Medios de
comunicación y poder,
desde la alternancia
Alvaro
De Gasperín Sampieri *
I.-
Introducción
Uno
de los aspectos más complejos, ruidosos y hasta
extraordinarios del proceso de transición
democrática que está viviendo nuestro país es
la discusión en curso acerca del rol de los
medios de comunicación, ya que a partir de la
alternancia en el poder que se dio con el triunfo
de la oposición en las elecciones del dos de
julio del 2000, aquel debate, o mejor dicho
aquellos numerosos debates superpuestos e
interrelacionados, muchos años antes y sólo dos
después de esa fecha histórica, siguen siendo
objeto de análisis en búsqueda de un marco
referencial y sobre todo de una certidumbre que
ofrezca a la ciudadanía mexicana (en este caso
las audiencias de los mass media) elementos cada
vez más objetivos para evaluar a los actores
políticos de la transición, entre ellos,
también y paradójicamente, a los mismos
aparatos informativos.
Es evidente que
los medios de comunicación están viviendo su
propia transición empujada por factores internos
y externos a ellos mismos, porque así como
sucedió en la reciente y difícil opción por la
democracia de muchos países de América Latina
principalmente en las tres últimas décadas del
siglo pasado, en México hasta ahora por lo menos
la democracia en funcionamiento sólo ha
proporcionado una mínima -pero fundamental e
indispensable- garantía de que cuando ha surgido
un nuevo problema, éste ha sido objeto de debate
público sin amenazas veladas o abiertas desde el
poder político, y destaca también la
aportación de una estructura representativa para
que los diferentes actores negocien sus intereses
de una manera abierta y transparente, sujeta al
escrutinio público, a diferencia de la etapa de
desarrollo y consolidación de los medios de
comunicación que en nuestro país corrió
aparejada con la vertebración de un sistema
político con evidentes rasgos autoritarios y
semidemocráticos, bajo la tutela de un partido
hegemónico, clientelar y corporativista y un
Presidente de la República con facultades
constitucionales y metaconstitucionales.
Sin embargo
tampoco es factible ni deseable generalizar los
propios procesos de transición que los medios
experimentan, sobre todo en una nueva fase de
relación con el poder político, ya que esto
está determinado por la misma naturaleza del
medio de comunicación (trátese de televisión,
radio o medios impresos, como periódicos y
revistas), el marco normativo (legal)
correspondiente y el esquema de funcionamiento
del aparato informativo e incluso de la región o
estado del país del que se esté hablando, entre
algunos condicionantes, pero sí es posible
establecer algunas líneas generales que nos
permitan visualizar esas transformaciones.
Lo que sí
parece un hecho innegable es que el camino ganado
y avanzado en aspectos como libertad de
expresión, derecho a la información, capacidad
de análisis, crítica y denuncia ya no tiene
retorno (salvo que el país experimentara un
nuevo régimen de corte autoritario) y que
aparejado a este "destape mediático",
las audiencias (o clientes de los medios)
comienzan a ser fundamentales para que los
propios aparatos informativos se consoliden o
desaparezcan de la oferta.
En este sentido,
este ensayo pretende establecer algunas
consideraciones generales que nos permitan
visualizar algunas transformaciones que han
marcado estos procesos de cambio en los medios de
comunicación, y señalar algunas diferencias
importantes en cómo las agendas de estas
transformaciones se están dando de manera
fragmentada por la circunstancias externas de
carácter político, económico y social en las
que se desenvuelve y también propias de cada
medio.
II.-
De la desinformación de Estado al estado de
desinformación...
Siguiendo la
tesis de Ricardo Arias Calderón,
exvicepresidente de la República de Panamá, por
"transición se entiende el cambio de un
régimen no democrático a un régimen
democrático" y "democratizar",
según la definición aportada por Aristides
Calvani, Ministro de Relaciones Exteriores de
Venezuela durante los cinco años del primer
gobierno de Rafael Caldera (1969-1974) es
"establecer democracia donde no existe,
consolidarla donde existe y perfeccionarla donde
está consolidada, puntualizando que por
"democratización" se entienden los
tres procesos entrelazados".1
Bajo esta
óptica de análisis, todo proceso de transición
democrática está determinado por tres factores
fundamentales: el punto de partida de la
democratización, es decir, desde el tipo de
régimen que se desarrolla, los agentes propios
de la transición y los objetivos en sí que se
plantea la transición.
