La
deontología periodística frente a
los cambios técnicos y la globalización
Guy
Riboreau *
Digitalización,
globalización. Dos palabras modernas que se
encuentran hoy en día en todos los discursos,
artículos de prensa, programas audiovisuales
sobre la evolución del mundo. Palabras que
están de moda, por cierto, pero que resumen bien
los cambios que afectan a los ciudadanos de
nuestro pequeño pueblo planetario.
Por un lado,
implican un cambio técnico bastante fácil de
entender: las computadoras son de un uso
generalizado y la técnica analógica de
producción de textos, sonidos e imágenes está
sustituida por la técnica digital. Del otro
lado, representan conceptos más o menos vagos,
con contornos borrosos, que permiten decir todo y
su contrario para explicar situaciones que
escapan al análisis según los criterios
habituales.
Qué quiere
decir globalización sino interdependencia
mundial... y el control de los flujos
económicos, comerciales y financieros, pero
también de información, por un puñado de
grupos poderosos que, en casi todos los países,
representan una fuerza que puede imponer su
propia visión del mundo a los políticos, poner
en acción su propia estrategia.
Globalización
es la forma moderna del capitalismo. Y no es un
capitalismo positivo para producir bienes que
servirán al ciudadano para mejorar su
existencia, es un capitalismo basado en el mundo
financiero, que busca el ingreso máximo y el
poder para sus accionistas.
Y el capitalismo
moderno dispone hoy en día de las herramientas
necesarias, en particular en el terreno de las
telecomunicaciones, para desarrollar su poder.
Si hay un sector
de la actividad humana afectado por los dos tipos
de cambios, es el de los medios.
Cada vez más
medios de comunicación son controlados de manera
directa o indirecta por grandes grupos
empresariales que ven en los medios una suerte de
palanca que podría servirles para influir en
políticos, en las personas que se ocupan de
atribuir las obras públicas y, por supuesto, la
competencia. Además, los mismos políticos
utilizan las empresas periodísticas como
herramientas de marketing político. De tal modo
que los medios de comunicación se encuentran en
el centro de un juego entre poderes políticos y
económicos, y muchas veces son víctimas de
aquel juego.
En este doble
contexto de la revolución digital y de la
globalización, ¿qué significa, hoy en día, la
palabra periodismo? ¿Cuál es el papel
del periodista cuando, cada uno de los
ciudadanos, con una computadora y un sitio web,
puede ser al mismo tiempo una fuente de
información y un consumidor de noticias que
vienen directamente en su pantalla? ¿Cómo hacer
de tal manera que, entre los actores de la
actualidad y el público, siga existiendo el
intermediario que explica, que analiza, que
interroga, que pone las cosas en su contexto, que
decodifica de manera independiente? ¿Y cómo
verificar, explicar, analizar las noticias cuando
el volumen de información es tan grande en las
pantallas que resulte imposible un tratamiento
riguroso de la información?
Los flujos de
noticias, en cuanto a volumen y rapidez, son tan
amplios que resulta difícil elegir e incluso
tratar correctamente cada una de las noticias. La
miniaturización de componentes electrónicos, su
capacidad para almacenar y manejar masivamente a
velocidades vertiginosas millones de datos, nos
lleva a cuestionar las consecuencias de estos
progresos técnicos en el contenido de la
información. Destaca el ejemplo de la reciente
foto de la AP tomada en los primeros días del
conflicto entre israelies y palestinos: el pie de
la foto publicada en la portada de varios
periódicos franceses presentaba a un palestino
herido cuando en realidad se trataba de un
israelí. ¿Quién tiene la culpa, la velocidad,
la búsqueda de un scoop o el poco
tiempo para verificar la información?
Además del
impacto de la tecnología sobre el trabajo del
periodista, el contexto de producción y
tratamiento de las noticias hace que la lógica
empresarial y la competencia entre los medios
haya cambiado completamente la relación entre
los periodistas y su entorno profesional.
