El
sensacionalismo
Algunos elementos para su
comprensión y análisis
Erick
R. Torrico Villanueva *
Aunque el
sensacionalismo, como estilo de presentar los
hechos, es casi tan antiguo como la misma
imprenta de tipos móviles,1 lo cierto es que los
estudios sobre el particular son hasta ahora
bastante escasos en el plano internacional y
mucho más en el caso de Bolivia.
No se tiene, por
ejemplo, una suficiente claridad conceptual
respecto de la naturaleza y características del
periodismo sensacionalista ni se ha trabajado
sistemáticamente en la descripción, análisis o
comprensión de experiencias de ese tipo que se
dan sobre todo en la prensa y en la televisión
de la mayoría de los países. Casi no están
examinados con precisión, en consecuencia, sus
orígenes, sus aspectos formales y de contenido,
sus presuntos efectos, las razones de su casi
siempre exitosa (y polémica) aplicación, su
ángulo comercial, la composición de sus
públicos u otros factores afines.
En
Latinoamérica, los trabajos académicos que
abordan esta temática son más bien raros
todavía, inclusive en naciones con una
importante producción intelectual especializada
como Brasil o México, donde no son hallables
más que unas pocas investigaciones (véase
Benetti y Cervantes, por ejemplo). En lo que
concierne a Bolivia sólo se tiene identificada
una tesis de licenciatura en Comunicación que se
ocupa desde un punto de vista ético de un asunto
próximo: la cobertura y el tratamiento
noticiosos que recibió un período de "ola
de suicidios" por la prensa de La Paz y
Sucre.2
De todas
maneras, esta última ausencia puede explicarse
en parte por el hecho de que el sensacionalismo,
pese a haber posibilitado algunas manifestaciones
concretas en el país como los de las
revistas "Alarma", Sucesos" y
"Casos del Metropolicial", los
desaparecidos diarios "Meridiano" y
"La Quinta" o los programas de radio y
televisión "El Metropolicial" y
"El Telepolicial", respectivamente-
nunca, hasta 1999, terminó de prosperar y
merecer una aceptación mayoritaria. Por ello,
ahora, la situación parece haber cambiado y sin
duda este asunto dará lugar como ya lo ha
estado haciendo- a múltiples reflexiones y,
ojalá, a estudios sistemáticos también.
Unos
pocos antecedentes
No obstante de
que las manifestaciones de carácter
sensacionalista presentes en los impresos de
divulgación pública pueden ser remontadas aun
al siglo XVI con las gacetas alemanas y francesas
que incluían notas sobre crímenes, dramas
familiares y chismes de la realeza, fue sólo en
la segunda mitad del XIX que se las asumió en
esa condición, es decir, como expresiones de una
manera particular y deliberada de hacer
periodismo. Esto ocurrió principalmente en
Francia, Inglaterra, Alemania y en los Estados
Unidos de Norteamérica.
En el caso
estadounidense, que es el que mejor ilustra el
desarrollo de esta forma periodística, la
competencia por mantener y luego incrementar los
niveles de venta de la prensa diaria llevó a que
se apelara a la fórmula del escándalo,
inclusive producto de la simple invención, para
alcanzar tales propósitos.
Melvin De Fleur
señala al respecto que "En tal contexto
competitivo, los propietarios de los periódicos
rivales más importantes se entregaron a una
lucha despiadada por la conquista de nuevos
lectores. En Nueva York, especialmente, William
Randolph Hearst y Joseph Pulitzer recurrieron a
cualquier medio para lograr el aumento de sus
cifras de circulación. De éstas dependían,
como es lógico, los ingresos por publicidad y
los beneficios. Ambos ensayaron diversos
recursos, ardides, estilos, experimentos y formas
de presentación para conseguir que sus
periódicos resultaran más atractivos para sus
lectores" (1976:40).
Es ya clásico
el ejemplo, en ese contexto, de la distorsión
con la que Hearst, que controlaba los diarios Examiner
y Morning Journal, precipitó en 1898 la
declaratoria de guerra a España por parte del
gobierno estadounidense. En ese momento, Cuba
había iniciado su guerra independentista contra
España, y fue entonces mas sin ninguna
relación con el conflicto- que el acorazado
"Maine" de la flota de Washington,
debido a desperfectos, se hundió en la bahía de
La Habana. Hearst envió al lugar a su dibujante
Frederick Remington, quien una vez allí
constató que no había nada extraño que
reportar y que el hundimiento no era atribuible
al enfrentamiento. El magnate de la prensa, sin
embargo, le ordenó: "Usted mande sus
dibujos, yo pondré la guerra". De este
hecho, además, se derivaría a mediano plazo una
prolongada intervención integral de los Estados
Unidos de Norteamérica en la isla caribeña.
