| Que
también es autor Estimado señor Albarrán:
Me veo
en la obligación de hacerle llegar copia
de la carta que he enviado hace pocos
minutos a su colaboradora, doña Genoveva
Flores, en relación con el árticulo
"El alzamiento indígena de Chiapas
en 1994", publicado en en el Nro.4,
año III, Vol. 2, de marzo de 1999, de su
publicación en línea, Sala de Prensa, del cual he venido a imponerme
recién hace muy poco rato.
Colega Albarrán, no
puedo menos que expresarle mi franca
preocupación por las graves falacias
contenidas en el mencionado artículo, de
las cuales doy cuenta en la carta anexa,
y le pido que tras su lectura y el
intercambio que podriamos mantener por
esta vía para aclarar cualquier duda,
publique usted un desmentido junto con
una excusa pública en virtud de la
gravedad de las ofensas y calumnias con
las que su colaboradora, haciendo fe de
terceros pero sin dignarse a contrastar
su información, ha manchado aquello que,
como para todo periodista, es el bien
más preciado, mi reputación.
Atentamente
Guido Camú Urzúa
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Sra. Genoveva Flores:
El motivo de mi
comunicación previa, donde inocentemente
le sugería contactarme, se debió al
encuentro fortuito con un mensaje suyo en
el chat del Foro de Comunicación Social.
Con él di después de escannear,
advertido, la web por menciones referidas
a mi. Pocos minutos después, di con un
texto suyo publicado por la revista web Sala de Prensa y que según se indica al pie
forma parte de una ponencia presentada en
el II Encuentro de Historiografía de la
UAM-A, y de su eventual tesis de grado.
Al respecto me parece
ineludible señalarle que incurre usted
en una serie de gruesas inexactitudes que
podrían haber sido salvadas si hubiese
tenido la mínima precaución de
consultar, como corresponde a cualquier
periodista serio que encare el reto de
desarrollar una investigación, a todas
las partes involucradas.
No vivo en el
clandestinaje y ubicarme oportunamente,
estoy cierto, no le hubiese demandado
mayor esfuerzo. Por la gravedad de sus
afirmaciones creo que ese esfuerzo era su
mínima obligación.
Sra. Flores, a
diferencia de lo que usted sostiene, si
escribí el libro en cuestión
"EZLN: El ejército que salió de la
selva", por cierto en una
colaboración nunca renegada con don
Dauno Tótoro. Para afirmar esto no solo
me basto con mi palabra. Cuento con mi
personal archivo sonoro donde mantengo a
buen resguardo las entrevistas y
conversaciones que sostuve tanto con
"Marcos" como con el resto de
la comandancia zapatista en el transcurso
del primer semestre de 1994, periodo en
el cual mi colega Tótoro vivió en
Chile, alimentándose, en el marco de un
acuerdo que es por lo demás común entre
mancuernas de reporteros, de los
materiales que mi reporteo había
cultivado en terreno.
Este trabajo de campo
lo desplegué al amparo de mis
obligaciones de aquellos tiempos con el
desaparecido semanario
"Macrópolis", en cuyos
archivos, de haberse tomado usted la
molestia, podría haber reconocido muchos
de los textos, firmados por mí, que
sirvieron más tarde como parte del
sustento del mentado libro.
No pretendo hoy, ni he
pretendido nunca, desconocer el aporte
sustantivo que Tótoro incorporó al
producto que finalmente elaboramos. Sin
duda su mayor experiencia (recordemos que
ha la fecha yo contaba apenas con 21
años) y un innegable dominio
estilístico, sumado a las fortalezas
interpretativas que le sigo reconociendo,
sirvieron para que junto al material
periodístico que produje tras meses de
arduo reporteo, de vencer, en solitario,
las resistencias iniciales de la
dirigencia zapatista, de bregar con los
obstáculos que exige el establecer una
relación de intercambio constructivo de
información con una fuente que era
comprensiblemente recelosa y desconfiada,
pudiésemos al fin contribuir, muy
precózmente, al conocimiento de la
opinión pública respecto de un
movimiento que había despertado tantas
dudas e inquietudes.
