La prensa frente a las nuevas
tecnologías
Algo
está cambiando
Piedad
Bullón *
(1a.
parte)
Tal
vez nunca llegue a resolverse el viejo debate
sobre si el periodismo es un oficio o una
profesión, por más que los títulos académicos
hayan venido a dar lustre a una actividad que
sigue aprendiéndose con la práctica. Internet
ha abierto una nueva fase. En realidad, la radio
primero y la televisión después, ya pusieron en
cuestión las normas vigentes y que
correspondían a una época de escasez de
información. En nuestros días se plantea más
bien qué hacer con el exceso de información a
nuestro alcance.
No se trata
tanto de llegar primero cuanto de decidir qué
información es relevante para los usuarios. La
carrera por el scoop pierde rápidamente sentido
para los medios escritos: una primicia dura, en
el mejor de los casos, lo que tardan en llegar
los periódicos a la redacción de una emisora. Y
hay periódicos que, para asegurarse la
paternidad de una noticia, optan por publicarla
primero, en plena noche, en su versión online,
antes que la edición impresa llegue a los
quioscos.
Juan Luis
Cebrián, que fue el primer director del diario
El País, reconocía el pasado diciembre que
"la gente se aparta progresivamente de la
lectura de los periódicos. Está pasando ya en
los países desarrollados. En todos ellos se
venden menos periódicos que hace cinco
años...Es un fenómeno malo, perverso para la
extensión de la cultura y los valores
democráticos, pero está ahí". Para
Cebrián, los periódicos, que ya han afrontado
con éxito la competencia de la televisión
asimilando ciertos rasgos de este medio, están
ahora obligados a responder al reto que les
plantea la información online.
A mediados de
1998 se reunió en Nueva York un seminario
organizado por la publicación Editor &
Publisher para tratar las consecuencias de la
aparición de los nuevos medios electrónicos
sobre la prensa. Las principales conclusiones de
la discusión pueden resumirse en:
- los
periódicos no sólo no van a
desaparecer, sino que seguirán siendo el
medio dominante en el siglo XXI; sin
embargo, el entorno está cambiando a
gran velocidad;
- los
ingresos publicitarios son amenazados por
la aparición de nuevos medios y por la
segmentación de la audiencia;
- conquistar
nuevos lectores es una prioridad
absoluta; la vieja fórmula de 85% de
publicidad y 15% de circulación ya no
sirve;
- se
acentuarán los cambios en la estructura
de propiedad de la prensa: un puñado de
grupos `multimedia´ controlarán todos
los periódicos.
Más de 4.000
periódicos en todo el mundo cuentan ya con una
versión online. Algo menos de 2.000 en Estados
Unidos. No es extraño que sea en aquel país
donde más se ha reflexionado sobre la cuestión.
En España, casi todos los diarios de alcance
nacional o regional en España tienen presencia
en Internet. Paralelamente, proliferan los
boletines de noticias y revistas electrónicas
que, en una escala todavía marginal, compiten
con aquéllos en el mercado de la información.
Pero lo cierto es que la credibilidad de estos
nuevos medios tardará en acreditarse. Estas
tendencias resumen una parte de los cambios del
paisaje periodístico, suficiente para provocar
la reflexión de los profesionales.
Analizar las
formas que adopta la información electrónica es
parte del trabajo de José Luis Dader (dader@eucmacx.sim.ucm.es), que imparte en la
Facultad de Ciencias de la Información de Madrid
una asignatura (optativa) llamada Periodismo de
precisión. "En otros países -dijo Dader a
iWorld- ya han aparecido, gracias a Internet,
nuevas empresas que se dedican al periodismo de
investigación sobre bases de datos que se venden
a cualquier medio de comunicación. De los
informes que elaboran, ofrecen una parte de la
información abierta a través de una página
electrónica, y otra por suscripción; es una
nueva forma de hacer periodismo, más barata
porque requiere menos inversión, pero sobre todo
más libre para quienes se sienten encorsetados
dentro de los medios tradicionales".
