El auge del
ciberperiodista
En Estados Unidos más de
12,000 profesionales de la información se han
especializado en los últimos años en el
periodismo asistido por ordenador
Noemí
Ramírez *
Cincuenta
y siete mesas redondas, sesenta talleres, ciento
veinte ponentes y más de quinientos cincuenta
asistentes. Estos son los números redondos del
décimo congreso sobre periodismo asistido por
ordenador organizado por el Boston Globe y NICAR entre el pasado 11 y 14 de marzo.
A lo largo de
cuatro días, periodistas, documentalistas y
académicos se reunieron en Boston para hablar en
una jerga informática cada vez más común en
las redacciones norteamericanas. Lo que varios
analistas denominan la revolución del periodismo
asistido por ordenador se ha extendido
progresivamente en Estados Unidos gracias en
parte a NICAR, un esfuerzo conjunto de IRE (Investigative Reporters &
Editors) y la Facultad de Periodismo de
la Universidad de Misuri-Columbia, la más antigua del
país y una de las más prestigiosas.
Los orígenes
del proyecto se remontan a 1989, cuando dos
institutos de periodismo asistido por ordenador
comenzaron a consolidarse en las universidades de
Misuri e Indiana.
El objetivo de
NICAR es obtener y analizar sistemáticamente
bases de datos de documentos públicos para
favorecer una rigurosa cobertura periodística de
la realidad social . Bajo la dirección del
periodista Brant Houston, NICAR ha impartido en
los últimos cinco años cursos de formación a
más de 12.000 reporteros en
"bootcamps" o campos de entrenamiento
intensivo.
El congreso puso
de manifiesto que el concepto de periodismo
asistido por ordenador ha evolucionado
notablemente en la última década. Mientras que
los pioneros de los años setenta y ochenta como
Philip Meyer, profesor de periodismo en la
Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill
y autor del libro "Periodismo de
Precisión", empleaban casi exclusivamente
métodos de investigación de las ciencias
sociales, la generación de periodistas de los
noventa utiliza una gran variedad de herramientas
informáticas en su rutina diaria: desde hojas de
cálculo y gestores de bases de datos a Intranets
y complejos programas de levantamiento de mapas,
pasando por búsquedas de información en
potentes bancos de datos comerciales y a través
de la Red.
Estudiosos de
los medios de comunicación, como Nora Paul del Poynter Institute, constataron de nuevo
los límites cada vez más difusos entre los
perfiles profesionales del periodista y del
documentalista como consecuencia del desarrollo
de la World Wide Web. Margot Williams,
ex-bibliotecaria o -si lo prefieren- neófita
redactora del Washighton Post, explicó que su caso es
un claro ejemplo de este fenómeno.
Acceso
a bases de datos
Cuando hace dos
años, los periodistas del Post tuvieron acceso
al banco de datos Lexis-Nexis desde sus mesas de
trabajo, el personal del departamento de
documentación se encontró liberado de una gran
parte de sus responsabilidades diarias.
A partir de ese
momento se produjo, según Williams, "una
beneficiosa confusión de funciones".
Mientras la redacción realizaba sus propios
rastreos on-line, Williams y sus compañeros
fueron asignados a secciones específicas como
analistas de información: "Ahora que los
bibliotecarios disponemos de más tiempo libre,
podemos participar en el proceso de elaboración
del artículo o del reportaje desde el principio
hasta el final", dijo ante una audiencia de
cien personas.
Las redes
digitales no solamente han moldeado los perfiles
de los profesionales de los medios, sino que
también los han bautizado con un nuevo nombre.
Quizá esta tendencia sea producto de la
obsesión estadounidense por lo políticamente
correcto, pero lo cierto es que tanto en el
Washington Post, como en el Star-Ledger de New Jersey, los bibliotecarios han
pasado a llamarse investigadores y la morgue es
el centro de investigación del diario.
Mary Jo Crowley
dirigió la biblioteca de la empresa editora del Philadelphia Inquirer, antes de convertirse en
la directora de los servicios informativos del
Star-Ledger en enero de 1996. Desde estonces, es
la responsable del desarrollo de la
"biblioteca virtual" una fantástica
colección de bases de datos propias y
comerciales, recursos digitales y obras de
referencia accesibles a través de la Intranet
del periódico desde cualquier lugar de la
redacción.
La filosofía
del Star-Ledger es la que John Katzenbach
sintetizó en su célebre cita: "la
información es la moneda de uso del
periodismo". En el diario de New Jersey se
siguen estas palabras al pie de la letra hasta el
punto de que han tenido un fuerte impacto en el
organigrama y distribución física de la
redacción. Tal y como Crowley lo describió, el
servicio de documentación se encuentra en el
centro de la redacción. "De igual
manera" añadió, "no tenemos un
departamento de periodismo asistido por ordenador
puesto que todos nuestros profesionales son en
cierta manera periodistas asistidos por
ordenador".
Otras sesiones
del congreso tuvieron un carácter más
práctico. Nora Paul, directora de la biblioteca
del Poynter Institute for Media Studies en St.
Petersburg, Florida, impartió un seminario sobre
las diferentes modalidades de motores de
búsqueda y servicios de alerta.
Randy Reddick,
director de FACSNET, un servicio gratuito de la
Foundation for American Communications que ofrece
recursos online a periodistas, destacó las
conclusiones de un estudio de la revista Wired que demostró que "el
conjunto de los motores de búsqueda simplemente
abarca el 30% de la información disponible en la
red".
Por ello,
afirmó, "cuando el periodista necesita
ampliar su campo de búsqueda es necesario que
recurra a robots como WebFerret y WebCompass, pequeños
programas que rastrean diferentes motores de
búsqueda de acuerdo con las preferencias del
usuario".
Las ventajas de
las tradicionales bases de datos comerciales,
como Lexis-Nexis o Autotrac, frente a los
servicios accesibles a través de la Word Wide
Web fue el tema de la conferencia de Ketty
Bennett. Bennet, documentalista del St. Petersburg Times y miembro del equipo de
investigación que ganó un premio Pulitzer en
1995 por un reportaje sobre la administración de
testamentos en Florida, concluyó su ponencia con
unas palabras que pueden helar la sangre del
gerente de cualquier medio: "Recuerden que
la información pertinente y de buena calidad
cuesta dinero. Cuando tengan entre manos un buen
reportaje, gasten, gasten, y gasten".
*
Noemí Ramírez es
profesora ayudante en la Facultad de Ciencias
Sociales de la Universidad de Salamanca; actualmente cursa el Master en
Periodismo de la School of Journalism de la Universidad de
Columbia-Missouri, becada
por la Comisión Fulbright. Este texto fue publicado
en El
Mundo y se reproduce con
autorización expresa tanto de este diario
español como de su autora, quien es fundadora de
Sala
de Prensa.
|