Un centinela de los públicos en la redacción
Carlos
Maciá Barber *
"El
papel del ombudsman
no es el de hacerse popular o
querido. Ni a sí mismo, ni al
director, ni siquiera al propio
periódico. La función del ombudsman
es la de recuperar o conservar el
respeto de los lectores por su
diario. No es un objetivo por
completo desinteresado. A largo
plazo, el respeto es el único
sentimiento que conducirá al lector
a leer, avalar, apoyar y a
comprar un diario."
1
En
el mundo periodístico quizá no exista el
desempeño de una labor designada con mayor
número de apelativos como la que realiza en un
medio de comunicación el Defensor del Lector,
del Oyente o del Telespectador. La mayoría
poseen, por desgracia, un matiz negativo o
burlón, fruto del escepticismo. En las
redacciones, entre otros motes, se habla del
perro guardián, el policía, el Pepito Grillo,
el fiscal, el abogado del diablo, el Robin
Hood, el censor, el justificador, el
solitario, el paria, el Pilatos o el bombero. En
el mejor de los casos se alude al o la periodista
como la conciencia de la Redacción o el abogado
de los lectores.
¿Cuál es el
motivo último y verdadero que mueve a un medio
de comunicación a establecer para sí la figura
del Defensor? La razón debiera ser de peso
porque, como destaca Sinova, esta figura, tal
como está concebido el proceso de la
comunicación en la actualidad, no deja de ser un
acto de generosidad poco frecuente de
los gestores de los medios.2
Una primera
aproximación que trate de dar respuesta a esta
cuestión pone de relieve la diversidad de
argumentos que ofrecen propietarios, directivos y
profesionales de los medios así como
investigadores y estudiosos de la comunicación.
Pero si bien unos y otros hacen hincapié en
diversos aspectos o efectúan sus análisis desde
diferentes perspectivas, todos convergen en un
punto crucial: la actividad profesional
periodística no es perfecta, es mejorable. La
misma presencia de la figura del Defensor en un
medio de comunicación representa un
reconocimiento expreso por parte de una empresa
informativa de que su actividad puede contener
errores y causar daños. La sola implantación
del Defensor supondría ya, por consiguiente, un
claro ejercicio público de autocrítica.
Y esta voluntad
de mejora y perfeccionamiento que lleva a
determinados medios de comunicación a crear e
implantar un Defensor apunta, como se verá, a la
consecución de dos objetivos indisolublemente
unidos: el primero, el lograr la excelencia
profesional; el segundo, el servir con eficacia
al ciudadano.
Primer
objetivo: el alcanzar la excelencia profesional
En buena
lógica, cabe pensar que todo propietario,
directivo y profesional de un medio de
comunicación desea ofrecer un producto de
superior calidad que haga digna de singular
aprecio y estimación a su empresa periodística.
Para lograr este
fin son imprescindibles diversos elementos. A los
necesarios recursos económicos hay que unir unos
profesionales capacitados y competentes. Y, por
otro lado, hay que contar también con adecuados
sistemas de control (libros de estilos, códigos
de conducta, correctores, auditorías internas,
etcétera.). Algunos medios, con este mismo
propósito de alcanzar la excelencia profesional
se han dotado, además, de un Defensor del
Lector, del Oyente o del Telespectador.
Así, se ha
señalado entre los fundamentos de la existencia
de esta figura, el de coadyuvar a alcanzar la
perfección en la labor profesional de los
periodistas y, en consecuencia, contribuir a la
elaboración de un producto periodístico de
calidad mediante un auténtico "control de
calidad".
- Respeto de
la ética profesional y de los códigos
deontológicos del Periodismo. La necesidad
de que en el trabajo periodístico impere un
estricto respeto por las normas del buen hacer
profesional es una demanda común en el ámbito
del Periodismo. Estos principios se han
materializado, de manera especial en las últimas
décadas, en diversos códigos éticos, códigos
deontológicos, normas de conducta o libros de
estilo.
Si bien es
cierto que existe un gran número de
formulaciones y que en algunos casos la adhesión
a los códigos o normativas no es explícita, es
verdad que tales preceptos han sido aceptados
como válidos por la inmensa mayoría de los
profesionales de todo el mundo.
Como garantía
del compromiso adoptado y con la finalidad de
vigilar que efectivamente no se vulneran dichos
fundamentos en el ejercicio de la profesión se
apunta como fundamental la figura del Defensor.
