La nota
roja: "Colombianización" o
"mexicanización" periodística
José
Luis Arriaga Ornelas *
El periodismo es un
re-presentador de realidades y se vale de
estructuras discursivas para dar cuenta de
sucesos, describir situaciones, personajes,
escenarios. El género de nota roja toma
parte de ese proceso comunicacional,
combinando en sus relatos motivaciones
lingüísticas y sociológicas. Dicho género
se hace cargo de los eventos que se apartan
de la normalidad cotidiana por
intermediación de algún tipo de violencia.
Sus protagonistas, lugares y desenlaces
recrean en las líneas articulaciones de la
praxis social. En este artículo, que explora
los casos colombiano y mexicano en el uso de
la nota roja, lo que se observa y argumenta
es que tal el género no está ya tan
restringido a las publicaciones
especializadas o a las secciones creadas ex
profeso en los medios genéricos. Los
referentes de este tipo de información, su
valor noticioso y su código narrativo
presentan algunas modificaciones temporales
en la década de los noventa; esas
variaciones pueden ser descritas y, a partir
de ellas, inferir su influencia en el estado
que guarda esa relación concomitante entre
hechos sociales y comunicativos.
En
una acepción general, la nota roja es el género
informativo por el cual se da cuenta de eventos
(o sus consecuencias) en los que se encuentra
implícito algún modo de violencia -humana o no-
que rompe lo común de una sociedad determinada
y, a veces también, su normatividad legal. Ahí
caben los relatos acerca de hechos criminales,
catástrofes, accidentes o escándalos en
general, pero expuestos según un código cuyos
elementos más identificables son los encabezados
impactantes, las narraciones con tintes de
exageración y melodrama, entre otros.
En México,
durante la segunda mitad de los noventa se
batieron casi todos los registros sobre el
número de secuestros, robos, asesinatos y el
contrabando de droga, entre otros índices
delictivos. Ante ello, se volvió lugar común
equiparar la realidad mexicana con los problemas
de violencia que aquejan a Colombia desde hace
varias décadas.1 No obstante, los
argumentos esgrimidos para pretender tal
comparación se alejaban de la causalidad de la
violencia en la misma medida que se acercaban al
carácter meramente informativo: era en los
medios donde se daba cuenta del
"acercamiento" entre los dos países;
el síntoma de ello era la explotación de la
nota roja.
En 1997
decidimos iniciar una investigación que, a
través del análisis discursivo, dijera algo
sobre los casos de México y Colombia en cuanto
al comportamiento de la nota roja. Nos parecía
que dicho género periodístico tiene un origen
social, pues se produce al interior de una
comunidad y, por lo tanto, es al mismo tiempo
consecuencia e indicador del estado que guardan
la interacción entre los seres humanos que viven
en la misma. Teníamos claro que la perspectiva
desde la cual se narran informativamente los
hechos que ocurren en una colectividad
proporciona indicios de las normas que en ese
momento rigen en tal sociedad y que, con su
existencia, delimitan las conductas
"desviadas" (y por lo tanto noticiables
en el género de nota roja). Para mostrar esta
relación escogimos dos periódicos cuyo perfil
los ubicaba en la década de los noventa en los
primeros lugares de tiraje y circulación en sus
países de origen, con una cobertura informativa
caracterizada por la dotación de noticias
genéricas, un formato similar y larga historia.
Acopiamos 249
notas aparecidas en la primera plana de los
diarios El Tiempo (Bogotá) y Excélsior
(Ciudad de México), para luego proceder a su
estudio. Sólo nos ocupamos de las primeras
planas, dado que en ellas está la información a
la que el medio asigna una elevada importancia
(Claro que el número de relatos de nota roja
publicados por tales medios es mucho mayor).
Aleatoriamente revisamos en los rotativos dos
días de cada semana y sólo los años 1991 y
1997 para El Tiempo, así como 1994 y 1998
para Excélsior. Con ello tuvimos un
referente espacio-temporal y una muestra lo
bastante amplia para brindar un panorama
confiable del comportamiento de la nota roja en
los dos periódicos durante la década de los
noventa.
El número de
las unidades de análisis obligó a un
procedimiento deductivo, utilizando un modelo
hipotético de descripción para luego
descender poco a poco hasta las variables que a
la vez participan y se separan de él. Esto
siguiendo el patrón propuesto por Barthes
(1999). De entrada, parecía claro que, durante
la década de los noventa el género no estaba ya
restringido a las publicaciones que se
"especializan" en él. Además, los
referentes y el valor noticioso parecían haber
cambiado. Por ejemplo, ya era insuficiente la
noción tradicional de nota roja para abarcar los
actos de personajes que, siendo representantes de
las clases subalternas, se organizan
criminalmente y ponen en jaque a un Estado. Este
tipo de narraciones rebasan la moralina
anti-criminal, el estereotipo del triunfo perenne
de la legalidad y otros protocolos que solían
cumplirse en la nota roja.2 La cuestión era
determinar de qué manera esos actores e
interacciones sociales novedosas se reflejan en
las re-presentaciones de los medios informativos.
