Consideraciones
sobre un
nuevo orden mundial en la información
Germán Ortiz Leiva *
El
suceso histórico del 11 de septiembre pasado,
que ha forzado a hablar del principio del fin de
la postguerra fría, hunde sus raíces en asuntos
que han ocurrido en la ultima década, fruto no
sólo de decisiones políticas de líderes y
organizaciones, sino de la difusión de mensajes
que transforman cotidianamente lo básico de la
realidad social del hombre actual: lo mediático.
El grado de
autonomía de las potencias establecidas y de
otras emergentes, el nivel de vulnerabilidad de
las periféricas, junto a una polarización
cultural y el incremento de la pobreza de un
mundo con varios modelos de desarrollo, se
fundamenta en el orden que sustrae sus mejores
recursos de una sociedad basada en el control de
la información, de aquellos que desean un mundo
de una manera y no de otra. Es un logro de la
llamada sociedad del conocimiento pero a su vez,
su limitante.
De ahí el
interés de reconocer las fracturas o si se
quiere los retos de la información, ante un
mundo en permanente cambio y una continuidad que
reconfigura el sistema internacional, para
legitimar las tareas políticas, el papel de la
opinión pública y el manejo de sus diversos
conflictos. Cuatro rasgos, retos o fracturas se
perciben entonces, ante este nuevo estado de
cosas:
1.-
Simultaneidad ó credibilidad
El
"síndrome CNN" se evidenció desde el
mismo momento en que ocurrieron los hechos. La
simultaneidad del cubrimiento en tiempo real con
acceso inmediato a los lugares de las noticias no
sólo es un logro de la tecnología sino de la
llamada "cenetización" de la
información para calificar de alguna manera el
fenómeno mediático de darle credibilidad a algo
por la simultaneidad con que se cubre.
No por uno
ocurre necesariamente lo otro. Pero como la
información se desenvuelve a la par de las
propuestas de los gobernantes de turno, pocos
reconocen en últimas, donde termina la
información oficial y donde comienza la de
conveniencia social, es decir aquella que
realmente se da sin otro interés que el de
informar, porque por ahora, una y otra se tratan
por igual ante la impasibilidad del receptor.
2.-
Pluralidad y objetividad
Aunque dos
valores periodísticos complementarios, los
matices en la información ante un tema difícil
como la guerra o la violencia que ella produce,
dificultan el manejo objetivo de un hecho
complejo como aquella.
Las
explicaciones a considerar por tanto, son
múltiples aunque a veces algunas resulten
legítimas ante el dolor y la repugnancia social
que sus efectos causan. Las próximas guerras
parecen apuntar a situaciones similares a las que
se viven desde septiembre pasado, y el
comunicador debe estar preparado para su
tratamiento periodístico. No es precisamente la
postura de un periodismo para la paz, aquel que
no sea crítico, pluralista y abierto a las
diversas explicaciones de muchos eventos
socialmente controvertibles que se producen ante
el ejercicio de informar.
En este punto,
la vieja guardia del periodismo norteamericano
dio una importante lección a la sociedad de su
país al final de la guerra en Vietnam, cuando
iniciaron una serie de crónicas de batalla en el
que mostraban la crudeza humana del conflicto y
la locura de los acciones militares
indiscriminados para la extinción de un enemigo
invisible.
Pocos sectores
dudaron en un comienzo, entre ellos los propios
medios de comunicación, de la conveniencia de
luchar contra el comunismo como uno de los
grandes males sociales que padecían en ese
momento, y en defensa de los derechos y la
democracia de un mundo libre, que les llevaron
inclusive a apoyar el régimen débil, impopular
y corrupto de su presidente del momento Ngo Dim
Diem, que con sus secuelas, daría al traste con
el tiempo a la propuesta de reforma política
impuesta desde Norteamérica.
3.-
Conveniencia informativa ó precensura
El mayor riesgo
de las guerras actuales en las que la tecnología
bélica toma como un arma más a la información,
el control de la misma transforma el papel de los
reporteros. Las llamadas operaciones sicológicas
son de tal trascendencia, que ahora
prácticamente no existe grupo armado o Estado en
el mundo que no sepa reconocer en la
información, la mejor manera para ganar adeptos
a la causa o desinformar a la sociedad sobre su
adversario.
En el caso de
los gobiernos este control se hace con el ánimo
de "proteger" intereses de seguridad
nacional. A veces sólo se cuenta una parte, la
que conviene, en otras, sencillamente no se
cuenta. Por eso los medios de comunicación
están llamados a hacer lo que siempre deben
hacer: cubrir los hechos de la manera más
objetiva con el único regente de la información
como deben ser los hechos mismos.
Cuando no se
dice toda la verdad o se cuenta sólo lo que
interesa ó más vende, la guerra se hace más
peligrosa para quienes la cubren y sumamente
eficaz para quienes la financian.
4.-
Comunicación política como alternativa
Ante el deber de
informar por parte de la prensa, la opción de
observar los hechos de manera distinta para
contar mejor las historias, aparece de nuevo con
la propuesta del profesor McCombs de
"reinventar la noticia".
De dimensionar
la política bajo la comunicación y no al
contrario. De comprender que la información ante
el transcurrir de un tiempo inesperado y rápido,
debe estar allí para comunicar y develar las
complejas relaciones humanas ante los intereses
de las inexplicables relaciones políticas.
Ante el horror
de la guerra de penumbras propia del orden que se
inició, cobra vigencia la frase del periodista
español Julio Fuentes del diario El Mundo
asesinado en una emboscada en Afganistán en
noviembre pasado: en la tarea de informar
"los medios ponen luz en las guerras".
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Germán Ortiz Leiva
es colaborador de Sala de Prensa y analista internacional del Observatorio de Medios de la Universidad de La Sabana, en Colombia.
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