Las lecciones del golpe y
contragolpe de Venezuela
La
insurgencia mediática
Darío
Klein *
"No
podemos garantizarle la fidelidad del Ejército,
pero le podemos prometer el apoyo de los
medios". Esa frase aparentemente
pronunciada, según The Economist, por el
ejecutivo de un medio de comunicación venezolano
al dictador por 28 horas Pedro Carmona lo resume
todo. El fracasado golpe de estado a Hugo Chávez
en Venezuela fue distinto a todos los anteriores.
Fue un golpe planeado, organizado y apoyado por
los principales medios de comunicación.
La prensa
participó con una meticulosa y a veces
incendiaria cobertura de las manifestaciones
contra Chávez, negándose a informar sobre los
hechos que llevaron al mandatario a volver al
poder e, incluso, siendo anfitriona de encuentros
para planear la caída del gobierno.
En los umbrales
del milenio, el intelectual hispano-uruguayo
Javier del Rey había escrito: "Un espectro
asedia a la democracia moderna: el espectro de la
democracia mediática, el irresistible ascenso de
los medios y de los periodistas, la sombra
chinesca de la democracia de opinión". El
caso venezolano muestra cómo la realidad casi
siempre supera las más osadas lecturas
teóricas. Difícilmente del Rey haya imaginado
que esos mismos medios que son y deben ser la
base de las democracias modernas por más
imperfectas que éstas puedan llegar a ser,
pudieran ser también los protagonistas de un
intento por destruirla.
Los sucesos
iniciados el 11 de abril aportaron buenas y malas
noticias para los demócratas. Entre las malas
figura la verificación de que los medios
también puedan convertirse en un enemigo de la
democracia. Entre las buenas, que la irrupción
de las cadenas internacionales de información y
de Internet ya no permiten dictaduras como las de
antes.
Crónica
del golpe
Todo comenzó
entre el 8 y 9 de abril. La oposición al
gobierno liderada por las cámaras empresariales,
los sindicatos y los medios de comunicación
organizaba protestas y un paro general por tiempo
indeterminado. El gobierno de Chávez
interrumpía sus mensajes constantemente con
cadenas de radio y televisión. En respuesta, los
canales interferían la señal oficial y cortaban
la pantalla en dos, para dar la información de
la huelga general.
Así llegó el
11 de abril fatídico. Era la tarde del segundo
día de huelga general. Las calles estaban
pobladas de cientos de miles de personas que
caminaban rumbo al palacio presidencial. Mientras
la televisión transformaba la manifestación en
una especie de referéndum popular, un grupo de
unos 10 generales preparaba un mensaje que sería
televisado. Allí la cúpula militar hacía
público su rechazo hacia el gobierno chavista.
Según los propios emisores del mensaje, se
trataría de una señal, una luz verde para dar
inicio al golpe.
Si los
periodistas internacionales lo sabíamos, es
probable que Chávez también.
Su respuesta fue
acaparar la señal de televisión con otra larga
cadena de las que tienen hartos a los
venezolanos. Mientras lo hacía y mientras los
francotiradores regaban sangre por los
alrededores de su palacio, Chávez anunciaba el
cierre temporal de las señales de las
principales cadenas privadas de radio y
televisión. Si mato al medio, no habrá mensaje
habrá pensado. Y entonces no habrá
golpe. El tiro le salió por la culata.
Chávez logró
frenar las ondas televisivas internas, a las que
acusó de todos los males. Pero no pudo con las
satelitales ni la Internet. Así, el mensaje de
los generales encontró de todos modos su vía de
escape, el efecto dominó hacia el golpe se puso
igualmente en marcha y, encima, Chávez le dio
una excusa más a quienes lo acusan de ser un
dictador en traje de demócrata, por haber
censurado a los canales.
Estos fueron
recuperando sus señales y, uno a uno, los
líderes militares venezolanos tuvieron sus 5
minutos de fama ante las pantallas, para mostrar
su desacuerdo con el gobierno y sublevarse.
¿Y cuál fue la
primer medida de los golpistas? Dejar vacía la
sede del canal estatal. Así este quedaba
impedido de emitir, y Chávez quedaba totalmente
aislado e imposibilitado de cualquier reacción.
En 1981 al rey de España le bastó con aparecer
en televisión, para evitar el intento de golpe
de Antonio Tejero. Chávez no tendría esa
posibilidad.
