La ética
periodística, la publicidad personalizada
y las nuevas tecnologías de la información
Lidia
Baltra Montaner *
La
ética es una norma interna de buena convivencia
entre los seres humanos, un conjunto de valores
mínimos de comportamiento con los otros, que nos
permite vivir en paz y armonía con nosotros
mismos y con los demás. Una autorregulación que
nos indica cómo obrar bien con el otro y cómo
evitar el mal en esta interrelación. Los valores
de la ética no siempre están escritos como las
leyes y comprometen sólo moralmente.
Precisamente, ellos actúan donde no hay leyes
que obliguen ni que sancionen.
Los aprendemos
de pequeños en nuestro hogar y luego en la
escuela, en la iglesia o en el centro doctrinario
o filosófico de nuestra preferencia. Más tarde
en la vida, cuando abrazamos una profesión u
oficio, es decir, una actividad que nuestra
vocación nos dicta para servir a la sociedad, si
la elegida es el periodismo, esa ética será
nuestra compañera indispensable de cada momento,
porque hemos escogido, ni más ni menos, que ser
los buscadores y difusores de la verdad. Como
dice Javier Darío Restrepo, colega colombiano
que ha escrito mucho sobre el tema, los
periodistas somos "los profesionales de la
verdad".
Suena
apabullante tal vez, pues parece que nos hemos
asignado una tarea titánica, inalcanzable. Pero
es así: trabajamos día a día con una materia
prima delicada e invaluable: la verdad de los
hechos que ocurren en la sociedad, y a su
búsqueda y entrega, dedicamos la vida. .Las
personas que componen esa sociedad tienen derecho
a conocer la verdad para, sobre esa base,
formarse su opinión y actuar en consecuencia.
Sólo si cumplimos bien la tarea, ellas podrán
tomar las opciones que estimen correctas. En
otras palabras, podrán ser ciudadanos. Y la
democracia está construida sobre esta base : el
derecho de los ciudadanos a conocer la verdad.
Esta es nuestra responsabilidad. Si fallamos,
estaremos afectando un bien social precioso.
Mas no nos
sintamos abrumados. Entregar la verdad de los
hechos relevantes que ocurren en la sociedad,
consiste en la búsqueda y entrega responsable de
los mismos. Y es natural que el contenedor de
este contenido tan precioso, es decir, el
envoltorio y las cintas con que lo entreguemos,
debe ser adecuado. Quiero decir que el
procedimiento para llegar a la verdad debe ser
también, virtuoso. De esto trata la ética
periodística.
Nuestros
maestros nos han aliviado la tarea al enseñarnos
el camino correcto para hacerla: debemos recabar
la noticia en fuentes fidedignas, confiables,
contrastarlas entre ellas, y por último, ofrecer
distintas versiones al lector, auditor,
televidente o cibernauta si no logramos auto
convencernos de la veracidad total de ninguna de
ellas. En esto consiste una entrega responsable
de la verdad que hemos investigado.
Los periodistas
con normas éticas escritas desde 1968, pero la
vida fluye, se regenera y lo que ayer era claro,
puede hoy serlo menos. Y también, surgen nuevas
barreras que es preciso sortear para el correcto
desempeño de la profesión y para el buen
servicio a la ciudadanía. Por eso, entre las
modificaciones al Código de Etica que aprobamos
en el IX Congreso del Colegio de Periodistas en
1999 en Concepción, agregamos un artículo que
enfatiza en los procedimientos correctos para
entregar una información responsable y veraz:
"el periodista difundirá sólo
informaciones fundamentadas, sea por la
correspondiente verificación de los hechos en
forma directa o con distintas fuentes, sea por la
confiabilidad de las mismas" (2º).
Asimismo, sentimos necesario un artículo que nos
obligue, al escribir o divulgar la noticia, a
distinguir claramente "entre los hechos, las
opiniones y las interpretaciones" (7º).
