José
María Desantes:
El verdadero "inventor" del Derecho a
la Información
Cristian
Antoine, Pedro Anguita y Oscar Jaramillo *
Con
más de 25 libros, 200 artículos y más de 40
años de docencia, José María Desantes se ha
convertido por méritos propios en una de las
principales autoridades en el campo de la Etica y
el Derecho a la Información.
"¡Vamos,
hombre, yo no inventé el Derecho a la
Información!", exclama con una sonrisa
llena de humildad.
Y es que pese a
sus disculpas este académico español, doctor en
Derecho y en Ciencias de la Información, es una
de las principales autoridades en el ámbito
mundial en el campo del Derecho a la
Información. No sólo es autor de más de 25
libros y 200 artículos en la especialidad, entre
ellos El autocontrol de la actividad
informativa", La función de informar",
La verdad en la información, El futuro
de los profesionales de la información, sino
que es uno de los fundadores del Departamento de
Derecho Constitucional, encargado de impartir
asignaturas para el Pregrado y Programa Doctoral
de asignaturas como Libertades Públicas, Derecho
a la Información, Etica Periodística, en la
Facultad de Ciencias de la Información de la
Universidad Complutense de Madrid.
Sin embargo su
actividad no sólo se limita al ámbito español.
Como profesor invitado en numerosas universidades
latinoamericanas, ha contribuido a formar
numerosas generaciones de abogados y periodistas.
Frecuente visitante de nuestro país, su primera
venida fue en los años 60 cuando estuvo en Chile
a propósito del Derecho de Autor, tema que le
interesaba en esa época. En estas últimas
temporadas, Desantes está participando en la
tercera versión del programa doctoral
"Ética y Derecho a la Información en
España y América Latina", que la
Universidad Complutense imparte en Santiago de
Chile en conjunto con la Universidad Diego
Portales.
Fue justamente
en esa oportunidad en que un grupo de académicos
de la Universidad Diego Portales, compuesto por
Cristian Antoine, Pedro Anguita y Oscar
Jaramillo, sostuvieron un animado diálogo con
él. En la ocasión se discutieron numerosos
temas que van desde su papel como uno de los
impulsores de la doctrina del derecho a la
información hasta el estudio del terrorismo como
un fenómeno comunicativo. Esta crónica da
cuenta de parte de la conversación.
El
estado de la ética en España
Pedro Anguita:
- ¿Cuál es el estado de la ética periodística
en España?
Desantes:
- Lo veo mal, con toda claridad. Primero, en este
momento en España hay trece centros
universitarios de Ciencias de la Información o
Ciencias de la Comunicación, como se les ha dado
por llamarlos ahora. Sin embargo, la enseñanza
de la ética figura sólo en cuatro de estos
trece centros universitarios. Se imparte en la
Universidad Complutense de Madrid, en la
Universidad de Navarra y en las dos nuevas
universidades privadas que eran antes el CEU,
Centro de Estudios Universitarios. Bueno, de
estos cuatro centros hay que considerar la
situación de la Universidad de Navarra, debido a
que allí la persona que hace clases es un
"chico" que ni siquiera es doctor.
Llegó a ese puesto porque debido a la
jubilación, muerte y salida de la universidad de
distintos académicos llegó un momento en que la
Facultad se quedó sin profesores de ética. Tuvo
que asumir un joven recién licenciado, que me
imagino que hará las clases leyendo en un libro
de un determinado tema y al día siguiente
expondrá un resumen.
Anguita:
- ¿Y cómo ve el estado de la ética en los
medios de comunicación?
Desantes:
- Veo un estado de bastante desmoralización en
el sentido de bastante poco sentido de la ética
en la profesión. Aunque hay que aclarar que esto
no se puede generalizar. Es decir, hay un gran
porcentaje que no toma en cuenta la ética porque
falta formación o porque habiendo tenido la
formación, la realidad de las redacciones en la
actividad informativa, pues hace olvidar los
principios éticos. Eso significa que los
principios éticos no están muy arraigados ni en
el Periodismo ni en la Publicidad.