Sucede, en primer lugar, en los medios de
comunicación que cuentan con una normativa
específica para su Defensor del Lector, del
Oyente o del Telespectador:
De modo
análogo, quienes han desempeñado o desempeñan
esta función en un medio de comunicación no
dejan de apuntar este cometido como fundamento
básico de la implantación de esta figura
periodística. También los investigadores de la
comunicación hacen hincapié en este aspecto
una figura autónoma implantada por el
medio para velar por el cumplimiento de los
compromisos asumidos en los libros de estilo o en
los códigos deontológicos como uno de los
principios rectores de la actuación del
Defensor.
- La
prevención del corporativismo.
Asimismo, se
considera la instauración del Defensor como un
remedio adecuado para ayudar a combatir, en el
ámbito del Periodismo, la tendencia abusiva a la
solidaridad interna y a la defensa de los
intereses del cuerpo. La figura del Defensor
contribuiría, pues, a paliar este desorden tanto
si el fenómeno se manifiesta de un modo
generalizado, en el conjunto de los profesionales
de la información, como si se produce en el seno
de una empresa periodística en particular.
- Fomento de
la autocrítica.
Entre quienes
enjuician de manera negativa al Periodismo como
profesión es frecuente encontrar como alegato la
escasez de juicio crítico que los empresarios y
profesionales de la información realizan sobre
la labor y comportamiento propios. Diezhandino,
Bezunartea y Coca han detectado, entre los
profesionales, que "la crítica a la labor
de otro medio o periodista se convierte en un
ataque a la libertad de expresión y,
curiosamente, desde la libertad de expresión, se
rechaza cualquier análisis crítico de la
realidad de los propios medios".3 Como acertadamente
señala Aznar,4 "puesto que los
medios realizan una labor de escrutinio de las
demás instituciones, no se entiende muy bien
y el público se da cuenta de ello
que se excluyan a sí mismos de ese ejercicio tan
sano de la crítica".
Un avance
innegable que aporta la figura del Defensor es
que los medios de comunicación acaban por
comprender la importancia de convivir con la
autocrítica. Un proceso de mutuo aprendizaje en
el que la Redacción aprende a ser criticada y el
Defensor aprende a criticar. En este sentido,
asevera Mesquita, la figura del Defensor es
innovadora. Frente a la práctica tradicional de
disimular la equivocación, "a partir de la
década de los años ochenta se desarrolló con
particular vigor una acción pedagógica en el
medio profesional, con el objetivo de hacer
comprender que el interés de la empresa
periodística consiste en admitir, reconocer y,
en la medida de lo posible, corregir el
error".5 La propiedad y la
dirección de los medios, dado que el Periodismo
es ante todo servicio al público, deben estar
dispuestas a arriesgarse a la crítica pública.
Por otra parte,
esta autocrítica debe comprender, como es
lógico, la propia actuación del Defensor. Como
cualquier otro ser humano el Defensor no es
infalible.
Por último, hay
que resaltar que se ha apuntado que la función
autocrítica puede entenderse en un sentido
amplio. Es decir, como una visión reflexiva
sobre la actuación y la práctica profesional
del Periodismo en el conjunto de la empresa
informativa, bien de una forma genérica o
global, bien sobre un determinado medio.
- Recuperar,
mantener o aumentar la credibilidad del medio de
comunicación.
Poder o merecer
ser creído es una meta perseguida por cualquier
medio de comunicación. Lo contrario, la falta de
credibilidad, implica una condena a muerte
mediática. La credibilidad se sustenta en la
exactitud, el equilibrio, la imparcialidad, el
tono, la independencia, el gusto y la
sensibilidad. Aspectos todos que preocupan
sobremanera a los públicos que acuden al
Defensor. El Defensor no es la panacea para
erradicar la pérdida de credibilidad, pero sí
que puede constituirse en un factor cardinal para
recuperar la confianza de los públicos en los
medios de comunicación.
En junio de
1998, la CNN emitió un reportaje en el que se
revelaba la presunta utilización de gas nervioso
por parte del Ejército estadounidense durante la
Guerra del Vietnam contra un grupo de sus
soldados que había desertado a Laos. La
dirección de la emisora reconoció
posteriormente la incorrección del reportaje que
carecía del necesario fundamento. Los
principales productores del trabajo fueron
despedidos. Una de las estrellas de la cadena,
Peter Arnett, fue seriamente
"amonestado". Por primera vez en sus
dieciocho años de existencia la cadena
estadounidense tuvo que retractarse.
