Prólogo de Explorando
el ciberperiodismo iberoamericano
¿Y ahora qué?
Francis
Pisani *
Los
relatos que constituyen este libro (Explorando el
ciberperiodismo iberoamericano, N. de la R.) cuentan las aventuras
de un puñado de ciberperiodistas quienes han
sabido entender las oportunidades de las
tecnologías de la información e imponer que se
adopten. Hacía falta inteligencia y valentía,
además de un dedo de locura sin la cual nada
grande se hace. Lo hicieron.
El drama es que
si bien ya ganaron la batalla aun no han ganado
la guerra. Queda mucho por hacer para que más
periodistas tengan acceso a la red, y para que
todos la usemos mejor. El valor profundo de sus
testimonios no radica solamente en lo que cuentan
de lo que ellos mismos hicieron. Son preciosos
porque dicen que sí se puede y porque abren la
puerta sobre nuevos retos: todo lo que queda por
hacer.
Usar la red,
publicar en la red, son todavía objetivos
lejanos para algunos de nosotros. La red, sin
embargo, es, tiene que ser, algo más que un
objetivo. Es un medio, y una vez que tenemos
acceso a ella y la podemos utilizar, la pregunta
es: ¿cómo hacerlo? O, dicho más brutalmente:
¿y ahora qué?
Una
consideración se perfila cada vez con mayor
claridad: tratar de trasladar el periodismo de
siempre a la red nos condena al fracaso. Peor
aún, le quita todo el sentido a la aventura de
nuestros compañeros. No tomaron los riesgos que
tomaron para que todos sigamos haciendo las cosas
de la misma manera.
¿Y ahora qué?
Con el afán de contribuir a que encontremos
respuestas, trataré de analizar las
implicaciones de cuatro preguntas más precisas:
¿Cuál periodismo? ¿Cuál escritura? ¿Cuál
interactividad? ¿Cuál modelo económico?
¿Cuál periodismo?
Antes de entrar
en los aspectos más concretos de la manera en
que la red transforma la profesión
periodística, vale detenerse brevemente en un
aspecto esencial y en esencia ignorado: el exceso
de información.
En la época
justo anterior a la nuestra pero todavía
vigente, el principal problema para el
periodista era dar a conocer al público aquello
que las autoridades públicas y privadas querían
guardar en secreto ("todo lo demás es
publicidad" como dijera un precursor).
Mientras más podíamos publicar, mejor. El mayor
periódico de Estados Unidos, The New York
Times, se vanagloria de presentar "All
the news that's fit to print".
El mundo cambia,
sin embargo. Hemos pasado, sin que los
periodistas nos hayamos dado cuenta, de una
sociedad carente de información a sociedades
conectadas, en las que la información sobra. Hay
tanta que pierde sentido y utilidad.
El drama con la
red es que si bien no crea el problema, lo
agrava. Hay más fuentes de información, y ya no
tenemos acceso nada más al periódico, la radio
o la televisora de nuestra localidad sino a
decenas, centenares de medios de nuestro país o
del resto del mundo. Lo peor pero sólo en
ese sentido es que todos los internautas
somos fuentes de información, tenemos la
capacidad de contribuir al flujo y aumentar su
caudal.
La red es un
factor fundamental en la famosa sobrecarga de
información (information overload).1 Muy pocos quieren
abordar el problema con seriedad. Sin embargo, no
debemos perderlo de vista.
No hay solución
fácil, pues todavía es necesario publicar eso
que los poderes privados y públicos quieren
guardar en secreto. Pero en un momento en que los
medios a nuestro alcance modifican el ejercicio
de nuestra profesión, vale la pena guardar en
mente este problema de la sobreabundancia
informativa. Más abajo veremos cómo es posible
escribir para la red teniendo en cuenta esta
dimensión.
La primera
señal del exceso de información es la
multiplicación de las fuentes.
Hemos crecido en
un mundo en donde la información pública nos es
dada por los periodistas que trabajan en los
medios de comunicación masiva. A veces escogen
los temas o los ángulos, otras veces reportan lo
dicho por las autoridades gubernamentales,
políticas, empresariales y en el mejor de
los casos la sociedad civil. Pero toda
noticia pública pasa por su filtro.
Esta situación
ya quedó atrás por dos razones: la primera es
que la Coca Cola, el Pentágono, los zapatistas y
la Coparmex tienen su sitio, y cualquier usuario
puede encontrar en él la posición oficial de
dicho organismo o grupo.
La segunda es
que la actividad preferida de los internautas es
comunicarse entre sí. Una joven mexicana
estudiante de derecho en Veracruz puede dialogar
con un palestino o un israelí. Tiene acceso
directo a los autores y puede difundir lo que
ellos le comunican.
El tema se ha
discutido desde el inicio de la web, pero está
alcanzando proporciones insospechadas. Esto
sucede, por ejemplo, con el florecimiento de
sitios en donde la información no proviene de
medios tradicionales. Así sucede con ciertas
organizaciones no gubernamentales, que realizan
un trabajo serio en un área bien conocida para
ellas, que va desde el seguimiento de las crisis
internacionales (CrisisWeb)2 hasta el sida
(Aegis.org)3 o el medio ambiente
(Scorecard.org).4
Sin embargo,
ciertos medios, entre ellos el Washington Post,
miran a las ONGs con desconfianza y rehusan
citarlas. El argumento esgrimido es que no es
posible estar seguro de qué tan precisa (accurate)
es su información.
La segunda
categoría es la de los sitios en donde los
usuarios publican directamente información y
comentarios. El más conocido entre ellos es
Slashdot.org, sitio insignia de los tecnófilos.5 Pero el modelo se
disemina hacia la información general
(Plastic.com)6 y tiende a introducirse
en otros terrenos, como el de las newsletters7 o el de los consejos a
consumidores, por ejemplo con Epinions.com.8
Dicho contexto
da pie a ciertas interrogaciones existenciales.
Es así que, durante un taller organizado por la
escuela de periodismo de la Universidad de
California en Berkeley en abril del 2001, los
participantes fueron invitados a externar sus
certidumbres y sus dudas, ambas reveladoras.
Al ámbito de
las primeras pertenece el hecho de que las
empresas de noticias se asemejan cada vez más al
resto de las empresas. El antiguo periodista Nick
Denton, presidente del sitio de "indexación
de noticias" Moreover, propone prescindir de
los editores para convertir a los medios en bases
de datos equipadas con un motor de búsqueda.9 "El valor
económico no está en el contenido",
afirma, "se encuentra en el hecho de
permitir que la gente ahorre tiempo".
