La radio en
transición
Benjamín
Fernández Bogado *
Una de
las características centrales de los tiempos
actuales es que la radio como medio de
comunicación debe intentar hacer comprender la
complejidad de los cambios en la sociedad actual
y al mismo tiempo encontrar formas nuevas que
atraigan la atención de los oyentes.
Así como la
diagramación de los diarios se ha convertido en
uno de los negocios emergentes (si no, observen
que el costo de rediseñar el diario económico
"Wall Street Journal" supero cifras
millonarias en dólares), deberíamos plantearnos
los radialistas cómo hacemos que este medio de
comunicación siempre luzca atractivo para un
auditorio que casi no tiene tiempo para centrar
su atención en nada. El desafió también es
rescatar el valor de las radios en amplitud
modulada no sólo como canal de participación
ciudadana, fuente de información y análisis
sino como intérprete de un tiempo de
"ansiedad informativa", como bien lo
definió un escritor, un tiempo donde demasiada
información no le permite muchas veces conocer
mejor las cosas al oyente habitual.
La radio como
negocio necesita comprender que los métodos
tradicionales hoy se encuentran en entredicho. La
gente con menos de cincuenta años encuentra en
otros medios de comunicación -como Internet y la
televisión- formas de crear una comunidad que se
vuelve virtual, distante y fría. La radio debe
rescatar la frescura del trato diario, la
relación amistosa sin estridencias y la calidez
del trato que se ha visto en los últimos años
sólo canalizado a través de concursos que
procuran concentrar una atención vaga y difusa.
Nos estamos quedando sin audiencia joven y ese es
un problema. La radios de amplitud modulada
siguen haciendo lo mismo en la generalidad de los
casos y las muestras de creatividad a veces rayan
el insulto a la razón y buscan en la
degradación del lenguaje la única formula sobre
la que sostener sus niveles de audiencia. Esto no
es un problema latinoamericano, si puede servir
de consuelo, observen el caso de Rush Limbaugh en
los Estados Unidos y otros imitadores que
concentren la atención de una audiencia
necesitada de morbo, chisme y demostraciones de
histrionismo. Lo malo de todo esto es que quien
lo hace se define como periodista y no como entertainer
como en realidad lo es. Esta confusion entre lo
que es la noticia, cómo presentarla, cómo
sostener niveles de audiencia durante el día
supone el gran reto a la creatividad de la radio
de nuestros días. Supone por sobre todo entender
este tiempo de transformaciones estructurales y
no canalizar la angustia y la incertidumbre de la
gente sólo por el camino de aquello que degrada,
el insulto o vendiendo los espacios a programas
de corte evangélico que no se diferencian en
mucho a los criticados porque con el remanido
argumento del testimonio y las promesas de
salvación eternas han comprado por doquier
tiempos horarios en la radio y la televisión del
continente. Quizás este factor sea en sí mismo
una muestra de la angustia que supone vivir en un
tiempo que no consigue ser atrapado por la radio
como debiera y que encuentra en sus bajos niveles
de audiencia una muestra de su incapacidad para
sugerir nuevos formatos y búsquedas de nuevas
audiencia.
Sólo como
referencia, en el Paraguay la radio en amplitud
modulada es escuchada por un segmento menor al 10
por ciento de la audiencia total de la radio. La
publicidad canalizada hacia este medio de
comunicación incluidas las de frecuencia
modulada no superan el 8 por ciento global. Hace
tres años la inversión en publicidad para todos
los medios alcanzaba los 120 millones de dólares
anuales, ahora sólo es de 28 millones para
todos. Esto es claramente una muestra de la
profundidad de la crisis y la necesidad que
tenemos todos los radialistas de buscar fórmulas
nuevas, desafíos renovados y compromisos con la
audiencia.
POCA
CONFIANZA DEMOCRATICA
En general estos
bajos índices de audiencia en la mayoría de
nuestros países se deben también a los altos
niveles de descreimiento en casi todas las
instituciones de nuestros países. Basta observar
los números de la encuesta publicada por el
llamado "latinobarómetro" en
Miami para concluir que la democracia como
sistema político no ha logrado entusiasmar a
nuestra población y que los niveles de adhesión
a las instituciones se han reducido de manera
dramática. Vivimos los tiempos de la
desconfianza, la incertidumbre y,
consiguientemente, la apatía o la bronca. La
radio debe ser un canal que rescate la
participación del ciudadano, debe ser una
provocación a la inteligencia, debe salir a
buscar a sus oyentes y no esperar a que ellos
vengan, tenemos que encauzar los programas y
formatos a métodos que nos permitan recuperar el
vinculo con la gente. Cohesión de la comunidad
es en verdad la única forma de comunicación que
vuelve real la democracia. La fragmentación a
que por efectos económicos y sociales se le ha
condicionado a gran parte de nuestros pueblos
tiene que encontrar en la radio fórmulas de
reacción que permitan entender por qué creemos
cada vez menos, nos evadimos, angustiamos y
descendemos en nuestra calidad de responder en
forma asociativa a los desafíos que supone el
mundo actual.
Así como
vivimos en un mundo que cambia a diario, no
debemos más que suponer que la creatividad
constante y la capacidad de adaptarnos de forma
permanente a esos cambios hacen en verdad parte
central del desafió de comunicación que nos
plantea el mundo actual, sin regalarnos al mejor
postor, sin claudicar en nuestro compromiso con
la democracia, el único sistema político
conocido que nos permite crecer en libertad de
opciones y por sobre todo con un planteamiento
renovado en torno a lo que entendemos como
comunidad y comunicación.
* Benjamín
Fernández Bogado es
director General de Radio Libre, en
Paraguay, y colaborador de Sala de Prensa.
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