Sygma,
Gamma y Sipa
la muerte de las tres agencias míticas
Anne
Marie Mergier *
Ciertamente
la portada es provocadora: "Fotoperiodismo,
una muerte anunciada", advierten grandes
letras grises, rojas y blancas sobre un fondo
negro. Pero más provocador aun es el contenido
de la revista: 17 fotógrafos de la agencia Sygma-Corbis
posan desnudos, tapándose púdicamente una parte
de su anatomía con cámaras o teleobjetivos.
Esa revista
una sola edición pensada y financiada por
los fotógrafos empezó a circular en
París a mediados de febrero y muy pronto se
agotó.
Tuvo mucho eco
el mensaje manuscrito de Henri Cartier-Bresson,
que abre la revista: "Me escandalizan la
desenvoltura y la crueldad del despido masivo de
42 fotógrafos anunciado por Corbis. La
compilación de un banco de imágenes, por muy
completa que sea, jamás podrá competir con la
obra de un autor. Por un lado hay una máquina,
por otro hay un ser vivo y sensible. Corbis
no deja elección alguna".
Corbis es
una sociedad creada en 1989 por Bill Gates, que
aspira a convertirse en el mayor banco de
imágenes del mundo. En los últimos años,
insaciable, Gates adquirió todo lo que se podía
compra: agencias fotográficas, fondos
fotográficos, como el famoso Bettam, y
colecciones, entre las que destacan la del museo
del Ermitage de San Petersburgo o de la National
Gallery de Londres.
Esa parte
importante del patrimonio fotográfico universal
está enterrada en una mina de caliza en
Pennsylvania. Es la única solución encontrada
por el hombre más rico del mundo para protegerla
del calor, la luz y la humedad. Allí se
quedará, inaccesible, mientras no este
digitalizada, es decir durante años: el proceso
es muy lento y caro. De hecho, se calcula que
actualmente sólo 2% de los 68 millones de
clichés fotográficos de Gates han sido
digitalizados.
Corbis
cuenta con dos competidores: el estadunidense
Getty Images, que pertenece a Mark Getty, hijo
del magnate petrolero, según el cual tiene 70
millones de fotos, y el grupo francés Hachette
Filipacchi, dueño de 200 periódicos y revistas
que cuenta hasta ahora con 40 millones de
imágenes.
En junio de 1999
Corbis compró Sygma. En las
décadas de los 70 y los 80, Sygma, Gamma
y Sipa, tres agencias fotográficas
francesas, eran las más prestigiosas del mundo y
habían convertido a París en la capital mundial
del fotoperiodismo.
En noviembre del
2001, más interesado en la comercialización de
los archivos de la agencia que por su costosa
producción de fotos, Corbis decidió
despedir a todos los fotógrafos de Sygma
y de los técnicos. Algunos fotógrafos se
enteraron de su despido arriesgaban la vida en la
guerra de Afganistán.
Cuenta Antoine
Gyori, que también aparece en la portada de la
edición especial: "Estaba en Paquistán. Me
avisó mi jefe de redacción y me aconsejó que
regresará cuanto antes a París porque no podía
asegurar que la empresa me apoyaría si me
enfrentaba con una situación difícil durante mi
trabajo
"
Gyori sabe lo
que es "una situación difícil":
durante sus 11 años y medio en Sygma le
tocaron todas las guerras de la ex Yugoslavia. En
1993 fue herido de gravedad en la garganta en
Sarajevo, se salvó de milagro. Luego cubrió el
primer conflicto de Chechenia, se fue después a
Israel, regresó a Chechenia y finalmente fue a
Asia Central.
Los fotógrafos
de Sygma se movilizaron: organizaron una
huelga de varias semanas, interpelaron el
ministerio de Cultura y al primer ministro,
montaron una exitosa exposición de sus obras, en
la que volvieron a denunciar públicamente su
situación, hicieron la vida imposible a los
directivos de Corbis.
En la sede de Corbis,
en Seattle, hubo sorpresa: jamás Bill Gates
había podido imaginar esa resistencia, que
dañaba su imagen.