La lista es
larga: el papel de los periodistas irá
decreciendo; la información será cada vez más
fragmentada; la demanda de interactividad
aumentará, así como el intercambio de
información entre usuarios.
¿Cómo no
formular preguntas con un panorama así? La
primera consiste sencillamente en preguntarse
qué sobrevivirá de la voz de los periodistas.
¿Cuál es el futuro del periodismo? Katherine
Fulton, fundadora de The Independent, uno
de los semanarios independientes más
interesantes de Estados Unidos, convertida en
consultora para distintas compañías de medio,
lo dice de esta forma: "la arrogancia de los
periodistas, que creen ser los únicos capaces de
encontrar la información y de escribir de manera
creíble, acabará por hundirnos".
Las
incertidumbres tienen el mérito, como ha
señalado Fulton, de definir los campos en los
que es posible ejercer cierta influencia: ¿cómo
integrar en la producción de información a las
comunidades a las cuales se dirigen los medios
tradicionales? ¿Cómo ayudar a los usuarios a
interesarse por lo que sucede en el mundo, más
allá de sus círculos de intereses inmediatos?
¿Qué modelo económico permite a las empresas
de información funcionar en este universo de los
nuevos medios?
Lo que más se
resiste a los cuestionamientos, sin embargo, es
el meollo mismo de la actividad periodística. Se
ha hablado mucho de multimedia y del interés de
crear sitios web capaces de remitir a los
usuarios a los soportes tradicionales, que sí
ganan dinero. Pero la gente se niega a meterle
mano al artículo (the story) y al arte de
narrar (storytelling). No obstante, en un
universo de comunicaciones caracterizado por el
exceso de información, resulta urgente
preguntarse si los narradores y sus historias
siguen siendo la mejor manera de darle sentido al
extraño y complejo mundo que nos rodea.
¿Cuál escritura? ¿Cuál
nota?
La resistencia
manifestada frente a la definición de qué es
una fuente aceptable de noticias y, a fin de
cuentas, de qué es un/a periodista no es nada
comparada con la negación casi total frente a
los cambios en la naturaleza de la nota.
Internet es un
medio aparte, distinto del impreso. Pero medios
de comunicación y periodistas siguen editando y
publicando notas escritas para otro medio como si
no hubiera diferencia entre el papel y la
pantalla.
La justicia, por
lo menos, sí ha hecho caso de la diferencia. En
un fallo rendido el 11 de julio del 2001, el juez
Sydney Stein de Nueva York determinó que las
casas editoras no tienen automáticamente el
derecho a publicar en la red los libros
adquiridos para su edición en papel. Stein
reconoce que el medio electrónico posee
características "las señales
electrónicas enviadas por Internet"
que lo distinguen de "las palabras impresas
en papel".10
A la luz de este
fallo, resulta fascinante echar un vistazo a un
par de estudios realizados sobre la lectura de
periódicos en la red. El más conocido corrió a
cargo de la Universidad de Stanford y el
Instituto Poynter, y fue publicado el 3 de mayo
del 2000.11
Conclusión
chocante desde la perspectiva del multimedia: lo
que atrae al usuario es el texto. El estudio se
dedicó a seguir los movimientos oculares de un
grupo de usuarios, y halló que el lector de
noticias en la red empieza mirando los elementos
textuales que encuentra en la pantalla, y sólo
después regresa a las imágenes.
Al comparar
dicho estudio con otro realizado por el mismo
Instituto Poynter diez años atrás, los autores
explican que:
"los
lectores de periódicos impresos miran
primero el elemento gráfico principal de la
página, y enseguida desplazan sus ojos hacia
el titular más grande de la misma. El
estudio Stanford-Poynter de lectura en línea
encontró que los usuarios con frecuencia se
fijan primero en los resúmenes de noticias o
en los títulos".
Una
investigación anterior, realizada en 1997 por
Jakob Nielsen, llegaba a conclusiones similares.12 Nielsen había
descubierto asimismo la primacía del texto, algo
que debe llamar la atención. Pero añadía una
observación fundamental: "La gente rara vez
lee una página web palabra por palabra; más
bien la recorre con la vista (scan), y se
detiene en palabras y frases individuales".
Un texto que se
puede "recorrer" con la mirada debe
tener ciertas características:
- Títulos y
subtítulos explicativos, más que
divertidos o "inteligentes".
- La nota
debe empezar por la conclusión, para que
el lector sepa rápidamente qué le
deparará la lectura.
- Son útiles
las listas de puntos (bullet points;
o sea, una lista como ésta) destacados
con claridad.
- Los
artículos deben ser cortos.
- El uso de
enlaces hacia páginas adicionales ofrece
mayor profundidad y no afecta la
legibilidad.
- Los enlaces
hacia sitios exteriores brindan
credibilidad.
Al aplicar todos
esos criterios, Nielsen obtuvo mejorías
significativas en la legibilidad del texto, las
cuales cifraba en un 159%.
La existencia de
estos estudios, que han recibido cierta
atención, lleva a preguntarse por qué los
medios electrónicos siguen ofreciendo notas que
pocas veces cumplen con estos requisitos.
Los medios que
sólo publican en la red no tienen más
justificación que la pereza que nos caracteriza
a los periodistas en general (es difícil cambiar
de costumbres). Los diarios tradicionales que
ponen su contenido en línea pueden invocar el
hecho de que la red, por ahora, no trae ganancias
visibles. Por tanto, ningún trabajo adicional se
justifica.
Hoy por hoy,
dicho argumento es fuerte por dos razones: en la
mayoría de los casos, el contenido es
enteramente gratis; y la publicidad en su forma
actual reditúa poco. Pero las formas
publicitarias específicamente concebidas para la
red están mejorando, y la introducción de
material de paga en al menos una parte del sitio
es hoy día casi inevitable.
Notas redactas
con los criterios mencionados podrían aumentar
las ganancias por publicidad, así como llevar a
los usuarios a utilizar más secciones que
cuesten (archivos, por ejemplo).
No se le ha
dedicado suficiente atención a la manera en que
escribimos las notas para publicación en la red,
cuando éstas son el vehículo principal de la
información. Las cosas deberán cambiar algún
día. Pronto.
Más allá de la realidad
virtual: la inmersipresencia
Es una tendencia
común, cuando se habla de la novedad que
representa Internet como medio de comunicación,
referirse al multimedia, a la capacidad de
integrar imágenes, sonido y texto en un mismo
espacio virtual. Requiere de una formación nueva
y de prácticas profesionales muy distintas a las
que hemos aprendido en las escuelas de periodismo
o en las salas de redacción.
