2.2.
Información administrativa en la Red y
acceso a bases de datos públicos
Este es, sin
duda, uno de los aspectos en los que las nuevas
tecnologías pueden significar una mejora
sustancial de la participación de los ciudadanos
corrientes en los asuntos públicos. La
participación democrática de los ciudadanos
suele asociarse de manera muy restringida con las
grandes cuestiones políticas de los procesos
electorales y el conocimiento y control de las
grandes actuaciones de los poderes del Estado y
los principales líderes. Sin embargo, una faceta
no menos importante y mucho más cercana a
la vida cotidiana de la gente corriente-, se
refiere a la posibilidad de que cualquier persona
pueda acceder a la información administrativa y
pueda hacer uso de ella en condiciones de
igualdad con el resto del cuerpo político
(administradores y administrados).
Un gobierno
antidemocrático no es sólo el que impide la
celebración de elecciones libres o atenta contra
la libertad de expresión o de asociación, sino
también el que aprovecha el gran poder de
recopilación y archivo de información del
Estado para ponerlo al servicio de una élite
dirigente y clausurarlo o restringirlo de forma
grave para el resto de los ciudadanos. En
España, por ejemplo, y desde el memorable
"Vuelva usted mañana" de Larra, a
menudo se ha descrito el abuso de poder contra la
población general como el mantenimiento de una
Administración opaca y unos funcionarios
arbitrarios que, según la persona que acudiera a
realizar unos trámites o solicitar información
administrativa de cualquier índole, va a ser
tratada con insultante desigualdad y sin la menor
garantía práctica de ver respetados sus
derechos de acceso a la información pertinente o
de resolución de sus demandas mediante cauces
igualitarios y transparentes. Sin seguir en el
caso extremo de un sistema de información
pública al servicio exclusivo de una casta
dirigente, en España subsiste todavía un
moderado entorno de prácticas oclusivas que
restringe la circulación de información
administrativa y dificulta enormemente la
verificación de la igualdad ciudadana de
oportunidades y el control de las actividades
administrativas por parte de periodistas,
asociaciones de particulares y público general.
La legislación
sobre transparencia informativa de la
Administración y las garantías de igualdad en
toda clase de procedimientos desarrollados por
cualquier institución pública han experimentado
un gran desarrollo en todas las democracias
(clásicas y recientes), sin necesidad de tener
que esperar a la llegada de las nuevas
tecnologías. El contenido de dicha realidad es
lo que a menudo se quiere significar cuando se
utiliza la expresión de "Estado de
Derecho". Pero incluso en democracias con un
sólido sistema legal de transparencia e igualdad
administrativa, el viejo sistema de los
expedientes escritos en papel y depositados en
oficinas bajo la custodia de archiveros y
funcionarios concretos, seguía imponiendo un
procedimiento muy restringido y lento de consulta
y conocimiento masivo. Como dijera Walter
Lippmann en 1920, los periodistas como
máximo exponente del intento de una divulgación
generalizada de la documentación pública
archivada-, tienen que seguir confiando en los
funcionarios porque son ellos quienes custodian y
conocen los archivos y sus correspondientes
expedientes. La legislación democrática puede
establecer, en efecto, que cualquier ciudadano
tiene derecho a saber el proceso y resultado de
un concurso para la adjudicación de un contrato
de obras públicas o de unas becas
universitarias. Pero si el propio ciudadano
o un periodista- no tiene la posibilidad
real de examinar esos expedientes dentro de los
archivos de la oficina encargada, las
posibilidades de extravío intencionado de
algunos documentos, o la evaluación fraudulenta
de las solicitudes pueden producirse sin que
jamás llegue a probarse públicamente.
Las nuevas
tecnologías, con el archivo informático de
cualquier documentación y la posibilidad de
acceso generalizado por conexión telemática
directa hacen ya posible eliminar la barrera
física del funcionario concreto que ejerce de
guardabarreras respecto a quién le permite y a
quién no, consultar unos expedientes. Desde
cualquier terminal doméstico existe ya la
posibilidad de consultar cualquier documento
público creado y archivado por cualquier
organismo público estatal, autonómico o local.
