¿Qué
periodismo estamos haciendo?
"Siempre
era de noche en mis sueños sobre la
vida periodística. Los reporteros
jamás trabajaban de día. Yo quería
la película entera, sin que le
faltase una escena. Era consciente de
que aquello había reducido mi ánimo
a esta estúpida condición de
Príncipe Estudiante. Daba lo mismo,
no podía evitarlo."
Tom Wolfe. El Nuevo Periodismo
Melissa
Salmerón *
Leer
a Tom Wolfe por primera vez luego de cinco años
estudiando Comunicación Social no tiene
justificación. El Nuevo Periodismo
por citar una de sus obras debería
ser de los primeros libros en caer
obligatoria o voluntariamente en las
manos de los estudiantes llenos de ideas un tanto
"hollywoodenses" acerca de la práctica
del periodismo.
De haberlo
leído al principio de la carrera, algunos se
habrían evitado decepciones cuatro años más
tarde. Muchos no todos, seguramente
de quienes cada año pasan a engrosar las cada
vez más largas filas de Comunicación Social,
imaginan el del periodismo como un mundo donde
las noches transcurren entre el humo del
cigarrillo y los datos de última hora. En el que
las salas de redacción son el centro del país,
pobladas de individuos conocedores de los más
ocultos intersticios del acontecer nacional, con
un olfato sobrenatural para la noticia y una
avidez desmesurada por la verdad.
Pero la realidad
no es exactamente esa. Lo dice Wolfe en su libro,
estadounidense y setentoso, y lo dice cualquier
estudiante venezolano que, sin haberse graduado
aún, se haya arriesgado a cumplir durante unos
seis meses una pasantía en alguna revista o
diario venezolano, tal es el caso de quien
suscribe esta tesis.
¿Qué
periodismo estamos haciendo? La pregunta no
había sido incluida en la pauta de entrevista
inicial para los periodistas y editores que
conformaban la lista de fuentes para este trabajo
de grado. Hasta que el peregrinaje comenzó y
surgió la oportunidad de hablar con Vanesa
Davies, periodista del cuerpo de Información
Genérica del diario El Nacional.
Allí, en medio
del núcleo de redacción de El Nacional,
ese espacio absolutamente indiscreto e impersonal
a pesar de los recortes y fotos que los
periodistas pegan en sus cubículos donde
todos oyen todo, la suave voz de Davies no
correspondía con la imagen de quien había sido
capaz de hacerse pasar por prostituta para
averiguar acerca de los permisos sanitarios.
La conversación
giraba en torno al concepto de periodismo de
investigación y poco a poco se había desviado
hacia la enseñanza universitaria y si preparaba
o no a los estudiantes para ser periodistas
investigadores. Entonces, surgió un comentario
sobre Gideon Lichfield, corresponsal para The
Economist en México. Lichfield escribió
acerca de la costumbre de los periodistas
mexicanos de reproducir declaraciones sin mayor
investigación. Él lo llamaba
"declaracionitis".
"Hay que
recoger las declaraciones, nadie dice que no se
recojan. Pero las declaraciones tienen que estar
en un contexto y eso no es exclusivo del
periodismo de investigación", dijo Davies,
tras admitir que los periodistas venezolanos
también sufrían de "declaracionitis".
- Pero no sucede
así en el caso del periodismo de investigación
- No, pero
tampoco debería suceder en el periodismo de
todos los días. Porque si no, ¿qué periodismo
estamos haciendo, el periodismo de la
imprecisión?
Davies mejor que
nadie sabe de horas de cierre y presión y, sin
embargo, también de la posibilidad de investigar
aún bajo esas circunstancias. No en vano fue
merecedora del Premio Nacional de Periodismo en
2000 por su investigación acerca de los
ajusticiamentos en el estado Vargas después de
la tragedia de diciembre de 1999.
Ella podía
suscribirlo: falta profundización en la noticia
porque la apretada hora de cierre lo dificulta en
extremo. Argenis Martínez, vicepresidente de El
Nacional, con la dureza de un periodista de
la vieja guardia, lo llamaría "esa
irresponsabilidad que hay ahora, cuando cualquier
periodista dice lo que le da la gana. Se
supone que el Presidente Chávez
se supone,
presuntamente. No hay rigurosidad
metodológica".
