Los
periodistas de los nuevos tiempos
Xosé
López *
La
experiencia de la formación de periodistas
durante los últimos veinticinco años en los
distintos ámbitos geográficos y culturales debe
aportarnos datos para el nuevo modelo que
demandan todos los sectores de la Comunicación
para el siglo XXI. Se trata de un conjunto de
proyectos poco homogéneos, al menos por lo que
se refiere a Europa, ya que cada país ha formado
a los periodistas de manera diferente. A pesar
del nuevo marco supranacional creado, la Unión
Europea, todavía no se han dado pasos para
estudiar aspectos generales de un plan común
para la formación de los futuros comunicadores.
Es un proyecto
que algunas voces ya han reclamado, aunque con
fines diferentes. Pero lo cierto es que la
Comunicación despierta cada vez más interés y
las universidades han reforzado su atención a
esta materia, bien con la creación de facultades
o con departamentos para explicar en distintos
ámbitos de las ciencias sociales el papel de la
comunicación en la nueva era.
Nadie -o casi
nadie- duda que las transformaciones sociales y
tecnológicas del último cuarto de siglo han
creado un marco favorable para convertir
numerosos oficios en profesiones especializadas,
la mayoría de las cuales han encontrado un hueco
en la Universidad, necesitada de abrirse a la
sociedad y de estar más en contacto con las
tendencias de la sociedad civil. Esto es, al
menos, lo que ha ocurrido en España, que en la
década de los setenta llevó a la Universidad el
periodismo, hasta ese momento en escuelas de
ciclo medio -diplomaturas de tres años-.
Con todo, la
preocupación por la formación de los
periodistas nació mucho antes de la creación de
las citadas escuelas. Fue el periodista y
profesor Fernando Araujo quien, en 1887, abrió
en Salamanca un curso privado de periodismo. Fue,
pues, un adelantado de su tiempo, ya que en
Europa, sólo en Alemania, en 1690, Tobías
Peucer, elaboró una tesis e impartió varias
conferencias sobre la formación del periodista.
Este pionero de la investigación académica
sobre el periodismo no tuvo muchos seguidores,
por lo que no se generalizó el interés de la
academia por la comunicación y por la formación
de los futuros periodistas.
A pesar de estas
iniciativas, en España no hubo escuela de
periodismo hasta 1926. Nació de la mano del
diario católico El Debate, de Madrid, que
promovió cursos intensivos por medio del
presbítero gallego Manuel Graña, formado en
Estados Unidos en cuestiones periodísticas. A
partir de ese momento la formación de los
periodistas encontró un nuevo camino.
El
interés por la formación
La preocupación
existente en Europa -especialmente en Alemania-
por el papel del periodista en el siglo XVII no
fraguó en un proyecto para llevar la enseñanza
del periodismo a la Universidad. Tampoco en otros
países europeos hubo esta preocupación. Fue en
Estados Unidos donde antes afloró este interés,
a final del siglo XIX, y que desembocó en el
siglo XX en la creación de una gran red de
universidades con estudios de comunicación. El
paso de los años ha demostrado que han sido los
norteamericanos los que más esfuerzo han
realizado por llevar la enseñanza del periodismo
a la Universidad.
En Europa,
durante el siglo XX, poco a poco han ido
apareciendo facultades de comunicación o
departamentos de comunicación, no se sabe muy
bien si para seguir el modelo americano o como
parte de un movimiento propio. Lo cierto es que
todavía hoy hay una gran diversidad de modelos y
que un repaso por los distintos países muestra
un mosaico singular. En muchos países la
formación de los profesionales todavía se hace
en las escuelas y en los medios de comunicación,
de la mano de veteranos profesionales.
A pesar de este
panorama, existe una coincidencia general en los
medios y en la profesión: cada vez es más
necesaria la formación para los profesionales
del periodismo. Es cierto que todavía hay quien
sigue considerando el periodismo un oficio. Pero
no es menos cierto que cada vez son más los
expertos que hablan de profesión. Y aumentan los
que abogan por la formación en la universidad y
por la necesidad de investigar los entresijos
dela comunicación.