La primera gran
ventaja de esta revolución tecnológica es la
espectacular reducción de costes económicos,
para la propia Administración y para cualquier
ciudadano, a la hora de realizar trámites. Los
organismos administrativos pueden consultar
instantáneamente una gran cantidad de archivos
físicamente dispersos con impresionantes
abaratamientos de costes en envíos postales,
menor número de funcionarios necesarios para la
formulación de expedientes y reducción de
gastos corrientes asociados a todas esas
operaciones-. Los ciudadanos de a pie, por su
parte, ahorran una gran cantidad de gastos de
desplazamiento (sobre todo en el caso de
habitantes de pequeñas poblaciones, obligados a
visitar las capitales de provincia para infinidad
de papeleos prolijos). Y como consecuencia
lógica de lo anterior, el tiempo consumido en
cualquier gestión también se reduce de modo muy
considerable, permitiendo agilizar las
actividades judiciales y administrativas de las
que tanto depende la calidad de vida de una
verdadera comunidad política democrática.
Pero una vez
más, las ventajas prácticas indudables de las
nuevas tecnologías en este sector pueden verse
cercenadas por un sistema de nuevos obstáculos
legales y negativas de los responsables
políticos para autorizar un sistema de
transparencia administrativa general que ya es
plenamente posible en términos técnicos.
Precisamente, y a medida que las innovaciones
técnicas lo iban facilitando, el
"Periodismo de Precisión" y de
"Rastreo informático de datos"
("CAR Journalism") ha adquirido un
enorme auge en algunos países como Estados
Unidos (Meyer, 1991; DeFleur, 1997; Dader, 1997).
Muchos periodistas de investigación de aquel
país han hecho realidad la vieja aspiración de
Lippmann de no tener que depender de las
amigables relaciones con algunos funcionarios
para poder acceder a los archivos informativos
donde a veces se ocultan la corrupción y el
ejercicio antidemocrático del Poder. Este tipo
de periodismo es por tanto un factor fundamental
de democratización de la información política
y administrativa que puede llegar a ser
verdaderamente pública, y su desarrollo está
estrechamente vinculado a las nuevas
tecnologías. Luego en pocos campos como en éste
va a ser tan evidente la contribución de las
nuevas tecnologías a una efectiva
democratización política.
Pero, como
apuntábamos más arriba, los responsables de
bastantes democracias contemporáneas e
incluso los intelectuales de esas mismas
sociedades-, parecen más preocupados por los
riesgos de la invasión de la intimidad personal
con el acceso general a las bases de datos, que
con evitar que los privilegios del secreto
administrativo limiten la transparencia
democrática. En consecuencia, las regulaciones
sobre protección de datos, por ejemplo en la
Unión Europea, están planteando muchas
limitaciones en el acceso de periodistas y
ciudadanos a los bancos de datos públicos y, por
el contrario, no existe una legislación de
contrapeso que obligue al Estado a facilitar de
manera inmediata y sin restricciones otros
archivos estadísticos o documentales que pueden
seguir siendo utilizados como un privilegio de
gobernantes y élites políticas. En el caso
español, tal y como he tenido ocasión de
ocuparme en otros trabajos recientes (Dader,
2001,a); Dader, 2001, b)), las leyes de
Protección de Datos (L.O. de 1 de diciembre de
1999), de Régimen Jurídico de las
Administraciones Públicas (L.O. 30/92), del
Poder Judicial (L.O. 6/85 y modificación en L.O.
16/94) y otras complementarias generan un vasto
entramado de cautelas y limitaciones por las que
en la práctica, muchos documentos con un
carácter tan innegablemente "público"
como las sentencias judiciales siguen negándose
a cualquier persona no directamente aludida en
los procesos y persiguiéndose administrativa y
judicialmente buenas parte de los intentos de
divulgación pública de las mismas a través de
medios de información general.
