Fuentes
confidenciales
Mileika
Bernal *
Una
serie de hechos periodísticos ocurridos en los
últimos años en Panamá han puesto en el
epicentro del debate profesional el tema de la
reserva de identidad de las fuentes informativas.
Mientras que
algunos aseguran que, si la fuente engaña al
periodista, éste tiene una licencia para
revelarla, otros son firmes en el principio de
que, en ninguna circunstacia, el periodista debe
revelar la fuente que ha prometido mantener en
reserva.
Algunos de los
casos en los que ha entrado en discusión el tema
en Panamá, involucran a personajes e
instituciones públicas importantes, como un
colegio secundario capitalino, el Rector de la Universidad de Panamá y el Procurador General
de la nación.
Caso
del colegio
La opinión
pública no es consciente de hasta dónde se
presiona a los periodistas cuando publican una
información con la reserva de la fuente. En
junio de 1996, el diario El Panamá América publicó una
investigación que surge de rumores de que en
algunas escuelas secundarias (públicas y
privadas) se traficaban drogas entre los
estudiantes menores de edad.
La periodista
Elizabeth Muñoz de Lao, que participó en la
investigación, dijo que se decidió tratar el
tema luego de discutir por varias semanas sobre
él, ya que el problema de la infiltración de
drogas en colegios secundarios no era fácil.
Solo se tenía información extraoficial de la
Policía Técnica Judicial (PTJ).
La información
de que en un colegio privado tenía problemas de
estudiantes que traficaban drogas se logró a
través de un profesor del centro educativo,
quien advirtió que daba la información con la
reserva de su nombre. El trabajo se publicó.
Una vez
publicado, los profesores y los directivos del
colegio denunciado se presentaron a las
instalaciones del periódico con una nota de
protesta firmada por todos los profesores del
plantel, incluido el profesor que había
suministrado los datos, para exigir que se diera
el nombre de la persona que había proporcionado
la información, con la amenaza de demandar a los
periodistas y al medio por calumnia e injuria.
El equipo de
periodistas que trabajó en la investigación se
opuso a revelar la fuente, con el apoyo de la
jefa de información, Migdalia Fuentes de Pineda,
a pesar de las amenazas de demandas.
Caso
del Rector
El 29 de mayo de
1994 se registró otro caso de reserva de fuente.
Los protagonistas fueron el periodista Manolo
Alvarez, de La
Prensa, y el rector de la Universidad de
Panamá, Carlos Iván Zúñiga.
La nota
"Karla: historia de un sueño
destrozado" contaba detalladamente cómo un
profesor, que también es médico, proponía a
una estudiante resolver su fracaso en un examen
semestral, a cambio de una cita o un encuentro
fuera de la Universidad.
El rector
Zúñiga solicitó, mediante un emplazamiento
publicado en los diarios (como anuncio pagado),
al periodista Manolo Alvarez Cedeño que revelara
la identidad de la estudiante y del profesor
(cuyos nombres ficticios eran Karla Stanziola, la
estudiante, y Xavier Amorós, el profesor)
involucrados en la historia sobre acoso sexual.
Zúñiga apeló
a la salvaguarda de "un interés superior,
conforme se señala en el artículo 170 del
Código Penal panameño", que se refiere a
la revelación del llamado "secreto
profesional y que, según sostenía
el Rector, es aplicable a los periodistas, aun
cuando estos se hayan comprometido a mantener la
reserva de identidad de una fuente.
Zúñiga inició
una pesquisa, con base en los datos contenidos en
el reportaje, con el propósito de dar con la
identidad de la estudiante y del profesor. Para
esto, el Rector acudió a los expedientes
individuales de las estudiantes que constituyen
el universo limitado que tiene las mismas
características de Karla Stanziola.
Ante la
insistencia del Rector en descubrir quién era
Karla, el periodista Alvarez dijo que lo que
realmente le interesaba al Rector era verificar
si la historia publicada era verdadera y no
resolver el problema de acoso sexual en la
Universidad.
