Democracia
digital y ciudadanización
de la política: problemas y desafíos
Rolando
Palacios *
Introducción
La
relación entre democracia y redes tiene sus
orígenes no sólo en las características de
arquitectura abierta y descentralizada de las
redes sino también porque la inteligencia (software)
se ha ido construyendo gracias al aporte
desinteresado de los ciberciudadanos.1 La Internet es una
sociedad abierta tal como la democracia es un
sistema político abierto al juego político de
las diferencias. Ambas realidades podrían
tocarse, no sólo virtualmente.
La telemática
tiene 20 años de existencia, sin embargo sólo
en estos últimos años se ha producido una
suerte de fiebre de la Internet, la red está en
expansión tanto como el universo y no hay fuerza
en este mundo que la detenga. Demás está
señalar el volumen de transmisión de datos que
desde los ochenta reportan una vertiginosa
expansión.
La Internet nace
en los países más desarrollados, pero debido a
su formato interactivo y descentralizado, plantea
la posibilidad de que individuos e instituciones
de diversos países aún los
subdesarrollados accedan a ella. En un
mundo donde "la información" va
constituyéndose cada vez más en un bien de gran
valor, la posibilidad de acceder a ella sin tener
que pasar por el filtro de los que manejan el
poder, aparece así como una gran posibilidad de
democratizar el poder.
La Internet
estaría, para algunos, potenciando una
democratización del poder, donde el acceso a la
información y la comunicación se abre
supuestamente para todos. En este
sentido, nos hablan de la Internet como el medio
que nos está entregando la posibilidad de que
una nueva sociedad civil emerja (Canogar, 1994;
Harasim, 1993; Martínez, 1997).
Es decir, estar
en la Internet significa pertenecer a la cultura
de la "sociedad de la información",
esta sociedad es leída por algunos como una
sociedad donde sus beneficios están repartidos
para todos los integrantes de esta sociedad.
Lejos de eso, las redes de transmisión de datos
acusan, ya desde los setenta, una fuerte
concentración del saber, del conocimiento y de
la tecnología, hacia formas de dominación y
dependencia culturales.
En este sentido,
el mito de la tecnología como elemento liberador
del hombre no ha tenido el efecto esperado. La
generalización del acceso a ella no se ha dado,
sino que ha ocurrido de manera diferenciada, de
acuerdo a países y clases sociales. La Internet
no ha escapado a esta situación, a pesar que se
indicara que la globalización iba a traer
igualdad y homogeneización en todos los
rincones. El desarrollo sigue siendo desigual y,
para quienes vivimos en América Latina, esto se
hace patente día a día.
El
"encapsulamiento" urbano (auto, mall
y la "cabaña electrónica"), la mala
distribución del acceso, el aumento de las
Intranet corporativas, la creciente
concentración de información y oportunidades de
decisión por parte de las empresas
transnacionales; son consideradas como
"tendencias [que] muestran perturbadoras
pistas respecto de la manera en que la
telemática puede ser usada para apoyar una mayor
fragmentación y polarización social dentro de
las ciudades" (Graham, 2000:14). Esto
evidencia que la tecnología misma no asegura
ninguna transformación per se sobre las
condicionantes del desarrollo, la ampliación de
los bienes culturales y la educación, ni
necesariamente una mejor calidad de vida. Tan
sólo anuncia la posibilidad de incorporar a la
telemática dentro de una estrategia nacional en
cual los tecnoutópicos, los infoanalfabetas, los
tecnofóbicos y los pesimistas pueden
aprovecharla para comprender y utilizar la
mundialización de la producción discursiva.
Democracia
política y ciudadanía
La democracia
sigue siendo un tema recurrente de reflexión,
sin lugar a dudas el solo hecho de que se discuta
sobre ella nos habla de la necesidad de alcanzar
algunas o todas las condiciones básicas de un
régimen democrático, según sea la experiencia
histórica de cada caso nacional. Hoy día
entendemos la democracia política constituida
por la vigencia del estado de Derecho, la
división de poderes, el sistema competitivo de
partidos y la autonomía de las instituciones
sociales frente al Estado. A estas condiciones
habría que agregarles algunos elementos más,
tales como un gobierno representativo elegido por
medio de un sufragio igualitario y universal, en
donde cada ciudadano pueda votar por varias
opciones de voto sin ser intimidado por el
aparato de Estado. Sin embargo, el tema es
bastante más complejo que la simple enumeración
de los ingredientes de la receta para una
democracia perfecta, básicamente porque "en
todas partes se cucen habas" es decir, hay
de democracias a democracias.
Lo que queda
claro es que la democracia política, tal y como
la conocemos hoy, tuvo que pasar por un largo
proceso histórico que asegurara, por lo menos,
el sufragio universal. Si bien durante la
revolución francesa se constituyó la
separación de poderes, el voto dependía de la
propiedad; con lo cual se restringía a la clase
no propietaria. En pleno siglo XIX, la
restricción se aplicó a los grupos étnicos y a
los géneros, y en el siglo XX se privilegió la
restricción a la opinión política, en la forma
de prohibición de algunos partidos políticos.
