Periodistas:
¿para qué?
Benjamin
Fernández Bogado *
Lo
que hoy conocemos como buceadores de la verdad,
contrapoder, perros guardianes, cuarto poder,
vigilantes de la democracia.. y otras palabras o
frases similares con las que se ha definido el
trabajo de los periodistas, pareciera que tiene
algo que ver con la realidad, pero muy lejos de
los conceptos románticos que enarbolaba o la
realidad en la que vivimos por mucho tiempo.
Vemos que a este oficio -confundido a veces por
profesión- se le han perdido los paradigmas por
efectos de unos cambios económicos profundos que
podría alterar su histórica relación con la
sociedad y con lo que ella esperaba de estos
profesionales de la noticia.
La
concentración de los medios en pocas manos le ha
sacado el necesario pluralismo a las fuentes de
información del ciudadano sumado a la
desconfianza que éste ha adquirido en torno a
sus instituciones, y agregado a todo eso a una
distancia mayor entre los periodistas y la
sociedad a la sirven han logrado como
consecuencia una prensa mas sectaria, pobre en
recursos, urgente en publicaciones y con
periodistas plurifuncionales que no le han
agregado mucho al fortalecimiento del sistema
democrático tradicional sino, por el contrario,
han ayudado a su deterioro y a la confusión que
sobre dicho sistema tiene hoy el ciudadano.
Hay una crisis
profunda en el periodismo moderno y una tendencia
a subestimar los números de esa enfermedad
moderna que se llama: angustia informativa. Tenemos
más fuentes de información pero lo que sabemos
a través de ellas nos sirve muy poco para
entender el mundo en el que vivimos. Tenemos que
retornar a las fuentes, dicen algunos, pero los
viejos paradigmas del periodismo moderno y
antiguo chocan hoy con ideas absolutamente nuevas
en torno al "interés publico". Esto
era en los manuales de antaño parte indisoluble
del concepto de Estado. Pero ¿dónde ha quedado
dicha idea cuando la mayoría de las formas de
representación de ese interés ha
caído hoy en manos privadas? Dirán algunos que
el Estado sigue controlando su funcionamiento a
través de sus órganos de regulación pero ya
sabemos cómo actúa ese mismo Estado que por
incompetencia o corrupción se ha visto obligado
a vender sus empresas más lucrativas dejando al
ciudadano expuesto a empresas que a veces el
mismo régimen monopólico que disfrutaban las
otrora empresas publicas no le han favorecido
como preconizaban durante el proceso de traspaso.
Hay ejemplos claros en la región como en la
Argentina, acaso el mejor referente a la hora de
demostrar cómo la prensa alejada de la gente
tuvo que sostener su caída en el escándalo o en
la chabacanería, algo que la mayoría de las
televisoras nuestras han repetido como formula
que los "acerque" a esa ciudadanía con
la que ha roto sus vínculos de confianza. El
periodismo moderno es hoy parte de un sistema
económico que hace que la propiedad de esos
medios ampliados en el concepto del holding tengan
que necesitar conceder y consentir hechos
violatorios a la verdad y al derecho de los
ciudadanos simplemente porque sus acciones han
pasado a formar parte del mismo sistema que
deberían por norma vigilar, auscultar y
denunciar. ¿Podrán los medios periodísticos
ingresar con las mismas razones que fundamentaron
su existencia por tantos años en los despachos
de las corporaciones que administran servicios
públicos? Y la respuesta es sencilla: no.
¿Acaso podrían hacerlo cuando esas mismas
corporaciones son las propietarias de los holding
de los medios de comunicación en muchos de los
casos?
HERRAMIENTAS
NUEVAS
El periodismo se
enfrenta a un reto que perfilará su futuro a muy
corto plazo. Los que hemos aprendido este oficio
en la trinchera tradicional teniendo al Estado
como centro y referencia de nuestra lucha por la
verdad, hoy vemos que esa institución cada vez
más pequeña y frágil ha dejado de ser la
referencia de la esperanza o la angustia de la
gente. ¿Cómo vamos a entender nuestro oficio
dentro de un nuevo marco de relación y de
propiedad? Sólo queda que la tecnología en
Internet o la impresión de periódicos
regionales o comunitarios vuelvan a estrechar los
vínculos que unían al ciudadano con su prensa y
que hoy parece -según las encuestas- cada vez
más distante y lejana. Las radios comunitarias
en coparticipación con el Estado puede ser otra
alternativa y la comunicación digital en su
conjunto podrían lograr quebrar lo que hasta
ahora es una peligrosa tendencia en el mundo
moderno: medios que no canalizan ni intermedian
la relación entre el ciudadano y las
instituciones escogidas por el para
administrarle. Es difusa la relación entre
ciudadanos y corporaciones como lo es hoy la
relación entre su prensa y la ciudadanía.