A pesar de la
persecución pública del Rector Zuñiga, el
periodista Alvarez no reveló nunca el nombre de
la estudiante ni el del profesor.
En estos dos
casos de diarios importantes de Panamá, los
periodistas mantuvieron el principio de reserva
de la fuente, sobre todo porque dar el nombre
significaría perjuicio a las fuentes que
accedieron a hablar con la condición de que se
mantuviera su nombre en reserva. En el primer
caso, el docente podía ser despedido de su
empleo y se le podía impedir trabajar como
educador; en el segundo, la fuente, que en ese
momento estudiaba periodismo, podía ver afectada
nuevamente su carrera.
Caso
del procurador
El último caso
de reserva de fuente y el más sonado en Panamá,
ocurrió el 7 de julio de 1996, con la
publicación de una noticia en el diario La
Prensa, titulada "Circula presunto
narcocheque donado a la campaña de
Sossa firmado por el periodista
Rolando Rodríguez B.
La noticia
decía que el procurador general de la nación,
José Antonio Sossa, había recibido un cheque,
por 5,000 dólares, el cual había sido donado,
al parecer, a su campaña de reelección como
legislador en las elecciones 1994 por una
compañía panameña, utilizada por los carteles
colombianos para lavar dinero procedente del
narcotráfico.
Cuando La
Prensa tuvo acceso al documento, se le pidió
al procurador Sossa que atendiera a los
periodistas, y él los recibió en su residencia
particular para dar su reacción sobre la
autenticidad del cheque que se había recibido en
el diario, por una fuente que pedía reserva de
su identidad y que se denominaba "adversa al
procurador.
El funcionario
aseguró desconocer a los propietarios de la
empresa Simar Joyeros, que giró el cheque a su
nombre, y afirmó que no tenía ninguna relación
con la mencionada compañía ni con con sus
propietarios.
En la
entrevista, el Procurador admitió que la firma
del endoso del cheque era suya y admitió
también que pudo haber recibido la donación ya
que su registro "no es
infalible.
Sin embargo, al
día siguiente, 8 de julio, el Procurador pidió
personalmente al banco emisor del cheque que
verificara su veracidad. Efectivamente, el banco
estableció que el cheque era falso.
A raíz de la
certificación falsa del cheque, el Procurador
inició una investigación judicial y exigió a
los periodistas de La Prensa el nombre
de la fuente que había entregado el documento.
Al negársele la información, fueron llamados a
declarar en calidad de testigos ante el fiscal
quinto del Primer Circuito Judicial de Panamá,
Roberto Murgas Torraza, los periodistas Rolando
Rodríguez, Gustavo Gorriti y Aristides Cajar, la
recepcionista Lizeika Díaz y el presidente de la
junta directiva, Juan Arias, además de realizar
una inspección ocular en las instalaciones del
diario.
Las
investigaciones que siguieron señalaron al
abogado César Guardia como la persona que
"supuestamente dio a La
Prensa la copia del cheque.
La Fiscalía
Quinta investigó a Guardia y a los periodistas
Rodríguez y Gorriti, por una denuncia
interpuesta por el procurador Sossa, por la
comisión de delitos contra el honor y la fe
pública, cometidos en su perjuicio.
Luego de los
interrogatorios, el fiscal auxiliar, Carlos
Augusto Herrera, ordenó, el 15 de julio, la
detención del abogado Guardia, fundamentada en
la presunta comisión de delito contra la fe
pública, concretamente el de falsificación de
documentos, que lleva pena mínima de dos años
de prisión, según lo dispuesto en el artículo
265 del Código Penal. En tanto, el pleno de la
Corte Suprema de Justicia de Panamá ratificó
que la detención de Guardia era legal.
Los periodistas
de La Prensa fueron indagados nuevamente
por la Fiscalía, ahora con la acusación del
delito de injuria. El proceso de investigación
sigue su curso. Los acusados se encuentran a la
espera de la vista fiscal, donde se determinará
si serán sobreseídos o si serán llamados a
juicio.
