Medios de comunicación y
gobernabilidad
¿Por
qué un Observatorio de Medios para Colombia?
Germán Ortiz Leiva *
El
preocupante y cada vez más penetrante
escepticismo hacia los medios masivos de
comunicación de Colombia, unido a una aparente
desestimación de los diversos sectores sociales
por considerar las empresas informativas como
reproductoras e incluso causantes de una
violencia social desbordada, ha impulsado a
diversas instancias del país, como en el caso de
la Facultad de Comunicación Social y Periodismo
de la Universidad de La Sabana, a fortalecer
espacios de estudio y análisis para conocer
cómo laboran y qué rutinas periodísticas
manejan los comunicadores al interior de salas de
redacción de periódicos y estaciones de radio y
televisión, para entender el efecto mediático
político y social, y sus consecuencias en la
guía democrática de la comunidad.
Las
crisis diversas que se aluden al interior de los
medios, se evidencian entre otras formas por
ejemplo, cuando el país ocupa por octava vez
consecutiva el primer lugar en el número de
periodistas asesinados en el mundo. Cuatro de
ellos fueron abatidos en 1998 en el ejercicio de
su profesión o por sus opiniones, y tres más
asesinados sin que se conozcan aún las razones.
En diez años en Colombia han sido asesinados
cuarenta y siete periodistas. Por lo general, la
responsabilidad de estos crímenes incumbe a las
guerrillas, a los grupos paramilitares o a
agentes ilegítimos en nombre del Estado.
Por
otro lado, y en diversos estudios de opinión
pública, se denota una crítica a la calidad de
la información que en general presentan todas
las empresas informativas del país y en
particular cuando se trata de violencia y
terrorismo. Al respecto y con relación al
proceso de paz llevado a cabo con las guerrillas
de comienzos de los años ochenta, ya se
reconocía que en lo referente al desarme de los
espíritus como deber primordial de la prensa y
en el momento señalado, se consideraba que su
contribución no siempre se vio alinderada en el
costado de los defensores del proceso.
Son
apenas algunos elementos que matizan un viejo
debate que no es exclusivo de Colombia, pero que
indudablemente afecta a un país como el nuestro,
en donde el libre ejercicio de informar en torno
de sus problemáticas, se convierten en
imprescindibles por cuanto su sistema
democrático se sustenta precisamente en el
conocerse y conocer sus asuntos al interior de la
sociedad y en el ver cómo se intentan resolver
por cuenta de los dirigentes con la anuencia de
la participación del ciudadano corriente.
En
este sentido, la comunidad académica de la
Facultad de Comunicación Social de la
Universidad de La Sabana, está convencida de la
urgente necesidad de entrar a pensar diversas
opciones para mejorar los estándares
informativos y la calidad profesional de
directores de medios, redactores y reporteros
quienes tienen la obligación profesional de
informar sobre lo que está pasando. Por eso,
desde el cuatro de noviembre del año pasado,
convocó a los directores de medios a firmar un
acuerdo que de alguna manera recogía distintos
principios, para tenerse en cuenta en las
informaciones generadas alrededor de la guerra
que se libra en Colombia.
Este
pacto denominado Acuerdo por la Discreción, fue
el resultado de una propuesta base hecha por el
cuerpo de profesores de la Facultad a los
distintos medios, para que al interior de ellos
la reflexión final dejara plasmado un convenio,
con el compromiso de cumplirse en procura de
mejorar la calidad informativa y la credibilidad
en la tarea profesional del periodismo
colombiano.
Comunicación
y violencia: dos términos en contraposición
Viejo
es el debate acerca del papel socializador de los
medios de comunicación, el cual se equipara en
importancia al que cumplen de igual manera la
familia y la escuela. De ahí que se afirme que
los medios masivos de comunicación antes que
informadores de los hechos, son formadores de
opinión pública, lo que admite un alto
compromiso social.
Conscientes
de la rudeza que envuelve los hechos de violencia
en Colombia y la incidencia que ello supone en el
manejo de los contenidos periodísticos, hemos
decidido trabajar de manera permanente desde la
Academia, en la consolidación de la llamada
responsabilidad y objetividad periodísticas,
entendidas en primer lugar como la información
como valor social y público cuya responsabilidad
radica directamente en la tarea del informador, y
la segunda no sólo como la transmisión de
hechos y opiniones de los actores involucrados en
el conflicto, sino también como el interés del
periodismo por desarrollar un contexto que
desborde la simple facticidad de la compleja
realidad nacional colombiana.