A pesar de todos
esos obstáculos legales, la simple
incorporación al escaparate cibernético de las
"paginas web" de todo tipo de oficinas
municipales, departamentos ministeriales y
organismos públicos implica un importantísimo
paso adelante hacia la plena fluidez y
transparencia comunicativa entre los gobernantes
y los gobernados. Muchas bases de datos que
cualquier ciudadano debiera poder consultar a
través de la Red como declaraciones
oficiales de intereses económicos o de
patrimonio de los diputados, expedientes de
sanción de entidades locales y autonómicas,
registros mercantiles, de propiedad de
automóviles, estadísticas demográficas
desglosadas y no sólo agregadas, y un largo
etcétera-, siguen estando reservadas al acceso
restringido de los funcionarios, autoridades o
grupos especiales de poder, como entidades
bancarias y compañías de seguros. El contenido
informativo de muchas de esas entidades con
página web podría calificarse a
veces de puramente publicitario y no son raros
los casos, al menos en España, en que los
servicios apelados ni siquiera se toman la
molestia de responder a un correo electrónico
cuya dirección pomposamente se ofrece para la
consulta de los ciudadanos. Pero la mera
existencia de esas "ventanillas
electrónicas", desde las que ya va siendo
posible solicitar y rellenar muchos formularios,
o descubrir siquiera la existencia de
convocatorias y servicios casi desconocidos antes
para las gentes de a pie, puede contribuir a un
clima de progresiva exigencia ciudadana de
información más detallada y paulatina apertura
por los organismos oficiales de esa información.
Un ejemplo
aislado, pero significativo, de esa apertura lo
proporciona el denominado escándalo del
"toalla-gate" que ha supuesto en junio
del 2001 que varios altos cargos del nuevo
gobierno de Vicente Fox en Méjico hayan tenido
que dimitir de sus puestos. Un diario nacional
("Milenio") desató la crisis al
revelar que el entorno del Presidente había
gastado unos 150 millones de pesetas en el
mobiliario y compra de utensilios para la
vivienda del citado Fox. Pero lo novedoso en este
caso es que la información detallada de gastos
con pagos de hasta 80.000 pesetas por una
toalla-, había aparecido previamente en
"Compranet", el sistema electrónico
del departamento de Contrataciones
Gubernamentales de la Contraloría -Ministerio de
Cuentas Públicas-, de donde el diario, al
parecer, se limitó a copiar la información
(cfr. "El Mundo", 28-junio-2001,
p. 30). Cabría desde luego calificar de
"ingenuidad" o "despiste" el
que una oficina administrativa haya podido
colocar ese tipo de información minuciosa en una
"página web" de acceso público. Pero
bastará conectar la evidencia técnica de que
ello es posible con el principio democrático de
que los ciudadanos tienen derecho a saber en qué
se gasta el dinero público, para que tales
ejercicios de transparencia se empiecen a
reclamar de manera mucho más insistente.
2.3. La
ventana electrónica de los medios
periodísticos convencionales y nuevos
periódicos virtuales
Al comienzo de
los años noventa, cuando en Estados Unidos
primero y rápidamente después en los restantes
países tecnológicamente avanzados, la prensa
diaria empezó a colgar sus portadas o algunas de
sus páginas en Internet, buena parte de quienes
se incorporaban lo hacían más por una cuestión
de prestigio y de demostrar su vanguardismo
frente a posibles competidores, que por un
convencimiento real de rentabilidad económica o
interés periodístico. Paso a paso, sin embargo,
esas empresas de prensa tradicional han ido
ampliando y diversificando su presencia
electrónica. Han comprendido además, aunque con
una explotación todavía muy moderada, que las
posibilidades técnicas de almacenamiento,
vinculación a otras fuentes y estructura de
hipertextos, permite ofrecer en la versión
electrónica del diario toda una serie de
documentos y ampliaciones informativas que
generarían un inaceptable coste económico en la
versión de papel.
Nuestros
periódicos empiezan a insertar en sus ediciones
convencionales ciertas referencias a documentos
de ampliación, debates por correo electrónico
sobre temas de polémica, etc., que invitan a
buscar en la edición en Internet ciertos
contenidos de interés para los ciudadanos más
activos, que no aparecen en la edición impresa.
Bien es verdad que, en sentido contrario, y como
una demostración más de la vieja "ley de
bronce de los salarios" aplicada a la
tendencia a la mínima calidad de las mercancías
en mercado, muchos periódicos electrónicos, en
lugar de "enriquecer" su edición
electrónica, la aligeran y convierten en notas
esquemáticas de su contenido impreso,
recubierto, eso sí, de muchos alardes visuales y
de animación.