La comunicación
digital que abarató los costos para fundar
medios de comunicación y que se constituyó en
el caso de Internet en el medio de comunicación
que más rápido llegó y se propagó en el mundo
constituyen opciones donde debería fijarse la
atención de los nuevos periodistas en un mundo
donde la desconfianza y la ansiedad parecen ser
las grandes enfermedades de la ciudadanía en su
relación con la prensa. Los periodistas hemos
sido formados para controlar al Estado pero no
tenemos herramientas ni capacidad de hacerlo con
las corporaciones. El colapso de la empresa Enron
en los Estados Unidos no es más que un ejemplo;
cómo algo de ese tamaño pudo haber caído sin
que la prensa "se enterara", cosa
imposible en ese mismo volumen de dinero envuelto
con una institución del Estado. Cuando cada vez
más se privatizan desde los servicios públicos
hasta las cárceles, desde las carreteras hasta
los servicios de inmigración, podemos ver las
dificultades que existen para que la prensa
cumpla con su papel asignado en los antiguos
manuales de periodismo. Eso en cierta manera
justifica la crisis de credibilidad que rodea a
los medios de comunicación en el mundo entero y
la facilidad con que los medios transan con los
grupos privados para evitar que los escándalos y
las trapisondas salgan a luz hasta cuando
irremediablemente explotan contra los intereses
de la gente. La publicidad de los actos privados
de las corporaciones que administran bienes
públicos implica todo un desafío nuevo en las
cátedras de periodismo y -porqué no- en el
ejercicio mismo de este oficio. Valdría la pena
observar esta tendencia cada vez más creciente
de disminución o desaparición de la figura del
Estado en varios tramos de la vida del ciudadano
y cómo ingresan las corporaciones que lo
sustituyen, y fundamentalmente observar de qué
manera se comportan los medios ante ellos. Aparte
de la soberbia tradicional de varias redacciones,
donde a sus reporteros y columnistas importaban
más la opinión de un colega poco que la
opinión de los ciudadanos que lo leían,
escuchaban o veían, es preciso entender que ese
cambio en los paradigmas de la relación
ciudadano-Estado tal como lo conocíamos, y la
tendencia creciente a la desconfianza hacia los
medios, no hacen más que probar el largo y
tortuoso camino que deben seguir los medios de
comunicación para restablecer la relación
perdida con su publico al que, por lo general,
sólo excitan hoy a través de concursos y de
premios.
DESAFIOS
EMERGENTES
Los casos de
corrupción en los procesos de privatización han
sido acallados por jugosos contratos de
publicidad entre la secretaría a cargo del mismo
y los medios; cuando estallaba el escándalo,
casi siempre se daban entre medios cuyos
propietarios no habían participado de la
repartija de esas mismas empresas que por mucho
tiempo justificaron sus críticas y sus
denuncias. A veces también esas denuncias se
centraban en los funcionarios del gobierno y poco
se profundizaba en el mecanismo empleado para
mantener alejada a la prensa de su tarea de
auscultar, husmear e investigar a fondo en esos
suculentos traspasos hoy referidos como hechos de
corrupción monumentales en nuestra América
Latina. La prensa digital será un poderoso
instrumento para saber lo que los medios
tradicionales callan o consienten. Es también
una fórmula capaz de reinventar un periodismo
más cercano a la gente y sus necesidades, para
convertirse en referencia de una nueva manera de
contar historias sin las limitaciones comerciales
y financieras que impedían por mucho tiempo
fundar medios de comunicación y difundir hechos
y referencias sobre temas de interés general.
