D E B A T E
¿Los medios reflejan la realidad o la
inventan?
Tomás Abraham,
Miguel Bonasso, Adolfo Castelo, Carlos Gabetta,
Jorge Sigal y Jorge Halperín *
La
acción de los medios en particular en esta
Argentina castigada por crisis de todo tipo y
afectada por la debilidad de sus
instituciones fue sin duda protagónica. Pero
los medios mismos están atravesados por
factores culturales, económicos, de mercado
y no son un actor de afuera que opera sobre
esta realidad. La notable expansión de los
medios y los imperativos del mercado llevan
mucho a plantearse hasta qué punto la
construcción narrativa que hacen los medios,
que en definitiva pasa por ser para millones
de personas la verdad del espacio público,
hasta qué punto, digo, esta construcción
refleja la realidad o en cambio la
distorsiona.
Jorge Halperín: Ustedes
van a escuchar ahora los puntos de vista de
cuatro hombres de los medios y de un filósofo
apasionado por los medios y a la vez muy crítico
de ellos. Vamos a ir por orden alfabético, vamos
a empezar con Tomás Abraham, que en momentos en
que muchos intelectuales se repliegan en la
actividad académica, Tomás Abraham es un
pensador que asume públicamente nuestras dudas
como sociedad y reflexiona con una mirada
original y profunda. En los últimos tiempos,
cuando la prensa escrita satura con ciertas
fórmulas repetidas 3 Puntos hizo tapas con
textos de Tomás Abraham que nos permiten mirar
la realidad con un enfoque distinto.
Tomás es filósofo.
Autor entre otros libros, de "Los senderos
de Foucault", "La guerra del
amor", "Historias de la Argentina
deseada", "El último oficio de
Nieztche", "La empresa de vivir",
y su último libro "Tensiones
filosóficas" con su grupo de discípulos de
su taller de filosofía. Fue director de la
revista La Caja, fundó el Colegio Argentino de
Filosofía y es profesor titular de Filosofía en
el Ciclo Básico Común de la Universidad de
Buenos Aires.
Tomás Abraham: Buenas
noches. Siempre primero, por orden alfabético o
no sé por qué. Bien, el tema "Los medios:
reflejan la realidad o la inventan".
Primero, ¿qué es la realidad?. Hay un concepto,
una definición que a mí me inspira, me
sintetiza una serie de preocupaciones acerca de
qué es la realidad que la hizo en un reportaje
de Vladimir Nabokov, un novelista y pensador
ruso-americano. Define a la realidad como un
sistema de aproximaciones. Quiero decir, Nabokov
era novelista, escritor pero además se dedicaba
a una de rama científica: era coleccionista de
mariposas, se dedicaba a los lepidoptidos. Un
hombre, cualquiera de nosotros, pasa por un
parque y ve a una mariposa y dice: "Ahí
está volando una mariposa". Nabokov no ve
una mariposa, él ve un espécimen específico y
singular que tiene un nombre en latín. Hay uno
de nosotros, cualquiera, que pasa por un lugar
abierto, clima tórrido, y dice hay un árbol,
otro un poquito distinto que está hace un
tiempo. Dice "Ahí hay una palmera",
hay otro que dice "Mirá una fénix o mirá
una washingtonia". Todos han apuntado a una
misma cosa --un árbol o un insecto volátil-- y
la han nombrado en forma diferente. Sistema de
aproximaciones, dice Nabokov. La realidad en este
sentido es un sistema de vasos comunicantes. Lo
que se llama realidad está inevitablemente
penetrada por lo simbólico.
Esto es interesante para
mí porque no se niega lo real, como que todo es
ficción, o todo es un sueño, o todo es
lenguaje, y al mismo tiempo esto real no está
esperando una palabra de verdad, certera,
objetiva, universal para describirla y definirla.
Ni una ni otra cosa. Es un tema de vasos
comunicantes que depende también del nombre y
del que lo pronuncia. En cuanto a lo que a veces
se opone a realidad, acá lo han llamado como
título "invento", otros dicen
"ficción". En este caso me voy a
inspirar en un intelectual español, Félix de
Asúa, que en uno de sus ensayos sobre la novela
dice que en una novela no podemos hablar de una
ficción que se opone a, por ejemplo, una verdad.
Que es otra de las palabras que asume la
realidad. Porque en el caso de la novela, dice
Asúa, trata de aquello que nunca sucedió, pero
que además nunca deja de suceder.
La oposición binaria
entre verdad y ficción, o entre realidad y
reflejo, pertenece a un esquema filosófico
representacional que tiene larga data, que
podemos decir que quizás inauguró Platón.
Platón dividía al mundo, al cosmos, en un mundo
original, que llamaba "las ideas".
Después un mundo que participaba de este
original pero que lo deformaba, que eran las
copias, que corporizaban las ideas en entes
materiales finitos y perecederos, por lo tanto,
no tan verdaderos. Y por otro lado, en una
tercera instancia, existen los llamados
"simulacros", que copian la copia. Por
ejemplo, si existe una idea de pájaro original
en el mundo de las ideas, además existen los
pájaros y corresponden aproximadamente a la idea
de pájaro, pero además está el fresco en un
templo o en un muro que representa un pájaro y
la división entre pintura de pájaro, de las
artes, el pájaro y la idea de pájaro nos dan
estas tres instancias. En un mundo como el
nuestro en que la realidad está construida y no
solamente dada, el simulacro es constitutivo al
mundo. El arte es constitutivo a la realidad. Los
medios construyen también esa realidad. El
esquema, entonces, binario y referencial no sirve
para entender el funcionamiento de lo que podría
llamar yo la mediática.
Segundo Punto. Así como
no sirve este esquema realidad-ficción, tampoco
sirve el esquema, podríamos decir, conspirativo
de la alienación de las conciencias. Es decir,
los medios no engañan o manipulan
necesariamente, aunque a veces lo pueden hacer.
El ser humano no es una tabula rasa, no es un
ente pasivo, frente por ejemplo al televisor. Ya
que por ejemplo este ser humano o televidente
puede llegar a movilizarse por alguna
percepción. Pero tampoco se inscriben en el ser
humano las imágenes tal como necesariamente las
quiere marcar el emisor, ya que el ser humano es
reactivo. Ser un espectador o un televidente fiel
de un programa, no significa que apruebe el
programa. Lo que irrita también atrae y lo que
nos es morboso también nos puede atraer.