La publicación
de la edición especial fue la ultima expresión
publica de indignación de los fotógrafos.
Causó cierto revuelo en Estados Unidos.
A finales de
marzo llegaron las primeras cartas oficiales de
despido.
Precisa Antoine
Gyori: "Con esa edición especial queríamos
lanzar un grito de alarma. Lo que hace Corbis
es convertir a Sygma, que se impuso en el
mundo gracias al trabajo de alta calidad y al
sentido de la responsabilidad de sus fotógrafos,
en una agencia sin fotógrafos, en una empresa
que comercializará sus stocks de
imágenes. Su única ambición es llenar Internet
con imágenes. Crear y producir fotos no entra en
sus planes.
"Se puede
imaginar que mañana Bill Gates, es decir
Microsoft, venderá computadoras con un programa
de un millón de fotos incluido. Todo mundo
podrá bajar esas fotos, usarlas como quiera,
manipularlas si se le pega la gana
Será
una especie promoción para volver sus
computadoras más atractivas que las de sus
competidores. De hecho, ya empezó a darse ese
fenómeno con el Stock Market
"
Los
derechos de autor
La sede parisina
de Corbis, ultramoderna y casi desierta,
se ve como una inmensa nave fantasma. Sentado en
una oficina medio vacía, Gyori insiste:
"Esa
política de Corbis es sumamente grave,
transforma la foto en simple mercancía. Es una
falta de respeto total para la firma y la
experiencia de los fotógrafos, no solamente de
los 42 despedidos, sino de todos los
fotoperiodistas. Cuando lanzamos nuestro
movimiento de protesta sabíamos que no íbamos a
hacer retroceder a Bill Gates. Pero quisimos
denunciar públicamente lo que estaba en juego:
Gates pisotea una garantía de seriedad y
calidad, una manera de trabajar, la concepción
misma de una profesión."
Ya terminó el
movimiento colectivo de protesta. Cada fotógrafo
está en plena discusión con los directivos de
la empresa para resolver el problema de sus
propios archivos fotográficos.
Comenta Gyori:
"Es increíble. Gates está rodeado por un
ejército de abogados y Corbis está
acostumbrado a llevar negociaciones comerciales
en el mundo entero, pero no se percataron de que
la legislación francesa sobre derechos de autor
es totalmente distinta de la
anglosajona".
Los fotógrafos
de las tres grandes agencias tenían una
organización de trabajo muy precisa: compartían
los gastos ocasionados por sus reportajes
50% para el periodista, 50% para la
empresa-- y también, en la misma proporción, el
producto de la venta de su trabajo por concepto
de derechos de autor, según las leyes francesas,
durante 70 años.
Al comprar Sygma,
Corbis pensaba apoderarse de su
extraordinario archivo fotográfico. Error fatal.
Hoy debe negociar con cada fotógrafo contratos
que le permitan comercializar sus archivos, pero
respetando sus derechos de autor.
"En otras
palabras, deberá comprar Sygma otra
vez", explica Gyori en tono irónico, antes
de confiar que todavía no sabe si aceptará
vender su propio archivo a Corbis. Muchos
de sus colegas también están tan indecisos.
Todos exigen muchas garantías sobre el uso que
se hará de sus fotos y Bill Gates empieza a
entender que su incursión en el fotoperiodismo
francés le está saliendo carísima.
La muerte de Sygma
como agencia independiente de fotoperiodismo no
es un caso aislado. Gamma fue comprada por
Hachette- Filipacchi, que también está
preparando planes de despidos. Sipa acaba
de caer en manos de Pierre Fabre, dueño de
laboratorios farmacéuticos y cosméticos
Desde mediados
de la década de los 90 las tres agencias
fotográficas míticas estaban enfrentando crisis
económicas cada vez más graves. Se colapsaron
en el crepúsculo del siglo XX.
Hoy quienes
dominan el mercado del fotoperiodismo son tres
agencias de prensa: Reuters (británica),
Associated Press (AP, norteamericana) y Agence
France Presse (AFP, francesa). Son las únicas
que pueden enviar fotógrafos o tener fotógrafos
en todo el mundo. Ofrecen imágenes de excelente
calidad, aunque carecen, por lo general, del
sello personal de los grandes reporteros de Sygma,
Sipa y Gamma.
