Movimientos
de periodistas en Centroamérica:
Entre desconfianzas, debilidades, y esperanzas
Mario
Alfredo Cantarero *
Introducción
En
Centroamérica, las asociaciones o sindicatos de
periodistas no han estado desempeñando sus
funciones convenientemente en beneficio de todos
los informadores. Constantemente, los periodistas
en ejercicio expresan actitudinalmente y
verbalmente su antipatía a estos grupos
organizados y temen incorporarse activamente a
ellos.
Este endeble
desempeño de las organizaciones y la negativa de
los mismos periodistas a pertenecer a ellas se
deben internamente a la incapacidad gerencial,
fraccionamiento político, fragilidad de sus
estructuras y la dudosa reputación de sus
dirigencias.
Al mismo tiempo,
externamente, el entorno laboral y político no
son favorables de las asociaciones de
profesionales. Esencialmente, las políticas de
las empresas informativas y la actitud del
sistema político se constituyen en los
adversarios del desarrollo gremial.
A pesar de ello,
existen las posibilidades jurídicas y la
necesidad imperiosa de agremiarse para estar
unidos y luchar por sus intereses, no sólo para
tener presencia en la agenda temática de los
medios y, consecuentemente, ganarse el
reconocimiento de las instituciones políticas y
sociales, sino para legitimarse profesional,
política, económica y culturalmente en una
sociedad, que en estos momentos solamente
reconoce del diente al labio la importancia de la
función de los periodistas en la dinámica del
país.
Rasgos
de las organizaciones
En julio del
año 1999, en la ciudad de Guatemala, se
reunieron dirigentes sindicales de
Centroamérica, Panamá y México, bajo el
auspicio de la Federación Internacional de
Periodistas (FIP), para diagnosticar la
situación gremial de los periodistas, con el fin
de iniciar un proceso social de instauración de
las asociaciones de periodistas en el istmo.
Entre otras
conclusiones, se estableció que las
organizaciones de periodistas de Centroamérica,
Panamá y México, en los últimos 15 años, se
han distinguido, en mayor o menor intensidad
según los contextos propios de los países
(Resúmenes por país, presentados por cada
sindicato de periodistas presentes en el evento),
por:
1) Su
incapacidad gerencial. Por falta de
formación en planificación y administración
social y por la fuerza de la costumbre, los
juntas directivas no han expresado ni visión
estratégica sobre la solución de las
problemáticas de los periodistas, ni mucho menos
la capacidad teórico-técnica para seguir los
procedimientos adecuados y pertinentes, con el
fin de gerenciar eficientemente los procesos
sociales relacionados con los informadores.
Todo lo
contrario: la gestión de las asociaciones se ha
caracterizado por la improvisación y el
espontaneísmo. Son comunes en las reuniones oír
planteamientos como este": me parece bonito
esto, por qué no lo hacemos", "se oye
bien". Esto expresa la falta de planes de
desarrollo técnica y políticamente bien
elaborados.
2) Su
fraccionamiento político. El gremio de
periodistas, como ya lo hemos señalado en otra
oportunidad, se caracteriza por su dispersión y
por su falta de unidad. Constantemente, las
asociaciones (entiéndase sindicatos, colegios,
clubes, etc.), se niegan y se excluyen
mutuamente, muchas veces por medio de
difamaciones, de injurias y de rumores
destructivos, con el fin de: tomar protagonismo,
de evitar el cumplimiento de proyectos promovidos
por organizaciones hermanas, o de disfrutar los
privilegios que dan los puestos de dirección.
Esto expresa inmadurez política y debilidad
social del colectivo de informadores.
3) La
fragilidad de sus estructuras. Por
deficiencias organizativas para producir, para
organizar, para dirigir y para evaluar proyectos
pertinentes, no pueden gerenciar las situaciones
del gremio. Concretamente, la mayoría de
instancias de las organizaciones (unidades,
secretarías, juntas directivas, asambleas,
etc.)tienen graves dificultades para desempeñar
eficientemente sus funciones. Frecuentemente,
resulta que los funcionarios desempeñan sus
cargos sólo nominalmente.
Por esto, muchos
periodistas creen que, por la fragilidad
estructural, las asociaciones son espacios que
funcionan cotidianamente como estructuras de
compadrazgos políticos, fraternales o filiales
(en El Salvador se los ha nombrado como
"clubes de cheros", "coberturas de
líneas político partidistas" o
"espacios para ganar imagen"). Esto
paraliza políticamente a las organizaciones,
para satisfacer sus necesidades profesionales o
alcanzar sus reivindicaciones más sentidas de
todos y cada uno de los periodistas.
