Conferencia Hemisférica sobre
Libertad de Expresión
Declaración
de Chapultepec
Esta
conferencia celebrada en el Castillo de
Chapultepec, que congregó a líderes políticos,
escritores, académicos, abogados
constitucionalistas, directores de periódicos y
ciudadanos de toda América, fue el resultado de
más de un año de trabajo en el que se
examinaron los desafíos y presiones sobre la
libertad de expresión y la libertad de prensa en
las democracias del hemisferio. La declaración
contiene diez principios fundamentales necesarios
para que una prensa libre cumpla su papel
esencial en la democracia. Ha sido suscrita y
endosada por jefes de Estado, prominentes
líderes y ciudadanos, y organizaciones tanto del
norte como del sur.
Preámbulo
En el umbral de un nuevo milenio, América puede
ver su futuro afincada en la democracia. La
apertura política ha ganado terreno. Los
ciudadanos tienen mayor conciencia de sus
derechos. Elecciones periódicas, gobiernos,
parlamentos, partidos políticos, sindicatos,
asociaciones y grupos sociales de la más variada
índole, reflejan más que en ningún otro
momento de nuestra historia las aspiraciones de
la población.
En el ejercicio democrático, varios logros
suscitan el optimismo, pero también aconsejan la
prudencia. La crisis de las instituciones, las
desigualdades, el atraso, las frustraciones
transformadas en intransigencia, la búsqueda de
recetas fáciles, la incomprensión sobre el
carácter del proceso democrático y las
presiones sectoriales, son un peligro constante
para el progreso alcanzado. Constituyen también
obstáculos potenciales para seguir avanzando.
Por todo ello, es deber de quienes vivimos en
este hemisferio, desde Alaska hasta Tierra del
Fuego,
consolidar la vigencia de las libertades
públicas y los derechos humanos.
La práctica democrática debe reflejarse en
instituciones modernas, representativas y
respetuosas de los ciudadanos; pero debe presidir
también la vida cotidiana. La democracia y la
libertad, binomio indisoluble, sólo germinarán
con fuerza y estabilidad si arraigan en los
hombres y mujeres de nuestro continente.
Sin la práctica diaria de ese binomio, los
resultados son previsibles: la vida individual y
social se trunca, la interacción de personas y
grupos queda cercenada, el progreso material se
distorsiona, se detiene la posibilidad de cambio,
se desvirtúa la justicia, el desarrollo humano
se convierte en mera ficción. La libertad no
debe ser coartada en función de ningún otro
fin. La libertad es una, pero a la vez múltiple
en sus manifestaciones; pertenece a los seres
humanos, no al poder.
Porque compartimos esta convicción, porque
creemos en la fuerza creativa de nuestros pueblos
y porque estamos convencidos de que nuestro
principio y destino deben ser la libertad y la
democracia, apoyamos abiertamente su
manifestación más directa y vigorosa, aquella
sin la cual el ejercicio democrático no puede
existir ni reproducirse: la libertad de
expresión y de prensa por cualquier medio de
comunicación.
Los firmantes de esta declaración representamos
distintas herencias y visiones. Nos
enorgullecemos de la pluralidad y diversidad de
nuestras culturas, y nos felicitamos de que
confluyan y se unifiquen en el elemento que
propicia su florecimiento y creatividad: la
libertad de expresión, motor y punto de partida
de los derechos básicos del ser humano.
Sólo mediante la libre expresión y circulación
de ideas, la búsqueda y difusión de
informaciones, la
posibilidad de indagar y cuestionar, de exponer y
reaccionar, de coincidir y discrepar, de dialogar
y confrontar, de publicar y transmitir, es
posible mantener una sociedad libre. Sólo
mediante la práctica de estos principios será
posible garantizar a los ciudadanos y grupos su
derecho a recibir información imparcial y
oportuna. Sólo mediante la discusión abierta y
la información sin barreras será posible buscar
respuestas a los grandes problemas colectivos,
crear consensos, permitir que el desarrollo
beneficie a todos los sectores, ejercer la
justicia social y avanzar en el logro de la
equidad. Por esto, rechazamos con vehemencia a
quienes postulan que libertad y progreso,
libertad y orden, libertad y estabilidad,
libertad y justicia, libertad y gobernabilidad,
son valores contrapuestos.
Sin libertad no puede haber verdadero orden,
estabilidad y justicia. Y sin libertad de
expresión no puede haber libertad. La libertad
de expresión y de búsqueda, difusión y
recepción de informaciones sólo podrá ser
ejercida si existe libertad de prensa.
Sabemos que no toda expresión e información
pueden encontrar acogida en todos los medios de
comunicación. Sabemos que la existencia de la
libertad de prensa no garantiza automáticamente
la práctica irrestricta de la libertad de
expresión. Pero también sabemos que constituye
la mejor posibilidad de alcanzarla y, con ella,
disfrutar de las demás libertades públicas.
Sin medios independientes, sin garantías para su
funcionamiento libre, sin autonomía en su toma
de
decisiones y sin seguridades para el ejercicio
pleno de ella, no será posible la práctica de
la libertad de expresión. Prensa libre es
sinónimo de expresión libre.