El pilar de
nuestra profesión es que nos crean, que el
público sepa que siempre contamos la verdad. Y
eso tenemos que ganárnoslo. La credibilidad del
periodista es su mayor capital. Y para ello
debemos ser independientes, libre de presiones de
cualquier especie:
- del
poder del dinero: por un lado, de la
sujeción ciega a un sueldo que nos
obliga a acatar una línea edtorial; y
por otro, del poder de la publicidad, que
hoy nos exige anunciar sus productos;
- del
poder político: cuando nos pide
presentar una imagen favorable de un
líder o para callar alguna información;
- del
poder militar, guerrillero o para militar:
en países en conflictos bélicos, de
organizaciones de bandos antagónicos que
nos ponen entre la espada y la pared en
aras de "su" verdad;
- de
poderes ocultos: de maffias en torno
a caudillos, o narcotraficantes, que son,
junto con los anteriores, los mayores
causantes de muertes de periodistas hoy;
- del
poder religioso o filosófico:
doctrinas a las cuales estamos sujetos
muchas veces desde nuestra más tierna
infancia y que nos obligan, incluso
moralmente.
De todos ellos
tenemos que independizarnos lo más posible para
buscar y difundir la verdad obedeciendo sólo a
nuestra conciencia.
El más
preocupante en la realidad chilena de hoy es, a
mi juicio, el embate de la publicidad en el campo
del periodismo, que en el sistema social en que
nos toca vivir, tiende a desviarnos de nuestra
misión. En lugar de elaborar mensajes para
ciudadanos, nos exige hacerlo para consumidores.
La información ya no es un servicio a la
comunidad, sino una mercancía que compite en un
show cuya finalidad principal es obtener la más
alta sintonía.
Periodismo
y publicidad
Hoy los medios
de comunicación, para financiarse y luego,
obtener beneficios, junto con vender avisos,
programas dramáticos y de entretención venden
también las noticias. La publicidad es su
oxígeno, con el agravante de que como el modelo
económico exige ampliar y ampliar los mercados,
se presenta muy agresiva y cada vez exige más de
los medios de comunicación.
Hasta ahora, la
publicidad en los medios estaba claramente
separada de la información periodística la que
se entendía como un servicio público. La
defensa de la teleaudiencia era el zapping
para evitar un mensaje comercial que no quería
recibir. Pero entonces los publicistas, para
complacer a sus clientes, idearon también la
manera de neutralizar el zapping, es
decir, de que no podamos zafarnos de los avisos
comerciales. La creó Don Francisco, quien,
según la revista "Time", fue el primer
animador que incorporó en el espectáculo mismo
la publicidad de los productos auspiciadores de
su programa. Los concursantes y el público
presente corean los "jingles" y se
esfuerzan por decir las frases publicitarias tan
bien como los locutores o animadores del
programa. De este modo el producto quedó
integrado al show y el público lo acepta, o no
se da cuenta de lo que está aceptando.
El modelo
desató las ambiciones : ahora quienes pagan
para que su producto sea promovido en los medios,
quieren que el telespectador de espacios
informativos periodísticos tampoco pueda
desligarse de los avisos. Y es así como los
periodistas que conducen programas de
entrevistas, transmisiones deportivas,
magazinescos vespertinos o los famosos "talk
shows", son obligados a anunciar por el aire
o a entregar en cámara al entrevistado o
participante, el producto auspiciador del
espacio, mencionando su marca. Al obligarlo a
ofrecer bienes no para el espíritu, como es la
información, sino para el consumo como es el
anuncio comercial, se está dañando su dignidad
profesional y atentando contra su conciencia, por
la ética en que ha sido formado en las aulas y
por su compromiso con el Código de Etica del
Colegio de Periodistas.
Había sido una
tradición bien mantenida que los medios de
comunicación transmitieran en forma claramente
diferenciada, dos tipos de mensajes: los avisos
publicitarios, destinados a dar a conocer las
bondades de algún producto o servicio; y las
informaciones periodísticas, para divulgar la
verdad de los hechos del quehacer nacional o
internacional. Ambos tipos de mensajes habían
convivido armoniosamente durante el siglo XX,
ocupando cada uno su campo específico. Sin
embargo, en el siglo XXI esa frontera se está
desdibujando cada vez más, con grave perjuicio
ético para el periodista y para el público. Y
explico por qué.