Tal ambivalencia
genera una sensación confusa respecto al
incremento o no de mayor información de
relevancia política por esta vía. Pero hay un
aspecto, como mínimo prometedor para la
liberación informativa de los ciudadanos y que
tiene que ver con la tan denostada por algunos
"globalización" de la sociedad de la
información: Me refiero al hecho de que el
lector de periódicos interesado puede hoy
practicar lo que algunos han llamado
"surfing electrónico", mediante la
consulta de diversas cabeceras de varias ciudades
o incluso países diferentes. Sin negar la
creciente concentración de poder de los grandes
multimedia y la reducción de empresas
periodísticas diferentes en cada ciudad, en la
práctica nunca antes ha existido tanta
posibilidad de pluralidad y diversidad en la
búsqueda y contraste de noticias e información
de actualidad. Es cierto que antes era habitual
en ciudades de mediana población contar con tres
o cuatro diarios donde ahora sólo subsiste uno.
Pero en la práctica, los lectores de cada medio
sólo recibían información de uno solo e
incluso la aparente competencia entre varios
estaba supeditada a las redes de protección y
control del caciquismo local. Como afirmo en otro
lugar (Dader, 2000:118), "Internet ha puesto
patas arriba esa situación y un ciudadano de
Cádiz, por ejemplo, puede confeccionarse cada
día su peculiar menú informativo echando un
vistazo también-, a un diario catalán, un
par de europeos e incluso cualquier
sudamericano".
Los pequeños
diarios electrónicos de edición exclusiva en la
Red son un elemento más que amplía la oferta de
opciones para el seguimiento de la actualidad
sociopolítica. En ocasiones se trata de
organizaciones con plantillas completas de
profesionales, pero que al evitar los costes de
impresión y distribución han permitido a
pequeños grupos empresariales acceder a un
mercado que cada vez estaba más reservado a los
grandes consorcios financieros. Los modestos
costes de producción ahora reabren una
alternativa esperanzada para la pluralidad
informativa. Aún así, una vez más, estas
iniciativas potencialmente más críticas y
ajenas a los grandes intereses corporativos
tendrán que desafiar el "arrecife de
coral" que mantiene fuera del espacio
público o "gran público" a cualquier
medio que no se haya fraguado una
"visibilidad" eficaz e
influyente-, a través de grandes inversiones
publicitarias y contenidos dirigidos al trivial
mercado masivo. A pesar de estar destinados por
el momento a un segundo anillo de la discusión e
información pública, la mayor facilidad de su
mantenimiento facilita a los ciberciudadanos unas
herramientas de seguimiento de lo público que
nunca antes, ni en los románticos tiempos de la
"vietnamita", se pudieron vislumbrar. A
esta línea de información global alternativa se
incorporan, -en ocasiones con audiencias muy
estimables-, periódicos alternativos de
"francotiradores" individuales a los
que en Estados Unidos ya se les denomina
"me-zines" ("mi magazín") y
que en castellano algunos han rebautizado como
"revistas juan palomo" ("yo me lo
guiso, yo me lo como"7). Alguno de estos ciber
enclaves, como el de Andrew Sullivan (www.andrewsullivan.com) registran un promedio
de unos 120.000 lectores y se financian, o bien
mediante faldones publicitarios o bien por
aportaciones de sus lectores. El periodismo de
los llamados "free-lance" se revitaliza
así con un grado superior de autonomía, pues a
diferencia de sus predecesores ni siquiera
depende ahora de la compra del producto final por
un gran medio convencional. El mecenas pasa a ser
el propio público, o una porción siquiera
suficiente de ciber ciudadanos.
2.4.
Canales audiovisuales de comunicación
política especializada para la
retransmisión no editada
La fascinación
despertada por las expectativas ultra
vanguardistas de la "política virtual"
podría finalmente hacernos olvidar el potencial
de transformación aún latente con algunas
adaptaciones técnicas-, de la comunicación
política sostenible a través de los canales
audiovisuales convencionales.
La televisión
por cable y las plataformas multicanales vía
satélite posibilitan a este respecto un
importante cambio cualitativo en las condiciones
de la producción audiovisual para pequeñas
audiencias especializadas. Hasta ahora, las
cadenas de televisión y radio han vivido
esclavizadas por su imperativo generalista. Salvo
algunas emisoras de radio musical especializada
y sólo dentro de países con mercados tan
amplios como Estados Unidos-, el resto de la
radiodifusión ha sido incapaz de mantener por
largo tiempo -una vez quebrada también la
filosofía del "servicio público"-
programas o contenidos contrarios al gusto
popular masivo. La información política y el
debate social en la radiotelevisión se han visto
reducidos así a los boletines de noticias
estándar y algunos programas de reportajes o
discusión muy atentos a agradar el gusto
mayoritario. En cuestiones políticas estas
cadenas y emisoras vienen ofreciendo poco más
que trivialidad política y aspectos
sensacionales o "de calor humano" de
los principales líderes sociales o los sucesos
más dramáticos del momento. La consecuencia de
todo ello, bien conocida y criticada, es el
ambiente de "videopolítica" y
"estrellato político".