Tercero. El mundo
mediático gira, creo yo, alrededor de la novedad
y la actualidad. El modo y el tiempo del mundo
mediático es la tensión. Provoca una
expectación ansiosa. La clínica que le
corresponde da un mundo de síntomas. Una
sintomatología maníaco-depresiva. El mundo de
los medios provoca una fuerte adicción, una
pulsación adictiva. La actualidad siempre tiene
fecha de vencimiento, como los yogures. La
novedad exige una labor de olvido: así como es
fundamental mostrar para un medio antes de que
otro muestre, antes de que ninguno haya mostrado,
el sistema de novedades de los medios necesita de
un sistema de olvidos. Siempre hay que hacer
lugar para las nuevas impresiones enterrando las
anteriores. Indirectamente los medios son
programadores de amnesia.
Cuarto. Los medios
masivos de comunicación tienen una relación
plural con el poder, diversa. Uno de los aspectos
de esta relación con el poder es la de
constituirse en intermediario entre los grupos de
interés que luchan entre si, a través de un
sistema de extorsiones: La facultad de reservar
las fuentes de información, la posibilidad de no
divulgarlas tiene que ver con la dinámica de
este sistema de extorsiones. Este es uno de los
aspectos políticos del llamado periodismo
denunciativo o el desenmascarador. Quinto. El
dispositivo de medios masivos de comunicación no
constituye una entidad coherente, ni planificada
ni central. Marca lo que llamo una experiencia.
Una noticia tiene un efecto de resonancia que
pone en marcha una serie de discursos culturales.
Cuando se lanza una noticia que impacta, que
llama la atención, que es lo que se llama la
opinión pública, entran en escena por medio de
reportajes, columnas, artículos lo que se
denomina: opinólogos. El impacto de una noticia
no se agota entonces en su enunciado sino en un
trabajo prolongado de comentarios en el que
intervienen distintas autoridades y expertos,
psicólogos, dietólogos, criminalistas,
economistas, curas, rabinos, filósofos, actores,
periodistas, doñas rosas, don pirulos. Un elenco
de protagonistas culturales agregan sabor a las
noticias le dan ingredientes y condimentos. Este
es un aspecto que denomino pedagógico de la
noticia, una experiencia.
Otro punto. En los medios
masivos de comunicación se ejercen funciones de
autoridad. La puesta en escena de la información
requiere una distribución de roles para lograr
efectos dramáticos. Las noticias deben tener el
diseño apto para una determinada, como decía
Flaubert, educación sentimental. También deben
constituirse las noticias en
"emoticias", combinación entre
emoción y noticia. El logro de una emoticia no
sigue pautas universales, no hay receta para eso.
Depende de la cultura de la comunidad a la que se
dirige digamos entonces que el estilo es el
pueblo.
Otro punto. En nuestra
comunidad, la nuestra , la nacional, la
Argentina, esta función de autoridad requiere
por lo general y tradicionalmente un discurso que
llamo pastoral. El discurso pastoral es el que se
ubica en lugar del bien y reparte absoluciones y
condenas. El que ejerce este rol, de ubicarse en
el bien, es lo que se llama comunicador, que se
puede vestir con distinto tipo de investiduras,
cura, juez, detective. Es un alquimista que
transmuta el aspecto político de los problemas
en un universo de valores que distribuye
víctimas y verdugos.
Otro punto. Nuestro
periodismo esta habitado por una gran población
de profesionales que oscilan entre el
puritanismo, el maniqueísmo y el ideologismo por
lo general. Los tres son ejes del discurso
progresista. También lo son del discurso llamado
de derecha, que apela a instintos vengadores. El
ideologismo convierte al trabajo de informar, que
debería ser la simple y compleja labor
periodística, en la labor de matricería: el
ideólogo es un matricero del pensamiento. Pone
el molde, dispone la materia , le sale siempre la
misma figurita, con fechas y nombres distintos
pero igual a sí misma.. Esta es la monotonía
del discurso contestatario. Es necesario creo yo
que un medio de comunicación al interior de una
misma unidad comunicativa, llámese diario,
programa de televisión, etc., se dispongan
espacios de confrontación para que finalmente el
lector, oyente o televidente saque él sus
propias conclusiones.
Ultimo punto. Aquello que
creo yo le vendría bien al sistema mediático
nacional es mejores --y más en cantidad
también-- analistas políticos que combinen el
pensamiento lento del estudio de los problemas
que exige siempre tiempo, detalles y referencias,
con el pensamiento rápido que exigen las
situaciones siempre singulares y cambiantes.
Halperín: Vamos a
seguir con Miguel Bonasso. Recuerden: su
"Diario de un clandestino", contando
episodios de su experiencia con los Montoneros ha
sido una de las columnas más leídas de 3 Puntos
y como libro, un verdadero éxito editorial.
Bonasso, que es un maestro del periodismo de
investigación y un narrador excelente ya está
abonado a los éxitos editoriales porque si no
que hablen mucho de sus libros como
"Recuerdo de la muerte", "El
presidente que no fue", "Don
Alfredo". Bonasso fue además director del
recordado diario Noticias y jefe de prensa de
Montoneros. Debió exiliarse en los años 70 y
encarna precisamente un modelo de periodismo
profundamente comprometido. Hoy es un orgullo
para nosotros poder decir que además de escribir
en Página/12, publica una columna semanal en 3
Puntos y es también columnista del programa
Mirá lo que te digo.
Miguel Bonasso: Bueno,
yo empecé en el periodismo comprando cigarrillos
para el jefe de Redacción y pasando vales.