Ese tipo de
práctica desinformadora se institucionalizó y
no sólo fue empleada por las empresas
periodísticas para asegurar sus intereses
comerciales sino igualmente por los Estados, en
especial en circunstancias de crisis políticas.
Así, la agencia noticiosa internacional Associated
Press inventó en 1944 un ataque nazi contra
una flota mercante brasileña en el Océano
Atlántico que impulsó al gobierno de Brasil a
hacerse parte de las naciones aliadas contra
Alemania y, poco después, tras la victoria de la
revolución cubana en 1959, difundió en más de
cuarenta oportunidades versiones falsas sobre una
supuesta muerte del líder de ese movimiento,
Fidel Castro.
Fue también en
la década de 1950 cuando surgieron en Italia los
paparazzi, fotógrafos inclementes
presentes hoy casi en todas partes- que se
ocupan de obtener tomas comprometedoras de la
privacidad de personajes públicos para venderlas
a publicaciones sensacionalistas. Casi siempre lo
hacen a escondidas, empleando teleobjetivos y en
el marco de verdaderas operaciones de espionaje y
persecución como la que en julio de 1996 le
costó la vida a la princesa Diana de Inglaterra.
Actualmente,
entonces, el modo sensacionalista es tanto algo
que nutre publicaciones o programas
especializados en lo que escandaliza en todas las
regiones del mundo como un componente de la
prensa y los noticiarios considerados
"serios", que hacen sensacionalismo sin
decirlo o, mejor, sin querer reconocerlo.
Pero,
¿qué es el sensacionalismo?
En la jerga
técnica del periodismo se usa indistintamente
los calificativos de sensacionalista o amarillista
para los medios informativos que buscan alimentar
a sus audiencias con contenidos que muestran,
erigiéndolos en "noticias",
comportamientos o sucesos anticonvencionales.3 Ello, como es obvio,
despierta la curiosidad y aumenta las ventas (de
ejemplares y/o espacios publicitarios) y los
ingresos de los productores de tales materias
informativas.
De todas formas,
el adjetivo "amarillo", que es más
ambiguo en su sentido, tiene dos explicaciones
acerca de su origen y otras dos respecto de su
alcance, a saber: 1) que en determinado momento
el papel en que era impresa la prensa
sensacionalista era de tono amarillento o cuando
menos que sus titulares principales eran impresos
en color amarillo, y 2) que una historieta
incluida en uno de los primeros periódicos
estadounidenses de esta clase se centraba en un
personaje que era el "Yellow Kid",
el "muchacho amarillo"; en torno a lo
segundo se sostiene a) que es una denominación
que no se corresponde directa y específicamente
a la prensa sensacionalista sino a cualquier
producto periodístico cuya posición política
sea indefinida y oportunista, y b) que su
desempeño implica necesariamente, como rasgo
definitorio, la "invención de lo real"
que se informa, lo que estaría reñido en
esencia con la ética de la profesión
periodística.4
Sin intentar
dirimir estas cuestiones, lo que acá interesa es
trazar un perfil conceptual y descriptivo del
sensacionalismo como cultivador de la
desvergüenza, el desenfreno o el drama humano
que asombran.
José Martínez
de Sousa dice que sensacionalismo es la
"Tendencia de cierto tipo de periodismo a
publicar noticias sensacionales" y explica
que ella puede traducirse en una versión
"de fondo", en que las materias
presentadas "exploran las bajas pasiones y
los intereses menos nobles del público", y
otra "formal", que se funda en un
manejo llamativo de los elementos exteriores
deuna publicación (1981:473).
A su vez, el
Departamento de Comunicación Social del Consejo
Episcopal Latinoamericano señala que el
sensacionalismo es un "Periodismo poco
objetivo, que exagera con titulares, fotografías
o textos las noticias de escándalos, sucesos
sangrientos o morbosos y noticias de interés
humano" (1988:168).