Justo un mes
después, la emisora anunció la creación de la
oficina del Defensor del Televidente, cuya
finalidad sería evitar nuevos errores y
recuperar la credibilidad perdida. El
departamento nacía con el objetivo primordial de
velar por la calidad y la profesionalidad de los
periodistas.
- El
promover el diálogo interno.
Cualquier
empresa o institución genera dos clases de
comunicación. La primera es externa, orientada
al conjunto de la sociedad. Por lo general, es la
más conocida porque traspasa la esfera
particular de la organización. La segunda, menos
trascendente, tiene carácter interno y se
produce en un doble sentido: vertical, entre los
empleados y los directivos, y horizontal, entre
los integrantes de cada una de las diferentes
categorías profesionales existentes.
Este fenómeno
también es propio de cualquier medio. Entre los
accionistas y propietarios, los directivos, los
redactores y los operarios técnicos de la
empresa informativa existe una comunicación que
debiera ser, en toda ocasión, nítida y fluida.
Pero como sucede en otras empresas e
instituciones este intercambio de información
interno no siempre es el adecuado.
La causa o
un cúmulo de ellas puede encontrarse en la
desconfianza mutua, la diferencia de criterios,
las aversiones personales, el
"clasismo" profesional, la carencia de
canales adecuados, las rencillas profesionales,
la deficiente capacitación... Si esta
circunstancia es grave en toda ocasión, cuando
acontece en el seno de un medio ¡de
comunicación!, las consecuencias pueden ser
nefastas. Y, sin embargo, se da el caso.
Para poner coto
a esta deficiencia o para evitarla en la medida
de lo posible se recurre, entre otras posibles
medidas, a la implantación de la figura del
Defensor del Lector, del Oyente y del
Telespectador. Su papel de mediador posibilita
que por medio de su labor coadyuve a conseguir un
intercambio de ideas, pareceres e informaciones
entre las diferentes instancias de la empresa
periodística que, en cualquier caso, siempre
resulta beneficioso.
Cuando la
comunicación interna, además de la externa, es
fluida, el trabajo del Defensor se facilita y
potencia en gran medida. En cualquier caso, no
debe olvidarse que el Defensor también debe
ocuparse de reflejar los aciertos que logren el
medio de comunicación y sus profesionales.
- La
elaboración de un producto de calidad.
Un segundo
aspecto mencionado como justificación de la
introducción del Defensor en los medios de
comunicación tendría como horizonte la
contribución, con su ayuda, a la elaboración de
un producto periodístico bien hecho.
¿Qué
características reúne un producto periodístico
digno de tal consideración? ¿Cuáles serían
las acciones concretas que debe acometer un
Defensor para cooperar a dicha realización?
Aunque por lo general se apuntan múltiples
cometidos, con frecuencia se citan de modo
especial algunos de ellos. Se ofrece a
continuación un detalle de las diferentes
posiciones que existen sobre la cuestión:
Corrección y
prevención de los errores, inexactitudes,
imprecisiones y erratas.
"Los médicos entierran sus errores; los
abogados encierran los suyos; los periodistas,
los publican", reza un dicho popular. El
mensaje contenido en la sentencia admite, sin
duda, múltiples lecturas. Y no todas negativas:
el hecho de dar publicidad a las equivocaciones
propias permite una detección pública que puede
contribuir de modo eficaz a su remedio, a la vez
que obliga al profesional a una mayor exigencia
profesional personal.
En el que los
expertos consideran el primer antecedente claro
de los actuales códigos deontológicos
periodísticos, elaborado por Benjamin Harris en
1690, una de las preocupaciones centrales
mostradas por su autor se centraba en la
necesidad imperiosa de la corrección de los
errores cometidos por los periódicos.
Lira Neto
compara el trabajo del ombudsman con el de
Sísifo.6 Este personaje
mitológico fue condenado por los dioses a subir
una enorme roca hasta la cima de una montaña. De
manera ininterrumpida, cada que vez que Sísifo
culminaba su tarea, la piedra rodaba hasta al pie
del monte. Así, los medios de comunicación
cometen una equivocación; el Defensor la detecta
y comenta; y los mismos medios y profesionales
vuelven a cometerla.