En este último
campo en España en los últimos tiempos han
establecido una especie de Consejo de Etica, pero
que se refiere más a la actuación de las
empresas que a los profesionales. De manera que
no se puede decir que la ética en España esté
en un momento brillante.
Cristian Antoine:
- Profesor, ¿por qué cree que es importante
creer en Dios para enseñar ética?
Desantes:
- Me parece que es importante creer en Dios para
explicar Derecho -enfatiza con una sonrisa- y
mucho más para hablar de ética. A fin de
cuentas el Derecho no puede estar en
contradicción con la ética. Es decir, si no hay
la base de la creencia en Dios, ¿en qué se
fundamenta? Yo no entiendo en qué otra cosa se
puede fundar la ética. ¿En dónde se arraiga la
ética?
Si no se cree en
Dios ocurre aquello según lo cual no hay ética,
sino que usos sociales que consagran unas formas
de comportamiento. Claro, eso no es ética y eso
es lo que piensan muchos profesionales en
España. El problema está en que las cosas y las
costumbres cambian.
Por ejemplo,
vale la pena dar un pequeño rodeo para comentar
una caso que ocurrió en España y en el que es
necesario hacer un poco de historia. Durante la
dictadura había una censura bastante fuerte en
donde no sólo se censuraban los textos, sino que
también las empresas por dentro. Con el fin de
la dictadura vino la Constitución del año 1978
con la que desapareció la censura. Incluso se
incluyó un apartado que dice "no habrá
ningún tipo de censura, ni siquiera en los casos
de excepción", ni en el más grave de ellos
como lo es el estado de sitio. Aunque se aprietan
las tuercas de la responsabilidad, no hay censura
en la Constitución, porque se establece la
responsabilidad viene después de la
publicación.
Entonces el
problema se creó cuando un periodista mintió al
dar a conocer una información y la persona que
se sintió perjudicada lo demandó. Lo que
ocurrió es que la profesión entera se echó
sobre el asunto y sobre esta supuesta violación
a la libertad de expresión. El punto está en
que en ningún caso se puede mentir.
Lo que pasa es
que hay una confusión que quizás se sedimente,
pero que ha tardado mucho porque recién está
ocurriendo a casi 20 años de la promulgación de
la Constitución. En el fondo lo que están
planteado estos profesionales es que en virtud de
la libertad de expresión se puede decir lo que a
uno le dé la gana y se calumnie.
Otro caso
similar ocurrió con un gran periodista deportivo
como lo es José María García, quien tiene la
mejor edición de deportes de España. En un
momento determinado injuria a una persona y ésta
va a los tribunales lo que hace que todos los
periodistas se rasguen las vestiduras. ¿Qué es
esto? ¿Por qué no puede decir lo que se le dé
la gana? Sin embargo el Tribunal Constitucional
dejó muy claro que efectivamente había una
injuria y que por lo tanto aquello era ajustado a
derecho.
Ese es el
ambiente general que hay en España. No quiero
decir que al lado de esto no hay buena gente. Por
ejemplo en Vitoria hay un periodista que ha
creado una agencia de Las Buenas Noticias. Y
solamente da buenas noticias cuando en cambio lo
que uno hace en el periódico es dar malas
noticias y noticias que no tienen importancia,
pero que llaman la atención. Son
sensacionalistas, lo que quieras.
La
enseñanza de la ética
Antoine:
- Sabe profesor, una de las cosas más difíciles
de hacer clases de ética periodística en Chile
es que nos toca recibir alumnos que por lo
general están muy contaminados con un ambiente
en el cual la ética no es un tema relevante.
Desantes:
- Cómo no, En España ocurre lo mismo. Hemos
dicho que en España hay cuatro centros
confesionales, digámoslo así, como lo son la
Universidad de Navarra, la Complutense y los CEU,
que tienen ética. La facultad de Ciencias de la
Información de la Complutense se creó hace 32
años y en ella de inmediato se puso la ética
como preocupación central, pero no ocurrió lo
mismo con las demás facultades de ciencias de la
información que se crearon. No la consideran
necesaria, y se prescinde de ella.