Es ampliamente
debatido en estos considerandos si los medios de
comunicación son instituciones sociales
fundamentales para empujar o en su caso acelerar
los procesos de transición política a formas
más democráticas de convivencia ciudadana. Las
opiniones son encontradas, porque en regímenes
totalitarios o dictatoriales, en donde la prensa
ha sido controlada, cooptada, manipulada y
reprimida, los procesos de cambio democráticos
se han presentado pese a esas circunstancias
negativas y en casos contrarios, hemos visto como
procesos democráticos aparentemente consolidados
han tenido frenos e incluso regresiones
autoritarias en un ambiente de amplia libertad
periodística.
Es posible que
cada circunstancia marque la importancia o no del
factor mediático. En el caso de México no
podemos asegurar a los medios de comunicación
como un factor-agente fundamental para la
alternancia y en su caso, habría que
diferenciar, a cada aparato informativo, pero no
podemos negar de manera tajante que sin el papel
desempeñado por los medios en la transición la
alternancia hubiera sido realizable, sobre todo
de una manera pacífica.
Es quizás la
prensa escrita que por sus características de
posesión y control, quien en el caso mexicano,
siempre tuvo más posibilidades de ejercer una
crítica hacia el poder establecido. Aunque los
anteriores regímenes cuidaron y cultivaron
formas de sometimiento (ejerciendo el monopolio
del papel periódico a través de una empresa
paraestatal, concediendo discrecionalmente
permisos de circulación, cooptando un sindicato
que monopolizaba la distribución, manteniendo
como marco legal una obsoleta Ley de Imprenta
creada en 1917 y sobre todo manejando con
criterios de interés político la publicidad
gubernamental), tanto periódicos y revistas
tuvieron siempre márgenes de crítica e
investigación más amplios que pese a intentos
del gobierno cada vez más sofisticados y a
veces burdos- por acallarlos, siempre encontraron
rendijas para problematizar y denunciar las
múltiples formas de abuso de poder.
La radio y la
televisión fueron sometidas de manera más
estricta dado el impacto de sus mensajes en las
audiencias. De la censura se pasó por la
autocensura, y los medios en su mayoría
apostaron por servir y comprometerse con el poder
que con las audiencias, quizás porque como lo
explica Fox "los mass media latinoamericanos
no fueron nunca modelos perfectos de propiedad
privada o de servicio público, de expresión
nacional o de cultura transnacional. Fueron
producto de numerosos intereses diferentes:
gobiernos, movimientos políticos, artistas,
capital nacional y extranjeros, públicos".2
Este proceso se
presentó aparejado con los cambios propios de
los medios en sí, la competencia que impactó
las formas de entender y construir las noticias y
el impacto que las nuevas tecnologías tuvieron
en los aparatos informativos. Carlos Castillo
Peraza, sintetizó en 1996 de alguna manera y
desde la forma y el contenido esta nueva
dinámica: "en nuestro mundo y nuestro
México, en la era de la comunicación que
algunos autores han llamado "ansiosa"
parecemos ser víctimas cotidianas del defecto
que alguna vez se criticó a los filósofos del
empirismo racionalista: "como no creen en lo
que ven, se dedican a inventar lo que no
ven". " Lance usted la mirada
decía el extinto periodista y político- a
esas secciones llamadas de "análisis
político", o a esas otras que se conocen
como "columnas políticas". Con pocas y
muy honrosas excepciones son, primero, un
paradigma del enemigo del castellano; luego, un
almácigo de mentiras; también, un rosario de
profecías que no se cumplen y, con regularidad,
el buzón confidencial de toda la podredumbre
política mexicana. Son los correos secretos de
zares y zarecillos".3
Pero la
alternancia en el gobierno no sólo cambió la
historia moderna de nuestro país, sino
representó también la oportunidad de replantear
la relación medios-poder político, debate que
ha tenido momentos difíciles y amargos, pero que
han significado en menos de dos años avances
más sólidos y equitativos que los que se dieron
con los regímenes anteriores.
