Comunicación
política en El Salvador
Entre
el discurso político y electoral
y la desconfianza ciudadana
Mario
Alfredo Cantarero *
En
la sociedad actual se acentúa la paradoja:
mientras el sistema político y sus funcionarios
priorizan cada vez la comunicación como parte
consustancial de su legitimidad, los ciudadanos
adversan el discurso político mediático por su
falta de contenido y, esencialmente, por
distanciamiento con la vida cotidiana de las
personas.
Esa actitud del
ciudadano no sólo se queda en el rechazo al
discurso de los políticos sino que se manifiesta
contundentemente en una exigua participación
política, como la poca concurrencia en los
procesos electorales y en movimientos sociales
reivindicativos. Hecho que se ve potenciado por
la existencia de un sistema electoral
burocrático, marginador e ineficiente en sus
dimensiones logísticas y comunicacionales.
Este abismo
entre el sistema político y la participación
ciudadana acrecienta muchos fenómenos políticos
y morales, entre los cuales se encuentra la
corrupción de los funcionarios públicos en
tanto que no hay una ajuste de cuentas permanente
por parte de la sociedad. Además, ante las
disfuncionalidad y los abusos de los políticos
en la toma de decisiones, los ciudadanos pueden
asumir la violencia como única vía de acción
política como está ocurriendo ya en algunos
países latinoamericanos.
I.
INTRODUCCIÓN
En la sociedad
actual es indiscutible la presencia abundante y
permanente de la propaganda política mediática.
Este fenómeno se debe, entre otras razones al
desarrollo de las nuevas tecnologías en
comunicación colectiva, que agilizan y definen
mejor físicamente los procesos de comunicación
pública; al avance de las técnicas de
elaboración y difusión de los productos
comunicativos, que posibilitan administrar con
mayor control los procesos comunicativos con
propósitos bien definidos políticamente, y,
finalmente, a la creciente conciencia de las
instancias políticas en torno a la función de
la comunicación profesional en el intercambio
político en la sociedad.
Los gobiernos y
los políticos derrochan endémicamente el dinero
en la elaboración y difusión de menajes
románticos sobre su desempeño administrativo,
en donde "maquillan exageradamente" a
sus funcionarios públicos y sus respectivas
acciones, con el fin de conseguir el
consentimiento de la población y obtener
"buena imagen" en las encuestas
"patrocinadas" por los medios de
comunicación masiva. Se percibe un acendrado
interés por cuánto y cómo aparecen en la
pantalla que en las acciones que hacen y deben
hacerse en beneficio de la población, con la
idea de que la opinión pública asumirá
mecánica y acríticamente la postura de los
funcionarios.
La prensa,
televisión y la radio, muchas veces por
consentimiento y algunas por desconocimiento
profesional, han sido asaltados por el criterio y
la metodología de que sólo es noticiable
aquello que se enfoca y dimensionada
políticamente. En síntesis, el discurso
mediático noticioso ha espectacularizado
políticamente todos los ámbitos de la vida
social. Entre otros, el medio ambiente, la
educación, la infancia, las mujeres, el deporte,
la navidad, la desesperación y el sufrimiento de
la población son hechos que huelen
permanentemente a " interés
político", entendido esta como la única
razón que da sentido a los eventos que ocurren
en el presente social.
Sin embargo, en
el otro contexto del proceso comunicativo, los
usuarios de los medios informativos y del
discurso político se comportan con otra lógica.
La población recibe la información difundida,
pero su interpretación del mensaje la hace a
partir de su situación de vida en un aquí y
ahora real, "al rojo vivo del día a
día", como dice la población. De esa
evaluación entre mensaje propagandístico y
realidad vivencial, precisamente surge esa
actitud displicente de la mayoría de los
salvadoreños con respecto no sólo al mensaje
recibido sino a los eventos políticos, como se
puede ver en su paupérrima participación en las
últimas 5 elecciones presidenciales. Al
ciudadano, le preocupa, principalmente, la
situación de vida, el comer diario y el diario
sobrevivir.
Esto último es
lo preocupante para la democracia salvadoreña y
quizá latinoamericana, porque la poca
participación de la población en política deja
el espacio completamente libre para que los
políticos realicen cualquier cosa en contra de
toda la población, sin justificaciones válidas
y sin ningún contrapeso político capaz de
contrarrestarla, como es el caso de los actos de
corrupción generalizados en todas las esferas de
la administración pública.
Como anillo al
dedo, para los políticos en general, mientras
menos participe la gente en los eventos
políticos y electorales en defensa de sus
intereses, mayores son las posibilidades de
obtener como sea ganancias personales y
partidarias.
II.
EN EL RING PUBLICITARIO: ACTORES Y DISCURSO
ELECTORAL
En este apartado
se describe a través del análisis de la
campaña presidencial de 1999 la tendencia actual
de los políticos por asumir un rol protagónico
en el manejo controlado de la comunicación, como
una forma de sacar ventaja política en la
competencia electoral.
En el mercado de
la comunicación política los sujetos (los
partidos políticos) se encontraron en diferentes
condiciones comunicacionales tanto en la
disposición de recursos técnicos-profesionales
como en el estatuto de la comunicación en sus
estrategias políticas.
En este marco,
al evaluar la campaña técnicamente, se detectan
muchos desequilibrios e ingenuidades
comunicacionales en el desarrollo de la campaña.
La oposición,
comandada por el fmln, tuvo tantos desaciertos
comunicacionales que su derrota estuvo
visiblemente anunciada. Más que una campaña
electoral, pareció un rin publicitario con un
sólo peleador. El gran perdedor fue la
incipiente democracia de este país, agobiado
tanto por la terrible descomposición social y la
pobreza, como por la institucionalización de la
corrupción en las más altas esferas del Estado.
Además de que
el partido en el gobierno dispuso de todos los
recursos económicos necesarios para movilizar a
gusto y disgusto su aparato electoral,
comunicacionalmente construyó un cuadrilátero,
unos árbitros, unas reglas y un ritmo de pelea a
su antojo.