¿Era más
riguroso el periodismo una década atrás?
Probablemente. La práctica de informar siempre
depende de factores coyunturales y estos cambian
constantemente. Olgalinda Pimentel, como
Martínez y otros tantos veteranos del periodismo
venezolano, puede hacer la comparación; ella ha
circulado a lo largo de su carrera por algunos de
los periódicos que más han influido en
Venezuela, incluyendo El Diario de Caracas.
"No sé si
se han ido enredando los intereses del sector
privado y los órganos del Estado", comentó
Pimentel, quien fue periodista clave de la
revista Primicia hasta dos meses
antes de la entrevista. "En cualquier caso,
creo que el periodismo actual es un periodismo
miedoso o complaciente y uno lo ve cuando se
aborda a un ministro y nadie le hace preguntas
incisivas. Todo queda como en intento, como en
risas, como en mamaderas de gallo".
Para muestra,
dio un botón: la denuncia hecha por Rafael Huizi
Clavier, presidente del Frente Institucional
Militar, que acusaba a Pablo Medina, dirigente
del partido Patria Para Todos, de esconder en su
casa las armas usadas en el intento de golpe de
Estado del cuatro de febrero de 1992. Medina
solicitó al Ministerio de la Defensa la apertura
de una investigación que precisase los hechos
que Huizi Clavier denunció y que lo
involucraban.
Pero de acuerdo
con Pimentel, en términos jurídicos básicos,
ese no era el lugar ni el momento correcto para
dicha denuncia. Una persona no puede ser juzgada
dos veces por el mismo delito y Medina ya había
sido investigado y exonerado de responsabilidad
por el asunto de las armas. Era inútil que fuera
al Ministerio de la Defensa a pedir una nueva
averiguación. Además, denunció que lo habían
calumniado y ese no es un delito militar, es un
delito ordinario que debía haber sido formulado
en un tribunal ordinario. "Ni un solo
periodista en esa rueda de prensa hizo una
pregunta con respecto a eso", dijo Pimentel.
Volviendo a la
referencia de Lichfield y la
"declaracionitis", no se cuestiona el
uso de de las declaraciones cuando no se
trata de una entrevista como fuente de
información necesaria para entender la noticia.
Se cuestiona que cuando no se trata de una
entrevista las declaraciones sean el único
elemento de la noticia para algunos periodistas,
los mismos a los que Andrés Mata, director de El
Universal, cierta vez endosó el mote de
"megáfonos": meros micrófonos de la
retórica de los famosos.
Otros, como
Ibéyise Pacheco, lamentan la ausencia de
exclusivas. Desde su búnker de Así es la
noticia, diario que dirige desde hace dos
años y última parada de su larga travesía a
través de la mayoría de los diarios
caraqueños, Pacheco se toma un respiro para
opinar al respecto. "El trabajo en cambote
conspira contra el tubazo", dice. "La
búsqueda de exclusivas te hace ser más
perseverante, por lo tanto te obliga a un mayor
tesón y a competir en calidad. Eso hay que
rescatarlo".
El valor por la
exclusiva y la individualidad es una
característica generalmente presente en la
generación de periodistas que maduró a partir
del gobierno de Jaime Lusinchi. 1983 a 1993,
entre "barraganas", cuentas
mancomunadas, partidas secretas, y Jeeps de
RECADI, periodistas que ya trabajaban entonces,
como Pimentel y Pacheco, opinan que fue un
período fecundo para el periodismo de
investigación en Venezuela.