Las escuelas de
comunicación deben iniciar un proceso de cambio
en sus currícula, poniendo énfasis en estas
emergentes herramientas de comunicación cuya
tendencia es creciente en usuarios y baratas en
su adquisición. Pero debemos enseñar a los
futuros comunicadores a ubicar el centro de la
preocupación ciudadana y canalizarlos a través
de este nuevo medio de comunicación que se llama
Internet y que podría promover un nuevo vínculo
entre la prensa y la ciudadanía. Algunos dirán
que queda mucho por andar aún para que Internet
alcance niveles de difusión masivos, sin embargo
no hay en la historia moderna una referencia que
muestre el crecimiento vertiginoso que ha tenido
este medio en su difusión comparados con la
prensa escrita, la televisión y la radio.
Trabajos en conjunto con estos medios ya han
comenzado a darse y la tendencia será aun mayor
a corto plazo, de ahí la urgencia de entrenar a
los nuevos comunicadores en el uso de esta
plataforma digital que permitirá recobrar el
vínculo con los ciudadanos y hacer que la
ansiedad hoy no explicada y menos aún entendida
a través de los medios encuentren en la
pluralidad de ofertas en la red de redes un
camino que recobre la relación entre el
ciudadano y su prensa. Será más difícil para
las corporaciones controlar este medio, y si lo
hiciera surgirán otros que harán lo mismo que
han hechos los medios de comunicación desde su
nacimiento en su lucha por difundir ideas, hechos
y noticias. La censura oficial es hoy muchas
veces disfrazada de censura comercial, pero la
consolidación de Internet -todo un símbolo de
los cambios económicos y sociales en el mundo-
anuncia toda una gran revolución en el trato
entre los comunicadores y la sociedad a la que
sirven.
Debemos ser
periodistas para la gente, para que ella entienda
mejor el mundo donde vive, los nuevos actores
emergentes, las instituciones que realmente
impactan en su vida, canalizar sus frustraciones
haciéndoles entender que los dirigentes tan
criticados en su incapacidad de comprender el
mundo en que viven en favor de sus mandantes no
son más que frágiles referencias de una
representatividad lejana y distante. La
frustración hacia la democracia en la mayoría
de nuestros pueblos, la disminución de lectores,
televidentes y oyentes de radio hacia programas
informativos, se dan porque estamos hablando con
los mismos personajes que reproducen en su
discurso y en su acción la incertidumbre que
queremos develar. Los periodistas no hacemos
entender a la gente el mundo en que vive. Esa es
nuestra carencia y no lo hacemos porque tampoco
nosotros comprendemos en realidad cuál es el
nuevo rol de un oficio tan antiguo perfilado
sobre la idea de controlar a una institución
cuasi inexistente o definitivamente alquilada a
las corporaciones que la hicieron suya.
No debemos
reducir el análisis a criticar a los
representantes del pueblo que no logran vertebrar
un discurso y una acción en favor de sus
mandantes; es preciso explicarle a la gente cuál
es la nueva relación que emerge para al mismo
tiempo buscar las soluciones que también hoy la
ciencia o la tecnología ofrecen a niveles
aceptables para la economía de nuestros
deteriorados países del continente.
Hay un vinculo
tradicional que se ha roto, hay una creciente
desconfianza hacia las instituciones
democráticas -incluida la prensa- y hay una
tecnología digital emergente que puede restituir
la relación de confianza rota entre el
ciudadano, su prensa y su Estado. Hacer
comprender estos vínculos nuevos es ya el
comienzo de pensar de manera diferente el mundo
que nos toca vivir y la experiencia renovada que
implica contar historias que sean comprendidas y
sirvan para fortalecer al ciudadano en su
relación con sus nuevos paradigmas y con la
comunidad en la que vive, sueña y crece.
Los periodistas
debemos ser los nuevos agentes socializadores
contándoles las razones de la debilidad de un
sistema referenciado por todos, pero
incomprendida por la gran mayoría. Cuando
sepamos qué es el sistema y cómo funciona
empezaremos a aprovechar las ventajas que ofrece
incluso dentro sus mismas contradicciones, acaso
la primera razón de la historia y el nacimiento
de nuevas opciones.
*
Benjamin Fernández Bogado es director del Instituto Prensa y
Libertad, en Paraguay. Es
colabroador de Sala de Prensa.
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