Profundas
transformaciones
La
informatización de las redacciones y la
incorporación de la tecnología digital ha
puesto de manifiesto el inicio de una nueva era
para los medios. Ahora, con la convergencia de
las telecomunicaciones, la informática y los
contenidos, ya nadie duda de que sí estamos en
un nuevo escenario donde los viejos paradigmas
resultan ineficaces y donde los ciudadanos
parecen dispuestos a exigir más a los mediadores
sociales.
Como primera
respuesta a los nuevos desafíos, las facultades
de comunicación han tenido que actualizar sus
planes y lo han hecho de acuerdo con las demandas
del mercado y con las exigencias de una buena
formación para vencer los retos actuales y
futuros. Buena parte de los trabajos de cambio de
los planes de estudio se han basado en criterios
de eficacia y de sintonía con lo que pasa en el
hipersector de la comunicación.
De hecho, la
mayoría de los centros de formación de
comunicadores en España han estrechado sus
relaciones con los medios y se han aproximado a
la realidad del sector. El resultado ha sido el
mantenimiento de asignaturas no específicas
-sociología, filología, historia,
economía,...-, pero se ha reforzado la presencia
de contenidos específicos de comunicación,
tanto teóricos como prácticos.
Innovaciones
necesarias
El próximo
cambio de siglo debe aprovecharse para avanzar en
esta dirección ya iniciada en las universidades
españolas y, en general, en Europa. Es necesario
corregir errores del pasado y aprender de las
experiencias cosechadas con los planes renovados.
Y, con las nuevas propuestas que elaboremos,
deberemos articular un programa de innovación en
la formación de los licenciados en
comunicación. Este programa deberá tener en
cuenta los nuevos perfiles profesionales.
Es necesario
trasladar el debate sobre la necesaria
actualización de los planes de estudio a todos
los ámbitos del mundo de la comunicación y del
mundo académico. De este debate deberán salir
las líneas generales del programa de innovación
en la formación, que debe contemplar tanto a los
futuros licenciados como a los que ya trabajan en
el hipersector. Para estos últimos debemos
elaborar propuestas de formación continua.
Si somos capaces
de acercarnos a lo que pasa en el hipersector de
la comunicación y a las tendencias de los nuevos
perfiles profesionales, sabremos elaborar un
programa innovador para formar los nuevos
periodistas que se precisarán en la nueva era
que está a punto de comenzar. Estos nuevos
periodistas precisarán una buena formación
general para entender lo que pasa en la sociedad
y cómo funciona ésta, así como una buena
formación especializada para trabajar con las
herramientas actuales.
__________
Bibliografía:
- De Pablos Coello, José
Manuel (1997): Amarillo en prensa. Ediciones
Idea, Santa Cruz de Tenerife.
- Díaz Nosty, Bernardo (1998): La mejora de la
práctica docente en Comunicación periodística.
Universidad de Málaga, Málaga.
- González Reigosa, Carlos (1997): El periodista
en su circunstancia. Alianza Editorial, Madrid.
- Husson, Didier/Robert, Oliver (1991):
Profession journaliste. Eyrolles, París.
- Rodríguez López, Francesca (1994).
Lensenyament de Periodisme a Europa. Centre
dInvestigació de la Comunicació,
Barcelona.
- Túñez, Miguel (1996): Da teoría á
práctica. Perfil do periodista galego. Edicións
Lea, Santiago de Compostela.
- Vigil y Vázquez, Manuel (1987). El periodismo
enseñado. De la Escuela de <El Debate> a
Ciencias de la Información. Editorial Mitre,
Barcelona.
- VV.AA. (1993): Apuntes de la sociedad
interactiva. Fundesco, Madrid.
* Xosé
López es profesor
de Periodismo en el Departamento de Ciencias da
Comunicación de la Facultad de Ciencias de la
Información de la Universidad de Santiago de Compostela y colaborador de Sala de Prensa.
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