Son múltiples
los factores que provocaron el estrepitoso
derrumbe de las agencias fotográficas, pero el
principal es sin duda la revolución digital.
Las
tres revoluciones
Explica Jean
François Le Mounier, director de AFP Foto:
"En realidad, fueron tres revoluciones
digitales. Primero, en 1995, se digitalizó la
transmisión de los negativos, lo que nos hizo
ganar tiempo y dinero. Pero sólo se podían
enviar de dos a tres fotos por día, mientras que
los fotógrafos de Sygma, Sipa y Gamma,
que tenían acuerdos con las empresas aéreas,
confiaban sus rollos a pilotos de aviones que
salían para París. Seguíamos sin poder
competir realmente con ellos.
"Luego, en
1998, vino la segunda revolución: el uso de
cámaras digitales. Desaparecieron los negativos.
Apenas tomada, la foto podía ser transmitida en
pocos segundos. El cambio fue drástico. Sentimos
la diferencia con el trabajo que realizaron los
fotógrafos de las agencias de prensa durante el
último Mundial de futbol. Estabamos al mismo
nivel que las agencias de fotos.
"Finalmente
llegó la tercera revolución: la digitalización
de todos nuestros archivos, de todos nuestros stocks
de imágenes así como la creación de bancos de
fotos en Internet. Gracias a esos bancos en
línea, AFP, AP y Reuters ofrecen en tiempo real
las fotos de cualquier acontecimiento que ocurre
en el mundo. Con eso dejamos atrás a las tres
agencias míticas. Por eso tenemos
hoy una posición preponderante, aunque no de
monopolio, en el mercado."
La AFP cuenta
con una planta de 140 fotógrafos: 40 en París y
100 esparcidos en el mundo. Muchos de los
fotógrafos de Sygma, Gamma y Sipa
estaban en París. Había sólo algunos
corresponsales itinerantes en "zonas
calientes".
"Con estas
revoluciones digitales --insiste Le Mounier--,
actualmente si pasa algo en Bangladesh, la foto
de nuestro reportero bengalí está en línea en
el momento en que los fotógrafos de Sipa
o Gamma se suben al avión para ir a
Bangladesh."
Según el
director de AFP Foto, fue la guerra de Vietnam la
que permitió a las "tres agencias
en A", como las llaman en Francia, imponerse
en el mercado mundial. Los medios masivos de
comunicación estadunidenses pedían a gritos
fotos de guerra y París contaba con tres puntos
a su favor: está ubicado geográficamente entre
Vietnam y Estados Unidos, el cambio de horario
jugaba a su favor y el avión Concorde atravesaba
el Atlántico en sólo tres horas
"Hoy todas
estas consideraciones caducaron. Nuestros
fotógrafos ya no son víctimas del
tiempo. En lugar de pasar horas revelando sus
fotos y tratando de enviarlas, se dedican
exclusivamente a tomarlas y a mejorar su
calidad."
-Pero son fotos
tomadas en el calor de los hechos. ¿Prevé la
AFP crear equipos de fotógrafos dedicados a
hacer reportajes más trabajados, como los que
hacían las tres agencias?
-No. No es
nuestra vocación. Somos una agencia de prensa.
Siempre trabajamos lo inmediato.
El amplio
proceso de digitalización de las empresas
fotográficas representa una inversión enorme
que las grandes agencias de prensa pudieron
asumir. Pero no las agencias de fotografías.
Antoine Gyori
recuerda: "Hace 15 años Sygma fue
pionera, escaneamos todos nuestros archivos. Pero
lo hicimos en baja resolución. Hoy sólo sirve
la alta resolución. Nos quedamos rebasados por
la evolución de la tecnología y su costo".
Jean François
Le Mounier protesta cuando se le pregunta si el
fotoperiodismo está amenazado de muerte.