La verdad es que
por ahora algunos sitios, no muchos, permiten
acceder tanto a texto como a archivos de video o
de sonido, pero no han sido capaces de mostrar un
verdadero producto multimedia. Lo cual no
sorprende si aceptamos que no está cambiando la
forma en que se escribe.
Inventar una
retórica de la expresión multimedia es urgente
e indispensable, pero si uno está dispuesto a
tomar una distancia mínima para tener cierta
perspectiva, se dará cuenta que el multimedia
está en una fase transitoria.
El multimedia es
algo todavía naciente. Revoluciones mucho más
profundas están en camino y la que más retos
supondrá de todas ellas podría ser la
introducción de las tecnologías de inmersión.
La realidad
virtual y sus promesas de un mundo mejor son
fascinantes, naturalmente. Pero la paradoja
reside en el hecho de que, de entrada, es
necesario crear representaciones plausibles del
mundo real. Los avances en este rubro son
importantes.
Las
"tecnologías de inmersión" son un
conjunto de simulaciones que permiten integrar
digitalmente diversas reconstituciones
sensoriales y terminan por hacer creer que uno se
sumerge del todo en un mundo virtual.
En el mes de
junio del 2001, el Museo Nacional de Historia
Natural Smithsonian, de Washington, empezó a
ofrecer una "cine de inmersión". La
tecnología, desarrollada por una empresa
canadiense, involucra pantallas gigantes en las
cuales se proyectan imágenes 3D, y cuentan con
sonido circundante capaz de hacer temblar los
asientos. Los chavos que asisten pueden influir
en el desarrollo del guión, gracias a consolas
instaladas al lado de su asiento.
De manera casi
simultánea, en el Hospital Mount Sinai de Nueva
York, tal y como sucede cada verano, unos
jóvenes médicos daban sus primeros pasos con
pacientes reales, que hacen las veces en cierta
medida de conejillos de Indias. Pero los
estadounidenses, que calculan en 100 mil el
número de muertes anuales debidas a errores
médicos, están intentando reducir los riesgos
valiéndose de la simulación.
Una computadora
ultra poderosa conectada a un maniquí de
plástico permite ejercitarse en la realización
de una broncoscopía con muestreo de tejido
pulmonar.13 Se trata de una
operación delicada, que requiere introducir por
la nariz un tubo equipado con lámpara, cámara y
pinza. La tecnología desarrollada por la
compañía Inmersion es tan real que cuando el
aparato toma el camino equivocado y se topa con
la epiglotis del maniquí, es repelido. Al
contacto con una cuerda vocal, el
"paciente" tose. "La fidelidad es
tan grande que uno tiene la sensación de la vida
real", declaró el doctor Adam Levine,
responsable de formación en el Mount Sinai, al
diario USA Today.14
Los avances de
la "ciencia del tacto" (haptics
en inglés) ya están al alcance de la mano, si
podemos decirlo así, bajo la forma de volantes
para juegos electrónicos automovilísticos que
ofrecen resistencia en la curvas y saltan con el
menor bache.
Jaron Lanier,
inventor del concepto de realidad virtual,
realiza desde fines del año 2000 experimentos de
presencia remota en los que comparte una oficina
con un colaborador situado a varios cientos de
kilómetros de distancia. El Integrated Media
Systems Center (IMSC) de la Universidad el Sur de
California, Los Ángeles, desarrolla tecnologías
para sumergirse en lugares virtuales: a esto le
llama "inmersipresencia".15 O sea, una situación en
la que "el entorno real se verá sumergido
en el entorno remoto".
Los
investigadores están convencidos de que dentro
de 10 años los consumidores podrán hacerle
preguntas a una representación verosímil de un
vendedor en la sala de su casa, y dentro de 15
podrán "tocar" virtualmente el objeto
de sus deseos.
Las aplicaciones
potenciales son considerables: además de las
médicas están las militares, que ya se
implementan. La formación a distancia podría
verse transformada.
El periodismo
podría ser un posible beneficiario, por ejemplo
cuando le sea posible presenciar "desde la
cancha" un partido de fútbol. Y los
ciudadanos podrían encontrarse en "el
corazón" de una manifestación pública
cuyos participantes serían todos avatares,
invitados a desplazarse libremente por la
alfombra del comedor o, en menor escala, en la
misma superficie de la mesa.16
Todo esto
resulta a una revolución de la esencia del
reportaje: en vez de que el periodista vaya al
lugar de los hechos y los reporte para su
público, las tecnologías de inmersión le
permitirán llevar el público directamente al
lugar de los hechos cuando éstos acontecen, y
con una representación lo bastante verosímil
como para que se consideren parte del evento.
¿Cuál interactividad?
Una de las
palabras "mágicas" que, sin pensar
mucho, utilizamos a propósito de Internet es
"interactividad". De hecho, la palabra
se refiere tanto a la posibilidad de responder a
las preguntas programadas que nos hace una
computadora como a la facultad que nos es dada de
alterar el desarrollo de una historia.
El problema para
los periodistas es que, junto a la facilidad de
lectura que es menester introducir en las
historias que publicamos en la red, deberíamos
entender la interactividad antes que nada como un
nuevo tipo de relación con nuestro público.
Curiosamente, la
lección parece haber sido entendida ya por buena
parte de los periódicos de EE UU, según revela
una encuesta publicada en julio del 2001 y
realizada por el Pew Center for Civic Journalism,
que interrogó a 512 diarios estadounidenses cuya
distribución supera los 20 mil ejemplares.17
Según el 70% de
ellos, la principal diferencia entre la web y los
medios publicados sobre papel radica en la
"interactividad" que es necesario
establecer, en el sitio Internet, entre los
lectores-internautas y los encargados de la
redacción.
El 63% de estos
editores de prensa asegura que ya incluye la
dirección-el de los autores de los artículos
publicados en línea (el 51% incluye asimismo el
número telefónico profesional de dichos
periodistas, situado al final de cada artículo
publicado en papel). Y se proponen ir más lejos,
al dejar que los lectores sugieran ideas de notas
o participen con información recopilada por su
cuenta. Algunos ya han hecho participar a
periodistas especializados en ciertos temas para
animar debates con los lectores-internautas.
Los avances son
a la vez lentos y notables. Vale dejar que
nuestras lectoras escojan el tamaño de una nota,
el enfoque que más les conviene, o permitirles
acceder a los apuntes tomados mientras
realizábamos el reportaje. El problema central
es que no podemos pretender tener el monopolio de
la palabra. También debemos dejar que el
público participe más de lleno en la
producción de las noticias y los comentarios,
como lo hacen Slashdot.org para la tecnología y
Plastic.com con la actualidad político-cultural.