Cuando pasé el primer vale de anticipo de sueldo
el jefe de redacción me dijo "Pibe, vos vas
a ser periodista". Efectivamente acertó,
ocurrió esto hace mucho tiempo. Yo creo que
debemos tratar de dar respuesta efectivamente a
la pregunta que se hace este encuentro. No es una
respuesta fácil porque está planteada en
términos muy polares, es difícil. Una de las
principales soberbias de la profesión es
hacerles creer a la gente que lo sabemos todo. Yo
creo que hay que ubicar esto en un contexto
histórico. Si nosotros nos preguntamos si acá
hubo una dictadura militar terrible, de la que
muchos personajes se muestran nostálgicos, como
el señor Escassany, presidente de la asociación
de bancos. El compañero Escassany se manifiesta
nostálgico de la dictadura, una de las cosas
fundamentales que hizo fue una cosa mucho más
importante que establecer una censura de prensa
sino una autocensura de prensa. Y para eso contó
con la complicidad de prácticamente todos los
órganos de prensa existentes en la República
Argentina. Es decir, de sus propietarios. Había
una diferencia muy grande entre quienes eran los
dueños de los medios y quienes escribían o
trabajaban en ellos. De quienes trabajaban en
ellos, 93 desaparecieron para siempre, cientos
tuvieron que exiliarse y crearon un
extraordinario periodismo en otros países.
Fundaron diarios en Venezuela, fundaron medios en
la España del destape, fundaron medios en
México.
La diáspora del
periodismo argentino fue realmente muy importante
y al mismo tiempo también empobrecedora para las
nuevas generaciones de periodistas porque de
golpe fue como que las nuevas generaciones de
periodistas se quedaron sin maestros en el país.
La generación de periodistas a la que yo
pertenezco tuvo un contacto magnífico al que
debe ser casi tribal de transmisión oral con la
generación de periodistas que nos precedía. Los
muchachos que nos siguieron a nosotros
desgraciadamente no les ocurrió lo mismo porque
muchos de los maestros estaban muertos o
desaparecidos y otros estaban en el exilio.
Había por supuesto periodistas decentes que
resistían como podían en el exilio interior
pero que no podían ejercer ese magisterio, entre
otras cosas porque no podían expresar en sus
respectivos diarios lo que estaba ocurriendo en
el país. Y no lo podían expresar por una razón
muy sencilla: el plan militar tornaba imposible
que se publicara lo que estaba ocurriendo.
Es decir, no podía haber
habido 30 mil desaparecidos si la justicia
hubiese hecho lugar a los habeas corpus y si los
diarios hubiesen publicado los habeas y demás.
Se dice siempre como excepción, y es verdad, que
el diario Buenos Aires Herald en gran medida
publicó algunas de estas denuncias y publicó
algunos habeas y esto es cierto, pero recordemos
el carácter marginal de un diario escrito en
inglés que además tenía la protección de ser
un diario que leían los altos ejecutivos de las
empresas, los miembros de la embajada
norteamericana, los miembros de la embajada de
Gran Bretaña, etc., etc. Pero no era la regla
general, la regla general era el silencio. En
relación, desde luego, con ese totalitarismo del
control de la información hemos experimentado un
avance enorme, o sea: vemos a los piqueteros,
escuchamos sus demandas, existen algunos
programas en los cuales hay discusiones y
contradicciones respecto de cómo fueron los
sucesos, se hacen entrevistas, reportajes. Pero
siguiendo con el modelo que parte desde la época
de la dictadura, cabría plantearse un
interrogante pesado visto desde el ángulo
práctico, desde el ángulo del profesional del
periodismo.
¿Qué es la famosa
concentración de medios? Es decir, los espacios
destinados a lo que hoy se llama al periodismo de
investigación y que en realidad es el buen
periodismo. El buen periodismo debe investigar,
esto es así, yo diría que en todo caso cabrían
otras categorías con relación a lo que se llama
periodismo de investigación que tendrían que
ver con el tratamiento cuasi literario de algunas
notas o con el despliegue y desarrollo de una
nota periodística . El buen periodismo debe
investigar en la medida en que lo que se le
presenta como noticia de último momento viene de
un lado y va hacia otro. Es decir, la noticia
tiene una historia y tiene un futuro, marca un
derrotero que es importante que la gente conozca
hacia donde va. Yo no veo tanto el ideologismo
que veía mi compañero Tomás Abraham sino más
bien es lo contrario: un proceso de
concentración que tienen que ver también con el
proceso de concentración económica. Quiero
recordar que Telefé y Azul Televisión
pertenecen a Telefónica de España, que ha
ganado, a tenido una tasa de ganancia de
sobreventa del 5 por ciento contra el promedio de
las 10 principales empresas del mundo que tienen
un promedio de ganancia sobre ventas del 5. Si el
tema de las ganancias lo llevamos a los activos,
la tasa de retorno promedio que tuvo desde el 91
ha sido del 42 por ciento.
Cabe preguntarse si desde
el punto de vista del derecho que la sociedad.
tiene a la información, que dos canales
importantísimos, al margen de todos los otros
vehículos de expresión que puedan tener, estén
en manos del mismo grupo y de el mismo grupo que
claramente ha saqueado la economía argentina,
porque esta es la palabra. Y tiene como
contrapartida si es legitimo, sino debería
existir una legislación, claramente
parlamentaria, que no tienen nada que ver con el
totalitarismo, control del estado y todas esas
monsergas de los que defienden la libertad de
prensa "abstracta" que es la libertad
de empresa. Tiene que ver con quién es el
protagonista de la información, que no es el
periodista ni los medios, el protagonista de la
información son ustedes, la sociedad, que tiene
el derecho de estar bien informada. E incluso me
atrevería a decir, el deber de estar bien
informada. Esto supondría que por ejemplo que
una sencilla y simpática ley antimonopolio
impida este tipo de cosas.
Es muy importante que
para que el debate no se torne abstracto, es
importante que lo aterricemos en quiénes son los
dueños de los medios. Esto es muy importante
porque sino podemos caer en la ficción de lo que
fue el comienzo de los medios al comienzo del
capitalismo y al comienzo del liberalismo.
Efectivamente un señor fundaba en un pequeño
pueblito un pequeño diario y expresaba su
opinión y otros competían con esto. Esto no es
así. Yo he traído algunos ejemplos que me
llaman la atención. Por ejemplo, Clarín del
día 27 de junio. Figura "De la Rúa
reclamó a los banqueros tasas más bajas".
