La figura
del defensor del lector
en los diarios digitales
Gerardo
Albarrán de Alba *
Resumen: Este trabajo pretende
demostrar que la ética periodística está
por encima del medio, cuya influencia sólo
será validada por la construcción de una
credibilidad ganada con base en criterios
profesionales que si bien deben adaptarse a
dilemas antes desconocidos, son inmutables
aun frente a prácticas originales producto
de la acelerada evolución tecnológica de la
red de redes.
Abstract: This work tries to demonstrate that
journalistic ethics is above the media, whose
influence will be only validated by the
construction of a credibility gained based on
professional criteria that although must
adapt to dilemmas not known before are
immutable even when facing original practices
product of the accelerated technological
evolution of the world wide web.
Palabras clave: Periodismo en línea,
defensor del lector, ética periodística.
Key words: On-line journalism, news
ombudsman, journalistic ethics.
1.
Introducción
Las
características del periodismo digital rompen
dinámicas históricas de las redacciones
tradicionales e introducen conflictos éticos sin
precedente para los que aún no hay respuestas
suficientemente acreditadas sobre las cuales
cimentar un piso deontológico estable. Internet
abre fuentes de información heterodoxas,
introduce complejidades vinculadas a la velocidad
de transmisión y reciclaje de la información e
incluso presenta retos inéditos en las
decisiones editoriales; todas estas variables
requieren afinar los mecanismos de
autorregulación que ya existen y se practican en
los llamados medios tradicionales y que son
perfectamente adaptables a los rasgos de
inmediatez, permanente actualización e
interactividad que distinguen a los medios
digitales, cuyos usuarios aún no han renunciado
ni a la prensa escrita ni al radio ni a la
televisión como fuentes de información
cotidianas. Pretendemos demostrar que la
deontología periodística está por encima del
medio, cuya influencia sólo será validada por
la construcción de una credibilidad ganada con
base en criterios profesionales que si bien deben
adaptarse a dilemas antes desconocidos, son
inmutables aun frente a prácticas originales
producto de la acelerada evolución tecnológica
de la red de redes. Internet no inventa ni el
periodismo ni la ética. Por el contrario,
reporteros y editores surgidos de medios impresos
y electrónicos han llevado consigo a los nuevos
medios en línea un bagaje ético construido a lo
largo del siglo XX y que responde a las bases
axiológicas del periodismo, sin importar la
plataforma que utilice. De ahí la pertinencia y
necesidad de extender en los medios en línea la
figura del ombudsman del lector no sólo como
tradicional puente de comunicación entre el
usuario y el nuevo medio, sino como promotor de
un diálogo ético indispensable en las
redacciones digitales que permita, en primer
lugar, identificar los nuevos dilemas que se les
presentan y, de la mano de ello, sistematizar y
convertir las buenas o malas decisiones
editoriales en un conocimiento deontológico sin
el cual la prensa en Internet no se podría
distinguir de cualquier otro portal comercial o
incluso de una página personal sofisticada.
El trabajo del
defensor del lector, sobre el que existe una
controversia desde sus orígenes, puede adaptarse
a los medios digitales y aportarles la
consistencia profesional que requieren, como
cualquier otro medio, para construir la base de
credibilidad que les permita trascender la moda
tecnológica. Sin ética periodística, y sin un
mecanismo de autorregulación como el defensor
del lector que la haga vigente, los portales de
noticias pueden tener una vida tan efímera como
el próximo estallamiento de la burbuja
especulativa en la red de redes.
Un primer paso
ha sido dado. El corporativo MSNBC mantuvo al
periodista Dan Fisher como ombudsman de su portal
de noticias durante 13 meses. Esta experiencia
todavía única nos permite
vislumbrar los alcances y límites de la figura
del defensor del lector en los diarios digitales.
2.
El defensor del lector
Conocido
también como ombudsman, el defensor del lector
es una persona contratada específicamente para
representar los intereses del público ante un
medio y gestionar sus quejas particulares por
coberturas y tratamientos periodísticos
determinados. El defensor del lector puede ser un
miembro activo de la redacción, alguien que se
ha jubilado como reportero o editor, o incluso
una personalidad externa al periódico o revista,
con un elevado perfil de credibilidad y autoridad
moral, condición indispensable para generar
confianza tanto hacia dentro como hacia fuera del
medio, e incluso para lidiar con las resistencias
internas de la redacción, que no siempre se
muestra bien dispuesta a reconocer sus errores.
El defensor del lector básicamente recibe e
investiga quejas de los lectores del periódico o
de la audiencia de estaciones de radio y
televisión sobre la precisión, equilibrio y
buen gusto [sic] en la cobertura periodística.