Veamos por qué.
En los últimos casi 50 años (tomando como punto
de partida el ahora ya derogado Día de la
Libertad de Expresión establecido por el
entonces presidente Miguel Alemán Valdés un 7
de junio de 1951) en el marco normativo que
regula las relaciones entre la prensa y el
gobierno y la prensa y la sociedad en general los
cambios fueron pobres y limitados; podríamos
destacar solamente la adición hecha al artículo
sexto constitucional donde se plasmó que el
derecho a la información sería garantizado por
el Estado (cuestión que pudimos constatar que en
la práctica no trajo algún beneficio concreto),
las modificaciones hechas a lo que se llamó la
nueva Ley Federal de Radio y Televisión en los
años sesentas y en el caso del periodismo
impreso el marco legal siguió intocable bajo el
cobijo de la Ley de Imprenta de 1917.
En pocas
palabras, en cincuenta años, pese a los cambios
y transformaciones tecnológicas, la utilización
de nuevas formas de hacer y ejecutar la
comunicación social, la incorporación de nuevas
tecnologías, la multiplicación y ampliación de
la cobertura de los temas de la agenda pública,
la competencia por el mercado entre las diversas
empresas de medios, la ampliación del debate
social sobre temas como la ética, la
autorregulación, el acceso a la información, el
derecho de réplica, entre otros, el marco legal
en nuestro país sigue normado con esquemas
viejos y prácticamente obsoletos.
Así que, desde
el marco legal, pasando por el régimen de
concesiones (en el caso de los electrónicos)
hasta el monopolio gubernamental del papel, el
universo mediático nacional cumplió con un
papel poco crítico y muchas veces sumiso en una
relación poco clara, coyuntural la mayor parte
de las veces y cupular con los depositarios del
poder político (personas o instituciones) en
turno. Con sus honrosas excepciones, los medios
masivos tradicionales recibieron
"línea" editorial, fueron regañados,
felicitados o compensados su caso desde la
Secretaría de Gobernación o desde las
maliciosas "jefaturas de prensa", cuyos
titulares se convirtieron en temibles
"censores" cuyo poder radicó en el
manejo presupuestal que a discreción ejercían
para atacar, filtrar y desprestigiar a sus
enemigos políticos
Pese a todo
esto, sería injusto no documentar otras
transformaciones importantes. Es innegable que
los cambios económicos, políticos y sociales en
este proceso de transición, los medios de
comunicación han cumplido un papel importante y
significativo. De hecho se puede aventurar -con
las salvedades explicadas anteriormente- que el
proceso de profundización democrática que el
país experimenta en estos momentos -y cuya fecha
clave puede ser las elecciones federales del dos
de julio del año 2000- se debe en gran medida al
rol que jugaron y asumieron la mayoría de los
medios de comunicación; en general podemos decir
que el cambio signado por la alternancia en el
poder se debió a que muchos medios de
comunicación supieron interpretar de manera
afortunada que la sociedad mexicana estaba
dispuesta a buscar una alternativa diferente para
ejercer el gobierno y que estaría dispuesta a
hacerlo con o sin la ayuda de los medios de
comunicación; quienes no hicieron esta
"lectura" están pagando ahora el
precio, no ante el poder como antes se estilaba,
sino ante sus audiencias.
Ante este
entorno demasiado turbio y turbulento heredado, y
pese a una prensa sorprendentemente hipercrítica
hacia el gobierno federal, no deja de llamar la
atención que éste haya empujado avances
importantes (quizás todavía limitados) que
posibilitan la idea de caminar en el sentido de
replantear los planos reales, formales y hasta
ocultos de la relación medios-gobierno: la
"ciudadanización" del premio nacional
de periodismo y la recién aprobada Ley Federal
de Transparencia y Acceso a la Información
Pública son dos botones de muestra que deberán
ser seguidos de otras iniciativas que modernicen
a nuestro país también en esta materia, sin
considerar también el amplio margen de libertad
sobre el cual medios y periodistas deberán
seguir desarrollando su actividad profesional,
con la garantías de seguridad que el estado y el
gobierno tienen la obligación de proveerles.