1) La publicidad
es, o debe ser, una información útil para los
consumidores que somos todos en ciertos momentos
de la vida cotidiana. Y aunque algunas veces
pueda fomentar el consumismo, es decir, el
consumo de lo superfluo, cumple con informarnos
de las cualidades de un producto o servicio que
en un momento podamos necesitar.
En cambio la
información periodística o difusión de la
verdad de los hechos, es un bien permanentemente
necesario, pues faculta al ciudadano para formar
su opinión acerca de ellos y actuar en
concordancia al momento de votar o tomar una
decisión importante.
2) La
información publicitaria es una información
acotada, parcial e interesada, que trata de
convencer al receptor de las bondades de un
producto o servicio que su dueño paga por
difundir, omitiendo u ocultando sus
imperfecciones.
La información
periodística - por su finalidad de servicio
público - apunta a ser imparcial, completa y
desinteresada.
3) La
información publicitaria la difunde un locutor o
anunciador de radio o estación televisiva, quien
la lee dentro de un formato específico que el
auditor- telespectador conoce bien: sabe que
tratan de convencerlo de las bondades de algún
producto o servicio.
La información
periodística la difunde un periodista o un
locutor y su contenido lleva el sello de la
verdad de los hechos, que tendrá mayor o menor
fuerza según la credibilidad que se otorgue al
periodista, al medio o a ambos.
Razones por las
cuales, cuando el periodista emite, junto con su
trabajo, un mensaje publicitario - por ejemplo,
adquirir o no algún producto -, puede crear una
confusión en el auditor-telespectador o se
lo intenta llevar a ello: a pensar que esa es LA
verdad y no sólo una parte de ella. Por lo tanto
se lo está moviendo a engaño, asunto reñido
con la ética tanto de la publicidad como del
periodismo. Y este manto de incredulidad o
confusión puede contaminar todos sus mensajes,
salpicando también los periodísticos.
Por eso, entre
las modificaciones aprobadas en agosto de 1999
por el IX Congreso Extraordinario de Concepción
actualizamos el artículo pertinente por uno que
dice: "Ningún periodista podrá
utilizar su investidura profesional para divulgar
mensajes comerciales en los
espacios o programas periodísticos que conduzca.
Cuando deba editar textos o imágenes o
conducir emisiones radiales, televisivas u otras
con esa impronta, todos ellos deberán llevar
claramente definida su naturaleza publicitaria e
ir separados del mensaje informativo
periodístico"(21º) .
En consecuencia,
impulsados por nuestra misión de cautelar la
ética periodística, propiciamos que los
propietarios de medios y de agencias
publicitarias, en aras de la transparencia y la
ética informativa, vuelvan a respetar la línea
divisoria entre periodismo y publicidad. Más
aún, veríamos con satisfacción que se eximiera
a los periodistas incluso si actúan como
animadores - de realizar la llamada
"publicidad personalizada" que
contribuye a esta confusión y daña su dignidad
profesional.
Las
nuevas tecnologías
Decíamos que el
principal problema ético del periodista chileno
hoy es tener que reemplazar su función de
servidor público con el de vendedor de un
producto llamado noticia. De ello derivan sus
nefastos efectos: precipitación en divulgarla,
sin la debida verificación; exagerar los hechos
para conseguir la emoción del teleauditor;
hurgar en la vida privada de las personas para
satisfacer el morbo público. Esta patología
antigua en el periodismo llamada sensacionalismo,
hoy encuentra mayor factibilidad y posibilidades
a través de las nuevas tecnologías de la
información.
