Al-Jazeera:
la piedra en el zapato
Pascal
Beltrán del Río *
DOHA, QATAR.-
Decenas de imágenes de televisión se acomodan
para formar un ojo. Abajo y a la derecha del ojo
hay un lema provocador: "Si todo el mundo ve
CNN, ¿qué ve CNN?".
La respuesta a
la pregunta es obvia: Al-Jazeera. Y no sólo
porque los autores del cartel publicitario lo
remataron con el logotipo de esa cadena de
televisión, sino porque, en los hechos, eso es
precisamente lo que sucede, sobre todo después
de que el personal de CNN fue expulsado de
Bagdad, la capital de Irak.
Quizá
Al-Jazeera la televisora de lengua árabe
que en tres años se ha vuelto una referencia
obligada para los medios de todo el mundo
tenga una audiencia propia de unos 45 millones de
personas, pero sus imágenes y su información ha
logrado una penetración aún mayor. Incluso
cuando la competencia, que no ha dudado en
suscribir con ella acuerdos para compartir su
señal y retransmitir su material, se ha negado,
obligada o por autocensura, a mostrar lo que
captan sus cámaras.
Cuando ha
sucedido esto último por ejemplo, en la
actual guerra en Irak, no han faltado
televidentes que cambien de canal para ver
Al-Jazeera
así no entiendan media palabra
de lo que dicen sus conductores, reporteros y
comentaristas.
"Voy a
poner una escuela de árabe", dice,
divertido y orondo, el vocero de la televisora,
Jihad Ali Ballout. "Con todos tus colegas
que quieren estudiar nuestro idioma, podría ser
una idea muy exitosa".
Fundada hace
siete años sobre el modelo de la estadunidense
CNN y la británica BBC, Al-Jazeera se ha vuelto
tan relevante en el mercado internacional de la
información que ahora piensa competir con las
televisoras de Atlanta y Londres en su propia
lengua. Se espera que en menos de un año
comiencen las transmisiones de un canal de
Al-Jazeera completamente en inglés. De acuerdo
con la empresa, no será un servicio basado en
traducciones, sino con material propio, producido
por personal angloparlante.
"Así
podrás ahorrar el dinero que pensabas gastar en
lecciones de árabe", bromea Ballout, en
entrevista con Proceso.
Lo cierto es que
la guerra de Irak ha significado la
consolidación de la presencia mundial de
Al-Jazeera. Con su cobertura de los bombardeos
estadunidenses a Irak de 1998 (la llamada
operación Zorro del Desierto) y la Intifada en
Israel de 2000, el canal de noticias se
convirtió en el más popular del mundo árabe.
Pero se ancló en la conciencia pública mundial
con motivo de los ataques terroristas de 2001 en
Nueva York y Washington, y sus consecuencias,
principalmente la guerra en Afganistán.
Al-Jazeera
causó interés y controversia en Occidente al
retransmitir una entrevista con Osama Bin Laden
poco después de los atentados y por la posterior
difusión de mensajes del líder terrorista,
tanto en audio, video y escritos a mano.
Instigadas por Washington, las grandes cadenas de
televisión estadunidenses se abstuvieron de
recoger de manera inmediata estos materiales
la consejera de Seguridad Nacional de la
Casa Blanca, Condoleezza Rice, y otros
funcionarios alegaron que los mensajes debían
ser estudiados antes de salir al aire, pues
presumiblemente contenían órdenes en
clave, aunque terminaron por admitir su
relevancia noticiosa.
Pero Al-Jazeera
se volvió indispensable por más que eso:
Durante la guerra en Afganistán, en el otoño de
2001, tuvo la única cámara en Kabul, con lo que
pudo transmitir en exclusiva escenas de los
bombardeos estadunidenses y británicos sobre la
capital afgana, así como la respuesta de las
baterías antiaéreas del régimen talibán.