Las bitácoras-el
Las
bitácoras-el merecen una atención particular
por parte de los periodistas.
Después del
correo electrónico (correo-el) y las
mensajerías instantáneas, los usuarios de la
red están adoptando una nueva forma de
expresión que aprovecha cabalmente las nuevas
tecnologías para comunicarse a partir de
sensibilidades compartidas. En inglés ésta se
llama weblog o blog (de Web-based
log). La llamaremos bitácoras-el.
Según el caso,
los blogs son diarios íntimos, registros,
bitácoras o una mezcla de todo lo anterior, que
los interesados escriben día con día
incluso hora con hora y que publican
de forma instantánea y automática gracias a
programas especiales.
Las primeras
versiones se remontan varios años atrás. Dave
Winer, programador y desarrollador de una de las
aplicaciones más utilizadas (Manila),18 publica el suyo desde el
7 de octubre de 1994 (los archivos pueden ser
consultados).19 El e-journal
(diario-el) de Dan Gillmor, cronista estelar del San
Jose Mercury News, se encuentra en línea
desde octubre de 1999.20
El fenómeno
nació en los medios tecnófilos, pero va ganando
terreno en otros ámbitos, en particular en el de
la vida cultural y política. Esto se debe a que,
así como pueden ser diarios íntimos (o escritos
salpicados de consideraciones muy personales),
los blogs sirven muchas veces de guía en
el ciberespacio. Entrañan una manera de
clasificar la información existente, a la cual
remiten mediante enlaces hipertextuales. Gilmor o
Winer, por ejemplo, destacan lo interesante o
problemático que han encontrado en la red e
incluyen siempre las ligas que permiten a sus
lectores verificar por su cuenta lo relatado.
De ello se
desprenden dos características fundamentales,
que explican buena parte del éxito de los blogs:
en el mejor de los casos, permiten que
profesionales o amateurs ilustrados compartan con
el público sus pasiones y conocimientos. Los
mejores no tienen dificultad para encontrar un
público atento. Y como casi siempre invitan a
los usuarios a responder, a discutir entre sí,
alientan la comunicación horizontal (al igual
que el correo-el y las mensajerías
instantáneas).
La cantidad de blogs
registrados rondaba los 150 mil a mediados del
2001.21 Conforme sigan
proliferando, el debate sobre su significado y
valor subirá de tono. Un buen ejemplo lo
ofreció la publicación, en noviembre del 2000,
de un artículo muy ácido sobre el tema en el
influyente New Yorker.22 El autor experimentaba
un malicioso placer al burlarse de la tendencia
bastante generalizada de narrar problemas
personales de escaso interés.
Es evidente que
al dar la palabra a todo el mundo, todos los
días e incluso todas las horas, se contribuye de
forma dramática al exceso de información que
nos aqueja. Y lo peor, por supuesto, es que hay
mucha más escoria que joyas.
Todavía se
está buscando la forma ideal, en la
intersección entre lo íntimo y lo público. Las
personas pueden encontrarse a partir de sus
afinidades. Dar con un blog atractivo es
una bendición, ya que sirve de puerta de acceso
a información valiosa que ni las redacciones de
los periódicos ni los motores de búsqueda saben
hallar. Los blogs útiles son una suerte
de mini Yahoo (clasificación de datos realizada
por seres humanos), cuyo campo es definido por la
personalidad de quien escribe.
También pueden
ser aprovechados por las empresas. Así lo
entiende Idéactif, una empresa canadiense de
Internet que invita a sus empleados a verter
diariamente sus hallazgos en blogs para
que los clientes puedan consultarlos.23 Es un primer
acercamiento a una herramienta de gestión del
conocimiento.
Los periodistas
comienzan a practicar el blog como un
medio de expresión más libre, que complementa
sus artículos tradicionales. Además de Dan
Gillmor, un caso en el ámbito de la cultura y la
política es el de "Catherine's
pita".24 Si logran conservar el
rigor profesional al que están acostumbrados y
añadir un cierto tono y puntos de interés más
personales, podrían perfilar con los blogs
una parte sustanciosa del nuevo periodismo que
precisa la red.
Dan Gillmor
merece probablemente una mención aparte, ya que
fue el primer periodista en publicar su bitácora
en el sitio de su periódico en la red, y por que
dicho periódico, el San José Mercury News,
pertenece a una de las mayores cadenas de Estados
Unidos, la Knight-Ridder.
Llama la
atención su idea del periodismo como
conversación o seminario (y ya no como
cátedra). El concepto viene del Manifiesto
Cluetrain.25
La idea, para
cualquier periodista que adopte este modo de
pensamiento, es pasar de la relación formal que
los medios tradicionales mantienen con sus
lectores a una relación en la cual todos
participan de manera más activa.
Uno de los
problemas es cómo mantener la calidad
periodística a la cual han permitido llegar las
formas tradicionales. Esto nos lleva a otra
pregunta, no menos importante: ¿dónde se puede
refugiar el periodismo de calidad en la web?
Conclusión
posible para cualquier internauta honesto: no hay
diferencia de calidad entre medios tradicionales
y la red. Pueden ser igualmente malos o buenos. Y
la presión de la comercialización se deja
sentir en todas partes.
Ahora bien, la
web permite (gracias a sus bajos costos) el
florecimiento de nuevas expresiones de calidad
periodística que no pasan por los medios
tradicionales. Pueden ir desde sitios
comunitarios locales, como es el caso de Betty
Buginas y su El Cerrito Wire,26 hasta periodistas
vueltos convertidos en bloggers, como Paul
Andrews y su Hypodermia.27
Algunos siguen
dudando de que un "diario", una
bitácora, pueda ser periodismo. Laurie
Kretchmar, por ejemplo, quien participó a la
creación de Women.com, estima que "el
periodismo es: historias reales sobre gente
real".28
De lo anterior
podemos desprender tres preguntas:
- ¿Cómo
sería una bitácora lo bastante personal
como para conservar la frescura y lo
bastante profesional como para ser un
producto que inspire confianza en los
lectores?
- ¿Cómo se
pueden alimentar mutuamente el weblog,
el trabajo periodístico y la
participación de los usuarios?
- ¿Cómo
proceder para que las bitácoras de los
periodistas no sean un vehículo más
para que quienes ya tienen la palabra se
expresen con mayor soltura, en vez de ser
una invitación real a una participación
más intensa y generalizada de los
internautas?