¿Cómo se
realizó el estudio? Guiándonos por lo que
sugiere Barthes, desprendimos que para realizar
un análisis del relato hay que distinguir varias
instancias de descripción y colocarlas en una
perspectiva jerárquica, porque el relato es un
sistema de instancias. Los niveles de
descripción que nosotros adoptamos para nuestro
estudio fueron: las funciones, las acciones
y la narración. Estos tres niveles están
ligados entre sí: una función sólo tiene
sentido si se ubica en la acción general de un
actor; y esta acción recibe su sentido último
del hecho de ser narrada, confiada a un discurso
que es su propio código.
Las
funciones de la nota roja
Con la
información disponible realizamos una
clasificación tripartita. La primera clase de
notas, según su función, está formada por las
que nombramos utilitarias. Su
característica principal es que remiten a un
correlato invocado por medio de alusiones
simbólicas, de imagen o representación. En
ellas el dolor humano, la desgracia, la maldad,
la tragedia, el maniqueísmo quedan manifiestos
por medio de relatos sumamente vívidos o
imágenes impactantes. Las llamamos utilitarias
por considerar que resultan útiles en la
re-definición constante de lo noticiable en este
género. Su presencia en la primera plana de los
medios analizados implica la ausencia de sus
contrarios, eventos que ven depreciado su valor
noticioso: su presencia termina por contribuir a
la creación de las normas que rigen en ese
momento en la sociedad de la que son producto y a
la que interpelan.
En el caso de El
Tiempo colombiano, encontramos dentro de
nuestro periodo de análisis 45 relatos de este
tipo incluidos en la primera plana; las mismas
representan exactamente 31% para el año 1991,
pero disminuyeron a 23% del total de notas
reunidas del año 1997. Para el caso mexicano de Excélsior,
se encontraron 18 notas y gráficas del tipo
utilitario, que representan en el año de 1994
10% del total; pero se incrementaron durante 1998
hasta llegar a 26% de las revisadas dentro del
período de estudio.
Los personajes
que protagonizan esta clase de eventos
difícilmente serán recordados ni se sabrá algo
más de ellos, pues esas notas sólo buscan
mostrar algunos aspectos de la condición humana:
la existencia de malicia o lo inevitable y
trágico de ciertos fenómenos naturales, por
ejemplo. No obstante, la forma en que son
presentadas tienen la función de complementar
esa realidad en devenir que los medios ofrecen
con sus audiencias; terminar el área de
percepción de la cotidianeidad incluyendo
historias que se desarrollan en los extremos de
la existencia social.
Por ejemplo, el
23 de enero de 1991, entre la sexta y octava
columnas de su página principal, El Tiempo
publicó esta cabeza: "Golpe a
secuestradores y sicarios". Esta unidad
narrativa remite a un correlato: la incesante
delincuencia perseguida por la justicia; el bien
contra el mal; maniqueísmo, pues. Para cualquier
duda que pudiera quedar al respecto, inicia la
nota con esta frase: "El brazo de la
Policía Élite alcanzó ayer a David Ricardo
Prisco Lopera, un veterano pistolero al servicio
del cartel de Medellín, que tiene en su contra
un extenso prontuario criminal". O lo que es
lo mismo El que la hace, la paga. Transmitir ese
sentimiento es su función, por eso es una nota utilitaria.
Seis años
después, el 16 de abril de 1997, El Tiempo
publica otra nota: "Libro bomba, otra
página de sangre" ¿El correlato? La
violencia cotidiana; la maldad perenne;
martirologio. El cuerpo de la nota dice: "Un
libro sobre la ética y la moral en la medicina
mató a Pedro León, hijo del diputado de
Esperanza Paz y Libertad, Mario Agudelo. Agudelo
se lo regaló a su hijo, a quien le explotó en
las manos. La imagen de su hijo Pedro León
tratando de abrir el libro que le acababa de
regalar no se le borra de la mente". La
función de esta nota es hacer llegar la tragedia
familiar a las audiencias; mostrar que el mal
puede llegar de formas inauditas, que el hombre
es frágil y cualquiera cae en desgracia.
En 1998 Excélsior
a ocho columnas estaría publicando este título:
"Hampa desbocada". No hace falta
insistir en la función utilitaria de la
nota, pero sí detenernos en el contenido de la
nota, que en términos reales defrauda a quienes
esperan los detalles sanguinarios y reseñas
macabras. El cuerpo de la nota dice en su parte
medular: "En México hay aproximadamente 41
procuradurías, alrededor de 4,480 cuerpos
policíacos públicos y más de mil privados. Y
la paradoja, son más de un millón las órdenes
de aprehensión pendientes. La criminalidad está
desbocada." Este tipo de
"recursos" periodísticos inaugura una
nueva modalidad de explotación del género de
nota roja. Estaríamos ante una nueva veta del
morbo, o su antítesis, con la naturalización
del escándalo, aparejada a la apertura de
agendas temáticas explotables informativamente.