Opiniones
académicas
Franklin
Bósquez, profesor de la Facultad de
Comunicación Social en la Universidad de
Panamá, dijo que los periodistas que usan el
principio de la reserva de la fuente para
divulgar hechos deben ser maliciosos de manera
que la información que se divulgue sea cierta.
Bósquez
señaló: "si una fuente me da una
información que se comprueba es falsa y que
además se da con la intención de hacer daño a
un funcionario, lo considero un acto
doloso, por lo que no vacilaría en dar el
nombre de la persona."
En ese caso,
según Bósquez, "no hay ninguna razón para
encubrir a esta fuente y que el periodista asuma
la responsabilidad total de la
publicación.
¿Hasta qué
punto los periodistas tienen que guardar silencio
cuando se puede definir claramente que una
determinada persona tuvo la intención criminal
dolosa al dar una información falsa?, se
pregunta Bósquez.
Bósquez
argumenta que ninguna información que llega a la
redacción a través de una "fuente
adversa" a un funcionario público,
cualquiera que sea, debe ser tomada al pie de la
letra. Señala que es fundamental comprobar la
información con otras fuentes autorizadas, sobre
todo cuando está de por medio el honor de una
persona, tal como lo señala Guido Fernández en
su libro "Agonía a la hora de
cierre.
Al referirse al
caso del Procurador General de la nación y al
diario La Prensa, Bósquez dijo que
respeta la posición de los periodistas de
"no revelar la fuente; sin
embargo, considera que esta fuente no merece que
el periodista asuma la responsabilidad porque la
fuente cometió un acto doloso al dar una
información falsa. "Si fuera yo el
periodista, daría a conocer el
nombre, afirmó.
En relación con
el mismo episodio dijo que nunca en Panamá se
había dado un caso como el del Procurador y La
Prensa, al tiempo que advirtió que este
hecho, más que negativo para el gremio de los
periodistas panameños, fue positivo pues los
periodistas comenzaron a discutir sobre temas
importantes que tienen que ver con el ejercicio
del periodismo.
Sostuvo que
antes esto era imposible hacerlo, la dictadura
jamás hubiese permitido un juicio en torno a
este caso; el problema de la reserva de la fuente
hubiese terminado con "periodistas presos y
medios cerrados y nada más,
comentó.
Por otra parte,
Hermes Sucre Serrano, director de la Escuela de
Comunicación Social de la Universidad Santa
María la Antigua (USMA), considera que la
reserva de la fuente es un principio básico del
periodismo universal, especialmente para el
periodismo investigativo, que se vale de fuentes
que, por razones de seguridad, deben ser
protegidas.
Una fuente de
noticias tiene que ser buena, indistintamente que
sea indentificada o no. Esta protección no es un
derecho que atañe únicamente al periodista,
sino también al informante, que muchas veces
arriesga su trabajo, su familia, y hasta su vida,
por divulgar informaciones.
La
identificación de una fuente que pidió
mantenerse en el anonimato constituye un mal
precedente para la pureza del periodismo,
principalmente porque viola el deber de la
honestidad que está obligado a cumplir todo
comunicador social.
Corresponde a
cada periodista valorar sus fuentes. Determinar
si las informaciones suministradas tienen
fundamento. También puede recurrir a fuentes
secundarias que confirmen los detalles expresados
por la fuente primaria.
En sí, lo que
debe prevalecer es la verdad por encima de todo.
Si las personas afectadas por una publicación
insisten en conocer a la fuente, demuestran una
curiosidad personal, que puede llegar hasta la
venganza. No les interesa la verdad o las
consecuencias de lo publicado, sino quién lo
dijo. Esto es irresponsable y es ahí donde el
periodista debe imponer el criterio de
protección.
Opiniones
profesionales
También Gustavo
Gorriti escribió un artículo de opinión en
torno al caso de la reserva de la fuente donde
explicaba que "un buen editor urge a sus
reporteros a preferir siempre la fuente abierta a
la anónima. Sin embargo, un editor no necesita
ser siquiera bueno para saber que sin fuentes
confidenciales el buen periodismo es imposible. Y
sin buen periodismo, la prensa libre
perece.