La televisión
por cable y por satélite digitalizado, en
cambio, incorporan dos innovaciones técnicas de
una gran potencialidad para el redescubrimiento
de la comunicación política en profundidad, si
bien tampoco hasta ahora se les ha sacado el
suficiente partido:
- En primer
lugar, la interactividad de la conexión
entre cada terminal doméstico y el
centro general de emisiones hace factible
la participación de una audiencia masiva
en sistemas de votación para programas
de debate o controversia ciudadana. La
estrecha participación convencional a
través de unas mínimas llamadas de
teléfono o la formación de un pequeño
auditorio popular filtrado en el
"estudio", podrían dar paso a
sondeos de opinión mucho más numerosos,
al margen de que no pudiera pretenderse
una representatividad estadística. A su
vez, las reacciones de estas encuestas
telemáticas podrían utilizarse como
nuevos estímulos para el debate. Es
obvio que esta "nueva"
alternativa tiene precedentes tan
antiguos y tan olvidados- como el
de las emisoras estadounidenses
bidireccionales de finales de los años
setenta, antes de que la "era
Reagan" impusiera el principio de la
"desregulación" (el ejemplo
más paradigmático de participación de
la audiencia en votaciones constantes fue
el llamado "Qube System" en la
ciudad de Columbus, Ohio). Por eso mismo
es de temer, una vez más que la
práctica social dominante adapte a un
uso convencional una tecnología que
facilita una utilización radicalmente
diferente, en perjuicio de una
comunicación política mucho más
interpelativa.
- Pero una
segunda innovación que podría impulsar
la presencia de contenidos de
información y discusión política más
elaborados radica en la simple abundancia
de canales simultáneos que las nuevas
redes de transmisión audiovisual
digitalizada permiten. Por un coste de
subscripción mensual de poco más de una
comida en un buen restaurante, el hogar
de nuestros ciudadanos puede ahora
recibir un menú de entre cincuenta y
cien canales diferentes.
Es evidente que la mayoría de esos
canales segmentan también la audiencia
conforme a criterios generalistas, sólo
que parcelados (todo películas
taquilleras, todo deportes, todo música
de éxito, etc.). Pero sin excluir de
nuevo esa tendencia de la ley del bronce
de la mercadotecnia, tal cuerno de la
abundancia podría incorporar por un
coste marginal insignificante algunos
canales de contenido político o social
muy especializado y de indudable utilidad
para el ejercicio de los derechos de
conocimiento y cultura cívica de las
minorías interesadas. Canales de
retransmisión parlamentaria, al estilo
de la prestigiosa red del C-Span
estadounidense (cfr. Gómez Fernández,
1998 e Ibid. en este mismo número de
CIC), o la experiencia concreta del canal
"Tribunal" de emisión de
sesiones judiciales reales, en la
plataforma española "Vía
Digital", podrían tener su mínimo
hueco en la programación mediante el
impulso nada costoso de algunas
instituciones públicas o privadas
dispuestas a financiar los gastos
básicos de producción.
El contenido de
retransmisiones directas de debates
parlamentarios, procedimientos judiciales, etc.,
no sólo conecta con el interés de minorías
altamente intelectuales y especializadas, tal y
como han demostrado momentos de gran impacto
popular de algunos de esos debates en España; o
como a veces de forma incidental puede observarse
en bares y cafeterías de barrios populares de
ciudades españolas, en las que alguna emisora
local de cable incluye la retransmisión de los
plenos de sus ayuntamientos, con un seguimiento
bastante elocuente entre quienes en ese momento
toman alguna consumición a media mañana8. Por ello, cabe insistir
en que este tipo de canales especializados
dependen una vez más de una voluntad política y
un estado de opinión que estimule su presencia,
pudiendo contar, una vez en marcha, con segmentos
de seguidores que sin ser mayoritarios permitan
justificar los moderados costes de producción
que necesitan.