La mayoría de
los adversarios políticos del partido oficial
cayeron en la trampa de su estrategia de combate:
Dedicaron prácticamente su esfuerzo en tratar de
desprestigiar al partido oficial ARENA (Alianza
Republicana Nacionalista), criticando los
desaciertos de sus políticas públicas durante
su última administración en el gobierno con el
Dr. Armando Calderón Sol.
El
ganador de la pelea publicitaria
El candidato de
ARENA, el Licenciado Francisco Flores, con sus
"trenzas" (símbolo de alianza) como
insignia distintiva, pegó con todo, ante unos
adversarios sin estrategias significativas de
pelea en el entarimado de la comunicación
político-electoral.
Dicho
sumariamente, entre otras, sus acciones
comunicativas fueron las siguientes:
- Se inicia
su campaña desde la Asamblea Legislativa,
cuando anuncia su candidatura a la
Presidencia de la República siendo todavía
su presidente del Congreso, aprovechando la
buena imagen que había ganado en su estancia
como diputado. A partir de ese momento, con
toda libertad fue desarrollando cada una de
sus llamadas "alianzas" (al
interior de los sectores que conforman el
partido Arena), y, con el fuerte apoyo de los
"Don kings" de los medios de
comunicación social y de la publicidad, fue
implementado pausadamente la promoción de
sus cualidades de buen pugilista (de
intelectual, de moderado, de serio, de
comprometido, de incansable, de buen orador,
etc), para conseguir la presidencia.
- De modo
paralelo, pero aparentando distancia, los
apostadores, aprovechando los espacios de
poder que da la dirección de los
ministerios, favorecieron su promoción
presidencial, con la imagen de que el
patrocinado tenía la capacidad de gobernar y
de realizar obras en beneficio de la
población (construcción de puentes, de
pasos a desnivel, de reformas educativas, de
abanderados de la salud de los niños
estudiantes, de estabilizadores de la
economía, de buscadores de la modernización
y de las libertades democráticas, etc.)
Los
perdedores de la contienda publicitaria
Por su parte, su
contendor más cercano, el FMLN, no como jugador
sino como árbitro, sin ninguna insignia
reconocida, realizó una serie de acciones
comunicativas, que obviamente no beneficiaron en
nada sus aspiraciones presidenciales. Veamos su
discurso:
- Sus
líderes se dedicaron a revelar las acciones
negativas de la institución promotora del
pugilista contrincante, ARENA, acusándola de
única responsable de los males de la
sociedad salvadoreña (la corrupción
institucionalizada, la aprobación del
Impuesto al Valor Agregado, las estafas
financieras, el empobrecimiento de las
mayorías, etc).
- Sin
embargo, por lo que se difundió en los
medios de difusión social, no ofreció a la
población el detalle de las acciones
trascendentales para remediar el asunto y
conseguir el pregonado cambio. Sus
propósitos estratégicos se difundieron en
Medios de comunicación social inadecuados
como el medio escrito y circuló en públicos
reducidos. En el espacio de los medios,
tímidamente se indicaron acciones como el
incremento de empleos, pero no se
describieron cómo se iban a conseguir en las
circunstancias tan críticas para la mayoría
de los sectores de la población, con una
economía subsidiada por los compatriotas de
los Estados Unidos, con un sistema de
servicios públicos perezoso y con una
descomposición social y moral en pleno
apogeo.
- Se
satanizaron las acciones realizadas por los
gobiernos de ARENA, promoviendo una imagen
maquiavélica de las acciones gubernamentales
y la continua negativa a la propuesta del
contrincante al sostenimiento de un debate
público; pero no se exaltaron las cualidades
de su peleador Facundo Guardado.
Imagen:
La izquierda reverenció a la Derecha
Como corolario
del combate desigual, el candidato del FMLN,
junto con toda la plana mayor del partido, con la
finalidad de sacar ganancia, se presentó a la
casa de comando de ARENA, para retar a Francisco
Flores al debate y presentarle su plan de
gobierno. Contrario al propósito perseguido, por
la forma en que se diseñó la escena y por la
figuración que la prensa y la televisión
manejaron, se percibió la siguiente imagen: A un
Paco Flores como el señor feudal o el patrono al
que los subalternos le estaban rindiendo cuentas
del trabajo encomendado o que le estaban pidiendo
favores; y a un Facundo Guardado como el siervo
de la gleba o el subalterno que estaba dando
cuenta de sus tareas o que le estaba rogando que
debatiera con él.
En términos
generales, en cuanto a las estrategias de
campaña, las diferencias comunicacionales son
abismales. Entre otras, se destacan las
siguientes:
-
Económicamente, mientras el candidato del
partido oficial hizo una abundante inversión
y dispuso de muchos de los medios de
comunicación masiva, los partidos
opositores, en conjunto, no contaron con los
recursos ni con la disposición de los medios
y apenas hicieron "micos y pericos"
con el poco presupuesto destinado a la
campaña.
-
Políticamente, mientras el partido oficial
en el contenido del discurso ofertó una
serie de alianzas (para la familia, para la
agricultura, para el deporte, para evitar la
delincuencia, etc), los oponentes más
cercanos (FMLN, PDC, CDU, PCN) han
difundieron un discurso confrontativo
deficiente, en tanto que criticaron al
partido y al candidato oficial, sin indicar y
explicar sus propuestas. Se reconoce que, en
casos esporádicos, el PDC y el CDU dieron
indicios esperanzadores con signos
propositivos; sin embargo, fue la excepción,
no la regla.
-
Comunicacionalmente, mientras el partido
oficial, al parecer, dio cierta autonomía
profesional al trabajo de la unidad de
propaganda electoral, los otros partidos no
lograron demarcar el estatuto profesional
estratégico de los trabajadores de la
comunicación con el de las decisiones
políticas de sus comandancias o dirigencias.
En síntesis,
mientras el partido oficial propuso, mal que
bien, su plan de gobierno, exaltó sus cualidades
y se desmarcó del nivel de debate de los otros
partidos, estos confrontaron sin ganancia y sin
sentido en el ámbito de la opinión pública.