Él o ella recomiendan remedios apropiados o
respuestas para corregir o clarificar las notas.[1]
La figura del
defensor del lector aparece en Japón en 1922 en
el diario Asahi Shimbun, lo imita el diario
Yomiuri Shimbun en 1938, y buena parte de los
medios japoneses siguen esta ruta después de la
Segunda Guerra Mundial. En Estados Unidos aparece
la figura del news ombudsman en 1967, en el
periódico Louisville Courier-Journal. En Europa,
el Consejo de Prensa de Suecia creo en 1969 la
figura del ombudsman para supervisar a toda la
prensa de ese país. Desde entonces, variantes de
esta figura se han extendido en los cinco
continentes en medios impresos y electrónicos.[2]
En
Latinoamérica, este mecanismo de
autorregulación es el más extendido después de
los códigos de ética, aunque su aparición es
bastante tardía. El primer defensor del lector
surgió en Brasil, en 1989, en el periódico
Folha de Sao Paulo, aunque no sin dificultades,
pues debieron pasar tres años desde que ese
diario hiciera la primera invitación a un
periodista para ocupar el cargo, en 1986, hasta
que alguien aceptó finalmente. En total, cuatro
periodistas rechazaron la oferta. Brasil es el
país latinoamericano donde más se ha extendido
la figura del defensor del lector, y en 1995
había por lo menos ocho publicaciones
brasileñas que contaban con este mecanismo de
autorregulación: los diarios Folha de Sao Paulo,
Folha da Tarde, O Dia, An Capital, O Povo,
Correio da Paraíba, y Diário do Povo, y la
revista semanal Rumos. Dos años más tarde
había desaparecido el cargo en Folha da Tarde y
en An Capital, pero surgieron nuevos defensores
del lector en Imprensa Oficial, Folha do Povo,
Nosso Bairro y la Revista Imprensa. Una buena
noticia es que algunos periódicos
universitarios, elaborados por alumnos de la
carrera de periodismo, han adoptado alguna
variante del cargo, como ocurre en la Facultade
de Comunicação de la Universidade Nacional de
Brasília. En los medios electrónicos, un par de
estaciones de radio han contado con esta figura.[3] Fuera de Brasil, tal
profusión de defensores del lector sólo la
encontramos en Colombia, en los diarios El
Tiempo, Vanguardia Liberal, El Espectador, El
Colombiano y el Diario de Huila, además de
existir la figura en las televisoras
Telemedellín y Teleantioquia, así como en
México, en los diarios El Economista y Crónica,
de la Ciudad de México; Pulso de San Luis, en
San Luis Potosí, y los periódicos del Grupo
Editorial Multimedios: Milenio Diario de la
Ciudad de México, Diario de Monterrey, Opinión
de Torreón, Diario de Tampico y Público de
Guadalajara aunque el caso mexicano está
lejos de los ejemplos brasileño y colombiano,
como se verá más adelante. En el resto de
Latinoamérica, hasta mediados de 2002, sólo
había defensores del lector en el diario Hoy, de
Ecuador, y el diario El Nuevo Día, de Puerto
Rico.
El alcance de la
figura del defensor del lector latinoamericano
tiene diverso acento: a veces está mas ligado a
una voluntad empresarial de cambio lo que
puede limitarle si se le percibe sólo como
instrumento de control interno, o peor, a
un interés de apariencia; otras, al desarrollo
de una conciencia ética de la redacción, lo que
ofrece una evidente probabilidad de éxito mayor.
En esto, mucho tiene que ver la calidad y
autoridad moral de quien desempeña el cargo,
como lo ilustra el caso del actual y anterior
defensores del lector del diario El Tiempo, en
Bogotá, Germán Rey y Javier Darío Restrepo,
respectivamente; éste último se desempeña
ahora como defensor del lector de El Colombiano,
en Medellín.[2] En ocasiones, la
creación del cargo de defensor del lector no
sólo es intrascendente, sino que puede
significar una burda maniobra de apariencias y
relaciones públicas, como lo demuestra el caso
mexicano: en el diario Pulso de San Luis, el
dueño del periódico impuso como «defensor del
lector» a un amigo suyo, quien que ocupa su
columna semanal para tratar cualquier tema
general
excepto los de su supuesta
función.[5] En El Economista, el
cargo de defensor del lector es más bien
virtual, es decir, no lo conocen ni en su propia
redacción;[6] en La Crónica, el cargo
fue ocupado inicialmente por el expresidente del
consejo de administración del diario y el actual
no ha escrito su columna por lo menos en los
últimos seis meses,[7] y en los periódicos del
Grupo Editorial Multimedios, el defensor del
lector de cada diario es el director general de
algún otro medio del mismo corporativo, lo cual
anula todo convencimiento deontológico, pues
traslada esta posibilidad al ámbito del
acatamiento a la tradicional subordinación
jerárquica vertical de los medios.[8] Este fenómeno sólo
puede explicarse por los resabios de una cultura
periodística servil hacia el poder político que
marcó a toda la prensa industrial mexicana
durante al menos la mitad del siglo XX.[9] Esta disfunción
particulariza a la prensa mexicana, pero también
es cierto que el concepto de autorregulación, en
general, no ha permeado a la mayoría de las
redacciones latinoamericanas. Una idea del común
desconocimiento de este mecanismo de
autorregulación particular en la región nos la
ofrece el hecho de que la Organization of News
Ombudsmen que reúne a defensores del
lector, del radioescucha y del televidente de
América, Europa y Asia ignora la
existencia de la mayoría de los ombudsmen
latinoamericanos.[10] A su congreso anual de
2002, solamente asistió sólo uno de los cuatro
defensores del lector registrados entre sus
miembros regulares: el ombudsman e o leitor del
diario Folha de Sao Paulo, Bernando Ajzenberg.