Afortunadamente
la casi totalidad de los periodistas cree en la
importancia de una información libre. Pero en la
práctica, ¿de qué manera se aplica esto?, ¿de
qué manera apegarse al ideal, cuando la empresa
puede poner fin a su colaboración o penalizarlo
porque no le gusta el trabajo? ¿Hasta dónde se
puede ir en la libertad de expresión sin
arriesgar el medio de subsistencia? ¿Cómo ser
un periodista riguroso, honesto, que respeta a su
público cuando el periodista da a conocer una
noticia desagradable para la empresa que lo
emplea, cuando el patrón, bajo la presión de un
accionista, puede a sancionarlo o hacerlo pasar
por un incompetente?
El caso por
ejemplo de los medios de comunicación
especializados en asuntos de salud y medicina,
cuyos accionistas principales son las mismas
empresas farmacéuticas, revela la vulnerabilidad
de la independancia editorial frente a intereses
comerciales y/o económicos. Aquella prensa nunca
se atrevería a comentar el hecho de que, por
razones económicas, las empresas farmacéuticas
se negan a comercializar las triterapias en
Africa, aunque tal decisión pone en peligro de
muerte las milliones de personas infectadas por
el virus HIV en este continente.
Para superar el
problema de la independencia respecto de sus
accionistas, el ejemplo del diario francés Libération
puede ser interesante. Ahí, ninguno de los
accionistas es mayoritario pero el accionista que
tiene el peso más grande es el grupo de
periodistas que obtuvo un verdadero poder
financiero. Además, otras empresas de prensa van
a tomar una participación en el grupo Libération
como, por ejemplo el diario El Mundo de
España. Sin embargo el 20% de las acciones son
propiedad de una sociedad de capital riesgo
británica
pero los periodistas afirman que
aquella sociedad siempre se comprometió a la
independencia de los medios de comunicación.
Diversificando y seleccionando sus accionistas, Libération
quiere mantenerse en el camino de la
independencia financiera.
Al peso del
accionista se suma el del concepto de marketing.
Atraer hacia los medios de comunicación
concernidos el mayor número de lectores,
radioescuchas y telespectadores.
La dictadura del
rating y de los sondeos se han convertido para
los medios (para las televisoras todavía más
que para las radios y los periódicos) en algo
insoportable. Los informativos televisados se han
visto transformados en fábricas de emoción, en
detrimento del rigor periodístico. Pero la radio
no escapa totalmente a esta tendencia con
títulos escalofriantes o un lugar demasiado
importante en la antena para el deporte o sucesos
sin ningún interés. Esto lleva a cuestionarse
sobre las desviaciones del periodismo.
Como decíamos
anteriormente, la información es considerada
como un producto mercantil que se rige bajo las
leyes de la oferta y la demanda. Esta forma de
actuar por parte de los medios no es nada nueva,
pero toma hoy un carácter sistemático, y raros
son los que no entran al peligroso juego.
Además de la
lógica de empresas que pesa en la acción
periodística, la confusión entre información y
comunicación se ha convertido en uno de los más
graves problemas de las sociedades
industrializadas. ¿Qué institución no tiene
hoy en día un director de comunicación
encargado de promover la imagen de la empresa, la
imagen de sus productos o servicios?, ¿Qué
redacción no recibe mensajes de todo tipo:
comunicados, dossier de prensa, invitaciones a
una conferencia, cocktail, viajes, o incluso
más?
El periodista
debe saber guardar su distancia respecto al
trabajo, y rechazar obsequios importantes, que
viniendo de alguna empresa o institución puedan
comprometerlo. De aceptar ese juego (consciente o
inconscientemente) después le sería muy
difícil convertirse en el contrapoder que
necesita una democracia.
Creo que la
independencia editorial de los periodistas pasa
primero por la independencia financiera. Es
importante que el periodista pueda vivir
decentemente de su profesión; que no se vea
obligado a ejercer varias profesiones al mismo
tiempo para cubrir sus necesidades. En muchos
países, incluidos evidentemente los de América
Latina, los periodistas tienen dos o tres
trabajos. Eso, creo yo, es contrario a la
búsqueda de una independencia editorial.