Todos los medios
de comunicación que implantaron un Defensor
aducen, entre los móviles substanciales que
justifican la medida adoptada, la siguiente
razón para su introducción: la corrección de
cuantos errores, inexactitudes, imprecisiones y
erratas se encuentren en los contenidos
publicados o emitidos, así como para implantar
las medidas necesarias para evitar que se repitan
en un futuro. De igual modo, los propios
Defensores destacan como una de sus principales
misiones el subsanar las equivocaciones de
cualquier clase que hubiera cometido el
profesional de la información en el ejercicio de
su labor. Tampoco faltan periodistas que, al
abordar el estudio de la figura del Defensor,
apuntan la práctica de la rectificación como
causa esencial de su implantación.
Esta labor
supone un control de los contenidos y del
diseño del medio de comunicación. En
relación con el trabajo del Defensor una de las
limitaciones fijada se vincula con la supuesta
necesidad de abstenerse de abordar los contenidos
de carácter opinativo. Esta inhibición
afectaría tanto a los editoriales como a los
artículos de opinión. La correspondiente
normativa establece un coto vedado a la acción
del Defensor.
Pero debiera
entenderse que no todo vale. La verdad, la
honestidad y la imparcialidad no pueden ser
sacrificadas en ningún caso. El Defensor puede
actuar a instancias de cualquier lector o a
iniciativa propia cuando en géneros de opinión
aparecen datos falsos o erróneos, o cuando se
han cometido fallos en el tratamiento profesional
dado a un texto de esta naturaleza. También,
cuando en dicho ámbito se conculquen reglas
éticas y profesionales del periodismo.
Cuidado del
lenguaje (ortografía, gramática, léxico).
"Nada mina tanto la confianza del lector
como encontrar errores e incorrecciones
idiomáticas en las páginas de su
periódico".7 Este principio es, mutatis
mutandi, aplicable a cualquier medio de
comunicación, escrito o audiovisual. Al mismo
tiempo, esta figura se ocuparía de supervisar el
acatamiento y la fidelidad a unas normas propias
de estilo por parte del conjunto de profesionales
del medio de comunicación. No resulta extraño,
por tanto, que para un Defensor la referencia al
libro de estilo sea obligada y el que esta clase
de manuales se considere un remedo de
"biblia" para todo profesional y
directivo de la empresa informativa.
Mejora de la
imagen pública del profesional.
La de los periodistas, como colectivo, es una de
las profesiones más criticadas y vilipendiadas.
La sola recopilación de las sentencias célebres
reprobatorias de su talante personal y de censura
sobre su labor profesional ha dado como fruto
más de un libro. "Los periodistas damos
miedo. Dicen que engañamos, que manipulamos, que
comemos el coco. El ombudsman debería
convertir en humanos a los periodistas",
afirma la periodista Margarita Rivière.8 Así, el Defensor
contribuye con su presencia y tarea a disipar la
creencia de que el profesional de la información
es arrogante, impasible o inabordable.
Segundo
objetivo: el servicio eficaz al ciudadano
Que la función
del Defensor, en parte, se encuentre sustentada
en intereses comerciales no es motivo para que
esta figura periodística se descalifique sin
más. La consecución del propósito de servir
con eficacia al ciudadano se lograría a través
de una amplia serie de funciones encomendadas al
Defensor del Lector, del Oyente y del
Telespectador. Los profesionales del Periodismo y
los investigadores de la comunicación insisten
en señalar las siguientes:
El ejercicio
de la defensa de los derechos de los públicos.
En las últimas décadas del siglo XX se detecta
un descuido de los derechos de los ciudadanos en
materia de información y comunicación, lo que
acaba por provocar una degradación de los
públicos, que pasan de la categoría de
ciudadano a la de simple consumidor. Ocuparse del
amparo y protección del conjunto de derechos que
poseen los públicos como ciudadanos y como
receptores de la información es la razón
última y más trascendental que explica la
existencia e implantación de la figura del
Defensor. Aunque, como destaca acertadamente
Casasús, "una primera defensa del lector la
ejercen implícitamente los periodistas al
aplicar correctamente las normas
deontológicas".9
La defensa de
los derechos de los lectores, oyentes o
televidentes es una meta que consta de manera
oficial en las normas reguladoras específicas de
los diferentes Defensores y en las declaraciones
de principios de los medios de comunicación que
cuentan con la figura. De modo análogo, quienes
han ejercido el cometido de Defensor coinciden en
señalar esta misión como la más fundamental.