La historia de la democracia es la historia de
las ciudades-Estado y en ellas se produce el
reconocimiento de los derechos burgueses por
parte del poder, esto es, aparece la función
institucional entre dos grandes ámbitos del
espacio social: el "ambito estatal de lo
público" (funciones gubernativa,
legislativa y judicial), y el "ámbito
social de lo privado" (sociedad civil que
acepta las obligaciones contractuales del
mercado). Progresivamente se introdujo la
temática de la legitimación consensual del
poder político a través de las urnas para, de
esta forma, transformarse en ciudadanos
electores. Esto marca el nacimiento de lo
político-estatal en su forma moderna (Arditi,
1991).
De manera
diferencial, los mecanismos de representación de
la voluntad pública se fueron haciendo cada vez
más participativos, más amplios, más eficaces;
no sólo se restringeron al ámbito territorial,
sino que abrieron sus canales de expresión a
ámbitos extraterritoriales y a nuevos actores
sociales. Esto último es resultado de la
decadencia del sistema de partidos como forma
dominante de la participación en el sistema
político, participación que se ha entendido no
sólo según los principios de representación
territorial y parlamentaria, sino que también ha
dado pie a nuevas prácticas políticas, desde
los movimientos sociales, los grupos de interés,
el corporativismo hasta el terrorismo, los
procesos de lucha armada, tales como ETA o las
Brigadas Rojas.
Estas
manifestaciones se fueron dando dentro del
capitalismo avanzado de los años de la
posguerra, en donde el Estado de Bienestar se
había asumido como una concepción básica del
Estado y de su práctica pública. Sin embargo,
en los setenta, se producen cambios sustanciales
(el shock petrolero, los conflictos
Este-Oeste, la revolución microelectrónica, los
gobiernos conservadores de Margareth Thatcher y
Ronald Reagan, etc.) que tuvieron como
consecuencia que: la clase obrera redujera sus
demandas a un cierto crecimiento económico y a
condiciones de seguridad; la desradicalización
de la ideología de los partidos; la
desactivación de los miembros de su grupo y la
disolución del sentido de identidad colectiva.
Es decir, se produjo una mercadización de la
oferta política y una politización de la
economía privada (Offe, 1982). El marketing
político conformó el espectáculo teatral y
ritual del poder, el cual busca que los bienes
simbólicos se agreguen a los bienes materiales y
juntos circulen en el mercado político. Esta
mediatización de la identidad colectiva cobra
mayor importancia en la producción de sentidos,
creencias y valores en un pacto nacional.
En los ochenta,
también llamada "década perdida" o
"crisis", se instala el neoliberalismo
(con su corolario modernizador-globalizador):
adelgazamiento estatal, privatización
económica, apertura al comercio exterior y
superespecialización de los mercados regionales.
Lo cual, por un lado, ha tenido como resultado un
sobreendeudamiento externo y la radicalización
de la protesta social; por otro, un esquema de
democracias restringidas y de francos modelos
autoritarios orientados hacia el exterior. Dichos
modelos fueron obligados a ceder su espacio a
procesos de transición a la democracia, sobre
todo en la segunda mitad de la década de los
ochenta. Esta situación de crisis puso el
problema democrático en una discusión sobre el
tipo de órdenes sociales (individuo y mercado),
más que en una discusión sobre las formas de
gobierno.
En los noventa,
el escenario parece no haber cambiado de manera
radical. El neoliberalismo, que ha buscado en sus
milagros "chileno",
"brasileño", "mexicano", el
paradigma del equilibrio macroeconómico, la
salud de las finanzas públicas, la concepción
del mercado como medio privilegiado del
intercambio social; presenta hoy dos enormes
rezagos: la democratización del Estado y los
límites de las políticas de bienestar social.
En el primer caso, se presenta la paradoja de que
países que no han transitado por procesos de
dictadura-democracia, hoy presentan enormes
rezagos en el manejo de reglas y procedimientos
electorales (por ejemplo, México). En el segundo
caso, países que han experimentado la
aplicación del modelo neoliberal durante un
régimen autoritario, presentan deudas sociales
importantes en la medida en que se ha privatizado
la educación, la salud, la previsión, el
transporte público, etcétera (por ejemplo,
Chile).
Al respecto
existen dos grandes posturas teóricas sobre las
relaciones entre el modelo de desarrollo
económico y la democracia. La primera, sostiene
que la forma democrática es la más adecuada
para el desarrollo, y por lo tanto, debe
promoverse la descentralización, la
democratización del poder y la autogestión. La
segunda, plantea que el incremento de la
participación obstaculiza el crecimiento natural
de la economía, de tal manera que la democracia
"choca" con la eficiencia. De manera
polar, algunos analista opinan que una excesiva
democracia genera problemas de gobernabilidad, en
cambio, el otro polo sostiene que una mayor
democratización frena las prácticas violentas y
anómicas. De fondo subyace la idea de que la
democracia es un juego agonístico, una
competencia alentada por pasiones prestas a
estallar, pero violar sus reglas sería caer en
el "pecado". De tal forma, la virtud
política consiste en la capacidad cultural de
dominar las propias pulsiones agresivas
fundamentales, para no violar el derecho de los
otros.