¿Cuál modelo económico?
De la misma
manera que hace falta encontrar una forma de
expresión, una retórica adecuada al nuevo medio
que es la red, es preciso inventar un nuevo
modelo económico para que quienes publican
contenido en ella logren sobrevivir y prosperar.
Lo nuevo para
los periodistas es que el modelo económico los
involucra directamente. En una empresa de medios
tradicionales, no hace falta saber mucho del teje
y maneje financiero de la misma. A la mayoría de
nosotros nos basta con saber que hay una
separación entre "Iglesia" y
"Estado", como dicen en Estados Unidos,
y recibir el salario prometido.
El cambio
radical en la red es que las ganancias pueden
depender ya no del éxito de un paquete de
información como un periódico, una
revista o un programa de televisión o
radio sino de las notas individuales. Si
las notas se venden una por una, como sucederá
con el mecanismo de los micro o nanopagos, quien
no venda corre el riesgo de ser eliminado y quien
venda bien gozará de una extraordinaria
posición de fuerza en el seno de la redacción
y/o la empresa. Ya existían las personalidades
destacadas, las vedettes en el mundo de
ayer, pero siempre se lucían desde una postura
de cierta imprecisión y todos los demás se
fundían en el gris confortable del conjunto del
equipo editorial. Esto ya quedó en el pasado y,
por ello, resulta fundamental conocer y entender
los modelos económicos.
Otro factor
contribuye a esta evolución: los equipos que
dirigen sitios web se han constituido de manera
distinta a lo que es común en los medios
tradicionales. Con cierta frecuencia, los
fundadores son periodistas que han entendido el
poder y la potencialidad de la red antes que los
altos ejecutivos de la empresa en la cual
trabajan. Por ello se ven propulsados hacia los
sillones directivos. El fenómeno es más nítido
aún con las publicaciones que sólo existen en
la web. La cultura que se va imponiendo es una
cultura con diferencias menos marcadas y
jerarquías más discretas, y en la cual el
intercambio y la comunicación horizontal son
mucho más valorados.
Al escribir
estas líneas durante los primeros días de
agosto de 2001, tres cosas quedan claras:
- El primer
modelo de contenido gratis, pagado por la
publicidad, ha fracasado.
- Los medios
están buscando y empiezan a practicar
alguna fórmula de cobro para el
contenido en línea.
- En un
futuro no muy lejano, una buena parte del
contenido dejará de ser gratis pero la
mayoría de los sitios utilizará
fórmulas mixtas.
Ahora revisemos
las cosas con mayor detalle.
¿Pagar o no pagar? ¿Cobrar o
no cobrar? (o viceversa)
Lo único cierto
en la situación de crisis que atraviesan los
medios de comunicación a mediados del 2001 es
que muchas empresas van a intentar cobrar por el
contenido (o parte de él) que publican en la
red.
La caída de los
presupuestos publicitarios desde el último
trimestre del 2000 explica la decisión pero, en
el fondo, el motivo es tan sencillo que pudo ser
resumido en una sola pregunta, que de hecho es el
título de un ensayo de Richard Kaser, director
ejecutivo de la National Federation of
Abstracting & Information Services: If
information wants to be free... then who is going
to pay for it? Kaser retoma el lema popular
en la red que dice que "la información
quiere ser libre/gratis" (en inglés free
designa ambas cualidades) pero añade
"...¿quién entonces va a pagar por
ella?".29
El fracaso de
los banners no significa el fracaso de la
publicidad en línea. Nuevas fórmulas y nuevos
criterios han aparecido, y muchos analistas
esperan un rebote en el 2002. Un pronóstico
alentador que sin embargo no basta; lleva a
formular el interrogante de manera un poco
diferente: ¿quién pagará la diferencia?
Nadie pagará
por un contenido que puede conseguir sin costo
con un clic o dos, y no resulta tan fácil
publicar el contenido por el cual la gente sí
está dispuesta a proporcionar su tarjeta de
crédito en un universo donde la información
sobra.
Los dos casos de
mayor éxito son el Wall Street Journal 30 y Consumer Reports.31 Las informaciones del
WSJ tienen un valor económico inmediato para
gente con recursos. Consumer Reports, por su
parte, es una organización sin fines de lucro,
que no incluye publicidad por considerar que le
impediría dar la información independiente que
constituye su fuerza. Ha explicado con toda
claridad que si los usuarios no pagaran, no
podría estar presente en la web.
La dificultad de
fondo es la convicción dominante entre los
usuarios de que la información debe ser gratis.
Kaser califica la afirmación sobre el contenido
gratis de mito, y se pregunta si es posible
sostenerla. Es probable que no. Lo difícil es
empezar a cobrar.
Así ven las
cosas las empresas. Pero nosotros los periodistas
tenemos un reto muy difícil por delante: aceptar
que nuestras notas (las que tanto nos cuestan) no
valen tanto. Nos pagan para ponerlas en un
periódico (por ejemplo), y el conjunto ha
demostrado tener cierto valor. Pero si tomamos
cada nota por separado, ¿cuánto vale un
artículo sobre la quiebra de una empresa, un
grave accidente de ferrocarril o un partido de
fútbol, cuando la red tiene decenas de notas
casi tan buenas sobre el mismo tema? La respuesta
es sencilla: unos centavitos. No más.
¿De micropagos a nanopagos?
Entre las
múltiples soluciones propuestas para financiar
la publicación de contenido en la red, los
micropagos pagos inferiores a 10
dólares merecen una atención especial.
La expresión
fue acuñada por Ted Nelson, quien propuso, entre
otros conceptos exitosos, hipertexto e hipermedia.
Parte de una idea sencilla: como la red permite
alcanzar a auditorios considerables, y como en
Internet el costo de reproducción casi es de
cero, el contenido (ya sea artículos de diario,
anuncios o piezas musicales) puede venderse por
unos centavos. Un artículo de un periódico
cuesta hoy en día entre dos y tres dólares.
Los micropagos
no funcionan y nunca funcionarán, dice en
esencia Clay Shirky, una de las autoridades cada
vez más prestigiosas en cuestiones Internet.
Shirky es a la vez profesor en la Universidad del
Estado de Nueva York y socio de una importante
empresa de inversiones, que se interesa de cerca
en la arquitectura P2P (peer-to-peer,
entre pares) y en las oportunidades que ésta
entraña para el mundo de los negocios.