"El mundo
necesita cada vez más imágenes. Ya está más
que comprobado que la televisión no representa
amenaza alguna para los fotos periodísticas. El
fotoperiodismo no está en crisis. Prueba de ello
la cantidad de fotos de alto nivel que generaron
los atentados del 11 de septiembre y que se
vendieron en el mundo entero. Los libros de
fotoperiodismo tienen también su mercado.
"Lo que sí
murió es el fotoperiodismo artesanal
que practicaban esas tres agencias, compartiendo
riesgos económicos con sus fotógrafos. Hoy
estos fotógrafos efectivamente se quedan
desnudos, ya no cuentan con esa estructura. Sygma,
Sipa y Gamma tuvieron su momento de
gloria. La tecnología y la evolución del
mercado cambiaron el panorama."
Le Mounier usa
una metáfora cruel para describir el ocaso de
las prestigiadas agencias francesas: "Allí
estaban con su tienda de artesanías de altísimo
nivel. Llegaron los supermercados con una oferta
gigantesca de productos diversificados y de
calidad. Los artesanos no sobrevivieron".
-¿Usted compara
Reuters, AP y AFP con supermercados?
-Vamos a decir
que son tiendas grandes, tipo Galeries Lafayette.
No sé cuál sería el equivalente en el mundo
hispánico
-Liverpool, en
México; el Corte Inglés, en España
-Pues en la
misma tienda el cliente tiene acceso a una enorme
cantidad de productos de marcas distintas. La
AFP, por ejemplo, firmó un acuerdo con la
Agencia Notimex. Todas las imágenes de la
agencia mexicana, de actualidad o de sus
archivos, están disponibles en el mundo entero
gracias a Images Forum, nuestro banco en
línea. Si un periódico chino necesita fotos de
México, no pierde días buscando algún contacto
con Notimex. Se conecta con Images Forum y
en un tiempo récord consigue lo que necesita.
Notimex se digitalizó, pero no contaba con una
gran vitrina internacional. La AFP se la brindó
y a cambio aprovecha la vitrina de Notimex para
promover sus fotos en la prensa mexicana.
Esas
infraestructuras no dejaron oportunidad alguna a
las tres agencias francesas.
Los
fotógrafos, también responsables
Hubo por
supuesto otros problemas que no supieron o no
quisieron afrontar: "Cuando Sygma fue
creada, era una pequeña estructura especializada
en fotoperiodismo, luego creció muy rápido, se
lanzó a realizar todo tipo de fotos, dio mucha
importancia al sector popular, perdió un poco su
identidad y sobre todo el control de ese
crecimiento, que resultó muy oneroso",
confía Antoine Gyori.
La prensa
escrita pasó por altibajos financieros y
disminuyó el presupuesto que dedicaba a la
compra de reportajes fotográficos de alta
calidad. Surgieron en el mercado numerosos
fotógrafos independientes, que empezaron a
abrirse paso a expensas las agencias.
"Los
fotógrafos de Sygma, Gamma y Sipa
también tuvieron una parte de responsabilidad en
eso", explica Ashley Woods, responsable de
la agencia VII (Seven) que
irrumpió en el mercado del fotoperiodismo en
septiembre de 2001. "Confiaban sus
reportajes al servicio comercial de sus agencias
y no tenían contacto alguno con los periódicos
y las revistas. Los vendedores llegaban con no
sé cuántos paquetes fotográficos, que
intentaban vender a como diera lugar lo más
pronto posible, sin tomarse el tiempo necesario
para entusiasmar a sus clientes en los medios
masivos de comunicación. Eso no funciona. El
fotoperiodismo de calidad es una creación
artística que hay que defender y valorar con
nuestros clientes."
Registrada en
Gran Bretaña, pero con sede en París, VII
es un colectivo de siete renombrados
fotoperiodistas internacionales esparcidos en
Nueva York, Londres, Moscú y París. Todos se
salieron de las grandes agencias y colaboran con
las más destacadas revistas norteamericanas.
Vislumbraron a tiempo la catástrofe que se
abatió sobre estas agencias y crearon su propia
estructura, muy ligera: una oficina en París,
donde trabajan Woods y dos asistentes .