Faltaron: Lira Neto, de O Povo; Germán Rey, de
El Tiempo, y Elías Santana, quien fue ombudsman
del lector del diario venezolano El Nacional
durante cuatro años, pero que incluso ya había
dejado su puesto tres meses antes de la
conferencia sin que la Organization of News
Ombudsmen estuviera enterada de que el cargo lo
ocupa la exjefa de redacción del diario, Alba
Sánchez, desde febrero de 2002, y que su puesto
es ahora corporativo, abarcando a todas las
publicaciones de la Compañía Editora El
Nacional, por lo cual hace las funciones de
defensora del lector no sólo para El Nacional,
sino también para el periódico Así es la
Noticia, las revistas Todo en Domingo, Primicia e
Internet World, y la edición en línea.[11]
En el terreno
práctico, el defensor del lector no trabaja
solo, requiere de la colaboración de la
redacción, mediante la comprensión de sus
funciones, y de los directivos de su medio, que
en todo momento deben respetar la autonomía de
sus juicios deontológicos. Sin esto, el cargo
puede ser no solamente nominativo y su imagen un
membrete, sino que también puede convertirse en
un foco de conflicto interno por carecer de la
indispensable legitimidad para llamar a cuentas a
los periodistas por lo que hacen o no hacen y por
lo que escriben o no escriben. En cualquier caso,
el futuro de la figura del defensor del lector en
Latinoamérica depende de una generalización de
la conciencia ética de los periodistas y de una
buena educación deontológica del gremio, a lo
que pueden contribuir en mucho las universidades
donde se forman ya las futuras generaciones de
reporteros y editores, incluyendo en su malla
curricular la materia de ética periodística.
Afortunadamente, empezamos a encontrar algunas
acciones regionales encaminadas a alentar el
diálogo ético entre los periodistas, como la
programada primera reunión de defensores del
lector latinoamericanos, en noviembre de 2002 en
la ciudad mexicana de Guadalajara, organizada por
la Fundación para un Nuevo Periodismo
Iberoamericano que preside Gabriel García
Márquez.[12]
3.
Apoyos del ombudsman
Lamentablemente,
todo lo reseñado hasta ahora no basta. El
defensor del lector requiere además de
instrumentos concretos, sistematizados, para
realizar su trabajo de la mejor manera posible.
Entre los principales apoyos está la
implantación de una serie de mecanismos de
autorregulación internos que sirvan como punto
de partida de la discusión ética que debe
sostenerse permanentemente en las redacciones y
en las que el defensor del lector juega un papel
determinante como catalizador y árbitro
imparcial de las controversias entre el público
y el medio, e incluso de aquellas que surjan
entre los propios periodistas. Aquí nos
referiremos específicamente sólo a tres: la
línea editorial, el código de ética y el
comité de ética. Desde luego, esta propuesta no
se agota en estos instrumentos, ni mucho menos;
existen más de tres decenas de mecanismos de
autorregulación en práctica en las redacciones
de todo el mundo que de ninguna manera se
excluyen entre sí, más bien se complementan.
Para el caso del defensor del lector en los
medios digitales en sí mismo, uno más de
los mecanismos de autorregulación
existentes, consideramos que la línea
editorial, el código de ética y el comité de
ética son instrumentos sin los cuales su
desempeño de desdibujaría y podría convertirse
en un foco de conflicto interno, en lugar de un
elemento de cohesión deontológica.
3.1 Línea
editorial
Toda
autorregulación periodística inicia por los
principios editoriales de cada medio, que son
aquellos compromisos que la empresa informativa
hace explícitos frente a la sociedad a la que
sirve, generalmente adoptados y difundidos en el
momento mismo de su primera publicación o
difusión. Ahí quedan plasmados tanto el ideario
como los objetivos de un periódico, una revista
o una estación de radio o de televisión, lo
cual les dota de identidad propia y marcan un
compromiso moral voluntariamente asumido frente a
sus lectores o auditorio.