Su argumento
principal, expuesto en un ensayo titulado
"Contra los micropagos", radica en
destacar que los usuarios no quieren saber nada
de ellos.32
"Desafortunadamente, los obstáculos que
enfrentan los micropagos no son problemas de
tecnología o de interfaz sino de aprobación de
los usuarios", escribe. No escasean las
tentativas, y si las gentes estuvieran
mínimamente a favor ya se hubieran advertido las
señales de su entusiasmo.
El escepticismo
de los internautas se debe, según Shirky, a que
los micropagos son fuente de angustia y
confusión. Recuerda con razón que al decidirse
a efectuar un gasto siempre hay un momento de
incertidumbre. Los micropagos atomizan los actos
de compra, se multiplican los momentos en que es
necesaria una decisión. "La misma pequeñez
de los micropagos los vuelve confusos",
concluye.
No hay más
solución que aquellas que ya han pasado la
prueba en el mundo real: reunir unidades baratas
para venderlas en paquete (desde esta óptica, un
periódico no es más que una colección de
artículos); ofrecer una tarifa fija de
suscripción que permita saber cuánto paga cada
quien y establecer un calendario sencillo; o los
subsidios, que consisten en hacer que alguien
más pague por un producto que no es muy caro,
por ejemplo un anunciante.
Los argumentos
adelantados en el artículo de Shirky no pueden
ser ignorados, por la simple razón de que los
micropagos no han logrado prosperar. Y es
imposible negar que quienes los defienden
cortejan a Perogrullo: "sus partidarios
insisten en que funcionan porque sería
maravilloso si funcionaran".
Pero Shirky,
así como la mayoría de las empresas que hacen
pruebas con este modelo los diarios que
venden un artículo por tres dólares, por
ejemplo, parecen ignorar el concepto del umbral.
Ciertos
internautas dudan en gastar tres dólares, para
otros el límite es dos o tres veces más. Pero
quienes tienen acceso a Internet y se sienten
amenazados por una decisión de compra de cinco o
diez centavos son sin duda los menos.
Los micropagos
son definidos con frecuencia como aquellos que se
sitúan por debajo de los 10 dólares. Tal vez
haría falta proponer la fórmula de los
nanopagos, precisando que se refieren a los que
se cuentan en centavos.
Cuando la
alternativa es entre pagar y no hacerlo, incluso
un pago mínimo es desalentador (en particular
cuando es complicado). Pero las cosas cambiarán
cuando debamos elegir entre diferentes formas de
pagos y diferentes montos, algunos que se miden
en dólares y otros, en centavos.
Una vez más, lo
importante para los periodistas no es el precio
de venta sino el hecho de que la unidad de
intercambio deja de ser una obra colectiva (el
periódico o la revista) y es ahora una obra
individual, o sea la nota o el reportaje.
En diez años
tendremos un mezcla de suscripción y micropago.
Janine Warner, consultora, ex directora de
operaciones de ZDnet Latin America, hace notar
que "al vivir en Miami, soy suscriptora del Miami
Herald (y el Nuevo Herald) pero no
tiene sentido para mí tener una suscripción al
periódico de la ciudad de Michigan en la que
nací. Sin embargo, compraría con gusto una nota
sobre un acontecimiento excepcional o una que
menciona a algún miembro de mi familia".33
Aportación voluntaria
Ahora bien, si
la unidad de venta es la nota, los periodistas
o algunos de ellos se verán tentados
a establecerse por su cuenta. En un principio,
por lo menos, la publicidad será elusiva y
quienes se aventuren por este camino se
encontrarán directamente con una de las
contradicciones fundamentales de la web: cuesta
mucho menos poner algo en línea y comunicarse
con centenares de millones de usuarios en el
mundo entero que hacer lo mismo a través de los
medios tradicionales, pero aun así hace falta
algo de dinero y la ruta para conseguirlo no
está clara.
Para los sitios
pequeños, sin embargo, aquellos que consiguen
relacionarse con una comunidad de gente
interesada y motivada, la contribución
voluntaria se perfila como un complemento
valioso.
Plastic.com,
tercer sitio del grupo que tuvo que cerrar
Feed.com y Suck.com, está tratando de sobrevivir
gracias a las contribuciones de sus usuarios,
tanto en contenido (ellos mandan casi todas las
notas) como en dinero. Buena parte de la página
de entrada está consagrada a un aviso que dice:
"Sus donaciones permitirán que Plastic siga
funcionando". Luego de apretar un botón, el
usuario es invitado a mandar su aportación
voluntaria. La necesidad confirma ser madre de
muchas invenciones. En este caso: la limosna
electrónica.
Plastic adoptó
la medida en un momento grave de crisis, y es
poco probable que consiga de esta manera todo el
dinero que necesita.
Este tipo de
financiamiento se llama shareware, en
referencia al hardware y/o software,
e indica una mercancía "compartida" (to
share es compartir). El concepto viene de los
desarrolladores que ponen sus programas en la red
y piden a los usuarios (forzándoles la mano en
ciertos casos) que paguen si les gustan o los
usan.
La idea de
aplicarlo al contenido fue puesta a la orden del
día en medio de la crisis por el columnista
Steve Outing, en un artículo publicado el 9 de
mayo bajo el título "Two Money-Making
Techniques You Haven't Tried Yet" (Dos
técnicas para ganar dinero que usted todavía no
prueba).34 La presenta como una
solución "de compromiso". "El
modelo del shareware aplicado al contenido
se ubica a medio camino entre regalar dicho
contenido o exigir el pago de una
'suscripción'", afirma Outing.
Tres semanas
después de su columna original, Outing narró
qué le sucedió cuando aplicó el modelo a su
sitio ContentExchange, una empresa que vivía de
la publicidad.35 Recibió 400 dólares en
dos días, o sea mucho menos de lo que esperaba.
Un artículo del New York Times dedicado
al tema cita varios casos de sitios que
recibieron algunos cientos y hasta miles de
dólares en un período relativamente breve.36 Falta ver si con el
tiempo el sistema se puede transformar en un
flujo relativamente estable de ingresos.
El modelo de
"contenido compartido" no parece
aconsejable para quienes deseen volverse
millonarios, pero puede permitir que los
individuos apasionados, cuya participación
interesa a un grupo reducido pero fiel de
usuarios, financien parte de su actividad.
Plantea una hipótesis que los periodistas no
pueden ignorar: la posibilidad de hacer sitios
modestos y sin embargo rentables, con contenido
original en la red.
Es una manera
suave y acorde con la cultura de la red de poner
las cosas en su lugar: alguien tiene que pagar
para que tengamos contenido de calidad en la red.
