.
Segundo: si un periodista se siente tan patriota,
¿por qué no se pone un uniforme militar y sale
a combatir en lugar de informar sobre la guerra?
Si quieren informar, entonces tienen que ser
periodistas. Si quieren ser patriotas, entonces
mejor que sean soldados.
En un
esfuerzo de síntesis, ¿podríamos distinguir
entonces qué corresponde al terreno de los
hechos y qué al de la propaganda, en la forma de
informar sobre esta crisis?
- Lo que necesitamos ahora son periodistas que
sean capaces de decir lo que creen y sienten, del
mismo modo que se espera que digan lo que la
noticia se supone que es. Y aquí hay dos cosas
diferentes: Si la noticia es lo que vimos en las
cadenas de televisión, entonces el periodismo se
ha convertido en vocero de la línea editorial
impuesta por el gobierno. Pero si se le permite
al periodista decir lo que realmente ha visto y
lo que realmente siente, entonces todos sabremos
qué es el periodismo. Realmente espero que los
corresponsales en esta guerra que viene nos digan
lo que ellos creen que es la verdad. Tengo mis
fundados temores de que no lo harán.
Usted tiene
un profundo conocimiento de la región y, por lo
tanto, autoridad para decirnos qué es lo que los
medios occidentales no han mostrado sobre lo que
realmente ocurre o han tratado de ocultar.
- Que ésta es una guerra por el petróleo. Si no
fuera por el petróleo, ¿por qué no invadimos
Corea del Norte? Si fuera por derechos humanos,
¿por qué no invadimos Irak hace 20 años? ¿Por
qué no hablamos de petróleo y de las
compañías petroleras estadunidenses, y de las
otras compañías que se alinean con los amigos
personales de George W. Bush, presidente de
Estados Unidos? Si fuera por derechos humanos,
¿qué estaba haciendo Donald Rumsfeld
reuniéndose en 1983 con Saddam Hussein en el
momento más álgido de su campaña de tortura de
hombres y mujeres inocentes? ¿Qué hacía
pidiéndole, rogándole a Saddam, por la
reapertura de la embajada en Bagdad para que los
estadunidenses pudieran hacer más negocios con
este régimen repugnante? Esto ahora no se trata
de armas de destrucción masiva. En aquel
momento, cuando Rumsfeld se reunía con Hussein,
Saddam estaba usando gas contra el ejército
iraní en la guerra entre Irak-Irán, y Estados
Unidos mantuvo su silencio sobre esto. ¿Por qué
en ese momento Donald Rumsfeld no dijo nada y
ahora derrama lágrimas de cocodrilo? En ese
momento no lloraba; sonreía y estrechaba la mano
de Saddam Hussein. Entonces, esto no es una
cuestión por armas de destrucción masiva, gas,
terror biológico o derechos humanos. Todo esto
es una cuestión de petróleo, petróleo,
petróleo. Y sobre esto deberíamos estar
escribiendo los periodistas.
¿Podría
contarnos una experiencia personal en la que vio
algo que los medios no publicaran, o viceversa:
de algo que publicaran pero no ocurría en la
realidad?
- Tengo un ejemplo perfecto. Cuando Rumsfeld
estaba en Bagdad reuniéndose con Saddam, yo
viajaba en un tren sanitario militar que venía
desde el sur de Irán hacia Teherán. Allí,
cientos de soldados escupían sangre y mucosas de
sus pulmones, que habían sido infectados por
gas. Yo andaba abriendo las ventanas de los
vagones porque también estaban expulsando el gas
que todavía tenían retenido. Yo podía olerlo.
Cuando llegué a Teherán, escribí mi artículo
sobre estos terribles crímenes de guerra, esta
terrible violación a los derechos humanos y a
los códigos de la guerra cometidos por Saddam
Hussein. A los pocos días un alto funcionario de
la cancillería británica almorzó con mi editor
en Londres y le dijo que mi artículo «no era
cooperativo», ya que en ese momento nosotros
estábamos del mismo lado de Saddam. ¡Cómo
podemos atrevernos ahora a decir que vamos
invadir a Irak como una contribución a los
derechos humanos!
Ya que
abrimos la entrevista con un axioma, la cerremos
con otro: La guerra es la
política pero por otros medios. ¿Pueden
escapar los medios al hecho de ser también
instrumentos?
- Usted está citando a Clausewitz, y, si yo
fuera usted, no citaría a un alemán hablando de
guerra.
¿Por qué?
- Alemania fue la fuente de agresión en Europa
en 1871, 1914 y 1939. Pero al final, una nueva
Alemania en una nueva Europa se proclama contra
la guerra junto a Francia. En realidad eso habla
más de la vieja América, la
América de Teodore Roosevelt, del real
imperialismo, la que mató a sus propios
habitantes naturales, esa América que está
volviendo a tomar el poder en Washington.
Nosotros no somos una vieja Europa, somos una
nueva Europa de paz y consideración.
Bien, pero el
hecho de que haya sido un alemán el autor del
enunciado no descalifica la verdad que pueda
encerrar y lo que nos pueda decir en este
momento.
- Lo siento, mi país combatió a Alemania en la
Segunda Guerra Mundial. Mi padre combatió. Pero
respondiendo a su pregunta, creo que muchos
periódicos y medios de comunicación quieren una
guerra en Irak, porque piensan que van a vender
más. Yo estoy en una posición afortunada de
trabajar para un periódico, The Independent,
que se opone a la guerra. Eso me hace sentir muy
bien, porque me opongo a cualquier guerra. La
guerra no es una cuestión de victoria y aptitud.
La guerra es fundamentalmente una cuestión de
muerte, es el fracaso, la caída del espíritu
humano. Aquel periodismo que esté a favor de
esto, debería sentirse avergonzado de sí mismo.
*
Robert Fisk es
especialista en Medio Oriente, autor de varios
libros sobre la región y corresponsal del diario
británico The
Independent. Esta
entrevista fue reproducida en el periódico Zócalo, de la Ciudad de México, y se recoge
en Sala
de Prensa con la
autorización expresa de su director.
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