¿Qué son las
nuevas tecnologías de la información (NTI)? Los
métodos, equipamientos y sistemas que
posibilitan el intercambio de cualquier tipo de
información en cualquier tipo de aplicación o
campo, como las imágenes en infra-rojo, las
cámaras minúsculas, o la cantidad y velocidad
de información que ofrece la Internet. Las NTI
crecen y se desarrollan vertiginosamente por el
Tercer Milenio ante nuestro asombro y
admiración. Pero junto con admirarlas, debemos
reconocer que nuestra tarea de buscar y difundir
la verdad de los hechos relevantes de nuestra
sociedad, se nos ha complicado.
En efecto, la
microelectrónica, la computación y las
telecomunicaciones han revolucionado la manera de
buscar, procesar, elaborar y difundir la
información. Los medios han debido cambiar su
equipamiento y sistemas para adaptarse a esta
nueva forma de intercambiar información. Han
tenido que levantar redes de telecomunicaciones
que permitan a los periodistas y reporteros
gráficos trabajar conectados a la redacción
central desde lejanos puntos geográficos o desde
un avión o un tren; y acceder a consultar una
poderosa fuente de información como es la Gran
Red Mundial o Internet, para la transmisión de
esa información a través de chips y de
imágenes digitales por el ciberespacio.
Han debido
también soportar la competencia del
ciberperiodismo, que los golpeó con
noticias como el caso de McVeigh, el
recientemente ejecutado terrorista de Oklahoma, y
el affaire Clinton-Levinsky. Hoy la mayoría de
los medios posee ciberdiarios o diarios
digitales, única manera de competir en velocidad
en la entrega noticiosa.
Hace veinte
años, en Estados Unidos había sólo tres
cadenas de televisión comercial, un sistema
público de transmisión y una naciente industria
del cable. Hoy existen siete cadenas de TV
nacionales, el servicio público de broadcasting
y más de 60 estaciones de cable con publicidad y
200 estaciones en total. La TV hoy alcanza al 38%
de la audiencia adulta versus más de 60% hace
dos o tres décadas. La radio que en Estados
Unidos se escucha preferentemente en el auto,
alcanza al 24 % de las personas y sólo el
porcentaje de hogares con TV Cable se está
elevando cada día. Dice el experto R.P. Bernard
Bonnat, doctorado en la U de Chicago, que si bien
en el siglo pasado la radio revolucionó a la
prensa escrita, luego la TV revolucionó a la
radio, el cable a la televisión y los satélites
amenazaron al cable, ahora es Internet y la
informática las que amenazan todo.
Porque el
crecimiento más rápido y más impactante es el
de Internet, que no sólo almacena y transmite
datos, textos e imágenes en grandes cantidades y
a velocidades inimaginables hasta hace poco, sino
también sonidos. Se escucha música y programas
radiales con excelente calidad a través del la
Gran Red. Según la revista virtual
"Infonomía", sólo un 0,003 % del
total de la información que se produce
anualmente en el mundo se hace sobre papel. El
resto es digital. Más aún, la mayor parte de la
información nace en formato digital y permanece
así. Anualmente, según la misma fuente, los 250
millones de usuarios de Internet envían unos 600
mil millones de correos electrónicos, da cabida
a unos 800 millones de páginas en la red y a 4
millones de sitios a los que se puede acceder
para recoger información (aunque el 86 % de
ellos está en inglés). A nivel internacional,
las empresas realizan grandes inversiones
comprando sitios y publicando avisos promoviendo
sus productos y su venta a través del
computador. Su interés por ocupar el espacio
aún vacante en Latinoamérica crece cada día,
soñando en convertirlo en un nuevo mercado de
infinitas posibilidades .
El 43 % de los
usuarios de Internet está en Estados Unidos,
seguido por Japón, Gran Bretaña, Canadá y
Australia. Si bien en nuestro subcontinente
todavía el 99% de las personas escucha radio, el
86,5 % tiene un televisor en su casa y la TV por
cable alcanza únicamente al 12 % de los hogares,
América Latina es la región donde más han
crecido los internautas en los últimos años.