III.-
Apostando al éxito de la transición
democrática en una sociedad que saltó del
silencio estrepitoso a la "comunicación
ansiosa"
Es innegable
que, como en muchos ámbitos de la vida nacional
falta mucho quehacer; uno de ellos, el de los
medios de comunicación, debe entenderse como
urgente y prioritario de abordar; por lo pronto
con la llegada del nuevo gobierno las relaciones
son diferentes, ya no solamente en lo cotidiano
de las rutinas de trabajo y organizacionales,
sino que también en la cantidad de información
y de temáticas que se ventilan cotidianamente
vemos cambios significativos.
Lo importante
seguirá siendo que los medios de comunicación
(dueños, directivos y trabajadores de todos los
niveles) establezcan claramente ante la sociedad
(lectores, radioescuchas y televidentes) a qué y
con qué se comprometen, modificando lo que por
muchos años hacían sólo ante los gobernantes
en turno, porque finalmente son los receptores
los que premian o castigan a los medios de
comunicación.
En la mayor
parte de los países europeos, en naciones como
Estados Unidos y Canadá e incluso en algunas
sudamericanas, existe una legislación moderna y
actualizada que regula esta actividad, pero más
allá del marco legal, es la ciudadanía la que
emite el veredicto final y juzga el trabajo de
las empresas de medios, así que también el
replanteamiento ético que los medios hagan de su
función no solamente le vendrá bien a ellos,
sino a quienes esperan encontrar en los aparatos
informativos noticias, opiniones y análisis que
les posibiliten construir un juicio crítico
sobre la problemática social, económica y
política que los rodea.
Creo que en este
sentido hablar de que nada ha cambiado a partir
del dos de julio del año pasado no es un juicio
certero; en el ámbito de los medios de
comunicación las cosas son diametralmente
diferentes y las investigaciones, denuncias y
seguimientos que los medios hacen de los temas de
la cuestión pública son ejemplos palpables de
una nueva forma de entender y respetar la
relación entre los medios de comunicación y la
gestión gubernamental.
Sin embargo en
la lucha por el poder es evidente que no todos
están apostando al éxito de la transición
democrática; ojalá que los medios, considerados
mañosamente antes de la alternancia como el
cuarto poder, cuando en el plano formal existía
realmente uno, el del Presidente en turno,
aporten y se pongan a la altura de las
circunstancias que un momento tan difícil y
delicado exige; la investigación exhaustiva y
profesional, la crítica constructiva, la
denuncia documentada, la búsqueda para
"contar historias nuevas", por sobre el
espectáculo noticioso, la vanalidad y la
manipulación informativa para servir a intereses
personales y de grupos le darán a los
"medios" precisamente ese rol y
seguramente se posicionarán nuevamente como
interlocutores válidos ante una sociedad que
como audiencias han dejado de ser pasivas para
convertirse en activas y hasta creativas con los
mensajes comunicacionales.
_____
Notas:
1 Arias Calderón, Ricardo. Transición
a la democracia. Ponencia presentada en el
marco del Encuentro Nacional de Diputados Locales
del Partido Acción Nacional. 21, 22 y 23 de
Febrero, 2002. Veracruz, Ver.
2 Fox, Elizabeth (Ed). "Las
políticas de los mass-media en
Latinoamérica". En Medios de
Comunicación y Política en América Latina.
Editorial GG/México, 1988. Página 24.
3 Castillo Peraza, Carlos. Disiento.
Editorial Plaza & Janes. Primera edición.
México. 1996. Páginas 7 y 8.
* Alvaro De
Gasperín Sampieri es
licenciado en Periodismo egresado de la Escuela de Periodismo
"Carlos Septién García". Cursó la Maestría en Educación con
especialidad en Humanidades y Comunicación en el
Tecnológico
de Monterrey-Campus Eugenio Garza Sada. Cursa actualmente el Doctorado en
Comunicación Social en la Universidad de La Habana, Cuba. Es Director de la carrera de
Licenciado en Ciencias de la Comunicación del Tecnológico de
Monterrey-Campus Central de Veracruz y profesor-investigador en las áreas
de comunicación política e internacional en el
mismo departamento. Es colaborador de Sala de Prensa.
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