Tal como se
afirma anteriormente el sistema de
representación parlamentario-territorial está
en crisis, no sólo por el desgaste de la
eficacia de los partidos políticos como agentes
de control público de las políticas públicas,
sino porque los procesos de identidad colectiva
se han complejizado producto, entre otras cosas,
de la creciente globalización cultural del
planeta. Emergen "proyectos y demandas que
no se basan en una posición contractual
colectiva sobre mercancías o mercados de trabajo
(como los partidos de clases tradicionales), sino
que su organización y acción consiste en cierto
sentido de identidad colectiva (edad, género,
"nación" o "género
humano"). No piden representación, sino
autonomía" (Offe, 1982).
El circuito
político-partidario sigue vigente pero, en un
escenario más amplio como el de la
transnacionalización, ha sido rebasado así como
también el espacio Estatal hasta convertirlo en
un Estado post-nacional. En este
Estado-post-nacional no sólo emergen otros
circuitos políticos como los grupos de interés,
los movimientos sociales o las iniciativas
nacionales, sino también las diversas instancias
internacionales que tienen competencia local:
FMI, DEA, BM, OMC, GATT, etcétera. Este conjunto
de actores han producido una dislocación de las
fronteras entre lo público y lo privado, lo que
significa que las fronteras entre estos espacios
se han vuelto más permeables y que están
"apareciendo espacios públicos nomádicos
que rebasan la delimitación institucional del
ámbito de la política" (Arditi, 1995:40).
En ese sentido la
política entendida como la esfera política
compuesta por el Estado, el sistema político y
la sociedad civil, sigue vigente en el sentido
que el sistema parlamentario-representativo no ha
cambiado radicalmente sus reglas del juego. Pero
lo interesante consiste en la oportunidad de
actualizar la concepción de lo político,
es decir, como "una forma de relación entre
grupos antagónicos dentro o fuera del sistema
político" (Schmitt, 1984). El aporte de
Annah Arendt (1958) a la visualización del
espacio público es esencial ya que se niega a
equiparar la polis o ámbito público con
el espacio físico de la ciudad-Estado. Lo
público es un espacio de aparición de la
acción y el discurso, es un espacio donde éstos
se vuelven visibles. La acción y el discurso
crean un espacio entre los participantes que
puede encontrar su propia ubicación en todo
tiempo y lugar (Op. Cit., p. 263). En resumen el
espacio público es un ámbito en donde circulan
discursos y se forman identidades, por tanto, el
territorio no es fundamental para dar cuenta de
la lucha de intereses (opiniones, acciones,
identidades) en el plano de lo político. Arditi
plantea que los espacios nomádicos o los
contornos móviles no son escenarios anormales o
excepciones en un marco estructural claro y
estable, sino son formas normales de darse el
espacio en sociedad complejas (Arditi, 1995:64).
Esta propuesta
teórica le asigna al ciudadano una
participación mucho mayor frente a la esfera
política sin embargo no se desconoce la función
del Estado en tanto capaz de localizar la
participación y dar continuidad a ésta mediante
la representación, como tampoco se obvia la
capacidad estatal de descargar responsabilidades
de decisión para los que se ocupan de los
asuntos públicos; sino más bien se trata de
pensar la política sin reducirla al sistema
político (Op. Cit., p. 69-70).
Surge en algunos
países una creciente preocupación por la
ciudadanización de la política. Por ejemplo, en
México este proceso fue esencial para entender
desde 1994 los cambios en la cultura política
mexicana tanto en lo que se refiere a la reforma
del Estado, la constitución del Instituto
Federal Electoral, la legislación sobre las
Agrupaciones Políticas, la vigilancia ciudadana
y civil de los gastos de campaña, la
observación electoral y la calificación de las
elecciones. Por tanto, "la ciudadanía
también es un recurso que permite a los
desposeídos aumentar su competencia política y
defender sus intereses con mayor
efectividad" (Leca, 1985:20). La
ciudadanización de la sociedad comprende en una
primera instancia, la "ciudadanía
primaria" pero la trasciende a su expresión
clásica a través del sufragio y la
representación político partidaria. En segunda
instancia, la "ciudadanía secundaria"
que se traduce en una "protesta con
propuesta" que supera lo estrictamente
reivindicativo y se posiciona en circuitos
paralelos y complementarios al del quehacer de
los actores que operan en el terreno (Arditi,
1995:73).
En resumen, la
ciudadanización de la política abre enormes
posibilidades para que la sociedad civil
participe de múltiples maneras en la
conformación del espacio público. Si Internet
es considerado como un espacio público a
construir, claramente la democracia electrónica
no sólo puede operar como un eficaz instrumento
eleccionario sino también como la intersección
de significados sociales que dan cuenta de las
construcción de identidades desterritorializadas
o nomádicas.
Tecnología
y democracia
Joseph S. Nye,
antiguo alto responsable en el Pentágono,
sostiene en un artículo de 1996 que la
geopolítica se define cada vez más como el
medio idóneo para controlar el soft power,
"el poder inmaterial", es decir, las
tecnologías de la información que dibujan las
fronteras del ciberespacio. Esa opinión se basa
en el ejemplo de la Guerra del Golfo, modelo
embrionario de lo que la potencia cibernética
permitirá realizar en el futuro.