4) La dudosa
reputación de sus dirigencias. Por la falta
de transparencia informativa sobre sus
actividades y las inversiones que realizan, y por
las penosas actuaciones en el manejo de las
finanzas de algunos dirigentes, la reputación de
las direcciones de las organizaciones de
periodistas es muy cuestionada y,
consecuentemente, esto dificulta el desarrollo
del gremio como tal.
La reputación
de algunas dirigencias también se da por la
falta de representatividad del sector. Gran
porcentaje de los periodistas expresa no sentirse
representado por las dirigencias. Al igual que en
otras organizaciones sociales, las dirigencias de
muchas organizaciones de periodistas están en
crisis de representatividad, quizá por no ser
resultado de procesos eleccionarios democráticos
de todo el demos de profesionales de la
información. Muchos, organizaciones o
dirigentes, están ensombrecidos por estigmas
político-partidaristas, especialmente como
"comunistas", "revoltosos" o
"rebeldes sin causa".
Temor
a la participación gremial
Concomitante, y
como resultado de lo anterior, los periodistas de
los diversos medios (prensa, radio y televisión,
gabinetes de prensa, etc.) cotidianamente toman
una actitud displicente hacia las organizaciones
del gremio. Estudios recientes ilustran el
comportamiento de los periodistas con relación a
estas instituciones sociales (Santamaría Cañas,
Ana Patricia y otras, 1994:37 y ss.; Cortez,
Carlos, 1998):
1) no
participan de las actividades gremiales. Esto
se manifiesta a través de la negación a
afiliarse a cualquiera de las asociaciones
existentes (se estima que de los periodistas en
ejercicio, los afiliados no sobrepasan el 45%), o
de la poca asistencia a los eventos organizados
por las dirigencias (es palpable el desinterés
en las asambleas y en los seminarios), o los
afiliados no pagan su cuota mensual, como en
broma dice un periodista: "ni aunque los
metan presos dan la cuota".
Otro estudio
más reciente sobre el estado actual de los
periodistas en El Salvador (Nóchez, Claudia y
Yolani Romero, 2001) se demuestra que:
- Por la
variable sexo: El 80.3% de 126
periodistas hombres consultados no están
afiliados a ninguna asociación o
sindicato de periodistas existente; de 30
periodistas mujeres, 24 no pertenecen a
ninguna organización de periodistas.
- Por la
variable estado civil: De 92 periodistas
casados, 61 no pertenece a organización
alguna; de 61 periodista solteros, 50
tampoco pertenecen a organización
alguna.
- Por la
variable puesto de trabajo en el medio:
De 41 reporteros, 28 no pertenecen a
organización alguna; de 15 presentadores
de noticias, 12 no están afiliados a
organización alguna; de 83 técnicos, 74
dicen no pertenecer a organización
alguna;
- Por la
variable edad: De 48, entre las edades de
23 a 27 años, 34 no pertenecen a
organización alguna; de 66, entre 28 y
32 años, 57 periodistas no pertenece a
organización alguna; de 28, entre los 33
y los 37 años, 16 periodistas no
pertenece a organización alguna.
2) Desconfían
permanente de las organizaciones. Esta
desconfianza se manifiesta en el rechazo,
aversión o displicencia frecuente al instrumento
político y a sus dirigentes. Esto se evidencia
en frases como "no me interesa
afiliarme", "esas organizaciones nunca
hacen nada en favor de nosotros", "es
un club social", "están muy
politizados", "son organizaciones de
cheros", "tal vez más adelante me
afilio", etc.
4) Sospechas
para ser parte activa del las organizaciones.
Por la percepción negativa sobre las
asociaciones, por la fobia a que los estigmaticen
como rebeldes, problemáticos o comunistas, y por
la intolerancia de los empleadores, o por la
falta de protección jurídica o laboral, los
periodistas temen involucrarse activamente en las
estructuras organizativas.
El
entorno mediático, potenciador del desgano
gremial
Las
características de las organizaciones de
periodistas y la percepción que existe de estas
en los trabajadores de la información, se
desarrollan o se potencian -como dicen los
periodistas entrevistados (enero y marzo del
2002)-, porque en su entorno existen factores que
las producen y reproducen, como los siguientes:
1) Los
empresarios desarticulan al gremio. En su
mayoría los empleadores de los medios de
comunicación social influyen negativamente en el
desarrollo del sector de los periodistas, en la
medida que disponen de políticas empresariales
encaminadas impedir el desarrollo y
consolidación de la gremialización de los
informadores.