Significa que el partido en el gobierno presentó
signos positivos ("buena imagen") al
indicar permanentemente qué harían (aunque no
dijeron cómo, con quiénes y para qué) y al
destacar sus cualidades de negociador,
propositivo y bien preparado académicamente
("el candidato conveniente"), los
demás partidos presentan signos negativos
("imagen deficiente") al reiterar
mensajes confrontativos y sin resaltar sus
capacidades y experiencias políticas
("candidatos inconvenientes").De este
último signo se exceptúa, en gran parte, la
campaña del CDU, tanto por las portentosas
figuras del Dr. Rubén Zamora y del Ing. Roberto
Meza, como por la mesura de sus posiciones y
ofertas políticas.
El
discurso eterno: Siempre las mismas promesas
románticas
Al compararla
con las campañas electorales de los últimos 20
años, la de 1999 esencialmente no se diferenció
de ellas en cuanto a su contenido. Entre otras
similitudes, se encuentran:
- La
reiteración casi al unísono de los mismos
ofrecimientos (más empleos, más seguridad
ciudadana, erradicar la corrupción, más
policías, condonación de la deuda agraria,
la reactivación de todo).Pero no explican
cómo procederán, con qué recursos y en
cuánto tiempo.
- La
formulación de promesas utópicas.
Irresponsablemente prometieron resolver los
problemas del mundo, cuando ni se tienen
claros cuáles son esos problemas; peor aun,
cuando no se cuenta con las posibilidades
reales (de recursos) para hacer frente a los
retos; más grave todavía, cuando no se
tiene una perspectiva de nación, sino
concepciones sectorialistas y excluyentes.
III.
LA GUERRA DE ENCUESTAS, OTRO ROSTRO DE LA
CAMPAÑA
En las campañas
electorales de los últimos diez años, las
encuestas se han convertido en una variable
importante en su discurso política, como una de
guerra de porcentajes en búsqueda de legitimidad
y de ventaja política. A tal extremo llega esta
actitud de los partidos políticos en la
contienda que las sobrevaloran o las
infravaloran, según les convenga en el
intercambio político.
Según las
intenciones de los que patrocinan y promueven las
encuestas como parte de la campaña
propagandística, los ciudadanos al exponerse a
los resultados de las encuestas en los medios de
comunicación pueden interesarse por votar a
favor de los partidos que emite; según la regla
del contagio.
Sin embargo, no
se cuenta con datos empíricos contundentes que
demuestren que el publicitar los resultados de
los sondeos posibilita un cambio en la intención
real del votante.
Mitificación
de los porcentajes
En El Salvador,
como en el resto de países latinoamericanos, es
costumbre que en la medida que la campaña
electoral avanza, van apareciendo los resultados
de sondeos de opinión sobre preferencias
electorales a diestra y siniestra como parte del
esfuerzo por persuadir y contagiar a los
electores de que voten por el partido que
encabeza los sondeos.
Aun cuando
teóricamente este instrumento científico se
constituyen como un espacio político de los
ciudadanos, en la práctica política de El
Salvador se perciben los siguientes rasgos:
- En la
mayoría de los casos, cuando se ofrecen
públicamente los resultados, se enfatizan
únicamente los porcentajes, pero no se
explican los procesos técnicos que
utilizaron para realizar el sondeo, como el
procedimiento que realizaron para la
determinación de los componentes de la
realidad investigada: La selección de la
muestra, la recogida de datos y el nivel de
análisis e interpretación. Técnicamente se
sabe que no todas las encuestas buscan lo
mismo, la información no se obtiene de igual
manera y los niveles de análisis e
interpretación también varían, por razones
de carácter teórico-técnico y por su
intencionalidad política.
- No se
limitan a la exposición de los resultados,
sino que hacen interpretaciones personales (o
en nombre de colectivos), con el pretexto de
representar a la opinión pública. No se
establece el límite entre razones inmediatas
de carácter estadístico y la
interpretación política de los resultados.
En la percepción del público, los
resultados de las encuestas, tal y como se
muestran, tienden a favorecer o desfavorecer
políticamente a un partido.
- Venden la
idea de la infalibilidad de los resultados,
cuando las investigaciones cuantitativas
tienen limitaciones como la de no establecer
los porqués sino solamente tendencias; como
el hecho de basarse en una respuesta verbal
(afirmativa o positiva, a favor o en contra,
le gusta o no le gusta, etc.), que puede ser
o no cierta y que no hay manera de constatar
en el desarrollo de la vida de los
ciudadanos.
- Suponen
que las opciones de voto se mueven acorde al
desarrollo de la campaña electoral, cuando
los datos sólo ofrecen la intención de
voto, no los cambios de opción política. Se
parte de las premisas falsas al suponer que
la propaganda política en los medios de
comunicación actúa como una aguja
hipodérmica en la población inerte, con la
capacidad de cambiar las opciones de voto.
Para establecer el cambio de opción
política, habría que realizar metodologías
de investigación complejas ( especialmente
las cualitativas) que permitan reconocer la
multidimensionalidad de la opinión pública.
- Clasifican
categóricamente a los sectores sociales como
votos duros (las opciones definidas por un
partido político), los indecisos (aquellos
que manifiestan no saber por quién votar, o
no están seguros) y los que no emitirán su
voto. Clasificación que reduce a los
electores a atribuciones que pueden ser muy
distantes de las actitudes y preferencias
políticas reales de los salvadoreños. Las
alternativas de "no sé" o "no
contesta" no puede interpretarse
únicamente como "indecisos".
Según se ha
comprobado (Paul Felix Lazarsfeld, B.Berelson,
MacPhee, 1954; Sidney Kraus y Dennis Davis,
1991), este tipo de votante imparcial o neutral
que sopesa los argumentos ofrecidos por los
partidos competidores en el desarrollo de la
campaña no es más que uno de tantos mitos
políticos.
Los
sondeos de opinión, entre el bien y el mal
En la carrera de
la campaña electoral, teóricamente, los
partidos políticos, los ciudadanos consumidores
de medios y los medios masivos obtienen ganancias
o pérdidas con las encuestas de opinión.
A los
políticos, les posibilita diagnosticar las
intenciones de voto de los salvadoreños, como un
termómetro sobre su imagen, y de acuerdo con
este panorama, ajustan o precisan sus estrategias
de propaganda política; presumir de su posición
y desprestigiar al adversario, si los resultados
son positivos, y negar su validez e increpar a
las instituciones que las realizan, si los
resultados son negativos, muchas veces sin
fundamento teórico-técnico.