Pero hay otro
tipo de soñadores. Se trata de los que tienen
una visión libertaria de la comunidad
cibernética, que no tienen en cuenta más que a
los cibernautas, los ciudadanos de la Red, que
ignoran los signos de identificación
tradicionales como la nacionalidad, la
pertenencia a una etnia, la religión, el sexo o
el arraigo geográfico. John Perry Barlow,
cofundador de la Fundación de la Frontera
Electrónica de Davos, ha publicado una
"Declaración de Independencia del
Ciberespacio" que comienza con estas
palabras:
"Gobiernos
del mundo industrializado, gigantes obsoletos
de carne y acero, escuchadme: llego del
ciberespacio, de la nueva morada del
espíritu... No os queremos entre nosotros;
en el terreno donde nos reunimos no sois
soberanos.[
] Vuestros conceptos
jurídicos de propiedad, de expresión, de
identidad, de movimiento y de contexto no se
aplican a nosotros. Están basados en la
materia, y aquí no hay materia."
(Falk,1998:87)
La tarea de la
Fundación consiste en "crear una
civilización del espíritu en el
ciberespacio". Desde esa óptica el Estado
no es fuente de poder, de identidad ni de
autoridad legal. Los gobiernos en lugar de
mantener ante todo sus relaciones tradicionales
con el pueblo, se ven tentados a poner el mundo
al servicio de formas transitorias de desarrollo
bendecidas cada día por las imágenes que los
medios de comunicación hacen llegar a todas
partes predicando el evangelio consumista. La
implicación cibernética de esa estrategia
consiste en convertir el mercado mundial en un
gigantesco centro comercial en el que la
electrónica funcionaría como sistema nervioso.
En el
ciberespacio coexisten diversas maneras de
entender qué hacer con la propia red, como por
ejemplo, la construida por los mercaderes de la
aldea global, los usos militares, las
concepciones anarco-libertarias, etc., todas
ellas coinciden en la capacidad de manipulación
de las tecnologías de la información. Por
tanto, se desprenden tres posibilidades para el
futuro de la red de redes: a) un control
geopolítico a la antigua; b) una comunidad de
tipo libertario definida cibernéticamente; o, c)
un omnipresente mercado sordo a los gritos de los
pobres y ciego frente a los signos desastre
ecológico. Estas alternativas tienen al sector
público como actor fundamental, sitiado en todo
el mundo. Los contribuyentes de todas partes
quieren un Estado mejor y más barato. El mensaje
es sencillo: hacer pequeños ajustes no basta. Lo
que hace falta es re-inventar enteramente el
Estado (Tapscott, Brünner, Ramonet, Mattelart).
Instalar la
tecnología en un cuerpo político disfuncional
no resolverá el problema, pero si se conciben
adecuadamente las redes, pueden ser cruciales
para mejorar la tarea del gobierno. Los programas
gubernamentales se pueden distribuir
electrónicamente a través de la red y así
mejorar la calidad y reducir los costos. Se puede
facilitar el acceso a la información oficial y
crear así un gobierno más abierto. Los
departamentos virtuales pueden combinar el
trabajo de muchos organismos para ofrecer una
ventanilla única a los ciudadanos, es decir, no
sólo hacer la declaración de renta, consultar
el domicilio de las casillas electorales y
verificar el saldo de la cuenta bancaria, sino
también realizar trámites relativos al registro
civil, revisar la situación de derechos y
deberes de la atención en salud, formular quejas
en organismos públicos de defensa del
consumidor, etc. A través de las redes, se puede
reducir la burocracia.
La red se está
convirtiendo en la infraestructura de la
economía del conocimiento, en donde el
aprendizaje forma parte de la actividad
económica cotidiana y de la vida, y tanto las
empresas como los individuos han descubierto que
tienen que asumir la responsabilidad de aprender,
simplemente si quieren funcionar. La red se ha
convertido en un ordenador más poderoso que
cualquier máquina, y la inteligencia humana en
red aplicada a la investigación contribuye a la
creación de un orden superior de pensamiento, de
conocimiento y quizá incluso de conciencia
"internizada" entre las personas.
Esto nos lleva a
una nueva era de promesas, la Era de la
Inteligencia Interconectada (Tapscott), no sólo
la interconexión de las tecnologías sino la
interconexión de los seres humanos a través de
la tecnología. No es una era de máquinas
inteligentes, sino de seres humanos que, a
través de las redes, pueden combinar su
inteligencia, su conocimiento y su creatividad
para avanzar en la creación de riqueza y de
desarrollo social.
Por tanto,
abandonar en manos de las grandes corporaciones
internacionales la decisión del gobierno de
Internet es simplemente ominoso. Supone una
cesión de soberanía no sólo de parte de los
gobiernos, sino de la sociedad toda, y una
inadmisible atribución de poder a aquellos que
no tienen legitimidad de ningún tipo para
ejercerlo. Por eso es tan importante impedir, de
todas las formas legales, el uso del anonimato, a
fin de poder exigir responsabilidades concretas y
personales a quienes vulneran la libertad ajena
en el abuso de la propia (Cebrián).