Entre otras
vías de impedimento, se encuentran: el no
reconocimiento del trabajo informativo como una
profesión en términos socioeconómicos, una
política de exclusión de los sindicalistas o
agremiados, o una justificación, en varios
casos, para despedirlos del trabajo y, como
consecuencia, para anularlos en el sistema
informativo.
2) Una
legislación adversa al ejercicio profesional.
En el ordenamiento legal de la vida del país, se
expresa un contenido paupérrimo sobre la
actividad informativa, pues se observa en todo el
istmo centroamericano una normativa ambigua sobre
la libertad de expresión (Constitución de la
República de El Salvador, art. 6), seis
referidas a evitar la mala intención en el
manejo informativo (Código penal, arts. 177,178,
184-187; Código Procesal penal, art.4), y dos
que facilitan y garantizan el trabajo
periodístico ( Código Procesal penal, arts. 272
y 293).
De esto, la
constitución es adversativa en sí misma, y las
otras, imprecisas. Las partes constitutivas y
esenciales del proceso de información
periodística (que puedan garantizar el derecho a
informar profesional y responsablemente, y el
derecho a ser informado exactamente) no existen
todavía en las legislaciones centroamericanas.
El problema se
agrava más cuando el sector de los políticos,
en lugar de posibilitar y potenciar el desarrollo
del derecho a informar y ser informado
profesional, y, con ello, instaurar
características más modernas y democráticas en
las sociedades centroamericanas, se esfuerzan por
cerrar los espacios políticos a los periodistas
para que hagan un trabajo más profesional y a
favor de las democracias.
Por ejemplo, en
El Salvador recientemente, los diputados del
bloque de derecha (ARENA, PDC Y PCN) aprobaron la
ley de seguridad, en cuyo artículo 25
contemplaba restricciones al trabajo de los
periodistas y de los medios informativos, en el
sentido de incorporaba el concepto de
obligatoriedad de los ciudadanos e instituciones
del país de ofrecer información sobre hechos
que fueran en contra de la Seguridad Nacional.
Bajo esta
concepción autoritarista, se estaban abriendo
las puertas al arbitrio y a la censura en contra
de los periodistas por parte de los políticos y
del sistema judicial. Este intento en contra del
gremio de periodistas y del sistema informativo
del país fue criticado y rechazado por las
asociaciones de empresarios de medios, por el
SINPESS (Sindicato Nacional de Periodistas y
Similares de El Salvador) y por la recién
nombrada directiva de APES (Asociación de
Periodistas de El Salvador), precisamente por ser
inconstitucional y antidemocrática (Co-Latino y
La Prensa Gráfica, agosto del 2002).
3) Unas
fuentes informativas irrespetuosas e
indiferentes.
Por todo lo
anterior, en la práctica periodística diaria,
se concreta la actitud del sistema político
nacional adversa a la posibilidades de desarrollo
del sector de los periodistas. Se manifiesta como
un irrespeto casi constante en contra de la
actividad reporteril o investigativa (Por
ejemplo, la negación al acceso a los datos,
rituales de sobornos monetarios o en especie, o
en algunos casos se ha llegado hasta las
intimidaciones a través de amenazas). Todas
estas actitudes se dan con el fin de ganarse un
espacio en el medio o de quitárselo al
adversario político.
Es patética la
actitud prepotente de algunas fuentes ha llegado
al extremo de agredir a periodistas. Por ejemplo,
el penoso incidente que se dio el 1 de mayo del
presente año, militantes del FMLN agredieron
física y verbalmente a un equipo de El
Noticiero, de Canal 6, al mismo tiempo que
dañaron el equipo de un fotoperiodista de la
Prensa Gráfica (El Diario de Hoy, 15 de mayo del
2002).
Hecho que
propició reacciones encontradas, entre las que
destacan la de David Rivas, entonces presidente
de la Asociación de Periodistas de El Salvador
(APES), quien sostuvo que los periodistas fueron
corresponsables del hecho; la de la Dra. Beatrice
Alamani del Carrillo, Procuradora de Derechos
Humanos, quien desestimó la opinión del
Presidente de APES y responsabilizó a los
hechores del atropello en contra de los
periodistas (El Diario de Hoy, 13 de mayo del
2002). Asimismo, propietarios y ejecutivos de los
medios de comunicación de El Salvador se
pronunciaron en rechazo a la agresión en contra
de los periodistas.
También, se
expresa en la indiferencia casi total sobre la
toma de iniciativa para ordenar social, política
y jurídicamente, de modo más responsable, la
realidad comunicacional del país. Como se ha
señalado, muchas iniciativas de los partidos
políticos se han enfocado en dificultar el
acceso de los periodistas a la información.