Así, la única
información que salía de Venezuela era la de
los que estaban en proceso de tomar el poder. Y
ellos aseguraban que Chávez había dimitido.
Ningún canal se preocupó por buscar el punto de
vista o la versión de los hechos de la cúpula
constitucional refugiada en el sitiado Palacio de
Miraflores. Sólo CNN ofreció la versión del
presidente de la Asamblea Nacional, del portavoz
del presidente, e intentó hablar con el
mandatario.
Parecía que el
golpe había triunfado.
Los hechos que
siguieron se dieron a un ritmo de vértigo.
Carmona asumió el poder en un acto, por
supuesto, televisado por todos los canales y a
continuación se reunió con los ejecutivos de
los principales medios de comunicación. Según
pude confirmar con fuentes locales de ambos
bandos, allí estaban el magnate de los medios
Gustavo Cisneros, el dueño del grupo de
periódicos El Nacional Miguel Otero, el
ejecutivo máximo de la cadena Globovisión
Alberto Federico Ravell y Marcel Granier de RCTV.
Algunos de los mismos que tres años antes
habían apoyado a Chávez para que llegara al
poder.
Pero mientras
hablaban, el contragolpe estaba en marcha. Poco
después los chavistas tenían tomado Miraflores.
Y entonces,
precisamente aquellos que habían llegado al
poder flameando la bandera de la libertad de
prensa, se encargaron de evitar que esa
información llegara al público.
Ninguna cadena
emitió ni el más mínimo susurro de ningún ex
funcionario chavista. Salvo la voz del fiscal
general que, según él, engañó a los medios
proponiendo una conferencia de prensa para
dimitir en público, pero que luego, con las
cámaras en vivo, no sólo no renunció, sino que
dijo que Chávez tampoco lo había hecho.
Nadie contó
tampoco que las calles eran un infierno. Los
canales se limitaban a mostrar imágenes de la
asunción de Carmona el día anterior, música y
telenovelas.
Los vándalos
chavistas reaccionaron con vehemencia, hicieron
de los medios el próximo blanco de su furia y
desde uno de ellos emitieron un mensaje diciendo
que su presidente estaba secuestrado. Claro, los
medios dicen que la cosa fue al revés: que como
se sentían amenazados por las hordas de Chávez
no pudieron contar lo que pasaba.
Sea como sea,
así como antes Chávez no pudo controlar lo que
se emitía por satélite a través de CNN ni a
través de Internet, tampoco pudieron hacerlo sus
sucesores del fin de semana. CNN comenzó a
realizar entrevistas con la administración
saliente y con la familia de Chávez, en la que
estos denunciaban el golpe y contaban la versión
del gobernante derrocado. CNN también contaba lo
que pasaba en las calles, en los alrededores del
Palacio de Miraflores y en los cuarteles. Y desde
afuera de su país, los venezolanos se iban
enterando de lo que pasaba dentro.
Venezuela no es
la misma después del 11 de abril. Eso es
evidente. Tampoco los medios serán los mismos.
Ese día perdieron públicamente su inocencia. Su
virginidad.
Hugo Chávez no
es el defensor de la libertad de prensa que dice
ser, ni el gran demócrata que ahora está
vendiendo. Es un hombre que en el pasado también
intentó llegar al poder a través de un golpe,
que se hizo hacer una Constitución a su medida,
que no dudó en suspender a los canales, que
bloqueó la información sobre las protestas en
su contra, que ha abusado de las cadenas
televisivas, que ha desarrollado un discurso
incendiario, agresivo y polarizador, y que ahora
tiene a decenas de periodistas escondidos que
temen por su vida. Pero, al final, esta vez hay
que darle cuando menos algo de razón cuando
veía conspiraciones por todos lados.
Ahora, con
tiempo habrá que preguntarse si entre las tareas
de los periodistas está la de luchar contra los
aparentes enemigos de la sociedad abierta aún a
riesgo de dejar de lado su tarea esencial de
informar. Si para defender la libertad de
expresión, la prensa puede subvertir el propio
orden constitucional.
*
Darío Klein es
miembro del Consejo
Editorial de Sala de Prensa. Periodista uruguayo que actualmente
trabaja en la cadena de televisión estadunidense
CNN, en Atlanta, como editor periodístico
y periodista de investigación, es doctor en
periodismo por la Universidad Complutense de Madrid con una tesis realizada sobre
Periodismo de Investigación. Este artículo fue
publicado originalmente en la revista Caras y Caretas de Montevideo.
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