Información,
transparencia y relaciones públicas
Abdiel
Antonio Gutiérrez *
En
el fondo y en la superficie soy periodista.
Llegué al
Ministerio de Economía y Finanzas de Panamá
para dirigir la oficina de información, prensa y
relaciones públicas después de 10 años de
ejercer el periodismo en radio y televisión.
Debo confesar
que hasta hace muy poco, me pareció que las
oficinas de relaciones públicas, son aquellos
lugares donde los periodistas envejecen,
descansan y eventualmente ganan un poco mejor.
Que el talento del encargado de esa oficina se
medía en su capacidad de llevarse bien con todo
mundo, redactar comunicados insípidos, organizar
conferencias intrascendentes y fiestas opulentas.
Que los "relacionistas" pueden ser como
aquellos payasos, heridos por el desprecio de la
trapecista, pero convencidos de su inexorable
destino de hacer al público reír.
Era una
percepción generalizada. Basada en la
experiencia que tuve con muchos
"relacionistas" desde mi condición de
reportero. Porque desde ese rol, las cosas se ven
de una manera muy egoísta.
Pensamos que
como reportero uno soporta todo, no por
estupidez, sino por sobre vivencia, por astucia.
Asumimos que las sandeces de una fuente, no se
comparan a la satisfacción de encontrarse cara a
cara con la noticia. Por eso se soporta mucho.
Desde las excusas infantiles, el ocultamiento
malicioso de la información, hasta los ataques
físicos y morales.
La habilidad en
el "reporteo", en gran parte depende de
un prejuicio congénito: todo es mentira, nadie
quiere decir toda la verdad.
Todo es mentira,
especialmente cuando hay un
"relacionista" presente.
En mi país,
usualmente se trata de un ángel caído del cielo
de los medios, que ahora opera en las oscuras
sombras de una oficina gubernamental o privada.
Un rinconcito donde apenas es un diablillo, un
pillo diestro en la tarea de contaminar la
opinión pública, sumiso y temeroso en presencia
del mismísimo Satanás.
Un día,
amparado en muchas excusas personales, decidí
entrar en ese infiernillo y como buen escritor de
historias cortas, supe encontrar los argumentos
para auto convencerme que comunicar desde una
oficina de relaciones públicas no es tan malo.
Estas son
algunas de mis excusas:
- Se puede
servir al país, engrasando los
engranajes de comunicación del Gobierno.
- Con
convicción, se pueden endosar las
acciones positivas de un ministro.
- Vale la
pena dar la cara, cuando se es sincero.
Es un deber y
moralmente válido remitir aclaraciones
públicas, exigir derecho a réplica en los
medios, maldecir el libertinaje, la ignorancia y
la impaciencia de ciertos políticos y
periodistas cuando se empeñan en mentir con
inocultable saña.
Ahora que estoy
aquí, pienso que puedo servir a un país
manteniendo una visión objetiva de la realidad;
recibiendo del funcionario jefe la dignidad,
atención y respeto profesional. Se puede hacer
un buen trabajo, si hay esmero en ser reconocido,
no por la habilidad para mentir o para hacer al
jefe inaccesible a los reporteros, sino en la
medida que se le pueda orientar para hacerle
destacar sus buenas intenciones, su honestidad y
talento gerencial. Y por encima de él, poner en
relieve las instituciones, los proyectos y las
ideas que beneficien a los incontables miserables
que aun esperan y merecen un trabajo decente y
abnegado de parte de sus gobernantes. Ese es el
tipo de cosas que con mas imaginación que
esfuerzo cobran realce y perduran en el tiempo.
Las obligaciones
no incluyen sumarse a las filas de aduladores que
por gozar de prebendas o por temor al despido, no
reparan en las mas burdas exhibiciones de
servilismo. Diciendo sí, cuando se debe decir
no. Guardando la sana crítica a una acción
errada, en esas preciosas oportunidades que se
tienen de crecer con la franqueza y la verdad.
Es gracioso
encarar los reclamos de mis compañeros de la
prensa, cada vez que se sienten insatisfechos.
Gracioso, no es la palabra. Quizás curioso,
porque a mi me tocó mas de una vez descargar mi
ansiedad con ese funcionario, que se me aparece
siempre fresco como una lechuga recién
desgajada. Sobre todo cuando se acerca la hora de
cierre, hay que editar, me quedan varias notas
pendientes y aquel se niega o no tiene la
información que requiero para armar mi pieza. De
pronto, me resulta difícil verme a mi mismo en
ambos roles y recuerdo aquello con añoranza.