Hay otro tipo de
notas, cuya función es distinta a las
anteriores, y las llamamos convergentes.
Su característica principal es la conjunción de
un número tal de factores que convierten a la
narración en pieza única. Si bien en ella
están presentes los elementos emotivos del tipo utilitario,
el suceso reseñado reviste una peculiaridad que
le hace especial y no sólo apela a las fibras
sentimentales, sino a la capacidad de asombro, de
indignación o sorpresa.
Identificamos
marcadas diferencias en su uso en cada uno de los
años estudiados. Mientras en el año 1991 de El
Tiempo representaron 27% del total, para 1997
serían 50%. En sentido inverso, para el caso de Excélsior
pasaron de ser 45% del total en 1994, a sólo 34%
en 1998. Evidentemente, los espacios dejados o
ganados por este tipo de notas serían cubiertos
por aquellas que cumplían otras funciones.
Las notas del
tipo convergente coinciden con el siguiente tipo:
El 17 de abril de 1991, El Tiempo publicó
una nota relativa al decomiso de un cargamento de
cocaína en el aeropuerto de Quito, Ecuador a
cuatro falsas monjas que dijeron que sólo
accederían a ser revisadas por una orden que
viniera del Papa. La cabeza de la nota era:
"Falsas monjas con coca bajo los
hábitos". Y en sus primeras líneas
consignaba: "Si nos requisan denunciaremos
el atropello ante el obispo y las autoridades de
la Iglesia. Se van a arrepentir; sólo lo pueden
hacer con una orden del Santo Padre". Luego
se explaya proporcionando detalles pormenorizados
del escándalo ocasionado por falsas monjas
originarias de Colombia. Se dice, por ejemplo:
"...las religiosas fueron requisadas y bajo
sus hábitos los policías se encontraron con una
descomunal sorpresa: llevaban varios paquetes de
cocaína adheridos con cinta a las piernas.
Entonces, al verse sorprendidas, una de ellas
juró que lo que llevaban era cal para Madrid,
España, en cumplimiento de una penitencia. Y
luego debemos retornar con el cargamento a
nuestra ciudad, así pagaremos nuestra
pena".
La aparición de
peculiaridades que rompen la generalidad, incluso
dentro de la galería de conductas apartadas de
lo "normal", hacen que este tipo de
notas terminen cumpliendo otra función. Los
calificativos, los encabezados escandalosos, lo
anormal, lo sensacional que reportan este tipo de
mensajes no son muy útiles para ayudar al
lector-audiencia a entender la realidad e
interactuar en ella. Persiguen más bien la
recreación de escenarios inusitados y apelan a
los usos retóricos en comunidades de
apropiación.3 Pueden, sin embargo, ser
inicio de la construcción del imaginario
colectivo al que contribuye la labor de los
medios, pues la ocasional ocurrencia de eventos
inusitados llega a derivar un torrente
informativo que alimente muchas más páginas del
diario u horas de televisión y radio. En
términos generales, las notas convergente
ocupan el estilo de la nota roja con la firme
intención de alcanzar el mayor impacto posible
entre las audiencias. Su mayor apoyo estará
siempre en las fotografías, aunque también se
apoya en la ironía, el humor negro, la sátira y
el melodrama.
Si se acepta que
todo acontecimiento queda marcado por la manera
en que se accede a él, estamos en posibilidades
de decir que este tipo de notas, como casi todas,
se centran en la acción y ésta recibe su
sentido último del hecho de ser narrada. Por
esta razón, ante hechos que por su misma
naturaleza pueden otorgar un golpe doble,
engendrando a la vez éxito u olvido, el
reportero se vale de un estilo periodístico para
imponer el impacto a la fugacidad del suceso. La
infinita multitud de historias escandalosas
estaría condenando a cada una en lo particular
al olvido universal, por ello el redactor se
esmera en elaborarlos de modo tal que se sumen a
la crónica de lo inmediato de manera peculiar,
incluso conformando la historia perdurable.4
Un tercer tipo
de narraciones encontramos a lo largo de la
investigación. A éstas las nombramos indiciales
porque cumplen la función de integrar un nivel
superior de relato o contexto. Estas notas no se
dan en el vacío coyuntural como las convergentes,
ni reproducen exclusivamente los patrones
clásicos de apelación a las fibras emotivas o
sensitivas del lector, como en el caso de las utilitarias.
Las notas indiciales pueden tener algunas
de estas características, pero no pueden ser
entendidas de la misma forma aisladas (como las utilitarias
y las convergentes) que en su conjunto. El
lector requiere de cierta información previa (y
espera otra posterior) para apreciar en toda su
magnitud los hechos relatados: la información se
da en forma serial.
