¿Hacia
dónde va la prensa digital cubana?
Iván
Darias Alfonso *
Según
afirman algunos, la salida del primer medio de
prensa cubana en Internet debe situarse en el mes
de abril de 1997, cuando urgidos por una
coyuntura específica en la red se situó un
conjunto de páginas representativas del
periodismo cubano. A medida que ha pasado el
tiempo la presencia de estos medios ha aumentado,
pues ya no sólo se accede a los sitios
iniciadores de la experiencia, es decir,
periódicos nacionales, sino también a los de
cada provincia.
Más allá de la
supuesta variedad visual que lógicamente trae
aparejado el hecho de exhibir productos,
diferentes entre sí, lo más saludable de esta
aparición en Internet resulta la disponibilidad
de contenidos, o sea, información sobre el
país, concebida y difundida desde el propio
país.
La tecnología
ha irrumpido además con una serie de ventajas
colaterales que facilitan el probable estudio de
la prensa digital cubana como un sistema. De
hecho, ya no hay que esperar por las bondades del
correo tradicional para revisar y enterarse de
qué se informa, reflexiona y publica en
cualquier parte del territorio nacional. Basta
teclear una dirección url y se accede a
cualquier periódico provincial. Es notable
también que esta visibilidad ha contribuido a
comparaciones, cambios, adquisición de
experiencias, valoración analítica de los
contenidos, que parecían haber desaparecido de
los encuentros entre directivos y tomadores de
decisiones de la prensa.
Durante el 2001
se promovieron por todo el país talleres de
periodismo digital, derivados de la selección y
premio a los mejores sitios web de la prensa
escrita un año antes, en la segunda edición de
un evento como éste. Luego de dichos talleres y
de los cambios que puede hayan traído en la
concepción, diseño y estrategias de
posicionamiento de cada edición digital, se
supone la aparición de un objetivo final al que
debe tender la prensa cubana.
Sin embargo,
para que este logro implique una evolución
acertada, ha de superar varias cuestiones. Antes
de nombrarlas y explicarlas es bueno partir de
una sentencia necesaria: cada sitio web se define
como una edición más de cada medio de prensa, y
esta definición alude a que concuerdan ambas en
intereses, temáticas y en el hecho de reflejar
una realidad determinada.
Si se entiende
esta aseveración, se comprenderá mejor por qué
cada edición corresponde a un entorno
específico. No obstante, la posibilidad de
contar con lectores fuera de fronteras
provinciales, nacionales o regionales, ha venido
a ser un indicativo para valorar el impacto y
alcance de cada edición.
Conociendo este
factor resulta lógico asegurar que cada sitio
web de la prensa cubana debe ir hacia la
búsqueda y motivación de un número cada vez
más creciente de lectores que conozcan la
realidad de Cuba y la comparen con la que reciben
de otras fuentes, con tal de formarse criterios
propios y objetivos en torno a las diversas
temáticas que sean de su interés.
Para ello se
precisa de una estrategia centrada en tres
pilares fundamentales: qué información se va a
publicar, cómo se va a presentar de manera
textual y gráfica, y de qué aditamentos
informáticos se dispone para hacerla más
interactiva y atrayente. Cualquier primer
acercamiento necesita implementarse a partir de
los contenidos, es decir, la información más
pura, y en el caso que nos ocupa ¾ la prensa
cubana¾ es inevitable la asociación a los
productos comunicativos, léase trabajos
periodísticos.
Aunque han
pasado varios años desde que se diera a conocer,
todavía en círculos académicos se menciona el
estudio que sobre Internet promovió la
norteamericana Universidad de Stanford. Uno de
los resultados principales fue el referido a que
un gran por ciento de los encuestados prefirió
el contenido al diseño de los sitios web. Para
el estado actual de la prensa digital, la
adopción de este postulado no sería muy
desacertada que digamos.
Si partimos de
la gran demanda que existe hoy en la red acerca
de la información relativa a nuestro país,
todavía resta mucho para satisfacerla. Y es que
por lo general los sitios de la prensa cubana
aún no abarcan toda la realidad circundante, no
reflejan en su totalidad, posibilidad y matices
el acontecer local, provincial y, hasta en
ocasiones, nacional.
Quizás por esto
el análisis de las publicaciones en línea se
haya dirigido a cuestiones más relacionadas con
el diseño, los componentes visuales y gráficos,
y hacia elementos de softwares que han
intervenido en la concepción de las mismas, por
no hablar de los servicios típicos que pueden
derivarse del uso de tecnologías world wide web.
Está claro que tales principios intervienen en
la definición de un eficiente sitio web; sin
embargo, para la mejor imbricación de los
contenidos, el diseño y los requerimientos
informáticos, lo ideal sería una concepción
del trabajo sobre la base de etapas. Superar cada
una derivaría hacia el desarrollo y la solución
de los problemas y necesidades que se supone
aparecen en el camino; pero cualquier estrategia
debe superar como primer estadio la necesidad de
contar con el mayor volumen de información
atrayente.