Esta es la imagen de autoridad del señor
presidente, adquiere una proporción gigantesca,
se lo ve casi como la estatua de la libertad
elevando el índice sobre la cabeza de Monetta y
de otros conocidos lavadores de dinero que
ejercen la hegemonía en la Argentina, del
capitalismo argentino desde hace 25 años,
Martínez de Hoz y la tablita cambiaria . Lo que
resulta en la propia nota que en la página 14,
15 Clarín publica es que no fue tan así. Que en
realidad hubo aplausos al presidente porque
manifestó que desde ahora se acabó el estado
que gasta lo que no tiene a costa del
endeudamiento y que planteó el déficit fiscal
cero y que arrancó otro aplauso cuando dijo que
no se debía atacar a los inversores españoles.
Esto es lo medular: que Clarín en la tapa
escamoteó, lo escamoteó prácticamente como si
fuera un house organ del gobierno. Lo mismo
ocurrió en otras oportunidades.
En el 21 de junio se
producía de nuevo el conflicto, la gendarmería
avanzaba de nuevo sobre los piqueteros.
Página/12 lo consignaba en tapa, lo cual no sé
si puede ser un comienzo de respuesta de si por
lo menos pertenece a Clarín se maneja
astutamente otorgándole un gran margen de
independencia editorial. Porque titula mostrando
los piqueteros y mostrando segundo round mientras
Clarín titulaba "Ordenan a Aerolíneas a
seguir con sus vuelos" y en ninguno de los
títulos de tapa vuelve a señalar el grave
conflicto que había en Salta, en General
Mosconi. Pero más interesante todavía es el del
22 de junio porque acá hace crédito
"Aerolíneas dice que sigue con los vuelos
internos" y en la bajada dice "Según
una fuente argentina estaría cerca el acuerdo
con todos los gremios, eso posibilitaría que los
españoles hagan todos los aportes para mantener
la empresa operativa y así poder venderla".
Este es el mundo feliz,
pero no el de Aldous Huxley. Este mundo feliz
tiene un correlato que es la concesión que tiene
a nivel de telefonía celular el Grupo Clarín
con el gobierno nacional y la concesión que
tiene con el gobierno de la ciudad para armar
toda la retícula de fibra de vidrio que e la
super highway sobre la cual va a tener que
circular el sistema de comunicaciones de toda la
ciudad. Está ocurriendo desde el centro. Creo
que explica bastante en que medida fundamental
los medios actúan en función del poder
económico, de la misma manera que el poder
político, o sea que la clase política ha
transferido a los gerentes el poder de cambiar la
realidad el poder de establecer una ingeniería
social que acabe con el actual estado de cosas,
de la misma manera también le transfiere a los
medios, determinadas cuotas de poder económico
para mantener un discurso único y que veamos una
realidad que no es.
Yo creo como Abraham,
efectivamente, que somos reactivos, receptivos,
críticos y que mucha gente no lo cree, pero eso
tiene que ver con otro manejo de las encuestas y
acá por parte del diario La Nación, la veterana
tribuna de doctrina fundada por Mitre que miente
bastante. Acá titula "Los argentinos
descreen de las protestas", según una
encuesta de Ibope hecha para el gobierno. Pero
también curiosamente en la columna de la derecha
donde dice "Sin críticas por el caso
Aerolíneas" dice "y la mayoría, 66,6%
cree que los sindicatos tienen la razón". Y
yo pregunto cómo hizo la encuesta Ibope, cómo
preguntó, a los 1.800 entrevistados y qué
conclusiones sacó el editor de La Nación para
titular "Los argentinos descreen de las
protestas". Como decía Tomás, creo que el
juicio final esta en manos de ustedes.
Halperín: Y ahora
me toca presentar a mi compañero Adolfo Castelo,
por si alguien no sabe conduce Mirá lo que te
digo todas las tardes. Condujo junto a Marcela
Pacheco, Gisella Marziotta y otros Medios Locos y
también hizo Asociación Ilícita. Su
experiencia televisiva comenzó en el edificio de
canal 7 con Semanario Insólito. Al poco tiempo,
en 1986 junto con Carlos Abrevaya, Jorge
Guinzburg, Raúl Becerra y Nicolás Repetto dio
comienzo a La Noticia Rebelde.. El programa
superó todas las expectativas y con el tiempo se
convirtió en un referente obligado de una nueva
manera de hacer televisión que fue más allá de
los cinco años que duró en el aire. En los 80
también pisó fuerte en la radio de la mano de
Alejandro Dolina en Demasiado Tarde para
Lágrimas, programa precursor de La Venganza
será Terrible. Durante dos años, hasta
diciembre de 1998, con Guinzburg y Carlos
Ulanovsky hizo El Ventilador en Radio América.
En 1999 comienza Turno Tarde con la periodista
Nancy Pazos. Pero su éxito en la televisión y
en la radio estuvo precedido por su
participación en la revista Tía Vicenta. Bueno,
Adolfo, y lo interesante en esta mesa, es que el
único de la gente de los medios que puede hablar
principalmente de la radio y la televisión.
Adolfo Castelo: La
primera sospecha con la que tropiezo es entender
la realidad, porque uno se analiza y el analista
le dice que la realidad es la de uno y ahí ya se
complica todo. Ni siquiera la del espejo, porque
alguien va a demostrar que el espejo refleja el
73 % de la realidad, con lo cual pasan a tener un
valor incalculable los amigos cuando le dicen que
uno esta más viejo, más gordo, más flaco.
Porque el espejo deja de ser fuente confiable. Mi
sospecha grande es que hoy hay más noticias de
los episodios que en realidad ocurren. O sea
ocurren algunas cosas, pero uno escucha y ve por
la tele un montón de cosas que yo no estoy
seguro de si están pasando. Hay una voracidad
que a mí me parece que empieza por los gerentes
de noticias y por los canales y las radios antes
que la necesidad de la gente, porque la gente no
puede absorber todo lo que le dicen en la radio y
le muestran por la tele.