Este tipo de
narraciones también dan cuenta de actos que
violentan el orden, la normatividad, la
normalidad cotidiana; sin embargo, en ellas
actúan actores identificables más allá de cada
unidad narrativa y, si bien se reseñan hechos
consumados, el medio los "sigue", se
mantiene atento a sus consecuencias. A diferencia
de las notas utilitarias o convergentes,
en estas desde sus encabezados se citan nombres,
apellidos o hasta apodos para dar cuenta de la
información, en el entendido de que éstos son
reconocibles por las audiencias. De hecho en esta
peculiaridad reside buena parte de su atractivo
noticioso. Enseguida algunos ejemplos:
- Jorge L.
Ochoa se entregó. (El Tiempo
16-enero-1991)
- Hallan
cadáver de Marina Montoya. (El Tiempo
1-febrero-1991)
- La Quica
había ofrecido 400 millones por su fuga.
(El Tiempo 17-abril-1991)
- Cárcel sin
lujo para Escobar. (El Tiempo
14-junio-1991)
- O. J.
Simpson culpable en el juicio civil. (El
Tiempo 5-febrero-1997)
- Plan de
fuga; los Rodríguez Orejuela lo niegan.
(El Tiempo 7-marzo-1997)
- Habría
caído Perafán en la frontera. (El
Tiempo 19-abril-1997)
- No recibí
colaboración de nadie, dice Mario
Aburto. (Excélsior 7-abril-1994)
- No matamos
a Posadas; policías aliados del Chapo
nos culparon: B. Arellano. (Excélsior
28-julio-1994)
- Rubio pagó
un millón de nuevos pesos para matar a
Ruiz Massieu: Ramírez Araus. (Excélsior
6-octubre-1994)
Este tipo de
relatos dan cuenta de acciones que involucran a
personajes formadores de relatos que sobrepasan
las notas unitarias y terminan conformando una
moderna mitología que se alimenta diariamente
con su actuar, pero también en el imaginario
colectivo.
Las notas indiciales
están invariablemente relacionadas con grandes
agendas temáticas. En el caso de Colombia los
súper-temas que identificamos para el periodo de
estudio son: el narcotráfico, la guerrilla,
conflictos bélicos en países distintos, grandes
asesinatos y muertes dramáticas diversas. Dentro
de estos grandes temas encontramos 58 notas
publicadas durante 1991 y 14 correspondientes a
1997. Lo cual representa, respectivamente, 45% y
28% del total. En el caso de México, el
periódico Excélsior concentró sus notas
indiciales en los siguientes temas: la
guerrilla, el narcotráfico, dos magnicidios, la
corrupción, un secuestro, conflictos bélicos
extranjeros y el terrorismo. En relación a estos
temas se publicaron 53% de las notas que
analizamos de 1994; y 42% de las que se revisaron
en el año 1997.
De tal forma, en
las notas que nosotros hemos clasificado como indiciales,
parece perderse para las audiencias la
connotación de nuevo que implica "la
noticia", porque se trata más bien de una
narración seriada, de una sucesión constante de
acciones delictivas que no reportan cosas nuevas,
sino "actualizan" el estado que guarda
o el sentido en el que se desarrolla un
meta-relato.
La explotación
del morbo sigue siendo el centro de la
intencionalidad en este tipo de notas, pero con
las notas indiciales el género se
amplía, porque ya no se da cuenta solamente de
hechos consumados; se especula, se advierte, se
declara, se investiga, se denuncia al respecto de
los grandes temas. La esencialidad dramática de
las notas del género se mantiene, pues se
consigue en absoluto el fin del género que ya en
alguna parte formulábamos: no busca tanto
informar como llamar la atención. La
instrumentalidad de la emoción consigue su fin
último en esta clase de notas.
En la dimensión
temporal de nuestro estudio identificamos varios
desplazamientos en cuanto al tipo de notas más
utilizadas por los diarios dentro del mismo
género de nota roja. Las notas del tipo convergente,
por ejemplo, crecieron en el caso de El Tiempo
en 1997 con relación a 1991. Las notas del tipo indicial
disminuyeron en Excélsior y El Tiempo
con el paso de los años. En Excélsior
las notas utilitarias prácticamente
triplicaron su porcentaje de 1994 en 1998. El
Tiempo vio disminuir su porcentaje de notas utilitarias
en 1997 con relación a 1991. Gráficamente
estos comportamientos se ven así:

Todo esto
significa varias cosas:
- El
incremento de notas indiciales
implica la presencia de agendas
temáticas a las que se da más valor
noticioso. La noticiabilidad se
transfiere a las historias seriadas y los
personajes. Las notas indiciales en
los dos casos llegaron casi a 50% en el
primer año (1991 y 1994) por la
ocurrencia de eventos que trascienden la
cotidianeidad y modifican su valor
informativo. Son tomados temas
noticiables y ofrecidos como inicio de un
proceso comunicativo por entregas.