Antoine:
- Lo difícil es enseñarle a chicos que están
contaminados por un ambiente en que uno les dice,
no mientas y todo el mundo miente; no robes las
ideas de otros y parece que en algunos ambientes
les aplauden este hecho. Hay como una especie de
contradicción, al menos entre lo que uno trata
de hacer en la docencia con lo que ocurre en la
realidad. ¿Cuál es su experiencia al respecto?
Desantes:
- Bueno, pero esto pasa también en Derecho. Es
decir, cuando vas explicando lo que es el
derecho, pues llega un momento en que los alumnos
estallan y le dicen a uno: "Oiga, esto que
dice usted es muy bonito, pero no pasa en la
realidad".
Bueno, ¿por
qué te das cuenta de que la realidad no está de
acuerdo con lo que debe ser? Porque estás
aprendiendo Derecho. Si no, ni siquiera te
darías cuenta. Es decir, lo que hay que hacer es
procurar aproximarse todo lo posible. Nunca
seremos enteramente justos, nunca seremos
enteramente éticos, pero lo que hay que procurar
es acercarse y para eso hay que saberlo. Y para
darse cuenta que hay una discordancia entre lo
que debe ser y el ser en la realidad, hay que
saber dónde está el deber ser. Ese es el único
argumento que cabe, porque tienen razón. Tienen
razón y esa razón la viven a lo mejor en su
propia familia, porque la disolución de la
familia en España es una cosa realmente
espantosa.
Éste que
siempre había sido un país muy católico,
respetando una serie de valores, es muy difícil
encontrar una familia que no tenga una
catástrofe interna de un modo o de otro.
Derecho a la
Información
Oscar Jaramillo:
- Profesor, en muchos de sus libros usted plantea
que se ha producido una evolución desde el
concepto de libertad de expresión hasta el
derecho a la información. ¿Cómo se fue
gestando esta evolución?
Desantes:
- No es que exista una evolución, sino que hay
dos puntos de partida distintos. La idea de
libertad es una idea que se forja en el Siglo
XVIII.
Yo he tenido que
estudiar el año pasado -porque soy académico de
la Real Academia de Cultura Valenciana- la obra
de Gregorio Mallancis Ciscada. Él es un
valenciano ilustrísimo que es muy poco conocido,
que tiene una visión de la información desde el
punto de vista de la libertad. Bueno, es lo que
se trabaja en el Siglo XVIII, época en la que se
produce una reacción al Antiguo Régimen, que
era más bien cerrado (Despotismo Ilustrado).
Esta reacción lo que quiere romper es ese
círculo cerrado del rey con la camarilla que le
rodea y que controla todo, con la idea de la
libertad.
Entonces vino la
Revolución Francesa y en ella se hizo la
Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano. Y se hace cuando la revolución ha
estallado y cuando la convención está hecha por
el pueblo y éste se concede a sí mismo la
libertad. Como se concede a sí mismo la libertad
se da también la atribución de limitar la
libertad, porque es algo que concede. Por tanto,
la puede limitar o cortar en un momento
determinado.
Eso se produce
entre otras cosas, porque la misma Convención se
asusta de lo que puede pasar con la libertad de
expresión. Y es así como en el artículo 11 de
la Declaración se establece la posibilidad de
limitarla.
Lo que pasa es
que nosotros somos el pueblo que nos concedemos
la libertad y por tanto podemos limitarla. Pero
aquello duró muy poco y en seguida vinieron los
sátrapas de la Revolución que se consideraron
con la misma soberanía que el pueblo, que se
concedió a sí mismo la libertad y que la puede
quitar o la puede restringir.
Y se da el caso
curioso de que Francia, el país de las
libertades, inventa todos los procedimientos
limitativos de la libertad, con la sola
excepción de la censura. Todos están ahí. Si
se quiere aprender lo que hay que ver es la
legislación francesa, que además es cambiante.
