Sala de Prensa


38
Diciembre 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


D E B A T E

¿Los medios reflejan la realidad o la inventan?

Tomás Abraham, Miguel Bonasso, Adolfo Castelo, Carlos Gabetta,
Jorge Sigal y Jorge Halperín *

La acción de los medios en particular en esta Argentina castigada por crisis de todo tipo y afectada por la debilidad de sus instituciones fue sin duda protagónica. Pero los medios mismos están atravesados por factores culturales, económicos, de mercado y no son un actor de afuera que opera sobre esta realidad. La notable expansión de los medios y los imperativos del mercado llevan mucho a plantearse hasta qué punto la construcción narrativa que hacen los medios, que en definitiva pasa por ser para millones de personas la verdad del espacio público, hasta qué punto, digo, esta construcción refleja la realidad o en cambio la distorsiona.

Jorge Halperín: Ustedes van a escuchar ahora los puntos de vista de cuatro hombres de los medios y de un filósofo apasionado por los medios y a la vez muy crítico de ellos. Vamos a ir por orden alfabético, vamos a empezar con Tomás Abraham, que en momentos en que muchos intelectuales se repliegan en la actividad académica, Tomás Abraham es un pensador que asume públicamente nuestras dudas como sociedad y reflexiona con una mirada original y profunda. En los últimos tiempos, cuando la prensa escrita satura con ciertas fórmulas repetidas 3 Puntos hizo tapas con textos de Tomás Abraham que nos permiten mirar la realidad con un enfoque distinto.

Tomás es filósofo. Autor entre otros libros, de "Los senderos de Foucault", "La guerra del amor", "Historias de la Argentina deseada", "El último oficio de Nieztche", "La empresa de vivir", y su último libro "Tensiones filosóficas" con su grupo de discípulos de su taller de filosofía. Fue director de la revista La Caja, fundó el Colegio Argentino de Filosofía y es profesor titular de Filosofía en el Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires.

Tomás Abraham: Buenas noches. Siempre primero, por orden alfabético o no sé por qué. Bien, el tema "Los medios: reflejan la realidad o la inventan". Primero, ¿qué es la realidad?. Hay un concepto, una definición que a mí me inspira, me sintetiza una serie de preocupaciones acerca de qué es la realidad que la hizo en un reportaje de Vladimir Nabokov, un novelista y pensador ruso-americano. Define a la realidad como un sistema de aproximaciones. Quiero decir, Nabokov era novelista, escritor pero además se dedicaba a una de rama científica: era coleccionista de mariposas, se dedicaba a los lepidoptidos. Un hombre, cualquiera de nosotros, pasa por un parque y ve a una mariposa y dice: "Ahí está volando una mariposa". Nabokov no ve una mariposa, él ve un espécimen específico y singular que tiene un nombre en latín. Hay uno de nosotros, cualquiera, que pasa por un lugar abierto, clima tórrido, y dice hay un árbol, otro un poquito distinto que está hace un tiempo. Dice "Ahí hay una palmera", hay otro que dice "Mirá una fénix o mirá una washingtonia". Todos han apuntado a una misma cosa --un árbol o un insecto volátil-- y la han nombrado en forma diferente. Sistema de aproximaciones, dice Nabokov. La realidad en este sentido es un sistema de vasos comunicantes. Lo que se llama realidad está inevitablemente penetrada por lo simbólico.

Esto es interesante para mí porque no se niega lo real, como que todo es ficción, o todo es un sueño, o todo es lenguaje, y al mismo tiempo esto real no está esperando una palabra de verdad, certera, objetiva, universal para describirla y definirla. Ni una ni otra cosa. Es un tema de vasos comunicantes que depende también del nombre y del que lo pronuncia. En cuanto a lo que a veces se opone a realidad, acá lo han llamado como título "invento", otros dicen "ficción". En este caso me voy a inspirar en un intelectual español, Félix de Asúa, que en uno de sus ensayos sobre la novela dice que en una novela no podemos hablar de una ficción que se opone a, por ejemplo, una verdad. Que es otra de las palabras que asume la realidad. Porque en el caso de la novela, dice Asúa, trata de aquello que nunca sucedió, pero que además nunca deja de suceder.

La oposición binaria entre verdad y ficción, o entre realidad y reflejo, pertenece a un esquema filosófico representacional que tiene larga data, que podemos decir que quizás inauguró Platón. Platón dividía al mundo, al cosmos, en un mundo original, que llamaba "las ideas". Después un mundo que participaba de este original pero que lo deformaba, que eran las copias, que corporizaban las ideas en entes materiales finitos y perecederos, por lo tanto, no tan verdaderos. Y por otro lado, en una tercera instancia, existen los llamados "simulacros", que copian la copia. Por ejemplo, si existe una idea de pájaro original en el mundo de las ideas, además existen los pájaros y corresponden aproximadamente a la idea de pájaro, pero además está el fresco en un templo o en un muro que representa un pájaro y la división entre pintura de pájaro, de las artes, el pájaro y la idea de pájaro nos dan estas tres instancias. En un mundo como el nuestro en que la realidad está construida y no solamente dada, el simulacro es constitutivo al mundo. El arte es constitutivo a la realidad. Los medios construyen también esa realidad. El esquema, entonces, binario y referencial no sirve para entender el funcionamiento de lo que podría llamar yo la mediática.

Segundo Punto. Así como no sirve este esquema realidad-ficción, tampoco sirve el esquema, podríamos decir, conspirativo de la alienación de las conciencias. Es decir, los medios no engañan o manipulan necesariamente, aunque a veces lo pueden hacer. El ser humano no es una tabula rasa, no es un ente pasivo, frente por ejemplo al televisor. Ya que por ejemplo este ser humano o televidente puede llegar a movilizarse por alguna percepción. Pero tampoco se inscriben en el ser humano las imágenes tal como necesariamente las quiere marcar el emisor, ya que el ser humano es reactivo. Ser un espectador o un televidente fiel de un programa, no significa que apruebe el programa. Lo que irrita también atrae y lo que nos es morboso también nos puede atraer.