De ahí no sólo
la importancia sino la necesidad de la existencia
de una actuación de oficio por parte del
Defensor. Esta prerrogativa se reconoce de manera
explícita en diversos Estatutos reguladores de
la figura que otorgan y consagran su capacidad de
iniciativa.
Esta medida
busca, en primera instancia, asegurar la acción
en defensa de los derechos de los lectores aun
cuando éstos no tomaran por sí mismos la
iniciativa a la hora de emprender una acción en
este sentido. En ocasiones, esta ausencia de
actuación puede deberse al mero desconocimiento
de estos derechos. Por ello, se ha apuntado como
una de las misiones del Defensor la de dárselos
a conocer a los públicos. En segundo lugar,
porque el Defensor es, en principio, el lector
más crítico: conoce a la perfección la labor
periodística, las normas de estilo propias del
medio y está concienciado de su misión.
Además, aunque
no se manifiesta de forma expresa, hay que
entender que con esta medida se tratan de evitar
que algún error o vulneración graves pudieran
pasar por alto, así como agilizar el proceso de
rectificación eludiendo demoras, que en estos
casos siempre suponen un perjuicio añadido al
daño cometido.
Debe tenerse en
cuenta que el Defensor también puede ser
considerado como un "abogado de los
informadores". En muchas ocasiones auxilia
al profesional, desde el momento en que refleja
los puntos de vista u opiniones del informador
implicado, o porque ejercita su defensa ante
críticas que pudieran estar mal fundamentadas o
resultar injustificadas. Esta labor tiene su
amparo en no pocos Estatutos del Defensor, en los
que la normativa contempla la obligatoriedad que
tiene éste de escuchar al profesional objeto de
una investigación, así como reflejar con
fidelidad su versión de los hechos. De esta
circunstancia derivan, en alguna oportunidad, las
críticas que se dirigen contra la figura del
Defensor, por entender que con esta labor tan
solo defiende se entiende que de una manera
injusta, por imparcial los intereses de la
empresa periodística.
Atención de
las quejas, dudas y sugerencias de los públicos.
La institución del Defensor se contempla como la
instancia más adecuada para ocuparse de la
tramitación de las reclamaciones, la aclaración
de dudas y la atención de las peticiones que,
referentes a los contenidos, prácticas o
decisiones de un medio de comunicación, puedan
presentarse o formularse por parte de los
públicos.
Formación
del ciudadano como consumidor de información.
Al consumidor de hoy en día por lo general no le
resulta fácil la tarea de comprar un producto o
contratar un servicio. Para elaborar su decisión
de compra debe analizar, comparar y valorar con
detenimiento cada uno de los posibles objetivos
que se le ofertan. Una decisión acertada implica
cuando menos, entre otros conocimientos
necesarios, la comprensión del proceso de
elaboración del producto, el alcance del
conjunto de normas legales aplicables o la
noción de las prácticas profesionales usuales
en cada caso. A veces, esta capacitación previa
puede adquirirse sin un denodado esfuerzo. En
otras, sin embargo, este proceso de aprendizaje
requiere un dilatado período de tiempo.
El mundo
periodístico no es ajeno a toda esta situación.
El ciudadano, en su faceta de consumidor de
información, se ve inmerso en esta dinámica
general. Pero, ¿está suficientemente capacitado
para ello? ¿Conoce las peculiaridades y
diferencias entre los medios escritos y los
audiovisuales? ¿Sabe en qué consiste y cuáles
son las características propias de la profesión
y del quehacer diario del Periodismo?
Puede afirmarse
con seguridad que no todos los consumidores
dominan la totalidad de elementos necesarios para
tomar una decisión plenamente consciente al
respecto. Una de las tareas importantes del
Defensor es la de educar al público. Del mismo
modo, es posible que otra de las causas de
desconocimiento haya de situarse en el debe del
ciudadano como consumidor, en el caso que
nos ocupa: una falta de interés por
conocer con profundidad todo cuanto hace
referencia a la organización y práctica del
ejercicio profesional periodístico.
Por ello, el
Defensor puede contribuir a eliminar el
desconocimiento mutuo entre los medios y su
público, familiarizarle con los el mundo
periodístico y desvelar las tareas del proceso
periodístico. Una misión que puede calificarse
de pedagógica.