El Estado ha
tenido que hacer frente a las diversas
manifestaciones de la libertad de expresión a
través de las redes. En algunos casos, no sido
suficiente esgrimir una buena política de
comunicación social para enfrentar sus
conflictos políticos más importantes sino que
ha intentado frenar de múltiples formas la
publicación electrónica de sus hábiles
opositores. Tal fue el caso de los gobiernos de
Perú, México y Chile, que se enfrentaron al
hecho de que los simpatizantes del Movimiento
Revolucionario Túpac Amaru, el Ejército
Zapatista de Liberación Nacional y los mapuches
hacieron uso de la libertad de expresión virtual
a través de decenas de páginas en la web,
repletas de propaganda, que convirtieron en su
momento en un lugar de moda para visitar.
Cuestión que sobrepasa con creces la capacidad
de censura o persecusión como ocurrió en
México, contra el EZLN. Es decir, el Ejercito
Zapatista de Liberación Nacional utilizó con
audacia la máxima de Mao Tse Tung: "los
comandos deben estar centralizados para los
propósitos estratégicos y descentralizados para
los propósitos tácticos" (Martínez,
1997).2
Queda claro que
el ciberespacio puede perfectamente convertirse
en un lugar de batalla, sin embargo la democracia
directa no se puede transformar en un golpe de
"click". Es decir, en un mundo en que
todo sucede a la velocidad de la luz, la
democracia debe saber adaptar sus métodos,
habitualmente necesitados de un distanciamiento y
un tiempo de meditación. La cuestión
fundamental sigue siendo la misma: qué papel
tienen los Estados nacionales ante un fenómeno
global que, por lo demás, es gobernado
progresivamente por un sistema de corporaciones
económicas y que no responde a los cánones
clásicos de la autoridad política.
Esto significa
que la profundización democrática o la
transición a la democracia política clásica no
es un proceso que dependa de los distintos modos
en que se encare el problema de la incorporación
de las nuevas tecnologías en la vida ciudadana,
sino que dependerá nuevamente de las condiciones
y relaciones que se establezcan entre los
diversos actores sociales y políticos para
conformar un pacto que tienda a poner como sujeto
de la historicidad política a la ciudadanía con
todos sus derechos.
Algunas empresas
privadas han puesto a disposición del mercado
poderosas tecnologías de encriptamiento de
datos, que permiten garantizar un total secreto
en las comunicaciones, pero los gobiernos se
oponen a autorizar su exportación, y permitir
con ello su instalación y uso en el sistema
global, so pretexto o con motivo de la eventual
utilización criminal de esas tecnologías. Este
es el caso del programa PGP (Pretty Good
Privacy), que codifica la información mediante
el uso de contraseñas de uso personal. Pero si
no somos capaces de cifrar los mensajes, al
estilo de los espías, en principio todo lo que
circula por Internet se puede copiar por un
tercero. Quienes controlan los servidores de
acceso están en condiciones, naturalmente, de
leer nuestro correo electrónico y los piratas de
la red no tendrán muchas dificultades en
penetrarla (Cebrián,1998:103-110).
Con relación al
tema de las libertades públicas, John Perry
Barlow (cofundador de la Fundación de la
Frontera Electrónica), declara que:
"El
término propiedad intelectual es
contradictorio. La información es relación,
un intercambio de significado que existe como
una banda continua en el espacio entre las
mentes... cuando tú tomas mi idea, la
tienes, yo sigo teniéndola, ambos la
tenemos. Ha aumentado su valor para ti y para
mí." (El País, 4 de enero de
1997; citado por Cebrián,1998:113)
Se puede
compartir la idea de que la información más que
intercambio es participación; lo cual se traduce
en el carácter transnacional de Internet, y la
necesidad de determinar códigos de conducta que
obliguen a los proveedores y sirvan de garantía
a los usuarios. La extensión de la televisión
vía satélite y la compleja maraña de las
telecomunicaciones deben ayudar a que los
integrantes de áreas con autoridades
supranacionales, como a la Unión Europea,
adopten acuerdos para poner en pie una
legislación internacional referida al conjunto
de los problemas planteados en la sociedad global
de la información.
Pero el papel
del Estado no se limita a regular o establecer
normas. Es también la representación de la
soberanía, entendida como voluntad colectiva de
los ciudadanos. La red contribuye a la
identificación de una nueva categoría, una
especie de ciudadanía del ciberespacio, con
capacidad de autoorganización, reglas
particulares, comportamientos comunes. Todo eso
permite imaginar la existencia de un Estado
virtual con sus propios ciudadanos, sus propias
relaciones de poder, sus propios objetivos y su
propia y legítima soberanía. Esta República
Virtual puede servir de modelo a las
tradicionales a la hora de reformar o reconvertir
sus instituciones. El debilitamiento del Estado,
que ocurre "por arriba" en beneficio de
las instituciones internacionales, también será
minado "por abajo" dado el progreso del
autogobierno local o regional, que se verá
ayudado por las nuevas tendencias. Cada vez es
mayor el número de sitios relacionados con la
administración pública o con organizaciones
religiosas u otras que contribuyen activamente a
la gobernación de la sociedad.