A los
usuarios, les genera disgustos (a los
indiferentes), porque irrumpen su rutina de vida,
y motivación (a los predispuestos), porque
recrean sus opciones políticas.
A los medios,
les permite garantizar el volumen de información
de los días (en el ámbito periodístico);
obtener jugosas utilidades en concepto de
publicidad y, por qué no decirlo, obtener
benevolencias de los partidos políticos
publicitados en el sistema de compadrazgos.
Paradoja:
Gastos publicitario enormes, participación
ciudadana escasa
Al revisar las
estadísticas de los resultados electorales de
los últimos 20 años, resulta sorprendente que
ni la mitad de los salvadoreños, entre un 39% y
un 43%, ha elegido a los funcionarios públicos
(presidentes, diputados y
alcaldes).Consecuentemente, más de la mitad,
entre un 61% y un 57%, no se ha dado por aludido,
un cuando en ese mismo lapso se han inundado los
medios de comunicación social, con sendas y
costosas campañas propagandísticas.
En las encuestas
que se han administrado desde junio de 1998 sobre
preferencias electorales, el panorama no varía
mucho. En este sentido, el panorama de la actitud
política de los salvadoreños, más o menos se
resume así:
Predispuestos,
los que antes, durante y después de la campaña
electoral están definidos por un partido
político(ARENA, FMLN, PDC, CDU, PCN y otros).
Entre todos, porcentualmente, significan entre un
24.9% y 43% de los salvadoreños con capacidad de
votar.
Desinteresados.
Porcentualmente, según los resultados de las
indagaciones, significan entre un 57% (Rivera
Research S.A., patrocinado por el TSE,
noviembre-diciembre de 1998) y 75.1% (IUDOP,
diciembre de 1998,citado por APOTE) de los
salvadoreños con capacidad de votar.
Actitudinalmente, expresan un repudio por los
procesos electorales y por los políticos.
La
campaña electoral, "un baño
químico"
Entonces cabe
preguntarse: ¿Qué sentido tiene estar gastando
tanta plata en la campaña, si los medios de
comunicación no tienen la capacidad de modificar
intenciones de voto para las próximas elecciones
presidenciales?.
Según los
resultados de las elecciones de los últimos 20
años indican que estas quedan definidas por los
acontecimientos políticos, económicos y
sociales entre períodos presidenciales o por
estadios históricos; no por una campaña.
La propaganda
mediática sólo refuerza y motiva las
intenciones ya predispuestas, que tienen su
origen en los temores, en las desconfianzas, en
las expectativas, en los problemas cotidianos de
la población. Como dice el profesor Paul Felix
Lazarsfeld (1953), la campaña es como un baño
químico que revela las fotografías: hace surgir
las imágenes ya latentes en la placa
IV.
FOBIA Y DESCONFIANZA CIUDADANA
En las
conversaciones diarias, en las encuestas de
opinión y en las entrevistas, antes, durante y
después de las elecciones, la gran mayoría de
los sectores sociales muestra aversión y
desconfianza por los políticos y sus discursos.
Las razones
abundan, desde la falta de democracia al interior
de las organizaciones políticas, los abusos de
poder, la impunidad institucionalizada, la falta
de transparencia en el manejo de fondos propios y
públicos, hasta la falta de representatividad
institucional y política.
Esta actitud de
rechazo al actual sistema de partidos políticos
se observa no sólo en la acción política ( a
través del voto), sino en la acción
comunicativa en todas los espacios sociales de la
vida cotidiana de los ciudadanos.
Sistema
desprestigiado por tradición
Entre las
generaciones (padre-hijo, abuelo-nieto,
abuelo-bisnieto, etc) se establece un diálogo en
el que se ha valorado y se valora el sistema
político en todas y cada uno de sus componentes
y expresiones.
Esa valoración
se ha ido configurando en el lapso de la vida
constitucional del país, a partir de la
experiencia que cada una de las generaciones ha
tenido con respecto a sus gobernantes y a sus
formas de gobernar.
En las
conversaciones, los jóvenes, adultos y ancianos
recuerdan y se refieren a los políticos
negativamente. Cada uno tiene una historia o
anécdota negativa que contar en donde se
evidencia una carga emotiva de sufrimiento y
desprecio, precisamente por la afectación en
contra de sus hogares.
Durante el siglo
XX, la vivencia de los salvadoreños con
relación al sistema socio-político no es nada
grata: dictaduras, dinastías partidarias,
gobiernos sin atributos democráticos elecciones
malogradas, inestabilidad de los gobiernos,
crecimiento económico sin distribución de
frutos, fuerza laboral sin fuentes de trabajo,
fracaso de las políticas gubernamentales,
alianzas derecha-fuerza armada, enriquecimientos
ilícitos, destrozos humanos y de la
infraestructura económica durante la guerra,
etc.
Por esas
prácticas constantes y recurrentes en las
estructuras de poder, la personalidad colectiva
del país recuerda experiencias negativas y
sufrimientos, a partir de los cuales critica
mordazmente, con razón vivencial, al actual
sistema político y a sus representantes.
Mensajes
etéreos e inconsistentes
El salvadoreño
evalúa como inverosímil el contenido de los
mensajes políticos que se distribuyen a través
de los Medios de comunicación social. Significa
que no se cree en el discurso de los políticos.
Se lo valora como inconsistente, porque sólo
contiene ideas ilusorias e irreales.
Generalmente, en
el spot publicitario, en las entrevistas, en los
mítines, etc., los políticos se designan y se
autodenominan como "Defensores de la
"democracia", "Trabajadores de la
"justicia", "Padres de la
Patria", "Defensores de la
"libertad", "Promotores de la
modernización", "Abanderados del
desarrollo", "Representantes y
Defensores del pueblo". Asimismo, publicitan
las acciones como actos de caridad hacia la
población con términos como "Lo estamos
haciendo en beneficio del pueblo"
Al hacer un
recuento de las tesis de los diferentes partidos
políticos, aparece una cantidad de conceptos
similares en su abstracción y generalidad. Si no
estuvieran etiquetados como de izquierda, de
derecha, socialdemócratas o socialcristianos,
etc., por su discurso parecen que tienen la misma
percepción del país y se proponen los mismos
proyectos políticos. Como se dice
popularmente,"todos los políticos hablan de
lo mismo" y además "en los mismos
términos".