También el
Defensor participa en foros públicos con el fin
de que éste se familiarice con sectores
concretos de la sociedad, conozca sus
preocupaciones e intereses y dé a conocer con
detalle "su" medio de comunicación a
la ciudadanía. En definitiva, se considera que
un público formado en el ámbito de la
comunicación y la información está en
disposición de ser más exigente. Y podrá
consumir, en definitiva, con una mayor libertad.
La mejora de
la relación del medio de comunicación con los
públicos.
Desde los más diversos sectores se asevera que
una de las deficiencias más graves que aqueja a
la relación entre los medios informativos y los
públicos es la insuficiente comunicación entre
ambos sujetos. Incluso se habla de la existencia
de "medios de incomunicación".
Con el fin de
acercar a las partes implicadas en el proceso
comunicativo, mejorando todo lo posible la
relación entre un medio de comunicación y sus
destinatarios, se apunta la inestimable labor que
la figura del Defensor puede realizar como canal
de intercomunicación directa entre ambos,
logrando una relación de confianza.
Entre los
indudables beneficios que reporta un diálogo
fluido entre el medio y los públicos destaca la
posibilidad, por parte del medio de
comunicación, de contar con una fuente valiosa
de información que le permita conocer a su
público, sus motivaciones y sus demandas.
Gracias a la presencia del Defensor, los medios
de comunicación se ven reforzados a la hora de
anteponer el interés público a cualquier otro
beneficio. De manera que incrementan su
independencia y su credibilidad. De este modo,
por otro lado, el medio de comunicación puede
respetar de una forma más adecuada los
verdaderos intereses de los públicos.
Impulso de la
participación activa de los públicos en el
proceso informativo.
La implantación del Defensor supone la
existencia en un medio de una figura más
accesible y directa para los públicos. Éstos
poseen un interlocutor próximo, no sólo ya
predispuesto, sino obligado a atenderles, a dar
cauce a sus denuncias, atender sus dudas,
escuchar sus sugerencias. Esto, de por sí, ya
incita a la participación de los públicos.
Y cuando, pese a
ello, esta implicación no se produjera o tuviera
poca significación, el propio Defensor puede y
debe animar a las audiencias a movilizarse. Así
ha ocurrido en la práctica en numerosas
ocasiones.
Las
características del propio lenguaje utilizado en
las columnas del Defensor del Lector, como
muestra Faria,10 pueden incluso
encaminarse a estimular el diálogo con los
receptores. Entre los procedimientos más
utilizados se encuentra el uso del vocablo
"lector", con una función similar a la
del vocativo, en singular (se dirige a cada uno
de ellos personalmente). Y, con frecuencia, el
propio Defensor se presenta como tal ante sus
públicos. Otro procedimiento habitual es el
recurso a la interrogación directa.
De otro lado, la
participación activa de los públicos a través
de su relación con el Defensor, produce a la
larga en aquéllos su identificación con los
principios y con el esfuerzo y trabajo de los
profesionales del medio de comunicación que
sienten como suyo.
Consolidación
de la autorregulación.
Por último, al Defensor se le considera también
un mecanismo adecuado y valioso que contribuye,
junto a otros que puedan existir e implantarse, a
la consolidación de la autorregulación
profesional del Periodismo. Su presencia es una
muestra del "propósito del medio de
autorregularse, de controlar su calidad y poner
para ello una figura independiente de cualquier
departamento", explica
SánchezApellániz.11
Al menos
teóricamente, las correcciones y aclaraciones
pasan a depender en menor medida de la voluntad
de los responsables de las equivocaciones y de
los responsables del medio o, incluso, del
recurso a la acción de la Justicia.
Por lo general,
se afirma que un Defensor debe ocuparse del
amparo y protección del conjunto de derechos que
poseen los públicos como ciudadanos y como
destinatarios de la información. Es la
justificación última y más trascendente que
explica la existencia e implantación de esta
figura periodística. Así consta de manera
oficial en las normas reguladoras específicas
para diferentes defensores y en declaraciones de
principios de los medios de comunicación que
cuentan con la figura. También quienes han
ejercido el cometido de Defensor, han coincidido
en señalar dicha misión como la más
fundamental, tanto si se realiza frente a una
redacción y empresa periodística, como si tiene
un carácter más institucional. De igual modo,
entre investigadores o profesionales del
periodismo que han estudiado esta institución
periodística existe idéntico criterio.