Los periodistas no se pueden hacer los
desentendidos.
Conclusión
Este panorama de
lo que se hace en Estados Unidos no nos debe
hacer olvidar la realidad de México. Dos puntos
son de particular importancia: ¿qué es la
libertad de expresión en la era digital? y
¿cómo enfrentar la brecha digital?
¿Qué
es la libertad de expresión en la era
digital?
Dentro de la
lucha para ampliar la libertad de expresión,
tenemos que integrar una agenda que se ocupe de
la libertad de expresión digital. Esto requiere
un ajuste mayúsculo: junto con el derecho de
publicar lo que encontremos (en la red como en
cualquier medio) debemos conquistar todavía el
derecho del acceso a la información
digitalizada. Las instituciones privadas y
públicas del país toman sus decisiones con base
en dicha información. Es menester obligarlas a
que los datos que sustentan sus decisiones sean
públicos, a que nos den acceso a los datos tanto
en papel como digitales.
Llegaron las
máquinas pero la cultura no ha cambiado, y las
mismas instituciones que las usan siguen
considerando a la información como un producto
que no se sienten obligadas a compartir. Lo que
más impresiona al leer las historias de computer-assisted
reporting (periodismo asistido por
computadora) en Estados Unidos es la información
a la que pueden acceder los periodistas, más que
lo que hicieron con ella. El esfuerzo realizado
por la organización Periodistas de
Investigación tiene como consecuencia el que
cada vez hay más periodistas que saben usar la
computadora y la red para trabajar mejor y más a
fondo. El siguiente paso es transformar la
mentalidad de las autoridades públicas y
privadas para que nos den mejor acceso a la
información de la cual disponen.
¿Cómo
enfrentar la brecha digital?
Hoy en día
predomina la percepción de que la brecha en
materia de tecnologías de la información es
cuestión de acceso a la red. "Como si todos
los que tienen acceso pudieran surfear hasta
llegar al nirvana, o si el camino del paraíso
estuviera empedrado con ancho de banda",
explica el programador y consultor Wayne Marshall
en el número de junio de la revista Linux
Journal.37
"El
problema no es la brecha digital, es la brecha de
la información", manifestó Janine Warner.
"Creo que la penetración de Internet será
mayor y sin duda más rápida que la de la
televisión o el teléfono". La
preocupación de Warner es que "cuando la
gente tenga acceso a la red encuentre algo de
valor, una información relevante y no sólo
retransmisiones por enésima vez de viejas
telenovelas estadounidenses como Dallas".
El estudio
publicado por Jupiter Media Metrix el 4 de junio
del 2001, que indica que apenas cuatro sitios
(AOL Time Warner, Microsoft, Yahoo y Napster)
absorben la mitad del tiempo pasado en línea por
los internautas estadounidenses, invita a
preguntarse cuál es el interés de tener acceso.
Los esfuerzos realizados y el dinero ofrecido por
AOL y Microsoft para reducir la brecha digital
deberían llamar la atención, ya que, de cierta
manera, indican el tamaño del territorio que les
resta por conquistar.
Wayne Marshall
va incluso más allá cuando afirma que "la
retórica de las brechas es apenas la nueva
vestidura de las viejas taxonomías de prejuicio,
que han procurado dividir el mundo entre
creyentes y paganos, ilustrados y salvajes. Desde
una perspectiva histórica, este tipo de sistema
de creencias en vez de ayudar por lo general ha
devastado a quienes empleaban dichas
designaciones".
Todos sabemos
que la falta de acceso a la información también
es un problema en buena parte de las sociedades
del mundo desarrollado. Pero hay algo más
preocupante: quienes tienen acceso pocas veces
consiguen una información útil y relevante.
¿Quién necesita todo eso que está allá
afuera? Los poderosos pagan para que les filtren
las noticias y se la entreguen en forma
manejable.
Hay brechas, sin
duda, y asimismo diferencias. Las situaciones son
distintas, los problemas se manifiestan de manera
a veces contradictoria, pero queda claro que en
la era de la información todos tenemos un
problema con esa misma información. Algunos por
falta de acceso, otros por exceso de datos. El
reto para todos es tener información y disponer
de los instrumentos para transformarla en
conocimiento. Los periodistas tiene que
contribuir.
¿Y ahora qué?
Quienes quieran
contestar las difíciles preguntas implícitas en
el título de este trabajo, ¿y ahora qué?,
tendrán que dar muestras de imaginación y
valentía. Tanto o más como las que hicieron
posible el periodismo en línea en México.
Sin embargo, se
encuentran en una situación distinta. En su
lucha por acceder a la red, los pioneros se
esforzaron en esencia por utilizar un medio que
otros ya utilizaban, en Estados Unidos por
ejemplo. Hoy en día, incluso con la mayor
experiencia que tienen y todos los recursos de
los cuales disponen, los medios de EE UU no han
encontrado respuestas convincentes a los
problemas mencionados aquí.
Una vez online,
el principal reto es encontrar respuestas que son
verdaderas para todos y que nadie parece haber
encontrado todavía. Algunas de ellas pueden
venir de México. La diferencia de recursos no
pesa tanto cuando buena parte de las respuestas
dependen de la imaginación y la dedicación.
¡A trabajar!
______
Notas:
1 Véase SHENK, David (1998): ShenkData
Smog: Surviving the Information Glut. Harper,
San Francisco.