- Contra un
trasfondo de violencia, los actos
violentos no se destacan. Cuando el acto
violento se devalúa, las narraciones indiciales
son desplazados por la información
anormal típica: notas convergentes.
En 1991 las convergentes en El
Tiempo llegaron a 27%, pero en 1997
se incrementó hasta a 50%. Homicidios
múltiples, robos únicos, inauditas
acciones guerrilleras, escándalos
político-judiciales son los nuevos temas
noticiablemente más ricos.
- Cuando
dejan de ser noticiables las notas convergentes,
se da prioridad a notas maniqueístas o a
cierta sensibilidad creada por
escándalos, magnicidios y actos
espectaculares (utilitarias e indiciales).
Excélsior en 1994 publicó notas indiciales
hasta en 53%; 4 años después, las
agendas temáticas disminuyeron a 42%. En
cambio, las notas utilitarias se
triplicaron. De 10% pasaron a 26%. No hay
duda, la definición de la noticia
depende de y determina la dinámica
social.
Las
acciones que ocupan a la
nota roja
La nota roja
está definida por su interés en los actos
"desviados": robos, asesinatos,
tragedias, encarcelamientos, ejecuciones. En el
proceso de describir-narrar un suceso, la nota
define y da forma no sólo a ese suceso, sino a
las grandes articulaciones presentadas en un
escenario más amplio, el de la praxis social.
Más allá de los pequeños actos protagonizados
por los actores de cada uno de los relatos,
importa centrar la atención en las acciones de
que se da cuenta en la nota roja y
fundamentalmente en los protagonistas de las
mismas.

La guerra, la
imposición de la ley, la muerte, la
delincuencia, la denuncia y los desastres son las
grandes articulaciones sociales que toman vida en
la nota roja. Nuestras 249 unidades de análisis
así lo revelaron. Para ambos casos, Excélsior
y El Tiempo, no hay variación en lo
que hace a este comportamiento, ni son
significativos los desplazamientos de una
temática sobre otra con el paso del tiempo. En
cambio, sí la hay en cuanto a lo que se dice de
los eventos y los personajes dependiendo de las
circunstancias. Observe el siguiente ejemplo de El
Tiempo:
2 de enero de 1991
|
29 de noviembre de 1991
|
| Mueren trece
policías en año nuevo La violencia de
las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia (FARC) y del Ejército de
Liberación Nacional (ELN) aguó con
sangre la despedida del año viejo y
feliz saludo del año nuevo. Trece
agentes de la policía y un suboficial
del Ejército fueron muertos ayer en
asaltos de las FARC y el ELN. En
desarrollo de una escalada de violencia
ocurrida en el primer día de 1991, trece
agentes de la policía nacional fueron
asesinados ayer...
|
Antioquia y
Bogotá, mueren 14 criminales La delincuencia
común recibió ayer un duro revés,
luego de dos operaciones policiales que
culminaron con la muerte de catorce
personas vinculadas a organizaciones de
secuestradores y asaltantes de bancos. En
Antioquia, diez integrantes de una banda
de secuestradores fueron abatidos por la
Unidad Anti-Extorsión y Secuestro...
|
En
ambas narraciones se da cuenta de hechos
similares: la muerte de decenas de personas.
Empero, la mediatización que se hace de los
eventos donde ocurrieron los decesos se inscribe
en una realidad colectiva, ello implica que los
personajes actuantes sean comprometidos con
relaciones que terminan decantando lo que se dice
de ellos. Mientras los 13 policías fueron
"asesinados", los 10 integrantes de una
banda de secuestradores fueron
"abatidos". Igualmente, los trece
agentes de la policía y un suboficial del
ejército "fueron muertos en asaltos";
en tanto que los delincuentes cayeron "luego
de dos operaciones policiales que culminaron con
su muerte". La acción reportada el 2 de
enero de 1991 "aguó con sangre la despedida
del año viejo y feliz saludo del año
nuevo", en tanto que la de noviembre del
mismo año fue "un duro revés para la
delincuencia".
Si estos actos
violentos no fueran reseñados por los medios que
estamos analizando, los muertos sólo serían
para sus familiares y conocidos eso, difuntos.
Sin embargo, estando en un relato son
delincuentes, policías, militares,
secuestradores, asesinados, víctimas:
personajes. No hay nombres, características o
pormenores de las personas fallecidas en ninguno
de los dos casos; su perfil está delimitado por
la función que les ha sido asignada en el
relato. Eran "integrantes de una banda de
secuestradores": todo está dicho con eso,
puesto que esa afirmación se inscribe en un
correlato que le da vida; uno que habla de la
delincuencia creciente, de las bandas de
maleantes; que remite a viejas historias de
asesinatos, secuestros, víctimas de la
delincuencia y criminales despiadados.