Decía Gorriti
que "por eso, a través de años y
latitudes, periodista tras periodista ha
ingresado a la cárcel o ha soportado destinos
peores antes que revelar su fuente. Todo
periodista sabe que si rompe su compromiso de
reserva, no solo renunciará a la confianza de
otras fuentes y se desprestigiará
irremediablemente, sino que también socavará el
principio de confianza entre fuente y reportero,
sin la cual un periodismo verdadero es
imposible.
Casi todos los
códigos de ética periodísticos (y he revisado
ahora los escandinavos, el alemán, el inglés y
el belga) comparten un simple mandato: "El
periodista protegerá sus fuentes confidenciales
de información, como dice, por
ejemplo, el artículo 7 del Código de Etica de
la Unión Nacional de Periodistas Británicos, de
junio de 1994.
Pero, ¿qué
pasa cuando la fuente utiliza malévolamente el
compromiso de confidencialidad, como en el caso
de los supuestos "narcocheques
atribuidos al Procurador? Eso, por desgracia, no
rompe el principio de reserva de identidad. No lo
rompe porque, en primer lugar, el compromiso se
contrajo como sucede en la mayoría de los
casos sin condicionarlo a la calidad de la
información o la catadura moral de la fuente. De
otro lado, ¿qué pasa si, por ejemplo, resultara
al final que la fuente trasmitió
inadvertidamente información errónea
suministrada por una tercera persona o
institución? No somos jueces, tampoco fiscales;
pero lo que somos, periodistas, debemos serlo a
plenitud, concluyó Gorriti.
Para I. Roberto
Eisenmann Jr., presidente fundador de La
Prensa, el asunto de la reserva de la fuente
está contemplado en los Código de Etica, que en
La Prensa se publica y se revisa todos
los años.
"Durante el
tiempo que dirigí el periódico señaló
Eisenmann me tocó en una ocasión afrontar
un caso en el que la fuente, en una controversia
noticiosa, abusó en forma muy clara del
privilegio de la reserva de la fuente. El tema
ocupó semanas de debate en la junta de editores
y durante el mismo consulté con incontables
directores de prensa extranjeros. Luego de mucha
discusión y examen de todas las controversias y
opiniones, decidimos respetar la reserva de la
fuente aun en un caso de claro abuso por parte de
la fuente.
Dijo que hoy
considera que la posición adoptada por mayoría
fue la correcta, aun cuando en aquella ocasión
"mi punto de vista era minoritario en el
debate.
"La
confianza de las fuentes es lo que permite a los
periodistas recibir, información que es vital
para su proceso de informar a su comunidad de
lectores. Violar este compromiso de reserva, por
más justificado que sea el razonamiento,
pondría en peligro la fuente de importantes
noticias que requiere una comunidad
libre, indicó Eisenmman.
Por su parte,
Rosario Arias de Galindo, presidenta de la
Editora Panamá América, que publica los diarios
El Panamá América y Crítica Libre,
considera que es indispensable que el periodista
utilice el recurso de la reserva de la fuente en
su trabajo ya que es una de formas de conseguir
información que el público tiene derecho a
saber, pero que las fuentes no se atreven a
divulgar.
Arias, a su vez,
advirtió que los periodistas tienen que ser lo
suficientemente maduros para descubrir cuándo
las fuentes los utiliza y les ofrece información
falsa. Agregó que los periodistas tienen la
obligación de verificar toda la información que
llega a través de fuentes anónimas; de lo
contrario; se convierten en cómplices de la
fuente.
"Los
periodistas de la pluma tienen que ser
conscientes de la responsabilidad que tienen con
los lectores al momento de escribir una nota y
tienen primero que ser maliciosos, incrédulos,
curiosos y luego de verificar todos los datos,
difundir la noticia", explica Galindo.
* Mileika Bernal es periodista del diario La Prensa, de Panamá. Este texto se reproduce de
la revista Pulso
el Periodismo, con
autorización de su editor.
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