Durante esos
años, ambas trabajaron con Francisco Olivares en
proyectos de investigación de El Diario de
Caracas. Cuando Pimentel pasó a la fuente de
política de ese diario, Olivares quedó al
frente de la unidad de investigación. Hoy en
día, desde la jefatura de la sección de
Política de El Universal, comparte la
posición de Pacheco frente al valor de la
exclusiva:
"Siempre el
ego del periodista influye en su motivación
personal y siempre el periodista de
investigación tiene que estar muy motivado. Hoy
en día la diversidad de fuentes y los lugares
donde se encuentran la información son tantos,
que un equipo bien integrado puede tener mejores
resultados que una persona trabajando
individualmente. Pero siempre se tratará de
individualidades que se mancomunan para cubrir la
diversidad de fuentes que existen."
(entrevista, agosto 7 2001)
Karenina
Velandia y David González, en cambio, pertenecen
a una nueva generación de periodistas formados
en las aulas de la Escuela de Comunicación
Social de la UCAB. Ambos trabajan en El
Nacional, en el cuerpo dominical Siete Días
dirigido por Hugo Prieto, y es común que firmen
trabajos en equipo. Su opinión acerca del
periodismo que se realiza en Venezuela suponía
una fuente de contraste interesante, ya que, de
alguna manera, ellos forman parte de la sucesión
que ha ido moldeando las páginas de los
periódicos los últimos años.
¿Qué criticas
les merece el periodismo que se hace en
Venezuela?
González:
"Yo criticaría la estructura clásica de
los periódicos. Un periodista cubre una fuente y
esa fuente se traduce en ciertas instituciones y
personas que manejan la información la
creencia de que la información oficial es 'la
verdad' entonces: ¿qué es cubrir el
Congreso?, pues ir a ver qué discuten los
parlamentarios. Pero mi primera crítica es que
la mayoría de los periodistas se sienten
demasiado importantes. Sobra demasiado ego, en
ocasiones, y esa actitud para enfrentar las cosas
tiene incidencia en el resultado. A veces se
olvidan de buscar más información y se
entretienen pensando en lo bien que
escriben".
Una crítica
compartida por otros entrevistados. Martínez,
por ejemplo, repetía sin cesar que algunos
periodistas terminaban por creerse jueces, cuando
en realidad la situación está muy clara: los
jueces juzgan, los periodistas informan.
"Además", dijo Velandia, "no se
conserva el criterio editorial en los productos
propuestos. Tratan de hacer cosas nuevas, de
buscar otras alternativas, pero detrás de eso
parece no haber un estudio y siempre lo nuevo
termina no siendo coherente con la línea
planteada en un principio".
No es
sorprendente que la visión del periodismo
venezolano de estos tiempos que tienen Velandia y
González coincida en gran medida con aquella que
fue punto de partida de este trabajo. Al igual
que ellos, quien suscribe esta tesis ha pasado
los dos últimos años en los pasillos de El
Nacional bajo la insignia jamás bien
ponderada de la pasantía, que no implica más
que no ser tratado como periodista, no ser
remunerado como periodista y sin embargo trabajar
lo mismo que uno.
Un libro
indispensable para cualquier periodista en
América Latina debería ser Periodismo de
Investigación de Gerardo Reyes. Sus
páginas son una radiografía de los altos y
bajos de este negocio tan vapuleado. Reyes ha
trabajado varias veces en Venezuela y, aunque
actualmente dirige la cobertura de América
Latina para El Nuevo Herald en Miami,
saber su opinión sobre los temas que conforman
este trabajo era una tentación imposible de
vencer, aún cuando conseguirla implicase una
cadena interminable de correos electrónicos y
coincidencias de huso horario que superar.
"No conozco
un periodismo más testimonial que el
venezolano". Tal fue la apertura de Reyes a
la discusión acerca del periodismo que estamos
haciendo. "Los historiadores venezolanos
deben ser los más felices del mundo pues los
periódicos dedican páginas enteras a
entrevistas en las que se transcriben
textualmente las respuestas de los entrevistados
con una breve introducción del periodista. No es
solamente los fines de semana. Todos los días
hay entrevistas de pregunta, respuesta en los
periódicos venezolanos".
Más que
diarios, parecen prontuarios, expedientes
judiciales. Reyes tiene la impresión de que
muchos reporteros venezolanos se la pasan
"corriendo con un micrófono en la mano para
ponerlo en la boca del que más grita, del
último que grita o el que se está defendiendo
de otro grito".