Es imposible digerir todo
eso. Entonces de ahí mi sospecha de que hay más
noticias de lo que en realidad ocurre. Yo vengo
del tiempo de Primera Plana donde, para
acompañar a Bonasso en el recuerdo, mi función
como cronista consistía en ir a comprar pizza
para los directores, los jefes de redacción. Era
un tiempo donde una noticia duraba,
tranquilamente un año. Esta es la realidad.
Aparecía la noticia, salía en el diario, la
radio lo decía un poquito y después se iba al
café de la esquina donde se reunía la gente en
pijama y zapatillas de paño, y se charlaba un
poco en la vereda. Y aguantaba tranquilo un año.
Y no la jodan. Hoy, lo agarran a un tipo en la
radio a las 6 de la mañana, lo arrancan de la
cama para que salga por el teléfono, el tipo
babeado, con un olor que menos mal que es radio,
con ese aliento a oso, que uno tradicionalmente,
no quiero ofender a nadie, yo tengo a esa hora y
esta obligado a contar lo que pasó, sea
político, funcionario o un tipo que vio un robo,
con coherencia y a sacar conclusiones.
Porque el periodista le
pregunta: "¿Y usted qué piensa?". Y
el tipo lo único que quiere es en tomarse un
café y hacer algo por él y no por la
ciudadanía. Esto arranca a las 6 de la mañana,
esto qué quiere decir, que esa noticia a la
tarde, si uno la sigue exprimiendo, es una
efeméride, ya no es una noticia, ya cumplió
como doce horas. Al otro día está en Volver. Yo
creo haber visto la renuncia de Chacho en Volver.
Díganme la verdad, ¿no les parece una cosa
viejísima la renuncia de Chacho? Con lo que eso
significó, el cagazo que nos dio, con qué
cagazo tapamos ese cagazo? Esta es la cosa
terrible de si inventamos la noticia o es la
realidad. ¿Pasan tantas cosas de verdad? ¿Pasan
tantas cosas importantes de verdad, o estamos en
una producción que no podemos controlar de
información todo el tiempo? Piensen en un
trabajador nato, un movilero de una radio. Un
tipo que está obligado a resolver problemas de
tan diferente especie que se convierte en un
monstruo, porque tiene que responder, atacar,
cubrir y obtener de cada lugar y de cada
información, en lo posible algo espectacular.
Esto se parece bastante a inventar una noticia.
Yo no digo que no sea cierto que Roger le haya
tomado el vaso de agua a Menem.
¿En que detalles tenemos
que detenernos porque hay que decir algo
original? Diferente a que Menem llegó temprano y
parecía una pantera. Está bien, me parece que
estamos generando mucha información. Pero como
hizo Primera Plana en su momento, que agregó al
vocabulario común de las personas --se
calculó-- alrededor de mil palabras nuevas.
Vamos a tener que introducir al vocabulario más
cosas para ver si por ahí tenemos que fijarnos
en detalles tan poco importantes, por lo menos
tratemos de que sea una hermosa novela. Porque
remito lo que decía antes: yo no creo que
podamos soportar esta cantidad de información
que nos quiebra, que nos deprime como si nos
faltaran motivos y nos hace perder de vista qué
es lo importante. Es cierto, como dice Abraham,
que hace falta gente que nos explique lo que
pasa, pero esto ocurre porque pasan o nos cuentan
que pasan tantas cosas que es imposible poder
determinar qué es importante y qué no. Porque
además tampoco el analista, si es alguien que lo
tiene, le va a dar bola a toda esa cantidad de
boludeces. Y los amigos están preocupados en
batir récord de vueltas al parque 3 de febrero y
entonces uno queda solo con esa información.
Hablé de los movileros;
voy a hablar de los oyentes que son encarados en
la calle. Los oyentes están de alguna manera
estimulados para opinar y para sacar
conclusiones. Esto no me parece mal, pero agrega
más información a toda la información que hay.
Con un riesgo, que voy advirtiendo es que ya hay
funcionarios y políticos que trabajan sobre los
mensajes que se reciben en los programas.
Entonces empiezan llamados que vienen de algunas
parroquias o de algunos despachos y mensajes que
uno boludamente lee a primera vista y se da
cuenta que le está haciendo prensa a alguien y
viene disfrazado de mensaje de un oyente que
quiere y aprecia en su colaboración.
Pero fíjense que cada
tanto aparece una oleada. Había humor sobre el
presidente y empezaron a aparecer un montón de
mensajes los últimos días cuando comenzó a
aparecer el tema de Tinelli, de gente que observa
que le están faltando el respeto a la
investidura. Ese es otro tema que podemos
discutir, pero a mí me llamaron la atención
esas pequeñas oleadas. Todo eso suma a la
información y uno pierde de vista cuál era la
información. Eso es lo que ocurre en la radio, y
les doy un ejemplo. Si uno sospecha que le
inventan información o no. Hay una prueba que es
muy simple que se puede hacer, es ir a ver un
partido y tener la radio. El que relata ese
partido es otro, no es el que uno está viendo y
si no véalo por televisión y ponga el audio de
una radio; está bien, tienen que dramatizar. Sin
duda un partido de fútbol es mucho más lindo
que un teleteatro porque labura más gente, por
lo menos son 22.
Yo no conozco ningún
teleteatro que tenga 22 participantes divertidos.
En el caso de la televisión que yo estimo es el
chicle del ojo ya a esta altura. Es muy
importante, si no estaría despreciando mi
profesión, la presencia de la televisión, y
sino, pensemos: Bonino, que fue asesinado y no se
tuvieron noticias, después vino el asesinato de
Cabezas donde se empieza a conocer más
información, pero el periodismo no pudo estar en
el lugar cuando apareció la policía y borró
todas las huellas. Después estuvo Ramallo, donde
estaba el periodismo, donde estaba la televisión
y donde fue muy difícil trampear, porque ahí
estaban todos. Por eso hay que buscarle un punto
de equilibrio a esto. Por suerte yo acá termino
mi charla y el punto de equilibrio lo tendrá
Gabetta.
