La libertad
de informar en Colombia:
entre la censura y la autorregulación
Germán
Ortiz Leiva *
"La
primera víctima de la guerra es la verdad",
es una conocida frase para iniciar intervenciones
en recintos académicos, anteceder ensayos
periodísticos y hasta matizar discursos
políticos, sobre la labor de informar ante una
situación inminente de conflicto social, civil o
militar, y como reconocimiento de los obstáculos
a superar cuando se trata de comunicar los hechos
en circunstancias particulares como la guerra
misma.
Hiram Johnson,
el senador norteamericano que a propósito de la
primera contienda mundial del siglo XX la
pronunció, jamás imaginó que su observación
se convertiría con los años, en una forma
incontrastable de describir situaciones en las
que la victoria parece lograrse a través de la
manipulación de las informaciones y la mentira
sobre los hechos, con el objetivo de doblegar a
la opinión pública, desinformándola acerca de
lo que verdaderamente ocurre.
De ahí la
importancia del estudio que el Observatorio de
Medios acaba de hacer público sobre "La
libertad de prensa y la ética profesional en el
cubrimiento del conflicto, visto por los
periodistas en Colombia". De un total de 450
comunicadores que pueden estar trabajando en las
empresas informativas del país cubriendo temas
de orden público, paz, derechos humanos y
conflicto armado en el país, fueron sondeados
159 sobre la libertad de prensa y algunos
aspectos de sus rutinas periodísticas.
Ante la difícil
coyuntura socio política que vive Colombia, es
necesario conocer cual es la apreciación que
tienen los periodistas sobre la libertad de
informar y la fuerza de los grupos de presión
que muchos pueden sentir, en especial en regiones
apartadas o provincias, donde cubrir
informaciones relacionadas con acciones de los
actores armados puede constituirse en algo
altamente peligroso. A su vez, y en otro sentido,
existe la circunstancia agravante de que para
muchos sectores sociales, la causa principal del
deterioro del conflicto en Colombia, está en la
manera como los medios de comunicación
"informan sobre el conflicto y trivializan
los hechos".
Aunque legítima
la actitud crítica de la sociedad, resulta
confusa e injusta a la hora de calificar la labor
de muchos comunicadores en Colombia, que en medio
de amenazas y presiones de factores internos y
externos al medio, se esfuerzan por informar
sobre lo que está pasando en el país.
Libertad
de Prensa
La libertad de
prensa sigue siendo uno de los elementos más
preocupantes del conflicto colombiano. Según
cifras del Comité para la Protección de
Periodistas (CPJ), 37 fueron asesinados en todo
el mundo como resultado directo de su labor en el
2001. Esta cifra supera en 13 el número de
comunicadores muertos en el año inmediatamente
anterior en parte, por la guerra que se libró en
Afganistán, donde murieron 9 periodistas.
El segundo país
en la lista, es Colombia con tres profesionales
asesinados en el 2001. Este dato es relevante
cuando se contrasta con las presiones que reciben
quienes trabajan en medios de comunicación
colombianos, puesto que de cada 10 consultados,
3.5 reconocieron que en último año han sido
advertidos por lo que hacen.
Censura
o regulación
En medio de la
incertidumbre que causa el temor de perder el
puesto, o las eventuales injerencias de
funcionarios del gobierno, (54%) como razones que
impiden el libre ejercicio de informar, una gran
cantidad de periodistas consultados prefieren
ante una inevitable censura, un código de ética
del medio o la propia autorregulación, (80%).
Esta idea se
ratifica más adelante al preguntarse de manera
directa si al interior del medio se aplica la
autorregulación, puesto que el 83% consideró
que sí y además atribuyó el hecho a la
convicción propia y la responsabilidad
profesional (90%).
En una eventual
autorregulación son otros los criterios
prevalecientes ante la necesidad de restringir
información para conocimiento de la opinión
pública. Los propios hechos y no otro asunto,
provenientes de la compleja realidad social, son
los que deben conducir al comunicador a que en su
criterio profesional, decida (autorregule) lo que
es pertinente y legítimo comunicar de manera
abierta y libre para el propio beneficio social
(interés público) y no las veladas amenazas
encubiertas en autocensura o enmarcadas en
decisiones gubernamentales con la excusa de
proteger el interés público. Así lo entiende
la mayoría (63%), al referirse a la libertad de
prensa frente a la iniciativa de la Comisión
Nacional de Televisión propuesta en el último
año en relación con controlar informaciones del
conflicto armado.
