Una visión desde Cuba
Periodismo de
Investigación, ¿un nuevo género?
Heriberto Cardoso Milanés
*
No
existen razones para afirmar que la
investigación se haya convertido en un nuevo
género periodístico. Todo lo contrario, habría
que coincidir con el novel colombiano de la
literatura, Gabriel García Márquez, cuando
aclaraba en un artículo que la
investigación no es una especialidad del oficio,
sino que todo periodismo tiene que ser
investigativo por definición... (El
Tiempo, Bogotá, 3-l2-95)
Sin embargo, lo cierto es
que sobre todo desde hace poco más de dos
décadas se viene hablando acerca de un llamado
Periodismo de Investigación, al cual se
atribuyen hoy quizás, tantas virtudes como
defectos. ¿Existe un periodismo de
investigación?, ¿si es así, qué
características tiene?, ¿hasta qué punto puede
ser útil en nuestro caso el estudio y
asimilación de tales conceptos en nuestra
teoría periodística?. Desde luego que no es
posible adoptar una actitud crítica en el
terreno teórico sin antes tratar de profundizar
y esclarecer sus principales presupuestos.
En este caso, sin
pretender un análisis exhaustivo de la génesis
y evolución diacrónica de tal término, es
importante remitirse como antecedentes más
remotos a fines del siglo pasado, en Estados
Unidos, cuando el buen periodismo parecía estar
vinculado a la aventura, la previsión y
presencia del reportero en los grandes
acontecimientos que estremecían al mundo, la
agilidad para penetrar en fuentes complejas y
obtener al fin y al cabo la información
perseguida, y la revelación de los resultados
alcanzados a través de series de trabajos que
causaron sensación en los primeros millones de
lectores de periódicos. Luego, ya a principios
del presente siglo, fueron los
muckrakers (rastrilladores),
calificados así por el presidente norteamericano
Theodore Roosvelt, quien criticó a los
periodistas que según él imitaban al
rastrillador de estiércol que
rehúsa ver todo lo que es elevado en la vida y
centra su atención sólo en lo que es vil y
degradante.1 Sin embargo, no mucho
tiempo después el término se convertiría en un
elogio que distinguiría a aquellos que hurgaban
en el trasfondo de los hechos hasta encontrar
elementos no revelados de los mismos.
Décadas más tarde, la
presencia masiva de la radio y el surgimiento de
la televisión, durante los años cincuenta,
dieron paso a su vez a una nueva etapa de mayor
profundización en los contenidos de la prensa
(escrita, sobre todo), mediante la investigación
de los hechos de manera que facilitara su
interpretación. Se desarrolla entonces el papel
y formas nuevas del reportaje y otros géneros
del periodismo destinados a informar y analizar
las causas y consecuencias de los hechos, sus
protagonistas y demás detalles no presentados
necesariamente por los medios que ostentaban la
ventaja de la inmediatez.
Pero no es hasta mediados
de los setenta, con la publicación del libro Todos
los hombres del Presidente, de Carl
Bernstein y Bob Woodward, a raíz de sus famosos
artículos sobre el llamado escándalo
Watergate revelados por el Washington
Post, que comienza a hablarse de un
periodismo de investigación con
nombre propio, y el afán de destituir
presidentes y descaracterizar hombres públicos
comienza a generalizarse como el sueño dorado de
escolares y profesionales del periodismo, tanto
en Estados Unidos como en la mayoría de los
países de América Latina, principalmente. Vale
decir que terreno propicio para ello, por otra
parte, había más que suficiente.
¿Qué
se entiende por Periodismo de Investigación?
Para el común de sus
cultivadores, éste se distingue del resto de las
rutinas profesionales tradicionales
fundamentalmente por la selección de
determinados temas y su mayor profundidad en el
tratamiento del objeto o asunto que se aborda, lo
cual supone o es el resultado a su vez del empleo
combinado de métodos y técnicas rigurosas de
indagación en la búsqueda de los datos y, por
supuesto, de un consumo de tiempo y otros
recursos superior a la media del reportaje
convencional. Autores como Robert W. Greene y
Gerardo Reyes, entre otros, en un intento de
definición, precisan que el periodismo de
investigación
es la reportería que se
realiza a través de la iniciativa y el
trabajo del periodista, sobre asuntos de
importancia que algunas personas u
organizaciones desean mantener en secreto.