Por elemental
congruencia, el primer obligado a cumplir con sus
propios principios editoriales es el empresario
periodístico; además, tiene la tarea de
hacerlos cumplir también a su redacción,[13] aunque esto no puede
ocurrir ni de manera automática ni mucho menos
por burda imposición. Los principios editoriales
no implican la subordinación acrítica de la
redacción a la voluntad arbitraria de la
empresa; consecuentemente, la orientación
ideológica del empresario, los accionistas y los
directivos reflejada normalmente en el
contenido editorial del medio debe
someterse a los principios deontológicos
elementales del periodismo. Esto deja claro que
el alcance y los límites reales de este
mecanismo derivan de la voluntad del empresario
periodístico para sujetarse a los principios que
él mismo proclamó de un inicio. El mismo dueño
del medio, o nuevos dueños, si cambia de
propiedad, pueden verse tentados a modificarlos
en un momento dado, pues están en todo su
derecho de hacerlo cuando así les convenga; no
obstante, cualquier modificación en sus
principios editoriales debe expresarse
públicamente, pues están moralmente obligados a
difundirlo como ejercicio de responsabilidad
social. Lamentablemente, la prensa
latinoamericana está llena de ejemplos en los
que la línea editorial simplemente se pasa por
alto o incluso se traiciona, sometiéndola a los
vaivenes de intereses extraperiodísticos de los
dueños. Eso cobra particular importancia en
relación con la obligación de fidelidad a esos
principios editoriales que debe observar el
cuerpo periodístico de una redacción. Ya en
1991, Camilo José Cela, en el punto séptimo de
su «Dodecálogo de deberes del periodista»,
señalaba que éste debe
[...] funcionar
acorde con su empresa quiere decirse con la
línea editorial ya que un diario ha de ser
una unidad de conducta y de expresión y no una
suma de parcialidades; en el supuesto de que la
coincidencia de criterios fuera insalvable, ha de
buscar trabajo en otro lugar ya que ni la
traición (a sí mismo, fingiendo, o a la
empresa, mintiendo), ni la conspiración, ni la
sublevación, ni el golpe de estado son armas
admisibles.[14]
Si bien es
cierto que cualquier periodista está profesional
y hasta moralmente obligado a aceptar y sujetarse
a los principios editoriales del medio en que se
contrata, dicha fidelidad está determinada por
la misma congruencia del medio con sus
compromisos públicos. No es dable exigirle a un
periodista el cumplimiento de principios
abandonados por el empresario o directivos,
aunque ello tampoco le exime o libera de
cualquier deber ético. En caso de conflicto, el
periodista profesional debe anteponer su propia
responsabilidad, aun a costa de su estabilidad
laboral, pues
[...] la
obligación del profesional llega hasta donde esa
obligación garantiza el cumplimiento del
compromiso adquirido por el medio con el
público, [y] está supeditada en todo momento a
la obligación más fundamental de cumplir con
los deberes deontológicos de la información y
la comunicación.[15]
La vigencia y
validez de los principios editoriales dependen
fundamentalmente de la voluntad del empresario
periodístico cuando éste no tiene frente a sí
ningún instrumento efectivo de sanción por
olvidar o traicionar el ideario y objetivos
trazados originalmente. A ello contribuye
también el hecho de que los principios
editoriales que suelen ser difundidos en el
nacimiento del medio, normalmente no se
encuentran disponibles al público de forma
permanente para que sean exigibles por éste en
un momento determinado. Esto conlleva un riesgo
adicional para la sociedad, pues
[...] quien
ignore los principios editoriales de la empresa
informativa y no sepa qué persigue o pretende
puede ser juguete en manos del informador, y el
desconcierto o la ignorancia serán el resultado
de unos principios editoriales no formulados con
claridad. Todo un conjunto de circunstancias que,
a corto o a largo plazo, repercutirá en el
prestigio y en la trayectoria de la empresa.
El hecho de que
se oculten los principios no quiere decir que no
existan, ni tampoco que no se hayan formulado
alguna vez de forma explícita. Más bien puede
significar que se está encubriendo un proceso
por el cual la empresa quiere llegar, cambiando
la idea inicial, a una realidad informativa
diferente u opuesta a la que captó la atención
del lector o espectador.[16]
Al respecto,
debe decirse que en algunas fechas simbólicas
como lo es un aniversario muchos de
los medios impresos latinoamericanos suelen
publicar algún editorial en el que recuerdan
parte de las líneas básicas que les han guiado,
pero esto no puede ser plenamente considerado
como un refrendo de su ideario y objetivos,
primero porque en todo caso representa un
ejercicio de memoria incompleto, y, segundo,
porque es más bien común que ese editorial
responda a alguna coyuntura política, social o
económica de la agenda pública de su ciudad,
país o región. Este defecto si así se le
puede llamar que se observa en
prácticamente todos los medios impresos
pero, particularmente, en los
electrónicos, hoy puede ser corregido de
manera práctica debido a que casi cualquiera de
estos tiene la posibilidad de contar con una
versión en línea de sus ediciones o al menos un
portal institucional, y ahí nada les impide
colocar de forma destacada un enlace hacia una
página electrónica que contenga sus principios
editoriales. La dirección de enlace profundo [17] puede además imprimirse
de forma permanente en el aviso legal o en el
directorio de un periódico o revista o
bien transmitirse en un cintillo de pantalla de
televisión o en las identificaciones de la
estación de radio, permitiéndole así a
cualquier lector o al auditorio acceder a ese
documento en cualquier momento y juzgar por sí
mismo la congruencia o alejamiento de la línea
editorial del medio, lo que debería reforzar su
credibilidad, en el primer caso, o exponerles a
la crítica pública, en el segundo. En el caso
de los medios digitales, tal omisión es
inexcusable.