El maniqueísmo
en estas notas es manifiesto, sin embargo debe
ponerse atención en que los bandos del
maniqueísmo no están definidos de una vez y
para siempre. El añadir caracteres a un
personaje a través de varias notas en diferente
tiempo no es una acción involuntaria o natural:
persigue matizar el perfil de los mismos en el
relato-unidad, pero innegablemente se inscribirá
en el meta-relato de que forma parte y que se
construye día a día con narraciones seriadas.
De tal forma que toda aquella persona a quien se
asigne representar ese papel tendrá cada vez
más características agregadas.
En la serie de
notas que nosotros pudimos analizar la categoría
de actores es muy evidente: hay narcotraficantes,
ladrones, defraudadores, asesinos; de ellos se
habla con frecuencia respecto a sus actos en
narraciones seriadas. La peculiaridad de la nota
periodística es que difícilmente incluye en un
mismo relato a dos personajes, es decir, dos
perspectivas sobre el mismo hecho; si tal
hubiera, encontraríamos en una misma narración,
por ejemplo, a alguien hablando de asesinato
y a otro argumentando que se trata de un ajusticiamiento;
ello haría desaparecer la carga intencional y
emotiva que evidentemente persigue cada nota. Lo
que sí apreciamos es la serie dialogada de
narraciones en el género policíaco que hacen
posible alimentar la existencia de contrarios
perennes.
Los relatos
noticiosos no hacen ver nada (al leerlas nada
vemos o escuchamos), pero sí re-presentan; basan
su impacto en el sentido: un orden superior de
relación entre narrador y auditorios. Lo que
sucede en el relato no es, desde el punto de
vista real, literalmente nada; lo que hay en
ellos es sólo el lenguaje, su uso para la
interlocución entre los participantes del
proceso comunicativo. El reportero desarrolla su
necesaria capacidad para describir en forma
patética, para crear una atmósfera, para
impresionar al lector, para despertar sus
emociones y hacerle sentir que está viviendo los
hechos. Esta es una estructura paradigmática
nueva, porque si bien este relato no coincide con
los anteriores en cuanto a la existencia de
personajes, de agentes actanciales o de una
acción concreta, sí posee las características
que lo ligan a un esquema narrativo común propio
del género de la nota roja.
El
código estilístico en las narraciones
de nota roja
Todas las notas
informativas son relatos sobre la acción de uno
o varios actores sociales y, además, cumplen una
función. La reproducción del acto con fines
informativos es inteligible por tratarse de
ítems confiados a un discurso que se vuelve su
propio código. La existencia de un código es
elemento indispensable para la operación de este
proceso. Para el caso de la nota roja, podemos
enumerar los siguientes rasgos que le
caracterizan.
a) Hay una
convención cómplice. La primera gran
función del género es el intercambio entre un
dador y un destinatario, lo cual representa un
primer signo de lectura: el narrador relata
sucesos que él conoce, pero que el lector
ignora; tendría poco sentido que el autor de la
nota se diera a sí mismo la información o que
él pusiera en duda la veracidad de la misma.
Así, en la interacción que supone mutuamente a
los dos actantes del proceso comunicativo hay una
primera variable que debe privilegiar ciertas
formas de narración convenientes para emisor y
receptor de los mensajes, dado que ambas partes
tienen un acuerdo tácito de considerar hechos
reales los referentes de la narración, sólo de
esta manera pueden considerarse acontecimientos
sociales. Este vínculo se funda en el interés
mutuo de intercambiar contenidos sobre lo que
ocurre y no sobre lo que existe o está, que cae
en otros ámbitos de interacción más
específicos, incluso más cerrados. Todo
funciona, pues, en respuesta a las preguntas
perennes ¿quién hizo y por qué?, pero más
bien describiendo o ahondando en qué hace y
cómo. Las notas del género privilegian el nivel
descriptivo, pero cuentan también con un segundo
nivel: el argumentativo. Este último se renueva
constantemente a partir de la convención
cómplice entre medios y audiencias.
b) La nota
roja cumple un protocolo narrativo. Los
relatos sólo puede recibir su sentido del mundo
que los utiliza. La información del género
tiene que ser tributaria de una situación del
relato (de un marco) que es el conjunto de
protocolos según los cuales es consumido:
imágenes, grandes encabezados, calificativos,
etc. Se trata de llamar la atención más que
informar. Tras el cumplimiento de estas
condiciones también se haya una función social
poco explorada, porque los diarios se exhiben
cotidianamente en múltiples espacios públicos,
desde el kiosco hasta el consultorio o la
oficina; ahí toman una nueva dimensión las
características con que se presentan las
narraciones, sobre todo en la primera plana, de
la que nos hemos ocupado. Ahí hay una serie de
lecturas que nada tienen que ver con la
información, pero sí con la codificación de
actos socialmente construidos.