Los tres elementos básicos son: que la
investigación sea el trabajo del reportero,
no un informe sobre una investigación hecha
por alguien más; que el tema de la
información trate algo de razonable
importancia para el lector o televidente, y
que haya quienes se empeñen en esconder esos
asuntos al público.2
También William Gaines lo plantea
en similares términos, cuando señala en su obra
que se considera historia investigativa: 1)
aquella que es producto original del periodista,
en contraposición a un informe sobre la
investigación de una entidad pública; 2)
aquella en la que haya existido algún intento de
ocultar la información; 3) aquella que sea de
importancia para el público.3
Aunque la experiencia
relatada por éstos y otros autores (Scanella,
Quesada, etc.) que han abordado el tema reconocen
las ventajas de un trabajo en equipo y del empleo
de distintas técnicas de investigación, la
mayoría de ellos asume como válido el papel
predominante del reportero individual y la
condición de que los datos a manejar deben ser
un resultado del esfuerzo propio. Ello podría
llevar a la idea de excluir importantes
procedimientos indagatorios que se apoyan en el
trabajo y la opinión de expertos u otros
investigadores que a menudo suelen constituirse
en valiosas fuentes de información para el
reportero, dispuestas por lo general a colaborar
en forma desinteresada con éste.
El interés social del
tema, condición inobjetable, no puede conducir
sin embargo al criterio de que todo lo que atrae
la curiosidad y atención del público debe ser
tratado por la prensa. No podemos coincidir con
Reyes cuando admite como idea generalizadora que
La gente busca información
para satisfacer una amplia variedad de
necesidades. Una de ellas es la de conocer
las acciones u omisiones de sus gobernantes,
legisladores, jueces y militares, de los
comerciantes e industriales que dominan el
sector económico de la nación, de los
banqueros que tienen en sus manos el dinero
de miles de familias y empresas y, en
general, de las personas que participan de
algunas maneras en el manejo de los destinos
de su ciudad o país.
El público quiere saber qué pasa con sus
impuestos, a dónde va a parar el dinero
de las privatizaciones y de las bonanzas, y
cómo está cuidando el Estado los recursos
naturales; quiere enterarse sobre la
integridad moral de sus gobernantes, si
tienen relaciones con narcotraficantes o
mafias de juego y el contrabando y, sobre
todo, quiere saber quién lo engaña. Al
mismo tiempo, el lector busca chismes en el
periódico para satisfacer su curiosidad
personal sobre la vida privada de artistas,
comediantes, grandes empresarios, deportistas
y delincuentes famosos.
Por supuesto que hay
límites que sitúan la ética, los intereses del
país, la intimidad de las personas, y otros
factores de política editorial, que no pueden
dejarse de tener en cuenta, y que a la corta o a
la larga podrían dar al traste con las
posibilidades de que muchos temas abordados sin
una valoración previa vean la luz pública.
Por último, suponer la
existencia de intereses antagónicos con la
fuente como condición de toda investigación
periodística convierte en esencial un rasgo que
puede ser y es sin duda ocasional, dependiente
más bien de las características de determinados
sistemas sociales y temas que de las
complejidades de muchos asuntos que la prensa
debe abordar con enfoque científico, y en los
cuales a menudo sus principales fuentes de
información podrían estar tan interesadas como
el reportero en un buen tratamiento
periodístico.
En síntesis, al valorar
de conjunto el Periodismo de Investigación
podemos subrayar como rasgos positivos los
siguientes:
- La
necesidad de un despliegue constante de
iniciativas y habilidades profesionales
para la búsqueda y solución de nuevos
temas o aspectos de determinados temas en
ocasiones desconocidos, pero esenciales.
- Una
concepción integral y estratégica del
trabajo con las fuentes de información y
ulterior presentación de los resultados,
a través de una serie o conjunto de
trabajos periodísticos.
- Un
aprovechamiento adecuado de las amplias
posibilidades que se abren al periodista
con la introducción de las modernas
tecnologías de la comunicación e
información.
A su cuenta negativa se
ubicarían, por el contrario:
- El énfasis
en los lados obscuros de la vida, las
personas y los hechos.
- La
incursión frecuente en facetas de la
vida íntima de las personas
y adopción de una postura
hipercrítica de la actividad de las
instituciones públicas, asumiendo
papeles de jueces y fiscales de la
conducta ciudadana.
- Una
concepción antagónica de las relaciones
entre el periodista y las fuentes y
protagonistas de muchos hechos que trata.