Tercero. El mundo mediático gira, creo yo, alrededor de la novedad y la actualidad. El modo y el tiempo del mundo mediático es la tensión. Provoca una expectación ansiosa. La clínica que le corresponde da un mundo de síntomas. Una sintomatología maníaco-depresiva. El mundo de los medios provoca una fuerte adicción, una pulsación adictiva. La actualidad siempre tiene fecha de vencimiento, como los yogures. La novedad exige una labor de olvido: así como es fundamental mostrar para un medio antes de que otro muestre, antes de que ninguno haya mostrado, el sistema de novedades de los medios necesita de un sistema de olvidos. Siempre hay que hacer lugar para las nuevas impresiones enterrando las anteriores. Indirectamente los medios son programadores de amnesia.

Cuarto. Los medios masivos de comunicación tienen una relación plural con el poder, diversa. Uno de los aspectos de esta relación con el poder es la de constituirse en intermediario entre los grupos de interés que luchan entre si, a través de un sistema de extorsiones: La facultad de reservar las fuentes de información, la posibilidad de no divulgarlas tiene que ver con la dinámica de este sistema de extorsiones. Este es uno de los aspectos políticos del llamado periodismo denunciativo o el desenmascarador. Quinto. El dispositivo de medios masivos de comunicación no constituye una entidad coherente, ni planificada ni central. Marca lo que llamo una experiencia. Una noticia tiene un efecto de resonancia que pone en marcha una serie de discursos culturales. Cuando se lanza una noticia que impacta, que llama la atención, que es lo que se llama la opinión pública, entran en escena por medio de reportajes, columnas, artículos lo que se denomina: opinólogos. El impacto de una noticia no se agota entonces en su enunciado sino en un trabajo prolongado de comentarios en el que intervienen distintas autoridades y expertos, psicólogos, dietólogos, criminalistas, economistas, curas, rabinos, filósofos, actores, periodistas, doñas rosas, don pirulos. Un elenco de protagonistas culturales agregan sabor a las noticias le dan ingredientes y condimentos. Este es un aspecto que denomino pedagógico de la noticia, una experiencia.

Otro punto. En los medios masivos de comunicación se ejercen funciones de autoridad. La puesta en escena de la información requiere una distribución de roles para lograr efectos dramáticos. Las noticias deben tener el diseño apto para una determinada, como decía Flaubert, educación sentimental. También deben constituirse las noticias en "emoticias", combinación entre emoción y noticia. El logro de una emoticia no sigue pautas universales, no hay receta para eso. Depende de la cultura de la comunidad a la que se dirige digamos entonces que el estilo es el pueblo.

Otro punto. En nuestra comunidad, la nuestra , la nacional, la Argentina, esta función de autoridad requiere por lo general y tradicionalmente un discurso que llamo pastoral. El discurso pastoral es el que se ubica en lugar del bien y reparte absoluciones y condenas. El que ejerce este rol, de ubicarse en el bien, es lo que se llama comunicador, que se puede vestir con distinto tipo de investiduras, cura, juez, detective. Es un alquimista que transmuta el aspecto político de los problemas en un universo de valores que distribuye víctimas y verdugos.

Otro punto. Nuestro periodismo esta habitado por una gran población de profesionales que oscilan entre el puritanismo, el maniqueísmo y el ideologismo por lo general. Los tres son ejes del discurso progresista. También lo son del discurso llamado de derecha, que apela a instintos vengadores. El ideologismo convierte al trabajo de informar, que debería ser la simple y compleja labor periodística, en la labor de matricería: el ideólogo es un matricero del pensamiento. Pone el molde, dispone la materia , le sale siempre la misma figurita, con fechas y nombres distintos pero igual a sí misma.. Esta es la monotonía del discurso contestatario. Es necesario creo yo que un medio de comunicación al interior de una misma unidad comunicativa, llámese diario, programa de televisión, etc., se dispongan espacios de confrontación para que finalmente el lector, oyente o televidente saque él sus propias conclusiones.

Ultimo punto. Aquello que creo yo le vendría bien al sistema mediático nacional es mejores --y más en cantidad también-- analistas políticos que combinen el pensamiento lento del estudio de los problemas que exige siempre tiempo, detalles y referencias, con el pensamiento rápido que exigen las situaciones siempre singulares y cambiantes.

Halperín: Vamos a seguir con Miguel Bonasso. Recuerden: su "Diario de un clandestino", contando episodios de su experiencia con los Montoneros ha sido una de las columnas más leídas de 3 Puntos y como libro, un verdadero éxito editorial. Bonasso, que es un maestro del periodismo de investigación y un narrador excelente ya está abonado a los éxitos editoriales porque si no que hablen mucho de sus libros como "Recuerdo de la muerte", "El presidente que no fue", "Don Alfredo". Bonasso fue además director del recordado diario Noticias y jefe de prensa de Montoneros. Debió exiliarse en los años 70 y encarna precisamente un modelo de periodismo profundamente comprometido. Hoy es un orgullo para nosotros poder decir que además de escribir en Página/12, publica una columna semanal en 3 Puntos y es también columnista del programa Mirá lo que te digo.