( Continúa...
)
______
Notas:
1 Primarias del Partido
Demócrata en el Estado de Arizona en marzo del
año 2000: www.azdem.org (cfr. por ej. "La Nueva
España", 10-III-2000, "El
País", 29-V-2000 y Rocamora, 2001:7).
2 En realidad, la media obtenida por este
autor en su visita a la página ha sido de 23
mensajes mensuales, al haberse recibido un total
de 1.325 desde el primero registrado el 2 de
agosto de 1996 hasta el último recibido a fecha
de 12 de agosto del 2001 (www.vegadeo.net,
observación realizada en la última fecha
citada).
3 Un comunicante del Foro del Senado de
la actual legislatura escribía: "Al
comienzo de esta iniciativa, algunos
parlamentarios y senadores (ver mensajes
"históricos") solían responder, bien
en el propio Foro o en privado. Actualmente (lo
sé por contacto con algunos de los
intervinientes que facilitan su e-mail) podemos
percibir que esto es una especie de
"dazibao" en donde cada uno lanza al
proceloso mar del silencio institucional,
mensajes embotellados en el Cyber, que me temo
jamás serán leídos ni por un aburrido conserje
del Senado. Creo que es muy importante que este
Foro mantenga un nivel alto de interés. No puede
admitirse que se convierta en una barra
tabernaria, con expresiones soeces e insultos
maleducados contra personas (...) Creo que este
Foro debería recoger asuntos de mayor calado que
una simple perspectiva personal de un festejo
(...) Hay otros Foros para protestar por el
precio de las angulas o el bodrio del "Gran
Hermano" (...) Y una llamada de atención a
los señores diputados-as, y senadores-as para
que se dejen caer por aquí y no tengamos la
impresión de que hemos entrado en el Club de
Parlamentarios Autistas" (Xavier de
Arrizabalaga, 18 de mayo de 2001).
4 Los ciberenclaves de educación cívica
para la democracia electrónica van surgiendo en
diferentes sociedades. Es el caso, por ejemplo,
del Centro Internacional para la Teledemocracia,
creado en Escocia (www.teledemocracy.org , cfr. "El Mundo",
7-12-99).
5 En el caso de "democraciaweb",
el número de cartas ciudadanas recibidas desde
la primera, fechada el 11 de junio de 1998, y la
última observación realizada por este
investigador el 12 de agosto del 2001 es de sólo
133 cartas. A esa cantidad habría que sumar
entre unas diez o veinte más sobre los
diferentes proyectos legislativos específicos
que periódicamente el enclave virtual somete a
consideración de sus visitantes para remitir
luego a los parlamentarios las sugerencias de
rectificación en los proyectos de ley recibidas.
Esta segunda vía de participación ciudadana
genera sin embargo escasísimas intervenciones,
siendo habitual la ausencia de comentarios o
entre uno y dos como máximo. (cfr. www.democraciaweb.org )
6 De un tipo y otro de ventajas, así
como un balance global sobre sus repercusiones en
el marco de las democracias he realizado con
anterioridad otra revisión, complementaria de la
presente, en Dader, 2000).
7 Expresión e información recogida del
Suplemento de varios diarios españoles "El
Semanal", Sección "Todos en
Internet para todos", p. 318, 22-28 de
julio, 2001.
8 Una situación que personalmente este
autor tuvo también ocasión de observar en 1991
a lo largo de varias ciudades estadounidenses,
cuando las sesiones de audiencia del Congreso
dilucidaron si el juez Clarence Thomas, implicado
en un escándalo sexual, merecía o no ser
incorporado al Tribunal Supremo: Bastaba entrar
en cualquier tipo de establecimiento de
cafetería o pub para encontrar sintonizado en la
mayoría de ellos el canal de la C-Span, donde se
retransmitía a lo largo de horas y días
sucesivos dichas audiencias.
* José Luis
Dader es profesor en la
Fac. CC. Información de la Universidad Complutense
de Madrid. El texto aquí
publicado es una versión reelaborada y ampliada
a partir de la comunicación presentada en el
Seminario Internacional sobre "Innovación
Tecnológica y Comunicación Política" en Perugia, Italia, diciembre, de 1999
(Dader, 1999), y fue proporcionado por el autor
para Sala
de Prensa.
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