Sin embargo,
recientemente El FMLN, cuyos miembros agredieran
a periodistas el 1 de mayo del 2002, en el
documento "Democracia, prosperidad y
justicia social" (publicado en Co-Latino el
26 de agosto del 2002), en su diagnóstico del
país, en el inciso f titulado "la
desinformación y el control de los medios de
comunicación" (Pág. 19), sostiene que el
sistema informativo del país (prensa, radio y
televisión) responde a un esquema de dominación
política y exclusión social, pues "encubre
la corrupción y pretende presentar el futuro del
país en base a imágenes publicitarias y
esperanzas vacías". Y consecuentemente, en
lo que denominan "III. Nuestros compromisos
con el pueblo salvadoreño", en el inciso b
titulado "Garantizar el derecho del pueblo a
la información", se comprometen a
"Asegurar el derecho de la sociedad a la
información oportuna, suficiente y objetiva;
promover y respetar la libertad de expresión de
la ciudadanía, así como la libertad de prensa,
creando condiciones para la democratización de
la información, factor esencial para libertad,
el desarrollo , la justicia y la realización
humana en un mundo tan complejo y cambiante"
(página 32).
Poniendo en
perspectiva este ofrecimiento resulta
interesante, siempre y cuando se concretara como
resultado de un debate entre los periodistas de
todos los medios de comunicación. De esa manera
pudiera dársele sentido y concreción a lo
expresado por el artículo 6 de la Constitución
del país.
Elementos
para la esperanza
Sin duda, así
planteada la situación parecería el Apocalipsis
del gremio, pues, además de ser compleja su
contextura e interpretación, el futuro se
avisora escatológico.
Sin embargo,
puede superarse en beneficio de los informadores
y de la opinión pública, si las instancias
implicadas sustancialmente en el campo
profesional realizan procesualmente las acciones
pertinentes y oportunas, como por ejemplo:
1) Si en lugar
de vender dogmas o profecías, las dirigencias de
las organizaciones se dedicaran a ofertar
planteamientos y acciones que vayan encaminados a
satisfacer las necesidades formativas,
salariales, sociales y morales de los agremiados;
2) Si elaboraran
estratégicamente los planes de desarrollo, de
suerte que: se identifique objetivamente el
multidimensional estado actual de la
problemática de los informadores, se
confeccionen programas de acción a favor de
todos los periodistas, se dirijan y se organicen
todas las actividades adecuada e eficientemente,
con el fin de satisfacer las necesidades,
expectativas e inquietudes de todos los
periodistas;
3) Si se buscara
la unidad política del gremio. Las diferentes
organizaciones (asociaciones, sindicatos,
colegios, etc.) deben reconocer el principio de
las alianzas estratégicas, para posibilitar la
concreción del reconocimiento objetivo de la
identidad del gremio, de los problemas
prioritarios y de la búsqueda de las
reivindicaciones comunes, y para viabilizar el
cumplimiento de los deberes de los informadores.
Esto sólo puede
ser posible, si los periodistas también -en
lugar de abrigar siempre el pesimismo, la
displicencia y las fobias y los arribismos como
hábitos cotidianos-:
1) Colaboraran
permanentemente desde sus centros de trabajo con
la potenciación del gremio, por medio del
respeto, de la honestidad y de la sinceridad
colectivos.
2) Superaran el
miedo al ejercicio de la libertad profesional y
humana que los embarga diariamente.
Posibilidades
jurídicas para la asociación de los periodistas
Entre los
derechos que deben asistir al periodista, está
el de afiliarse libremente a un sindicato o a una
asociación profesional. Así lo reconoce la
Declaración Universal de Derechos Humanos, en su
artículo 20, inciso 1, cuando dice
explícitamente: "Toda persona tiene derecho
a la libertad de reunión y de asociación
pacífica".
También en el
Código de Trabajo de nuestro país se reconoce
este derecho cuando reza: "Tienen el derecho
de asociarse libremente para defender sus
intereses económicos y sociales comunes,
formando asociaciones profesionales o sindicatos,
sin distinción de nacionalidad, sexo, raza,
credo o ideas políticas, las siguientes
personas: a) Los patronos y trabajadores
privados; b) Los trabajadores de las
instituciones oficiales autónomas y
semiautónomas." (Artículo 204).
Más allá de la
parte legal, la pertenencia de los periodistas a
una asociación o sindicato tiene un sentido
social, económico y político. El agrupamiento
social en instituciones les permite a los
periodistas articular su identidad social,
alcanzar sus reivindicaciones y garantizar la
responsabilidad profesional.
