Información
y democracia
Gerardo
Albarrán de Alba *
Hacer
periodismo es algo más que ser testigo
privilegiado del mundo; implica tratar de
explicarlo e incluso, a veces, inventarlo. En
todo caso, el periodismo sólo se explica a sí
mismo en función de la sociedad a la que sirve.
Partamos de una
base: en México ejercemos el periodismo en una
sociedad protodemocrática. La sola alternancia
en el Poder Ejecutivo no nos instala entre las
democracias consolidadas, ni con mucho. Antes,
por el contrario, existen resabios de
autoritarismo que la nueva clase política (si se
le puede llamar así a los actuales responsables
de la administración pública) está empezando a
adoptar como propios, tras gozar durante casi un
año la comodidad que implica ejercer el poder
sin un entramado institucional de contrapesos
articulados, reales.
El discurso de
transparencia vendido por la administración de
Vicente Fox pareciera buscar la justificación
que legitime jurídicamente viejas formas de
autoritarismo que no hay que olvidar
la ciudadanía quiso cancelar no tanto con un
voto en favor de Fox sino precisamente en contra
de un abuso de poder que le despojó durante
décadas de la centralidad política y social que
le corresponde. La nueva oligarquía
político-económica ha probado las mieles de la
discrecionalidad, y parece que no le hace gestos.
La iniciativa de
Ley de Acceso a la Información, redactada y
promovida por académicos y periodistas,
representa la posibilidad de devolver a la
ciudadanía el ejercicio de su soberanía,
particularmente si esto se combina con una prensa
que logre maximizar el potencial de debate
público. Los mexicanos hemos conquistado el
voto; nos falta rescatar la voz1. Uno de los papeles de
los periodistas es construir el marco cognitivo
democrático de los ciudadanos, pero no como
"cuarto poder" (como a veces nos gusta
vernos a nosotros mismos), sino como un
contrapoder que ejerza una función eficaz de
vigilancia, control y freno del poder.
En un escenario
de acceso real a la información pública, el
ejercicio periodístico mexicano tiene claros
retos y oportunidades. En ambos casos, debería
traducirse en una información de mayor calidad y
racionalidad que alimente el debate público y
signifique mejores elementos para la toma de
decisiones de cada individuo en su propio entorno
social y político. Y esto se logra a través de
la primacía del periodismo de investigación
sobre el periodismo de filtraciones (interesadas,
siempre), el de actualidad, el de declaraciones e
incluso el de denuncia.
Una legislación
que obligue al gobierno a abrir la información
pública a todos los ciudadanos debería alentar
a los periodistas a la investigación como
método de producción informativa. El acceso a
archivos y documentos cuya naturaleza es pública
nos permitirá ejercer un mejor contrapeso y
vigilancia de los poderes político y económico.
En este caso, de
hecho, los retos y oportunidades que se abren con
el acceso a la información pública son lo
mismo: la consolidación de la democracia como un
estado de la sociedad y no como una simple forma
de gobierno.2
Una sociedad
democrática depende de individuos bien
informados, y la forma socializada de acceder a
esa información es a través de la prensa. Así,
los periodistas tenemos la oportunidad de
contribuir a la construcción de una cultura
democrática en nuestro país, y, al mismo
tiempo, tenemos el reto de cerrar la brecha que
existe entre los pocos que hacen política y
aquellos a quienes afecta, para bien o para mal.
Recientemente,
el periodista y profesor estadunidense Philip
Meyer le comentó acertadamente a un amigo y
colega uruguayo, Darío Klein, que "una
sociedad democrática necesita modos de poner a
prueba la realidad. Los políticos y los grupos
de interés definen la realidad para que ésta se
amolde a sus necesidades. Los periodistas de
investigación pueden poner a prueba sus
versiones de la realidad acumulando hechos que
puedan crear una realidad más objetiva".
En el caso
mexicano, la administración de Vicente Fox tiene
la obligación de abrir el acceso a la
información pública que durante siete décadas
nos fue negado a los ciudadanos. Pero no sólo
porque haya sido parte de su discurso para
alcanzar el poder, sino porque su función
básica es la de consolidar un entramado
institucional que, en el corto plazo, se traduzca
en un sistema de pesos y contrapesos eficaz para
la consolidación democrática del país.
En tanto eso no
ocurra, los periodistas seguiremos escribiendo
sobre las cotidianas babosadas del presidente y
de su equipo. Cuando contemos con un marco
jurídico que garantice el acceso a la
información pública, más allá de la
retórica, simplemente las documentaremos.
Por lo pronto,
conviene recordar que el periodismo de
investigación según el propio Darío
Klein supone el extremo más osado de la
libertad de expresión: una prensa que investiga
y denuncia a las propias instituciones que
garantizan su libertad.
El periodismo de
investigación puede aprovechar mejor que nadie
este marco jurídico de acceso a la información
(todavía hipotético) para ensanchar el espectro
de la realidad de la agenda y debate públicos;
para pasar del anecdotario político a la mayor
claridad, profundidad y certeza de los fenómenos
cada vez más complejos en los que debe hurgar;
para develar lo que nos es ocultado, pero
también para rescatar lo olvidado.
_____
Notas:
1 Véase
Juan Francisco Escobedo, "Voz e información
en una sociedad democrática", en el No.37
de Sala de Prensa, noviembre de 2001
(http://www.saladeprensa.org).
2 Según Tocqueville, esto implica la
adopción de valores tales como pluralismo
social, tolerancia, inexistencia de privilegios
hereditarios, igualdad de derechos, respeto a las
libertades... y también como un tipo de régimen
o forma de gobierno en el que encontremos
pluralismo de partidos, soberanía popular,
ciudadanía, división y balance de poderes,
elecciones libres y limpias periódicas,
representación mayoritaria o proporcional
Sin embargo, esto no significa que la totalidad
de la vida social deba quedar empapada por la
democracia. Este es un sistema de
"convivencia" y "confundir esta
parte con el todo es un error fatal para la
propia democracia".
*
Gerardo Albarrán de Alba es director de Sala de Prensa, coordinador de Proyectos Especiales de
la revista mexicana Proceso, y
coordinador académico del Curso de Posgrado en
Periodismo de Investigación y profesor de
asignatura del Departamento de Comunicación de
la Universidad
Iberoamericana. Es miembro
del Consejo Editorial de Le Monde Diplomatique (edición mexicana) y del Consejo
Asesor de la Fundación Información y Democracia,
A.C., y vocal del Consejo
Directivo del Centro de Periodistas de Investigación,
A.C. (IRE-México).
Actualmente cursa un Doctorado en Derecho de la
Información por la Universidad de Occidente, con el apoyo del Programa Iberoamericano
de Derecho de la Información de la Universidad Iberoamericana y del Instituto de
Investigaciones Jurídicas
de la Universidad
Nacional Autónoma de México. Este texto es su presentación en el
panel: "El derecho a la información y el
ejercicio periodístico. Retos y oportunidades.
La visión de los periodistas", durante el 2° Congreso Nacional de
Derecho de la Información,
realizado en Mazatlán, Sinaloa, México, el 23
de noviembre de 2001.
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