No fue la
competencia la única en interesarse, así fuera
con recelo, en el trabajo de Al-Jazeera. El
gobierno estadunidense tampoco tardó mucho en
reconocer la importancia del canal.
Durante el
conflicto con el régimen talibán, Washington
trató de influir en la programación que
juzgaba "sesgada", mediante
conversaciones de alto nivel con el jeque Hamad
Bin Khalifa Al Thani, emir de Qatar y fundador y
accionista principal de Al-Jazeera. En aquel
tiempo se quejaba, por ejemplo, de que muchos
comentaristas invitados por la televisora decían
al aire que la política exterior estadunidense
era la responsable de los ataques del 11 de
septiembre. Sin embargo, el emir se rehusó a
intervenir en la línea editorial del canal (Proceso
1302).
De
la luna de miel al divorcio
Esta vez, el
gobierno del presidente George W. Bush optó por
una estrategia distinta: el apapacho. No fue,
aparentemente, una posición movida sólo por el
deseo de entablar una mejor relación con el
canal, pues éste ya había diseñado una
estrategia de cobertura de la guerra, con siete
corresponsales y varias cámaras ubicados en
sitios clave de Irak.
En estos días,
pocos han reparado en que el último mensaje
atribuido a Osama Bin Laden, transmitido por
Al-Jazeera, tiene claves que pudieran explicar la
estrategia militar de los iraquíes, que ha
tomado por sorpresa a la Coalición, o cuando
menos ha complicado sus planes.
El 11 de febrero
último, la cadena difundió el mensaje, en
audio, en el que una voz "muy
similar" a la de Bin Laden, según medios
internacionales recomendaba a los iraquíes
cómo enfrentar un ataque estadunidense, basado
en experiencias adquiridas en Afganistán. Entre
otras cosas, la voz sugería despreocuparse de
los ataques aéreos "sólo buscan
(bombardear) los blancos más obvios"
y preparar una guerra de guerrillas,
"aprovechando posiciones camufladas en
planicies, montañas y ciudades".
A principios de
marzo, dos semanas antes de que comenzaran los
ataques estadunidenses y británicos contra el
régimen de Sadam Hussein, funcionarios de prensa
del Comando Central la rama de las Fuerzas
Armadas estadunidenses encargada del manejo de la
guerra, que tiene su centro de control en las
afueras de esta capital se reunieron a
comer con Omar Bec, director de noticias del
canal.
El Pentágono
ofreció a Al-Jazeera, a escoger, cuatro de los
lugares que fueron destinados a periodistas en
sus contingentes militares (el ya mundialmente
famoso programa de embedded journalists,
que ha generado las imágenes de combates
difundidas por la televisión en los últimos
días).
También tomó
la decisión, sin precedentes para una televisora
extranjera, de designar a un funcionario de
enlace exclusivo para resolver sus necesidades
informativas. Y en el centro de prensa de la base
de As Sayliyah, del Comando Central, Al-Jazeera
ocupa lo que los periodistas acreditados aquí
consideran el mejor cubículo del edificio, a un
lado de la sala de conferencias, donde encabezan
ruedas de prensa el general Tommy Franks,
comandante de la operación, y otros mandos
militares, un obvio privilegio que no fue para la
BBC ni la para la CNN.
Por si fuera
poco, Washington dispuso que Al-Jazeera tuviera
acceso a fuentes de primer nivel. De esa manera,
entrevistó a Condoleezza Rice y al secretario de
Defensa, Donald Rumsfeld, quien le destinó, de
manera desusada, media hora de su tiempo.
Sin embargo,
pronto comenzaron las desavenencias.
Cuando
Al-Jazeera transmitió las imágenes del llamado
"domingo negro" el 23 de marzo,
fecha en que los estadunidenses y británicos
comenzaron a sentir la fuerza de la resistencia
iraquí, que incluían tomas de soldados
muertos y capturados, Washington pegó el grito
en el cielo, aunque centró sus críticas en la
decisión del régimen de Saddam Hussein de
grabarlas y hacerlas públicas.