La regulación
no hará otra cosa que permitir la escogencia
libre y equilibrada de asuntos noticiosos, los
cuales no siempre harán parte de lo contingente
y espectacular como únicos elementos
determinantes en la noticia común, y que precede
corrientemente la divulgación noticiosa si se
trata de niveles de sintonía y raiting.
Por eso es de
gran importancia la presencia de unos códigos de
ética para cada medio que sirva de guía a los
criterios de regulación. Y aunque un número
alto de encuestados reconoce que no lo tiene
(49%) o no lo conoce (4%), el resto le da toda
vigencia al mismo (47%).
Rutinas
Periodísticas
Un asunto de
gran importancia para el futuro es el que tiene
que ver con su credibilidad social. El 63% de los
entrevistados, cree que sí hay credibilidad en
las informaciones que ellos emiten del conflicto
armado. Esto en parte se puede explicar por el
tiempo dedicado a la gran difusión de este tipo
de noticias en los medios masivos de
comunicación. Para muchos comunicadores, quizás
el tiempo dedicado puede traducirse en
credibilidad, por eso es necesario hacer algunas
aclaraciones.
En Colombia
pocas personas ponen en duda la cantidad de
tiempo que se destina en los medios para hablar
del conflicto. A manera de ejemplo, tan sólo en
un día, el domingo 20 de enero y ante la
posibilidad de ruptura del proceso de
conversaciones entre FARC y gobierno, los
noticieros televisivos ocuparon más del 65% de
sus emisiones del día a revelar detalles de lo
que acontecía minuto a minuto en la Vereda Los
Pozos.
Incluso uno de
los noticieros en sus principales emisiones,
contó con la presencia de un analista experto en
el tema, quien desde el estudio y en directo,
trataba de resolver las preguntas de las
presentadoras quienes por espacio de 50 minutos
hablaron de los posibles escenarios de una guerra
total en Colombia. Por eso afirmar que los medios
no informan sobre lo que ocurre, pueda resultar
un tanto ligero. Lo hacen y con vehemencia, hasta
el punto de dejar la sensación en la opinión
pública de que lo hacen demasiado.
Otro asunto es
el cómo están informando. El ciudadano
corriente recibe extensa información sobre la
búsqueda de la paz en Colombia. El trasfondo es
diferenciar que tipo de información se genera
sobre el tema y cómo la opinión pública, le
califica y cualifica el hecho en sí mismo a
partir precisamente, de la información
suministrada por los medios de comunicación.
Esa es la
naturaleza de lo social de los medios de
comunicación. Su mérito y la vez, su mayor
responsabilidad. De ahí que se insista en la
revaluación del concepto tradicional de lo
noticioso como algo llamativo y efímero. No se
puede elaborar contenidos informativos del tipo
"emitir para olvidar", como
tradicionalmente se ha hecho, porque tal vez
pueda causarse un efecto contrario, el efecto
"bumerang", al que se refería en días
pasados el periodista serbio Zlatko Dizdarevic
invitado por la Corporación Medios por la Paz a
Colombia, porque afectan la credibilidad de
muchos periodistas que de manera sincera trabajan
para informar de la manera más profesional.
Esto explica a
su vez las opiniones divididas ante la pregunta
del efecto producido por el ejercicio del
periodismo frente a la misma libertad de
expresión, como valor fundamental de la libertad
de prensa. Mientras que el 45% reconoce que se ha
fortalecido por cuenta de la práctica
periodística, un 40% cree que se ha debilitado y
un 13% que no ha ocurrido nada.
Derechos
Humanos
Otro tema de
gran trascendencia para el ejercicio del
periodismo, es el relacionado con el tema de los
derechos humanos. Ante la inquietud de si el tema
recibe un tratamiento propositivo por parte de
los medios, el 57% cree que sí ante un 37% que
cree que no. Aquí el 6% no supo contestar, con
lo que resulta preocupante de todas maneras que
haya algunos periodistas que aún no tengan
claridad al respecto.