Pero ellas inventan todos los procedimientos,
excepto la censura que ya existía y que con la
Declaración de Derechos Humanos desaparece, pero
que ellos vuelven a restablecer.
Este es el
problema de la libertad a grandes rasgos. La
libertad se concede y por tanto, como se concede,
se limita. En cambio, yo estoy haciendo ahora la
comparación después de estudiar a Mallancis,
que te vuelvo a repetir, es un católico y un
bien pensante desde el punto de vista de la
ortodoxia, no sólo religiosa sino que también
jurídica. Estoy comparándolo con un figura del
siglo XVI, que es el último libro que yo he
publicado, que no es más ni menos que Francisco
de Vitoria.
Francisco de
Vitoria habla por primera vez del dius
comunicationis. Y no habla del dius
comunicationis sino del ius societatis et
comunicationis, no como dos derechos
distintos sino como un solo derecho.
Antoine:
- ¿Dónde hace Vitoria esa alusión?
Desantes:
- Eso lo hace en la Universidad de Salamanca, que
es de dónde él era profesor. Los profesores
tenían la obligación de dar la clase todos los
días y luego tenía la obligación de dar una o
dos lecciones, que ellos llamaban relecciones y
que eran la aplicación de la teoría que estaban
explicando a un problema concreto del momento. Y
entonces Francisco de Vitoria se conservan nueve
relecciones. No hay que olvidar que él es
ágrafo, ya que no se conserva ningún escrito de
él. Pero debió ser tan buen docente, que los
que se conservan son nueve manuscritos de apuntes
de los alumnos de las relecciones.
El Consejo
Superior de Investigaciones Científicas hizo una
edición crítica, comparada de los distintos
apuntes y apenas difieren en alguna palabra.
Vamos, son de autores distintos, de alumnos que
estaban presentes.
Él tenía un
prestigio grande, pero era un hombre enfermizo y
esa es una de las razones por la que no escribió
gran cosa. Estaba en el Colegio de los Dominicos
en Salamanca -el Colegio San Esteban- que es una
verdadera maravilla arquitectónica y cuando me
enseñaron la enfermería me dijeron: "Esta
era la habitación de Francisco de Vitoria".
Y los estudiantes lo llevaban en parihuelas desde
el colegio hasta la universidad. No quería
perderse las lecciones.
Bueno entonces,
Francisco de Vitoria, que era catedrático de
Prima de Teología, aplicó los principios
teológico-jurídicos al tema del descubrimiento,
conquista y colonización de América y fue
bastante duro en sus conclusiones. El colegio de
Salamanca surtió de misioneros el primer
período de la conquista y al volver a España
contaron las cosas que aquí pasaban (en
América) y que no se caracterizaban por ser
ejemplares.
Francisco de
Vitoria fustigó duramente todas esas conductas,
pero por otra parte, justificó la presencia de
los españoles. Entonces lo que hizo él, fue
tomar como antecedentes a los clásicos griegos y
los escolásticos para establecer el ius
societatis et comunicationis.
El ius
societatis et comunicationis no es otra cosa
que lo que hace la Declaración Universal de los
Derechos Humanos de 1948. Pero desde el momento
en que el ius comunicionis o lo que luego
hemos llamado Derecho a la Información no es
algo concedido, sino que es un derecho innato y
lo que hace la Constitución española, por
ejemplo, es reconocer este derecho. Reconocer
implica el que eso no se obvia... lo que sucede
es que se reconoce un derecho innato, natural, y
como no se concede nada, pero se reconoce, pues
hay que respetarlo.
Entonces la
confusión entre la libertad de expresión y el
derecho a la información es verdaderamente
disolvente. La libertad de expresión no es más
que el modo libre de ejercitar el derecho a la
información.