Pero mientras el
gobierno estadunidense hablaba de violaciones a
la Convención de Ginebra, las otras grandes
televisoras, incluida la CNN y la BBC,
recurrieron a la autocensura. No difundieron las
imágenes y se limitaron a decir que Al-Jazeera
las había puesto en pantalla.
Eso fue el
primer día, porque los siguientes la competencia
comenzó a usar algunas de las escenas, primero
con distorsiones visuales y luego sin ellas.
"Ese uso de las imágenes probó que sí
tenían valor periodístico", afirma
Ballout.
Así, la
televisora se convirtió en el tercer
protagonista del conflicto.
La
caja de cerillos
En los siete
años que tiene de vida, desde que fue creada por
un decreto del emir de Qatar con el lema al-rai
wal rai al-akhr (opinión
y la
otra opinión), Al-Jazeera ha generado lo mismo
amores que odios. Y no sólo en Occidente.
Algunos países árabes, como Kuwait, Jordania y
Siria han prohibido que la televisora instale
oficinas en su territorio. Y cuando Faisal Al
Qassem, el conductor de un popular programa de
debate del canal, dijo que todos los dirigentes
árabes eran "hijos de puta", se armó
un revuelo sin fin.
"¿Tanto
lío por esta caja de cerillos?", comentó
el presidente egipcio Hosni Mubarak cuando
visitó las instalaciones de la empresa en Doha,
un sencillo inmueble de un piso
vigiladísimo, impenetrable en estos días
de guerra, ubicado en una loma que domina
la capital.
Antes de que
Al-Jazeera escandalizara a una parte de Occidente
con la difusión de opiniones políticas
incendiarias y crudas imágenes de guerra, ya
había sacudido a las propias sociedades árabes
con el cuestionamiento de muchos tabúes, como la
infalibilidad de la autoridad.
Pese al
prestigio que ha ganado como un medio respetuoso
de los valores universales del periodismo
independencia, equilibrio, veracidad,
Al-Jazeera también ha sido señalada por su
falta de visión crítica de los acontecimientos
en Qatar, país cuyo gobernante lanzó el canal.
A ese cuestionamiento, la televisora suele
responder que sus objetivos informativos van
mucho más allá del territorio que la aloja.
Con una quinta
parte de los empleados con que cuenta CNN,
Al-Jazeera tiene unos 45 millones de
telespectadores habituales, dicen sus directivos.
Muchos de sus reporteros en su mayoría
palestinos, sirios y libaneses se formaron
en la BBC y fueron parte del proyecto en lengua
árabe en que incursionó dicha cadena y que
fracasó casi al mismo tiempo del nacimiento de
la televisora. Ésta tuvo la suerte de contar
desde sus comienzos con periodistas bien
entrenados y ávidos de trabajar.
Para enfrentar
la guerra en Irak, Al-Jazeera desplegó un equipo
de unas 30 personas, entre reporteros,
camarógrafos y técnicos. Sin embargo, Jihad Ali
Ballout, vocero de la empresa, afirma que la
estrategia de cobertura del conflicto no se
distingue del resto de su trabajo informativo.
"Curiosamente,
muchos quieren saber cuál es la estrategia de
Al-Jazeera para cubrir la guerra, y yo repito que
no la hay", dice Ballout. "Tenemos una
estrategia general para nuestra compañía. Y es
básicamente la misma de cualquier organización
periodística: tener equilibrio informativo,
obtener todas las perspectivas, dar a todos la
oportunidad de expresar su punto de vista,
comprobar nuestras fuentes y datos lo más que se
pueda, y mantener este puente de confianza que
hemos creado tanto con nuestros televidentes como
con nuestras fuentes".
Libanés de
origen, Ballout habla con el enviado en un
edificio corporativo, en el malecón de Doha,
frente a la costa del Golfo Pérsico.