Miguel Bonasso: Bueno, yo empecé en el periodismo comprando cigarrillos para el jefe de Redacción y pasando vales. Cuando pasé el primer vale de anticipo de sueldo el jefe de redacción me dijo "Pibe, vos vas a ser periodista". Efectivamente acertó, ocurrió esto hace mucho tiempo. Yo creo que debemos tratar de dar respuesta efectivamente a la pregunta que se hace este encuentro. No es una respuesta fácil porque está planteada en términos muy polares, es difícil. Una de las principales soberbias de la profesión es hacerles creer a la gente que lo sabemos todo. Yo creo que hay que ubicar esto en un contexto histórico. Si nosotros nos preguntamos si acá hubo una dictadura militar terrible, de la que muchos personajes se muestran nostálgicos, como el señor Escassany, presidente de la asociación de bancos. El compañero Escassany se manifiesta nostálgico de la dictadura, una de las cosas fundamentales que hizo fue una cosa mucho más importante que establecer una censura de prensa sino una autocensura de prensa. Y para eso contó con la complicidad de prácticamente todos los órganos de prensa existentes en la República Argentina. Es decir, de sus propietarios. Había una diferencia muy grande entre quienes eran los dueños de los medios y quienes escribían o trabajaban en ellos. De quienes trabajaban en ellos, 93 desaparecieron para siempre, cientos tuvieron que exiliarse y crearon un extraordinario periodismo en otros países. Fundaron diarios en Venezuela, fundaron medios en la España del destape, fundaron medios en México.

La diáspora del periodismo argentino fue realmente muy importante y al mismo tiempo también empobrecedora para las nuevas generaciones de periodistas porque de golpe fue como que las nuevas generaciones de periodistas se quedaron sin maestros en el país. La generación de periodistas a la que yo pertenezco tuvo un contacto magnífico al que debe ser casi tribal de transmisión oral con la generación de periodistas que nos precedía. Los muchachos que nos siguieron a nosotros desgraciadamente no les ocurrió lo mismo porque muchos de los maestros estaban muertos o desaparecidos y otros estaban en el exilio. Había por supuesto periodistas decentes que resistían como podían en el exilio interior pero que no podían ejercer ese magisterio, entre otras cosas porque no podían expresar en sus respectivos diarios lo que estaba ocurriendo en el país. Y no lo podían expresar por una razón muy sencilla: el plan militar tornaba imposible que se publicara lo que estaba ocurriendo.

Es decir, no podía haber habido 30 mil desaparecidos si la justicia hubiese hecho lugar a los habeas corpus y si los diarios hubiesen publicado los habeas y demás. Se dice siempre como excepción, y es verdad, que el diario Buenos Aires Herald en gran medida publicó algunas de estas denuncias y publicó algunos habeas y esto es cierto, pero recordemos el carácter marginal de un diario escrito en inglés que además tenía la protección de ser un diario que leían los altos ejecutivos de las empresas, los miembros de la embajada norteamericana, los miembros de la embajada de Gran Bretaña, etc., etc. Pero no era la regla general, la regla general era el silencio. En relación, desde luego, con ese totalitarismo del control de la información hemos experimentado un avance enorme, o sea: vemos a los piqueteros, escuchamos sus demandas, existen algunos programas en los cuales hay discusiones y contradicciones respecto de cómo fueron los sucesos, se hacen entrevistas, reportajes. Pero siguiendo con el modelo que parte desde la época de la dictadura, cabría plantearse un interrogante pesado visto desde el ángulo práctico, desde el ángulo del profesional del periodismo.

¿Qué es la famosa concentración de medios? Es decir, los espacios destinados a lo que hoy se llama al periodismo de investigación y que en realidad es el buen periodismo. El buen periodismo debe investigar, esto es así, yo diría que en todo caso cabrían otras categorías con relación a lo que se llama periodismo de investigación que tendrían que ver con el tratamiento cuasi literario de algunas notas o con el despliegue y desarrollo de una nota periodística . El buen periodismo debe investigar en la medida en que lo que se le presenta como noticia de último momento viene de un lado y va hacia otro. Es decir, la noticia tiene una historia y tiene un futuro, marca un derrotero que es importante que la gente conozca hacia donde va. Yo no veo tanto el ideologismo que veía mi compañero Tomás Abraham sino más bien es lo contrario: un proceso de concentración que tienen que ver también con el proceso de concentración económica. Quiero recordar que Telefé y Azul Televisión pertenecen a Telefónica de España, que ha ganado, a tenido una tasa de ganancia de sobreventa del 5 por ciento contra el promedio de las 10 principales empresas del mundo que tienen un promedio de ganancia sobre ventas del 5. Si el tema de las ganancias lo llevamos a los activos, la tasa de retorno promedio que tuvo desde el 91 ha sido del 42 por ciento.

Cabe preguntarse si desde el punto de vista del derecho que la sociedad. tiene a la información, que dos canales importantísimos, al margen de todos los otros vehículos de expresión que puedan tener, estén en manos del mismo grupo y de el mismo grupo que claramente ha saqueado la economía argentina, porque esta es la palabra. Y tiene como contrapartida si es legitimo, sino debería existir una legislación, claramente parlamentaria, que no tienen nada que ver con el totalitarismo, control del estado y todas esas monsergas de los que defienden la libertad de prensa "abstracta" que es la libertad de empresa. Tiene que ver con quién es el protagonista de la información, que no es el periodista ni los medios, el protagonista de la información son ustedes, la sociedad, que tiene el derecho de estar bien informada. E incluso me atrevería a decir, el deber de estar bien informada. Esto supondría que por ejemplo que una sencilla y simpática ley antimonopolio impida este tipo de cosas.

