FIP *
Globalización
de la justicia social,
la democracia y la libertad de prensa
Tanto
los periodistas y trabajadores de los medios,
como el resto de los trabajadores en la mayor
parte del mundo están recibiendo un trato
desventajoso en estos primeros años del siglo
21. La estabilidad laboral ha disminuido,
mientras la participación en los salarios
declina en relación con las ganancias.
Las
desigualdades crecen (entre pobres y ricos, entre
hombres y mujeres y entre los países en
desarrollo y los industrializados). La pobreza
aumenta mientras la riqueza se acumula y se
concentra como nunca antes. En todo esto, la
globalización de los medios trae un nuevo poder
mundial al campo de la información y la
comunicación, y con ello nuevas presiones sobre
el pluralismo y el alcance del debate
democrático.
Existe un
creciente déficit en el crecimiento de la
democracia, mientras las opciones de políticas
nacionales son constreñidas por los mercados
globales que a menudo producen mayor competencia
entre los gobiernos que entre las empresas. El
gobierno democrático escasamente existe. Y donde
el gobierno global y las normas de compromiso
comienzan a emerger, es más con el propósito de
proteger los derechos de propiedad en interés
del capital, que por el derecho al trabajo y la
necesidad de introducir a la gente en el debate
sobre el futuro.
La ausencia o
debilidad de las instituciones democráticas
globales para la defensa del bien común,
particularmente en protección de los derechos
humanos de la gente, incluyendo la libertad de
expresión, significa, en efecto, que el poder
está cambiando de los gobiernos electos a los
líderes no electos del capita global. Entre los
más influyentes de ellos está un puñado que
controla las corporaciones de medios.
Existe en todas
partes un creciente sentimiento de que la toma de
decisiones se ha distanciado mucho del individuo.
Esto es cierto para millones de trabajadores
sub-contratados, incluyendo a los cientos de
miles que trabajan como agentes libres en el
sector del periodismo, medios masivos y
comunicaciones.
También es
cierto en la vida política donde aún el simple
acto de votar a muchos les parece algo que no
está relacionado con su vida diaria. La venta y
la privatización irresponsable de servicios
públicos vitales, incluyendo la radiodifusión
pública (parte de la definición y construcción
de una sociedad decente), agrava esta alienación
al destruir el lazo entre los servicios de
calidad decentes, alcanzables y equitativos y la
voluntad y la participación políticas.
Pero más y más
gente, incluyendo un número creciente de
gobiernos y firmas, reconocen que los negocios,
como de costumbre, no son suficientemente buenos.
Saben que, aunque la globalización sin
regulación funciona para algunos, es demasiada
la cantidad de personas para las cuales no
funciona.
Los mercados no
limpian su rastro. No producen justicia
automática. Ellos no requieren que el respeto
por los derechos humanos prospere o funcione.
¿Cómo participa la gente común en un debate
abierto y plural sobre el futuro, cuando los
medios masivos manipulan la discusión mediante
el desarrollo de medios diseñados para promover
los intereses comerciales de las corporaciones y
no son inclusivos?
La historia
muestra que el movimiento sindical, los
trabajadores profesionales y los grupos de la
sociedad civil trabajando juntos pueden ayudar a
llenar el vacío moral creado por las fuerzas del
mercado. Son instrumentos de la voluntad del
pueblo y de los trabajadores y se convierten en
la palanca que mueve al mundo (para cambiar la
distribución de la riqueza y el poder dentro y
fuera de los países).
Los periodistas
y trabajadores de los medios, como profesionales,
se encuentran entre los pocos que están
capacitados para trascender las divisiones que
hoy por hoy polarizan nuestras vidas y por lo
tanto están entre los ladrillos que construirán
un nuevo mundo. El movimiento mundial de
periodistas junto con el movimiento internacional
de sindicatos reafirma su convicción de que el
respecto por el derecho a la sindicalización es
esencial para el desarrollo económico y social
con justicia social.
Traemos un
mensaje igual a Porto Alegre y a Nueva York. Los
sindicatos son parte de la sociedad civil, tal
como lo son de la industria. El periodismo libre
y la justicia social en los medios son esenciales
para la democracia. Estamos dispuestos a entablar
un diálogo con los patronos, así como estamos
listos a negociar con ellos, mientras, al mismo
tiempo, trabajamos con el resto de la comunidad.
Nuestro papel es avanzar y defender los intereses
de los trabajadores forjando alianzas con
aquellos que comparten nuestros puntos de vista y
a través del debate y la discusión con aquellos
que no los comparten. Esa es la razón de nuestra
presencia simultanea en estos dos foros.
El debate
público global es vital aún si la
participación en dicho debate es muy limitada.
El mundo no puede estar dividido exactamente
entre los que están con la globalización y los
que están contra ella. Estamos contra la agenda
neoliberal que ha impuesto una globalización
desequilibrada. Presionaremos al Foro Mundial de
Economía para que discuta la necesidad de
globalizar la justicia social y de crear un
respeto a la libertad de prensa a nivel mundial.
Al mismo tiempo,
contribuiremos en el Foro Social Mundial para
encontrar enfoques constructivos para
democratizar la globalización y el uso de los
medios en el interés de todos los trabajadores.
En la realidad de las vidas de las familias y
comunidades, lo social y lo económico han
estado, están y estarán siempre íntimamente
relacionados.
Nuestra meta es
obtener el respaldo para un mundo libre de la
pobreza y el desempleo, de la discriminación y
la injusticia, del terrorismo en todas sus
formas, y de la amenaza de la guerra y la
opresión. Queremos un mundo en democracia total,
y respeto absoluto por los derechos humanos.
Queremos un mundo donde las corporaciones,
pequeñas y grandes, respeten los derechos de sus
trabajadores y sus sindicatos, y los de las
sociedades en las que operan. Queremos
transparencia y apertura en el proceso de
globalización. Queremos que todas las
instituciones abran sus puertas al total
escrutinio del público y que permitan el acceso
de los periodistas y de otros a sus
deliberaciones.
Pero estas cosas
no sucederán al menos que exista un compromiso
con la justicia social y con la democracia, con
la libertad de prensa y con los gobiernos
abiertos.
Estamos
convencidos de que otro mundo es posible. Esa es
la visión del periodismo y el trabajo global del
siglo 21. Eso es lo que la FIP, en nombre de sus
sindicatos nacionales en más de 100 países,
está solicitando en Porto Alegre y Nueva York.
* Declaración de la Federación
Internacional de Periodistas (FIP) ante el el Foro Social (Porto Alegre) y el Foro Mundial de
Economía (Nueva York).
Enero/Febrero de 2002. Esta declaración ha sido
emitida por la FIP en unión con las Federaciones
Globales de Sindicatos, incluyendo a la
Confederación Internacional de Sindicatos Libres
(ICFTU). Distribuida por el Sindicato de Periodistas
del Paraguay.
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