En la práctica,
el comportamiento de los mismos también se
uniformiza. En El Salvador, después de los
Acuerdos de Paz, firmados el 16 de enero de 1992,
percibe y comenta que la izquierda y la derecha
no se diferencian en nada sustancial, sino en la
posición en que se ubican el teléfono celular
(unos a la izquierda y otros a la derecha) y en
los colores de los carros último modelo que
usan.
En la mayoría
de los casos, no se llevan a la práctica las
tesis y las argumentaciones políticas. Por la
certeza que viene de la experiencia, la
población percibe que los políticos, sin
distinción alguna, adolecen de las misma
debilidades y de los mismos vicios:
"trabajar poco y beneficiarse de todo
mientras están en sus funciones públicas".
Por eso, aun
cuando la población puede opinar favorablemente
sobre la estética de los mensajes y tararee el
gingle propagandístico, y darles la razón en
más de alguno de sus comentarios sobre cualquier
problema coyuntural, ocurre que no se apropian
actitudinalmente del contenido del discurso
porque lo considera hipócrita y distanciado de
sus problemas y de sus formas de vida.
Como la
canción: Palabras, palabras, palabras,
palabras...
Otro elemento
que configura la percepción negativa sobre los
políticos y sus formas de actuar, se relaciona a
la oferta política en el discurso de la campaña
pre-electoral o electoral y el cumplimiento de la
misma cuando el funcionario está ejerciendo el
poder. Se establece una conexión entre la
promesa del candidato y el cumplimiento del
funcionario público: Veamos cómo ocurre.
Comunicacionalmente,
cuando el político ofrece o promete realizar una
acción en beneficio de la población, se
compromete a cumplirla en una especie de contrato
implícito. El votante predispuesto cree, piensa,
espera que el candidato realizará posteriormente
lo que ha prometido. El activista más cercano a
la dirección del partido o al sector social que
lo apoya, quizá es el único que sí está
seguro que le cumplirán las promesas.
El espacio vital
de la mayoría de los salvadoreños actualmente
comprende una serie de necesidades, entendidas
estas como deseos de poseer un objeto o lograr
metas vitales (casa de habitación, empleo,
seguridad social, salud, educación, hambre,
etc).A partir de las características de este
espacio social, los compatriotas juzgan el
desempeño de los gobiernos de los últimos años
como una serie de políticas y estrategias que no
han satisfecho esas necesidades (ni las básicas
mucho menos las de
autorrealización).Contrariamente, se
experimentan cada vez más altos niveles de
insatisfacción socioeconómica por la carestía
de la canasta básica y el aumento del costo de
los servicios de agua, electricidad, cuotas
escolares, telefonía, licencias, tarjetas de
circulación, etc. Significa que ven la
administración política como un fracaso, pues
sólo constituyen promesas, no cumplimientos y
soluciones observables en su beneficio. Se ven y
se viven como acciones políticas en su contra.
Allanamiento
de sus rutinas diarias
Si las
necesidades siguen o se han incrementado en la
vida diaria, con la tormenta de spot televisivos,
de desplegados en prensa, de cuñas
radiofónicas, de hojas volantes, de notas
noticiosas, de mítines y barras móviles, etc,
etc., no se hace sino inundar de ruidos la vida
cotidiana de los guanacos.
Las personas en
sus vidas diarias tienen una rutina, en donde las
funciones de la persona en cada momento y en cada
espacio están definidas. En otras palabras, las
actividades diarias están pautadas por el
hábito, por la costumbre, por la cultura, por la
sociedad. Cualquier rompimiento, cualquier
alteración en esa rutina puede provocar crisis,
confusión, ansiedad, miedo, enfado, etc. Los
mensajes son disonantes en la rutina y provocan
actitudes de rechazo porque no implican directa y
personalmente a la mayoría de los salvadoreños.
En este espacio
social, ante las insatisfacciones provocadas por
los políticos y el orden de cosas establecido,
la mayoría de los sectores traslada su confianza
y su atención a los medios de comunicación
social. Esto ocurre porque ofrecen programas que
facilitan el entretenimiento (música, series,
novelas, fútbol, películas, etc), en su tiempo
de ocio.
En el tiempo
extralaboral (tiempo de descanso y diversión),
especialmente en campañas electorales, los
discursos propagandísticos transmitidos en los
medios, en lugar de inducir a la población a
votar o motivarla, irrumpen su acostumbrada
programación favorita y generan molestias. En
algunos casos se traducen en enojos e insultos.
Importancia
ocasional para la comunicación con la
ciudadanía
Por otra parte,
los partidos políticos, durante las épocas de
"calma" ( entre elecciones), no le dan
a la comunicación la importancia estratégica
debida. En estas circunstancias, se configuran
las predisposiciones de los votantes, en razón
de las acciones políticas de los gobernantes y
de la oposición. Contrariamente, se tiene una
concepción inmediatista, utilitarista y
ejecutivista de la comunicación social, con
mayor intensidad en los círculos de la
oposición. Es más, solamente se le da valor
político a la presencia de su discurso en los
medios de comunicación masiva, en detrimento del
valor comunicativo de los hechos concretos en
beneficio de la mayoría de la población.
En lugar de
entender la comunicación como una actividad de
importancia permanente, cuya dirección y
producción requiere del concurso de
profesionales bien cotizados, y del uso de
instrumentos adecuados, en la práctica se la
percibe como una actividad de importancia
esporádica. Únicamente, priorizan y enfatizan
una falsa retórica del bien y del mal a través
del espectáculo y el show mediático de un
momento determinado.
Comunicación
de circo, en lugar de acciones benéficas
En 1980,como
gran filósofo de la comunicación social,
monseñor Romero, al referirse a la utilidad
social de la inversión propagandística de la
izquierda, la criticó duramente porque, en lugar
de favorecer con ese dinero a las personas por
quienes se dice luchar, se lo malgastaba en
publicidad política.