La prensa
digital cubana carece, por lo general, de una
estrategia para su propio desarrollo, sustentada
en orientaciones precisas. Es cierto que cada
responsable de sitio web busca, a su modo, la
trascendencia, captar el mayor número de
visitantes; no obstante, los esfuerzos pueden
resultar no sólo aislados, sino también
estériles.
En los medios de
prensa tal parece que no se han resuelto de
manera armónica las diferencias que trajo en un
inicio el hecho de contar con dos ediciones: la
digital y la impresa. La tendencia ha ido hacia
una aparente independencia entre ambas, donde los
más perjudicados han sido los encargados de
actualizar cada versión diaria en Internet. En
la mayoría de los casos, persiste una estructura
en la que el equipo de dirección de los
periódicos tiene como tarea específica la
edición impresa; hacia ella, hacia los trabajos
que la llenarán se dirige toda rutina
productiva. En el mejor de los casos, un miembro
de la estructura directiva se ocupa de chequear
la labor del editor o webmaster, aunque no
se desvincula de la tarea fundamental, es decir,
del periódico impreso.
Por tanto, la
edición digital desaprovecha una estructura que
existe y funciona como encargada de organizar la
gestión editorial. Tal independencia de
funciones repercute negativamente en la
actualización de los sitios web, sobre todo en
los medios provinciales, donde en ocasiones, a
falta de una disponibilidad de materiales que
reflejen el diverso acontecer local, se prefiere
la inclusión de los trabajos enviados por las
agencias de noticias y los referidos a un tema de
alta intensidad y repercusión, pero generados en
la capital.
Esta aparente
facilidad de colocar informaciones nacionales
hasta ha motivado cierta idea de que la presencia
de los periódicos provinciales en Internet
aparece como el factor que eliminará las
distancias entre la capital y el resto del
territorio nacional. Semejante nivel de
competitividad pudiera resultar saludable si
contribuyera a un mayor número de visitas y
consultas; sin embargo, los antecedentes y la
tradicional estructura de regiones que no
es privativa de nuestro contexto conllevan
a que se prefiera un medio nacional para la
información del país en general, y otro medio
para los contenidos específicos. Por tanto, a
menos que ocurran cambios, siempre buscarán Granma
para conocer qué pasa en Cuba, y Escambray
para enterarse de la realidad de Sancti
Spíritus, máxime si en su promoción cada sitio
incluye como palabra clave el nombre de la
provincia.
Otro factor que
ha influido en esta estrategia salvadora de
incluir noticias y servicios especiales de
agencias de manera indiscriminada, es la pérdida
del hábito de trabajo diario en los
profesionales de la prensa. Una década de
salidas semanales representó indiscutiblemente
un cambio en el modo de concebir cada trabajo. Y
a ello no sólo ha contribuido el nuevo
procedimiento casi habitual de renunciar a la
elaboración de cada trabajo periodístico en el
día que ocurre el hecho noticioso para
redactarlo en una fecha más próxima al cierre
de la edición impresa, sino también la
cuestión siguiente: muchos periodistas que hoy
laboran en los medios no llegaron a conocer las
rutinas ni, por supuesto, las normas de las
tiradas diarias y los apremios por el cierre.
Ante tales
impedimentos cuesta convencer a quienes tienen a
su cargo realizar los productos comunicativos de
que existen personas interesadas en conocer cómo
se reflejan los diferentes sucesos y que no
esperarán por la salida del semanario donde
estos se relaten en pasado. Así se explica que
en ocasiones el flujo de materiales para la
edición digital tenga que explicarse apelando a
lo elemental, al trabajo periodístico en sí.
Una mayor
disponibilidad de contenidos para publicar es
directamente proporcional a la tenencia de un
equipo de profesionales de la prensa entrenados
en el reporte diario de acontecimientos y, por
supuesto, en la adaptación de cada trabajo
periodístico con el objetivo de satisfacer
necesidades que van más allá de los intereses
propios, los referentes culturales y el lógico
conocimiento de la realidad cubana que posee
cualquier lector local.
Pero es evidente
que el logro de estas premisas no resuelve todo
el problema de la actualización de los sitios,
aunque a la larga ayude bastante. Se precisa
además de una infraestructura tecnológica que
garantice la rapidez del proceso creativo y, por
qué no, que automatice la gestión editorial. Al
hablar de esto se supone el trabajo sobre la base
de redes informáticas y la presencia de un
número de computadoras suficiente, tanto para la
correcta utilización de cada máquina en
función de una actividad específica que no
recargue su empleo, como para la necesaria
retroalimentación.