Es muy importante que para que el debate no se torne abstracto, es importante que lo aterricemos en quiénes son los dueños de los medios. Esto es muy importante porque sino podemos caer en la ficción de lo que fue el comienzo de los medios al comienzo del capitalismo y al comienzo del liberalismo. Efectivamente un señor fundaba en un pequeño pueblito un pequeño diario y expresaba su opinión y otros competían con esto. Esto no es así. Yo he traído algunos ejemplos que me llaman la atención. Por ejemplo, Clarín del día 27 de junio. Figura "De la Rúa reclamó a los banqueros tasas más bajas". Esta es la imagen de autoridad del señor presidente, adquiere una proporción gigantesca, se lo ve casi como la estatua de la libertad elevando el índice sobre la cabeza de Monetta y de otros conocidos lavadores de dinero que ejercen la hegemonía en la Argentina, del capitalismo argentino desde hace 25 años, Martínez de Hoz y la tablita cambiaria . Lo que resulta en la propia nota que en la página 14, 15 Clarín publica es que no fue tan así. Que en realidad hubo aplausos al presidente porque manifestó que desde ahora se acabó el estado que gasta lo que no tiene a costa del endeudamiento y que planteó el déficit fiscal cero y que arrancó otro aplauso cuando dijo que no se debía atacar a los inversores españoles. Esto es lo medular: que Clarín en la tapa escamoteó, lo escamoteó prácticamente como si fuera un house organ del gobierno. Lo mismo ocurrió en otras oportunidades.

En el 21 de junio se producía de nuevo el conflicto, la gendarmería avanzaba de nuevo sobre los piqueteros. Página/12 lo consignaba en tapa, lo cual no sé si puede ser un comienzo de respuesta de si por lo menos pertenece a Clarín se maneja astutamente otorgándole un gran margen de independencia editorial. Porque titula mostrando los piqueteros y mostrando segundo round mientras Clarín titulaba "Ordenan a Aerolíneas a seguir con sus vuelos" y en ninguno de los títulos de tapa vuelve a señalar el grave conflicto que había en Salta, en General Mosconi. Pero más interesante todavía es el del 22 de junio porque acá hace crédito "Aerolíneas dice que sigue con los vuelos internos" y en la bajada dice "Según una fuente argentina estaría cerca el acuerdo con todos los gremios, eso posibilitaría que los españoles hagan todos los aportes para mantener la empresa operativa y así poder venderla".

Este es el mundo feliz, pero no el de Aldous Huxley. Este mundo feliz tiene un correlato que es la concesión que tiene a nivel de telefonía celular el Grupo Clarín con el gobierno nacional y la concesión que tiene con el gobierno de la ciudad para armar toda la retícula de fibra de vidrio que e la super highway sobre la cual va a tener que circular el sistema de comunicaciones de toda la ciudad. Está ocurriendo desde el centro. Creo que explica bastante en que medida fundamental los medios actúan en función del poder económico, de la misma manera que el poder político, o sea que la clase política ha transferido a los gerentes el poder de cambiar la realidad el poder de establecer una ingeniería social que acabe con el actual estado de cosas, de la misma manera también le transfiere a los medios, determinadas cuotas de poder económico para mantener un discurso único y que veamos una realidad que no es.

Yo creo como Abraham, efectivamente, que somos reactivos, receptivos, críticos y que mucha gente no lo cree, pero eso tiene que ver con otro manejo de las encuestas y acá por parte del diario La Nación, la veterana tribuna de doctrina fundada por Mitre que miente bastante. Acá titula "Los argentinos descreen de las protestas", según una encuesta de Ibope hecha para el gobierno. Pero también curiosamente en la columna de la derecha donde dice "Sin críticas por el caso Aerolíneas" dice "y la mayoría, 66,6% cree que los sindicatos tienen la razón". Y yo pregunto cómo hizo la encuesta Ibope, cómo preguntó, a los 1.800 entrevistados y qué conclusiones sacó el editor de La Nación para titular "Los argentinos descreen de las protestas". Como decía Tomás, creo que el juicio final esta en manos de ustedes.

Halperín: Y ahora me toca presentar a mi compañero Adolfo Castelo, por si alguien no sabe conduce Mirá lo que te digo todas las tardes. Condujo junto a Marcela Pacheco, Gisella Marziotta y otros Medios Locos y también hizo Asociación Ilícita. Su experiencia televisiva comenzó en el edificio de canal 7 con Semanario Insólito. Al poco tiempo, en 1986 junto con Carlos Abrevaya, Jorge Guinzburg, Raúl Becerra y Nicolás Repetto dio comienzo a La Noticia Rebelde.. El programa superó todas las expectativas y con el tiempo se convirtió en un referente obligado de una nueva manera de hacer televisión que fue más allá de los cinco años que duró en el aire. En los 80 también pisó fuerte en la radio de la mano de Alejandro Dolina en Demasiado Tarde para Lágrimas, programa precursor de La Venganza será Terrible. Durante dos años, hasta diciembre de 1998, con Guinzburg y Carlos Ulanovsky hizo El Ventilador en Radio América. En 1999 comienza Turno Tarde con la periodista Nancy Pazos. Pero su éxito en la televisión y en la radio estuvo precedido por su participación en la revista Tía Vicenta. Bueno, Adolfo, y lo interesante en esta mesa, es que el único de la gente de los medios que puede hablar principalmente de la radio y la televisión.

Adolfo Castelo: La primera sospecha con la que tropiezo es entender la realidad, porque uno se analiza y el analista le dice que la realidad es la de uno y ahí ya se complica todo. Ni siquiera la del espejo, porque alguien va a demostrar que el espejo refleja el 73 % de la realidad, con lo cual pasan a tener un valor incalculable los amigos cuando le dicen que uno esta más viejo, más gordo, más flaco. Porque el espejo deja de ser fuente confiable. Mi sospecha grande es que hoy hay más noticias de los episodios que en realidad ocurren. O sea ocurren algunas cosas, pero uno escucha y ve por la tele un montón de cosas que yo no estoy seguro de si están pasando. Hay una voracidad que a mí me parece que empieza por los gerentes de noticias y por los canales y las radios antes que la necesidad de la gente, porque la gente no puede absorber todo lo que le dicen en la radio y le muestran por la tele.