De todo ello se desprende
que asumimos el Periodismo de Investigación como
una propuesta válida, es decir, como una posible
actitud y acción profesional ante los hechos,
con rasgos específicos propios que lo separan
del trabajo de reportaje convencional, apremiado
por la inmediatez y facilitado por los necesarios
lugares comunes de la cotidianeidad. Sería un
error, sin embargo, asumirlo sin una posición
crítica ante sus lados opuestos a toda ética y
deontología profesional.
Principios
y pasos para la realización del Periodismo de
Investigación
Teniendo estas
observaciones en cuenta, una concepción propia
del Periodismo de Investigación podría partir a
nuestro juicio de los siguientes criterios:
- Selección
y enfoque: de temas o problemas
complejos, que requieren el conocimiento
y la atención y participación de la
opinión pública y las instituciones,
partiendo del interés social.
- Intencionalidad:
supone como premisas determinado grado de
esclarecimiento previo acerca de la
comunicabilidad de los resultados y su
impacto en la opinión pública, con
fines que pueden ir desde la información
o explicación esclarecedora y la
corrección o rectificación de
deficiencias o irregularidades cometidas,
hasta la orientación y movilización
colectiva hacia determinadas acciones
institucionales o masivas, encaminadas a
la solución parcial o total del
problema.
- Objetividad:
es decir, la búsqueda de la verdad
objetiva que subyace a veces bajo el
aspecto superficial o la primera
impresión que nos producen --o se nos
propone sobre-- los hechos. Ello supone
ir a las esencias con incansable actitud
analítica y crítica.
- Enfoque
científico integral y estratégico:
del trabajo con las fuentes de
información y en la aplicación de los
diversos métodos y técnicas para la
obtención de los datos que necesitamos.
Incluye por supuesto las amplias
posibilidades de la observación directa
y participante, abierta o encubierta, en
dependencia de las circunstancias; así
como la consulta a todo tipo de fuentes
que nos aporten referencias o datos
útiles.
- Normas y
principios éticos: previstos por
nuestro Código Profesional, en el
cual se encuentran claramente
definidos deberes y derechos del
periodista y sus órganos de prensa en la
sociedad, así como el tipo de relaciones
a desarrollar entre éstos y las demás
personas e instituciones.
- Enfoque
integral y sistémico de la estrategia
comunicativa, partiendo de una
adecuada comprensión de los procesos de
comunicación en su cotidianeidad y
continuidad de una parte, y de las
potencialidades creadoras, el papel
complementario y las características de
los diferentes géneros periodísticos,
de la otra.
Tomando como base estos
criterios, no a manera de recetario, sino como
normas que la experiencia aconseja asumir con
toda flexibilidad, podrían resumirse los
principales pasos a dar para llevar a la
práctica el periodismo investigativo en nuestras
condiciones particulares:
Primero: Concebir
y elaborar un proyecto o plan previo, a partir de
la selección del tema o problema a abordar,
esclarecer sus premisas y precisar los objetivos
o finalidad investigativa y comunicativa. En
dicho proyecto quedarán previstas las
principales técnicas de investigación a
emplear, tiempo y recursos materiales y humanos
necesarios, incluyendo su costo en determinados
casos.
Segundo:
Desarrollo de la investigación, aplicando las
técnicas requeridas y combinando, en dependencia
de las necesidades previstas u otras situaciones
que pudieran presentarse: observación,
entrevistas individuales, encuestas, consulta a
expertos, trabajo en grupos, estudio documental y
bibliográfico, consulta a fuentes informáticas,
etc.
La obtención de
información, por otra parte, en el caso de la
investigación periodística tiene una doble
condición: a) conduce a los resultados
perseguidos en el orden indagatorio, tal y como
ocurre en todo proyecto de esta naturaleza, b)
aporta todo el material fáctico y de referencia,
así como ilustraciones a emplear en los
diferentes géneros, lo cual supone una
elaboración sobre la marcha de la posible
estrategia comunicativa a emplear en la
presentación periodística de los resultados.
Tercero: Realizar
un balance final de los resultados y proceder al
ajuste definitivo de la estrategia comunicativa.
Este paso pudiera dar lugar al criterio de que el
material recolectado, contrariamente a las
premisas definidas, no aconseja su publicación
desde el punto de vista periodístico. En tal
caso, quizás se recomiende su archivo definitivo
o su entrega a determinadas instituciones, en
cuyas manos pudiera tener alguna utilidad.
Cuarto: Elaborar
el o los trabajos periodísticos empleando
distintos géneros, teniendo en cuenta las
posibilidades de su publicación en una o más
ediciones o emisiones del órgano de prensa,
según el caso. La estrategia debe prever el
lugar que ocuparían posibles respuestas emitidas
por instituciones o personas individualmente,
como efecto o repercusión de los primeros
trabajos; hechos de los cuales es muy importante
mantenerse atentos, e incluso provocarlos en
ocasiones en que sea recomendable.