Aunque sólo el 3,5% de los latinoamericanos
navega actualmente por la Gran Red, su número
aumentó 13 veces entre 1994 y 1995. Por eso, no
es extraño que las grandes corporaciones de
comunicación transnacionales ya han hecho
importantes inversiones en nuestro continente. La
CNN norteamericana montó en castellano el mismo
servicio de informaciones durante 24 horas que
lanzó con éxito en su país hace hace varios
lustros y hasta hace poco teníamos también a la
CBS.
Durante el
último año, Chile creció a pasos gigantes en
el campo de la informática y hoy es el país que
más internautas tiene en la región
latinoamericana, con un 5,9% seguido de Brasil
con un 3 % y Argentina, con un 2,7%, según
estudios del IDC (International Data
Corporation). El 10 % de los hogares chilenos
tiene computador, de los cuales el 62 % puede
conectarse a la Gran Red. Pero todavía es mayor
entre nosotros la cantidad de hogares con TV por
cable y satelital, que alcanza al 20%.
Como Internet es
todavía un espacio libre para la expresión de
las más diversas ideologías y aficiones de
personas o grupos, en especial ejercen esta
libertad quienes hasta ahora la tenían denegada
en otros medios, como los indígenas, las
mujeres, los homosexuales y los grupos
sociopolíticos que se rebelan contra el orden
establecido. Es así como los zapatistas
mexicanos ganaron sus primeras batallas a través
de Internet, logrando el apoyo internacional al
dar a conocer en sus páginas las razones de su
levantamiento contra la institucionalidad
mexicana que hasta hace poco les negaba muchos
derechos. Pero también, con la misma libertad
ocupan la Gran Red tendencias rechazadas por la
mayoría, como son el nazismo, el satanismo o la
pornografía infantil y otras aberraciones,
facilitadas por el anonimato que también ella
posibilita.
Escudándose en
estos ejemplos es que ya existen varios grupos de
presión que abogan por algún tipo de censura, o
al menos, de un marco legal que limite la
libertad de que hoy goza la Internet, lo que para
muchos otros es uno de sus mejores logros. De
hecho, la libre circulación de música para el
consumo individual ha finalizado y algunos sitios
como Napster, donde antes se obtenía música
gratuitamente, hoy debe ser pagada ante los
reclamos de la industria discográfica. Por
cierto, también hay severas penas para los
"hackers" o ciberpiratas que con el
apoyo de su gran dominio de la informática
intervienen páginas web o, lo que es peor,
introducen "virus" o programas que
dañan la información de millones de personas o
empresas. Sin embargo, la mayor parte del
ciberespacio por el que navegamos es aún tierra
de nadie y cada cual puede estampar allí lo que
se le antoje.
Justamente
aquí, donde no existen marcos legales
obligatorios que sancionen las faltas es donde
más debe operar la ética.
Muchos colegas
nos preguntan si nuestro Código de Etica,
actualizado hace dos años, contempla la
irrupción de las nuevas tecnologías.
Efectivamente, hay una especial preocupación por
este tema pues la NTI facilitan la intromisión
exagerada en las vidas de las personas a través
de dispositivos audiovisuales cada vez más
sofisticados. Por eso, el art. 8º dice "El
periodista no recurrirá a subterfugios
como utilizar identidades falsas, cámaras o
micrófonos ocultos- para obtener la
información" y en el 26 se agregó:
"en especial respetará la intimidad de las
personas en situación de aflicción o dolor,
evitando las especulaciones y la intromisión
gratuita en sus sentimientos y
circunstancias". Y también en el art. 29º,
cuando se afirma "el periodista debe
mantener un incuestionable respeto a la dignidad
y vida privada de las personas, evitando invadir
su intimidad con las facilidades que ofrecen las
nuevas tecnologías. En esto se guiará por las
definiciones y estipulaciones consignadas en la
legislación chilena y los instrumentos
internacionales
" En forma más
general, el art. 20º dice "los periodistas
no podrán hacer uso de la informática,
telemática y otras técnicas de comunicación
para introducir cambios sustanciales y dolosos en
el contenido de material periodístico de un
colega, sin la autorización expresa del autor,
en especial si lleva su firma".