Y Pedroso
señala lo siguiente: "El periodismo
sensacionalista es una actividad de
identificación y exacerbación del carácter
singular de los acontecimientos a través del
énfasis, incremento o sustracción de elementos
lingüísticos, visuales (sonoros) e
ideológicos, por medio de la repetición de
temáticas que contienen conceptos y valores que
se refieren a la violencia, la muerte y la
desigualdad social" (1994:146).
En otras
palabras, se puede afirmar que sensacionalismo
es la modalidad periodística (y discursiva por
tanto) que busca generar sensaciones no
raciocinios- con la información noticiosa,
tomando en consideración que una sensación es
una impresión que se produce en el ánimo de las
personas al impactar sus sentidos y sistema
nervioso con algún estímulo externo. Los fines
de tal modalidad son económico-comerciales o
económico-políticos.
El periodismo
sensacionalista se expresa fundamentalmente en
periódicos de formato tabloide hechos con un
diseño muy atractivo que combina los titulares
plenos (cubriendo la mayor parte de la primera
página), las fotografías e ilustraciones
sugerentes y el despliegue contrastante de
colores, pero además con la presentación de
relatos sobre personas, conductas o sucesos que
suponen transgresiones de la ley (crímenes,
robos, asaltos, etc.), de la moral aceptada
(violaciones, corrupción, etc.) o de la
normalidad esperada (accidentes, tragedias,
etc.). Lo que varía en los espacios de radio o
televisión sensacionalistas y lógicamente
por razones de la naturaleza de los medios
empleados- es que los elementos gráficos
estáticos son sustituidos por sus equivalentes
sonoros o audiovisuales que incluyen todas las
posibilidades y efectos que brindan los
"lenguajes" de los medios
electrónicos, así como están apoyados por la
inmediatez o simultaneidad de las transmisiones,
la narración desde el lugar de los hechos o los
testimonios en la voz e imagen de los
protagonistas.
La
fórmula del éxito: violencia + sexo
Lo que está en
la base del periodismo sensacionalista es la
finalidad común del lucro; ella es la que
determina todo su accionar y, por ello, resulta
poco fructífero pretender agotar el examen del
fenómeno desde una perspectiva moralizante.
Además, si el sensacionalismo vende es
precisamente porque muestra las contravenciones a
la moral social, aparte de que él mismo se
ofrece como una contravención al tiempo de ser
visto como una posibilidad de obrar o pensar en
oposición a lo socialmente establecido. Ahí
radica su "encanto".
El
"gancho" que utiliza no puede ser otro,
en consecuencia, que tratar narrativamente
aquello que mueva la curiosidad y las pasiones de
sus destinatarios. ¿Y qué más podría ser esto
sino la violencia, el sexo y la privacidad de los
otros, sean esos otros famosos o no?
"El
discurso sobre la violencia coincide así, pues,
con el discurso sobre el sexo. Los dos se juntan
en la prensa sensacionalista en torno a las tres
S (sexo, sangre, sensacionalismo),
siendo la muerte el colmo de lo inefable, la
tentación suprema de lo indecible" (Imbert,
1995:56).
En lo concreto,
el "menú" sensacionalista comprende
notas de crónica roja y develaciones de la
intimidad ajena, adosadas con una profusión de
fotografías o dibujos que exponen a los
personajes o las escenas sangrientas o
comprometidas de los hechos y con una pródiga
exhibición de cuerpos femeninos semidesnudos (y
a veces igualmente masculinos) en poses
provocativas. A ello suelen sumarse notas del
mundo de la farándula y el deporte aparte de
pasatiempos.
El
estilo sensacionalista
Un factor
determinante del sensacionalismo está dado por
su estilo narrativo, que implica tanto la
selección de los hechos que después
noticiabiliza como la construcción de los
mensajes que ofrece a sus lectores, oyentes o
telespectadores.
A diferencia del
periodismo tradicional, que trabaja con temas
generales, emplea un lenguaje sobrio y frío y
trata de ceñirse a la descripción de los hechos
o a la transcripción de los dichos, el
sensacionalista se alimenta de asuntos próximos
a la colectividad, extraídos de su cotidianidad
y por tanto de mayor realismo; su lenguaje es
coloquial y sencillo, a veces apela al
"coba" (código del hampa), a formas
expresivas de grupos poblacionales (como las
bandas juveniles) o a ciertos tecnicismos
policíacos. Trabaja así mismo con la ironía,
el humor negro, los adjetivos prejuiciosos y con
una presentación de los hechos y dichos que
busca convertir al destinatario en un testigo
imaginario, esto es, de transmitirle la vivencia
de cómo se habría sentido si hubiese estado
allí, viendo y/u oyendo lo narrado.