Halperín: Bueno,
vamos a escuchar ahora a Carlos Gabetta. Carlos
tiene una larga trayectoria profesional en
Argentina, en Francia, España y México. Ha sido
director del semanario El Periodista de Buenos
Aires y de Cuatro Semanas y Le Monde
Diplomatique, en Barcelona. Trabajó en la
Agencia France Presse en París. Dicta cursos
sobre periodismo y conferencias sobre asuntos
internacionales en varios países. Y ha publicado
varios libros sobre temas políticos y
culturales. Actualmente es director de Le Monde
Diplomatique, en castellano, edición Cono Sur:
una edición para Argentina, Bolivia, Chile,
Paraguay y Uruguay. Entre los libros publicados
por Carlos Gabetta están: "Argentine, le
diable dans le soleil" y "Argentine,
une culture interdite", en Francia; "La
aldea Babel", "Ser periodista en el
Mediterráneo" y "Argentina, cómo
matar la cultura", en España; y "Todos
somos subversivos", "Qué hacemos con
este país", "La sociedad y la
droga" y "La contaminación
ambiental", en Argentina.
Carlos Gabetta: A
propósito de si los medios hacen o inventan la
información, cierta vez le preguntaron a un
francés, creo que fue Tocqueville, qué opinaba
de los ingleses y él dijo: no tengo opinión
porque no los conozco a todos. Creo que en
relación con los medios podemos decir lo mismo:
hay todo tipo de medios. Hay una prensa
"rosa" (como ustedes saben la revista
Hola solo publica casamientos, divorcios,
noviazgos, bautismos, todo lo que es legal); y
hay una prensa amarilla, que directamente inventa
la información. Hace poco fracasó
estrepitosamente en España la versión en
castellano de una revista alemana de enorme
circulación (vende 4 o 5 millones de ejemplares
por semana), que en la versión en español se
llamaba "Claro". Recuerdo que en su
primer número el título era "Vive desde
hace 5 años con un hacha clavada en la
cabeza", y había un señor sentado que
miraba a la gente, una foto enorme (una media
americana) y tenía efectivamente un hacha
clavada en el medio de la cabeza. Era
extraordinario, porque además tenía el mango.
La información decía que no lo podían operar
porque corría peligro su vida, y yo me
preguntaba, alucinado: ¿por qué no le sacan al
menos el mango?
Quiero decir con esto que
debemos precisar a qué medios nos referimos.
Supongo que todos los que estamos aquí estamos
hablando de medios serios de los que esperamos
mínimamente que nos informen. Entonces acotemos
ahí la discusión. Porque incluso los medios
serios tienen una historia, un desarrollo a lo
largo del tiempo. Algunos medios conservan una
coherencia absoluta, una honestidad trascendental
que los recorre más allá de los errores; me
refiero a la voluntad de ser honestos y lo más
objetivos posibles. Y otros tienen una historia
de altos y bajos. Hace un momento se mencionó
aquí el papel lamentable que cumplieron la mayor
parte de los medios argentinos durante la
dictadura, durante la guerra de Malvinas. Y no
siempre porque estaban obligados a ejercer la
autocensura, porque ya durante la guerra de
Malvinas esto era más laxo. Lo que estoy
tratando de decir es que efectivamente, como dijo
Tomás Abraham, la realidad es extremadamente
compleja, extremadamente difícil. El mundo sigue
siendo tan grande como siempre, pero se ha hecho
infinitamente más pequeño, está
interrelacionado. Todo lo que ocurre nos afecta
de algún modo o debería afectarnos, por eso
necesitamos saber. Entonces, como justamente la
realidad es compleja, como cada uno ve la
realidad a su manera, la función de los medios
es organizar la información de algún modo.
Necesitamos creer en algo, creer en la
profesionalidad y en las buenas intenciones y en
la buena voluntad de quien nos ofrece, de quien
nos reúne, selecciona, organiza, contextualiza
la información, del mismo modo que cuando vamos
a la escuela o la universidad creemos en nuestros
maestros.
Esta es una prueba de
todos los días. Los medios están hechos por
seres humanos; se equivocan, van, vienen, cambian
de dueño, cambian de plantilla periodística,
evolucionan y es el deber de los ciudadanos estar
atentos a ver qué le da, qué servicio le presta
el medio en el que confía. En relación con esta
cuestión yo quisiera señalarles algunas cosas
que están ocurriendo en los medios de
comunicación porque afectan enormemente, más
allá de la intencionalidad de los periodistas y
de la capacidad de absorción de los lectores, la
forma en que se comunica. Se ha dicho que hay una
superabundancia de la información y eso es
cierto. En el siglo XXVIII un hombre normal
recibía a lo largo de su vida media docena de
informaciones, de novedades, que venían de
afuera, que trascendían su aldea.
Hoy un individuo normal,
urbano o rural, recibe algo así como 2 mil
estímulos informativos por día. Así que
imaginen ustedes el enorme esfuerzo de selección
que hay que hacer para determinar qué es lo que
realmente nos importa, qué es lo que realmente
nos interesa y sobre todo en qué creemos y en
qué forma lo creemos. Ahí es donde los medios
de comunicación adquieren una importancia
enorme, pues la elección que hacemos de los
medios de comunicación a través de los cuales
nos informamos es decisiva en nuestra vida: con
la información global que recibimos educamos a
nuestros hijos, compramos, votamos, viajamos,
planeamos nuestras vacaciones... todo está hecho
en función de la información mejor o peor, más
veraz o menos veraz que recibimos.
¿Cuáles son estos
fenómenos objetivos que creo que hay que
enumerar? Por un lado la abundancia de
información; por otro, la concentración de los
medios de comunicación, que tiene que ver con un
fenómeno de desarrollo técnico. Ustedes habrán
oído hablar de las autopistas de la
información... tan importantes son que el
presidente Clinton designó a su vicepresidente
Al Gore para que se ocupara de desarrollar las
autopistas de la información de Estados Unidos
¿Qué es una autopista de la información? Es un
sitio donde confluyen 3 elementos que hasta ahora
venían separados: la televisión, el teléfono y
la computadora. Ustedes habrán visto que estos
tres elementos tienden cada vez más a ser uno
solo; ahora hay teléfonos donde recibimos
mensajes de mail, hay televisores donde
escuchamos música. En una palabra: hay un
aparato ahora que hace las veces de televisor, de
computadora y de teléfono. La computadora es la
memoria y el procesador; la pantalla es el visor
y la línea telefónica, inalámbrica o no, es la
transmisora. Todo esto tiende naturalmente a
fusionar todas las industrias que estaban
detrás: se fusionan industrias electrónicas,
telefónicas de la información, del
entretenimiento, de la publicidad, etc.
