Limitaciones
internas y baja
calidad de la democracia
Benjamín
Fernández Bogado *
La
fascinación por lo legal nos ha llevado en
Paraguay a convertir a las leyes y la
Constitución en objetos fetichistas. Creemos de
manera simple que las cosas funcionan o no en
relación a si están enunciados en la ley cuando
en realidad ellas no pasan de ser meras
referencias cuasiliterarias a falta de un
activismo judicial más intenso de parte de los
afectados y la ciudadanía en general.
"El fetiche Juan José García
Posada es por definición un objeto
natural o artificial en el cual de manera
espontánea se cree que reside una fuerza
mágica, movida muchas veces mediante los
conjuros de un hechicero" (1) Tenemos la
mejor Constitución en términos de garantía
para la libre expresión y de prensa, sin embargo
padecemos de una ansiedad informativa tremenda
que nos lleva a quedarnos cada día con menos
lectores, oyentes o televidentes. La calidad de
la información o de lo que se expresa a través
de los medios es tan baja que los medios de
comunicación se han acabado en retratar lo
obvio, lo intrascendente, lo banal o -por qué
no- lo imposible. No es extraño por lo tanto
concluir que tenemos más limitaciones internas
en los medios que somatizan hacia lo externo
dejando una sensación de incapacidad e ineptitud
de la democracia como sistema político.
PRENSA
Y DEMOCRACIA
No es por lo
tanto cuestión preguntarnos cuántas
limitaciones existen en el corpus legal
del Paraguay para entender porqué esta
democracia de baja calidad ha tenido en la prensa
uno de sus principales sostenedores. No hace
falta más que mirar los números de circulación
de nuestros periódicos nacionales que no
pasarían de ser barriales en proporción a lo
que venden hoy en día en cualquier nación
medianamente organizada. Existe una
retroalimentación morbosa entre los medios y una
lucha por imponer una verdad que sólo refleja
las carencias y limitaciones de los medios y no
el deseo de una ciudadanía de establecer con sus
demandas una democracia más sólida, real y
entendible. La cuestión central en realidad es
realizar una auditoría ética de los medios
donde nos podamos retratar tanto medios como
periodistas y cuestionarnos si en realidad la
libertad de prensa que promovemos sólo es una
recreación del rumor malediciente que no termina
nunca de castigar a los corruptos y que describe
las miserias de un país que hoy no cree que la
democracia sea un sistema político eficaz para
enfrentar los dramas cotidianos de ciudadano. El
ultimo informe del Latinobarómetro desde
Miami ubica al Paraguay como uno de los países
donde menos habitantes creen en la democracia. Si
la prensa es un canal por donde la democracia
refuerza valores y convencimientos, y en donde
reflejamos como la lengua la salud del cuerpo
interior, podemos concluir que estamos enfermos y
que nos es más fácil buscar en las leyes o en
los artículos de la Constitución el fetiche que
nos convenza que la responsabilidad no es nuestra
sino de un conjunto de normas que nadie cumple y
lo peor, a nadie interesa.
Cuando se
escribió la Constitución de 1992, de la que he
sido parte, me ha tocado denunciar esa actitud
reduccionista y torpe de creer que porque está
en la Carta Magna existe... o lo que es lo mismo
o peor, porque lo enunciamos es: suficiente. Hoy
vemos que los avanzados conceptos de la cláusula
de la conciencia, los derechos del retratista
sobre los materiales fotográficos, los derechos
del periodista-columnista, el acceso a la
información publica y otros conceptos de
responsabilidad de la prensa con la sociedad no
pasan de ser enunciados teóricos muy lejos de la
realidad que nos toca padecer y aun más
distantes del país posible que podríamos
imaginar. La cuestión en el Paraguay es
demostrar que la realidad no se acaba en lo
jurídico porque si así lo fuera no pasaríamos
de ser unos simples fariseos declamando nuestra
existencia en relación a lo que se establece en
el cuerpo legal. Hay un peligroso reduccionismo
de la labor de la prensa en relación a lo legal
con lo que en verdad se prolonga la idea
fetichista de la ley y no se establece un
principio cultural más amplio y profundo que
debe ser enmarcado por la ley como parte de un
pacto social entre los miembros de la sociedad
afectados.