El Estado,
demasiado grande para las cosas chicas y
demasiado pequeño para las grandes según
Daniel Bell tendrá que asumir que una
parte de sus actuales atribuciones será
absorbida por instituciones de otro tipo y que
existirá una transferencia de poder real, en el
plano nacional y en el internacional, a las
grandes corporaciones. Quizá no se trate sólo
de una transferencia, sino del nacimiento de un
nuevo tipo de poder, con manifestaciones y formas
novedosas y con una tendencia cada vez mayor a la
concentración. De modo que los derechos privados
y constitucionales de los ciudadanos se vean
respetados en el ciberespacio. La protección de
esos derechos, así como la lucha contra la
delincuencia de cualquier género en las redes,
precisará de acuerdos y organismos
internacionales de nuevo cuño. Los partidos
democráticos y las agrupaciones ciudadanas han
de velar porque esos acuerdos no establezcan un
renacimiento de la censura.
Los límites del
Estado para frenar las iniciativas de libre
expresión en las redes, son evidentes; pero lo
que interesa es su presencia en el sentido de
asegurar un acceso equitativo a los servicios de
las redes, impulsar el desarrollo de una
infraestructura nacional de telecomunicaciones,
propiciar el desarrollo de las redes educativas
nacionales haciendo uso de las nuevas
tecnologías educacionales a distancia, favorecer
las relaciones entre sociedad civil y gobierno,
abrir espacios de concertación y debate
públicos, etc. Algunas de las iniciativas
anteriores ya se han propuesto, como por ejemplo
en Chile, a través de la Comisión de
Infraestructura Nacional de Información
(Comisión Presidencial Nuevas Tecnologías de
Información y Comunicación, 1999, en http://200.28.221.159/infotec.html). Iniciativas de esta
índole son ya una preocupación de los Estados
latinoamericanos por crear las condiciones
políticas para utilizar la tecnología de las
redes para impulsar el desarrollo y la
modernización del Estado, frente a los retos del
próximo milenio. Todavía queda por verse el
alcance y la concreción de estas iniciativas a
la luz de las contradicciones que suscitan los
problemas de monopolios, acceso, desigualdad y
percepción del fenómeno en los distintos
estratos sociales. No hay que olvidar que estamos
hablando de una población usuario que no alcanza
en promedio, en América Latina, más del 1.5% de
la población de la región.
Democracia
civil vs
democracia económica
La acción
coordinada de grupos de
"tele-conectados" ligados al poder
civil, frente a hechos tales como el asesinato de
Chico Mendes (1988), la detención de tres
sindicalistas rusos en 1993 y el Foro Global
durante la Cumbre de la Tierra (1992); estos tres
sucesos, escogidos entre toda una gama, son otros
tantos ejemplos de utilización política por la
sociedad civil de las redes telemáticas de
información. Los emisarios y receptores son
Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s) y el
objetivo de sus conversaciones consiste en la
defensa de los derechos de los ciudadanos.
En los tres
casos, esas ONG´s recurrieron a la red mundial
de la Association for Progressive Communications
(APC). Entre 1987 y 1990 aparecieron las redes
IGC (Estados Unidos), Greenet (Reino Unido),
Pegasus (Australia), Web (Canadá), Nicarao
(Nicaragua), Nordet (Suecia) y Alternex (Brasil),
piloteadas todas ellas por ONG´s que colaboran
para tejer una malla internacional e intercambiar
mensajes al menos dos veces al día. Se trataba
fundamentalmente de difundir informaciones de
carácter ecológico.
En mayo de 1990,
esas siete redes decidieron crear formalmente una
cooperativa internacional para desarrollar en
otros países, de forma descentralizada y
solidaria, nuevos sistemas de comunicación con
los mismos objetivos. Así nació la APC, que
cuenta actualmente con 16 redes nacionales en
activo: Sangonet (Sudáfrica), Comlink
(Alemania), Wamani (Argentina), Ecuanex
(Ecuador), Histria (Eslonevia), Laneta (México),
Glasnet (Rusia), Gluk (Ucrania), Chasque
(Uruguay), más las siete antes mencionadas; y
IGC (Estados Unidos) que reúne a su vez a las
redes Peacenet, Econet, Conflicnet, Labornet y
Homenet (Afonso, 1998:134).
La red APC
reúne a una comunidad internacional virtual de
unas 20 000 organizaciones no gubernamentales de
casi un centenar de países. Gracias a APC se
constituyen a lo ancho del mundo, grupos de
debate y reflexión sobre todo tipo de temas que
interesan al desarrollo humano: trabajo,
infancia, sindicalismo, medio ambiente, derechos
humanos, urbanismo, infancia, salud, etcétera.
La información
presentada en el cuadro 1, tiene por objeto
respaldar la hipótesis de la creciente
participación de la sociedad civil
latinoamericana en la difusión, coordinación y
constitución de comunidades virtuales de acción
para diversos propósitos.
En general,
prima una actitud por parte de los analistas de
los fenómenos de comunicación tecnológica en
considerar que la red sólo es utilizada por las
grandes corporaciones multimedia. Esta manera de
ver las cosas proviene del desconocimiento de las
prácticas de las ONG´S en el mundo telemático,
por un lado y por otro, por la lectura
sobredimensionada acerca de la enormes
dificultades en el acceso a Internet y más aún
en la publicación electrónica. Sin embargo, su
uso es creciente.