Otro fenómeno a
considerar, también producto de desarrollos
tecnológicos, es la transmisión de información
en tiempo real. Hasta hace 30 0 40 años, cuando
íbamos de corresponsal a algún sitio
acompañados de un fotógrafo, lo primero que
hacíamos al llegar era preguntar dónde estaba
la oficina de télex, mientras el fotógrafo iba
al aeropuerto a ver a qué hora salía un avión
para Buenos Aires, así podía mandar un rollo
con algún pasajero. Luego, a rogar que el télex
funcionara, que estuviese abierta la oficina, que
no hubiese cola, que el avión saliese a
horario...
Hoy un señor con un
teléfono inalámbrico y una antena de
televisión, puede transmitir imagen y sonido en
tiempo real desde cualquier parte a cualquier
parte del mundo. El tiempo real quiere decir que
nosotros, una porción importante y cada vez
mayor de las informaciones que recibimos, las
recibimos prácticamente en el momento en que
están ocurriendo. Y esto significa que la
función del periodista va desapareciendo. La
función del individuo que elegía de una masa de
informaciones aquellas que él entendía que iban
a interesar a su público, que luego las
contextualizaba tratando de responder a las cinco
preguntas importantes que se hace cualquier
periodista: qué, quién, cuando, dónde, cómo y
si es posible porqué... esa función ha
cambiado.
Ahora el periodista se va
convirtiendo en un simple sostenedor de
micrófonos o en el mejor de los casos, de
camarógrafo. Porque el espectador que está del
otro lado ve lo que pasa en el momento que pasa.
Esto ha dado lugar a errores garrafales del
periodismo mundial y da lugar a todo tipo de
manipulaciones. La Guerra del Golfo es uno de los
mejores ejemplos; el asunto fue la masacre de
Timisoara en Rumania es otro. La pregunta que
debemos hacernos es: ¿ser testigo de un
acontecimiento significa que lo entendemos?
Tomás Abraham dijo al principio que cada uno ve
la realidad de distinta manera. En un paisaje
algunos ven un árbol, otros no ven un árbol
sino una palmera, otros no ven ni el árbol ni la
palmera, ven una mariposa posada en una rama. La
realidad entonces es variada. Akira Kurosawa
muestra en la película Rashomon a cinco testigos
de una misma violación y los cinco vieron cosas
diferentes. Ser testigo de un acontecimiento no
significa comprenderlo. Este fenómeno, sumado al
de la concentración de medios, que hace que cada
vez más la información y el entretenimiento y
la publicidad se confundan, se mezclen... ha
alterado mucho el esquema informativo. Antes, una
información para ser buena, para ser
transmisible, tenía que cumplir dos requisitos:
ser verdadera y ser verificable. En cambio, lo
que hoy se le pide en general a los periodistas
es que la información sea entretenida. Este es
un cambio cualitativo importantísimo. Pero todo
tiene que ver con este fenómeno, con que la
fusión de distintos elementos técnicos que
conllevan la fusión de empresas de publicidad,
de entretenimientos, de empresa de
investigación, que va haciendo de todo esto un
paquete donde cada vez es más difícil
distinguir la información de todos los otros
elementos, del entretenimiento, de la publicidad,
de la propaganda.
Antes de terminar quiero
decirles que en uno de sus libros de historia,
Eric Hobsbawm establece el nacimiento de la
publicidad en la segunda mitad del siglo XIX,
cuando la masiva incorporación de las masas a la
vida democrática hacía cada vez más difícil
la transmisión del mensaje político, es decir,
de captar a esas masas para que votaran. La
publicidad aparece en ese momento. No se trataba
entonces ya de buscar los medios racionales para
convencer a mucha gente, sino que aparece la
publicidad, no como una forma de convencer sino
de entretener, de atraer de una manera más
demagógica, en definitiva, de mentir para que la
gente se adhiera o suscriba a una u otra
corriente política.
Halperín: Bueno,
nos toca ahora escuchar a Jorge Sigal. Jorge es
jefe de redacción de 3 Puntos, es el máximo
responsable periodístico de la revista. Fue
editor de la sección Ideas del desaparecido
diario Perfil, fue jefe de redacción de la
revista Gente, y por último fue jefe de la
edición dominical de Página/12.
Jorge Sigal: Bueno,
efectivamente el tema es muy abarcativo. Yo
coincido con un par de cosas que se dijeron acá
y voy a tratar de circunscribirme a mi
experiencia que por supuesto no es teórica, no
es de un especialista en medios de comunicación,
es la de un periodista que trabaja desde hace
quince años en los medios. Yo creo que
efectivamente hay una sobreabundancia de
información. Lo que decía Castelo yo lo sentía
en carne propia y en alguna oportunidad, con
estudiantes de periodismo, los invité a hacer
una experiencia que les recomiendo. Que es
agarrar todas las mañanas los diarios, porque ya
no es solo un problema de televisión, de radio,
de bombardeo permanente de información: es
cuestión de agarrar los diarios.
Y uno se va a encontrar
con sorpresas. Salvo que haya un cataclismo, o
renuncie un vicepresidente, cosa que puede pasar,
la mayoría de los diarios titulan de manera
diferente. La pregunta es ¿cuál es la
información del día? Es un ejercicio fácil, y
es muy difícil de responder. Para cada diario
una realidad diferente, para cada diario lo que
está pasando es distinto. Yo estoy plagado de
dudas con respecto al rol de los periodistas, me
encantaría tener certezas, pero tengo más dudas
que certezas. La figura que más se aproximó a
lo que hacemos nosotros, los periodistas, o a los
que por lo menos tenemos algún nivel de
responsabilidad en la edición periodística, es
justamente editar lo que consideramos la
realidad. Ustedes no sé si saben qué hace un
editor; es el tipo que decide que noticia va,
como va, cuál va primero, cual va segundo, qué
título lleva, hace el sumario, pone la foto; eso
es la edición. En realidad todos estamos
editando la realidad según nuestras ideas. Y
ahí entran a pesar factores que creo que sería
deshonesto eludir, porque creo que nos involucran
a todos, incluidos aquellos que hacemos un
esfuerzo por la neutralidad o por la presunta
neutralidad de la información. Todos editamos la
realidad. Todos vemos la realidad de una manera
diferente. Aun así, creo que la sobreabundancia
de la información es más sana que la
limitación de información.