En lugar de la
adscripción al medio de origen, habitual en los
periodistas de la vieja escuela, las nuevas
generaciones se caracterizan por una mayor
versatilidad que, en principio, les permite pasar
con facilidad de los medios impresos a los
audiovisuales y/o a los electrónicos. Se supone
que los medios de comunicación, dentro de poco
tiempo, necesitarán nuevas hornadas de
periodistas con una mezcla de habilidades
tradicionales e innovadoras, que sean capaces de
trabajar con textos, fotos, gráficos, audio y
vídeo, los componentes de la edición
multimedia. ¿Cuál será el ritmo de esta
evolución?, ¿de qué depende la velocidad del
cambio que se anticipa?
"La
situación en España es todavía incipiente
-dice Dader- y son pocos los medios de
comunicación que han entendido realmente lo que
puede dar de sí Internet. La mayoría ha
enfocado su presencia en la Red como un
escaparate, poniendo en línea meras copias de la
edición en papel, con escaso o nulo valor
añadido. Parecen ignorar, de momento, que
Internet les obliga a ir hacia la
diversificación, a ofrecer algo más, diferente.
Los medios impresos que están Internet
-esencialmente periódicos, porque las revistas
están aún más perplejas- podrían estar dando
una información detallada y actualizada sobre
servicios, por ejemplo. Pero lo cierto es que las
empresas de prensa se equivocan en la asignación
de recursos a sus medios digitales: pocos
periodistas y más informáticos o diseñadores
gráficos. Con todo, algo está cambiando".
Por supuesto,
saber estructurar una crónica o un reportaje,
separar información y opinión, sigue siendo lo
más importante, pero la estructura tiende a
cambiar. La lectura online no es lineal; es un
proceso de deconstrucción/reconstrucción.
Mientras el lector de periódicos puede cambiar
de página pero raramente pierde su fidelidad, el
lector online siente a cada minuto la tentación
de huir a través de la red si el artículo no ha
sabido captar su interés. Por esto, los futuros
periodistas deberían aprender más sobre la
naturaleza de los recursos a su alcance y poco,
muy poco, sobre HTML o Java.
"Hay un
cierto mito de la tecnología, que es algo que
puede aprenderse en tres semanas. Por un lado
-reflexiona Dader-en las facultades de periodismo
hay familiaridad con la tecnología, pero no se
trabaja lo suficiente sobre la mentalidad del
futuro profesional, que debería adquirirse a
través de otro tipo de enseñanza. Por ejemplo:
cómo redactar las noticias en un medio digital,
cómo integrar gráficos y vínculos, son
aspectos que no se han incorporado a la
formación de los periodistas. La información
electrónica es transversal. Los criterios que
valen para un medio clásico, no siempre sirven
para Internet, un medio en el que no basta con
reproducir una información de texto que ha dado
el periódico o la radio. ¿Por qué no abrir el
acceso a bancos de fotos, a información
temática exhaustiva? todo lo cual exigiría
concebir de otro modo la selección de los
materiales y los criterios de relevancia. El
aprendizaje de la tecnología es lo de menos; lo
otro requiere un cambio de perspectiva, que a su
vez exige un poso cultural que muchos alumnos no
tienen ni se les ofrece".
¿Y
qué pasa con la ética?
En el principio
fue la prensa escrita. Cada fase tecnológica -o
mejor dicho la disponibilidad de la tecnología-
ha obligado a los periodistas a examinar lo que
hacen y cómo lo hacen. ¿Qué es una noticia?
¿Quién, cuándo y cómo difundirla? La
aparición de un nuevo medio ha añadido estos y
otros dilemas a los existentes. En nuestros
días, la gente está saturada de titulares. Neil
Postman, profesor de comunicación en la New York
University, opina que "los periodistas de
hoy tienen una apremiante necesidad de pensar en
las necesidades de sus lectores, en lugar de
obsesionarse por los límites del proceso de
producción y distribución, que han dejado de
ser un problema"
El conflicto
entre la búsqueda de la primicia, que da lugar a
un titular rompedor, y la información rigurosa,
es casi tan viejo como la profesión. Pero nunca
como hoy, y en ningún medio como en Internet,
esa batalla ha estado tan cargada de
significación. Se ha dicho que el periodismo
online es una encrucijada de intereses
conflictivos y dilemas éticos.