Es imposible digerir todo eso. Entonces de ahí mi sospecha de que hay más noticias de lo que en realidad ocurre. Yo vengo del tiempo de Primera Plana donde, para acompañar a Bonasso en el recuerdo, mi función como cronista consistía en ir a comprar pizza para los directores, los jefes de redacción. Era un tiempo donde una noticia duraba, tranquilamente un año. Esta es la realidad. Aparecía la noticia, salía en el diario, la radio lo decía un poquito y después se iba al café de la esquina donde se reunía la gente en pijama y zapatillas de paño, y se charlaba un poco en la vereda. Y aguantaba tranquilo un año. Y no la jodan. Hoy, lo agarran a un tipo en la radio a las 6 de la mañana, lo arrancan de la cama para que salga por el teléfono, el tipo babeado, con un olor que menos mal que es radio, con ese aliento a oso, que uno tradicionalmente, no quiero ofender a nadie, yo tengo a esa hora y esta obligado a contar lo que pasó, sea político, funcionario o un tipo que vio un robo, con coherencia y a sacar conclusiones.

Porque el periodista le pregunta: "¿Y usted qué piensa?". Y el tipo lo único que quiere es en tomarse un café y hacer algo por él y no por la ciudadanía. Esto arranca a las 6 de la mañana, esto qué quiere decir, que esa noticia a la tarde, si uno la sigue exprimiendo, es una efeméride, ya no es una noticia, ya cumplió como doce horas. Al otro día está en Volver. Yo creo haber visto la renuncia de Chacho en Volver. Díganme la verdad, ¿no les parece una cosa viejísima la renuncia de Chacho? Con lo que eso significó, el cagazo que nos dio, con qué cagazo tapamos ese cagazo? Esta es la cosa terrible de si inventamos la noticia o es la realidad. ¿Pasan tantas cosas de verdad? ¿Pasan tantas cosas importantes de verdad, o estamos en una producción que no podemos controlar de información todo el tiempo? Piensen en un trabajador nato, un movilero de una radio. Un tipo que está obligado a resolver problemas de tan diferente especie que se convierte en un monstruo, porque tiene que responder, atacar, cubrir y obtener de cada lugar y de cada información, en lo posible algo espectacular. Esto se parece bastante a inventar una noticia. Yo no digo que no sea cierto que Roger le haya tomado el vaso de agua a Menem.

¿En que detalles tenemos que detenernos porque hay que decir algo original? Diferente a que Menem llegó temprano y parecía una pantera. Está bien, me parece que estamos generando mucha información. Pero como hizo Primera Plana en su momento, que agregó al vocabulario común de las personas --se calculó-- alrededor de mil palabras nuevas. Vamos a tener que introducir al vocabulario más cosas para ver si por ahí tenemos que fijarnos en detalles tan poco importantes, por lo menos tratemos de que sea una hermosa novela. Porque remito lo que decía antes: yo no creo que podamos soportar esta cantidad de información que nos quiebra, que nos deprime como si nos faltaran motivos y nos hace perder de vista qué es lo importante. Es cierto, como dice Abraham, que hace falta gente que nos explique lo que pasa, pero esto ocurre porque pasan o nos cuentan que pasan tantas cosas que es imposible poder determinar qué es importante y qué no. Porque además tampoco el analista, si es alguien que lo tiene, le va a dar bola a toda esa cantidad de boludeces. Y los amigos están preocupados en batir récord de vueltas al parque 3 de febrero y entonces uno queda solo con esa información.

Hablé de los movileros; voy a hablar de los oyentes que son encarados en la calle. Los oyentes están de alguna manera estimulados para opinar y para sacar conclusiones. Esto no me parece mal, pero agrega más información a toda la información que hay. Con un riesgo, que voy advirtiendo es que ya hay funcionarios y políticos que trabajan sobre los mensajes que se reciben en los programas. Entonces empiezan llamados que vienen de algunas parroquias o de algunos despachos y mensajes que uno boludamente lee a primera vista y se da cuenta que le está haciendo prensa a alguien y viene disfrazado de mensaje de un oyente que quiere y aprecia en su colaboración.

Pero fíjense que cada tanto aparece una oleada. Había humor sobre el presidente y empezaron a aparecer un montón de mensajes los últimos días cuando comenzó a aparecer el tema de Tinelli, de gente que observa que le están faltando el respeto a la investidura. Ese es otro tema que podemos discutir, pero a mí me llamaron la atención esas pequeñas oleadas. Todo eso suma a la información y uno pierde de vista cuál era la información. Eso es lo que ocurre en la radio, y les doy un ejemplo. Si uno sospecha que le inventan información o no. Hay una prueba que es muy simple que se puede hacer, es ir a ver un partido y tener la radio. El que relata ese partido es otro, no es el que uno está viendo y si no véalo por televisión y ponga el audio de una radio; está bien, tienen que dramatizar. Sin duda un partido de fútbol es mucho más lindo que un teleteatro porque labura más gente, por lo menos son 22.

Yo no conozco ningún teleteatro que tenga 22 participantes divertidos. En el caso de la televisión que yo estimo es el chicle del ojo ya a esta altura. Es muy importante, si no estaría despreciando mi profesión, la presencia de la televisión, y sino, pensemos: Bonino, que fue asesinado y no se tuvieron noticias, después vino el asesinato de Cabezas donde se empieza a conocer más información, pero el periodismo no pudo estar en el lugar cuando apareció la policía y borró todas las huellas. Después estuvo Ramallo, donde estaba el periodismo, donde estaba la televisión y donde fue muy difícil trampear, porque ahí estaban todos. Por eso hay que buscarle un punto de equilibrio a esto. Por suerte yo acá termino mi charla y el punto de equilibrio lo tendrá Gabetta.