Pero usted no se
detiene allí. Además de suscribir la
afirmación que me margina de la autoría
del libro que efectivamente realicé,
asegura algo que es aún más grave y
frente a lo cual me reservo el derecho de
ejercer los procedimientos que la ley
establece para preservar mi honra.
Sostiene temerariamente, nuevamente sin
cumplir con su obligación básica que
era contrastar su información con la
contraparte, o algo tan elemental como
era confirmar el fundamento de su
acusación con la propia casa editorial,
que yo me habría apropiado, en
detrimento del coautor, de la totalidad
de los beneficios económicos devengados
por la edición del texto. Sra. Flores,
no me resta más que señalarle sin
animosidad pero con firmeza, usted
miente, y respecto a una materia a tal
punto delicada, que no me queda más que
poner en tela de duda su capacidad.
Lo triste es que la
cadena de errores que usted valida no se
detiene allí, y de nuevo, bastaba solo
un mínimo esfuerzo investigativo para
evitar el yerro y no manchar su
interesante trabajo de tal profusión de
falsedades. Sostiene en su texto que don
Sandro Cohen, en ese entonces editor de
Planeta, le propone a Tótoro la
realización de un libro que contuviera
"sus" materiales. Sabe usted,
doña Genoveva, Sandro Cohen no es un
hombre inaccesible. Casi estoy seguro que
sigue desempeñándose como catedrático
de la UAM, además de persistir en sus
labores editoriales (ahora en Aljure
& Sansores, si la memoria no me
falla). Sandro es un hambre afable,
sensible, de una rectitud a toda prueba y
transparente como pocos. Su obligatoria y
casi compulsiva lectura le ha provisto de
una memoria prodigiosa.
Si usted hubiera
recurrido a él podría haber escuchado,
de su boca, lo mismo que aquí le
sostengo: el proyecto de libro
"EZLN: El ejército que salió de la
selva" le fue propuesto
originalmente por quien esto suscribe,
quien además, meses más tarde, le
solicitó y obtuvo su anuencia para sumar
al proyecto, que originalmente era
personal y sustentado por mis trabajos
publicados a la fecha, al periodista
Dauno Tótoro. Ve usted, otra afirmación
falaz.
Por todo esto, y porque
creo que más allá de las veleidades
personales que no viene al caso
discurrir, merezco el respeto profesional
que me he ganado ejerciendo el periodismo
desde que tengo 17 años le exijo, de la
manera más vehemente y respetuosa
posible que tenga a bien enmendar sus
dichos.
Entiendo que a lo
mejor, inadvertidamente se ha visto usted
inducida a tomar parte en una rencilla de
tintes personales donde su buena fe ha
sido abusada, pero no estoy yo dispuesto
a pagar con mi reputación las
insuficiencias en las que usted ha
incurrido en el marco de su
investigación.
Atentamente
Guido Camú Urzúa
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Respuesta
de la articulista Estimado Gerardo:
Respecto
a mi artículo "La Urdimebre y la
trama", publicado en Sala de Prensa como primicia de la
investigación que estoy haciendo sobre
la Guerra de papel que protagonizó
nuestro gremio, entre otros actores,
durante el año de 1994, al reportar la
historia por primera vez del alzamiento
zapatista, debo hacer una aclaración al
pie de página número 22 que tiene un
error y por considerarlo de interés para
los lectores lo haré ampliamente:
La autoría de
"EZLN: El ejército que salió de la
selva", tal como aparece en los
cuadros y en las referencias
bibliográficas legalmente corresponde a
Guido Camú y Dauno Tótoro. En el
desarrollo del texto reporto el resultado
de una entrevista larga con Dauno
Tótoro, uno de los autores, que me
señala que al momento de la publicación
del libro y de la aparición de Guido
Camú como autor en el mismo
encabezando los créditos- se da un
rompimiento entre la pareja periodística
que ambos había constituido a partir de
febrero de 1994, por lo que decide
"divorciarse" del libro. Este
divorcio incluye el no reclamar los
derechos patrimoniales que le generó su
obra, según consta en la cita de dicha
entrevista. En ella también consta como
el periodista mexicano-chileno afirma
haber escrito casi en su totalidad la
obra en Chile.