Ya sea un cuento
o una fábula, cada tipo de relato tiene sus
propios signos codificados. Las narraciones del
género nota roja también los tienen: la
subversión de las conductas normales es la
divisa corriente, por eso el "cayó"
"caen" o "caer" son verbos de
uso común en tanto metáfora de la inversión
que cumple sus ciclos. Los mensajes poseen
invariablemente una sustancia icónica. Pueden o
no poseer una fotografía escalofriante o que
haga espectáculo del acontecimiento, pero en su
esencia este tipo de notas encuentran como fin de
su mensaje el acento perceptivo de la acción. La
gran mayoría de sus encabezados empiezan con un
verbo, aunque también hay adjetivos, lugares o
nombres. Su estructura es siempre descriptiva,
prescindiéndose o dejando en un segundo plano la
entrevista o el soporte documental de otros
géneros periodísticos. Estos relatos son en sí
mismos imágenes, íconos, apoyados claro-
en un guión.
c) No importa
informar sino impactar. Los relatos de la
nota roja buscan la elocuencia en su mejor
expresión, aún cuando a causa de ella se
termine borrando el episodio real que da origen a
la nota, pero consiguiendo que la narración
devenga en sentimiento colectivo y fábula
mediática. Como en casi ningún otro género, en
el de la nota roja la calidad de testigo impregna
al discurso construido con un estilo apersonal;
no obstante, en términos estrictos este tipo de
relatos suelen "engañar" sobre la
persona de la narración: todo sucede como si en
una mismo sujeto hubiera una conciencia de
testigo, inmanente al discurso, y una conciencia
de criminal, inmanente a lo referido. No importa
si el reportero no estuvo ahí cuando ocurrió
todo; al momento de estructurar su relato no
sólo él se ubicará en la escena como atento
espectador, sino que llevará consigo al lector.
El reportero de
nota roja busca proyectar que conoció no sólo
el hecho, sino las motivaciones, los impulsos,
las reacciones de los actores. Si no fuera así,
faltaría al cumplimiento de su parte en el
acuerdo con las audiencias respecto al sentido de
veracidad en las notas. En este género
normalmente se relatan actos atroces, por lo
cual, entre más insólito es el acontecimiento,
su reseña necesita un mayor detalle de los
pormenores (de preferencia gráficamente):
imágenes escritas o visuales. A esto se debe,
por ejemplo, que al referir la muerte trágica de
una persona a manos de algún personaje X, se
proporcionen la edad, nombre y algunos datos
personales de la víctima o incluso del
victimario. Ello no agregará algún rasgo
psicológico a la persona que protagoniza la
acción consignada, pero sí reviste a la
historia entera de una verosimilitud. En el otro
extremo del proceso, la audiencia es emplazada
por los mensajes a completar el círculo, porque
la función referencial de la nota puede
alcanzarse a condición de que el público la
consuma y asuma como verosímil y utilizable.
d) No hay
distinción entre lo público y lo privado.
La nota roja ubica sus relatos en el momento
cuando estallan las pasiones, pero también las
guerras; cuando explota la locura, pero también
un carro-bomba; aparece en una trágica riña
familiar, pero también en la trifulca de una
manifestación callejera; en un arranque de
lujuria o en el multimillonario tráfico de
drogas. Las agendas temáticas conforman un
abanico amplio: se relatan eventos de gran
escala, pero también "pequeños"
dramas que tienden a la espectacularización del
suceso. Escudriñar aquellos aspectos de la vida
privada de los seres que protagonizan hechos de
escándalo puede restar valor informativo para la
colectividad, pero no rebasa los sistemas
protocolarios a que debe rendir tributo el
género, pues se haya dentro de los límites
convenidos con las audiencias. Así que, se trate
de un bombardeo o de los maltratos de un
padrastro al bebé que lloraba mucho, el lector
recibirá en los relatos un recuento
pormenorizado de cuánta sangre corrió y por
qué.
e) Importan
más los personajes que las personas. La
explotación de los personajes por encima de las
personas reales hace que éstos últimos dejen su
naturaleza real y se transformen por medio del
discurso en entes dotados de consistencia
psicológica, individuos que hasta dejan de estar
subordinados a la acción reseñada en un relato
para cobrar múltiples existencias entre los
consumidores del texto ya en el mundo real. Esto
no ha funcionado así siempre. La nota roja
"clasica" se ocupaba principalmente de
los actos individuales que eran vistos incluso
apasionadamente por el reportero.5 Hoy, de acuerdo al
criterio estadístico de la sociedad de masas,
uno o dos muertos no son tan importantes. Hoy es
comprobable la modificación sufrida por el
género a raíz de los procesos masificadores,
pragmáticos y globalizadores de la información.
Los cánones y procedimientos protocolarios no
podían haber salido impolutos de esta ola
avasallante y hoy la pauta es llevada por la
inmediatez, la premura, la voracidad mediáticas.