De
ahí que la Constitución Política colombiana
reconozca en su capítulo de derechos
fundamentales, el de informar y recibir
información, veraz e imparcialmente. Se alude
también al de la responsabilidad social en el
oficio, al mismo tiempo que se aclara que no
hará censura. En gran medida se conserva la idea
de la constitución anterior de 1886 en el
principio constitucional de que la libertad de
prensa coexiste con el sentido de
responsabilidad.
En
este punto vale la pena recordar la
recomendación más importante de la Comisión
Hutchins sobre la Libertad de Prensa creada en
los Estados Unidos en 1947: "ya no es
bastante informar verdaderamente sobre el hecho.
Ahora es necesario informar sobre la verdad del
hecho". En Colombia desgraciadamente por el
afán por mantener audiencia, se ha conducido a
medios y periodistas a ser víctimas directas del
"síndrome de la chiva". En muchas
ocasiones el tiempo para emitir la información
dentro del medio es tan corto e inaplazable, que
no hay espacio para su reflexión y medición del
posible impacto al interior de la comunidad. De
ahí que rumores e informaciones infundadas
llevadas al conocimiento de la opinión pública,
vayan en detrimento del buen funcionamiento
profesional de las empresas informativas
colombianas y de la propia calidad de vida de los
colombianos.
En
un momento como el que vive hoy el país, con uno
de los índices más altos de violencia ciudadana
sobre el planeta, el papel de los medios
de comunicación como morigeradores o
exacerbadores de los estados de ánimo, es
fundamental. Por eso es necesario para directores
de medios y reporteros, tener criterios claros y
profesionales sobre las transmisiones en directo,
en particular las relacionadas con orden
público, porque el tremendismo que puede desatar
la propia naturaleza de los hechos, origina mayor
desconcierto y confusión, de una opinión muy
vulnerable a las acciones violentas y a la
incapacidad del Estado por contenerlas.
En
particular muchos de los actos llevados a cabo
por los actores armados, son realizados para
llamar la atención de los distintos sectores de
la opinión pública. En este sentido, los medios
de comunicación en determinado momento, se
convierten en el más efectivo canal de
propaganda de quienes desafían abiertamente la
presencia del Estado y su uso legítimo de la
fuerza.
La
interrupción de las emisiones regulares para dar
boletines de última hora con informaciones
"blandas" con la idea de convertirlas
en noticias "duras", alimenta la
incertidumbre que se percibe en el ciudadano
agobiado por la cantidad de información en
muchos casos violenta, que se genera en el país.
Por
su parte, la permanente sobredimensión de los
hechos, que conforman parte de la espiral de
noticias negativas que envuelven de manera diaria
a los colombianos, afecta negativamente el propio
compromiso de los medios por informar. El suceso
de hoy, es más grave que el de la semana pasada,
y quizás menos que el de los próximos días.
Esto oculta paradójicamente la gravedad misma de
los hechos y produce, un efecto contrapuesto al
compromiso de la sociedad por resolver sus
asuntos. De esta manera, los hechos
periodísticos caen corrientemente, en algo así
como en una "consciencia de olvido".
Un
Observatorio de Medios para Colombia
Nadie
pone en duda la importancia que tienen los medios
de comunicación en las sociedades
contemporáneas. A través de ellos se adquiere
la mayoría de la información que conforma el
conocimiento, recurso básico en la sociedad
contemporánea. Es por su conducto que se
realizan hoy las grandes operaciones económicas;
y, en periodos de crisis de las instituciones
sociales tradicionales básicas, ellos aparecen
en no pocas ocasiones como centro de la sociedad,
pues la información se presenta en la actualidad
como rectora de las decisiones en casi todas las
esferas sociales.
Lo
anterior, aunado a la acumulación de nuevas
técnicas de almacenamiento y distribución de
informaciones, ha multiplicado el consumo de los
medios de comunicación para toda clase de
usuarios, que de manera gradual evolucionan de
receptores masivos a espectadores individuales
que eligen particularmente los servicios. Una
correcta elección, en medio del diluvio
informativo, es consecuencia de diversos
factores, pero entre ellos puede ser determinante
la guía que ofrezcan los resultados de un atento
y cuidadoso seguimiento evaluativo del trabajo de
los medios de comunicación, como el que efectúa
un observatorio precisamente de medios.
Los
medios pertenecen mayoritariamente a empresas
privadas cuyas decisiones responden de modo
legítimo a los designios de sus accionistas o
representantes. No obstante, los medios, en su
función informativa, constituyen un servicio
público, con garantías y privilegios
específicos previstos en varios artículos de la
Constitución, que presuponen imperiosas
contrapartidas en materia de deberes y
responsabilidades de los comunicadores y de las
empresas informativas.