En definitiva,
un Defensor del Lector (del Oyente o del
Telespectador) debe ser un centinela, avezado,
valiente y experimentado que vigila las
dependencias de la empresa, siempre atento para
dar la voz de alarma ante las irregularidades que
detecte, y que otea el horizonte periodístico
con el fin de observar cualquier amenaza y, de
este modo, proteger y salvaguardar los derechos y
los intereses de los públicos.12
_____
Notas:
1 Este interesante razonamiento lo
formuló Charles W. Bailey, editor de The Minneapolis
Tribune, cuando tomó posesión el primer
defensor del lector de su diario. Véase la
columna de Jorge Wemans, "Um provedor para
quem?", Público, 23II97.
2 Justino Sinova es periodista del diario
español El Mundo y catedrático de la
Universidad San PabloCEU. Intervención en
el seminario "Los grupos multimedia: promesa
y amenaza de la sociedad interactiva",
celebrado en Cuenca (España) durante el otoño
de 1993. Fundesco, Apuntes de la sociedad
interactiva. Autopistas inteligentes y negocios
multimedia (Madrid: Fundación para el
Desarrollo Social de las Comunicaciones, 1994),
p. 394.
3 María Pilar Diezhandino; Ofa
Bezunartea y César Coca, La elite de los
periodistas (Bilbao: Servicio Editorial de la
Universidad del País Vasco, 1994), p. 226.
4 Hugo Aznar, "El ombudsman como
mecanismo de autorregulación", Revista
Latina de Comunicación Social, núm. 13, enero
de 1999, La Laguna (Tenerife)
(http://www.lazarillo.com/latina/a1999c/145hugo.htm)
[Consulta: enero de 2000].
5 Mário Mesquita, "Leitores, fontes
e jornalistas na perspectiva do ombudsman
de imprensa", en Información política y
gabinetes de comunicación. Actas del Primer
Seminario Europeo de Comunicación Social.
Pontevedra, 1820 marzo de 1998
(Pontevedra: Diputación de Pontevedra, 1998), p.
62.
6 A Herança de Sísifo da arte
de carregar pedras como ombudsman da imprensa
(Fortaleza: Edições Demócrito Rocha, 2000).
7 Introducción al Libro de Estilo de ABC
(Barcelona: Ariel, 1993), p. 11.
8 Intervención en la Conferencia Anual
de la Organization of News Ombudsmen (Barcelona,
1997). Véase Pere Gassó Ollé, "Defensar
el lector, ajudar a crear opinió", Capçalera,
núm. 78, juniojulio 1997, p. 35.
9 Josep Maria Casasús, "Las
imágenes de las tragedias personales", La
Vanguardia, 24XII00.
10
Estudio sobre los contenidos y la
estructura de la columna del ombudsman del
diario brasileño Folha de São Paulo
realizado por Jairo Faria Mendes. Véase
"Ombudsman: o espaço para autocrítica nos
jornais", Instituto Gutenberg, Boletín
núm. 24, enerofebrero de 1999
(http://www.igutenberg.org/jairo24.html)
[Consulta: octubre de 1999].
11
María José SánchezApellániz, "La
nueva figura del defensor del
telespectador", Comunicar, núm. 7,
1996, p. 70.
12
Sobre diferentes aspectos de la figura del
Defensor del Lector como institución y en torno
a la experiencia en los medios de comunicación
de España, me he ocupado en diversos artículos.
Entre otros, "La puesta en práctica de la
figura del defensor del lector, del oyente y del
espectador en el periodismo español", en
Pilar Diezhandino, José Miguel Marinas y Ninfa
Watt, Ética de la comunicación: problemas y
recursos (Madrid: Edipo, 2002),
p.151168 y "La autocrítica en el
Periodismo español mediante el Defensor
periodístico (19852000)", en Celso
Almuiña y Eduardo Sotillos (Coordinadores), Del
Periódico a la Sociedad de la Información
(Madrid: España Nuevo Milenio, 2002), vol. III,
p. 275286.
* Carlos
Maciá Barber, profesor
Titular Interino de Periodismo de la Universidad Carlos III
de Madrid (España), es
Licenciado en Ciencias de la Información y
Doctor en Periodismo. Autor de la investigación La
participación y los derechos de los públicos en
el proceso informativo: la figura del defensor
del lector, del oyente y del telespectador,
premio a la Mejor Tesis Doctoral de la Facultad
de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de
la Universidad
San PabloCEU
(España). Este artículo fue elaborado
expresamente por el autor para Sala de Prensa., con lo cual hace su primera
colaboración.
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