La exhortación
sigue siendo válida en la actualidad, y de forma
extensiva a todos los partidos políticos, pues
ejecutan sus campañas por medio del espectáculo
y el show mediático (cancioncitas alegres,
chicas bailarinas con ropita corta, cachuchas
coloridas, saturación de spots y cuñas
altamente retóricas, folletines, etc).
Contrariamente, los beneficios "constantes y
sonantes" a la población no se consideran
como estrategia de comunicación política.
Tomando como
base el planteamiento de Charles Sanders
Peirce(1958), teórico clásico de la
comunicación, los políticos salvadoreños creen
en los signos potenciales (en el posible
efecto de la retórica mediática), pero olvidan
los signos situados (el contenido de los
mensajes en el contexto social) y ni siquiera
perciben los signos interpretativos (la
orientación de los públicos en los contextos
cotidianos).
En cada una de
las dos elecciones pasadas (1997, 1999), el gasto
estimado promedio en publicidad política anduvo
aproximadamente alrededor de los 190 millones de
colones en total. Se prevé que en elecciones del
2003 y del 204 se invierta un estimado de 200
millones de colones en cada una.
Bien por las
agencias de publicidad, de los medios de
comunicación masivos, de los asesores
extranjeros y nacionales; pero ¿y los 6 millones
de salvadoreños en qué se benefician con ese
dinero? Al parecer en nada que satisfaga sus
necesidades básicas. Sólo se les informa sobre
los proyectos políticos, cuando mucho. Con esa
retórica abstracta, ¡quién sabe!.¿Se persuade
y se sugestiona a los ciudadanos?...¡están
definidos ya!
Acciones
políticas de signo negativo
A pesar del
patológico narcisismo de los políticos por
estar en los Medios de comunicación social
(entiéndase fanatismo por la comunicación
potencial), la imagen que la población percibe
de sus intervenciones (comunicación situada)
difiere mucho de sus intenciones
propagandísticas. La distancia entre la
intención de los políticos y la interpretación
cotidiana de los públicos es de años luz.
Concretamente,
de su presencia e intervenciones en los medios de
comunicación masivos, y de la experiencia en su
vida diaria, se elaboran una serie de lecturas e
interpretaciones, que llevan a configurar la
percepción ciudadana sobre ellos. Entre otros,
se perciben los siguientes rasgos:
Imprecisos en
sus comentarios. Nombran los asuntos
políticos del país no con el rigor técnico que
se merecen, sino con frases superficialmente
propagandísticas, en donde se hace alusión a
las actitudes políticas del otro como
"maleficio", mientras la propia se la
designa como "milagro".En lugar de
demostrar, se plantean los asuntos en blanco y
negro, como problemas morales": lo que hace
ese partido político está mal" y,
contrariamente,"mi propuesta es la
buena".
Irrespetuosos
de sus adversarios. Se nombran y se califican
no con profesionalismo y respeto, sino con el
epíteto malcriado y sarcástico, como "mal
nacido".La población percibe la contienda
política como una guerra verbal, donde lo que se
indica es la intención de dañar al otro,
desprestigiarlo o acabárselo psicológicamente,
con los mismos principios hitlerianos de la
violencia psíquica.
Intolerantes
políticamente. Las mociones no se discuten
en el marco de la pertinencia y/o de beneficio
político para el país, sino que se las trata
con una actitud de oposición por la oposición (
muchas veces no se las adversa, se las destruye
de un plumazo, como en plena guerra). Recordando
la época de la guerra, como un substrato, la
discusión entre la oposición y los partidos de
gobierno es una batalla verbal. El discurso
político se estructura con una metodología
militar: ataque, defensa, contraataque. En el
lenguaje se perciben términos como
"vencer","aniquilar" o de
"puntos débiles".
La intolerancia
política no sólo se expresa entre partidos sino
al interior de cada uno de ellos. Durante el año
2001 y principio de este se pudo percibir
públicamente pleitos internos en donde no se
acepta a la otra tendencia, se la niega y se la
excluye. Las direcciones ven a sus partidos como
sus feudos, en el que pueden ser dueños de todo:
los bienes muebles e inmuebles, la voluntad de
las personas y la verdad sobre la realidad.
Beneficiadores
de sectores exclusivos. Se percibe que la
actividad política de los funcionarios públicos
gira en torno no al beneficio de todos los
sectores sociales de la nación, sino a
satisfacción del grupo social que los promovió,
como en el caso de la privatización de la banca.
La población se recuerda patéticamente el
ofrecimiento de trabajar por los más pobres de
los pobres; sin embargo, con las acciones
gubernamentales de las últimas tres
administraciones, los más favorecidos, según
los analistas políticos, han sido los grupos que
han promovido las candidaturas.
Incumplidores
de la ley. Se juzga que los políticos, en
lugar de apegarse a derecho, son los primeros en
violarlo, con su incumplimiento. Cotidianamente,
el salvadoreño está bien claro que los
funcionarios públicos se desempeñan en sus
carteras con toda impunidad. Parafraseando a
Monseñor Romero, la ley es como la serpiente,
sólo pica al que anda descalzo. Así retrasaron
la aprobación del presupuesto de la nación de
1999, del 2002 y el nombramiento del actual
Procurador de Derechos Humanos de la República,
inundan de propagan las calles o irrespetan los
debidos procesos, como tiranuelos, etc.
Ausentes de
las comunidades. Se percibe que los
políticos sólo de toman la molestia de
visitarlas en épocas electorales cuando se
buscan votos, pero ya electos no se molestan en
acudir a ellas para identificar sus problemas y
buscar superarlos. Generalmente, estando en el
poder, hacen exactamente lo contrario. Cuando las
elecciones para alcaldes, el Dr. Silva se
internó en el Mercado Central, saludó a las
vendedoras, prometió trabajar en su favor y
salió por la televisión. Pasado un año de
ejercicio como edil, argumentando rescatar el
Centro Histórico, embellecerlo, volverlo
estético, echa violentamente a los vendedores de
sus lugares de trabajo, de donde obtienen su
sustento diario y el de sus hijos.