El
ciberperiodismo tiene sin dudas ventajas
insoslayables, como son la cantidad
inconmensurable, la variedad, el enciclopedismo
de la información que el computador puede
almacenar y ofrecer. Pero unidas a ellas está la
incierta autoría o la fidedignidad de las
fuentes, dado que cualquier persona puede
publicar verdad o mentira en la red. Sin contar
con que la velocidad del flujo de la información
y aquélla con que los diarios electrónicos
compiten entre ellos y con los tradicionales ,
acorta el tiempo necesario para la debida
verificación de las noticias.
Como la
evolución y desarrollo de estas tecnologías es
más rápido de lo que se puede imaginar, es
posible que no estén contempladas todas las
posibles faltas éticas en que se pueda incurrir
al ocuparlas. Pero se debe mantener presente que
la falta de regulación del ciberespacio
una cualidad a nuestro juicio, digna de mantener
en aras de la libre expresión -, hace que el
Código de Etica con el que estamos comprometidos
moralmente, sea más indispensable de aplicar en
el trabajo de los periodistas digitales que en el
de los medios de comunicación tradicional.
Pero esta no es
la única preocupación que provocan en el
comunicador las nuevas tecnologías. Manuel
Castells, profesor de la Universidad de Berkeley
en California, en su enciclopedia de tres tomos
titulada "La era de la Información"
sugiere que el poder de la tecnología de la
información amenaza nuestra civilización como
la hemos conocido hasta ahora. Afirma que al
invadirnos con tantas datos e información,
perdemos el sentido de lo que somos, de qué
está pasando y de qué vale la pena y qué y
cómo, dentro de este mundo tan lleno de ofertas.
Que hoy sabemos mucho, pero mucho de lo que se
nos ofrece es trivial, lo cual constituye una
amenaza a nuestro entorno social, familiar y
personal. Esto se debe, estimamos, a que no hace
falta ser periodista para publicar informaciones
o artículos en la Gran Red. Como decíamos,
cualquiera puede hacerlo estableciendo su página
web y muchas de estas personas pueden carecer de
la formación adecuada para hacer la necesaria
selección de los hechos que ordenen y aclaren al
internauta esta realidad tan confusa en medio de
tanta información y dato. El periodista sí
puede hacerlo, a nuestro juicio, pues tiene la
capacitación y el oficio para ello, pero
también es más difícil su labor de seleccionar
de entre tanta información, aquella que es
relevante para su público y para la sociedad en
que vive.
Sin embargo,
tenemos detractores: un columnista
norteamericano, John Leo afirma que el prisma a
través del cual los periodistas seleccionamos
las noticias es elitista por cuanto nosotros
estamos mejor educados y nos movemos en un
ambiente más elevado e interesante que el de la
mayoría de nuestras audiencias. No seríamos,
entonces, iguales a la gente para la cual
escribimos y se cuestiona nuestra capacidad de
ser intérpretes de la realidad. Tarea
fundamental si se considera que la humanidad hoy
es percibida por muchos filósofos como "la
conciencia del universo" y en esa
perspectiva, los periodistas y trabajadores de
los medios seríamos al mismo tiempo los
reveladores y los formadores de esa conciencia.
Debemos entonces doblegar nuestros esfuerzos por
comprender las necesidades de información de la
comunidad en que vivimos y desarrollamos nuestra
delicada labor.