Halperín: Bueno, vamos a escuchar ahora a Carlos Gabetta. Carlos tiene una larga trayectoria profesional en Argentina, en Francia, España y México. Ha sido director del semanario El Periodista de Buenos Aires y de Cuatro Semanas y Le Monde Diplomatique, en Barcelona. Trabajó en la Agencia France Presse en París. Dicta cursos sobre periodismo y conferencias sobre asuntos internacionales en varios países. Y ha publicado varios libros sobre temas políticos y culturales. Actualmente es director de Le Monde Diplomatique, en castellano, edición Cono Sur: una edición para Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay. Entre los libros publicados por Carlos Gabetta están: "Argentine, le diable dans le soleil" y "Argentine, une culture interdite", en Francia; "La aldea Babel", "Ser periodista en el Mediterráneo" y "Argentina, cómo matar la cultura", en España; y "Todos somos subversivos", "Qué hacemos con este país", "La sociedad y la droga" y "La contaminación ambiental", en Argentina.

Carlos Gabetta: A propósito de si los medios hacen o inventan la información, cierta vez le preguntaron a un francés, creo que fue Tocqueville, qué opinaba de los ingleses y él dijo: no tengo opinión porque no los conozco a todos. Creo que en relación con los medios podemos decir lo mismo: hay todo tipo de medios. Hay una prensa "rosa" (como ustedes saben la revista Hola solo publica casamientos, divorcios, noviazgos, bautismos, todo lo que es legal); y hay una prensa amarilla, que directamente inventa la información. Hace poco fracasó estrepitosamente en España la versión en castellano de una revista alemana de enorme circulación (vende 4 o 5 millones de ejemplares por semana), que en la versión en español se llamaba "Claro". Recuerdo que en su primer número el título era "Vive desde hace 5 años con un hacha clavada en la cabeza", y había un señor sentado que miraba a la gente, una foto enorme (una media americana) y tenía efectivamente un hacha clavada en el medio de la cabeza. Era extraordinario, porque además tenía el mango. La información decía que no lo podían operar porque corría peligro su vida, y yo me preguntaba, alucinado: ¿por qué no le sacan al menos el mango?

Quiero decir con esto que debemos precisar a qué medios nos referimos. Supongo que todos los que estamos aquí estamos hablando de medios serios de los que esperamos mínimamente que nos informen. Entonces acotemos ahí la discusión. Porque incluso los medios serios tienen una historia, un desarrollo a lo largo del tiempo. Algunos medios conservan una coherencia absoluta, una honestidad trascendental que los recorre más allá de los errores; me refiero a la voluntad de ser honestos y lo más objetivos posibles. Y otros tienen una historia de altos y bajos. Hace un momento se mencionó aquí el papel lamentable que cumplieron la mayor parte de los medios argentinos durante la dictadura, durante la guerra de Malvinas. Y no siempre porque estaban obligados a ejercer la autocensura, porque ya durante la guerra de Malvinas esto era más laxo. Lo que estoy tratando de decir es que efectivamente, como dijo Tomás Abraham, la realidad es extremadamente compleja, extremadamente difícil. El mundo sigue siendo tan grande como siempre, pero se ha hecho infinitamente más pequeño, está interrelacionado. Todo lo que ocurre nos afecta de algún modo o debería afectarnos, por eso necesitamos saber. Entonces, como justamente la realidad es compleja, como cada uno ve la realidad a su manera, la función de los medios es organizar la información de algún modo. Necesitamos creer en algo, creer en la profesionalidad y en las buenas intenciones y en la buena voluntad de quien nos ofrece, de quien nos reúne, selecciona, organiza, contextualiza la información, del mismo modo que cuando vamos a la escuela o la universidad creemos en nuestros maestros.

Esta es una prueba de todos los días. Los medios están hechos por seres humanos; se equivocan, van, vienen, cambian de dueño, cambian de plantilla periodística, evolucionan y es el deber de los ciudadanos estar atentos a ver qué le da, qué servicio le presta el medio en el que confía. En relación con esta cuestión yo quisiera señalarles algunas cosas que están ocurriendo en los medios de comunicación porque afectan enormemente, más allá de la intencionalidad de los periodistas y de la capacidad de absorción de los lectores, la forma en que se comunica. Se ha dicho que hay una superabundancia de la información y eso es cierto. En el siglo XXVIII un hombre normal recibía a lo largo de su vida media docena de informaciones, de novedades, que venían de afuera, que trascendían su aldea.

Hoy un individuo normal, urbano o rural, recibe algo así como 2 mil estímulos informativos por día. Así que imaginen ustedes el enorme esfuerzo de selección que hay que hacer para determinar qué es lo que realmente nos importa, qué es lo que realmente nos interesa y sobre todo en qué creemos y en qué forma lo creemos. Ahí es donde los medios de comunicación adquieren una importancia enorme, pues la elección que hacemos de los medios de comunicación a través de los cuales nos informamos es decisiva en nuestra vida: con la información global que recibimos educamos a nuestros hijos, compramos, votamos, viajamos, planeamos nuestras vacaciones... todo está hecho en función de la información mejor o peor, más veraz o menos veraz que recibimos.

¿Cuáles son estos fenómenos objetivos que creo que hay que enumerar? Por un lado la abundancia de información; por otro, la concentración de los medios de comunicación, que tiene que ver con un fenómeno de desarrollo técnico. Ustedes habrán oído hablar de las autopistas de la información... tan importantes son que el presidente Clinton designó a su vicepresidente Al Gore para que se ocupara de desarrollar las autopistas de la información de Estados Unidos ¿Qué es una autopista de la información? Es un sitio donde confluyen 3 elementos que hasta ahora venían separados: la televisión, el teléfono y la computadora. Ustedes habrán visto que estos tres elementos tienden cada vez más a ser uno solo; ahora hay teléfonos donde recibimos mensajes de mail, hay televisores donde escuchamos música. En una palabra: hay un aparato ahora que hace las veces de televisor, de computadora y de teléfono. La computadora es la memoria y el procesador; la pantalla es el visor y la línea telefónica, inalámbrica o no, es la transmisora. Todo esto tiende naturalmente a fusionar todas las industrias que estaban detrás: se fusionan industrias electrónicas, telefónicas de la información, del entretenimiento, de la publicidad, etc.