Cuadro
1
Sitios
de Internet latinoamericanos de la sociedad
civil, mayo del 2000
| Direcciones
electrónicas |
País
|
Acción,
propósito
o medio
|
Propósito
específico
|
| Http://abyayala.nativeweb.org/ |
USA |
Derechos
humanos |
|
| Http://alainet.org/index.html.es |
Ecuador |
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Red
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Fuente: elaboración propia,
2000.
Gracias a su
accionar descentralizado, Internet ha sido puesta
de ejemplo como un hecho democratizador de la
sociedad. Dos características de la democracia
son el igualitarismo y la participación de los
individuos. Los elementos de participación que
Internet comporta son visibles, aunque la actitud
de los usuarios sea muchas veces mayoritariamente
pasiva. Es dudoso, en cambio, el reconocimiento
de sus efectos igualitarios. Bastantes analistas
imaginan la posibilidad futura del voto por la
red, como uno de los grandes avances que
ayudarán a resolver problemas prácticos en la
realización de elecciones. Lo que nos
devolvería dicen a los orígenes de
la democracia ateniense, que era asambleísta y
no representativa (Cebrián,1998:97).
Durante décadas
las democracias se han esforzado por garantizar
los derechos de las minorías. El respeto a
éstas, es esencial en la configuración del
sistema. Algunos arguyen, no sin razón, que las
minorías están representadas mejor que nadie en
la Web, donde prácticamente cualquiera puede
tener su sitio, y de ahí deducen otras
indudables aportaciones democráticas de
Internet. Se asistiría así a la generación de
una especie de sociedad virtual, con su propia
democracia interna, con sus leyes, policías y
demás, todo vedado para quienes no quisieran
integrarse en un mundo cuya característica
fundamental consistiría en la ausencia de
tradición propia. La sociedad global de la
información tendrá efectos determinantes en el
poder político y en la concepción clásica de
la soberanía como fundamento de los estados y de
los gobiernos, pero no es algo que vaya a suceder
de improviso. Los mítines no se limitan a
reproducir la doctrina oficial de quienes lo
organizan, sino que se constituyen verdaderos
foros de debate (Ibid., pp. 99-100).
La controversia
más seria de la "ciberdemocracia" se
verifica a nivel del debate con la demanda por
una mayor participación ciudadana en los
problemas públicos. La participación es una de
las demandas fundamentales de los impulsores del
cibervoto y de la democracia virtual. En
esto es posible que hayan convergencias, con
algunos matices, entre distintas posiciones
políticas.
Desde una
óptica similar sobre la ciberdemocracia o bien
sobre la "democracia económica", se
advierte una campaña que intenta convencer que
las computadoras son, quiéralo uno o no,
indispensables y en todo caso inevitables; lo
cual ha estructurado el paisaje ideológico de
los Estados Unidos. Wired, la biblia de
los "conectados", es uno de sus
órganos más activos, al servicio de esta nueva
fe. Después de vender mercancías, Wired
busca celebrar el desarrollo y el futuro de las
nuevas tecnologías de la información. Dicen,
"De
pronto la tecnología nos dio los poderes que
nos permiten manipular no sólo la realidad
exterior, el mundo que nos rodea, sino
también y sobre todo, a nosotros mismos.
Usted puede llegar ser todo lo que quiera
ser. [...] los partidos no serán más
necesarios si las redes abiertas permiten a
los individuos organizarse directamente en
vez de estar amarrados en un grupo
rígido." (Schiller, H.,1997:85)
Esta idea, es
vieja. Wired se proclama anti-estatista,
resueltamente hostil a toda forma de
intervención social. El magazine se mueve sin
problemas entre la ideología dominante que
asimila autoridad pública y represión.
"Las
redes de información contribuyen de manera
decisiva a confrontar el poder de los que lo
detentan: grandes empresas, armada, servicios
de información, policía. ¿Quién decide
(el gobierno de Internet)? Nadie... si las
políticas escogidas no son las buenas, el
mercado lo sancionará inmediatamente. Estoy
totalmente de acuerdo con tal democracia
económica." (Wristin,1996:140).
Esa es entonces
la definición moderna de la "democracia
económica" en donde la atribución del
poder electoral será determinada en función de
la superficie financiera. Y Wired hará
todo lo posible para hacer creer a sus lectores
que la era de la información que se abre,
mayoritariamente al servicio de una
"democracia" censitaria
(patrimonialista), presenta trazos de
radicalidad, y de modernidad (Schiller,
H.,1997:84-85).
El resultado, en
un par de décadas, será que un ciudadano activo
de cualquier país de desarrollo se encontrará
ligado a ese universo a través de un cable o de
una antena parabólica o un terminal
inalámbrico cercano a un repetidor.
Gracias a esas ataduras podrá sentirse miembro
de una comunidad ampliada y muchas veces virtual,
con límites geográficos difusos o inexistentes,
jerarquías sociales por establecer y normas por
estatuir.
El temor (sobre
la red) es que en vez de producir una
super-conciencia colectiva como temía Orwell, se
acelere la fragmentación y la divergencia. Por
un lado la pérdida de las funciones integradoras
de la cultura y el florecimiento de una gran
diversidad de diferentes estilos de vida. Por el
otro lado, el surgimiento de un principio de
control "políticamente correcto" de
ese pluralismo de las diferencias, consistente en
una creciente codificación y rigidización de
las relaciones comunicacionales entre los
individuos y los grupos (Brünner,1998:106).