Por eso Imbert
afirma que el sensacionalismo puede ser entendido
como "visibilización excesiva de la
realidad y dramatización del relato, es decir,
exacerbación a la vez descriptiva y
narrativa" (1995:54).
A su vez,
Pedroso dice que "El tratamiento limitado al
carácter singular de la realidad desemboca en un
espacio discursivo que presenta acontecimientos
aislados y abre oportunidades a la reificación
de narrativas míticas y místicas acerca del
destino del pueblo y del individuo"
(1994:141).
Esa
reconstrucción detallista, espectacular,
novelesca y hasta de tinte cinematográfico hace
que los contenidos de las notas sensacionalistas
de las "historias" independientes
que cada una de éstas supone- envuelvan en su
atmósfera a los lectores, radiooyentes o
telespectadores, satisfagan las curiosidades de
éstos y adquieran una actualidad duradera,
que se explica porque a diferencia de los
materiales del periodismo formal no pierden
interés el mismo día de su publicación.
La
valoración noticiosa en el sensacionalismo
Como ya fue
dicho, el estilo sensacionalista conlleva un
proceso (y un procedimiento) de selección de lo
que se considera publicable. Esto significa que
los periodistas, editores o jefes y el director
de un diario o de un noticiario de igual
manera que en el periodismo "serio"-
evalúan los hechos para establecer, en función
de matrices de valoración que manejan las
empresas informativas y hacen parte de la
ideología profesional de los informadores, su
potencial noticioso, su noticiabilidad.5
Aparte de los
típicos parámetros de novedad, actualidad,
cercanía, importancia general o sectorial,
oportunidad, utilidad, conflicto o notoriedad, en
el periodismo sensacionalista se explotan las
categorías "interés humano" (léase
dramatismo y dolor que promueven la
identificación, la conmiseración) e
"impacto" (aquello que provoca
reacciones emocionales, lo más fuertes posible).
De la
combinación de esos factores, que son aplicados
a casos de asesinato, suicidio, asalto,
violación, vandalismo, agresión, pelea, robo,
uso de armas de fuego u otras, accidentes de
cualquier tipo, muertes naturales de personas
solitarias, hallazgo de cadáveres, secuestros,
intentos frustrados de robo o asesinato, abusos
de autoridad o romances escondidos o
"ilegales", entre otros, el
sensacionalismo logra el principal resultado
esperado: la captación de grandes audiencias.
Los
presuntos efectos
Si algo preocupa
allí donde opera el sensacionalismo es la
cuestión nunca resuelta del todo de sus
presuntos efectos en el incremento de las tasas
de violencia y criminalidad, en la incitación al
sexo descontrolado o, en contraste, en su
función educativa y ejemplarizadora (cuando
muestra las consecuencias de las conductas no
admitidas socialmente).
Esta
problemática remite de modo necesario a las
visiones teóricas que existen en torno a la
influencia de los medios masivos en general, las
que pueden ser sintetizadas en siete
fundamentales: la de la "aguja
hipodérmica", la de la influencia social,
la difusionista, la de usos y gratificaciones, la
del análisis del cultivo, la del establecimiento
de agenda y la de las mediaciones.6
La larga
discusión no siempre fundada en pruebas
experimentales que cruzó gran parte del siglo
que ya concluye se distinguió por una creciente
relativización del supuesto poder omnímodo de
los mass-media. Así, de la creencia inicial en
que los medios "inyectaban" su
influencia directamente a las mentes de los
receptores se ha pasado, por un matizado proceso
de reconocimiento de la complejidad de la
exposición de los individuos o grupos a los
medios y sus contenidos. De esa forma se fue
transitando hasta el momento actual en que se
piensa incluso en la dilución de los supuestos
efectos de los mensajes masivos dado que éstos
últimos no sólo que deben atravesar el
dinámico tamiz de lo sociocultural sino que son
normalmente resignificados por los receptores a
la luz de sus circunstancias contextuales, sus
experiencias y necesidades.