Allí donde los medios pueden surgir libremente,
decidir su orientación y la manera de servir al
público, allí también florecen las
posibilidades de buscar información, de
difundirla sin cortapisas, de cuestionarla sin
temores y de promover el libre intercambio de
ideas y opiniones. Pero, cuando con el pretexto
de cualesquiera objetivos se cercena la libertad
de prensa, desaparecen las demás libertades.
Nos complace que, tras una época en que se
pretendió legitimar la imposición de controles
gubernamentales a los flujos informativos,
podamos coincidir ahora en la defensa de la
libertad. En esta tarea, muchos hombres y mujeres
del mundo estamos unidos. Sin embargo, también
abundan los ataques. Nuestro continente no es una
excepción. Aún persisten países con gobiernos
despóticos que reniegan de todas las libertades,
especialmente, las que se relacionan con la
expresión. Aún los delincuentes, terroristas y
narcotraficantes amenazan, agreden y asesinan
periodistas.
Pero no sólo así se vulnera a la prensa y a la
expresión libres. La tentación del control y de
la regulación coaccionante ha conducido a
decisiones que limitan la acción independiente
de los medios de prensa, periodistas y ciudadanos
que desean buscar y difundir informaciones y
opiniones.
Políticos que proclaman su fe en la democracia
son a menudo intolerantes ante las críticas
públicas.
Sectores sociales diversos adjudican a la prensa
culpas inexistentes. Jueces con poca visión
exigen que los periodistas divulguen fuentes que
deben permanecer en reserva. Funcionarios celosos
niegan a los ciudadanos acceso a la información
pública. Incluso las constituciones de algunos
países democráticos contienen ciertos elementos
de restricción sobre la prensa.
Al defender una prensa libre y rechazar
imposiciones ajenas, postulamos, asimismo, una
prensa
responsable, compenetrada y convencida de los
compromisos que supone el ejercicio de la
libertad.
PRINCIPIOS
Una prensa libre es condición fundamental para
que las sociedades resuelvan sus conflictos,
promuevan el bienestar y protejan su libertad. No
debe existir ninguna ley o acto de poder que
coarte la libertad de expresión o de prensa,
cualquiera sea el medio de comunicación.
Porque tenemos plena conciencia de esta realidad,
la sentimos con profunda convicción y estamos
firmemente comprometidos con la libertad,
suscribimos esta Declaración, con los siguientes
principios:
1. No hay personas ni sociedades
libres sin libertad de expresión y de prensa. El
ejercicio de ésta no es una concesión de las
autoridades; es un derecho inalienable del
pueblo.
2. Toda persona tiene el derecho
a buscar y recibir información, expresar
opiniones y divulgarlas libremente. Nadie puede
restringir o negar estos derechos.
3. Las autoridades deben estar
legalmente obligadas a poner a disposición de
los ciudadanos, en forma oportuna y equitativa,
la información generada por el sector público.
No podrá obligarse a ningún periodista a
revelar sus fuentes de información.
4. El asesinato, el terrorismo,
el secuestro, las presiones, la intimidación, la
prisión injusta de los periodistas, la
destrucción material de los medios de
comunicación, la violencia de cualquier tipo y
la impunidad de los agresores, coartan
severamente la libertad de expresión y de
prensa. Estos actos deben ser investigados con
prontitud y sancionados con severidad.
5. La censura previa, las
restricciones a la circulación de los medios o a
la divulgación de sus mensajes, la imposición
arbitraria de información, la creación de
obstáculos al libre flujo informativo y las
limitaciones al libre ejercicio y movilización
de los periodistas, se oponen directamente a la
libertad de prensa.
6. Los medios de comunicación y
los periodistas no deben ser objeto de
discriminaciones o favores en razón de lo que
escriban o digan.
7. Las políticas arancelarias y
cambiarias, las licencias para la importación de
papel o equipo periodístico, el otorgamiento de
frecuencias de radio y televisión y la
concesión o supresión de publicidad estatal, no
deben aplicarse para premiar o castigar a medios
o periodistas.
8. El carácter colegiado de
periodistas, su incorporación a asociaciones
profesionales o gremiales y la afiliación de los
medios de comunicación a cámaras empresariales,
deben ser estrictamente voluntarios.
9. La credibilidad de la prensa
está ligada al compromiso con la verdad, a la
búsqueda de precisión, imparcialidad y equidad,
y a la clara diferenciación entre los mensajes
periodísticos y los comerciales. El logro de
estos fines y la observancia de los valores
éticos y profesionales no deben ser impuestos.
Son responsabilidad exclusiva de periodistas y
medios. En una sociedad libre la opinión
pública premia o castiga.
10. Ningún medio de
comunicación o periodista debe ser sancionado
por difundir la verdad o formular críticas o
denuncias contra el poder público.
La lucha por la libertad de expresión y de
prensa, por cualquier medio, no es tarea de
undía; es afán permanente.
Se trata de una causa esencial para la democracia
y la civilización en nuestro hemisferio.
No sólo es baluarte y antídoto contra todo
abuso de autoridad: es el aliento cívico de una
sociedad.
Defenderla día a día es honrar a nuestra
historia y dominar nuestro destino.
Nos comprometemos con estos principios.
Adoptada por
la Conferencia Hemisférica sobre Libertad de
Expresión, celebrada en México, D.F., el 11 de
marzo de 1994.
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