Y creo que la
sobreabundancia y aun la anarquía de
información, en la cantidad, es mejor que la
regulación de la información. Y voy a dar
algunos ejemplos de cómo no es tan fácil
manejar la realidad --si es que existe esta
realidad-- a piacere. Y los ejemplos son de
nuestra vida cotidiana: no ha habido gobierno que
cuente con más beneplácito de un medio durante
tanto tiempo como este gobierno con el diario
Clarín, el diario de mayor circulación de la
Argentina, el diario que monopoliza buena parte
de los medios de información de la Argentina.
Sin embargo, a pesar de los títulos del diario
Clarín, el gobierno no puede mejorar su imagen.
La pregunta es ¿cómo esto es posible? A pesar
del optimismo de Clarín, por ahí había un
graffiti en Palermo que decía "Nos están
meando y Clarín dice que llueve".
Cómo es posible que a
pesar de esta realidad construida e influyente,
la opinión pública no se vuelque a favor del
gobierno y se debilite por ejemplo la imagen
presidencial, a pesar de estos títulos como el
que leía hoy Miguel. Esto genera una serie de
preguntas que, yo creo, nosotros estamos
obligados a hacernos porque involucra otros
temas. Como si la mayoría de los periodistas y
los generadores de opinión, sobre todo aquellos
que --presumimos-- son honestos y tienen
independencia periodística, son en general
democráticos, cómo es posible que el mensaje
que más penetra en este momento sea el mensaje
de Hadad y que a todos nos asuste el mensaje de
Hadad. Porque sería muy fácil si Magdalena
Ruíz Guiñazú piensa distinto que Hadad, si
Mariano Grondona hoy piensa aparentemente
diferente que Hadad, si el diario Clarín no
titula como titula Hadad los noticieros. ¿Por
qué el 64% aparentemente de la personas de esta
sociedad está a favor de la mano dura? Creo son
preguntas obligadas que nos tenemos que hacer.
Nosotros los periodistas trabajamos con la
realidad que tenemos y trabajamos con la realidad
de acuerdo a lo que podemos. Acá se decía que
para informar hoy tenemos que divertir.
Yo diría, nosotros hemos
conocido en el último tiempo, una cuestión que
antes era ajena a un periodista: no sólo tenemos
que entretener, nosotros tenemos que vender. La
información es una mercancía y hay que
venderla. Y esto corre para el diario Clarín,
para el periodista del diario Clarín que va a
buscar la primicia y que lo aprietan para que
consiga la primicia o el movilero que va a buscar
la información y que tiene que hacer esa sarta
de preguntas que a veces uno se pregunta cómo
puede ser que el pobre pibe tenga que ser
sometido a semejante cosa. Pero él tiene que ir
a buscar cosas vendedoras, generar tensión. Que
el público lo siga y éste es un dilema que
nosotros tenemos planteado y que no tenemos
respuestas.
Porque si no sería más
fácil desde el punto de vista de aquellos que
todavía consideramos que hay un espacio para
pelear por cierta neutralidad. Que cuando yo
hablo de neutralidad es porque obviamente
desconozco la objetividad, no existe la
objetividad.. Por lo tanto, lo más honesto que
puede hacer un periodista es tratar de
preguntarse, neutralmente cuando va a la fuente
de información, qué es lo que está pasando.
Este al menos es el esfuerzo que nosotros
hacemos, después vienen la interpretación que
todos hacemos y que es legítimo hacer. Y que
cada medio tiene que hacer y la gente en
definitiva es la que selecciona, elige y, como
decíamos al principio, por lo visto la
selección no es tan automática.
No es que hay un cerebro
que planifica y la gente obedece. Sino insisto,
pregúntenle al gobierno, que lleva puestos cinco
voceros, tratando de explicar que el problema que
tienen es un problema comunicacional. No tiene un
problema comunicacional, tienen un problema con
la realidad. Entonces lo sacan a Lopérfido, lo
ponen Ostuni, lo sacan a Ostuni, lo ponen a
Baylac, dejan a Baylac pero habla Gallo, habla
Lombardo y se arma un enriedo bárbaro porque en
realidad el problema que tiene lo tiene con los
acontecimientos y no con la transmisión de la
información. Me parece que son los temas para
pensar y que nos plantean un gran desafío: que
es cómo podemos contribuir desde lo que
consideramos una prensa independiente, una prensa
que lucha contra esta tremenda concentración de
medios que hoy existe. Que va cavando trincheras
entre medio de la concentración de medios..
Cómo hacer para aportar, no a la confusión
general, sino a determinar lo que es importante
de lo que no es importante. Con esa sola misión
nosotros nos daríamos por satisfechos.
Halperín: La
imagen más obvia al cabo de cinco tan buenas
exposiciones es la de hablar de un prisma. Pero
realmente me parece que nunca más aplicable que
ahora para mostrar cuántas formas de abordar el
tema de la mesa de hoy. Incluso una cosa que
decía Jorge me suscitaba la cuestión de que
entre los muchos condicionamientos que se
mencionaron hoy acá también esto muestra cómo
nosotros estamos operando en esta sociedad con
esta cultura, no estamos ajenos a ella ni a todos
sus problemas. Y uno no puede informar más allá
de lo que también la sociedad quiere escuchar.
Eso también es otro factor para tener en cuenta.
*
Textos completos de las exposiciones del
debate "Los medios: ¿reflejan la realidad o
la inventan?", del que participaron Tomás
Abraham, Miguel Bonasso, Adolfo Castelo, Carlos
Gabetta, Jorge Sigal y Jorge Halperín
(coordinador). Realizado el 27 de junio de 2001en
el Centro Cultural General San Martín, en Buenos
Aires, Argentina, con la asistencia de 500
personas.
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