La prensa
colombiana en
el nuevo escenario del conflicto
César
Mauricio Velásquez *
Días
después de los ataques terroristas en Estados
Unidos, el 22 de septiembre, un editorial de el
diario El Tiempo aseguraba que nada sería igual,
que cambiaría la forma de librar la guerra
contra el terrorismo, la manera de ejercer el
periodismo y surgirían nuevas amenazas al orden
mundial cuando los intereses y ánimos de la
opinión pública habían sido afectados, como
nunca, de manera violenta.
Algo parecido se
podría pensar después del rompimiento del
proceso de diálogo entre el gobierno colombiano
y la guerrilla de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC). Hoy nadie
alcanza a predecir lo que pueda llegar a ocurrir.
Sin duda, la cobertura informativa de los medios
sobre el conflicto será definitiva, porque en
términos de comunicación política e
informativa, la violencia del método terrorista
amplifica psicológica y socialmente el terror.
Las últimas
acciones de la guerrilla y su reflejo en los
medios pueden generar desesperación y esto es un
triunfo del agresor. Sobre este tratamiento
informativo los dueños, directores y periodistas
de las empresas de comunicación podrían
ratificar principios básicos para defender la
libertad de prensa y asumir mayor responsabilidad
frente a la sociedad, pues los medios juegan una
parte fundamental en la pacificación del país.
En este sentido
la mayoría de los directores de medios firmaron
en noviembre de 1999 el Acuerdo por la
Discreción, un pacto que valdría la pena
revivir en este nuevo escenario del conflicto
para fortalecer la credibilidad de los medios, la
convivencia ciudadana, la independencia de las
fuentes informativas, el respeto al dolor de las
víctimas del conflicto y en definitiva evitar
dos grandes males: cualquier forma de censura y
el periodismo espectáculo, alimentado con el
síndrome de la chiva (deseos de dar la noticia
primero) que todo lo banaliza, sin dejar espacio
para el mínimo análisis.
Aunque suene a
ultimátum, es importante que los dueños y
directores de los medios digan de una vez si
quieren la paz o la guerra, no vale solamente
informar en aras de la neutralidad. En la
información sobre el terrorismo no cabe la
neutralidad. Quienes tienen el poder de los
medios deben asumir la defensa de la sociedad, la
vida, la justicia, la racionalidad, y esto no
quiere decir creer a pié juntillas todo lo que
dice el gobierno o los altos mandos de las
Fuerzas Armadas. No se puede justificar ninguna
acción que atropelle los derechos fundamentales
de los ciudadanos, incluso de quienes están
equivocados o piensan diferente.
Hoy, es más
urgente que la prensa resuelva preguntas que
afectan el mensaje informativo, por ejemplo,
¿Cómo se debe definir a las FARC, como grupo
subversivo, guerrillero o banda criminal? ¿Los
miembros de las FARC son guerrilleros,
terroristas o delincuentes? ¿Deben continuar los
medios facilitando la difusión de entrevistas a
los miembros de las FARC? ¿Cómo calificar las
acciones de ese grupo? ¿Son actos terroristas?
¿Deben ser llamados terroristas?
Dar respuesta a
estas preguntas, desde las redacciones, ayudará
a los medios a fijar criterios claros sobre sus
mensajes, a formar públicos críticos y a evitar
que el medio sea manipulado por los violentos.
Por eso, elevar
la calidad de la información es la mejor defensa
para garantizar la libertad de prensa. Si los
medios logran ponerse del lado de las víctimas y
defender la integridad de la población civil,
será posible enfrentar al monstruo del
terrorismo con una visión más esperanzadora,
capaz de superar y vencer a los agresores.
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César Mauricio Velásquez es decano de la Facultad de
Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana
de Bogotá, Colombia. Esta
es su primera colaboración para Sala de Prensa.
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