Según el derecho de
autor vigente, y aún el que regía en
1994, el autor crea derechos sobre su
obra en el momento que la externa, por
ejemplo escribiéndola en una computadora
o en una máquina de escribir. En ese
momento surgen dos aspectos contenidos en
el derecho de autor: el derecho moral que
es inalienable, e imperecedero, y por el
cual yo no puedo afirmar que la
entrevista que le hace Vicente Leñero,
Oscar Hinojosa y Tim Golden a Marcos, es
mía o de alguien más; y un derecho
patrimonial que es el que se cede por
edición o para siempre a las editoriales
para que la obra sea publicada y allí si
hay varios requisitos legales vigentes en
México. El primero es que se registre la
obra. actualmente en el Instituto
Nacional de Derechos de Autor. En 1994 en
la Dirección Nacional de Derechos de
Autor. Respecto a la coautorías la ley
señala que si no existe un convenio
firmado por las autores donde se afirme
lo contrario, los autores que aparecen en
la página legal de los libros, tienen la
coautoría por partes iguales, esto es en
el caso de Camú y Tótoro, 50 por ciento
para cada uno. A pesar de que alguno de
los dos sólo hubiera escrito solo una
línea, dado que no aparece claramente la
distinción de qué escribió cada
quién, al igual que con Méndez y Cano,
quienes escribieron capítulos enteros
cada uno, de "La guerra contra el
tiempo", pero tampoco se distingue
claramente. Esto hace que los derechos
patrimoniales por la obra sean igualmente
50 por ciento para cada uno. Y es aquí
donde cometo el error fundamental del pie
22. Guido Camú no pudo cobrar sino el 50
por ciento de los derechos patrimoniales
de la obra, aunque Tótoro no cobrara
nada. Si se da crédito a Dauno Tótoro
éste tampoco cedió sus derechos
patrimoniales a Planeta, y si existe un
contrato legal por los derechos
patrimoniales debe estar a nombre de
Guido Camú, quién presentó el proyecto
original a Sandro Cohen, entonces editor
de Planeta. Camú vivía en 1994 en
México y dio seguimiento a la edición.
Legalmente Guido Camú es coautor en 50
por ciento.
En el análisis
historiográfico se deben tomar otros
factores para darnos pistas de lo
ocurrido, al margen del conflicto entre
ambos autores y los aspectos legales
anteriormente expuestos. La mancuerna
periodística que formaron Guido Camú y
Dauno Tótoro fue dispar, Guido Camú
tiene 21 años cuando se lanza a la
cobertura de la Guerra en Chiapas junto
con otros enviados del desaparecido
semanario Macrópolis, En ese semanario
publica solo dos materiales sobre
Chiapas, una entrevista y una crónica,
tras de lo cual aparece firmando las
colaboraciones con Dauno Totóro , quien
cuenta con 31 años. En estas
colaboraciones, como en el libro, se da
entonces un fenómeno de integración
estilística en el que la huella de Camú
queda subsumida al estilo de escritura de
Tótoro que para entonces, dada su
experiencia, tenía un estilo mucho más
sólido. Algo aceptado abiertamente por
Camú en su misiva y que entonces no
molestó a ninguno de los dos, como
tampoco lo hizo el orden de los
créditos; primero Camú y después
Tótoro. Guido Camú afirma haber hecho
las gestiones para entrar a la selva, lo
cual no desmiente Dauno Tótoro que le
asigna un papel de
"producción" en esta aventura
periodística. Claro que el sobre que
franqueó el paso a ambos llevaba
materiales publicados de una estancia
anterior de Tótoro en comunidades de la
selva lacandona, casetts de música
chilena y alguna cosa de Camú. La
afirmación de Camú de que él nutría
con su reporteo a Tótoro puede llevar a
pensar que Tótoro no estuvo en la selva,