Buscadores de
su propio beneficio. Se valora que los
funcionarios orientan fundamentalmente sus
acciones con la intención de sacar provecho
individual de todo, entre otras, con el comercio
de voluntades, los aumentos de salario y los
abusos en el uso de los recursos del Estado,
desde las fotocopias de los libros hasta la
utilización de los vehículos nacionales para
propósitos personales, pasando por la permanente
actitud de permitir la destrucción de todo el
patrimonio del Estado.
V.
SISTEMA DE VOTACIÓN: INCOMUNICACIONES
La poca
participación de la sociedad civil en los
eventos electorales se debe, además, a otros
elementos, como la falta de socialización de la
práctica democrática, la falta de
obligatoriedad del voto, las difíciles
condiciones de movilización a los centros de
votación, la ineficiente información previa al
sufragio y el burocrático procedimiento para
emitirlo.
Una
cultura sin política democrática
Los
salvadoreños, además de recibir signos
negativos de los políticos a través de los
medios de comunicación masivos, y de vivir en un
espacio social crítico y hostil (inseguro,
violento, narcotizado, inmoral, pobre, lleno de
impunes por doquier, inundado de rateros de toda
calaña, etc), no son usufructuarios de un
sistema educativo eficiente en la formación y
conformación de valores democráticos.
El tipo de
participación democrática de la población a
través de las elecciones depende muchísimo de
la cultura política de un pueblo. Por cultura
política debe entenderse como el conjunto de
actitudes, creencias, sentimientos, símbolos y
valores, productos de la historia colectiva y de
la experiencia individual, que dan sentido al
sistema y a la vida política de un país
(Monzón, Cándido, 1997).
Esta
participación depende no de un momento (de las
épocas de elección), no es exclusivo del
espacio mediático (de campaña electorales
dramatizadas a través de la retórica de los
medios audiovisuales) ni resultado de la
improvisación (de acciones políticas de última
hora), sino del ejercicio continuado de los
principios democráticos, propios del esfuerzo,
convicción y participación de los ciudadanos en
la vida pública del país.
El ejercicio
continuado de los principios democráticos supone
los hábitos de información, participación y
responsabilidad social transparentes, que el
sistema educativo puede y debe introducir,
fomentar y fortalecer esencialmente.
Sin embargo,
nuestro sistema educativo ha adolecido y adolece
de una política estratégica de socialización
de esos principios democráticos.
Según
Pedagogos, antes de la Reforma Educativa, además
de la consolidada filosofía del laissez faire,
laissez passer (dejar hacer, dejar pasar) en el
trabajo diario, desarrollaba una concepción
bancaria burda y deficiente del mundo y de las
ciencias. Se potenciaba el pesimismo, la
triquiñuela, la irresponsabilidad, la
desinformación, los compadrazgos y patronazgos
con relación a los asuntos públicos.
Después de la
Reforma Educativa, según analizan los pedagogos,
siempre se promocionan los compadrazgos
políticos y los lastres de antaño, con una
acentuada reverencia a la impunidad, por la
sencilla razón de que no se ha pensado la
concepción educativa ni el sistema
administrativo para nuestro contexto (una riqueza
de necesidades, con un mar de miserias). La
concepción y la práctica democráticas siguen
siendo los principales ausentes.
En consecuencia,
si no se educa para la democracia y si el sistema
familiar habitualmente funciona con desprecio a
los políticos, entonces difícilmente se puede
dinamizar el sistema democrático en este país.
Carné
electoral, poco utilizable
Por las secuelas
de la cultura del fraude y por todas las razones
comunicacionales planteadas, los salvadoreños
aptos para votar difícilmente se movilizan a los
centros de votación previstos por el Tribunal
Supremo Electoral, como lo han anunciado ya la
mayoría de las encuestas. Sin alardear con los
pronósticos, se puede afirmar que el porcentaje
de desinteresados se mantendrá en las elecciones
del 2003 y 2004 en el nivel de los últimos
veinte años(del 53 al 62%), sino se modifican
muchos de los factores que dificultan la
participación política de los ciudadanos.
Allende de que
las campañas electorales son poco novedosas,
nada atrayente y poco dinamizadoras de esta
situación democrática (macro comunicación
deficiente), otro de los enormes descuidos de los
políticos ha sido el estatuto del carné
electoral en el espacio vital de los
salvadoreños (micro comunicación). La utilidad
social de este documento se redujo a la amenaza
hecha por las autoridades en los períodos
electorales de que sería un documento necesario
para cualquier trámite legal.
Al no ser
legalmente obligatorio de modo permanente, el
interés de los salvadoreños por obtenerlo se
redujo a la mínima expresión, y, con él, la
remota posibilidad de ir a votar se acrecentó.
Actualmente,
ante los pobres índices de votantes en las
elecciones pasadas, la inoperancia del carné
electoral y el interés por volver más confiable
el sistema electoral, los partidos de oposición
han estado promoviendo el voto residencial y del
establecimiento de un Documento Único de
Identidad (DUI).
El proceso de
adquisición del DUI inició en diciembre del
2001, con una serie de dificultades de tipo
operativo, que dificultan a la población
obtenerlo. Esto permite intuir que hay fuerzas
interesadas que tratan de evitar que este nuevo
instrumento posibilite la participación de la
ciudadanía en las elecciones del próximo año,
en tanto que facilitará el voto residencial.
Día de
elecciones, día para otra actividad
La obtención
del carné electoral y ahora el DUI ha sido una
aventura dificultosa y de mal gusto; el día de
los comicios, un conjunto de reveses. Su
organización invita a no votar. Los centros de
captación están diseñados como laberintos
complicados o como adivinanzas sin solución,
para una población de por sí desmotivada. Entre
otros problemas, se experimentan los siguientes:
Mucha
inversión de tiempo para tan poco beneficio.
Asistir a los lugares de votación implica
invertir un largo tiempo y un tremendo esfuerzo,
que no vale la pena gastar como enseña la
tradición política de este país. La ruta es
complicada; hay familias que tienen que deambular
de un lugar a otro para poder votar. Así las
cosas, habría que ser demasiado buen ciudadano
para sortear tanto obstáculo. Resulta más
satisfactorio, atractivo y fácil frecuentar un
campo de fútbol, dormir, ver televisión,
escuchar música, compartir con la familia, etc.,
que peligrar en la movilización hacia los
distantes centros de votación.