La libertad
también es un derecho innato, pero la libertad
está en la base del ejercicio de todos los
derechos, porque es muy fácil empezar diciendo
"hay libertad de expresión", como
ocurre en el artículo primero de la ley
española de 1966, y luego los otros 77
artículos están limitando esa libertad de
expresión. Lo que no se puede hacer es reconocer
el derecho a la información, pero luego
limitarlo. Es necesaria una libertad que
acompañe al derecho a la información. Entonces
la libertad es el modo libre y por tanto,
adverbial si queremos, del sustantivo derecho a
la información.
En ese caso
algunos dicen: "Hombre, usted menosprecia la
libertad". No, porque desde el momento en
que la libertad va unida al derecho es tan
ilimitable como el derecho. Este es el problema
en términos generales y esta es la solución.
El
almuerzo
Antoine:
- Profesor, ¿por qué sus alumnos en Madrid
dicen que usted inventó el derecho a la
información en un almuerzo?
Desantes:
- Yo no sé por qué lo dicen. Yo no lo inventé
en un almuerzo. Primero, yo no lo inventé y
segundo, mucho menos, en un almuerzo. Lo que
ocurre, vamos, mi historia académica es que
terminé mi carrera y me puse a trabajar en
derecho civil con un gran maestro, que es uno de
los dos mejores juristas españoles del Siglo XX,
Don Federico de Castro y Bravo. Aunque sus
alumnos decían que era más "Bravo"
que "Castro", porque era muy duro.
Empecé a
trabajar con él en derecho civil en la
universidad. Don Federico daba Derecho Civil
parte general, que en España es como en otros
países, es la introducción o fundamentos
generales del Derecho.
Entonces por
intereses familiares tuve que empezar a
intervenir en empresas informativas y me fui
especializando en cuestiones
jurídico-informativas. De ahí salió mi
afición al derecho a la información. Y la
única persona que raramente se había dedicado a
ese tema, cuando se creó la facultad de Ciencias
de la Información en la Complutense, con algunos
antecedentes como el profesor Juan Veneito, era
yo. Pero vamos, primero yo no lo inventé y
segundo, no lo inventé en un almuerzo.
- Antoine:
Pero usted fue el primer profesor de la cátedra
de derecho a la información.
Desantes:
- Bueno, eso sí. La primera cátedra de España
que se cubrió fue la de Universidad Complutense
y el primer catedrático fui yo. Realmente la
otra gente que se presentó fue porque era una
cosa nueva y dijeron: "Vamos a probar".
Antoine:
- Usted no sólo ha incursionado en el derecho a
la información, también se ha interesado por la
ética...
Desantes:
- No, yo me declaro incompetente para la ética.
Antoine:
- Sin embargo ha escrito sobre la empresa
informativa, sobre publicidad, relaciones
públicas...
Desantes:
- No, he escrito sobre el derecho de la
publicidad, el derecho de las relaciones
públicas. He tenido que utilizar la ética
porque realmente es una fuente del derecho; la he
tenido que ocupar, pero yo no he hecho ética. Lo
que he hecho es aprovecharme de la ética y por
eso he tenido que aprenderla.
Derecho sí he
realizado. Lo que pasa es que cuando se trata de
un tema jurídico me siento seguro; en un tema
ético, no. Por otra parte, vuelvo a repetir, la
ética toma su base de la teología moral y los
temas teológicos me dan un miedo tremendo.
¡Y lo vuelvo a
repetir! Yo no inventé el derecho a la
información. Venía de la tradición desde
Francisco de Vitoria, pasando por el mismo
Aristóteles. Para mí, Aristóteles es el mejor
comunicacionalista que ha existido en la
historia. Él sienta las basas de la teoría de
la comunicación en dos obras, que son La
Poética y La Retórica. Sin embargo
lo que dice en esas dos obras desde el punto de
vista teórico, luego lo recoge en la Ética
de Nicómaco. Allí es donde sienta los
principios éticos.
Hay un capítulo
precioso en la Ética de Nicómaco que se llama
"Del donaire en el decir" y sobre el
que publiqué un artículo. Es una maravilla
porque en un capítulo está recogida toda la
ética.