No obstante todo
lo anterior, los principios editoriales realmente
no dejan de ser un enunciado más bien demasiado
general de propósitos ideológicos y
deontológicos que no contemplan infinidad de
situaciones particulares de conflicto ético a
los que se enfrentan cotidianamente los
periodistas ni aportan elementos concretos para
resolverlos en beneficio del ciudadano. Por ello,
los principios editoriales necesitan ser
reforzados mediante el establecimiento o
adopción de un código de ética, donde se
recojan las prácticas habituales de la
redacción frente a dilemas éticos propios de
esta profesión e intereses extraperiodísticos
de dueños y directivos que tanto unos como
otros amenazan la credibilidad del medio.
3.2 Códigos de ética
Los códigos de
ética adoptan varias formas y tienen diversos
alcances, dependiendo de quiénes participan en
su origen. Los códigos de ética son la
abstracción de «los valores éticos
voluntariamente aceptados por un gremio
profesional y los transforma en reglas de
conducta obligatorias para los sujetos a ese
ordenamiento deontológico». Del mismo modo,
otorgan identidad y estatus a la profesión en la
medida en que norman un funcionamiento colegial,
acota la competencia interna «y trata de
eliminar a los no calificados y a los
inescrupulosos». En el gremio periodístico, los
códigos de ética expresan
la
manifestación inequívoca de cambio para ser
mejor, la identificación del rol que juega en la
vida social y la existencia de periodistas libres
que están convencidos de ejercer un periodismo
con apego a la razón, a la sensibilidad y al
compromiso con la sociedad.[18]
De forma
implícita o explícita, los códigos de ética
periodística supranacionales y aquellos creados
dentro de Estados democráticos de derecho
apuntan a la responsabilidad social del
periodista como el eje en torno al cual gira el
compromiso moral con valores superiores, como es
el derecho humano a la información y a la libre
expresión; con valores ideológicos, como el
concepto mismo de democracia, e incluso con
valores jurídicos, como el derecho a la
privacidad.[19]
A pesar de la
proliferación de códigos de ética
periodística, sobre todo a partir de la década
de los 90,[20] su creación y
aplicación no son tareas simples. Muchos
códigos éticos son creados por encargo del
empresario mediático y sus directivos, sin que
exista un diálogo ético previo en las
redacciones. La ausencia de este diálogo ético
suele condenar estas iniciativas al papel de
catálogo de buenas intenciones, en el mejor de
los casos, cuando no se trata de un mero
instrumento de relaciones públicas destinado a
aparentar frente a la sociedad que se tienen
verdaderos compromisos deontológicos que más
bien suelen ignorarse en el quehacer
periodístico y editorial cotidiano, pues los
intereses del dueño suelen sobreponerse a
cualquier principio de responsabilidad social
periodística, tal y como quedó en evidencia en
el papel desempeñado por la mayoría de la
prensa venezolana durante el fallido golpe de
Estado del 11 de abril de 2002.[21] Otras veces, el
enunciado de compromisos morales carecen de
viabilidad práctica pues no corresponden a la
realidad social y política del entorno de la
sociedad a la que sirve el medio, y éste adolece
de los recursos materiales que garanticen su
independencia empresarial y editorial,
particularmente en naciones en vías de
desarrollo, como podría ser el caso de gran
parte de la prensa provincial centroamericana,
que depende de la publicidad estatal para
sobrevivir.[22]
Por el
contrario, cuando un código deontológico es
fruto del diálogo ético de una redacción
incluyendo, por supuesto, a directivos y
empresarios, o de un grupo de periodistas
asociados en alguna organización profesional,
entonces la vinculación sí es plena, pues se
trata de un compromiso voluntariamente asumido
por consenso, para el cual se presume
se han contemplado desde la congruencia con la
línea editorial del medio hasta las
características particulares de la empresa
periodística, así como la realidad política,
social, económica y cultural del lugar donde se
edita el medio.
Los códigos de
ética suelen recibir la misma crítica que los
principios editoriales: se les reprocha ser un
mero enunciado de buenos propósitos, carentes de
sanción explícita en caso de violación. Y
aunque no siempre es cierto esto, pues varios
documentos latinoamericanos contienen mecanismos
vinculantes,[23] conviene apoyar a los
códigos de ética con el establecimiento de
consejos o comités de ética que supervisen
permanentemente el cabal cumplimiento de los
compromisos deontológicos del medio.
3.3 Comité
de ética
Integrados
fundamentalmente por personal de la redacción
pero a veces también por algunos miembros
de la sociedad civil, los consejos o
comités de ética cumplen una labor de
supervisión deontológica que permite evaluar el
comportamiento ético de un medio en particular a
través de la evaluación de los contenidos de
información y comentarios editoriales que éste
publica. El objetivo es detectar violaciones al
código de ética del medio, investigar las
causas que las propiciaron y emitir
recomendaciones generales y particulares para
evitar su repetición. Eventualmente pueden
encontrar un dilema ético bien o mal resuelto
que escape a las previsiones del código de
ética, lo que les permite abrir una discusión
deontológica en su redacción para evaluar la
situación concreta y llegar a la mejor solución
posible, lo que a su vez enriquece el acervo
ético del medio y, en su momento, puede ser
incorporado a su código deontológico. Sin
embargo, esta característica ex post es
decir, que atiende un conflicto después de que
éste surge cobra mayor relevancia cuando
el dilema ético es planteado por un reportero o
editor ex ante, es decir, de forma previa a la
publicación de la información que lo generó.