Un equipo de la
televisión japonesa guarda sus luces y cámaras,
luego de grabar su propia entrevista. Cuando se
retire el enviado, otros reporteros llegarán. La
agenda de Ballout está llena. La pantalla de su
computadora está abierta en la página de
Internet del diario Toronto Star, que
acaba de publicar una nota sobre Al-Jazeera. Las
controvertidas imágenes de la televisora son uno
de los temas más calientes en estos días de
guerra.
¿Hay un
puente de confianza con el gobierno
estadunidense?
Creo que
hay respeto mutuo. Así es la vida: A veces se
tienen puntos de vista divergentes y eso se tiene
que abordar de una manera amistosa. Mientras la
gente se hable y partan de la misma plataforma de
respeto mutuo, todo puede arreglarse.
Ballout enciende
uno de sus Gitanes con la colilla del que
se está consumiendo. En estos días, la prensa
lo ha bombardeado con preguntas sobre el uso de
imágenes de soldados muertos, helicópteros
derribados, edificios en llamas y niños heridos.
Prefiero
ya no hablar de eso se anticipa. Ya
dije mucho.
Se le pregunta
si tiene tranquila la conciencia profesional.
"Las
reacciones que recibo de muchos colegas en los
medios occidentales, incluso estadunidenses, son
en el sentido de que hemos sido valientes, que
estamos haciendo cosas que muchos periodistas
quisieran hacer. Básicamente, nos han
felicitado."
Ya han
logrado que mucha gente que no habla árabe tenga
que estar pendiente de lo que sale en su canal.
¿Qué más les falta por hacer?
Ciertamente
hemos abollado algunas coronas, desde que
comenzamos a transmitir. Sólo espero que lo
sigamos haciendo y que, al hacerlo, mantengamos
nuestra integridad profesional. Nuestro objetivo
es hacer bien nuestro trabajo, y nada más.
La
realidad, un negocio
Por supuesto, no
todos coinciden en que Al-Jazeera ha hecho bien
su trabajo.
La página de
Internet en inglés que Al-Jazeera había
estrenado apenas el lunes 24 de marzo, fue
atacada por hackers y luego le fue
cancelado el servicio de la empresa que mantenía
el sitio en la red, por lo que, hasta el jueves
27, permanecía inaccesible. Los reporteros de la
televisora también fueron expulsados de la Bolsa
de Nueva York por juzgar inconveniente su
presencia.
Y tampoco todos
los inconformes han tenido cuidado de no
satanizar en público a la televisora, como ha
hecho el gobierno estadunidense.
De hecho, la
reacción más dura por su cobertura de la guerra
vino de uno de los protagonistas del conflicto:
Las Fuerzas Armadas de Gran Bretaña. El
miércoles 26, Al-Jazeera transmitió imágenes
de dos soldados británicos muertos cerca de
Basora. Según Londres, las familias de los
militares caídos no habían sido informadas
cuando aparecieron las imágenes en las pantallas
de la televisora.
En conferencia
de prensa, en la base de As Sayliya, la mañana
del jueves 26, el mariscal del aire Bryan
Burridge, comandante de las fuerzas británicas,
estalló contra el canal:
"La
decisión de Al-Jazeera de difundir este material
es deplorable. Los llamamos a desistirse de
futuras transmisiones de esta naturaleza. No
queremos limitar la libertad periodística de
modo alguno. Sin embargo, todos los medios deben
estar enterados de los límites del buen gusto y
la decencia, y tengan cuidado de no convertirse
inadvertidamente en herramientas del régimen
iraquí."
Omar Moussawi,
periodista de la televisora, tomó la palabra
para decir: "Nosotros, en Al-Jazeera, no
somos parte de la Coalición ni del régimen
iraquí. Somos un medio independiente".
Y Burridge
cerró la discusión: "Ese tipo de
periodismo no es equilibrado ni debe ser motivo
de orgullo de persona alguna".