Planteado así
el problema, y en la medida en que la evidencia
empírica reunida es sumamente insuficiente, lo
que aparece cada vez más pertinente es la
consideración de que es indispensable examinar y
comprender una verdadera trama de condiciones de
diverso orden (sociales, psicológicas,
culturales o tecnológicas, p. ej.) para recién
emprender un estudio riguroso y fiable de los
posibles efectos de la información masiva, y
más aún de aquella caracterizada como sensacionalista.
________________
Fuentes consultadas:
BENETTI, Marcia (1994): "O
discurso sedutor a linguagem do jornal Notícias
Populares", en Comunicaçao &
Sociedade. Instituto Metodista de Ensino
Superior. Sao Paulo. Núm. 22, pp. 85-102
BENITO, Ángel (Dir., 1991): Diccionario de
Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Edic.
Paulinas. Madrid.
CERVANTES, Cecilia (1995): "Valores
noticiosos en el periodismo televisivo de nota
roja. Búsqueda articulada de indicadores
empíricos", en Comunicación y
Sociedad. Departamento de Estudios de
la Comunicación Social. Universidad de
Guadalajara. Guadalajara. Núms. 25-26, pp.
89-137
DE FLEUR, Melvin (1976): Teorías de la
comunicación masiva. Paidós Edit. Buenos
Aires.
EQUIPO DE REDACCIÓN PAL (1983): Diccionario
de Psicología. Edic. Mensajero.
Barcelona.
KRAUS, Sidney y DAVIS, Dennis (1991): Comunicación
masiva. Sus efectos en el comportamiento
político. Edit. Trillas, S.A.
México.
IMBERT, Gérard (1995): "La prensa frente al
desorden: representación de la violencia y
violencia de la representación en los medios de
comunicación", en Visiones de
Mundo. La sociedad de la comunicación. Universidad
de Lima. Lima. Pp. 53-68
LOZANO, José Carlos (1996): Teoría e
investigación de la comunicación de masas. Alhambra
Mexicana. México.
MARTÍNEZ DE SOUSA, José (1981): Diccionario
General del Periodismo. Paraninfo, S.A.
Madrid.
ORELLANA, Laura (1997): "Necrofilia visual:
análisis de contenido y receptores de La
Opinión de la Tarde", en Anuario
de investigación de la comunicación. Consejo
Nacional para la Enseñanza y la Investigación
de las Ciencias de la Comunicación. Guadalajara.
Pp. 127-150
PEDROSO, Rosa Nívea (1994): "Elementos para
una teoría del periodismo sensacionalista",
en Comunicación y Sociedad. Universidad
de Guadalajara. Guadalajara. Núm. 21. Agosto.
pp. 139-157.
_____
Notas:
1 Fue aproximadamente a
mediados del siglo XV que apareció este medio,
base del periódico, y se sabe que ya en 1582 fue
publicado en Francia un folleto en que se daba
cuenta de la ejecución en Alemania de un tal
Cristeman, quien estaba acusado de haber
asesinado a 964 personas. Ese, sin duda, fue un
informe precursor del sensacionalismo (Cfr.
Benetti, 1994:94).
2defendido en la Universidad Católica
Boliviana-La Paz en 1998. Se trata del trabajo de
Willy Padilla Monterde
3 Pedroso (1994) prefiere emplear el
adjetivo "populachero" para referirse a
este tipo de periodismo.
4 En estos criterios normativos, de
manera general, se incluyen el respeto a la
verdad noticiosa, la obtención de informes por
medios lícitos, la comprobación y
contrastación de los datos, la preservación en
secreto de las fuentes y de las confidencias, la
no manipulación propagandística o publicitaria
de la información, el respeto a la autoría
ajena, la corrección de errores, la apertura a
la réplica, la no discriminación de ningún
informante y la honestidad intelectual del
informador.
5 Cervantes define este concepto como
"la medida de la probabilidad que
acontecimientos o informaciones tienen de
convertirse en noticia" (1995:95).
6 Respecto de estos enfoques se puede
consultar De Fleur (1976), Kraus y Davis (1991) y
Lozano (1996).
* Erick
R. Torrico Villanueva dirige la maestría en Comunicación y
Desarrollo de la Unversidad Andina Simón Bolívar en La Paz, y presidente de la Asociación Boliviana de
Investigadores de la Comunicación. Es colaborador de Sala de Prensa..
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