El
Observatorio busca contribuir a establecer
parámetros que sirvan para verificar el
cumplimiento de esos deberes periodísticos que
incentivan la convivencia ciudadana y el
funcionamiento de la sociedad dentro de un orden
conveniente. En una democracia participativa, es
decir, aquella que integra un conjunto de
organizaciones y comunidades con el fin de
incidir en la toma de decisiones y en la
definición y el control de las políticas
públicas, el Observatorio puede constituirse en
un auténtico mediador entre medios y sociedad,
aumentando un espacio social, hasta ahora
prácticamente vacío, pues la ciudadanía ha
sido convertida en un conjunto de consumidores
representados de modo ficticio por sondeos de
opinión que emplean muchas veces metodologías
cuantitivas, necesariamente reduccionistas, y con
matices que muchas veces no representan los
valores sociales más importantes de la
comunidad.
Construir
la gobernabilidad a través de los medios
Aunque
no es el objeto de este ensayo tratar de manera
directa el asunto de la gobernabilidad y sus
implicaciones, en las decisiones políticas de
gobernantes y líderes sociales, es necesario
aludir a varios aspectos que comprometen el papel
y la función social de los Mass Media.
Hasta
hace unas décadas a los medios masivos de
comunicación acaso se les reconocía un papel
intermediador entre realidad social y comunidad.
Sin embargo, y con el paso de las diversas
investigaciones sobre fenómenos de masas, ese
papel se ha desplazado hasta el punto de darle a
los mismos, una tarea de gran relevancia social,
porque son ellos quienes actúan en el marco del
sistema social, como reguladores e
intermediadores de la información que se
necesita para el funcionamiento del sistema en
general. En otras palabras, cambios y
transformaciones sistémicas, solo se pueden dar
a través de un flujo claro y sin ruidos de la
información, llámese del conocimiento, del
reconocimiento, que los medios masivos de
comunicación social puedan hacer de su propia
comunidad.
Si
ha comienzos de los años ochenta en Europa se
inician los estudios de gobernabilidad para
repensar el tamaño y la función del estado
benefactor clásico, y de esta manera mejorar su
capacidad de guía y liderazgo al interior de sus
sociedades políticas, hoy se hace necesario ver
cómo los medios reproducen y en muchos casos
generan espacios de convivencia distintos, en los
cuales la legitimidad y aceptabilidad de la
comunidad serán necesarias para el buen
funcionamiento del régimen y el logro de metas
que beneficien a la mayor cantidad de ciudadanos.
Es
un asunto que apenas comienza a tener sentido
para los académicos en muchos lugares del mundo.
Es la verdadera dimensión de lo que se ha dado a
llamar la Sociedad de la Información. En la cual
y para una complejidad de entendimiento mayor, la
noción de comunicación abarca una multitud de
sentidos. La proliferación de las tecnologías y
la profesionalización de las prácticas no han
hecho sino sumar nuevas voces a esta polifonía
en un final de siglo que hace de la comunicación
la figura emblemática de las sociedades del
tercer milenio.
ACUERDO POR LA DISCRECION
Sobre la difusión de hechos
violentos
Conscientes
de la responsabilidad social de nuestro oficio,
los profesionales de los Medios de Comunicación
de Colombia nos comprometemos con este Acuerdo
por la Discreción, porque queremos contribuir al
logro de la paz, al respeto de la vida y a la
búsqueda del bien común.
- El cubrimiento informativo
de actos violentos - ataques contra las
poblaciones, masacres, secuestros y
combates entre los bandos- será veraz,
responsable y equilibrado. Para cumplir
con este propósito, cada medio definirá
normas de actuación profesional que
fomenten el periodismo de calidad y
beneficien a su público.
- No presentaremos rumores
como si fueran hechos. La exactitud, que
implica ponerlos en contexto, debe primar
sobre la rapidez.
- Fijaremos criterios claros
sobre las transmisiones en directo, con
el fin de mejorar la calidad de esa
información y evitar que el medio sea
manipulado por los violentos.
- Por razones éticas y de
responsabilidad social no presionaremos
periodísticamente a los familiares de
las víctimas de hechos violentos.
- Estableceremos criterios
de difusión y publicación de imágenes
y fotografías que puedan generar
repulsión en el público, contagio con
la violencia o indiferencia ante ésta.
- Respetaremos y
fomentaremos el pluralismo ideológico,
doctrinario y político. Utilizaremos
expresiones que contribuyan a la
convivencia entre los colombianos.
Preferimos perder una noticia
antes que una vida
(Fue firmado en su momento por 35
directores de medios de todo el país,
en Santafé de Bogotá, noviembre 4 de 1999.)
*
Germán Ortiz Leiva es periodista,
especializado en Derecho Constitucional.
Magíster en Relaciones Internacionales.
Actualmente es jefe de área Opinión Pública y
Comunicación Social de la Universidad de La Sabana. Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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