Sea como fuera,
la universalización de la democracia es un hecho
político decisivo a finales del siglo XX. Ocurre
coetáneamente con el desplome de cualquier
alternativa al capitalismo y la consiguiente
pérdida de legitimidad de las formas políticas
distintas de la democracia. Menos visible, aún,
es la transformación de la democracia por la
revolución contemporánea de la comunicaciones.
Inicialmente, la democracia de las élites pasó
a democracia de masas; ahora, ésta va en curso
hacia una democracia de públicos. Ahora, la
opinión pública se constituye a partir de la
oferta de asuntos o temas (issues)
movilizados por los media y opera como una
expresión evaluativa de la sociedad civil, que
oscila entre la dependencia y la autonomía; la
manipulación y el descontento; el conformismo y
el bienestar.
Conclusiones
Este panorama un
tanto contradictorio de visiones encontradas es
propio de un fenómeno nuevo que provoca todo
tipo de susceptibilidades. Evidentemente que la
pantalla de la computadora no va a reemplazar la
socialización necesaria para la constitución de
comunidades de acción. Eso es confundir el medio
con el fin. Sin embargo, el voto electrónico en
países con un prestigio de transparencia y
eficacia en el manejo de los resultados
electorales tendrá mejores resultados que en
sociedades en las cuales ese aspecto del sistema
político se encuentra claramente deslegitimado.
Es decir, no será la incorporación de la
tecnología la que resuelva o proponga caminos
ligados a la democratización o ciudadanización
de la política sino que dependerá de las
condiciones y relaciones que existan entre los
distintos sectores políticos y sociales para
fundar un acuerdo que garantice la elección o
referéndum electrónico.
Las experiencias
de voto electrónico en el mundo son pocas.
Quizá el tema candente es cómo distribuir
democráticamente el acceso a las tecnologías de
comunicación e información. Sin embargo, es no
invalida la experimentación como por ejemplo, la
de San Paulo (Brasil), que en 1997 se han hecho
algunas experiencias de voto electrónico, sin
embargo su formato debiera permitir todos las
opciones de voluntad política: elegir
candidatos, votar nulo o blanco; cuestión que en
esa época no se podía realizar.
Hay que vencer
innumerables desafíos en cuanto a equidad, es
decir, en democracia los ciudadanos son iguales
ante la ley y sólo necesitan de un lápiz
grafito para votar, además de estar informados y
contar con identificación (ciudadanía
primaria). Por tanto, la planeación de un
proceso de esta naturaleza exige un adecuada
puesta a punto de una estrategia nacional en ese
sentido. Así mismo, se debe asegurar la
confirmación de la autenticidad del acto
eleccionario, la imposibilidad de la
adulteración, la previa legalidad de la firma
electrónica, etcétera.
No todas las
iniciativas tienen como piedra de tope la
legislación o la tecnología, también es
menester revisar las características de la
cultura política del país en cuestión,
cualquiera que este sea. Internet es un espacio
abierto y democrático por tanto, a través de
él se expresarán las más diversas formas y
maneras de entender el sujeto político en el
siglo XXI de manera tal que el reto de la
aceptación de la diferencia, la tolerancia
política y la diversidad como componentes
constitutivos de sociedad complejas,
hetorogéneas y multipensantes; son cuestiones
previas a considerar al momento de impulsar
iniciativas de esta naturaleza. El Estado, el
mercado, el sistema político y la ciudadanía
interactúan en una misma horizontalidad
(ciudadanía secundaria); de esta premisa básica
depende el éxito de la democracia electrónica.
_____
Notas
1 Linus Torval, alumno del MIT creó el
sistema operativo Linux, equivalente al poderoso UNIX pero
gratuito, con una licencia pública, configurado
como protocolo abierto y con copyleft, opuesto
al copyright.
2 En su momento más álgido se trató de
una "guerra del ciberespacio"
(Cyberwar) y de una "guerra de redes"
(Netwar). En la citada ponencia, se concibe la
"Netwar" en el sentido que a escala
societal, los conflictos ideacionales se mueven
en parte a través de modos
"interneteados" de comunicación. Se
refiere a la percepción de guerra que se tiene
entre naciones o sociedades, es decir, se trata
de la noción que la gente tiene acerca de sí
misma y del mundo que la rodea. La
"Cyberwar" se refiere a las batallas
que se dan en el nivel militar, se trata de la
forma de la guerra en la que el conocimiento es
clave: quién sabe qué, dónde, cuándo,
porqué, y además, que tan segura es la
información que los militares o la sociedad,
tienen acerca de sí mismo y de sus adversarios
(Martínez, 1997, op. cit., p. 19).
__________
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*
Rolando Palacios
es docente en el Postítulo en Comunicación y
Educación y en la Escuela de Periodismo de la
Facultad de Comunicación e Información de la Universidad Diego
Portales, Santiago, Chile.
Autor del libro La telaraña cultur@l en América
Latina y México: oportunidades y desafíos, Fonca/IISUNAM, México, 2000, 167 pp.
Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.
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