pero en el propio libro hay un testimonio
de su presencia: una fotografía de
Emiliano Thibaut donde aparecen ambos
autores, cada uno con su grabadora en una
de las largas entrevistas que les
concedió el subcomandante Marcos durante
la primavera de 1994. Existe un material
que si podría cumplir al pie de la letra
esta afirmación: dado el capitulado
propuesto por Planeta, se estima que
falta información por lo que es
necesario hacer una entrevista a Marcos
sobre ciertos puntos y es Guido Camú
quien la hace, al tiempo que obtiene la
autorización del vocero zapatista para
la publicación del libro, aunque según
el dicho de Tótoro ésta se hizo con
base en un cuestionario que manda desde
Chile. De esta entrevista si hay huella
en el libro, de crónica de Camú la
entrega de Absalón Castellanos no porque
extrañamente es un tema que sólo se ve
en las fotos de Emiliano
Emiliano, según el
dicho de Camú , cobró los derechos de
la segunda edición de EZLN: el ejército
que salió de la selva", lo cual
resulta un hecho singular en aquella
época porque el derecho de autor no
protegía la obra de los fotógrafos como
ahora y era costumbre hacer un pago
único por las fotos y no más.
Hay en el libro una
línea de continuidad estilística con el
segundo libro de Tótoro
"Zapatistas", así como en lo
publicado posteriormente en la revista
mexicana Mañana y no es posible
apreciarla en los dos materiales
publicados por Camú en Macrópolis por
las razones antes expuestas. En el
segundo libro de Tótoro aparece en
algunos de los materiales la aclaración:
en la entrevista participó el periodista
Guido Camú. Por otra parte hay dos
páginas de la segunda edición del libro
de ambos cuya autoría sería un misterio
según lo dicho por ambos y son las que
se refieren a las elecciones de 1994:
Tótoro dice que el libro se acababa en
la Convención Democrática y Camú que
no hubo modificación de una a otra
edición. Entonces ¿quién escribió
estas dos páginas? ¿Qué pasó con este
libro? ¿De quién es el derecho moral?
¿Quién dice la verdad? Sólo Dios puede
saberlo.
En beneficio de los
lectores de Sala de Prensa que pacientemente han seguido
esta lectura diré que por supuesto que
recurrí a dos periodistas que
participaron en la redacción de
Macrópolis buscando a Guido Camú , uno
de ellos no se acordó de él, pero si de
un tercer testigo y colega, el fotógrafo
Emiliano Thibaut, el otro no supo dónde
localizar a Camú, pero sí a Tótoro y
me remitió también a Emiliano, fue como
pude entrevistar primero Tótoro a pesar
de que vive en Chile. Continué mi
búsqueda hasta que puse en marzo un
aviso en el Chat de la UAM-Xochimilco por
el que finalmente pude contactarme con
Camú. No entrevisté a Sandro Cohen
porque no aparece como editor legal del
libro y sí a Jaime Aljure quien es el
editor legal. Aljure no desmiente que
fuera su responsabilidad el libro de
Camú y Tótoro, pero la carta de Camú
me obliga a entrevistar a Cohen ahora. Y
estoy en espera de que Guido Camú
responda la segunda parte del
cuestionario que he mandado a todos los
autores para poderle dar un trato igual
que a los demás. Ni más ni menos.
Publico ésta en
respuesta a solicitud de Guido Camú,
superando con mucho los términos a que
me obliga la ley de imprenta vigente en
México aunque este es un medio
virtual y no hay aún legislación sobre
el tema- y espero haber resarcido su
honra. En este lío NADA tiene que ver la
excelente página Sala de Prensa que diriges muy acertadamente.
Pido amplias disculpas por los
inconvenientes.
Sinceramente,
Genoveva Flores
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