La independencia
del periodista pasa también por las leyes, la
reglementación que rige la profesión. ¿El
contexto político es el de una dictadura o el de
una democracia? El margen de maniobra del
periodista puede ser nulo o por el contrario
considerable, al punto de constituirse él mismo
en poder. Puede estar obligado al exilio para
escapar a la persecución, incluso a la muerte; o
al contrario, beneficiarse de garantías
constitucionales y de un estatus que legitime y
defienda su libertad de expresión.
La profesión
puede disponer o no de sindicatos poderosos que
defiendan bien el papel del periodista.
La libertad de
prensa, oficialmente proclamada y teóricamente
reconocida por la mayoría de los Estados, es sin
embargo un principio respetado en muy pocos
países. Si bien es cierto que las violaciones
más graves son cometidas en países
dictatoriales, también es cierto que los
llamados "democráticos" no escapan a
la crítica. Así tenemos por ejemplo,
intimidaciones de diversa índole en diversos
países europeos como en otras partes del mundo.
Los responsables regularmente son grupos de
presión ligados a partidos políticos,
movimientos independentistas e incluso
funcionarios gubernamentales que no aprecian el
hecho que la prensa se interese de cerca en sus
pequeños asuntos o grandes estafas. Como vemos,
las empresas mafiosas no son las únicas en
querer hacer callar a la prensa.
¿Qué pensar,
por ejemplo, de las amenazas de muerte proferidas
por grupos independentistas de Córsega contra un
periodista del diario Libération,
quién ha sufrido un atentado con bomba en su
casa?
La asociación
Freedom House, por su parte, estima que sólo 22%
de la población mundial se beneficia del acceso
a una prensa libre. Su informe anual destaca una
tendencia al incremento de la autocensura:
"La presión por parte de regímenes que
practican la censura ha conducido a un número
cada vez mayor de periodistas a autocensurarse
por temor a represalias".
En este triple
contexto del peso sobre el trabajo de los
periodistas de la política, de la innovación
técnica y de la lógica empresarial, ¿qué
significa el desarrollo de las redes
electrónicas? ¿Es una suerte o una molestia
para el periodista?
Internet es un
canal suplementario de comunicación. Pero no
sólo es eso, ya que estas redes reúnen las
ventajas de los otros medios de comunicación.
Pero poseen también nuevos inconvenientes.
El usuario de
Internet, tranquilamente instalado en su casa,
puede buscar la información que desea,
familiarizarse con temas diversos e, incluso,
puede ser una herramienta de democracia directa.
Pero existen preguntas ligadas a su utilización.
Hay que tomar en cuenta una especificidad de
Internet: es la primera vez que un medio de
comunicación es también una fuente de
información.
Pero, ¿qué
credibilidad puede otorgarse a la información
proveniente de los miles de sitios del Web, o a
través del correo electrónico?, ¿Cómo puede
saber un periodista que tal sonido o imagen, que
se le propone en la red, no ha sido fabricado de
manera artificial? Es tan fácil transformar y
hasta crear una imagen con un programa gráfico,
un sonido que dice el contrario de lo que un
entrevistado ha declarado que ¿cómo saber si es
auténtica o no la información recibida? Por
ejemplo, es famoso el caso de un joven
estadunidense de 23 años que envió por correo
electrónico información falsa a los sitios web
dedicados a las transacciones financieras en la
bolsa
Su falsa nota informativa le permitó
embolsarse 250,000 dólares.
Otrfactor es la
tecnología "push", que consiste en
abastecer al cliente (oyente o lector) de
información preseleccionada. El cliente pide a
su fuente de información favorita que le mande
(porque se trata de información electrónica) la
información que necesita y que le interesa. Así
se pierde un papel central del periodismo:
sorprender y, a veces, molestar al oyente o
lector. La información se transforma en un
producto industrial que debe venderse.