La patética
historia de la ley de acceso a la información
publica conocida como Ley de Transparencia
Administrativa no debatida ni por la sociedad y
menos aún por los miembros del Congreso es una
prueba de la distancia que separa a la ley de la
ciudadanía. Una ley que surge en el afán
reglamentarista que demanda el artículo
constitucional se convirtió en un tratado de
prohibiciones y en una prueba de obstáculos que
hacia casi imposible saber nada de lo que la
Constitución decía era parte del patrimonio
colectivo. La propuesta de alternativa firmada
por varias organizaciones, aunque mejor que la
anterior, carece de ideas, normas y conceptos
aplicables que lo hacen simplemente un material
de estudio más para un Congreso nada preocupado
en transparentar lo público que tampoco se
reduce hoy a la idea del Estado propiamente.
INFORMACION
MAS ALLA DEL ESTADO
Este ha sido
otro de los fetiches predilectos de los
comunicadores: la información que interesa está
solamente contenida en los anaqueles del Estado.
La realidad es que vemos hoy más información
trascendente en el ámbito de las empresas
privadas que brindan servicio público en el
mundo que aquellas que creíamos sólo reducía
la idea de lo público a lo estatal. La tendencia
hacia las privatizaciones de las empresas de
servicio público nos muestra y nos plantea todo
un desafío nuevo para los medios de prensa que
deberán acabar primero con el mito que la
información pública sólo se encuentra
contenida en las gavetas del Estado. Será un
desafío de carácter legal y mostrará una idea
de la información como valor social cuando las
empresas periodísticas que reciben publicidad de
los mismos medios que brindan servicio público
se comportan ante hechos que afectan los
intereses de la sociedad en general.
La referencia a
las empresas de celulares y las denuncias de la
Contraloría General del Estado sobre cobros
indebidos y servicios no establecidos marca una
clara tendencia de cómo se comportarían los
medios ante las empresas comerciales que brindan
servicios públicos. ¿Cuántos periodistas
podrán ingresar a las salas de reuniones de
corporaciones privadas que administran el agua,
la luz, los teléfonos, las comunicaciones en
general y cuál será el criterio con el que se
manejarán cuando la publicidad principal de
muchos de ellos provengan de estas empresas? Este
es un desafío sobre el que habría que colocar
la percepción de la gente y de los estudiantes
de periodismo. Las corporaciones privadas y los
sujetos privados tienen hoy un poder con mucho
superior a lo que podrían tener instituciones
públicas del Estado y sobre las mismas poco o
nada se sabe o poco y nada se informa.
Si vemos que el
Paraguay tiene una saludable política de
establecer limites de gastos en publicidad por
parte de las instituciones del Estado, sería
bueno saber cómo se comportarían a futuro
cercano empresas privadas que brindan servicios
públicos y que podrían usar el mismo argumento
que sostuvo las razones de limitación de gastos
del Estado ante estos hechos absolutamente nuevos
y de un impacto mucho mayor que lo conocido.
Sólo como ejemplo, la quiebra de la empresa de
energía Enron en los Estados Unidos quizás no
hubiera sido posible si las informaciones
contables hubieran sido auditadas por la prensa
con el mismo rigor como se requiere esa
información de las administradoras públicas.
Deberíamos entender claramente que habrá más
información de interés publico en manos
privadas que en el sector público a muy corto
plazo y ese es un tema muy lejano de apreciarlo
tanto jurídica como culturalmente en nuestro
país. Hemos sido entrenados los periodistas para
cuestionar lo público que proviene del Estado,
sería bueno echar una mirada hacia el sector
privado que brinda servicios públicos y demandar
de ellos la misma transparencia que reclamamos de
las empresas del sector público.
La falta de
información financiera a tiempo nos privó de
evitar la situación que se dio con el Banco
Alemán hace muy poco tiempo. Si tuviéramos
criterios informativos enderezados en hacer del
público la razón de la información hubiéramos
tenido medios de prensa que hurgaran con mayor
detenimiento en una empresa cuyas inversiones
principales se encontraban en la Argentina que
entró en crisis a finales del año pasado. El
Banco Alemán y sus empresas afiliadas eran en
mucho los principales auspiciantes de los bloques
de análisis o información económica de
diarios, radios y televisión. Deberíamos
preguntarnos con sentido de autocrítica: ¿qué
responsabilidad tuvimos en no dar la información
que debiéramos para impedir lo que
lamentablemente ocurrió?
La futura ley de
acceso a la información debe por lo tanto
incluir a las empresas privadas que brindan
servicios públicos o que contratan con el Estado
para analizar de manera menos cínica dónde
está la real corrupción que nos asquea a todos
los paraguayos pero para la que sólo tenemos
hasta ahora titulares de catástrofes y
multiplicación de adherentes a proyectos
autoritarios sostenidos en la incapacidad de
nuestra democracia de acabar con la impunidad que
la ampara y la protege.