En su libro "La
ética del ciberespacio", publicado el
año pasado en Londres, el comunicólogo
holandés Cees Hamelink defiende el ciberespacio
de lo que él estima la invasión a que lo están
sometiendo las empresas privadas y el comercio en
circunstancias que, a su juicio, su evolución
debería dirigirse al servicio de la sociedad
civil, constituirse en un espacio eminentemente
público. A contrario sensu, Hamelink teme
que se esté convirtiendo un mercado acorde a la
visión del neoliberalismo económico que
globaliza el mundo. Es decir, uno donde las
prioridades están en promover su regulación, la
venta de dominios, el e-commerce o comercio a
través de la red, y por tanto, el combate a la
libre circulación de libros y de música, en
lugar de la difusión de temas de interés
público, de páginas sin fines de lucro, del
acceso universal en igualdad de condiciones para
todos y en la diversidad del ciberespacio. Para
rectificar el rumbo hacia estos últimos
objetivos, Hamelink piensa y propone que un
manejo amistoso del mismo con la gente sólo
será posible si grupos organizados o comunidades
se activan para intervenir en el debate actual
sobre las políticas de comunicaciones para el
ciberespacio, como han sido la Plataforma para la
Cooperación en Comunicaciones y
Democratización, Voces 21 y el curso sobre
Tecnología de la Información en una Sociedad
Global ofrecida por una entidad llamada
Bachillerato Internacional.
Código
de ética y tribunales de ética
Se nace con
ética o sin ella, pero también se aprende desde
la más tierna infancia en el hogar y en la
escuela. Los profesionales de una misma vocación
acostumbramos darnos un conjunto sistemático de
normas básicas de convivencia en el
nuestro, el Código de Etica del Colegio de
Periodistas - y encargamos su vigilancia y
aplicación a una orgánica autónoma conformada
por los Tribunales Regionales de Etica y
Disciplina, TRED, de los consejos regionales del
Colegio de Periodistas y el Tribunal Nacional de
Etica y Disciplina, TRINED, que actúa como
tribunal de segunda instancia en la capital.
Lamentablemente,
nuestra labor es más de difusión que de
aplicación, pues desde que en 1981 un decreto de
la dictadura militar despojó a los colegios
profesionales de la potestad plena sobre sus
agremiados al eliminar la colegiatura
obligatoria, no tenemos control sobre la ética
de todos quienes trabajan en los medios, sino
únicamente de los afiliados a nuestra
asociación gremial.
A través de la
Federación de Colegios Profesionales intentamos
desde hace mucho recuperar nuestras facultades
perdidas y para ello contamos con el apoyo de
algunos parlamentarios que han elaborado
proyectos de ley que nos devolverían a la
situación anterior (el proyecto de reforma
constitucional de los senadores Matta,
Ruiz-Esquide, Ruiz di Giorgio y Zaldívar) o
mejorarían nuestra situación actual (el del
diputado Aldo Cornejo). Pero la voluntad
política del Poder Ejecutivo, que podría apurar
su discusión en el Congreso, no ha podido
superar a quienes no sólo desean mantener el statu
quo, sino que se opone a la existencia misma
de los colegios profesionales. Y así, estos
proyectos siguen esperando turno en el
Parlamento.
¿Cuánto más
tendremos que seguir esperando?
______________
BIBLIOGRAFIA
-"Manual de Etica
Profesional", por Emilio Filippi, Textos de
Docencia Universitaria, Universidad Diego
Portales, Santiago, 2000.
-"La Etica
Periodística", por Javier Darío Restrepo,
Cuadernos del Taller de Gabriel García Márquez,
Bogotá, 2000.
- "América
Latina entra a la carrera ciberespacial",
Daphne Sabanes, en "Media Development",
periódico de la WACC (Asociación Mundial de
Comunicadores Cristianos, vpñ- XLVIII, 1/2001.
- "The agony
and the exstasy of media work in the USA",
Bernard R. Bonnot, ibid.
- "Recent books
on cyberspace and virtual reality", ibid.
- Información
de Subtel publicada en el suplemento
"Telecomunicaciones" de El Mercurio
del 17 de mayo 2001.
* Lidia
Baltra Montaner es presidenta del Tribunal Nacional de
Etica y Disciplina del Colegio de
Periodistas de Chile. Esta es su primera
colaboración para Sala
de Prensa.
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