Sin embargo,
como reportero creo que ahora puedo hacer mejor
mi trabajo, en la medida que entiendo que estoy
haciendo otro tipo de periodismo, una forma de
"reporteo" al por mayor. Administrando
con criterios amplios abundante información
vital para el país. La gran mayoría,
información pública que todos los ciudadanos
pueden libremente acceder, sin mas limitaciones
que aquellas que impone la lógica disponibilidad
del tiempo.
La información
del Ministerio de Economía y Finanzas de
Panamá, debe llegar a todos, periódica e
ininterrumpidamente. Debe ser exacta e
inequívoca. No como a veces suele pasar con los
informes del Estado del Tiempo, que en la mañana
pronostican un día claro, desmentido por un
chaparrón; o como el horóscopo que vaticinó
amor, dinero y salud, el día que finalizó en
odio, quiebra y enfermedad.
Es necesario que
todos los actores del mundo económico dispongan
equitativamente de indicadores oficiales, de
manera que sus decisiones de negocios y consumo
sean racionalmente analizadas y ejecutadas.
Personalmente
sostengo que la información económica oficial
es a veces difícil de interpretar, pero no debe
dejar de ser absolutamente confiable,
especialmente para los que no son especialistas
en la materia. Debe ser como al abordar un
avión, donde generalmente desde sus asientos los
pasajeros no ven el camino, pero saben
exactamente a donde el piloto los está llevando.
En cuestión de
negocios y economía, siempre habrá particulares
con capacidad para contratar consultores que
investiguen, analicen, informen y recomienden
decisiones en base al comportamiento socio
económico del país, apoyados en encuestas y
recursos tecnológicos.
Pero la mayoría
de la gente no dispone de esas facilidades. Allí
cobra mayor vigencia la labor de la oficina de
información, prensa, relaciones públicas o como
quieran llamarle, en su misión de garantizar un
acceso equitativo a la información.
Ciertamente, se
imponen algunas restricciones naturales. Por
ejemplo, el Ministerio de Economía y Finanzas en
Panamá tiene por un lado, la administración
tributaria entre sus atribuciones y por el otro,
la administración del Estado y todo lo
concerniente a la contratación de bienes y
servicios. En ese contexto, puede presentarse la
tentación de divulgar información legal,
necesaria y estrictamente confidencial, como son
las declaraciones personales de renta y el
producto de las investigaciones tributarias que
se realizan en la Dirección de Ingresos; los
datos concernientes a actos públicos que
filtrados inoportunamente pudieran beneficiar a
particulares o afectar los intereses del Estado y
la colectividad; los planes de inversión en la
bolsa, ciertas bases de los procesos de
privatización, algunas fases en las
negociaciones de deuda, el programa fiscalizador
de Aduanas, son algunos ejemplos en los que la
información requiere ser administrada con celo.
De lo contrario, una imprudencia puede
interpretarse también como un acto de
corrupción.
Afortunadamente
para mí, en mi trabajo no tengo dificultades
para manejarme según los principios que ya
expuse. Es más, tengo razones para pensar que el
Ministro con quien trabajo, comparte y promueve
conmigo estos principios básicos. Supongo que no
es el único en el gobierno que piensa así. Sin
embargo, todavía no estoy convencido que todos
los Directores de oficinas de información estén
en la misma circunstancia que yo. Además, las
mas recientes contrataciones oficiales
(incluyendo la mía), sugieren que existe en el
gobierno de Panamá la impresión generalizada de
que los asuntos de información e imagen los
puede resolver una cara de la tele. Eso
obviamente, no es cierto.
Nadie debe
ocultar eternamente una verdad pura, ni puede
sostener para siempre un disfraz de pulcritud
sobre la lacra.
Cada día que
pasa descubro mas y mayores retos, desde la
óptica del compromiso profesional y moral, con
mi país y mi familia. En esa línea pienso que
así como la objetividad y la veracidad deben ser
la clave del éxito de las noticias como negocio,
la transparencia y la honradez deben serlo para
cualquier institución y funcionario.
Cuando las cosas
no se están haciendo bien y honestamente, puede
que temporalmente ayuden las triquiñuelas de un
"buen relacionista". Organizando
agradables convivios, sirviendo buenos bocadillos
en las conferencias de prensa, firmando un par de
contratitos de publicidad entre colegas amigos,
es posible extender la agonía de una imagen
moribunda, pero al fin y al cabo, no creo que
mismísimo mago Merlín se atreva a arriesgar su
reputación.
* Abdiel
Antonio Gutiérrez es
director de la Oficina de Información, Prensa y
Relaciones Públicas del Ministerio de Economía
y Finanzas de Panamá. Esta
es su primera colaboración para Sala de Prensa.
|