Bueno, luego de
esto un gran comunicacionalista, del que es
difícil hablar en este momento, es Santo Tomás
de Aquino. Una vez en lo cité en clases y de
inmediato se ha creado revuelo. Dije: "Un
momento, yo no cito a Santo Tomás de Aquino como
santo, sino jurista. Y por otra parte -les dije a
mis alumnos-, recuerden ustedes que Santo Tomás
de Aquino es el letrista de Mocedades, esa
canción que canta el grupo y que llaman
Pangelingua fue escrito por
él". Esa broma pues diluyó pues la
cuestión. Bueno en la Prima Secunde de la
Suma Teológica dedica unos capítulos del 90 al
96, me parece, sobre comunicación.
Bueno y desde el
punto de vista jurídico está Francisco de
Vitoria y toda la escuela Dominicana (de los
dominicos) de la Universidad de Salamanca.
Bibliografía
ideal
Antoine:
- En este momento de a poco ha ido construyendo
lo que sería la bibliografía ideal de un curso
de derecho a la información. ¿Haría mención
de algún autor contemporáneo que le haya
significado un aporte para comprender el derecho
a la información?
Desantes:
- Extranjeros, pocos y sobre todo pocos
estadunidenses, porque ellos tienen una visión
muy especial de las cosas. En cambio hay europeos
muy buenos. Bueno, ahora mismo, el maestro del
derecho a la información es Martín Ledwio. Él
tiene un libro que se llama Presse Recht
(Derecho de la Prensa) que no es derecho de la
prensa, es derecho a la información. Bueno y
para mí él ha sido un gran maestro. Lo conocí
personalmente, me apreciaba mucho y estuve muy en
contacto con él.
Ahora mismo hay
un autor relativamente joven, que es Derieux, que
es muy bueno. Después está esta gente que aquí
conocéis (Ignacio Bel, Loreto Corredoira, Pilar
Cousido) y que ahora saben más que yo, sobre
todo de determinadas cuestiones. Yo cada vez me
voy reduciendo a cosas muy determinadas, porque
no se puede abarcar todo.
Antoine:
- ¿Cómo sería el perfil modelo de un profesor
de derecho a la información?
Desantes:
- Bueno, estos chicos (Ignacio Bel, Loreto
Corredoira, Pilar Cousido), digo chicos porque
hay hombres y mujeres, son alumnos de Ciencias de
la Información. Es decir, cuando se creó la
cátedra mía tuve que buscar ayudantes y en ese
momento busqué ayudantes formados en Derecho.
Eran licenciados, doctores y algunos de ellos
eran magistrados del Tribunal Supremo, por lo que
no era gente cualquiera.
Pues, cuando
empezaron a salir licenciados en Ciencias de la
Información, fui sustituyéndolos. Hay una
definición de derecho que es la que a mí más
gusta que dice: "El Derecho es la realidad
echa norma". Y esto yo lo decía antes de
los profesores de ética, es decir, prefiero
quien conozca bien el objeto sobre el que recae
el derecho a la información, que es la
información, que los juristas que saben mucho de
derecho.
Lo que ocurre es
que estos (sus alumnos) a partir de la
información y los derechos de la información,
luego se han graduado en Derecho. Tanto Loreto
Corredoira, como Ignacio Bel y Pilar Cousido,
todos son graduados en Ciencias de la
Información y en Derecho.
Y una anécdota
que puede ilustrar lo que estamos hablando, es lo
que me sucedió con una alumna en España. Cuando
en seis convocatorias no se aprueba una materia,
se pierde la carrera, lo que a mí me parece una
enormidad y además plantea unos problemas
tremendos. El señor que va a la sexta
convocatoria viene a hablar contigo y te dice:
"Por favor, tenga piedad de mí, pierdo la
carrera; soy un hombre casado, tengo cinco
hijos...".