Sin embargo
resulta muy llamativo que el 44% cree para que
esto sea posible, es necesario elevar la calidad
de los periodistas. De nuevo en este sentido, el
recurso humano parece ser lo más valioso para
recuperar la credibilidad y el reconocimiento
social del gremio ante la opinión. Esto puede
resultar de suma importancia incluso para los
propios empresarios del medio que deben entender
que entre más capacitados estén sus propios
comunicadores, la calidad profesional del medio
aumentará, independientemente de las inversiones
en tecnología que se puedan hacer en el mismo
sentido.
Víctimas
civiles
Un conflicto con
las características del colombiano, debe contar
con periodistas que reconozcan la importancia de
divulgar y preservar los principios del derecho
internacional humanitario. Son muchos los casos
de violación que se comenten por parte de los
actores armados y en los cuales se ven
involucradas víctimas civiles. Esto parece estar
claro para un 49% de los periodistas sondeados.
De hecho gran parte de la información referida
al tema del conflicto, se dirige a cubrir
víctimas provenientes de masacres, secuestros o
ataques militares indiscriminados.
Es una manera de
hacer parte del conflicto mismo, no para proteger
los intereses de los sectores enfrentados, sino
al contrario, para defender a aquellos que no
hacen parte de la guerra, pero que se ven
envueltos en ella de manera desafortunada y ven
en los medios de comunicación, el respaldo de
sus quejas y necesidades no resueltas por el
Estado. De lo que se trata es de no enrolarse en
la guerra con sentimientos patrióticos a menos
que estos, vayan en defensa de lo público, para
aclararla y quizás ayudar a resolverla, bajo un
modelo real de comunicación política.
Informar para
dar puntos objetivos de referencia a la sociedad
entera que por razones obvias, no entiende las
razones complejas de un largo proceso de
resolución del conflicto armado colombiano. Este
asunto es bien importante, para fortalecer la
opinión del ciudadano común, muy vulnerable al
tema de la guerra y de la paz, aún más, cuando
estamos en medio de una contienda electoral en la
que las opciones fáciles y llamativas suelen
aparecer arrastrando no-solo a los electores,
sino también a los informadores que terminan
escribiendo sus notas con la idea de que Colombia
no tiene otra opción que la guerra generalizada.
La
búsqueda incesante de la objetividad
Las dos últimas
preguntas se dirigen a reconocer un viejo
problema de la prensa moderna en el mundo entero.
El síndrome de la chiva es un asunto no resuelto
aún ni por los directores de los medios ni los
dueños de los mismos, aunque paradójicamente
reconocido y criticado por muchos de los
comunicadores entrevistados al respecto.
El 82% de los
periodistas cree que los medios en Colombia
emiten informaciones sin confirmar. A su vez el
90% de las causas se reparten entre el síndrome
de la chiva, los niveles de sintonía y la prisa
en la emisión, en últimas, nombres distintos de
un mismo problema.
En un proceso de
información inconclusa como el que vive Colombia
ante muchos aspectos de su conflicto interno, con
la presión ineludible de una espiral de hechos
que por su inmediatez y magnitud, generan una
creciente tensión en las salas de redacción y
emisión de radio y televisión produciendo a la
vez, un reacomodamiento forzado de las agendas
temáticas de los periodistas que elaboran los
contenidos informativos, es necesario insistir en
los riesgos de este síndrome que no hace otra
cosa que restarle credibilidad a los medios de
comunicación y capacidad de reflexión a las
personas que están detrás de las noticias.
Nada más
peligroso para los medios de comunicación
nacionales que luego, pueden ser señalados
injustamente por su sociedad, como los culpables
de una impredecible situación, que no produjeron
ellos, pero que tampoco hicieron nada para
transformarla.
Finalmente es
válido recordar una frase de John Moody,
vicepresidente del Fox News Channel a propósito
de la guerra de Estados Unidos contra el
terrorismo a fines del año pasado, la cual puede
cobrar vigencia ahora para los propios medios
colombianos: "Cubrir la guerra de
Afganistán es como describir un gato negro en
una habitación a oscuras".
* Germán
Ortiz Leiva es
analista internacional y colabora en el Observatorio de Medios de la Universidad de La Sabana, en Bogotá, Colombia. Es colaborador
de Sala
de Prensa.
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