Otro fenómeno a considerar, también producto de desarrollos tecnológicos, es la transmisión de información en tiempo real. Hasta hace 30 0 40 años, cuando íbamos de corresponsal a algún sitio acompañados de un fotógrafo, lo primero que hacíamos al llegar era preguntar dónde estaba la oficina de télex, mientras el fotógrafo iba al aeropuerto a ver a qué hora salía un avión para Buenos Aires, así podía mandar un rollo con algún pasajero. Luego, a rogar que el télex funcionara, que estuviese abierta la oficina, que no hubiese cola, que el avión saliese a horario...

Hoy un señor con un teléfono inalámbrico y una antena de televisión, puede transmitir imagen y sonido en tiempo real desde cualquier parte a cualquier parte del mundo. El tiempo real quiere decir que nosotros, una porción importante y cada vez mayor de las informaciones que recibimos, las recibimos prácticamente en el momento en que están ocurriendo. Y esto significa que la función del periodista va desapareciendo. La función del individuo que elegía de una masa de informaciones aquellas que él entendía que iban a interesar a su público, que luego las contextualizaba tratando de responder a las cinco preguntas importantes que se hace cualquier periodista: qué, quién, cuando, dónde, cómo y si es posible porqué... esa función ha cambiado.

Ahora el periodista se va convirtiendo en un simple sostenedor de micrófonos o en el mejor de los casos, de camarógrafo. Porque el espectador que está del otro lado ve lo que pasa en el momento que pasa. Esto ha dado lugar a errores garrafales del periodismo mundial y da lugar a todo tipo de manipulaciones. La Guerra del Golfo es uno de los mejores ejemplos; el asunto fue la masacre de Timisoara en Rumania es otro. La pregunta que debemos hacernos es: ¿ser testigo de un acontecimiento significa que lo entendemos? Tomás Abraham dijo al principio que cada uno ve la realidad de distinta manera. En un paisaje algunos ven un árbol, otros no ven un árbol sino una palmera, otros no ven ni el árbol ni la palmera, ven una mariposa posada en una rama. La realidad entonces es variada. Akira Kurosawa muestra en la película Rashomon a cinco testigos de una misma violación y los cinco vieron cosas diferentes. Ser testigo de un acontecimiento no significa comprenderlo. Este fenómeno, sumado al de la concentración de medios, que hace que cada vez más la información y el entretenimiento y la publicidad se confundan, se mezclen... ha alterado mucho el esquema informativo. Antes, una información para ser buena, para ser transmisible, tenía que cumplir dos requisitos: ser verdadera y ser verificable. En cambio, lo que hoy se le pide en general a los periodistas es que la información sea entretenida. Este es un cambio cualitativo importantísimo. Pero todo tiene que ver con este fenómeno, con que la fusión de distintos elementos técnicos que conllevan la fusión de empresas de publicidad, de entretenimientos, de empresa de investigación, que va haciendo de todo esto un paquete donde cada vez es más difícil distinguir la información de todos los otros elementos, del entretenimiento, de la publicidad, de la propaganda.

Antes de terminar quiero decirles que en uno de sus libros de historia, Eric Hobsbawm establece el nacimiento de la publicidad en la segunda mitad del siglo XIX, cuando la masiva incorporación de las masas a la vida democrática hacía cada vez más difícil la transmisión del mensaje político, es decir, de captar a esas masas para que votaran. La publicidad aparece en ese momento. No se trataba entonces ya de buscar los medios racionales para convencer a mucha gente, sino que aparece la publicidad, no como una forma de convencer sino de entretener, de atraer de una manera más demagógica, en definitiva, de mentir para que la gente se adhiera o suscriba a una u otra corriente política.

Halperín: Bueno, nos toca ahora escuchar a Jorge Sigal. Jorge es jefe de redacción de 3 Puntos, es el máximo responsable periodístico de la revista. Fue editor de la sección Ideas del desaparecido diario Perfil, fue jefe de redacción de la revista Gente, y por último fue jefe de la edición dominical de Página/12.

Jorge Sigal: Bueno, efectivamente el tema es muy abarcativo. Yo coincido con un par de cosas que se dijeron acá y voy a tratar de circunscribirme a mi experiencia que por supuesto no es teórica, no es de un especialista en medios de comunicación, es la de un periodista que trabaja desde hace quince años en los medios. Yo creo que efectivamente hay una sobreabundancia de información. Lo que decía Castelo yo lo sentía en carne propia y en alguna oportunidad, con estudiantes de periodismo, los invité a hacer una experiencia que les recomiendo. Que es agarrar todas las mañanas los diarios, porque ya no es solo un problema de televisión, de radio, de bombardeo permanente de información: es cuestión de agarrar los diarios.

Y uno se va a encontrar con sorpresas. Salvo que haya un cataclismo, o renuncie un vicepresidente, cosa que puede pasar, la mayoría de los diarios titulan de manera diferente. La pregunta es ¿cuál es la información del día? Es un ejercicio fácil, y es muy difícil de responder. Para cada diario una realidad diferente, para cada diario lo que está pasando es distinto. Yo estoy plagado de dudas con respecto al rol de los periodistas, me encantaría tener certezas, pero tengo más dudas que certezas. La figura que más se aproximó a lo que hacemos nosotros, los periodistas, o a los que por lo menos tenemos algún nivel de responsabilidad en la edición periodística, es justamente editar lo que consideramos la realidad. Ustedes no sé si saben qué hace un editor; es el tipo que decide que noticia va, como va, cuál va primero, cual va segundo, qué título lleva, hace el sumario, pone la foto; eso es la edición. En realidad todos estamos editando la realidad según nuestras ideas. Y ahí entran a pesar factores que creo que sería deshonesto eludir, porque creo que nos involucran a todos, incluidos aquellos que hacemos un esfuerzo por la neutralidad o por la presunta neutralidad de la información. Todos editamos la realidad. Todos vemos la realidad de una manera diferente. Aun así, creo que la sobreabundancia de la información es más sana que la limitación de información.