El incremento del delito banaliza el sentido de
la nota roja, con lo cual la sucesión de
episodios macabros ve reducida su intermitencia
por una generalización que relega las anécdotas
delirantes en aras de la explotación de
personajes que alcanzan la notoriedad nacional e
internacional.
f) Hay que
explotar la temporada. El clima paroxístico
es propio de los grandes momentos de la nota
roja. Siempre será reconocible en estadísticas
una parábola que indique cómo se explota cierta
tendencia informativa a partir de un suceso, o
varios de la misma índole, con los que vienen
aparejadas revelaciones en cadena. En este marco
se vuelven "nota" las estadísticas
criminales, las declaraciones, las reacciones,
las confesiones, los llamados de alerta que se
circunscriben a un hecho consumado, pero no
concluido. Entonces la nota roja
"contamina" al resto de los contenidos
noticiosos en los medios que terminan aceptando
su agenda, sus personajes y su estilo
espectacularizante de manera cíclica.
Los medios
juegan con las posibilidades de los hechos
noticiables y con las formas de presentarlos de
acuerdo a una dirección, utilizando esquemas
ligados a un género. Así se generan expresiones
que luego pasan a formar parte del repertorio
propio del género (aunque no para su uso
exclusivo). Ahora no hay nota violenta si no se
esgrime un "cuerno de chivo" o
interviene un "sicario", por citar
sólo un ejemplo.
g) Nadie
conocía al muerto, ni se acordará de él, pero
sí de la nota. No se puede negar la
inventiva verbal que cimienta los relatos de nota
roja. Imponer el discurso al acontecimiento es
fundamental para conseguir el impacto necesario
entre las audiencias. En este proceso se
sacrificarán la objetividad y asepsia
informativas, pero se ganará en emotividad y
elocuencia. En 1991 El Tiempo publicó la
historia de un bebé que misteriosamente
desapareció en un hospital público de Bogotá;
la criatura no tenía siquiera nombre, nadie lo
conoció, ni sus padres; sin embargo, las
azarosas horas transcurridas entre el
alumbramiento de la madre y la pérdida del
cuerpo fueron campo fértil para el reportero que
pudo armar una y mil historias con las que
involucró a sus audiencias; se especuló si fue
accidentalmente tirado a la basura, si nació
muerto, si acaso fue hurtado. Salvo sus padres y
el personal médico, nadie se acordará del hecho
un día después. En cambio, la narración será
perdurable y tomará múltiples existencias,
tantas como lectores tenga. Será siempre un
hecho narrativo más que un acontecimiento
social. Sólo como fábula de lo grotesco, hechos
reales como ese tendrán un interés noticioso.
¿Si el periódico no procede así, corre el
riesgo de que el lector, incrédulo, cierre el
diario y vea una telenovela?
h) El
escándalo es cotidiano. Las sociedades
mexicana y colombiana tienen en su naturaleza la
contradicción: cultural, racial, ideológica,
estética. Es natural, pues, que produzca
cotidianamente hechos controversiales. En
promedio, dos de cada tres ejemplares de los
periódicos que analizamos contenían en su
primera plana una nota roja. En este marco
polivalente, para los periodistas del género
narrar los asesinatos políticos, las vendettas
entre narcotraficantes o los crímenes por
motivos religiosos o raciales a la manera de
panfleto gótico, el pasquín o el triller es una
salida discursiva útil. La violencia que se
aborda en las notas de que dispusimos para este
trabajo, va desde la tribal hasta la de la lucha
de clases, la política y la delictiva. Denunciar
es hacer proselitismo, por ello al pasar por el
tamiz del género de nota roja el objeto y
consecuencia de cada una de ellas se torna
confuso.
i) Las
historias anormales se dirigen a normales. A
la nota roja se le atribuye sobre todo un afán
de recrear el morbo, fascinar, regodearse en el
escándalo y la muerte. En nuestra América
Latina, dice Néstor García Canclini,6 se han abierto
definitivamente las puertas de reestructuraciones
muy amplias, entre ellas la del campo
sociocultural. Bajo esta óptica, el ciudadano es
cada vez menos el representante de una opinión
pública y más el consumidor que se interesa en
disfrutar espectáculos mediáticos.
La nota roja se
mantiene y adapta en este nuevo medio a través
de relatos basados en la exhibición fugaz de los
acontecimientos, con todas las características
emotivas y sensacionalistas. "Adios
Barranquillita", dice el pie de una foto
publicada en El Tiempo en la que se
muestra el sepelio de un niño de la calle,
muerto a manos de un escuadrón de la muerte. En
el sacrificio de ese joven arden intensamente las
contradicciones sociales, sin embargo para la
imagen y su apoyo narrativo todo se reduce al
sentimentalismo melodramático.
_____
Notas:
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* José
Luis Arriaga Ornelas es egresado de la licenciatura en
Comunicación de la Universidad Autónoma del Estado de
México, cuenta con una
maestría en Estudios Latinoamericanos y
actualmente es doctorante en Ciencias Sociales
por la misma universidad. Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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