Naturalmente que la
polémica es también una posibilidad en esta
etapa, debido al surgimiento de criterios o datos
opuestos o parcialmente diferentes a los
expresados por el periodista o por alguna otra
opinión vertida públicamente. Deberá estarse
al tanto de todo y definirse oportunamente qué
lugar darle o no dentro de la estrategia de
comunicación.
Quinto: Controlar
y evaluar parcial y finalmente los efectos o
resultados logrados o promovidos por las acciones
comunicativas en su conjunto, haciéndolo
evidente en ocasiones de manera expresa y
objetiva. Aquí es importante reconocer la
actitud receptiva y el papel positivo de personas
e instituciones en la solución de los problemas,
extrayendo finalmente las mejores lecciones de
todo el proceso.
De ello se desprende que,
aunque en ocasiones pudiera haber casos de
personas negligentes o responsables de algunos
hechos o situaciones criticados por la prensa, lo
fundamental es ir a las causas esenciales que le
dieron lugar, sus consecuencias sociales y el
papel de la opinión pública y la participación
ciudadana e institucional, tanto en su origen
como, sobre todo, en sus posibles vías de
solución y esclarecimiento.
Tales pasos quedarían
plasmados, como diseño de la investigación
periodística, de acuerdo con los diferentes
elementos que aconseja William Gaines en su obra,
y que podemos resumir de la manera siguiente:
- Título:
una idea básica y totalizadora del tema
a abordar
- Tema:
precisión sobre el problema que será
objeto de investigación
- Necesidad:
importancia o trascendencia e interés
social del problema y significación
posible de su publicación
- Alcance del
estudio: delimitación de los marcos en
que se desarrollará la investigación
- Métodos y
técnicas que se pondrán en práctica
para la investigación
- Fuentes:
Relación de fuentes personales,
documentales o institucionales
- Producción:
géneros, ediciones, materiales a
conseguir, etc.
No se trata, por
supuesto, de un esquema rígido, sino todo lo
contrario. Partiendo de su papel básico como
proyecto a valorar y decidir por el equipo de
redacción, los promotores le harán las
adecuaciones requeridas en cada situación, a fin
de que sirva como sistema argumental y guía
práctica de todo el proceso de realización de
la indagación periodística y sus diferentes
variantes de géneros como propuesta de
estrategia comunicativa.
Como podrá apreciarse de
todo lo antes dicho, al reconocer la existencia
de un llamado Periodismo de
Investigación, no estamos hablando de un
género periodístico específico; sino de una
actitud, métodos y acciones profesionales ante
determinados temas que por su complejidad e
implicaciones deben ser objeto de una
investigación más acabada y rigurosa; así como
del empleo casi siempre combinado de variadas
formas de presentación del material
periodístico.
Es obvio, por otra parte,
que la realidad no identifica cuándo corresponde
tal actitud; sino que ese deslinde incumbe al
periodista. Y vale decir que para el buen
periodista, toda realidad siempre es compleja y
requiere, por tanto, el máximo de rigor
profesional. De ahí que por ello estemos de
acuerdo con el principio planteado por el novel
colombiano.
_____
Notas:
1 Citado por Gerardo Reyes, Periodismo
de Investigación, Trillas, México, 1996,
p.16.
2 G. Reyes, Ob. Cit., p.12
3 William Gaines, Periodismo
investigativo para prensa y televisión, TM
Editores, Colombia, 1996, p.1.
__________
Bibliografía
--W. Gaines, Periodismo
Investigativo para prensa y televisión, TM
Editores, Colombia, 1996.
--P. Rodríguez, Periodismo de
investigación, técnicas y estrategias,
Barcelona, Paidós, 1994.
--G. Reyes, Periodismo de Investigación,
Trillas, México, 1996.
--M. Quesada, La investigación periodística,
Ariel, Barcelona, 1987.
--Revista Chasqui, No. 4l, 1993, Lima.
--UPEC, Documentos aprobados por el Séptimo
Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba,
marzo de 1999.
--UPEC, Revista Enfoques.
* Heriberto
Cardoso Milanés es
doctor en Ciencias de la Comunicación Social.
Profesor Titular e investigador por más de 30
años de la Cátedra de Periodismo y
Comunicación Organizacional de la Facultad de
Comunicación de la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba. Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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