LUCHA
DESIGUAL
La libertad de
expresión tiene una seria limitación de
carácter cultural en el Paraguay y no ha
recibido de la prensa los insumos necesarios para
hacer que el debate sobre la democracia sea más
rico y genere la renovación de líderes que la
sociedad ambiciona. La limitación más severa
está a nivel interno de los medios. Con graves
cortapisas económicas, dependencias espurias,
relaciones malsanas y complicidades políticas
bastardas. En este cuadro poco alentador no es
raro que los medios junto con la iglesia sean las
instituciones más creíbles del país pero muy
por debajo de aquellos que en todas las encuestas
dicen: no creer en nada ni en nadie. Los
porcentajes de la prensa han decaído en los
últimos años como han sido reducidos los
números de lectores, oyentes o televidentes. La
cuestión de la desconfianza hacia los medios, la
falta de ética en la presentación de los
hechos, un compromiso más serio y dedicado con
la democracia y la impunidad con que se
administran honras y reputaciones ha terminado
con hacer que la prensa sea hoy sinónimo de
rumores, chismes y escándalos. No nos podemos
quejar los paraguayos si tenemos tan pocos
adherentes al sistema democrático si a lo largo
de este tiempo le hemos dado unos insumos que no
alcanzan para establecer un diálogo nacional
rico y un listón lo suficientemente alto que
haga que los administradores públicos al menos
por rubor o vergüenza tengan una mejor
preparación que las que exhiben de manera
impúdica todos los días.
La exacerbación
del rumor en las columnas de chismes o apostillas
es una muestra de la decadencia de nuestra
prensa. Las líneas editoriales de muchos medios
están ahí y no en aquellas largas y aburridas
descripciones de principios que nadie lee y menos
aún importa a muchos. Como las informaciones son
presentadas en forma aviesa y desfachatadas los
sujetos de la misma tampoco reaccionan ante las
mismas y hoy como los gérmenes ante las
bacterias se han hecho no sólo inmunes sino
populares, imprescindibles y titulares de poderes
del Estado.
Los rumores no
se publican, se investigan. Aquí lo que parece
es, y lo que es, sólo parece que es. En este
ambiente poco riguroso no es extraño que la
democracia sea sólo un montón de epítetos y
una serie de escándalos sepultados por otros
cada día. ¿Cuánta importancia podría tener
una libertad de expresión en un pueblo con casi
el 56% de analfabetos reales y funcionales, o
donde el criterio de servicio público sea una
cuestión utópica para los propietarios de los
medios, o cuando un gran sector pensante de la
ciudadanía todavía cree que tenemos libertades
porque las enunciamos en las leyes pero no las
vivimos de manera responsable todos los días?
Estas son algunas preguntas respondidas de manera
directa y clara por nuestros lectores, oyentes y
televidentes.. o quizás en términos indirectos
por un mercado publicitario reducido en casi un
80% que sólo preanuncia menos puestos de trabajo
para los periodistas, mayor dependencia de
algunos poco anunciantes y todavía una
hipótesis más dramática: cierre de varios
medios de comunicación.
Como nunca el
Paraguay se encuentra ante una encrucijada que
requiere de civismo y por sobre todo de
conciencia de lo democrático. No acabar su
sentido en las leyes, no limitarnos a comprender
las posibilidades de saber lo público a lo
estatal, no encontrar emboscadas fáciles en
argumentos legales para no construir la sociedad
democrática de las oportunidades y de la
generación de riquezas que nos permita a los
paraguayos entender que la democracia es el
sistema político que nos permite crecer con
conocimientos y participar con argumentos. Cuando
ello sea posible podremos decir que las leyes que
escribimos o la Constitución que pactamos sirven
para ampliar el horizonte de la libertad y no
para acabar con ella declamándola pero no
entendiendo ni cumpliendo sus preceptos. Cuando
ello ocurra la ley dejará de ser un fetiche
predilecto de abogados y periodistas y será una
hoja de ruta aplicable y consentida por todos
para hacer de la democracia lo que debe ser: una
oportunidad para todos.
____
Nota:
(1) "Dimensión ética del
periodismo en la cultura urbana" de Juan
José García Posada ensayo publicado en Periodismo
y Ciudadanía. Fundación Konrad Adenauer.
Octubre 2000. Buenos Aires.
*
Benjamin Fernández Bogado, periodista y abogado paraguayo, es
miembro del Instituto
Prensa y Libertad. Es
colaborador de Sala de Prensa.
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