Permite la
identidad social en la medida que posibilita el
reconocimiento de quiénes son los del grupo de
informadores, en qué contextos están ubicados,
cuáles son sus problemas y sus necesidades,
quiénes son sus adversarios, en qué se oponen
en la realización profesional, qué deben hacer
para mejorar su condiciones laborales, etc.
A partir de ese
reconocimiento de quiénes son y qué quieren
socialmente, se establece una unidad
organizativa, con una misión y una visión
claras del gremio, que permite diagnosticar
precisamente su situación como trabajadores
profesional, sus intereses, sus expectativas, su
futuro, y, consecuentemente, proponer las
estrategias y tácticas para alcanzarlas en el
campo político.
Entre las
necesidades más apremiantes, como una exigencia
en un demandante mundo globalizado y
globalizante, está la profesionalización de los
trabajadores de la información, a través de la
capacitación profesional permanente y
especializada. Esta política no sólo permite la
obtención de altos niveles de conocimiento y
habilidades técnicas en la producción de
información especializada, sino también la
capacidad de competir en el mercado laboral con
profesionales del istmo centroamericano, la
región y del continente americano y de otros
continentes.
Sin embargo, en
Centroamérica, a pesar de las posibilidades
jurídicas y de la necesidad imprescindible de
agremiarse para estar unidos y luchar por sus
intereses, las asociaciones o sindicatos de
periodistas no han estado funcionando
apropiadamente en beneficio de todos los
informadores. Consecuentemente, los periodistas
en ejercicio muestran aversión a estos grupos
organizados y temen incorporarse activamente a
ellos. Esto se debe fundamentalmente a los rasgos
que presentan las asociaciones de periodistas
como: incapacidad gerencial, fraccionamiento
político, fragilidad de sus estructuras y la
dudosa reputación de sus dirigencias.
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Fuentes consultadas:
- Cantarero, Mario Alfredo
(1994): "Formación de periodistas: Desde y
para la sociedad actual, en Revista
Comunicaciones, El Salvador, Universidad de
El Salvador, Departamento de Periodismo,
Noviembre, Número 1, Páginas 14-16.
- Cantarero, Mario Alfredo (2000):
"Formación de periodistas
profesionales", en Revista de la
Escuela de Ciencias de la Comunicación, El
Salvador, Universidad "Dr. José Matías
Delgado", Año 1, Volumen 1, Págs.
11-18.
- Fuentes Navarro, R. (1992): "Estudio de la
comunicación desde una perspectiva sociocultural
en América Latina", en Revista
Diálogos, No.32, marzo.
- Instituto Interamericano de derechos humanos
(1988): Declaración Universal de Derechos
Humanos, edición conmemorativa-40
aniversario, Costar Rica, Proyecto de Educación
y Derechos Humanos, IIDH, 85 Págs.
- Nóchez, Claudia y Yolani Romero(2001): Nóchez,
Claudia y Yolani Romero(2001): Estado
profesional de los comunicadores de los
noticieros "Tele Dos", "El
Noticiero", "Hechos",
"Noticias 21", "Teleprensa de El
Salvador", San Salvador, tesis de
grado, Universidad "Dr. José Matías
Delgado", Escuela de Ciencia de la
comunicación.
- República de El Salvador (1994): Código
de Trabajo, El Salvador.
- República de El Salvador (1998): Código
penal y Código Procesal Penal, San
Salvador, Publicación de la Corte Suprema de
Justicia, 329 Págs.
- República de El Salvador (2000): Constitución
política, San Salvador, El Salvador,
Publicación de la Asamblea de El Salvador.
- Romano, Vicente (1994): "Tesis críticas
sobre Comunicación y comunicadores", en Comunicación
y movimientos sociales, Primer
Encuentro de Almagro, España, páginas 381- 403.
- Sánchez, Joaquín (1994): "Formación de
comunicadores y movimientos sociales", en Comunicación
y movimientos sociales, Primer Encuentro de
Almagro, España, páginas 365-381.
- Santamaría Cañas, Ana Patricia y otras(1994):
Situación socieconómica de los periodistas
en El Salvador, Universidad de El Salvador,
Tesis, 37 y ss.
* Mario
Alfredo Cantarero es
colaborador de Sala de Prensa. Es master en Comunicación Social por
la Universidad
Autónoma de Barcelona;
investigador, profesor de Metodología de la
Investigación y coordinador de postgrados e
investigaciones de la Escuela de Ciencias de la
Comunicación de la Universidad "Dr. José Matías
Delgado", en El
Salvador, Centroamérica.
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