Precisa Woods:
"Somos 100% en línea. Usted no
encontrara un solo negativo aquí. VII
está totalmente digitalizada. Desde los rincones
más apartados del mundo donde se encuentran, los
siete fotógrafos de VII mandan sus
reportajes, que están accesibles en nuestra
página de Internet. Hay suscripciones para tener
acceso a nuestro archivo.
"Cada
semana visito personalmente a mis clientes en la
prensa francesa, y varias veces al mes viajo por
Europa para mantener un contacto estrecho con las
revistas y los periódicos. Cada vez que se
puede organizo encuentros entre los fotógrafos y
quienes publican sus fotos, o los pongo en
contacto en una forma u otra. De todas estas
charlas surgen ideas nuevas. Los editores de las
revistas están encantados."
Woods es muy
severo con los fotógrafos de las agencias
moribundas: "Les guste o no, el mercado de
hoy es totalmente distinto del de hace 20 años.
O se adaptan a ese mercado o desaparecen. De nada
sirve llorar".
Este británico
se enfureció con la edición especial publicada
por los fotógrafos despedidos de Corbis:
"El fotoperiodismo de alta calidad no está
muerto ni se va a morir. En menos de un año VII
se impuso en el medio del fotoperiodismo con
trabajos originales, de actualidad o temas
inéditos de altísima calidad. Nos va muy bien.
Pero nos toca movernos y salirnos de los caminos
trillados, innovar, inventar y promover el
fotoperiodismo en lugares que no había explorado
antes".
El próximo
septiembre VII presentara en el Palazzo
de Verona (Italia) una exposición de las
imágenes tomadas por sus fotógrafos en Nueva
York a raíz de los atentados terroristas y en
Afganistán. En esa muestra alternaran formatos
tradicionales y grandes pantallas de plasma, sobre
las cuales aparecerán fotos registradas en
discos compactos. Se publicará también un libro
y en un disco compacto con las fotos expuestas.
"El año
pasado estuve en Perpignan (Francia) para Visa
pour lImage, cita mundial del
fotoperiodismo. Muchos trabajos me consternaron.
Hacían falta ideas, motivaciones, historias
distintas
El fotoperiodismo dista de estar
muerto, pero para conquistar el espacio que
merece le urge contar con más fotógrafos
imaginativos, creativos, que hagan
investigaciones, que se involucren de lleno y con
tiempo en proyectos distintos. No basta ir cinco
días a Afganistán", señala Woods.
"Es duro
porque hace falta dinero para eso. Pero este
trabajo siempre fue duro e implicó sacrificios.
Pero a la larga un talento verdadero se
impone."
Al igual que los
siete fotógrafos de VII, otros se
organizaron en colectivos. Estas pequeñas
agencias, como Vu, Editing, Métis,
Tango Photo, Lil Public,
Tendance Floue, se lanzaron valientemente
a la conquista del mercado y en defensa de un
trabajo de calidad que intenta resistir a las
aplanadoras como Corbis, Getty y
HachetteFilipacchi, que el vespertino Le
Monde describe sin compasión:
"Alejar a
los fotógrafos ya es la regla en las agencias de
ilustración y de comercialización de stocks
que difunden fotos intemporales, a veces
escenificadas, a menudo asépticas. Uno entra en
otro mundo. Un mundo en el que agencias-tubos,
que rechazan las fotos atípicas, para favorecer
imágenes sin proyecto, sin jerarquía, sin
control que se prestan a todo tipo de
manipulación."
Reconoce Antoine
Gyori: "Más que el fotoperiodismo, lo que
murió con Sygma es una época y un modo
de trabajar. Hoy, al igual que mis colegas, estoy
en pleno marasmo. Todos queremos seguir con el
fotoperiodismo que es nuestra profesión y
nuestra pasión. Pero sabemos que nos costará
mucho integrarnos al mercado. Nos toca repensarlo
todo".
* Anne
Marie Mergiere es
corresponsal en París de la revista mexicana Proceso. Este texto se reproduce en Sala de Prensa con la autorización expresa de su
editor internacional.
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