No basta el
conocimiento de las estadísticas de un sitio
para percatarse de la validez y el impacto de un
material publicado en la red mundial, se necesita
asimismo que su autor conozca el modo en que su
materia prima pasó a formar parte del sitio web
para el cual también trabaja. De aquí se
infiere la consulta con conexión real y sin ella
a cada publicación digital. No es secreto que la
salida de los medios de prensa a Internet ha
puesto sobre la mesa una serie de deficiencias
con las que hoy se asume el trabajo de los
periódicos provinciales.
Las
estadísticas, por ejemplo, se convierten en una
herramienta en extremo valorativa de lo que se
publica, siempre que ofrezcan una verificación
mucho más amplia que el simple hit o
impacto. Contar con ellas, analizarlas, y sobre
este análisis proponerse cambios que
optimizarían las ediciones digitales sería lo
ideal. Y se utilizarían más a menudo si
hubieran existido en cada periódico equipos de
investigación que se ocuparan, como lo hacen las
máquinas en los sistemas de monitoreo de los
servidores web, de estudiar cuán efectivo es
cada semanario para la provincia cuya realidad
refleja y cuál es su nivel de recepción. Sin
embargo, el examen ha quedado en los resultados
de alguna que otra encuesta motivada por un
aniversario, la experiencia de los colegas de
más tiempo, su ego y el optimismo que propicia
la rápida venta de las ediciones en papel.
Debido a esto, la adopción de un sistema de
gestión editorial sustentado en el rigor
científico de las investigaciones, con
frecuencia se dificulta.
El rechazo a las
"cuestiones científicas" y la
glorificación del empirismo tampoco han
beneficiado a la prensa en su trayecto hacia una
mejoría tecnológica. Resulta inexplicable aún
que no se proyecte la gestión editorial sobre la
base de la incorporación de medios
informáticos, computadoras que, para su mejor
empleo, no se conciben si no están
interconectadas en red y operan según la
tecnología cliente-servidor. De igual modo no se
comprende la poca existencia de licenciados o
ingenieros en ciencias de la computación,
imprescindibles si se pretende que cada
periódico provincial disponga de bases de datos,
redes eficientes con sus respectivos
administradores y sitios web en cuya
construcción intervengan avanzados elementos de
programación.
¿Pero esta
necesidad es más real ahora cuando se advierten
los rigores tecnológicos que implica mantener
una edición digital? Por supuesto que no. Una
respuesta afirmativa rechazaría de plano la
informatización de los medios de prensa,
cuestión imperiosa en tiempos en que este
proceso se proyecta hacia toda la sociedad
cubana. ¿Acaso no existen softwares que
asumen la gestión editorial, que combinan más
de una interfaz y garantizan la confección de un
periódico desde que se redacta hasta que se
diseña y emplana? Claro, y son costosos y operan
en grandes redes informáticas sobre plataformas
McIntosh.
Adaptar uno de
estos sistemas sería prácticamente incosteable
para el país, sobre todo si se incluyera uno
para cada medio de prensa. Lo que sí se acepta
como incuestionable es la necesidad de ir hacia
un sistema quizás propio, quizás no tan
sofisticado; tal vez no se trate únicamente de
un software, pero que integre la edición
digital y la impresa, agilice las rutinas
productivas y garantice una mayor disponibilidad
de información para ambas.
No hay duda de
que superada esta etapa se podrá contar con un
volumen importante de contenidos en Internet, lo
que redundará en un mayor número de visitas,
consultas y referencias a cada edición digital.
Sin embargo, todo el esfuerzo no debe quedar
ahí, pues de seguro se impondrán
reconsideraciones de diseño, opciones de
interactividad, posicionamiento y registro en
buscadores, y servicios inherentes a la
tecnología www.
Entonces los
periódicos cubanos en la red mundial serán
factibles de estudiarse y analizarse como un
sistema, como un conjunto de sitios y páginas
web destinados a difundir la realidad de Cuba
desde cada porción del territorio nacional. A
partir de ese momento también resultará más
viable cualquier proyección hacia el desarrollo,
hacia un determinado objetivo posible y
definible, un objetivo que hoy se supone, hasta
se comprende, mas no se advierte.
Curiosamente, en
la mayoría de los sitios hay un espacio donde se
agrupan los hipervínculos de las ediciones
digitales cubanas. Esta voluntad de unión parece
ser el mejor antídoto contra la aparente
dispersión que supone su estado actual,
dispersión que desaparecerá en la medida en que
se asuma que no basta salir a Internet con un por
ciento limitado de información, cuando se
entienda que la voluntad por llevar adelante
cualquier proyecto de publicación on-line
parte del aprovechamiento de las estructuras y
las rutinas de las ediciones impresas, y que
requiere de una inversión tecnológica. Sólo
entonces se podrá prever el camino hacia el que
transitará la prensa digital cubana.
* Iván
Darias Alfonso es
periodista, coordina la edición digital del
periódico Vanguardia
de Santa Clara, Villa
Clara, Cuba. Esta es su rpimera colaboración
para Sala
de Prensa.
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