José Luis Dader
cree que "al margen de si es ético o no lo
que hacen algunas personas, supuestamente
periodistas, es evidente que Internet supone una
ruptura del monopolio del poder periodístico.
Gracias a la información online salen a la luz
asuntos que habrá que confirmar si son bulos o
no, pero en todo caso alteran la comodidad de
quienes controlan el mercado de la
información".
El caso Lewinsky
será recordado como un ejemplo, para bien y para
mal, de esta nueva situación. Aunque conocido,
vale la pensa recordarlo aquí. Un reportero de
Newsweek, Michael Isikoff, que tenía en sus
manos la información sobre el asunto, esperó a
conseguir la preceptiva confirmación de fuentes
que exige la buena práctica profesional. Un
chismoso de tres al cuarto, Matt Drudge, que no
tiene pudor en afirmar "un 80 % de mis
informaciones son ciertas", le birló la
primicia a través de su cutre boletín de
cotilleos online. Al final, Isikoff ha ganado
reputación profesional, pero Drudge pasará a la
historia como el hombre que aireó el escándalo
presidencial de los 90.
El caso Lewinsky
ha bastado para desestabilizar la prudencia de
los medios serios. Desbordados por la magnitud (y
por el morbo) de la noticia, las grandes
instituciones de la prensa americana se lanzaron
a una loca carrera, de la que más tarde habrían
de arrepentirse. La prensa americana `de
calidad´ sigue preservando sus informaciones
para la edición en papel, en lugar de
precipitarse a publicarlas en sus sitios web.
Pero tal vez no puedan mantener por mucho tiempo
esa política. Incluso un diario conservador como
el Wall Street Journal ha tenido que retirar
noticias publicadas en su web, al descubrir que
había sido víctima de una intoxicación. Claro
que, como el tropezón no llegó a imprimirse, el
prestigio del periódico ha quedado intacto.
Las radios y
cadenas de televisión, con su información
permanente, abrieron en su momento la carrera por
la primicia, pero nunca hubo grandes patinazos. Y
cuando los hubo, se atribuyeron al deseo de
notoriedad de ciertos periodistas; caso cerrado.
La prensa online, con su estilo informal y su
prisa por llegar antes, agudiza el riesgo de
errores. Hasta no hace mucho, la exclusividad de
una noticia se disfrutaba durante un tiempo
(varias horas, a veces hasta un día) antes de
ser alcanzada por la competencia. Hoy un tema
candente deja su sitio a otro, a los pocos
minutos de rebotar por las ondas y el
ciberespacio. Del mismo modo que las bolsas han
evolucionado hacia un mercado continuo, la
información ha pasado a ser un ciclo abierto
permanentemente.
Ignacio Ramonet,
director de Le Monde Diplomatique y estudioso de
la globalización, ha escrito que "la
irrupción de Internet aumenta el sentimiento de
caos, porque establece definitivamente el tiempo
real, la instantaneidad, como ritmo normal de la
información".
Por su parte,
José Luis Dader subraya que "los ciudadanos
necesitan que siga existiendo un periodismo
sosegado y equilibrado, que mantenga una
sensibilidad ética, pero también es positivo
que se rompa ese oligopolio de poder que es la
prensa erigida en institución. Si pensamos un
poco en cómo puede influir Internet en la
democratización de la prensa española, es
preciso pensar sobre todo en los medios de
comunicación locales, en los que predomina un
mecanismo de control ejercido por poderes
fácticos mucho más agresivos que los que
actúan sobre los medios de alcance nacional.
Quizás Internet pueda contribuir a una saludable
ruptura de esta situación".