Existen otras
apreciaciones. Fabricio Ojeda (entrevista, agosto
31 de 2001), quien fue subdirector de la revista Bohemia
y jefe de redacción del diario Así es la
noticia, dibuja otro escenario que contrasta
con lo expuesto por muchos de sus colegas:
"Debemos
reconocer que la competencia ha hecho que los
editores se preocupen por ofrecer productos de
mejor calidad a sus lectores. Es así como vemos
cada día periódicos mejores diseñados, con
más reportajes y temas especiales, mejor
redacción y mayor variedad. No se puede negar
que los cambios han sido positivos y bien
acogidos por los lectores. También es importante
la aparición de medios "rebeldes" como
Tal Cual, moderno, ágil, polémico y bien
escrito y con una línea de oposición bien
definida que lo hace ver "honesto" a
los ojos de su público a pesar de que en
sus editoriales y en la selección y tratamiento
de los temas peca de parcial contra el
gobierno."
Hay quienes
encuentran fortalezas en el periodismo venezolano
y sin embargo reconocen la existencia de algunas
debilidades en la capacidad de respuesta de las
salas de redacción. Francisco Olivares sugiere
que a pesar de los vacíos en las nuevas
técnicas investigativas, "el periodismo
venezolano tiene un buen nivel, justamente
producto de la diversificación de medios que se
desarrolló desde hace 25 ó 30 años".
Pero la
experiencia personal permite afirmar que, a pesar
de las mejores intenciones del equipo, los
objetivos y personalidad de los proyectos
editoriales por ejemplo, las revistas
terminan variando tanto como las demandas del
mercado. Por ejemplo, si en un país como
Venezuela, en el que los anunciantes son escasos
y parecen sentir especial aversión hacia la
política, ¿por qué fundar un medio dedicado a
la política en primer lugar? Lo más probable es
que, tarde o temprano, tenga que ampliar
significativamente su espectro, alejándose así
de la línea original.
¿Qué
periodismo estamos haciendo? A grandes rasgos,
las apreciaciones expuestas en el inicio de este
capítulo nos revelan una posible respuesta: el
trabajo que se realiza en los diarios capitalinos
es débil en su rigurosidad metodológica y se
apoya demasiado en reproducir las declaraciones
de los actores sociales sin preguntas o
cuestionamientos.
Es posible
abundar aún más en las carencias de los medios
según los entrevistados: redactores que no se
arriesgan con nuevas formas de presentar la
información, acostumbrados a entramar historias
sin solidez documental, con unos objetivos
confusos que más tarde pierden coherencia. Otra
conclusión que arroja la información es el
afán de los periodistas a destacarse sobre los
demás y la resistencia a trabajar en equipo.
Una respuesta
absoluta sería un compromiso riesgoso,
considerando que existen excepciones y que se
trata de puntos de vista individuales. Si se
examina la calidad del periodismo que se practica
diariamente en los medios impresos a partir de
elementos como falta de profundidad, rigurosidad
metodológica e investigación, se corre el
peligro de ser muy tajante y dejar de lado un
argumento importante: el diarismo es
imprescindible en el oficio.
Así como es
importante que las denuncias sean investigadas a
profundidad, también lo es el que se las
reseñe. De hecho, todo parte de allí. La
reseña de las noticias diarias es indispensable
para que éstas sean luego profundizadas. Lo
mismo ocurre con las declaraciones de los
personajes que influyen en ámbitos importantes
de la sociedad. También es objetivo de los
medios de comunicación reseñar la información
práctica, los hechos que, sin mayor
implicación, afectan el desenvolvimiento normal
de la rutina de una población. El diarismo es la
base de este fin informativo y una crítica al
periodismo no debería estar fundamentada en su
práctica.
*
Melissa Salmerón
es recién graduada en Comunicación Social en la
Universidad
Católica Andrés Bello en
Caracas. Este texto es el último capítulo de su
tesis de grado, sobre periodismo de
investigación en Venezuela. Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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