Entonces tuve
una alumna que suspendió cinco convocatorias de
una manera que no hay dudas. No sabe nada, nada,
nada y la suspendí. Y llegó el curso en el que
tenía que hacer la sexta convocatoria y yo
hacía a lo largo del curso seis exámenes. El
primer examen, el mejor. "Habrá sonado la
flauta por casualidad", pensé. Segundo
examen, lo mismo.
Al tercer
examen, en el que obtuvo la mejor nota, ya la
llamé y le dije: "Señorita, cómo puede
ser esto. Usted ya ha suspendido cinco veces y
que ahora me hace estos exámenes
maravillosos". Ella me respondió: "Se
lo voy a contar y además tenía ganas de
contárselo. Yo empecé la carrera de Derecho
cuando la Revolución del 68 pasó a España, que
también coincidió con el cambio de régimen.
Había huelgas diarias, no había clases y bueno,
me harté del Derecho. Entonces salió la
Facultad de Ciencias de la Información y dije,
bueno, esto será más divertido, y
me apunté. Y cuando llego al tercer curso, en
donde estaba el Derecho a la Información, me
encuentro con una asignatura de Derecho, que yo
odiaba. Y pues me despreocupé de ella y así
pasaron cinco Convocatorias. Hasta que para no
perder la carrera a la sexta convocatoria, me
pongo a estudiarla y me doy cuenta que mi
verdadera vocación era el Derecho. Me gustó la
asignatura y comencé a estudiarla con gusto
hasta tal punto que me he vuelto a matricular en
Derecho". Esta mujer se ha graduado en
Ciencias de la Información y en Derecho.
Entonces estos
chicos tiene una formación muy sólida y muy
buena. Hay una cierta escuela y no hay más
porque, sobre todo en el tiempo del gobierno
anterior (Felipe González) adelantaron la
jubilación en cinco años. Y después que ellos
nos quitaron a todos las cabezas, se metieron
ellos y han vuelto a restablecer la jubilación
como estaba antes.
Pero vamos, en
hay en Pamplona una buena escuela, también
Valencia, en el CEU de Madrid.. Hay de todo...
Pero no lo inventé (el derecho a la
información).
Antoine:
- Creo que hace poco hubo un hecho importante en
la Complutense que está relacionado con lo que
estamos hablando
Desantes:
- Bueno, hace pocos día se ha leído una tesis
en Madrid. Preciosa tesis, que además es de
Derecho porque este hombre era licenciado en
Derecho y en Ciencias de la Información, pero
prefirió hacerla en Derecho.
Este hombre,
digo hombre porque ya no es ningún chico,
empezó la tesis hace 20 años. Él era ayudante
mío y la comenzó siendo mi ayudante. Pero los
socialistas dictaron una ley de
incompatibilidades. Este hombre trabajaba en
Televisión Española e hicieron incompatibles el
trabajo en TVE y en la universidad.
Entonces él era
padre de familia y la universidad española da
para el desayuno, pero ya para la comida y el
almuerzo no da. Tuvo que optar y se quedó en
Televisión Española. Por tanto enfrió lo que
podríamos llamar el ambiente científico.
Pues es que
además la tesis era en derecho y hacía falta un
tutor además del director que era yo. La tesis
estaba basada en la relación jurídico
informativa y el tutor le dijo: "Bueno, esto
de la relación jurídico informativa es una
invención de Desantes que él te lo dijo".
El caso es que
dejó dormir la tesis y al cabo de 20 años la
volvió a resucitar. Con la ventaja que tenía
una gran experiencia. La tesis era "La
libertad de programación en radio y
televisión". Tenía muchos años de
experiencia práctica, que es muy importante. La
tesis debe partir desde el conocimiento
empírico.
De hecho la
tesis es preciosa y en este momento en la
Facultad de Derecho donde la ha leído, había un
solo profesor de derecho a la información que es
Loreto Corredoira, todos han salido encantados.