Ante la
insistencia de Proceso, Jihad Ali
Ballout aceptó comentar la controversia:
"Me parece que quienes se quejan por ese
motivo les falta perspectiva. Lo que hicimos,
como siempre, fue recurrir al contexto,
alimentado por nuestro trabajo, para dar lo que
consideramos un aspecto de la guerra que no está
siendo reflejado por los medios hasta ahora. Y lo
hicimos. Puedes monitorear a los medios
internacionales, como CNN y BBC, y verás que
están pasando las imágenes. Si no tuvieran
valor periodístico, no las habrían usado.
Nosotros nunca dudamos que fueran un elemento de
interés público. Y se ha probado que tuvimos
razón".
Agrega:
"Entiendo que estas imágenes provocaron
angustia en muchas personas. Desgraciadamente,
así es la guerra, y nosotros estamos en una
posición en que tenemos que informar sobre estas
cosas, aunque haya gente que diga que esto no es
correcto".
¿La
guerra es negocio para ustedes?
Desgraciadamente,
la guerra es un negocio en el sentido más
amplio. Todos tenemos que hacer un trabajo en la
vida, y nuestro negocio es reflejar una realidad
para una audiencia que no puede ser testigo de
los acontecimientos. La gente merece ser tratada
con respeto y recibir una imagen de las cosas tal
como ocurren.
Sigue: "En
nuestro mundo, el mundo árabe, la carretera de
la información era de un solo sentido. Solíamos
obtener nuestra información primordialmente de
Occidente. Así que nuestras sociedades han
estado buscando otras fuentes de información,
sobre todo porque las otras carecen de la
perspectiva de la región, y eso se debe a que no
son de aquí. Nosotros somos una parte integral
de la cultura de la región. Podemos darle a
nuestro auditorio ese ángulo que le ayude a
digerir la información. A los medios
internacionales, por más que se esfuercen, les
cuesta más trabajo. Y también podemos ser un
puente que ayude a Occidente a entender mejor
nuestras sociedades".
Pero al
tratar de explicar el Oriente a Occidente, ¿no
están introduciendo valores occidentales en su
auditorio mediante la forma en que difunden y
analizan la información? Por ejemplo, cuando
ustedes rompen tabúes del mundo árabe, ¿no lo
hacen con criterios occidentales?
¿Y desde
cuándo el progreso y el pensamiento lógico han
sido dominio exclusivo de Occidente? Hay que
recordar que durante mucho tiempo las sociedades
árabes han estado expuestas a pocas fuentes de
información, y la mayor parte de las veces los
medios árabes han sido serviles del poder. No
podían operar en un ambiente de libertad.
Al-Jazeera ha roto ese tabú y por eso otras
organizaciones periodísticas han comenzado a
caminar por ese sendero. No creo que lo que
hagamos sea occidentalizar. Todas las sociedades
buscan la verdad.
¿El
propósito, entonces, es ser un puente?
Creo que
ya lo somos. No sé si fue por suerte o porque
así lo planeamos. Lo cierto es que cuando gente
que tiene interés en la región, como el
presidente Bush o Condoleezza Rice o Tony Blair,
quiere comunicarse con el auditorio árabe,
escoge a Al-Jazeera.
Desde el
punto de vista de negocios, ¿no están ustedes
creciendo de manera global montados sobre la ola
del conflicto Oriente-Occidente?
Estamos
creciendo globalmente porque nos hemos ganado
respeto como profesionales de la información.
Desgraciadamente, las malas noticias son las más
buscadas. Los conflictos están ahí y el papel
que podemos jugar es facilitar el entendimiento
de los hechos que originan esos conflictos.
Queremos ayudar al entendimiento entre esos dos
mundos, aunque no creo que seamos los más
inteligentes. Nuestro trabajo es humilde, pero lo
hacemos sin desviarnos de los principios que nos
guían como periodistas.
* Pascal
Beltrán del Río es
subdirector de información de la revista
mexicana Proceso. Este reportaje fue publicado en la
edición 1378 de ese semanario y se reproduce en SdP con la autorización expresa de la
subdirección editorial.
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