Orientación
inadecuada. Al llegar al lugar de votación,
resulta que, además de no prestar las
condiciones mínimas para los conglomerados
humanos, los listados no están ordenados según
la lógica de la facilidad, sino de la
dificultad, con casos como los siguientes: a)
muchos nombres no aparecen en los listados, b)
nombres de fallecidos en el padrón electoral,
c)sorpresiva existencia de votantes sustitutos,
d)informaciones equivocadas sobre los lugares de
votación, etc.
Según el
Tribunal Supremo Electoral, 1)actualmente más de
medio millón de fallecidos están en los
registros oficiales, 2) en 1994, un 3.3% de los
tres millones de salvadoreños regresó a su casa
sin emitir su voto porque no apareció en el
padrón, 3) a un 0.3% no le coincidió su número
de carné con el número impreso en el registro y
4) un 0.1% reportó error en la digitación del
nombre del ciudadano(Félix Ulloa, DH,
26/01/99:7)
Todas estas
adversidades propician, potencian y reproducen la
aversión al sufragio. Esta diversidad de
anomalías, al parecer, más que errores
involuntarios en la organización del evento, en
gran medida son acciones previstas por mentes
maquiavélicas.
Este sistema
electoral con tantos obstáculos fomenta la poca
participación política de la mayoría de los
salvadoreños, y, consecuentemente, beneficia a
las minorías políticas de este país. Con esto
la democracia salvadoreña pierde, porque se
deslegitima y se anquilosa.
VI.
A MODO DE PROPUESTA
Sumariamente, de
acuerdo a investigaciones realizadas (Mario
Alfredo Cantarero, 1995), la fobia y la
desconfianza ciudadana hacia el sistema político
en El Salvador se fundamentan en el tradicional
desprestigio de los políticos que se hereda de
una generación a otra; se arraiga en la falta de
verosimilitud del discurso político por la poca
relación con la vida cotidiana de las personas;
se reproduce en el reiterado incumplimiento de
las promesas, y se actualiza en la poca
participación en los procesos electorales.
Según se ha
establecido recientemente, en los países
democráticos (Sidney Kraus y Dennis Davis,
1991), la propensión de voto se configura con
las acciones políticas de los gobiernos y de los
partidos políticos durante los períodos entre
elecciones, y, además, con los componentes
generacionales, históricos y sociales
determinados.
Concretamente,
se trata de la emisión de una serie de signos de
la población por medio de acciones evidentes en
favor de los sectores sociales. Significa
establecer un acto de comunicación política
entre el sistema político y la población por
medio de la solución o atenuación de los
problemas sociales, económicos, políticos o
culturales.
Más
explícitamente, se trata de satisfacer las
necesidades, en nuestro caso, de la población
salvadoreña (léase la seguridad ciudadana, el
empleo, respeto a los derechos humanos, agua
potable, educación competente, buenas
carreteras, atención adecuada en las
instituciones públicas, aplicación del debido
proceso legal, etc.).
En síntesis de
lo que se trata es que el discurso mediático y
el discurso de las acciones deben ir paralelos
para que la población constate la verosimilitud
de la palabra con el beneficio inmediato, en su
contexto concreto.
Operativamente,
en el caso del gobierno, conviene que realice las
acciones políticas imprescindibles para resolver
los problemas esenciales de la población, por
medio de cada uno de los ministerios públicos,
con base en diagnóstico rigurosos y en programas
de atención certeros y transparentes.
Con respecto a
la oposición, se requiere que realice
proposiciones políticas encaminadas a fiscalizar
las acciones del partido en el gobierno y
garantizar el cumplimiento de los compromisos,
con base al conocimiento esencial de los
problemas del país y con una actitud más
realista.
Cada una de las
acciones sugeridas deben de comunicarse
permanentemente por medio de estrategias de
comunicación, que superen el contenido
demagógico y potencien el vínculo entre la
certeza y el discurso.
Esto, sin duda,
estratégicamente obliga al ejercicio continuado
de los principios democráticos, que entraña
nuevos hábitos de información, participación y
responsabilidad social transparentes, que el
sistema educativo puede y debe introducir,
fomentar y fortalecer esencialmente, por medio de
una cuerpo conceptual actualizado y una
metodología más rigurosa en el proceso de
enseñanza.
______________________
FUENTES CONSULTADAS
- Hermet, Guy, Alain Rouquié y
Juan J. Linz (1986): ¿Para qué sirven las
elecciones?, México, Fondo de Cultura
Económica.
- Lazarsfeld, Paul Felix y B.Berelson, William
MacPhee (1954): Voting: A study of Opinion
Formation in a presidential campaign,
Chicago, University Chicago Press.
- Lazarsfeld, Paul Felix, Bernard Berelson y
Hazel Gaudet (1944): The peoples Choice,
New York, Columbia University Press.
- Monzón, Cándido (1997): Opinión pública,
comunicación y política. La formación del
espacio público, España, Editorial Tecnos.
- Sidney Kraus y Dennis Davis (1991): Comunicación
masiva. Sus efectos en el comportamiento
público. México, Editorial Trillas.
- Ulloa, Félix (1999): declaraciones hechas al Diario
de Hoy, 26 de enero, Pág. 7.
- Verón; Eliseo (1994): "Mediatización,
comunicación política y mutaciones de la
democracia", en Semiósfera, no. 2,
Madrid, Universidad de San Carlos III, págs.5-36.
* Mario
Alfredo Cantarero
es master en comunicación social por la Universidad Autónoma de
Barcelona. Investigador,
profesor de Metodología de la Investigación y
coordinador de postgrados e investigaciones de la
Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad "Dr.
José Matías Delgado",
El Salvador, Centroamérica. Fue director de la
Escuela de Periodismo de la Universidad de El
Salvador y periodista del
año 1998 en la rama de artículo, otorgado por
la Asamblea Legislativa. Es colaborador de Sala de Prensa.
|