Cuando yo daba
el curso de doctorado en la Facultad de Derecho
éste era mixto, para alumnos de Ciencias de la
Información y Derecho. Lo cierto es que llevaban
ventaja los alumnos de Ciencias de la
Información y los de Derecho decían:
"¿Cómo es posible que no nos hayan hablado
nunca de esto en la Facultad, siendo una cosa tan
de hoy como es ésta? Nos están hablando de la
anticresis, de instituciones que ya no se usan y
sin embargo, nadie nos habla de esto".
Pero vamos, esto
finalmente se ha ido abriendo camino. En donde
está Derieux, en París II que es una
universidad sólo de Derecho, el derecho a la
información está como asignatura.
El
terrorismo
Anguita:
- En España hay un tema que es bastante sensible
como lo es el tratamiento que la prensa le da al
terrorismo. ¿Cómo cree que es el tratamiento
que se le ha dado a este fenómeno?
Desantes:
- El tema del terrorismo está tratado de una
manera deficiente. El terrorismo no es
pandillaje, no mata por matar o secuestra por
secuestrar; sino que por tener repercusión en
unos medios de comunicación que ellos no poseen.
Y hay anécdotas en el mundo que se producen
porque ciertos grupo terroristas al no tener
repercusión en los medios abandonan esta forma
de conducta.
Entre otras
cosas el terrorismo impone su terminología.
Ahora, por ejemplo, cuando ETA acordó esta
"tregua ilimitada", yo dije:
"Mira, esto no es una tregua". Sin
embargo hasta el gobierno hablaba de tregua. Lo
que pasa es que ésta exige una previa
declaración de guerra entre dos fuerzas, dos
ejércitos.
Además es
necesario marcar el principio y el fin de la
tregua. Entonces es algo acordado, no es algo
unilateral. Lo que pasa es que esta gente
necesitaba parar para reorganizarse, que es lo
que han realizado. En este momento están
reorganizado y otra vez están apretando a los
empresarios con el impuesto revolucionario.
Anguita:
- Durante el último tiempo la gente se ha
movilizado, se ha expresado en contra del
terrorismo.
Desantes: - No,
la gente sigue con temor; tiene miedo. El País
Vasco era la primera región industrial de
España y se ha quedado vacía de empresarios.
Incluso están presionando a los empresarios
vascos que se fueron al sur de España.
Entonces este es
un tema que está mal tratado, ni siquiera por el
gobierno lo ha tratado bien. El gobierno acepta
la terminología de ellos; acepta el juego.
El año 1992
hubo una Reunión de la Real Academia Española
en Bogotá, Colombia, de los presidentes de las
academias de todos los países hispano parlantes,
más Canadá, Estados Unidos y Filipinas.
Bueno, pero si
no la exposición más buena, sí la más
llamativa fue la del presidente de la academia de
Perú. Este hombre había realizado un estudio
muy bien realizado, en donde demostraba que la
terminología y la conceptualización del Sendero
Luminoso se había introducido en las obras
elementales de la enseñanza. Los niños desde
las primeras letras estaban tragándose ya toda
la terminología terrorista.
Anguita:
- Bueno, eso va a un problema mucho más
fundamental y esencial de toda sociedad que es la
perfección del lenguaje.
Desantes:
- Sí, como no. En España se dice ETA militar;
ETA militar, no. Lo que existe es ETA
político-militar. Sin embargo se admite la
terminología y se admite juicios del pueblo;
ejecuciones, en vez de asesinatos y esto se
emplea hasta en la literatura oficial.
Hay un libro que
publicamos en la Asociación de la Prensa de
Valencia y queda bastante claro cómo hay que
tratar el tema del terrorismo desde el punto de
vista informativo. Sobre todo el terrorismo es un
delito informativo. No es un delito de sangre, de
privación de libertad.
* Pedro
Anguita y Oscar Jaramillo son colaboradores de
SdP y, junto con Cristian Antoine, son miembros del Centro de Estudios
Mediales de la Universidad Diego
Portales, en Chile. Esta
entrevista fue realizada en diciembre de 2000 y
ahora la comparten con Sala de Prensa.
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