Esto convierte al comité de ética en un asesor
deontológico, dispuesto a contribuir en la
resolución de conflictos deontológicos
particulares, alimentando la confianza de la
redacción en su trabajo y alentando el diálogo
ético entre los periodistas y directivos.
Lamentablemente,
este mecanismo de autorregulación es más bien
escaso.[24] Estos comités están
integrados por miembros de la redacción y
consejeros externos que realizan una revisión
semanal de cada diario. Su operación, en grandes
líneas, es sencilla: cuando encuentran una
violación al código de ética, invitan al
reportero responsable a explicar la situación
que le llevó a incurrir en un error
deontológico; el comité de ética expide luego
una recomendación dirigida al reportero, el
editor de la sección donde se publicó la
información y al director del periódico;
finalmente, la recomendación y una copia de la
nota en cuestión son colocadas, además, en un
pizarrón en la redacción, a la vista de todos
los reporteros y editores del diario. En un medio
digital, ese pizarrón puede estar
permanentemente en línea para consulta tanto del
personal periodístico como de los usuarios del
sitio.
Ciertamente,
existen dificultades para integrar un comité de
ética eficaz, pero también está visto que ni
de lejos es imposible. Su implantación en
cualquier medio, pero particularmente en uno
digital, reviste particular importancia no sólo
como apoyo del defensor u ombudsman del lector,
quien cumple con esas y otras funciones dentro de
un medio, sino como instancia de supervisión
reposada, alejada de las tensiones cotidianas de
edición, lo que le otorga una mirada
retrospectiva que puede abarcar en su conjunto a
todo el proceso de toma de decisión editorial e
incidir de manera más eficiente en las
políticas editoriales y en el diseño de las
órdenes de información, el reporteo y la
investigación, así como en el procesamiento y
la presentación de la información.
4.
El defensor del lector en el medio digital
El primer y
único ombudsman del lector en un medio en línea
ha sido Dan Fisher, quien trabajó 27 años en
Los Angeles Times y terminó su carrera en la
página de msn MoneyCentral. El editor en jefe de
msnbc.com, Merrill Brown presentó a Fisher como
ombudsman el 17 abril de 2001, bajo un esquema de
independencia que le permitía confrontar a los
65 editores y los cerca de 200 reporteros del
corporativo, cuyo sitio recibe unos 10 millones
de visitantes al mes. Durante más de un año,
Fisher escribió una columna, la cual no podía
sufrir ninguna modificación sin su propio
consentimiento. Como ombudsman, Fisher desarrollo
un doble papel en msnbc: representante de los
lectores y crítico interno del sitio, lo que le
permitía cruzar opiniones con el personal
periodístico del sitio sobre el manejo y
presentación de la información. Trabajando
desde su casa, y apenas apareciendo un par de
veces en la redacción, donde tenía una oficina,
la primer columna del ombudsman fue subida al
sitio msnbc.com el 2 de mayo de 2001. Durante los
13 meses que permaneció en el cargo, la queja
principal que recibió de los lectores fue la
información política tendenciosa, seguida de
reclamaciones por errores tipográficos,
gramaticales y en datos duros. Hasta aquí, nada
que distinga a msnbc.com de cualquier medio
impreso o electrónico. Dentro de las quejas
vinculadas a la nueva plataforma destacaron los
anuncios que aparecen en ventanas no solicitadas
(pop-up).[25]
El propio Fisher
asegura que el trabajo de un ombudsman en línea
no difiere mucho del trabajo de cualquier
defensor del lector en un diario. La principal
preocupación del usuario de msnbc se relaciona
con los valores tradicionales del periodismo
estadunidense: equilibrio informativo, precisión
y trato justo. Fisher esperaba algo distinto,
pero no fue así. Ciertamente existen diferencias
como los votos en línea, algo imposible en
un medio impreso, pero tras 10 meses en el
cargo se declaró sorprendido de que los asuntos
que había tenido que tratar hasta ese momento no
habían sido tan distintos de cualquier tema
abordado por algún ombudsman del lector en los
medios tradicionales. No obstante, Fisher
encuentra un elemento distintivo de Internet que
debe ser observado con atención: la velocidad de
la información.
Las notas en
msnbc pueden modificarse de 10 a 15 veces a lo
largo de un día, y algunas de las primeras
versiones son bastante incompletas. Uno [como
periodista] puede estar acostumbrado a ese ritmo
de actualizaciones que vemos en los servicios de
cables o en las noticias radiofónicas, pero no
estoy muy seguro de cómo reaccionarán los
lectores si sólo vieron esos reportes
incompletos y solamente lo hicieron una vez a la
semana.[26]
Como sea, esto
también tiene una ventaja: cualquier error
detectado por la redacción, el ombudsman o un
lector, puede ser corregido en cuestión de
minutos. Otro detalle que llamó la atención de
Fisher fue recibir muy pocos comentarios sobre
los elementos interactivos en el sitio msnbc.com,
como los videos y audios disponibles junto a los
textos de las notas, lo que le hizo suponer que
la mayoría de los usuarios emplean el multimedia
sólo en el trabajo, donde pueden disponer de
conexiones más veloces que en casa. Incluso, en
el primer chat que condujo, Fisher apenas tuvo 60
usuario conectados. Mucho del trabajo de Fisher
se concentraba en señalar errores o a alertar
sobre el uso del lenguaje en ciertos casos que
podían aparentar prejuicios o tendencias. Estos
detalles normalmente pasaron inadvertidos para el
lector, debido a la velocidad de las
actualizaciones.