Y creo que la sobreabundancia y aun la anarquía de información, en la cantidad, es mejor que la regulación de la información. Y voy a dar algunos ejemplos de cómo no es tan fácil manejar la realidad --si es que existe esta realidad-- a piacere. Y los ejemplos son de nuestra vida cotidiana: no ha habido gobierno que cuente con más beneplácito de un medio durante tanto tiempo como este gobierno con el diario Clarín, el diario de mayor circulación de la Argentina, el diario que monopoliza buena parte de los medios de información de la Argentina. Sin embargo, a pesar de los títulos del diario Clarín, el gobierno no puede mejorar su imagen. La pregunta es ¿cómo esto es posible? A pesar del optimismo de Clarín, por ahí había un graffiti en Palermo que decía "Nos están meando y Clarín dice que llueve".

Cómo es posible que a pesar de esta realidad construida e influyente, la opinión pública no se vuelque a favor del gobierno y se debilite por ejemplo la imagen presidencial, a pesar de estos títulos como el que leía hoy Miguel. Esto genera una serie de preguntas que, yo creo, nosotros estamos obligados a hacernos porque involucra otros temas. Como si la mayoría de los periodistas y los generadores de opinión, sobre todo aquellos que --presumimos-- son honestos y tienen independencia periodística, son en general democráticos, cómo es posible que el mensaje que más penetra en este momento sea el mensaje de Hadad y que a todos nos asuste el mensaje de Hadad. Porque sería muy fácil si Magdalena Ruíz Guiñazú piensa distinto que Hadad, si Mariano Grondona hoy piensa aparentemente diferente que Hadad, si el diario Clarín no titula como titula Hadad los noticieros. ¿Por qué el 64% aparentemente de la personas de esta sociedad está a favor de la mano dura? Creo son preguntas obligadas que nos tenemos que hacer. Nosotros los periodistas trabajamos con la realidad que tenemos y trabajamos con la realidad de acuerdo a lo que podemos. Acá se decía que para informar hoy tenemos que divertir.

Yo diría, nosotros hemos conocido en el último tiempo, una cuestión que antes era ajena a un periodista: no sólo tenemos que entretener, nosotros tenemos que vender. La información es una mercancía y hay que venderla. Y esto corre para el diario Clarín, para el periodista del diario Clarín que va a buscar la primicia y que lo aprietan para que consiga la primicia o el movilero que va a buscar la información y que tiene que hacer esa sarta de preguntas que a veces uno se pregunta cómo puede ser que el pobre pibe tenga que ser sometido a semejante cosa. Pero él tiene que ir a buscar cosas vendedoras, generar tensión. Que el público lo siga y éste es un dilema que nosotros tenemos planteado y que no tenemos respuestas.

Porque si no sería más fácil desde el punto de vista de aquellos que todavía consideramos que hay un espacio para pelear por cierta neutralidad. Que cuando yo hablo de neutralidad es porque obviamente desconozco la objetividad, no existe la objetividad.. Por lo tanto, lo más honesto que puede hacer un periodista es tratar de preguntarse, neutralmente cuando va a la fuente de información, qué es lo que está pasando. Este al menos es el esfuerzo que nosotros hacemos, después vienen la interpretación que todos hacemos y que es legítimo hacer. Y que cada medio tiene que hacer y la gente en definitiva es la que selecciona, elige y, como decíamos al principio, por lo visto la selección no es tan automática.

No es que hay un cerebro que planifica y la gente obedece. Sino insisto, pregúntenle al gobierno, que lleva puestos cinco voceros, tratando de explicar que el problema que tienen es un problema comunicacional. No tiene un problema comunicacional, tienen un problema con la realidad. Entonces lo sacan a Lopérfido, lo ponen Ostuni, lo sacan a Ostuni, lo ponen a Baylac, dejan a Baylac pero habla Gallo, habla Lombardo y se arma un enriedo bárbaro porque en realidad el problema que tiene lo tiene con los acontecimientos y no con la transmisión de la información. Me parece que son los temas para pensar y que nos plantean un gran desafío: que es cómo podemos contribuir desde lo que consideramos una prensa independiente, una prensa que lucha contra esta tremenda concentración de medios que hoy existe. Que va cavando trincheras entre medio de la concentración de medios.. Cómo hacer para aportar, no a la confusión general, sino a determinar lo que es importante de lo que no es importante. Con esa sola misión nosotros nos daríamos por satisfechos.

Halperín: La imagen más obvia al cabo de cinco tan buenas exposiciones es la de hablar de un prisma. Pero realmente me parece que nunca más aplicable que ahora para mostrar cuántas formas de abordar el tema de la mesa de hoy. Incluso una cosa que decía Jorge me suscitaba la cuestión de que entre los muchos condicionamientos que se mencionaron hoy acá también esto muestra cómo nosotros estamos operando en esta sociedad con esta cultura, no estamos ajenos a ella ni a todos sus problemas. Y uno no puede informar más allá de lo que también la sociedad quiere escuchar. Eso también es otro factor para tener en cuenta.


* Textos completos de las exposiciones del debate "Los medios: ¿reflejan la realidad o la inventan?", del que participaron Tomás Abraham, Miguel Bonasso, Adolfo Castelo, Carlos Gabetta, Jorge Sigal y Jorge Halperín (coordinador). Realizado el 27 de junio de 2001en el Centro Cultural General San Martín, en Buenos Aires, Argentina, con la asistencia de 500 personas.


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