Este es el rasgo
democrático de Internet. Pero también hay un
peligro: en los medios online que no tienen
vínculos con la prensa establecida, cualquiera
puede proclamarse periodista y difundir una
noticia, falsa o verdadera, sin que existan
filtros de veracidad o calidad. Y sin llegar a
este extremo, una noticia fragmentada, fuera de
contexto, puede resultar irresponsable.
No hay razones
para temer que las antiguas reglas éticas de la
profesión pierdan vigencia, pero Internet
plantea otros dilemas, que nunca existieron en
los medios impresos y que, incluso, son
diferentes a los que en su día planteó la
llegada de la información televisiva. Un ejemplo
de ello son los enlaces embebidos en artículos
editoriales (la respetada página de libros del
New York Times viene, en su edición online, con
un enlace directo a la venta electrónica de
Barnes & Noble; ¿es esto más o menos ético
que los compromisos que traen de cabeza a los
críticos literarios de un periódico, cuando
éste es propiedad de un grupo que también edita
libros?).
En publicaciones
profesionales y foros de discusión, los
periodistas de Estados Unidos se quejan de la
creciente invasión de competencias de la
redacción por los intereses empresariales. Esto
ocurre en la prensa sobre papel, y mucho menos en
la televisión, que se caracteriza por una
información "blanda". Los conflictos
proliferan pero, salvo excepciones, el imperativo
ético suele quedar a salvo. Puede que un
anunciante retire su publicidad, ya volverá;
pero en una publicación online la misma
represalia puede resultar mortífera.
En la prensa
exclusivamente electrónica, el asunto ético de
mayor calado parece ser la aparición de un
periodismo "de transacción", un quid
pro quo entre la publicación online y los
aliados comerciales de la empresa editora. El ya
citado Ramonet escribe: "como muchos de los
dirigentes de estos medios no proceden del
periodismo sino del universo de la empresa, no
son tan sensibles a la integridad, a la veracidad
de la información. Para ellos, el news business,
el negocio de la noticia, es ante todo eso, un
negocio, una manera de ganar dinero"
¿Llegará este fenómeno a afectar la integridad
de los periodistas de los nuevos medios? ¿Se
trasladará la tendencia a la prensa
convencional?
Estrategia
para un nuevo medio
Hay que
considerar también el relevo generacional entre
los lectores. Los jóvenes o, al menos muchos
jóvenes, no han adquirido el hábito de
informarse por el periódico. Gustan de los
mensajes sumarios y recelan de los análisis.
Cuando Cebrián habla de la pérdida de lectores
está pensando, seguramente, en esas nuevas
generaciones que despistan a los sociólogos. La
presencia de la prensa en Internet es una parte
de la respuesta de los periódicos a este
fenómeno.
Hoy, como
antaño, los titulares de la prensa responden a
las exigencias de la distribución física. Desde
la televisión, la CNN, nuevo paradigma de
información, ha impuesto un seguimiento continuo
de las noticias. De nada serviría que los
diarios volvieran a los tiempos en que lanzaban
tres o cuatro ediciones al día cuando la noticia
lo justificaba. Para eso están las ediciones en
Internet. Pero estas deberán evolucionar hacia
un modelo que, hasta cierto punto, emule el de la
CNN, con periodistas ocupados en el seguimiento
continuo de la actualidad y con habilidades
profesionales para volcarlas inmediatamente en la
red. ¿Están preparados los periodistas a secas
para convertirse en periodistas digitales?
Mariló Ruiz de
Elvira, directora de El País Digital, cree que,
pese a la apariencia de cambio vertiginoso, las
cosas evolucionan gradualmente. "Es obvio
que conozco la opinión de Cebrián, pero su
predicción tardará en cumplirse. Si de lo que
hablamos es de hacer periodismo y si por
periodismo entendemos que sales del periódico,
haces un reportaje y lo publicas, eso no lo
hacemos todavía en El País Digital. Aunque la
verdad es que trabajamos muy autónomamente.
Ahora mismo estamos haciendo un plan para definir
cómo debe ser el periódico digital y dotarlo de
los medios que necesita. Tener gente suficiente
para actualizar noticias siete días a la semana,
veinticuatro horas al día; tener diseñadores,
periodistas que salgan a la calle a hacer
reportajes de asuntos urgentes, que lleven una
cámara digital y de ese modo colocar la
información en Internet cuanto antes".