De acuerdo con
el editor en jefe de msnbc, Merrill Brown, la
idea de un ombudsman representaba la oportunidad
de «explicar y explorar de forma pública cómo
y por qué hacemos lo que hacemos». En sus
propias palabras, la misión del ombudsman es
«obligarnos a pensar más ampliamente acerca de
nuestro trabajo y de nuestras
responsabilidades». No obstante, Brown acepta
que a la vuelta de un año de esta experiencia,
el trabajo del ombudsman ha tenido poco impacto
en las políticas y los procedimientos del
corporativo. Unos de los problemas, reconoció,
fue no haber delimitado claramente las
responsabilidades del ombudsman. El experimento,
según Brown, «nos dejó todo lo que yo esperaba
en términos de interacción entre el ombudsman y
nuestro muy diverso público, pero menos de lo
que yo esperaba en términos de impacto sobre lo
que hacemos todos los días».[27] Brown tiene elementos
para decir esto: cada mes, Fisher recibió un
promedio de entre 300 y 400 correos electrónicos
de usuarios, pero el propio ombudsman lamenta que
la mayor parte de sus sugerencias sobre
procedimientos y políticas editoriales no fueron
atendidas, como la propuesta de abrir una página
de correcciones o distinguir claramente entre
información y opinión. Aun así, considera que,
de vez en cuando, podía forzar a la gente a
detenerse a pensar en lo que estaba haciendo.
Fisher renunció
al cargo de ombudsman del lector de msnbc.com el
7 de junio de 2002. Hasta la fecha, el
corporativo no ha contratado a nadie para
reemplazarlo y los enlaces a las 31 columnas
escritas por Fisher han sido desactivados. En su
último trabajo publicado, Fisher lamentó
haberse concentrado más en las quejas de los
usuarios que en tratar de influenciar el proceso
editorial en msnbc, lo cual, dijo, pudo ser un
error. Pero aún así, sostiene que el ombudsman
del lector debe mantener una cierta distancia del
personal editorial para cumplir plenamente sus
responsabilidades con el lector. Fisher comparó
el trabajo del ombudsman del lector con un
emparedado de maní: «Es mejor ser la
mantequilla de cacahuate que alguna de las dos
rebanadas de pan».[28]
México,
D.F., 23 de octubre de 2002
__________
Bibliografía
Aznar, Hugo (1999a). Comunicación
responsable. Deontología y autorregulación de
los medios. Barcelona. Ariel.
__________ (1999b). Ética y periodismo.
Autorregulación, códigos, estatutos de
redacción y otros documentos. Barcelona.
Paidós.
Código de Ética de los Periodistas Brasileños,
en Albarrán de Alba, Gerardo (2202). Mecanismos
de autorregulación. Un estudio comparado sobre
la ética periodística en Latinoamérica.
México. Doctorado en Derecho de la Información,
UdeO, UIA, IIJ-UNAM. Monografía para obtener la
suficiencia investigadora.
Edo, Concha (1994). La crisis de la prensa
diaria. La línea editorial y la trayectoria de
los periódicos de Madrid. Barcelona. Ariel
Comunicación.
Mendes, Jairo Faria (2002). O ombudsman e o
leitor. Belo Horizonte. Editora O Lutador.
Principios internacionales de ética profesional
del periodismo (1983). París. UNESCO.
Villanueva, Ernesto (2002). Autorregulación
de la prensa. Una aproximación ético-jurídica
a la experiencia comparada. México.
Universidad Iberoamericana, Grupo Editorial
Miguel Ángel Porrúa.
______
Notas:
[1] Vid. «What is ONO?», texto de
presentación de la Organization of News
Ombudsmen (paréntesis nuestro), consultado el 7
de julio de 2001, en
http://www.infi.net/ono/what.htm.
[2] Ibid.
[3] Mendes, 2002, pp. 32 ss.
[4] Conversaciones con Germán Rey y Javier
Darío Restrepo, durante el «Seminario
internacional: Nuevo periodismo para un nuevo
milenio», Monterrey, N.L., del 3 al 5 de abril
de 2002.
[5] Dato obtenido en conversaciones
personales con colaboradores de Pulso de San
Luis. Un ejemplo de la columna del «defensor del
lector» de ese diario es la publicada el 14 de
septiembre de 1999, en la que dedica todo su
espacio a contar anécdotas de los autores de
letra y música del himno nacional mexicano,
cuando pudo aprovechar para cuestionar la pésima
cobertura periodística de una reunión de
cientos de campesinos marginados provenientes de
cinco estados del país, realizada la víspera en
esa misma ciudad.
[6] Conversaciones personales con
reporteros y editores de El Economista, en julio
de 2002.