Entonces,
¿cómo lo van a interpretar, a decodificar los
profesionales de la información? ¿Cómo
distinguir lo verdadero de lo falso, la realidad
de una información de la propaganda o de la
desinformación? ¿Cómo aprovechar sin riesgo de
desinformar esta nueva y apasionante herramienta,
sumándola a las tradicionalmente utilizadas por
las redacciones? ¿Y qué ocurre con el trabajo
del periodista? La existencia misma de su labor,
¿no está en tela de juicio?
Pienso que desde
hace años no existe una sola forma de
periodismo, sino muchas. Hoy, el periodista debe
ser no sólo periodista especializado, por
ejemplo, en la radio, y, en una radio emisora, un
especialista, por ejemplo, de economía, sino
también especialista en informática y en redes
electrónicas. El periodismo se transforma en una
profesión muy técnica.
Además de las
consecuencias de Internet para el periodista, uno
tiene que tomar en cuenta otros problemas que
implica Internet para los medios de
comunicación.
- Para los
accionistas de las empresas de prensa,
los sitios Internet (prensa on line)
representan una nueva fuente de ingresos.
En efecto, se nota que las versiones
electrónicas de las radios o periódicos
incluyen muchos anuncios. Incluso para
algunas empresas de prensa se considera
el sitio on line como una manera de
evitar un fracaso, como una fuente de
beneficios económicos. Eso significa que
a la dependencia respecto a los
accionistas se puede sumar una
dependencia respecto a los anunciantes.
Como en las otras formas de prensa.
- Una
revolución técnica está en marcha, y
el siglo XXI será el de la cibernética.
Pero es una revolución sólo para los
que tienen posibilidad de comprarse una
computadora con conexión a Internet y
pagar la conexión telefónica. Sin
embargo, cuando se conoce la difícil
existencia de millones de personas de los
países en vías de desarrollo, se sabe
también que serán ellos los que por
largo tiempo estarán condenados a la
exclusión de esta nueva comunicación
planetaria. El 69% de los conectados a
Internet se encuentran en Estados Unidos
y Europa. América Latina tiene por su
parte sólo menos de 6% de conectados a
Internet.Como lo vemos, hay un
desequilibrio más y los programas de
ayuda para el desarrollo deberán tomarlo
en cuenta.
- También se
puede plantear el problema de los
derechos de autor, como consecuencia del
nuevo contexto tecnológico para el
periodista ¿Cómo utilizar en
Internet la producción de un periodista
sin pagar por los derechos de difusión
suplementaria ?
Más que nunca,
creemos que el profesionalismo periodístico
deberá manifestarse tanto en Internet como en
otros medios para, precisamente, hacer la
selección, clasificación y tratar la
información según las reglas del arte. Afirma
Otto Sjöberg, jefe de redacción de Aftonbladet
(de Suecia): "No debemos tratar el Internet
como algo tan diferente y tan extraño: los
periodistas deben hacer su trabajo con los mismos
criterios y principios de siempre".
El periodista
rodeado de la electrónica y bajo la sempiterna
presión de los diferentes poderes, deberá ser
especialmente competente, lúcido y virtuoso si
quiere contribuir a hacer de nuestro pueblo
planetario un lugar de vida apacible y fraternal.
Hoy en día, los
contextos de producción de noticias se modifican
más rápidamente que las leyes y modos de
organización de la profesión. La globalización
de los intercambios de información, gracias al
avance tecnológico, plantea nuevos problemas en
cuanto al tratamiento de la actualidad. Es a los
periodistas de manera individual y colectiva a
quienes corresponde resolverlo. Y esto sólo es
posible volviendo a los principios que
fundamentan su legitimidad: pluralismo de ideas,
honestidad, rigor, civismo y responsabilidad. El
periodista es simplemente un intermediario entre
los actores de la actualidad y el público, no es
ni actor del acontecimiento ni estrella. Del
respeto de estas reglas básicas depende la
credibilidad y la continuidad de la profesión.
* Guy
Riboreau es
director del servicio de capacitación de Radio Francia
Internacional, en París.
Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.
|