2 CrisisWeb:
http://www.intl-crisis-group.org/
3 Aegis.org: http://www.aegis.org/
4 Scoregard.org:
http://www.scorecard.org/
5 Slashdot.org: http://www.slashdot.org/
6 Plastic.com: http://www.plastic.com/
7 "Davenetics: la nueva
generación de las newsletters":
http://www.latinotek.com/columnistas/cont_column/010409-F.c-Davenetics-fp.shtml
8 ePinions.com: http://www.epinions.com/
9 Moreover: http://www.moreover.com/
10 Newsbytes: E-Book Not A Book By Any
Other Name Court:
http://www.newsbytes.com/news/01/167952.html
11 El estudio de Stanford-Poynter:
http://www.poynter.org/eyetrack2000/
12 Jakob Nielsen, "How Users Read on
the Web":
http://www.useit.com/alertbox/9710a.html
13 Immersion: http://www.immersion.com
14 USA Today:
http://www.usatoday.com/life/cyber/tech/2001-07-26-computer-surgeons.htm
15 Integrated Media Systems Center:
http://imsc.usc.edu/
16 Quienes quieran leer un panorama
bastante completo de las investigaciones en curso
en varios laboratorios de EE UU sobre los
posibles usos periodísticos de las tecnologías
de inmersión leerán con interés el informe de
John Pavlik publicado por la Online Journalism
Review:
http://ojr.usc.edu/content/story.cfm?id=489
17 Estudio del Pew Center for Civic
Journalism:
http://www.pewcenter.org/doingcj/research/r_interact.html
18 Manila Software:
http://manila.userland.com/
19 Dave Winer:
http://davenet.userland.com/
20 Dan Gillmor:
http://web.siliconvalley.com/content/sv/opinion/dgillmor/weblog/
21 Sección "Web logs" de Yahoo:
http://dir.yahoo.com/Social_Science/Communications/Writing/
Journals_and_Diaries/Online_Journals_and_Diaries/Web_Logs/
Sección "Web logs" de Google:
http://directory.google.com/Top/Computers/Internet/On_the_Web/Web_Logs/
22 Artículo del New Yorker:
http://www.rebeccamead.com/2000_11_13_art_blog.htm
23 Idéactif:
http://www.ideactif.com/fr/blog.html
24 Catherine's pita:
http://catwoman.pitas.com/
25 Manifesto Cluetrain:
http://www.cluetrain.com/
26 El Cerrito Wire:
http://www.elcerritowire.com/index.shtml
27 Hypodermia de Paul Andrews:
http://www.paulandrews.com/
28 Women.com: http://www.women.com/
29 "If Information Wants to Be
Free... Then Who's Going to Pay for It?":
http://www.dlib.org/dlib/may00/kaser/05kaser.html
30 The Wall Street Journal:
http://www.wsj.com
31 Consumer Report:
http://www.consumerreports.org/
32 Clay Shirky, "The Case against
MicroPayments":
http://www.oreillynet.com/pub/a/p2p/2000/12/19/micropayments.html,
es una respuesta a un artículo de Jakob Nielsen,
"The Case for MicroPayments":
http://www.useit.com/alertbox/980125.html y
http://www.useit.com/alertbox/991226.html
33 Entrevista telefónica - Janine Warner:
http://www.janinewarner.com
34 Steve Outing, "Two Money-making
Techniques You Haven't Tried Yet":
http://www.editorandpublisher.com/ephome/news/newshtm/stop/st050901.htm
35 Steve Outing, "The Problem With
Begging for Money", del 30 de abril del
2001:
http://www.content-exchange.com/cx/html/newsletter/archive.htm
36 The New York Times - "If
You Like This Story, Click Here to Pay Me":
http://www.nytimes.com/2001/06/13/technology/13WANG.html
37 Wayne Marshall Algorythms in
Africa Linux Journal:
http://www2.linuxjournal.com/lj-issues/issue86/4657.html
__________
Bibliografía
SHENK, David (1998): Data
Smog: Surviving the Information Glut. Harper,
San Francisco.
______________
Refrencias www
- Aegis.org:
http://www.aegis.org/
- Catherine's pita: http://catwoman.pitas.com/
- Clay Shirky, "The Case
against MicroPayments":
http://www.oreillynet.com/pub/a/p2p/2000/12/19/micropayments.html,
es una respuesta a un artículo de Jakob Nielsen,
"The Case for MicroPayments".
- Consumer Report:
http://www.consumerreports.org/
- CrisisWeb: http://www.intl-crisis-group.org/
- Dave Winer: http://davenet.userland.com/
- "Davenetics: la nueva generación de las newsletters":
http://www.latinotek.com/columnistas/cont_column/010409-F.c-Davenetics-fp.shtml
- Dan Gillmor:
http://web.siliconvalley.com/content/sv/opinion/dgillmor/weblog/
- ePinions.com: http://www.epinions.com/
- El Cerrito Wire:
http://www.elcerritowire.com/index.shtml
- Hypodermia de Paul Andrews:
http://www.paulandrews.com/
- Idéactif: http://www.ideactif.com/fr/blog.html
- "If Information Wants to Be Free... Then
Who's Going to Pay for It?":
http://www.dlib.org/dlib/may00/kaser/05kaser.html
- Integrated Media Systems Center:
http://imsc.usc.edu/
- Immersion: http://www.immersion.com
- Janine Warner: http://www.janinewarner.com
- Jakob Nielsen, "How Users Read on the
Web":
http://www.useit.com/alertbox/9710a.html
- Jakob Nielsen, "The Case for
MicroPayments":
http://www.useit.com/alertbox/980125.html
http://www.useit.com/alertbox/991226.html
- Manifesto Cluetrain: http://www.cluetrain.com/
- Manila Software: http://manila.userland.com/
- Moreover: http://www.moreover.com/
- New Yorker:
http://www.rebeccamead.com/2000_11_13_art_blog.htm
- Online Journalism Review:
http://ojr.usc.edu/content/story.cfm?id=489
- Pew Center for Civic Journalism:
http://www.pewcenter.org/doingcj/research/r_interact.html
- Plastic.com: http://www.plastic.com/
- Scoregard.org: http://www.scorecard.org/
- Sección "Web logs" de Google:
http://directory.google.com/Top/Computers/Internet/On_the_Web/Web_Logs/
- Sección "Web logs" de Yahoo:
http://dir.yahoo.com/Social_Science/Communications/Writing/
Journals_and_Diaries/Online_Journals_and_Diaries/Web_Logs/
- Stanford-Poynter:
http://www.poynter.org/eyetrack2000/
- Slashdot.org: http://www.slashdot.org/
- Steve Outing, "The Problem With Begging
for Money", del 30 de abril del 2001:
http://www.content-exchange.com/cx/html/newsletter/archive.htm
- Steve Outing, "Two Money-making Techniques
You Haven't Tried Yet":
http://www.editorandpublisher.com/ephome/news/newshtm/stop/st050901.htm
- The New York Times - "If You Like
This Story, Click Here to Pay Me":
http://www.nytimes.com/2001/06/13/technology/13WANG.html
- The Wall Street Journal:
http://www.wsj.com
- USA Today:
http://www.usatoday.com/life/cyber/tech/2001-07-26-computer-surgeons.htm
- Women.com: http://www.women.com/
*
Francis Pisani es
fundador y director de Latino Tek.com y columnista regular y corresponsal de
medios informativos de Europa y América Latina;
es doctor de La Sorbonne en
París, e imparte cursos en la Graduate School of
Journalism de la University of California en Berkeley, donde reside. Este texto
es un capítulo del libro Explorando el
ciberperiodismo iberoamericano (México, CECSA, 2002) y se reproduce
con la autorización expresa de sus
coordinadores.
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