[7] Consulta en línea realizada el 19 de
julio de 2002, desde la página electrónica
http://www. cronica.com.mx/busqueda.lasso.
[8] Conversación telefónica con Diego
Petersen, director de Público de Guadalajara y
defensor del lector de Milenio Diario de la
Ciudad de México, en agosto de 2001.
[9] Vid. José Carreño Carlón. «Un
modelo histórico de la relación entre prensa y
poder en México en el siglo XX», en Sala de
Prensa No. 16, febrero de 2000.
[10] Entrevista con Gina Lubrano, reader
advocate del diario The San Diego Union-Tribune y
tesorera de la Organization of News Ombudsmen,
durante la conferencia ONO-2002, celebrada en
Salt Lake City, del 28 de abril al 1 de mayo de
2002.
[11] Vid. «La experiencia en El Nacional»,
reseña sobre la evolución del cargo en El
Nacional, disponible en la página electrónica
http://www.el-nacional.com/defensora/ index.html.
Consulta en línea realizada el 14 de mayo de
2002.
[12] Dato obtenido en comunicación de Jaime
Abello, director de la Fundación para un Nuevo
Periodismo Iberoamericano, el 5 de abril de 2002,
en Monterrey, N.L.
[13] Aznar, 1999a, p. 83.
[14] Vid. Rosa Zeta de Poso, «Camilo José
Cela, periodista», en Sala de Prensa No. 39,
enero de 2002.
[15] Aznar, 1999a, p. 84; paréntesis
nuestro.
[16] Edo, 1994, p. 170.
[17] Término técnico que describe el
acceso directo hacia una página electrónica sin
necesidad de pasar por la página principal de un
dominio Internet específico, i.e.
http://www.grupoclarin.com/espanol/
grupoclarin/principios-y-valores.html, es la
dirección donde se encuentran los principios
editoriales del periódico argentino Clarín,
cuyo portal es simplemente
http://www.grupoclarin.com.
[18] Villanueva, 2002, p. 35.
[19] Un código deontológico que
puntualmente señala lo anterior es el propuesto
por unesco en los Principios internacionales de
ética profesional del periodismo, aprobado en
París el 21 de noviembre de 1983.
[20] Aznar, 1999b, p. 61.
[21] Véase la serie de artículos «El
golpe mediático», en edición especial de Sala
de Prensa No. 42, abril de 2002.
[22] Entrevistas personales con Alejandro
Alfonzo, consejero de Comunicación e
Información de la unesco para América Latina,
sede San José, y con una docena de propietarios
de medios durante el «Seminario para directores
de periódicos de provincias de Costa Rica»,
coordinado e impartido por el autor, bajo los
auspicios de la unesco y el Colegio de
Periodistas de Costa Rica, San José, 24 y 25 de
mayo de 2002.
[23] Véase particularmente el apartado IV
del Código de Ética de los Periodistas
Brasileños.
[24] En México, sólo el grupo de
Periódicos Healy cuenta con sendos comités de
ética, creados en 1999, para cada uno de sus
tres diarios en el noroeste de México: El
Imparcial, de Hermosillo, Sonora; La Crónica, de
Mexicali, y Frontera, de Tijuana, estos dos
últimos en el estado de Baja California.
[25] Columnas de Dan Fisher consultadas en
msnbc.com entre el 2 de mayo de 2001 y el 7 de
junio de 2002.
[26] «Cyberspaces First Ombudsman»,
OnLine Journalism Review, 2 de marzo de 2002,
disponible en
http://ojr.org/ojr/workplace/1017775737.php;
paréntesis nuestro.
[27] Fisher, Dan. «A year in the life of an
ombudsman», msnbc.com, 7 de junio de 2002,
disponible en
http://stacks.msnbc.com/news/761285.asp.
[28] Ibid
*
Gerardo Albarrán de Alba es director de la revista electrónica Saladeprensa.org, coordinador de Proyectos Especiales de
la revista mexicana Proceso,
y coordinador académico del Curso Superior en
Periodismo de Investigación de la Universidad
Iberoamericana. Es
candidato a doctor en Derecho de la Información
por la Universidad
de Occidente, bajo la
supervisión académica del Programa
Iberoamericano de Derecho de la Información de
la Universidad
Iberoamericana y del Instituto de
Investigaciones Jurídicas de la Universidad
Nacional Autónoma de México. Es miembro del Consejo Editorial de Le Monde
Diplomatique (edición
mexicana), del Consejo Asesor de la Fundación Información
y Democracia, A.C., del
Consejo Periodístico de la Fundación Libertad de
Información-México, A.C.,
vocal del Consejo Directivo del Centro de Periodistas de
Investigación, A.C.
(IRE-México), y miembro del Consejo Regional del
Instituto Prensa y Sociedad.
Es miembro de la Organization of News Ombudsmen (ONO) y del Committee to Protect
Journalist (CPJ). Esta es parte de la ponencia
que presentó en el IV Congreso Iberoamericano de
Periodismo en Internet, realizado por la Facultad
de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad
Católica de Lima en
octubre de 2002, en Perú.
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