Hay otros
aspectos, como los anuncios clasificados, el
comercio electrónico (sobre todo libros, discos
y películas) o la información que cambia
durante el día, como la meteorológica, que
forman parte de la estrategia de El País Digital
y de otros medios españoles presentes en la red.
"En el mundo de Internet conviene no andar
solos. Estamos metidos en varios proyectos de
colaboración exterior -dice Ruiz de Elvira- y un
ejemplo es el web sobre el euro que hemos hecho
con el BBV. Ahora mismo vamos a lanzar una
iniciativa muy interesante, en la que participan
seis periódicos europeos - además de El País
están Le Monde, La Stampa, The Guardian,
Suddeutsche Zeitung y Aftonbladet - para publicar
páginas temáticas, con enlaces recíprocos y un
buscador común".
Asimismo, El
País está digitalizando su archivo histórico,
proyecto carísimo y muy complicado, que puede
tardar un año. El acceso será, lógicamente, de
pago. Dice Mariló Ruiz de Elvira: "todos
los pasos que damos apuntan a que el periódico
digital sea más interactivo y ofrezca contenidos
y servicios que no aparecen en la prensa
diaria".
Es verdad que el
número de lectores de periódicos cae en todo el
mundo, pero no por culpa de Internet: la
tendencia se inició con la audiencia conquistada
por la radio y la televisión. "De una gran
noticia nunca te enteras por el periódico -dice
Ruiz de Elvira- porque la gente está sometida a
un bombardeo muy fuerte. Los periódicos tendrán
que cambiar, privilegiar el análisis sin
renunciar al scoop. Por otro lado, el mérito de
Internet consiste en que los periódicos pueden
llegar a una audiencia más amplia, que exige una
actualización constante".
"La verdad
es que, en esta materia, los periodistas estamos
investigando, somos adelantados de la invención
de lo que va a ser Internet y que sin duda apenas
ha asomado hasta ahora, pero nadie puede decir
con seriedad lo que ocurrirá dentro de cinco o
diez años. Para los periódicos, estar presentes
en este nuevo medio es importante, no sólo por
razones económicas, sino para preservar su nivel
de audiencia y mantener su capacidad de
influencia. La red aumenta el radio de acción de
un periódico: el 50% de los lectores del El
País Digital están en el extranjero, con lo se
desarrolla una base de lectores fiel. Con el
tiempo, esto dará posibilidades de comercio
electrónico, de cobrar por el uso del archivo,
de tener publicidad específica y, gracias a todo
ello, ampliar las fuentes de ingreso".
Nada menos que
el New York Times fracasó en sus intenciones de
cobrar por el acceso al periódico online. Otros
periódicos de prestigio mantienen esa política.
El País Digital, como los demás periódicos
españoles, optó desde el principio por la
gratuidad. "No descarto que dentro de diez
años se pueda cobrar por el acceso al periódico
en Internet, pero lo dudo", dice Ruiz de
Elvira. La rentabilidad de los periódicos online
vendrá, probablemente, de formas alternativas,
productos de valor añadido. En suma, todo
depende de invertir ahora para que a medio plazo
pueda ser rentable.
Si estas
premisas se cumplen, tal vez pueda decirse un
día que, gracias a Internet, la prensa escrita
ha conseguido la revancha sobre la información
televisiva, que por su propia naturaleza tiene
más dificultades para seguir el mismo camino. En
lo que afecta a la profesión, Mariló Ruiz de
Elvira resume muy bien las consecuencias:
"no hay periodistas a secas y periodistas
digitales. En El País, todos trabajan para la
edición digital, todo lo que producen es
propiedad intelectual, no importa en qué medio
se publique".
(Continúa...)
* Piedad Bullón es una periodista española,
colaboradora de iWorld.
Este artículo, publicado originalmente en dos
partes en ese medio, se reproduce con la
autorización expresa de su autora.
|